Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Edward's Eternal, solo nos adjudicamos la traducción.


Belong To Me

By: Edward's Eternal

Traducción: Mónica león

Beta: Yanina Barboza


Capítulo 2

Su casa era pequeña. Oscuro afuera, estaba el brillo de una pequeña luz proveniente del interior. Podía ver la silueta del gato de Bella en la ventana, sin duda esperando a que llegase a casa. Bella apagó el motor y por un momento la cabina de la camioneta estuvo en silencio.

Tragué fuerte, pensando que había cambiado de opinión. Estuvimos callados todo el camino, pero nuestras manos estaban entrelazadas en el asiento entre nosotros. Mi pulgar acariciaba su suave piel, ocasionalmente levantando su mano para tocarla con mis labios, cuando la urgencia para hacerlo se volvía muy fuerte para resistirla. Ahora aferré mi agarre.

—Puedo caminar al hotel desde aquí, Bella. Está bien.

Su mirada voló hacia la mía.

—¡No! Solo… Solo necesito que sepas que yo no hago esto. No traigo hombres a casa conmigo.

—Yo tampoco hago esto. —Dejé salir un profundo suspiro—. Ha pasado un largo tiempo para mí, y no tengo lo que puedas llamar una gran experiencia con las mujeres.

Esta vez ella apretó mi mano.

—Tampoco tengo mucha experiencia.

Sus palabras honestas me hicieron ridículamente feliz.

—Yo, ah, r-realmente no estaba planeando, um —tartamudeé—. No tengo… —Mi voz se apagó por la vergüenza.

Bella rio por lo bajo.

—Lauren tiene un repertorio de condones a la mano. Estoy segura de que no le importará si tomamos unos pocos… o um, más, si es necesario.

¿Más?

Mi sonrisa no podía ser contenida. La sonrisa de Bella en respuesta era tímida, pero alentadora.

—Siento algo entre nosotros. Algo que nunca sentí antes, contigo. ¿Puedes sentirlo? —confesé en voz baja.

—Sí.

—¿Estás segura de esto, Bella?

Respiró profundo y abrió su puerta.

—Sí.

*()*

Me guió hacia la casa a oscuras, encendiendo otra pequeña lámpara en la sala. Estaba sorprendido de no ver ninguna decoración de Navidad o un árbol. Era una persona tan cálida, de alguna manera parecía del tipo de que se rodea de la temporada. Incluso yo llevaba a casa uno pequeño cada año desde el bosque detrás de mi casa, y aunque mis decoraciones dejaban mucho que desear, era una cosa bonita para admirar en las tardes oscuras cuando estaba solo. La miré curiosamente.

—¿No hay árbol?

Se encogió de hombros.

—Trabajo mañana, y luego el día de Navidad cenaré con Leah y Jake más tarde. No hago intercambio de regalos con nadie. —Ella rio; el sonido más triste que feliz—. Tal vez algún día será diferente, pero por ahora es algo tonto hacer algo solo para mí.

Tragué alrededor del doloroso nudo en mi garganta. Por primera vez desde que la conocía, sonaba tan… triste. Mientras que la Navidad mientras yo crecía había sido excesiva en la peor manera, con demasiados regalos simplemente por la diversión de dar regalos, la suya había sido exactamente lo opuesto. También me parecía que fue casi tan ignorada como yo lo fui en mi niñez. Odiaba que ella supiese sobre ese sentimiento. También odiaba el hecho de que no sentía que valía la pena añadir un poco de alegría navideña en su vida.

¿Qué tenía esta mujer que me hacía querer complacer cada diminuto deseo que se había perdido? Quería llenar su pequeña casa con luces y brillos, y poner un árbol en la esquina que estuviera lleno con regalos. Quería observar mientras los veía y ver el deleite en su rostro. Quería ser el que la hiciese sonreír. Parpadeé ante ese sentimiento particular; era otra emoción que nunca antes había experimentado.

Un extraño ruido me hizo mirar hacia abajo para ver un par de ojos verdes observándome. El pelaje largo y naranja apuntando hacia todas partes, y reí. Agachándome, acaricié la suavidad.

