Capítulo 5

Salía de San Mungo con un papel en sus manos, estaba pálida, la noticia la sorprendió como nunca antes.

Esto era así porque sus anteriores embarazos fueron mecánica, cerebral y científicamente programados.

¡Embarazada! ¿Cómo?

Incluso ella levantó una ceja ante la obvia respuesta.

Había hecho tantas veces el amor con Ron y de tantas maravillosas maneras, se había descontrolado y enloquecido tanto su vida amorosa que de seguro en algún momento se olvidó de los anticonceptivos.

Sin dudarlo abrió su cartera, mientras seguía caminando a su nuevo destino, sacó el medicamento y comenzó la cuenta.

¿Qué día era hoy? La pastilla le indicaba martes, pero no, era lunes, o sea que se había saltado no una, sino cinco, vaya a saber cuando.

Las arrojó a un tacho de basura de la calle y siguió su camino, hacia Grimauld Place.

Ginny le abrió la puerta.

- Me encuentras de casualidad – Le decía avanzando a la cocina sin notar el semblante de su cuñada. – Estaba por salir a hacer unas compras. – La pelirroja entró en el cuarto y luego volvió sobre sus pasos.

Miró a la castaña que, papel en mano, se había quedado de pie en la entrada. Se acercó, cerró la puerta y comenzó a empujar de ella hasta adentrarla en la cocina.

- ¿Me puedes decir que te pasa? – preguntaba sin obtener respuesta, estaba muy contrariada, sabía lidiar con la Hermione estructurada, más aún con la desvergonzada, ese era su terreno, pero con esta impávida no sabía como proceder.

Le corrió la silla y empujó de los hombros hasta sentarla, entonces reparó en el papel que aún tenía su cuñada en sus manos, notó el logo del hospital mágico e intentó sacárselo, pero Hermione lo sostenía con mucha fuerza; luego de un tira y afloja la pelirroja ganó la batalla por el dichoso trozo de papel y lo leyó, mientras lo hacía Hermione habló por primera vez.

- Tenía pensado decirle a Ron de regresar e incorporarnos nuevamente al mundo mágico.

Ginny abrió los ojos y no pudo evitar sonreír.

- ¿Y cual de las dos buenas noticias le darás primero? – Hermione la miró aparentemente saliendo de su estupor.

- Tú no entiendes.

- ¿Qué?

- Nosotros tenemos un plan de vida, habíamos decidido no tener más hijos.

- ¿Ron te pidió eso?

- Fue de común acuerdo – La respuesta sorprendió a Ginny que no pudo evitar declarar

- No entiendo.

- Él los adora, a todos ustedes, pero en gran medida no puede olvidar que por ser demasiados, siempre vivieron con grandes necesidades económicas.

- ¡Sí que es un tarado!

- No, creo yo que es la decisión más madura que ha tomado en toda su vida. Él quiere que sus hijos no deban sufrir las carencias materiales que él pasó. Y yo lo acompaño totalmente en esa decisión.

- Entonces no son de él.- Hermione se puso de pie de un salto y golpeó la nuca de Ginny.

- ¡Auch! – exclamó la pelirroja tomándose la zona.

- ¡Estúpida! Claro que son de tu hermano.

- Entonces… ¡Cuál es el maldito problema!

- No entiendes, tenemos algunos ahorros, al menos yo, y hablaré con tu padre para recuperar mi trabajo en el ministerio.

- Dalo por hecho – decía Ginny.

- ¿Y Ron? Yo no quiero que sea auror, no está en forma – Ginny se cruzó de brazos y la miró interrogante – No está mágicamente en forma, no hablo de lo físico. ¡Por Merlín! Hace más de ocho años que no hacemos magia. Me moriría de pensar que está de misión en misión persiguiendo a mortífagos. – Hermione notó la cara de preocupación de Ginny y la abrazó– Lo siento, veo que esto es algo que a ti te afecta personalmente.

- Si – Ginny correspondió el abrazo – y te entiendo perfectamente. Podría volver con George, la empresa va muy bien y él necesita ahora más que nunca alguien de confianza.

