Capitulo 8 Final

- ¿Qué te sucede? – Le preguntaba – ¿Melancólica por la partida de Rose y Hugo?

- Un poco.

- ¿Y el otro poco?

- Hace unas semanas que no me siento bien. – Decía Hermione – tengo síntomas muy extraños.

- ¿Estás enferma?

- Creo que me ha llegado la menopausia. – declaraba ella.

- Tienes casi cuarenta y cinco años. ¿Es normal, no?

- Si, no hay una fecha exacta, pero se podía decir que sí.

- Si quieres vamos al hospital mañana mismo.

- Me gustaría que me acompañes – Le pidió ella apoyando su cabeza en el hombro sin poder evitar que una lágrima corriera por su mejilla.

- No llores mi amor, yo estaré a tu lado siempre.

Al día siguiente fueron a san Mungo.

Los recibió la doctora de Hermione.

- ¿Qué sucede? – preguntó.

- Creo que me ha llegado la hora – Suspiró la castaña como si estuviera al borde de la muerte.

- ¿La hora? – preguntaba la facultativa.

- Creo que estoy entrando en la menopausia.

- Ven que te reviso – La acompañó detrás de un biombo, Ron estaba nervioso, sabía que era una etapa muy sensible para las mujeres, pero él estaba dispuesto a enfrentarlo todo.

Pero tal vez no estaba listo para todo.

Una vez que Hermione terminó de vestirse y se sentó a su lado, él le tomó la mano, la doctora los miraba sonriente.

- Si, ha llegado la hora – Decía y Ron sintió como Hermione apretaba su mano. Él acarició con su pulgar el dorso para tranquilizarla. – la hora de comenzar a comprar pañales otra vez. No estás entrando en la menopausia, estás embarazada Hermione.

- ¿Cómo? – preguntaron los dos al mismo tiempo.

- No creo que a esta altura deba explicarles como vienen los niños al mundo ¿No? – Respondía la médica – En esta oportunidad deberás cuidarte más, debes reconocer que es una edad complicada y si bien tus anteriores embarazos fueron excelentes ahora hay que cuidarse más, te recomiendo que en esta oportunidad dejes tu trabajo y descanses. – Hermione sólo asentía. – vamos a hacerte una ecografía para ver como va todo por allí – Y la llevó a otra sala.

Ron traspiraba, ya tenían seis hijos, lo cual le parecía demasiado y si bien no había mentido y económicamente podían solventar a veinte otra cosa muy diferente era criarlos, él había convivido con siete hermanos, las peleas, los gritos, su casa era un caos constante. Si bien gran parte de sus hijos habían heredado la templanza de Hermione otros tantos tenían su temperamento, pero se relajó, si sus padres pudieron con siete él también.

A los pocos minutos Hermione palidísima entro seguida de la doctora que la sostenía.

- Me ayuda, por favor. – Y Ron se levantó de un salto y sostuvo a Hermione hasta sentarla en la silla.

- ¿Todo bien? – Se asustó.

- Los gemelos están perfectos – declaró la doctora, entonces fue él quien se tambaleó, y se sostuvo de la silla sentándose luego en esta.

- ¿Gemelos? – Repitió - ¿Cómo es posible? ¿Tres veces seguidas? No es… raro.

- Definitivamente no es algo muy común, pero bien se puede dar, no le veo nada extraño – Comentaba la doctora seriamente sacando algunos cálculos.

- Los espero dentro de quince días, ya te he dicho lo que debes hacer. Tener mucho cuidado, y tranquilidad.

Ambos salieron del consultorio, estaban pálidos y serios. Hermione comenzó a llorar y Ron la abrazó.

- Mi amor – Le decía acariciando sus cabellos – estoy tan feliz.

- No mientas.

- No seas tonta.

- No soy tonta, saco cuentas, tenemos más de cuarenta años, cuando nuestros hijos tengan veinte tendremos sesenta, pareceremos más unos abuelos que unos padres.

- No seas exagerada. Nosotros somos muy joviales, ni siquiera aparentamos nuestra verdadera edad.

- Además ¿Te imaginas la casa con seis pequeños y dos pre adolescentes?

- No lo imagino, lo viví. ¿Recuerdas a mi familia?

- Por eso mismo.

- Exacto, por eso mismo puedo decirte que ambos sabremos como manejarnos en la casa.

- ¿Y mi trabajo?

- Lo dejas.

- ¿Así de fácil?

- Es tu decisión, pero has oído a la doctora, además, con seis pequeños en la casa no va a ser fácil, cuenta que Hugo y Rose irán a Hogwarts pero a los gemelos les falta todavía unos dos años más. Yo te ayudaré en lo que pueda y renunciaré al departamento de aurores.

- ¿Por qué?