—Tú debes ser Chester. —Fui recompensado con un profundo ronroneo mientras el gato se enrollaba alrededor de mis piernas, luego se estiró, permitiendo que lo cargara. Bella soltó unas risitas; el sonido mucho mejor que el de antes, un sonido más triste.

—Debes agradarle. Nunca deja que las personas lo carguen.

—¿Lo has tenido por mucho tiempo?

—No. Lo encontré el último invierno afuera de la cafetería. Creo que alguien lo había abandonado. Lo traje a casa para tenerlo a salvo por la noche, pero no pude soportar el pensamiento de llevarlo a un refugio. Así que se quedó.

Le sonreí. Por supuesto que se quedó. Su rescate hacia mí esta noche no era la primera vez para ella. Me pregunté si tal vez dejaría que me quedara también. El extraño pensamiento me hizo detenerme por un momento.

—Es tan pequeño.

Asintió, estirándose para acariciar su cabeza.

—Creo que tuvo una vida dura antes de que lo encontrara. Nunca creció mucho. —Luego rio de nuevo—. Se parece a ti.

—¿Qué? —Reí.

—Los ojos verdes y el cabello broncíneo apuntando a todas partes. Hay un poco de parecido.

Sonreí.

—Tu gusto por animales callejeros es excelente.

—Solo salvo a los hombres más apuestos.

Parpadeé hacia ella. ¿Apuesto? ¿Ella pensaba que yo era apuesto?

—Soy un mal recuerdo —solté.

—¿Qué?

—Escuché a mi madre una vez decirle a alguien que yo era un mal recuerdo de mi abuelo, con el que mi padre no se llevaba bien. Me parecía mucho a él. Ella dijo que probablemente era la razón de que no fuera muy cariñoso conmigo.

Su mirada se amplió.

—¿Tu madre dijo que tu propio padre no era cariñoso contigo?

Me encogí de hombros.

—No era un secreto.

—Eso es tan… terrible.

—Nunca fui tratado de la misma manera que los otros dos. —Hice una pausa—. No creo que ninguno de ellos me viese muy apuesto. Lucía diferente, utilizaba lentes; la manera en la que veía las cosas, que hacía las cosas, era diferente. —Reí triste—. Toda mi familia es obstinada, de voz fuerte. Demasiado, pienso yo. Siempre estaba en la esquina y callado. Nunca encajé.

—Eres un alma gentil.

—Mi padre diría débil.

—Perdóname por decir esto, Edward, pero tu padre es un tarado.

No pude evitar reír. Tenía tanta razón.

Su voz se volvió baja.

—Ellos estaban equivocados, sobre todo. Eres maravilloso, justo como eres.

—¿Lo crees? ¿Cómo puedes estar segura?

Ella se encogió de hombros.

—Soy buena juzgando la personalidad.

Dejé al gato en el suelo y me acerqué.

—¿Y te gusta mi personalidad, Bella? ¿Crees que soy apuesto?

Su mano llegó hacia arriba y pasó por mi cabello.

—Sí. Me gustas. Y sí, pienso que eres muy apuesto.

—Toda mi familia tenía el cabello claro y ojos dorados, como mis padres. Tengo el cabello rojizo de mi abuelo y ojos verdes. Incluso físicamente era el extraño.

—No eres extraño. Eres Edward. Eres perfecto.

Sus palabras eran como una pequeña descarga pasando por mi cuerpo.

Nunca nadie había pensado o dicho que era perfecto. No podía describir los sentimientos que esas palabras sacaban a flote.

Me incliné hacia su toque, mientras ella continuaba acariciando mi cabello. La sensación era maravillosa. Con razón el gato ronroneaba. Si pudiese, yo también lo haría.

—No soy perfecto. Estoy lejos de eso.

—No tan lejos como te han dejado creer. Luces triste, de la misma manera que Chester estaba cuando lo encontré.

—He estado perdido toda mi vida —susurré.

—Yo también.