- Si, yo también lo pensé, pero Ron se despojó de todas sus acciones para comprar la casa, yo ya te dije, tengo algunos ahorros, podría dárselos para que él los aporte a la empresa, sería la única forma de que aceptaría. Sabes lo orgulloso que es.

- Si, lo sé, pero ahora con un hijo más en camino.

- Dos – Aclaró Hermione.

- Dos – repitió Giny automáticamente – Debe… ¿Dos? – Gritó volviendo a mirar el papel, levantó la vista - ¿Dos? ¿Cómo sabes?

- Me hicieron una ecografía mágica. – respondió Hermione sacando la misma de su cartera.

- Gemelos – la pelirroja abrazó más fuerte a su cuñada. – Con más razón, deberá tragarse su orgullo…

- Es que es lo que yo no quiero, no quiero que Ron se trague su orgullo, ya ha renunciado a mucho por mí, a su mundo, a su sueño, a su vida. Nunca me lo reclamó, nunca, pero no puedo permitir que renuncie a lo único que queda de él. ¿Me entiendes? - Ginny asintió, era igual con Harry, por más que ella tratara por todos los medios que no fuera a esas fatídicas misiones, que renunciara a su puesto era más fuerte que él, era su misión en la vida.

- Creo que no debes tomar ninguna decisión hasta no hablar con él.

- Tengo una idea para tantear el terreno.

- ¿Cuál?

- Decirle que eres tú la embarazada – Ginny abrió la boca – ustedes tienen ya tres hijos, quisiera saber que opina él, si tu me autorizas.

- Por supuesto pero por favor pronto se lo aclaras, tu los conoces, a él y a Harry, apenas decírselo va a querer felicitarlo y no quiero decepcionar a mi esposo.

- Entonces, embarázate tú también – Bromeó Hermione.

- Muy graciosa – Ginny ponía los brazos en su cintura pero estaba feliz de ver a su cuñada más distendida – pero debo reconocer que es un buen plan.

- Bueno, deséame suerte. ¿Qué hora es?

- Las cinco – respondía la pelirroja.

- ¿Tu papá estará aún en el ministerio?

- Si.

- Voy a verlo. Y luego hablaré con Ron. – Ginny la abrazó nuevamente.

- Te felicito, para mí es una noticia de lo más feliz.

- Para mí también Ginny.

- Y descuida Ron estará encantado por la misma, ya verás.

Hermione se marchó al ministerio, mientras se dirigía allí, pensó en las innumerables veces que había observado a Ron interactuar con Rose y Hugo, él era un padre maravilloso, y por supuesto que ella también podía vanagloriarse de ser una buena madre, entre los dos siempre se esforzaron para que no les faltara nada, pero sobre todo que nunca se les negara amor.

Ella siempre fue la más autoritaria de los dos, lo cual no llamó la atención de nadie, pero él también sabía ponerse firme a la hora de criarlos.

Pero definitivamente adoraba a ese Ron amoroso y dedicado que se desvivía por sus chicos. Cuando Rose nació parecía temer tomarla en brazos por miedo a lastimarla. "Su fosforito" le decía y ella se reía ya que la pequeña, con su cuerpo pequeño, pero su frondoso y rojo cabello realmente lo parecía.

Él colaboraba en todo lo referente al cuidado, incluso le cambiaba los pañales cuando la debía cuidar, gesto que ella adoraba al igual que tantos otros.

No se molestó incluso cuando la primer palabra de la niña fue "papá" aunque sus celos rápidamente hicieron que su cerebro responda "Es más fácil decir papá que mamá". Con Hugo fue igual, o peor, al nacer "su niño" porque al parecer ella no tuvo anda que ver en su gestación, Ron se dedicó de lleno al bebé, sin embargo no abandonó nunca a Rose que aunque notaba que su padre la quería muchísimo, comenzó a acercarse más a ella.

Definitivamente Ron tenía habilidades para con los chicos, ya lo demostraba como docente, educándolos y más aún con sus hijos.

Esos pensamientos la relajaron un poco, ya que si él demostraba tanta habilidad para la paternidad no estaría triste de ser nuevamente padre. Pero sabía que a Ron la situación económica le pesaba, sin embargo su sueldo era excelente, al igual que el de ella, nunca sufrieron privaciones y de seguro podrían afrontar este nuevo desafío, porque de lo que estaba segura era que por más que tuvieran, cuatro, ocho o doce hijos Ron jamás dejaría de amarlos y nunca les faltaría lo más importante, su papá y su mamá.

