Capítulo 6
Los primeros meses fueron difíciles, si bien, tanto Molly como Jane se ofrecieron a ayudarlos y fueron bienvenidas, ellos intentaban ocuparse al cien por ciento de los bebés, sin descuidar a Rose y Hugo, terminaban cansados pero felices.
Sin embargo algo faltaba, la pasión que los había envuelto los últimos tiempos había menguado, y no era para menos ya que sus trabajos y los niños acaparaban todo su tiempo.
Hacer el amor se había convertido en algo rutinario otra vez y si bien lo hacían todos los días, ya no era lo mismo.
Ron no se quejaba, si bien él compartía las tareas con Hermione su trabajo era menos estresante ya que trabajaba con George, lo cual era toda una risa, si bien su hermano no era tan bromista como Fred, al estar con él se inspiraba a realizar las locuras más ingeniosas que hubiese visto. Creía que Hermione estaba más exigida en el Ministerio y de hecho así lo era, pero sin embargo por la cabeza de la castaña sólo una cosa pasaba por su mente.
¿Cómo avivar la llama que se estaba extinguiendo en su matrimonio?
Y por supuesto. ¿A quien recurrió? A quien más que a la causante de que la llama se encendiera, así que se dirigió con los chicos a la casa de su cuñada.
Una vez allí, Molly se hizo cargo de los niños y ellas fueron a hablar más tranquilas a la cocina.
Luego de contarle su problema, la pelirroja le dio algunos buenos consejos, diciendo que era algo común en las parejas. Bromeó con ella e incluso se pudo escuchar la risa de Molly desde la sala, uniéndose a los chistosos comentarios de su hija para con su nuera.
Hermione siguió paso a paso lo que Ginny le había dicho, los niños se fueron a la madriguera con Molly que estaba encantada por tener niños en la casa y ella se encargó de esperar a Ron.
Lo oyó llegar desde la habitación, y luego de unos instantes subir corriendo la escalera, sonrió pensando que su plan había surtido efecto, pero luego se atemorizó al verlo entrar, raudo a la pieza blandiendo su varita.
- ¡Ron! - Se alarmó.
- ¿Qué pasó? - Preguntó preocupado - ¿Estás bien? ¿Los niños? - Preguntó sin siquiera reparar en su atuendo.
Hermione se arrodilló en la cama, donde estaba recostada y lo miró seria.
- No pasó nada, los niños están con tu mamá y yo estoy… - Hizo una pausa - desilusionada.
Ron reparó en la entonación y admiró el cuerpo de su mujer envuelto en, prácticamente nada, un pequeño negligé de color negro que resaltaba todo y tapaba poco.
Comenzó a reír dejando a Hermione aún más perpleja y sacó de su túnica un paquete que comenzó a desenvolver, sin parar de reír.
La castaña seguía sin entender el extraño comportamiento de su marido, hasta que este desenvolvió un atuendo femenino, idéntico al que ella tenía puesto.
- Iba a pedirte que usaras esto, esta noche - Ya lo sonrisa de Ron se había trasformado a la sexy que la desquiciaba.
- Y yo iba a pedirte que me lo saques - Respondió ella sensualmente.
Ron no aguardó un instante más y se arrojó sobre ella, apresándola con sus brazos y besándola apasionadamente, mientras que se despojaba ayudado por su esposa de la ropa.
La desnudó completamente tal cual él, giró colocándola boca abajo y comenzó a besarle su espalda. A Hermione esa sensación le fascinaba y realmente extrañaba esas caricias que la enervaban, en realidad nada dejaba de encantarle a la hora de entregarse a Ron, quien en ese momento elevaba sus caderas para poseerla.
Ella extendió los brazos, esa posición era eróticamente salvaje, casi animal, él apretaba sus manos sobre su cintura imprimiéndole un movimiento cada vez más acelerado y ella podía sentir en plenitud toda la virilidad de su esposo ingresando en su ser.
Ron se plegó, pegó su pecho sobre la espalda de ella y dirigiendo una mano a su intimidad comenzó a estimular su punto más sensitivohasta hacerla explotar, para luego subir y acariciar sus senos.