Su mano se detuvo. El aire a nuestro alrededor se volvió cálido de nuevo. Nuestras miradas se sostuvieron.

Bella tragó.

—¿Quieres una bebida, Edward?

Sacudí mi cabeza.

—¿Algo de comer?

—No.

Envolví mi mano alrededor de la suya y la traje más cerca.

—Hay solo una cosa que quiero ahora.

Su voz era un susurro, casi tímido.

—¿Qué es eso?

—Te quiero a ti, Ángel.

Y luego su boca estaba sobre la mía.

Ya no estaba perdido.

*()*

Las manos de Bella eran tan suaves; éstas me tocaban con tanta ternura que quería llorar. Su piel era cálida, suave y sabía tan dulce bajo mi lengua. Nada fue apresurado o con ajetreo. No hubo gritos o palizas salvajes. Solo hubo una profunda y ávida pasión entre nosotros que nunca había experimentado con nadie más.

Lenta, sensualmente, nuestras ropas fueron retiradas, nuestras voces murmurando y bajas. Mis dedos acariciaron sus curvas, mi boca probando y descubriendo todos sus secretos. No había timidez entre nosotros. Se sentía como si la conociera desde siempre.

Nuestras bocas estaban unidas, nuestros cuerpos en perfecta sincronización. Estar enterrado dentro de ella era la perfección. Su calidez me castigaba, sus suspiros llenaban mi cabeza y sentir su liberación alrededor de mi pene, mientras me movía y sacudía sobre ella era el éxtasis en su mayor apogeo. Ella me sostuvo más cerca mientras me quedaba quieto, un bajo gruñido escapando de mi garganta, mi propio orgasmo tan poderoso que solo hubo una palabra que pude pronunciar, la cosa más importante en el mundo en ese momento.

Ángel.

Estar envuelto en sus brazos después era como volver a casa. Se sentía tan bien enrollada a mi alrededor. Nunca antes había experimentado alegría, o este extraño sentimiento de felicidad. Ambos eran desconocidos y ambos eran abundantes; viajando por mi cuerpo y dejándome lleno de dudas por todas las emociones que ella parecía sacar de mí.

Miré hacia Bella, la causa de estos extraños sentimientos. Sus mejillas estaban sonrojadas en la tenue luz, sus pestañas descansando en éstas mientras se relajaba contra mí. Podía sentir sus respiraciones agitadas contra mi cuello mientras su cuerpo se calmaba. Sabía que mi respiración aún era agitada. Lentamente, nos relajamos y tranquilizamos, aún envueltos alrededor del otro. Acaricié con mi nariz el tope de su cabeza, sonriendo mientras inclinaba su cabeza hacia atrás, dándome una mirada tímida.

—Hola.

La besé efusivamente.

—Hola —susurré contra sus labios.

—Eso fue… —Se mordió su labio—. Vaya. —Sonrió.

Ahora fue mi turno para sentirme tímido. Sabía que no era el amante más experimentado. Ciertamente había sido la experiencia más intensa que había tenido.

—¿Sí? ¿Fue, ah, bueno para ti?

Ella presionó sus labios.

—Bueno, ahora que lo mencionas…

—U-Um —tartamudeé.

Se presionó más cerca.

—Tal vez deberíamos intentarlo de nuevo, ¿solo para estar seguros?

Una lenta sonrisa apareció en mi rostro.

—¿Para estar seguros?

—Esto fue tan hermoso como pensé que sería.

Mi corazón dolió. Rodé para estar encima de ella, endureciéndome.

—Sí. Necesitamos asegurarnos de eso.

*()*

Mi teléfono sonó desde la mesa de noche de Bella la mañana siguiente. Ella lo había conectado por mí la noche anterior para que Jake pudiese contactarme. Parpadeé en la brillante luz del día. Habíamos estado despiertos casi toda la noche, solo dormitando, hablando y compartiendo dulces besos. Habíamos hecho el amor de nuevo, e incluso ahora mientras la veía inclinarse para tomar el teléfono, podía sentir una sensación de deseo por ella. Me tendió el teléfono, y acuné su cabeza, atrayéndola para otro beso antes de contestar.