- Porque voy a tener más tiempo regresando con George, igualmente no pienses que lo hago por esta maravillosa noticia, mi hermano ya habló conmigo la semana pasada y con Harry, nos necesita a los dos.

- Ginny se va a poner muy contenta.

- Si ¿Y tú?

- Yo estoy feliz mi amor, siempre que tú lo estés.

- Soy el hombre más feliz de todo el mundo.

Pero definitivamente era una prueba dura de superar.

Los nueve meses no pasaron volando, y ahora era él quien se daba de golpes en el escritorio ante la risa de Harry.

- No veo la hora que terminen las semanas de aviso previo para retirarnos.

- ¿No que Hermione era centrada y equilibrada en sus embarazos? - Bromeaba Harry y fue él quien recibió en esta oportunidad una quaffle en la cabeza.

-¡Tengo seis niños! Por suerte mi suegra me ayuda, y mi madre.

Hermione, sin nada que hacer más que descansar realmente era bastante fastidiosa, incluso en algunas ocasiones Ron había llegado incluso un poco tarde para no tener que soportarla, y se sentía apenado de actuar de esa manera, pero ella misma reconocía su falta de templanza.

- Lo siento – le decía recostada sobre él.

- Yo lo siento, debería estar a tu lado y no huyendo de ti – Ella le golpeó el hombro. Luego le besó.

- Incluso yo misma deseo a veces huir de mí. – Y ambos reían, él la confortaba dándole masajes en los pies y acariciándola.

- Parece que eres más cariñoso que en los embarazos anteriores. - Le decía ella.

- A mi me parece que estoy igual, lo que sucede que en tus anteriores embarazos no estabas tan mandona.

- ¿Mandona? ¿Crees que soy mandona? ¿Acaso te he pedido algo fuera de lo común?

- Mira, si hacerme ir a las dos de la mañana a la dulcería de la calle St Giles High a comprarte esos bocaditos de chocolate rellenos de dulce de leche, que importan de Argentina, no es exagerado.

- ¡Pero tenía muchas ganas de comerlos! - Declaraba Hermione como una niña pequeña.

- Sabes que me encanta cuando haces pucheros - Él besaba su cuello

- Sabes que al nombrarlo se me antojaron de nuevo esos bocaditos - Reía ella pero luego Hermione sintió un dolor muy agudo que la hizo gritar.

- ¿Hermione?

- Creo que son contracciones.

- Aún faltan dos meses – declaró Ron al tiempo que ella volvía a sentir otra dolorosa puntada.

- Definitivamente son contracciones. – Ron voló de la cama, en su segundo ambos estaban vestidos, Jane que vivía con ellos por pedido de la pareja les dijo que se quedaran tranquilos por los niños y los despidió.

Llegaron a San Mungo y Hermione fue llevada al quirófano de urgencia, en esta oportunidad no dejaron a Ron entrar.

A los quince minutos todos los Weasley estaban allí, pero esta vez Ron les hacía compañía, paseaba como un león enjaulado delante de la puerta de la sala de cirugía y cada vez que la misma se abría intentaba sacar alguna información ero nadie le decía nada.

- Calma – Lo palmeó Harry – todo va a salir bien.

- Si hermano – Le decía Ginny abrazándolo– Todo estará bien.

Cada uno de sus hermanos y sus padres lo apoyaron en esos desesperados momentos.

A las cuatro horas salió la doctora de Hermione, con las ropas manchadas en sangre.

- Ron – Lo llamó. El pelirrojo estaba palidísimo y parecía que la medica no hablaba más – Todo está bien, las tres están bien.

- ¿Las tres?

- Si, fueron dos niñas y al igual que la madre están estupendamente. Quisimos retener el parto pero debimos hacer una cesaría, es una técnica muggle que manejamos muy bien, así que no hay de que preocuparse, la diferencia es que Hermione deberá quedarse una semana por la pérdida de sangre y además para recuperarse de la cirugía. Y las niñas quedarán en una incubadora para controlar que estén en perfecto estado, aunque no dudo que así es ya hemos hecho de un diagnóstico preliminar que resultó altamente satisfactorio.

Ron abrazó a la doctora quien recibió alegremente el abrazo.

- ¿Puedo verla?

- Hermione está aún dormida, pero puedes ver a las pequeñas.

- Si – declaró él siguiendo a la doctora. Las niñas estaban en sus cámaras y dormían placidamente las acarició a través de un guante que podía introducir en el cubículo temiendo despertarlas. La enfermera salió por un momento y él sin dudarlo buscó a Hermione, la encontró en la sala contigua, estaba pálida y aparentemente inconsciente, pero no dudó un segundo en acercarse y darle un suave beso en los labios.

- ¿Ron? – Llegó a decirle ella.

