Capítulo 4

Días después ambos estaban solos en la casa.

- ¿Me dices como ha sucedido esto? – Preguntaba Ron agotado por primera vez en su vida.

- Si mal no recuerdo, fuiste tú quien metió su mano dentro de mi blusa – Contestaba Hermione besando su pecho y ambos rieron.

- Sabes a lo que me refiero. – Y la castaña lo miró.

- Bien, es momento de ya no mantener más el secreto.

- Yo nunca los tuve. – Pero Hermione lo miró seria.

- Eso no era un secreto era una necesidad.

- Que no debes hacer más – Declaraba ella acariciando su rostro. Ron capturó su mano y se la beso.

- Es verdad. ¿Entonces? – Preguntó. Hermione se recostó sobre su espalda quedando acostada al lado de él y miró al techo.

- Hace un tiempo – Comenzó a relatar – Fui a visitar a Ginny; siempre la veía cada vez más jovial y animada, mientras que yo estaba avejentándome; nunca me atrevía a indagar pensando que era algo mágico, pero un día me decidí y le pregunté su secreto. Ella me confesó que su secreto era que hacia el amor todos los días con Harry.

- ¿Quién lo diría de nuestro amigo? – Comentaba Ron poniendo las manos tras la nuca, mirando el techo también.

- Aunque ella me aclaró que en gran medida la causa de ello eran los genes Weasley – Enfatizó las últimas dos palabras y Ron rió – Y luego me contó que cuando salían con los chicos y se emborrachaban.

- O sea siempre. – Aclaró Ron y ahora reía Hermione.

- Dean y Seamus siempre recordaban las bromas que te hacían en Hogwarts – Ron la miró interrogante – Que siempre estabas listo para la acción.

- ¿Eso te dijo? – Ron se ruborizó.

- Y además que te gastaban bromas por tu tamaño.

-¡Eso te dijo! ¡Tengo que matarla!

- ¡No! Hay que hacerle un monumento Ron. Gracias a ella yo decidí…

- Convertirte en una diosa del sexo. – Hermione golpeó el pecho de Ron.

- ¡Ron! – Pero él reía. – Además yo te hago el amor.

- ¡Y de que manera! – La castaña meneó la cabeza.

- Lo cierto fue que yo comencé a recordar tus escapadas al baño, tus duchas constantes. Y me sentí pésima.

- Lo siento.

- Te dije que basta de lamentarte. Y por primera vez en mi vida tuve una charla de sexo.

- ¿Primera? ¿Y Hogwarts?

- Mira, si no estaba buscando un basilisco, estaba volando en una bestia alada, además el último año estuve sola con ustedes dos la mayor parte del tiempo, luego la batalla, luego mi padre.

- Lo siento.

- ¡Puedes dejar de decir lo siento!

- Lo… Bueno – Contestó Ron al ver la mirada de su mujer.

- Me di cuenta que mi vida estaba a medio vivir, tenemos una casa hermosa, unos hijos maravillosos, unos trabajos gratificantes, pero no teníamos una vida sexual plena, como correspondía y rápidamente me encargué de modificarlo, porque entendí que nada tiene sentido si no disfrutamos uno del otro.

- Y definitivamente has hecho muy bien tu tarea – Continuaba bromeando Ron.

- Por supuesto que no sólo me quedé con la charla de Ginny, fui a ver a un médico para saber si podía hacer algo con mi estrechez pero principalmente me dio exactamente el mismo consejo de Ginny. Relajarme y gozar.

- Y tú que eres muy aplicada… - Ron comenzaba a besarla en el cuello, pero lo cierto era que por primera vez en toda su vida estaba imposibilitado de seguir, con lo cual se limitó a abrazarla y aspirar el aroma que emanaban sus cabellos. Hermione comenzaba a moverse y a besarlo también pero él se atrevió a decir – Estoy cansado, vamos a dormir. – Y la abrazó más fuerte.

- ¿Cansado? – Preguntó.

- Tengo sueño – aclaró.

- Me dijo el doctor que esto pasaría.

- ¿Esto? – Preguntó.

- Si, que a medida que tuviésemos más relaciones tu menguarías tus ganas. Buenas noches. Le dio un pequeño beso en la nariz, giró y le dio la espalda recostándose y sonriendo maliciosamente.

- ¿Menguar? ¡Te he hecho el amor más de…! ¡No sé perdí la cuenta! ¡Menguar! – Hermione reía, realmente sí que se había convertido en una diosa sexual, aunque a veces ya estaba pecando de ninfómana, pero la verdad era que nunca supo lo que se perdía y al despertar su sexualidad, ya nada más tenía sentido.