La estruendosa voz de Jake me dijo que había encontrado el problema y que afortunadamente era capaz de conseguir las partes que necesitaba. Mi automóvil estaría listo para las once. Le agradecí y colgué, sintiendo tristeza porque sería libre de irme en unas horas.

Bella me besó, su voz baja.

—¿A qué hora?

—A las once.

—Puedo dejarte allí antes de ir a trabajar.

—¿Hasta qué hora trabajas hoy?

—Solo hasta las seis. La cafetería cierra temprano.

—Bella… —Quería decir algo, qué, no tenía idea, pero algo.

Ella sacudió su cabeza, su voz suplicante.

—No lo hagas.

Mi cabeza cayó en la almohada, mis ojos cerrándose. La jalé cerca, aspirando el olor de su cabello. Ella olía a sol y flores. Adorable.

—Tengo tanto que decir.

—Esta fue una parada en tu vida, Edward. Tal vez una que necesitabas para poder encontrar tu vida, pero tienes que continuar. No espero nada. —Su voz bajó—. Lo de anoche fue tan maravilloso. Lo atesoraré junto con el pensamiento de ti siempre. Estoy agradecida de que encontrases mi cafetería.

Tragué. Estaba más que agradecido de haber encontrado el lugar. Y a ella.

—Cuéntame sobre tu vida, tus amigos —susurró ella—. No me digas adiós aún.

Ajusté mi agarre e hice lo que me pidió. Le conté sobre Carlisle y Esme. Jasper y Alice. Le describí mi casa tan bien como pude, sin decir en voz alta cuánto quería verla allí conmigo. La hice reír con algunas historias de desastres de restauración… cabello con pegamento y pulgares hinchados por malos cálculos con mis herramientas. Me contó historias graciosas de la cafetería y lo de crecer, como ella lo explicaba, siendo una gitana.

A través de todo aquello nos tocamos. Sus dedos pasaban por mi piel, calentándola a su paso. Mi brazo la mantenía cerca, mi mano casi siempre enterrada en su grueso cabello para inclinar su cabeza para un beso. Chester dormitaba a los pies de la cama, estirándose seguido, empujándose hacia mis pies mientras se ponía más cómodo.

La habitación se volvió silenciosa. Finalmente, ella preguntó:

—¿Cuánto queda de camino hasta la casa de tus padres?

—Unas cuatro horas.

—Así que llegarás entrada la tarde.

—Tengo que detenerme en un lugar y comprar algunos regalos. Esta fue una decisión de último minuto y no traje nada conmigo. —Me encogí de hombros, pensando en entrar en algún centro comercial en vísperas de Navidad. No resaltaba tanto en multitudes.

Ella se sentó.

—Edward, hay una adorable tienda de regalos aquí. Artesanos locales. La esposa de Jake, Leah, la maneja. No abre sino hasta el mediodía, pero sé que dejará que te lleve temprano, si gustas. Podrías comprar algunas cosas, ella las envuelve y podrías ir directo. —Hizo una pausa—. Y entonces yo no me preocuparía.

—¿Preocuparte?

—Oscurece temprano. Me gustaría saber que llegaste a la casa de tus padres antes de que anochezca, especialmente hoy. Me preocuparé por tu auto. —Ella sonrió aunque yo pudiese ver la profunda tristeza en sus ojos—. No estoy segura de que haya otra cafetería abierta para ti esta noche.

Mi respiración se atoró. Ella estaba preocupada por mí de nuevo. Le importaba. Pasé mis dedos por su mejilla y la empujé hacia mí. Enterró su rostro en mi cuello.

—Nunca habrá otra cafetería… u otra tú, Ángel.

Su voz casi me rompió.

—Hazme el amor una vez más.