- Descansa pronto estaré contigo – le decía – Pero ahora debes dormir.

- ¿Los bebés?

- Perfectas, como tú – Le dijo. Volvió a besarla, pero Hermione se había dormido nuevamente con una sonrisa en los labios.

La semana pasó sin contratiempos, todos estaban felices, Molly rebosaba de alegría y no dejaba de decir que parte de esa felicidad era que había dejado su legado de familia numerosa a ellos.

- Descuida hija – Le decía - siempre contarás con nuestra ayuda. Si deseas puedes regresar al trabajo.

- No Molly, este es mi nuevo trabajo - respondía Hermione acunando a una de las bebés y sosteniendo a otra en brazos – Aunque la ayuda nunca estará de más – Y ambas se largaron a reír.

Los meses pasaron, ya se había acostumbrado a su nueva labor y renovó el orgullo que sentía por Molly, ser ama de casa era el trabajo más difícil que tuvo que afrontar, pero a la vez el más estimulante.

Pero como alguna vez la había elogiado Ron, ella pronto se afianzó en su nueva tarea.

A pesar de toda la alegría que los rodeaba, había algo que la tenía intranquila, Ron se estaba alejando de ella. Rehuía a la intimidad y muchas veces notó que contenía su orgasmo.

Las duchas solitarias se había restablecido, y ella estaba muy triste.

Ni Ginny, ni su madre o Molly pudieron ayudarla, a todas les parecía demasiada extraña la actitud de Ron que en esta oportunidad ni siquiera a Harry le había confesado cual era su problema, lo cual preocupaba más a Hermione, ya que significaba dos cosas, o que ella estaba exagerando en su postura o que lo de Ron era tan grave que ni siquiera en Harry podía confiar.

Lidió con la situación hasta que no pudo más, intentando de diferentes formas lograr que él le diera alguna información sobre lo que sucedía, pero extrañamente Ron se comportaba como si nada ocurriera.

Y como siempre, agotados todos los fallidos intentos, hizo gala de la confianza que ambos se tenían desde el fatídico episodio de su breve pero dolorosa separación.

Él salía de sobre ella, suspendiendo su clímax al notar el de ella.

- ¿Me dices que te pasa? – Preguntó molesta.

- ¿Pasar? – Respondía él – Nada.

- Mientes, algo te sucede, y no desde ahora. ¿Tienes una amante?

- ¡Hermione! Yo te amo, tú me haces muy feliz, además no veo porque piensas eso.

- Porque me huyes sexualmente. – Confirmó rotunda.

- No tengo una amante, nunca la tuve, si es que alguna vez tuviste la duda.

- ¿Entonces?

- Nada.

- Bien – Ella subió a horcajadas sobre él, y tomando su miembro aún erecto se hizo penetrar, moviéndose rítmicamente. Él parecía disfrutar pero luego la detuvo.

- Voy a venirme.

- Eso es lo que quiero, que te vengas, conmigo. – Continuó el movimiento pero él salió de ella antes de llegar al clímax.

- Perdón – sólo dijo y salió corriendo al baño. Hermione tardó centésimas de segundo en seguirlo y evitó que cerrara la puerta del cuarto de aseo.

- ¡Perdón un cuerno! ¡Me dices ahora mismo que te sucede!

- No quiero dejarte otra vez embarazada, no quiero perderte, como casi lo hice, fue horroroso, esperar fuera del quirófano, que nadie te diga nada, prefiero mil millones de veces que fractures mi mano cuando debes pujar o tienes contracciones a eso – Y se largó a llorar abrazándola fuertemente – Yo me moriría sin ti. – Hermione correspondió el abrazo y suspiró aliviada.

- Era eso – Llegó a declarar.

- ¿Te parece poco? - pero Hermione sonreía - ¿Qué es gracioso?

- Que si me hubieses planteado esto antes, nos hubiésemos salteado toda esta tragedia – reía y le aclaraba a Ron– ante la posibilidad de volver a quedar embarazada y antes del parto yo hablé con la doctora para que me liara las trompas de Falopio.

- ¿Qué es eso?

- Es un procedimiento quirúrgico para evitar quedar embarazada, ella recurrió a asistencia muggle para prepararse para realizar tanto la operación de cesaría como el ligamento. Al operarme y luego de corroborar que Nathalie y Ann estuvieran bien, la doctora lo hizo, fue en parte por eso que se demoró más la cirugía. Perdón por no decírtelo. – Pero Ron ya no la escuchaba. Besaba su cuello y ella so olvidó de todo procedimiento quirúrgico, se olvidó de todo. – Te recompensaré – Le decía perdiéndose entre esos potentes brazos que la apresaban.

- Nos recompensaremos – Contestaba él, llevándola otra vez a la cama, listo para la acción.

Como siempre.

FIN