- Duerme mi amor, si estás tan cansado – Entonces sintió la mano de Ron apoyarse en su cintura y tirar de ella, llevando su cuerpo hacia sus caderas, pudo notar su erección instantáneamente.

- Si muero de un paro cardíaco, será tu culpa – Le decía mordiendo el lóbulo de su oreja.

- Yo se resucitación – Contestaba ella virando y colocándose sobre él.

- espero sepas que poner en mi lápida.

- Fabulosa persona, maravilloso padre, amoroso marido y excelente amante – recitaba Hermione moviéndose rítmicamente sobre él.

- Ahora eres tú la insaciable.

- Tú también – declaraba ella plegando su cuerpo y besándolo mientras se movía con mayor rapidez. Ron la volteó quedando arriba.

- Yo nunca me saciaré de ti. Nunca me cansaré de estar contigo. – Apoyó la cara en el hombro femenino mordiéndolo, extasiado de sentir como lo enloquecía la mujer que tenía bajo su dominio y ambos llegaron al clímax diciéndose lo mucho que se amaban.

Luego ambos abrazados, se durmieron y no despertaron hasta pasado el mediodía siguiente.

Los niños estaban de Molly ya que el domingo iban a almorzar a la madriguera y se ofreció a quedarse con ellos desde el sábado para que estuviesen con sus primos y tíos también.

Luego de ducharse juntos, cosa que hacían cada vez con más frecuencia, fueron a la casa de los padres de Ron.

Ya todos estaban aguardándolos, pero al verlos tan felices y plenos, nadie reclamó su retraso.

Hermione saludó efusivamente a todos y se sentó al lado de Ginny. La pelirroja la miraba sonriente.

- ¿Qué? – Preguntaba ella mirándola.

- Es que no sé si te das cuenta de cómo has cambiado. – Hermione la miró interrogante – Estas, bueno siempre fuiste hermosa- aclaró- pero ahora estás espléndida, además casi ahogas a mi madre cuando la abrasaste. – Entonces decidió hacerle una broma y por lo bajo preguntó - ¿Me dices tu secreto?

-¿Realmente quieres saberlo?

- ¡Por favor!

- Yo hago el amor con Ron, varias veces por día, todos los días. – Hermione sonrió pícaramente, y ni siquiera se ruborizó, por su parte Ginny estaba tan asombrada por el desenfado de su antes estructurada cuñada que quedó boquiabierta.

-¡Ginny! Te van a entrar moscas en la boca. – Le gritaba George.

La pelirroja cerró la misma rápidamente y se concentró en mirar a su despreocupada cuñada.

- ¿Varias? – Preguntó, Hermione sólo se limitó a levantar las cejas sonriente y afirmarlo – He creado un monstruo – Declaró y ambas se echaron a reír llamando la atención de toda la mesa.

- ¿Qué? – Preguntó Harry.

- Nada – respondía Ginny – Que tú y yo deberemos hablar cuando lleguemos a casa.

El moreno no entendía pero Ron al observar a su mujer se acercó al oído de él, ya que lo tenía al lado y le dijo.

- Me parece que alguien te va a exigir un poco más. – Harry se corrió mirándolo interrogante y el pelirrojo aclaró – Sexualmente hablando.

- ¿Más? – Gritó Harry mirando sorprendido a su mujer.

- Es culpa de mi hermano – declaró Ginny señalando a Ron.

- ¿Pueden decir de qué están hablando? – preguntaba Molly que junto a Jane se acercaban a la mesa.

- De nada mamá – respondían ambos hermanos.

Pero los demás se echaron a reír al ver la cara de preocupado de Harry, y la roja de Ginny.

Igualmente Molly no repreguntó, ya sabía de lo que estarían hablando, lo que le sorprendió gratamente fue que en esta oportunidad no era Hermione la ruborizada sino Ginny y mentalmente se apiadó de Harry, motivo por lo cual le sirvió doble razón.

- Gracias Molly – replicó el moreno sonriente.

- Descuida hijo – Molly palmeaba su hombro – Lo necesitarás – Y toda la mesa se echó a reír nuevamente.

Ya habían pasado la sobremesa, las damas estaban en la cocina y los caballeros en la sala.

- Has elevado mucho el standard hermano – reclamaba George.

- Acaso a ti te cuesta mantenerlo.