Arthur la recibió rápidamente y no pudo ocultar su alegría ante la posibilidad de tenerlos allí de nuevo, aunque Hermione no le contó lo del embarazo.

- Descuida hija – Le decía el hombre – Tu tienes el puesto asegurado, nadie logró superarte en todo este tiempo.

- Pero mira papá que no seré igual que hace ocho años atrás, ahora tengo a los niños y si bien cumpliré con mi cargo eficientemente tengo otras prioridades.

- Y me parece perfecto y lógico. Nunca pensé lo contrario, así que sólo dime cuando y tendrás los papeles listos.

- Hoy mismo hablaré con Ron, para saber que quiere hacer él.

- Él no lo va a dudar, él quiere regresar.

- Es por ello que tomé esta determinación.

- Me alegro mucho saber que lo amas mucho, eres una excelente mujer Hermione.

- Él es un excelente esposo, el se sacrificó por mi primero, esto es lo más justo, para los dos.

- Para todos. ¿Y tu madre?

- Parece que ella tiene muy en claro lo que debe hacer, incluso me dijo que hacia mucho estaba aguardando por esta determinación.

- Bien. ¿Nos vemos el domingo?

- Si papá y te confirmo lo que haremos, seguramente antes.

Se dieron un fuerte abrazo y Hermione se marchó a su casa, preparó una cena romántica y puso una mesa de lujo, en cuanto terminó de encender las velas, Ron entraba a la casa.

- Hola amor – la saludó dejando su maletín y saco en la entrada. - ¿Y esto? – Preguntaba sonriente.

- Una cena romántica – declaraba ella.

- ¿Los chicos?

- Con mamá.- Ron se acercaba.

- Pero hay velas, significa que no podrá hacerte el amor sobre la mesa - Hermione pensó en todas las maravillosas posiciones que deberían abandonar, al menos hasta tener a los bebés, aunque no pensaba en absoluto en dejar de hacer el amor con su marido como en sus anteriores embarazos, aún así no pudo evitar contestar.

- Siempre se pueden apagar. – Y se dejó besar posesivamente por Ron, como le gustaba, ser apresada por esos fuertes brazos, perdiéndose en el perfume que emanaba de su piel, dejarse besar sintiendo la humedad y calidez de su lengua y más aún sentir su enervación, siempre lista para la acción. Hizo fuerza mental para no dejarse vencer por la tentación y apartándolo le agregó – Pero hoy debemos hablar. – Ron gruñó, pero obedeció y aunque intentó seguir con las caricias y besos ella fue firme en su decisión, con lo cual el pelirrojo quedó obligado a sentarse y cenar.

Le relató la reunión que había tenido en el colegio, con los otros profesores, de las nuevas disposiciones sobre las materias y el alumnado. Ya habían terminado el plato principal y ella llevó el postre favorito de él y el café.

- Ahora dime. ¿Qué tal tu día? – Era el momento de la verdad. Hermione suspiró.

- Bien, nada trascendental para mí, pero tengo una noticia que te gustará. – Y sin más acotó – Ginny está embarazada – Ron abrió los ojos alegremente sorprendido.

- Debo felicitar a Harry- e intentó levantarse.

- Espera, aún no le ha dicho, felicítalo mañana. ¿Qué te parece? – Era increíble como Ginny conocía a su hermano pensó la castaña.

- Bien por ellos, pero tantos hijos, pobre Harry deberá esforzarse más en el trabajo al igual que Ginny, si es que aún podrá seguir haciéndolo. – Hermione se amargó, la declaración de él la desesperanzaba.

- Tú que piensas. – Ella no pudo evitar salirse de sus casillas.

- ¡Pienso que los hijos son la bendición más grande que uno puede tener y no hay que pensar en lo económico, hay que estar feliz por su llegada! – Ron se sorprendió.

- Yo pienso igual, los hijos son una bendición.

- ¡Mentira! – Contestó ella – Tú has dicho siempre que no quieres que tus hijos padezcan carencias, como las que has tenido.