Hermione recobró la antigua sensación de no contar sus orgasmos, tal cual hacían antes que nacieran los pequeños, notó que le era imposible llevar el cálculo mental de las veces que Ron la llevaba al clímax; si bien sus experiencias no ingresaban en ninguna categoría científica o de lógica matemática, sus cuerpos nuevamente se movían a un ritmo tan preciso y sincronizado como la perfecta maquinaria de un reloj suizo.
Sintió que él elevaba el torso, y sujetándola por debajo de los brazos también la levantaba, dejándola en una posición casi sentada sobre él, aferró sus piernas hacia atrás encajándolas en la cadera masculina y pegó su espalda al agitado y húmedo pecho de Ron, subió las manos pasándolas hacia tras y sujetándolas del cuello.
¿Cómo lograban esas posiciones tan intrincadas? ¿Qué los motivaba a llevar a sus cuerpos al límite de lo física y emocionalmente posible?
Pero ellos no daban tregua a la imperiosa necesidad de experimentar hasta donde ese amor vehemente los llevaba.
Ron besaba su cuello, mordía su hombro y acariciaba sus senos llevándola aún más a la locura.
Cuando el pelirrojo llegó a su clímax, arrastrándola nuevamente a ella, la envolvió en sus brazos, sin abandonar la posición y le dijo al oído jadeante.
- No se que pienses tú, pero esta es definitivamente la sensación más sublime que he sentido en toda mi vida, y pretendo seguir haciéndote el amor toda la noche y gran parte de la mañana de igual manera si me lo permites.
Ella apenas podía respirar, se sentía prisionera de esos potentes brazos que la envolvían, a la vez protegiéndola de todo lo que la rodeaba. Sólo atinó a asentir con la cabeza, en ese momento las palabras no salían de su boca, siquiera aparecían en su mente. Estaba inmersa en un mar de sensaciones encontradas, salvajes, pasionales y a la vez suaves y amorosas.
Amor y pasión, dos de los sentimientos que se conjugaban a la perfección cuando ambos cuerpos entraban en contacto.
Habían pasado dos años, Hermione se afianzaba en el Ministerio y Ron en Sortilegios, su magia estaba al cien por ciento restablecida e incluso mejor que antes.
Los gemelos, Matheu y Joseph, eran dos niños maravillosos, que crecían sana y alegremente tal cual Rose y Hugo, lo cierto era que entre los dos se complementaban perfectamente para llevar adelante la familia.
Ella trabajaba medio tiempo en el Ministerio y él durante la tarde en Sortilegios, cuando algún caso la comprometía o Ron debía viajar por cuestiones de la empresa, Molly o Jane se peleaban por cuidar a los pequeños que si bien eran bastante tranquilos, no dejaban de ser traviesos como todos los niños.
Hermione se maravillaba de ver como Ron interactuaba con ellos,
Pero la maquinaria Weasley Granger funcionaba a la perfección, se levantaban por las mañanas, preparaban el desayuno y entre ambos se turnaban para alimentar a los chicos muchas veces luego de atender a Rose y Hugo, Hermione se quedaba observando como él les daba el biberón a los gemelos.
Se veía el amor que Ron profesaba por sus hijos y no sólo por ese simple hecho sino por infinidad de detalles más, verlos, vestirlos, bañarlos, jugar con ellos era toda una experiencia.
Ron se dejaba llevar por su adoración para con sus hijos, disfrutaba cada minuto que estaba con ellos y revivía los momentos de su niñez, jugando, malcriándoles pero sin olvidar su obligación de educarlos.
Pero definitivamente lo que más admiraba era ver a Hermione junto a ellos, nunca la había visto comportase como una niña, siempre la admiró como la muchachita seria y responsable y como mujer lo era aún más, excepto con él en la cama haciendo el amor, realmente se trasformaba; por eso no le sorprendió del todo cierta tarde cuando llegó más temprano de la tienda y la vio con Hugo montado a su espalda, los gemelos en sus brazos y Rose huyendo de ellos ante el grito de su mujer
-¡Te atraparemos! ¡Te atraparemos! - Los cuatro niños reían al igual que ella que luego de atrapar a la pequeña se recostó en el piso dejándose hacer cosquillas por los mayores, mientras Matheu y Joseph la abrazaban como queriendo protegerla.