- ¡Por supuesto que no! – Afirmó George con seguridad.

- Ustedes por que son Weasley, ustedes y sus famosos genes. Pero yo soy Potter. Digamos que tengo lo mío, pero… - meneó la cabeza – su hermana me va a exprimir – se llevó una mano a la boca - ¡Lo siento Arthur!

- ¿Ya no soy más papá? – Le preguntaba el hombre sonriendo a pesar de no estar complacido con la charla que llevaban sus hijos.

- Perdón papá – Le contestaba Harry.

- Mira Harry, piénsalo de esta manera – Le decía el patriarca – en algunos cuarenta y cinco años o un poco más, ya no te exigirá más.

Harry hizo una cuenta mental.

- Pero eso es cuando tenga casi setenta. Tú tienes apenas sesenta.

- Por eso aún no te puedo asegurar cuando exactamente suceda. –Respondió ufano el hombre y todos se echaron a reír a carcajadas por la cara de Harry al darse cuenta de lo que Arthur trataba de explicarle, lo más sutilmente posible.

Ginny regresó a la cocina.

- Están martirizando a mi esposo – Declaraba tomando asiento.

- Tú tienes la culpa.

- ¡No! Tú la tienes – Le recriminaba la pelirroja.

- ¿De qué están hablando? – preguntaba Jane tímidamente

- De sexo. – Contestaba Hermione sin dudar.

- ¡Hija! – Decía su madre llevando la mano al pecho. Y las damas sonrieron.

- Disculpe, pero ¿de qué cree que están hablando ellos? – Le preguntaba Angelina, la esposa de George.

- De deportes.

- Si lo quieres llamar así mamá – contestaba Hermione y todas las damas se largaron a reír.

La tarde pasó maravillosamente, ya de regreso a su casa y con los niños dormidos, ella se dirigió a su dormitorio y encontró a Ron corrigiendo unos exámenes.

- ¿Trabajo? – Preguntó.

- Un poco – Contestó el pelirrojo sin levantar la vista de los papeles.

Viendo que el no estaba de humor, se recostó a su lado y tomó un expediente que debía revisar y también comenzó a leer.

A los veinte minutos y al notar que Ron no había cambiado de papel en todo ese tiempo giró la cabeza, para verlo con la vista fija al frente, perdida en el vació, sus ojos estaban apagados y su rostro reflejaba melancolía.

Era algo habitual, Ron se deprimía cuando iban a la madriguera o visitaba a George en Sortilegios o a Harry en el departamento de aurores.

Lamentaba muchísimo hacerlo sufrir así.

- Recuerdos – Llegó a decir y él rápidamente hizo como que estaba leyendo.

- ¿Qué? – preguntó pareciendo ajeno a lo que se refería.

- Lo siento – Él la miró por primera vez.

- Tú tampoco pidas más perdón. – Le ordenó bruscamente.

- No tienes que ponerte así – Le reclamó la castaña.

- Buenas noches – contestó simplemente Ron, colocó los papeles de mala gana sobre su mesa de noche y apagó su velador que estaba sobre la misma, giró y se quedó estático aparentando dormir.

Hermione estaba decidida a continuar con la disputa, pero luego desistió, imitó a su marido y contestó.

- Buenas noches. – Pero por más que lo intentara no podía dormir. Aún así se quedó en la misma posición, entrada la noche escuchó un sollozo. - ¿Ron? – Preguntó girando y encendiendo la luz a la vez. Se sorprendió de verlo así, nunca lo había visto llorar, excepto con la muerte de Fred.

- Una pesadilla – Intentó mentir infructuosamente.

- No mientas – Le dijo abrazándolo.

- Es que… se que es injusto, pero extraño mucho mi vida anterior, jugar al quidditch, hacer magia a diario, es… doloroso. – Hermione lo entendía perfectamente, a ella le pasaba lo mismo.- Disculpa, sabes que se me pasará, mañana estaré mejor – Le decía apartándola.

- No me rechaces – Le rogaba ella. Y él se abrazó más fuerte.

- Tú no eres la causa de esto, soy yo y mi imposibilidad de seguir adelante.

- Te entiendo, además hace mucho que estamos aquí y lo has hecho maravillosamente, acompañándome a pesar de todo lo que me estás diciendo.

- Te amo y ninguna magia es superior a eso, pero no puedo evitar sentirme así. Tal vez lo mejor será dejar de ir a la madriguera.