- ¿Y eso que tiene que ver? Yo me encuentro en posición de… - Y cayó, no era momento de revelar otro secreto que tenía guardado – Yo quisiera tener más hijos, creo que entre los dos podríamos educarlos y criarlos, sin carencias, pero lo más importante es que nunca les faltaría mucho amor, tú eres una madre formidable y yo… - Pero no pudo continuar, Hermione se le había sentado encima y lo besaba apasionadamente, él tardó en corresponder el beso, pero luego abrazó a su mujer apretándola contra él.

- ¿En serio quieres más hijos?

- Veinte – decía él besando su cuello sin aún darse cuenta que Hermione lloraba, pero al subir su rostro para volverla a besar lo notó - ¿Qué sucede, mi amor?

- Ginny no está embarazada – Hermione lloraba sin poder contener las lágrimas y al mismo tiempo reía.

- ¿Qué? – Ron no entendía.

- Ginny no está embarazada, yo lo estoy. – Ron se frenó en seco, la apartó levemente de su cuerpo y la miró sorprendido.

- Tú… ¿Cuándo? ¿Cómo? – Y levantó una ceja por lo idiota de la pregunta. - ¿Estás segura? – Decía poniéndose de pie y sosteniéndola entre sus brazos como si fuera a romperse en cualquier momento.

- Hoy fui a San Mungo, está confirmado. – Ron la besó nuevamente, un beso suave y tierno, apenas rozando sus labios.

- Es la noticia más hermosa que podrías darme. Pero… ¿Por qué mentiste?

- Tenía miedo que no quisieras, por las razón que dijiste de tu hermana y lo que siempre hablaste de las carencias…

- Nuestros empleos nos permiten tener un hijo más, podremos tranquilamente con esto, pero la verdad es que ya lo dicho en el pasado, no tiene tanto sentido para mí.

- Yo siempre pensé que era una decisión muy madura.

- Yo también, pero cada día que pasa me doy cuenta que sólo la familia es importante. – Y no pudo evitar que sus ojos se nublaran. – Te amo con toda mi alma. – Y se separó de ella, sentándose en la silla, haciendo que ella hago lo mismo en otra sin soltarle la mano.

- Hay más – Declaraba ella dubitativa.

- ¿Más? No creo que haya una sorpresa mejor que tener un hijo.

- Si la hay. ¿Qué tal tener dos? – Ron había tomado un sorbo de agua y lo escupió al instante.

- ¡Dos! ¡Dos! – repetía.

- Vamos a tener gemelos. – Los ojos de Ron se iluminaron - ¿Podremos con eso?

- Podemos con veinte, ya te lo dije. – Y le besó la mano dulcemente.

- Me has hecho muy feliz. – Le decía Hermione levantándose y nuevamente subiendo sobre él, pero Ron se levantó impidiéndoselo. - ¿Qué pasa? – preguntó.

- Es que… estás embarazada… y bueno… tú sabes que no es posible… y si te sientas sobre mí no podré resistirme. – Hermione reía y Ron era ahora el que no entendía - ¿Qué?

- Que las mujeres embarazadas pueden hacer el amor normalmente, más adelante deberemos descartar algunas posiciones pero no hay ningún peligro por ahora, además dicen que en este estado las mujeres tiene más deseos.

- Entonces yo estuve casado con un robot y ahora me lo cambiaron porque recuerdo no poder ni tocarte un pelo cuando estab… - pero no pudo continuar Hermione se abalanzaba sobre él, tirándolo al piso y sacándole su camisa.

- Ya no soy un robot y te deseo más que nunca – Le declaraba ahora desabrochando su pantalón. Ron no perdió tiempo y la despojó de su ropa.

- Yo ya no aguantaba más – Le decía besando sus senos y apretando su trasero.

Aún así se hicieron el amor con dulzura, disfrutando el hecho de que pronto iban a ser padres nuevamente, lo cual los llenaba de alegría al igual que la entrega.

Una vez en la habitación, ella habló nuevamente.

- Hoy fui a hablar con tu padre.

- ¿Le dijiste a él?

- No, sólo a Ginny.

- ¿Entonces?