No se pudo contener e intervino, lanzando un grito que en principio inmovilizó a todos en la sala pero luego, al ver que él avanzaba imitando a un simio todos comenzaron a correr por el recinto, Rose llevando la delantera, seguida por Hugo; Hermione sosteniendo en sus brazos a los pequeños quedó rezagada y pronto Ron la atrapó, tomó a uno de los niños y lo arrojó hacia el techo de tal forma que la castaña contuvo la respiración, pero al ver y oír la risa del niño se relajó, permitiendo que hiciera lo mismo con el otro que apenas verlo estiró los bracitos para que jugara con él.
Luego los dejaron en el piso para que avanzaran lentamente y se dedicaron a buscar a Rose y a Hugo que se habían escondido. Primero encontraron al niño que se dejó hacer cosquillas por ambos padres pero no podían encontrar a Rose, fueron los gemelos quienes delataron su ubicación y ambos padres fueron tras ella también propinándole cosquillas.
Ver a Hermione comportarse como una niña la hizo amarla aún más si ello fuera posible y por su parte Hermione adoraba a Ron por acompañarla en la crianza de sus hijos, sin dejarla de lado como mujer, complementándose ambos para formar una maravillosa familia.
Hermione nunca se sintió tan amada y deseada en toda su vida, pero últimamente notaba a Ron con dudas, como queriéndole decir algo que de seguro no le agradaría; obviamente tenía una idea de que se trataba, prefería estar equivocada en lo que creía y evitaba el tema, pero llegó el momento que temía cuando Ron le declaró una noche luego de cenar.
- Mi amor ¿Puedo hablar contigo?
- Si – Le decía ella intuyendo lo que se avecinaba.
- Tú más que nadie sabe que no todos los magos pueden o quieren ser reinsertados, hay aún muchos que se apegan a la magia oscura.
- Si – Continuaba ella diciendo.
- Yo…
- Quieres ser auror – Ron la miró.
- Sé que ya no soy tan joven, pero Harry me ha dicho que mis habilidades están mejor que nunca.
- Está bien. Yo quiero que cumplas con todos tus sueños – Le decía acariciando su mejilla.
- Tú eres mi mayor y mejor sueño. Tú y los niños.
- De eso yo también te quería hablar. – Declaraba Hermione.
- ¿Los niños están bien?
- Si, los seis. – Ron la miraba.
- Mi amor, sabes que era profesor de matema…- Pero al verla a los ojos y notar ese particular brillo en su mirada - ¿Embarazada? – Ella asintió - ¿Gemelos? – Hermione volvió a asentir. Ron se levantó y la atrapó entre sus brazos besándola como respuesta a la fantástica noticia que acababa de recibir.
- Si quieres pospongo…
- Nada, vamos a estar bien.
Definitivamente los planes que tanto habían trazado a lo largo de su vida iban cambiando, y eso era parte de la existencia humana. Tener todo premeditado y científicamente planeado, sacaba de contexto la humanidad del hombre.
No estaba mal planear, en lo absoluto, pero ambos habían comprendido, especialmente ella que no todo debía ser lógicamente programado.
La crianza de los niños les demostraba día tras día que las únicas maravillas eran esas pequeñas personitas que cada vez se parecían más a ellos o a las personas que los rodeaban, pero sobre todo criados con amor, con sentido del bien y del mal y con responsabilidad.
De seguro todo el mundo mágico la conocía como a una mujer inteligente y capaz, sólo algunos tenían el privilegio de conocerla como era realmente cálida y amorosa, una madre dedicada; pero sólo una persona conocía su otra faceta, la apasionada, la sensual, su esposo sacaba lo más erótico de ella y eso le fascinaba.