- ¡Estás loco! – La verdad era que a ella tampoco le hacía bien, pero aunque sonara extraño compartir esos momentos con los Weasley era a la vez gratificante.

- Dejaré de hacer magia por completo – Determinó – Mañana iré al Ministerio y entregaré mi vara.

- ¡No te atrevas! – Él la miraba extrañado.

- Pensé que era lo que querías.

- No, no quiero eso, no lo hagas, por favor. Buscaremos otra solución. – Pero ella ya la tenía, acababa de tomar una determinación y la decisión de Ron de abandonar la magia por completo reafirmó lo que ya hacía por varias semanas rondaba por su mente. – Mañana será un día complicado, durmamos y hablamos más tranquilos. – Y así lo hicieron uno en los brazos del otro, protegiéndose mutuamente de sus fantasmas.

Al día siguiente solucionó todo con su eficacia habitual y se encontró con su madre.

- ¿Qué sorpresa? Verte por aquí un lunes es más extraño que ver a un fantasma. Aunque sé que existen. – Sonreía su madre.

Ya sentadas en la cocina y con un té de por medio la dama notaba que su hija estaba intranquila.

Hermione miraba la taza y movía los dedos rítmicamente sobre ella, señal de que estaba nerviosa.

- Debo tomar una resolución muy importante – Comenzó a hablar.

- Ya lo supuse – Miró a su mamá y le correspondió la sonrisa.

- Yo soy muy feliz, somos muy felices – aclaró – pero extraño mucho el mundo mágico y a la vez…

- Ya me preguntaba yo cuando se iban a decidir.- Declaraba la señora.

- ¿Qué? – Hermione estaba sorprendida.

- Mira hija, yo te agradeceré eternamente lo que has hecho por mi y tu padre, pero ya no es necesario que te preocupes más por mi, me da mucha pena verte tan triste, aunque debo reconocer que el último mes y medio estuviste más animada.

- Ese es otro tema, pero dime ¿No te molestaría que nos reintegráramos al mundo mágico?

- ¡Por supuesto que no!

- Y tú ¿Qué harás? Sabes que no podríamos vernos tan seguido.

- Tengo un buen pasar, me han ofrecido enseñar en una universidad, además tengo a Tina que sabes bien que es ya casi más que mi doméstica, es más me desagrada llamarla así, es casi mi amiga, bueno una joven amiga, pero me cuida como si fueras tú, o mejor. Además aún soy relativamente activa y puedo también viajar y además puedo ayudarte con los chicos, tengo un mundo de posibilidades abiertas para hacer. Pero tú… - Le dijo señalándola – y tu familia deben regresar al mundo mágico y retomar lo que tenían.

- Va a ser difícil, hace más de ocho años que nos fuimos, yo podría regresar al ministerio, creo que me tomarán nuevamente como empleada, a Ron se le va a hacer más difícil.

- ¿No puede regresar con su hermano George?

- Sabes como es Ron, incluso cuando decidió unirse a su hermano en Sortilegios utilizó la recompensa para aportar capital a la empresa y estar en igualdad de condiciones.

- Pero tal vez él, con la idea de volver cambie un poco esa actitud, no creo que su hermano…

- ¡Sabes que no es eso! George estará encantado, al igual que todos, aunque yo tengo… - Pero cayó, había cosas que era mejor meditar a solas. – Entonces mamá.

- Ve y has la vida que te mereces hija, eres una mujer increíble y lamento mucho que hayas desperdiciado todo este tiempo…

- Nadie me obligó, a ninguno – aclaró - y somos muy felices…

- A medias.

- No te permito recriminarte eso. Te quiero mamá. – Y la abrazó.

- Yo también mi pequeña. – Y la dama regresó el abrazo.

Hermione estaba decidida, caminaba por la acera tomando miles de determinaciones, ahora debía ir al ministerio y solucionar todo lo relativo a su regreso, sabía que nadie iba a objetar nada, por el contrario, ellos eran muy apreciados aún en el mundo mágico y, modestia aparte, ella era considerada realmente la bruja más inteligente de su época así que estarían encantados en que regresara a trabajar.

Lo que más le preocupaba era Ron. ¿Aceptaría su obsequio?

Definitivamente era lo mejor para todos, y si bien como había dicho su madre este había sido el mes y medio más feliz de todos era hora de cambiar.

Se detuvo en medio de la vereda.

-"¿Mes y medio?" – Abrió los ojos y sin darse cuenta cambió de rumbo, ya no iba al ministerio, debía hacer una parada previa.