- ¿Qué piensas de volver a trabajar en el mundo mágico? – Hermione cerró los ojos, no quería ver la expresión de Ron, pero al éste no responder los abrió. Sus ojos brillaban como si frente a él hubiese una tienda repletas de ranas de chocolate, su aún golosina preferida.

- ¿Estás segura? ¿Tú madre? ¿Tú trabajo?

- ¿Tú? – Preguntaba ella temerosa. – Yo no quiero que seas auror, Ron. No por el momento.

- No pensaba hacerlo de todos modos. Estoy total y absolutamente fuera de estado mágico.

- ¿Volverás con George? – Ron miró al frente, su mirada se apagó por un instante – Yo tengo unos ahorros, podría dártelos para que te integres en la compañía.

- No los necesito – respondía él sin mirarla.

- No seas orgulloso, lo mío es tuyo, además… - Pero él la interrumpía

- ¿Si te confieso algo prometes no enojarte?

- Te lo prometo – Respondió aún con dudas Hermione.

- ¿Aunque sea otro secreto? – Ron estaba temeroso, sabía que a ella lo que más le molestaban eran las mentiras.

- Te lo prometo – Respondió nuevamente.

- ¿Recuerdas que debí vender mis acciones para comprar esta casa?

- Si, las compró Harry. – Contestó Ella y Ron suspiró.

- La verdad es que no debí venderlas todas, sólo la mitad, con lo cual aún continúo como accionista de Sortilegos. – Hermione abrió los ojos desmesuradamente – Y las ganancias George las deposita en una cuenta en Gringotts la cual al no ser tocada produce muchos intereses. O sea que tenemos una pequeña fortuna. – Ron cerró los ojos esperando la reacción de Hermione, pero al esta no llegar los abrió nuevamente. Ella lo miraba sonriente. - ¿Estás bien? ¿Qué te sucede? Estás planeando como matarme, ¿No es cierto?

- Es que tu confesión hace más fácil la mía. – Respondía ella – Te he dicho que tenía algunos ahorros – Ron asintió – No te he dicho donde.

- ¿Cómo dónde? En el banco donde te pagan tus haberes ¿No? – Hermione negó y continuó explicando.

- Recuerdas que hace unos tres años, me ascendieron.

- Si, y me enojé porque tu trabajo se duplicó, no así tu suel…- Entonces Ron se detuvo – Así que tu sueldo también se duplicó – declaró deduciendo lo que ella intentaba decirle.

- No, no se duplicó, se cuadruplicó. Porque me ofrecieron parte de las ganancias de los juicios. Y todo ese dinero extra, lo depositaba en Gringotts, como nuestros sueldos nos permitían vivir holgadamente, no sentí la necesidad de subir nuestro Standard de vida, además tú sabes que no soy una mujer a la cual le gusten los lujos.

- Yo menos – Aclaraba.

- Y a los niños nunca nada les faltó. Con lo cual puedo decir que yo también poseo una pequeña fortuna en galeones.

Ambos se quedaron con la vista al frente, pensando en la confesión que acababan de hacerse. Fue Ron el primero en hablar.

- Te prometo nunca más mentirte en lo que me resta de vida. – declaró solemnemente. – Hermione lo abrazó fuertemente respondiendo.

- Yo hago la misma promesa. – Y se besaron, ya nada impedía que retomaran su antigua vida y la disfrutaran a pleno.

Ambos se reintegraron al mundo mágico. La noticia fue tapa de los diarios por mucho tiempo, puesto que no sólo implicaba el regreso de los héroes sino que además estaba el embarazo y luego el saber que eran gemelos, y las fortunas, todo salió a la luz.

Hermione utilizó parte de ellas para ayudar a magos descarriados que pretendían reinsertarse en la nueva, justa y pujante sociedad mágica, ayudada por Ginny.

Los nueve meses pasaron volando y allí estaban todos los Weasley – Potter, como de costumbre y además la mamá de Hermione aguardando fuera de la sala de partos.

Luego de un par de horas Ron salió sonriendo y portando en ambos brazos a los pequeños.

- Varones – declaró y todos vitorearon por lo bajo para no molestar a los recién nacidos que fueron recibidos con besos y caricias.

Luego el pelirrojo despareció otra vez a la sala de partos.

Una nueva vida comenzaba, pero aún quedaba más.