Era igual con Ron, todos conocían al hombre valiente al momento de defender a sus amigos y familia, excelente empresario, y maravillosa persona; otros conocían sus inseguridades y miedos, su absoluta dedicación a sus hijos y amor a su esposa, pero decididamente sólo está última conocía ese fuego interno que desprendía al estar íntimamente juntos, esa pasión arrebatadora que podría abrasar al mismo polo norte.
Otros nueve meses pasaron, otra sala de parto y una sala de espera aún más repleta.
Y al igual que años atrás Ron salió sonriendo.
- Un niño y una niña – Declaró acercando a los pequeños en sus brazos.
Nada, absolutamente nada empañaba la felicidad de los Weasley.
Molly y Jane ayudaban a Hermione con los niños, que a decir verdad eran unos angelitos y ella continuó con su labor.
Agradecía todos los días a Merlín por la felicidad que los rodeaba y tener a tantas personas maravillosas a su lado.
Cuatro años después Ron estaba junto a Hermione y sus otros pequeños despidiendo a Rose en la estación King Cross. Era el primer año de Hogwarts de la pequeña y estaban muy emocionados.
Todos viraban a ver a la feliz familia, Hugo deseando que los dos años que le faltaran pasaran pronto, Joseph y Matheu observando todo maravillados sosteniéndose a las piernas de Hermione y los pequeños Arthur y Jane saludando con sus pequeñas manitos al tren que se alejaba, ambos sentados en los anchos hombros de su padre.
Delante de ellos, Harry , Ginny y Lily también saludaban al trasporte.
Pronto Lily y Hugo se juntaron y caminaban al frente, intercambiando sus diferentes ideas de cómo sería su primer día en Hogwarts cuando ellos ingresaran.
Ron y Harry también se adelantaron, el primero aún portando a sus dos pequeños y el otro alzando a los otros dos que ya habían corrido tras su tío favorito.
- Creo que la pista de la célula de magia negra es bastante creíble – Decía Ron mirando a su cuñado y amigo.
- Yo pienso exactamente lo mismo, calculo que en un par de días más tendremos toda la información necesaria para…
- ¿Podrían cambiar de tema? – Los interrumpía Ginny – No hablen de trabajo delante de los niños.
- Pero papi y el tío patearán algunos oscuros y sucios traseros mágicos, tía. – Declaraba Joseph que había heredado el desenfado de su padre a la hora de declarar lo primero que se le ocurría en su pequeña, pero precoz mente.
- ¡Si! – Gritaba Matheu moviendo enérgicamente las manos– Un par de movimientos de varita y todos quedarán tras las mugrosas rejas de Askaban.
- ¡Joseph! ¡Matheu! – Los retaba Hermione – saben que no deben expresarse así. ¿Me pueden decir de donde sacan esas barbaridades?
Los pequeños se miraban y luego voltearon a ver con sus hermosos ojos azules idénticos a los de su padre, de hecho ambos eran un calco de Ron, a los hombres, tanto al que los cargaba como al que tenían a su lado.
- Papá – decía distendidamente Joseph
- ¡Ronald! – Harry sonrió ante la cara pálida del pelirrojo.
- Y el tío Harry – Completó Matheu sonriente.
- ¡Harry! – Gritaba Ginny y ahora era el moreno quien se había puesto pálido como si hubiese visto al mismo Voldemort aparecerse frente a él.
Pero la verdad era que ambos sabían que sus amorosas esposas, eran extremadamente estrictas con su vocabulario frente a los niños y sobre todo conocían sus sermones, aunque también sabían muy bien como calmarlas.
- Pero mami – Decía Jane acariciando su rizado cabello castaño heredado de su madre, mirándola con unos ojos azules como su padre – Si tienen el trasero sucio debería todavía usar pañales. ¿No?
- Usando pañales los dejaran papá y el tío después de pelear con ellos. ¿No?
- Si campeón – respondía Ron al comentario de Hugo que se les había acercado junto a Lily al oír gritar a sus madres.