*()*

Tendí mi tarjeta de crédito para las compras. Todo escogido con la ayuda de Bella, todo de buen gusto, regalos considerables que la mayoría de las personas estarían encantadas de recibir. Bufandas de seda hechas a mano para mi madre y hermana, tarjeteros tallados para mi hermano y padre, y hermosas cosas tejidas para mi nueva sobrina. Incluso había una corbata de seda pintada a mano para mi cuñado. Aunque sabía que mi familia no estaría impresionada por la elección de regalos. Nada de marcas de renombre, baratijas costosas o detalles extravagantes estaba entre los regalos. Ninguno de ellos se consideraría aceptable, pero no diría ni una palabra. Los que Bella me ayudó a escoger para los Cullen serían, sabía, apreciados y amados simplemente por el hecho de que provenían de mí. Esos regalos que encontré agradable comprar. Los otros encontrarían hogares en otro lugar, pero no con mi familia; de eso no tenía duda. Pero había estado tan encantada de ayudar; que no podía soportar el decepcionarla. Vi la manera en la que sus ojos se iluminaron ante algunos de los objetos que veía y tuve que resistir la urgencia de comprarlos todos para ella. Ella odiaría eso. Esto era algo que quería hacer para mí y no quería que todo se concentrase en ella.

Tomé los paquetes con los regalos envueltos, con Bella habiéndole pedido a Leah que los mantuviese en dos grupos separados, y caminamos hacia la camioneta, mi corazón pesado con cada paso que daba.

Estuvimos en silencio en el camino de regreso a su casa, y la seguí adentro, mi estómago tensándose y mi garganta secándose ante el pensamiento de lo que sucedería después.

Ella tenía que ir a trabajar y yo tenía que terminar mi viaje e ir a ver a mi familia. Nuestro tiempo se había terminado. El inesperado regalo de su dulce y cariñosa naturaleza estaba a punto de terminar. Luego de que Jake llamase, hicimos el amor, nos bañamos en su pequeño baño y compartimos un poco más de tiempo en su cocina bebiendo café; ninguno hambriento. Mi auto había sido recogido y ahora estaba junto al de ella afuera, listo para continuar.

Por un momento nos erguimos en su diminuta cocina, mirándonos el uno al otro, y luego estaba en mis brazos. La tomé, sosteniéndola fuertemente.

—Mi Ángel —susurré contra su oreja—. Lo que me has dado estas últimas horas… Ni siquiera puedo comenzar a agradecerte.

Sus brazos se tensaron.

—Eres mucho más de lo que crees, Edward. Tienes un alma tan hermosa. No dejes que te quiten eso. —Sus labios tocaron los míos suavemente—. Vive tu vida por ti. Encuentra lo que te hace feliz y tómalo. Actúa sobre esa felicidad.

Ella comenzó a apartarse, pero la sostuve. No podía dejarla ir… no aún. Las palabras estaban fuera de mi boca antes de darme cuenta.

—Necesito más tiempo.

—¿Qué?

—Necesito más tiempo contigo.

—Pero tu familia…

—Estaré allí mañana. Ellos ni siquiera saben que iré, así que no importa si me presento hoy o mañana. Me dijiste que actuara en base a lo que me hace feliz. Tú lo haces.

—Tengo que ir a trabajar.

—Eso está bien. Estaré aquí cuando vuelvas a casa. Pasa la tarde conmigo; déjame despertar contigo mañana por la mañana. La mañana de Navidad. Quiero despertar con alguien que se preocupe por mí. —Hice una pausa—. Alguien que me importa. Quiero despertar contigo.

Ella me miró, mordiendo su labio.

—Por favor dame esto, Bella. Unas pocas horas más, es todo lo que pido.

—Sí —susurró.

La jalé más cerca una vez más, sintiendo que podía respirar de nuevo. Sabía que solo estaba retrasando lo inevitable, pero por ahora, podía quedarme y estar con ella. El mañana estaba a solo unas horas.

Hoy la tenía.


Nota traductoras:

Respondiendo algunas preguntas que hicieron en los RR, la historia es un mini fic, tiene cuatro capítulos y todos se publicarán esta semana. El sábado la historia estará terminada.

Esperamos que la disfruten.