Definitivamente ver y escuchar discutir a sus padres era lo que los chicos más disfrutaban, de esa forma podían ver a sus madres demostrando todo su poder sobre sus padres, ya que sólo les conocían sus facetas amorosas, estrictas, pero amorosas y para todos ver desplegar los poderes mágicos de Ginny y Hermione era fascinante.
- Ronald – Volvía a declarar Hermione.
- ¡Oh tía! – Le decía Lily – Si incluso a ti te he oído alguna vez mal decir a alguno de los magos que intentas ayudar, cuando descubres que lo único que quieren es sacarles información de la orden o el ministerio y definitivamente sí que has dejado a alguno usando pañales igual que he vista hacerlo a mamá.
- ¡Hermione! – Decía Ron
- ¡Ginny! – Gritaba Harry – ¿Te has batido a duelo con un mortífago frente a los niños?
- ¿Duelo? – Decía Hugo sarcásticamente – Ni tiempo de sacar sus varitas les dieron, a ninguno de los tres.
- ¡Tres! – exclamaron ambos hombres más preocupados que enojados.
- No fue nada – Declaraba Ginny mirando mortalmente a su sobrino e hija respectivamente – Fue una situación que se nos escapó de control.
- Nada con lo que nos hayamos enfrentado antes – Acotaba Hermione llevándose la mano a la boca al dejarlas en evidencia.
- ¿Fue más de una vez?
- ¡Bueno basta! – Ordenaba Hermione – Es parte del riesgo que corremos en el trabajo.
- Decididamente trabajo que concluirá en este momento.
- ¡Ni lo sueñes, Ronald! Además contamos con un enlace al departamento de aurores para el caso que no podamos nosotras con la situación. – La conversación ya estaba cambiando de ánimos, había comenzado como una simple broma de los niños para tornarse en una probable disputa a gran escala.
- Eso es imposible Hermione, de ser así ya lo sabríamos.
- Mira Harry, aún no eres el director del departamento, o sea que aún no sabes todo lo que pasa dentro de él. – Le decía Ginny.
- ¿Cómo lograron que no nos informaran?
- Demostrando que era una forma inteligente de sacar información, sin recurrir a pateaduras de traseros o agresivos ataques. ¿De dónde creen que sacan la mayoría de la información que les llega? Si prácticamente los mortífagos que apresan apenas pueden respirar.
Habían llegado a una plaza donde siempre iban luego de King Cross, para que los niños se diviertan con los juegos. Apenas dejarlos en el piso ellos salieron corriendo a subirse a los diferentes aparatos.
Hugo y Lily les dijeron que ellos los cuidarían y se marcharon no demasiado para poder escuchar pero en definitiva dejando a las dos parejas solas.
- ¿Por qué arriesgarse de esa manera? – Reclamaba Harry apesadumbrado.
- La idea fue mía.- declaró Hermione.
- ¿Por qué no me sorprende? – Bufaba Ron decididamente enojado, mirando a Hermione con una mirada helada, que hizo estremecer a la castaña.
- Nosotras no podemos evitar que ustedes cumplan con su sueño de ser aurores, ambas conocemos íntimamente las razones que los motivan a serlo. Y las respetamos. Más ello no impide que nos sintamos preocupadas y cierto día cuando hablaba con Ginny, ella expuso su miedo, el cual en ese momento no compartía, pero que sabía que pronto llegaría a sentir igual que ella, lo cual no me equivoqué; y le comuniqué mi idea de utilizar parte del dinero en crear una fundación para asesorar y reinsertar a ex mortifagos a la sociedad y poco a poco nos dimos cuenta que podíamos sacarle información sobre las diferentes células que aún quedaban activas. Cuando nos comunicamos con Kingston dándole información que unida a la sacada por ustedes daban con la data precisa de las ubicaciones concordamos en que siempre que pudiésemos le informaríamos lo que sabíamos, con la condición de no decirle a ustedes. – Hermione miró a Ron quien le devolvió una mirada aún más fría que la anterior, suspiró y continuó hablando - Con el paso del tiempo algunos mortífagos dedujeron de donde podían sacar la información de sus actividades y ubicaciones e intentaron atacarnos algunas veces. Por suerte nunca nada llegó a mayores.
- ¿Alguna vez salieron heridas? – Preguntaba angustiado Harry. Hermione miró a Ginny y esta contestó.
- ¿Recuerdas cuando te informé que debía irme a Francia por una entrevista urgente a un jugador de Quidditch?
- Perfectamente, me llamó la atención la urgencia, hace cuatro años y medio. – La inexpresiva voz de Ron cortó el momento
- ¿Te enfrentaste a mortífagos embarazada?
- Espera Ron, no es que nosotras vamos tras ellos como ustedes en sus misiones, ellos vienen a nosotras, no lo decidimos. Además ella nunca estuvo en peligro.
- ¡Mientes!- Era increíble como Ron conocía a su hermana.
- Bueno, esta bien. Me atraparon, me secuestraron y ella fue en mi búsqueda siguiendo un rastro mágico que habíamos generado para una situación así. Debió enfrentarse a varios mortífagos antes que llegaran los aurores y nos rescataran, pero ella salió herida por salvarme la vida. Se interpuso en la maldición que me habían lanzado.
- ¡Y no nos avisaron! ¿Cómo? – Harry meneaba la cabeza, aturdido.
- Era parte del trato – respondía Hermione que al mirar a Ron podía ver la furia en sus ojos - ¿Qué? – Llegó a exclamarle - ¿Qué es lo que molesta tanto? ¿Qué puedan haber quedado en ridículo ante sus compañeros? – Hugo y Lily voltearon ante los gritos de Hermione y los pequeños se bajaron de los juego acercándose al grupo.
Ron meneaba la cabeza y bajó la mirada.
- Me extraña que aún no me conozcas del todo y más me duele el que pienses que mi orgullo podría anteponerse a mi preocupación por tu bienestar. ¡Al cuerno mis compañeros! ¡Al cuerno tú y tu maldita necesidad de hacer lo correcto! – Y sin más desapareció.
Hermione se puso pálida y se tambaleó, lo que menos imaginaba era que de una inocente confesión se desatara todo ese desastre.
- Lo siento tía, no era mi intención crear problemas. – decía Lily.
- Perdón mamá, yo… - Ella abrazó a Hugo y luego a Lily.
- No mis amores, son cosas de grandes, no se preocupen.
- Pero papá estaba enojado.
- Sabes que pronto se le pasará. Vamos a casa.
- Hermione – la llamó Ginny.
- Todo va a estar bien, vayan a su casa, luego los llamo. No se preocupen.
Pero ella estaba muy asustada, ya que Ron no estaba enojado, estaba desilusionado y ahora entendía el porqué.
Ella había prometido no mentirle nunca más y había roto esa promesa. Ni siquiera el hecho de que la causa era más que justificada, la amparaba de su error.
Y para colmo de males, no lo había interpretado correctamente y lo insultó aún más, creyendo que su ego era el motivo por el cual él estaba tan escéptico.
En cuanto llegó a su casa, preparó algo para que los chicos comieran y Hugo junto a lily que le había implorado ir con ellos, se encargaron de ayudar a sus pequeños.
- Gracias hijo.
- Gracias a ti por ser como eres mamá. Se que si alguien puede hacer desenfadar a papá eres tú. Ve a por él yo cuido a estos demonios. – y le sonrió a sus hermanitos. A Hermione se le empañaron sus ojos de la emoción de ver a su pequeño hijo de tan sólo nueve años hablarle como un adulto y se sintió orgullosa de esa actitud.
Subió las escaleras y se dirigió a la habitación matrimonial, en la penumbra pudo ver la silueta de Ron sentado en la cama que al verla entrar se puso de pie, sosteniendo un bolso en sus manos.
- Voy a irme a Sortilegios. Allí George tiene una habitación donde se queda cuando hace el inventario y se le hace muy tarde.
- Ron por fa…
- No, mejor no hablamos ahora, estoy… - Pero no acabó la frase simplemente negó con la cabeza y desapareció.
