Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de Edward's Eternal, solo nos adjudicamos la traducción.
Belong To Me
By: Edward's Eternal
Traducción: Sarai GN/Rosie Rodríguez/Yanina Barboza
Beta: Mónica León
Capítulo 4
Con un suspiro de cansancio me estacioné en el camino de entrada que conducía a mi casa. Luces me atrajeron, su cálido brillo era una vista bienvenida después del largo viaje. El auto de Carlisle estaba estacionado enfrente de mi casa, y sabía que él y Esme estarían allí esperándome. Sonreí tristemente. A diferencia de mi familia, ellos estarían felices de verme. Abrí la puerta del auto, aliviado de estar en casa.
*()*
—Edward, lo siento tanto. Había esperado que las cosas fueran mejor para ti. —La voz de Esme estaba llena de dolor. Dolor, que sabía ella estaba sintiendo por mí.
Recosté mi cabeza en el sofá, disfrutando de la sensación que me trajo el simple consuelo de estar rodeado por mis propias cosas.
—Prácticamente un desastre desde el principio. Quizás mi auto descomponiéndose fue una señal. Supongo que debería haber escuchado mejor lo que los dioses estaban diciendo. —Sonreí, tratando de alivianar la atmósfera, mientras mi mente analizaba lo que recién había compartido con Carlisle y Esme.
Mi llegada había sido recibida con una menos que entusiasta respuesta de mis padres. Aparentemente, visitas inesperadas no eran bienvenidas, especialmente cuando los planes para la cena ya habían sido organizados. Fui prácticamente ignorado por mi hermano, y el breve tiempo que pasé con mi hermana fue tenso. Incluso apenas se me permitió cargar a mi sobrina. Mi padre se mantuvo negando con su cabeza y murmurando acerca de decisiones mal planeadas, mientras mi madre chasqueaba la lengua y veía con malos ojos el hecho de que no había traído un traje apropiado para usar en la cena. Cuando cuidadosamente les recordé que la vida que llevaba no requería que usara trajes, eso empezó otra ronda de sermones acerca de la gran decepción que era. Cómo estaba desperdiciando mi vida. Todo lo que escuché antes, pero que había esperado no escuchar en esta visita.
La cena había sido incómoda, ya que me senté con mi chaqueta prestada, escuchando la conversación que se arremolinaba alrededor de mí en una habitación llena de extraños. Fui raramente incluido en la conversación, así que pasé el tiempo pensando en la gran diferencia en la cena con mi familia y sus amigos, comparada con la que compartí con Bella la noche anterior en su pequeña cocina. Esa pequeña habitación había estado llena de calidez y risas. La gran y lujosa habitación de mis padres, iluminada con velas y el abrumador hedor de las flores de invernadero, era tan fría y falsa como las personas en ella. Allí era nada más que el hijo que era continuamente insuficiente, pero cuya presencia había sido tolerada. Esa otra noche, había sido el centro del pequeño mundo de Bella.
Prefería mucho más ese lugar.
Los regalos, como creía, fueron abiertos y rápidamente dejados de lado. Incluso los regalos de la bebé no fueron aceptables. Aunque lo esperaba, estuve anonadado ante el nivel de indiferencia hacia las cosas que había elegido para ellos. Bella, yo sabía, estaría devastada si viera cómo ellos habían sido recibidos.
El día siguiente había estado cargado de tensión, y no importa cuán inocente iniciara una conversación, se volvía hostil y se transformaba en una discusión. Finalmente, mi padre y yo intercambiamos acaloradas palabras sobre mis elecciones en la vida y por primera vez en la historia, lo enfrenté. Usé las palabras de Bella cuando le informé que era mi vida, no la suya. Era feliz, disfrutaba mi trabajo y mi vida tranquila. Él se aseguró de que yo entendiera exactamente cómo se sentía, y el completo fracaso que era a sus ojos. Había agarrado mis cosas y partido, manejando directo a casa sin un descanso. Tomó todo de mí no salirme de la autopista cuando pasé por la salida hacia el pueblo donde Bella vivía. Ella no me había pedido que me quedara, así que no pensé que querría que me presentara de nuevo al día siguiente. No creía que pudiera manejar todavía más rechazo.
—¿Estás bien, Edward? —La voz de Esme interrumpió mis meditaciones.
Asentí.
—Solo estoy cansado.
—Debiste haber parado. Es un largo camino.
Negué con la cabeza. Si lo hubiera hecho, habría regresado e ido a buscar a Bella. El deseo había sido fuerte.
—Quería llegar a casa.
—Estamos contentos de que estés de vuelta. —Carlisle me sonrió—. Esme tenía una gran cena planeada para ti. Te daremos mañana para descansar y vendremos pasado mañana. Será nuestra pequeña Navidad.
—Esperaré ansioso por eso.
Esme se inclinó hacia adelante, sus manos descansando en sus rodillas.
—¿Vas a contactarla? ¿A Bella?
—Esme —reprendió Carlisle suavemente—. No es de nuestra incumbencia.
—Cállate. —Se volvió hacia mí—. ¿Bien?
Les había dicho sobre Bella. Sobre el corto tiempo que pasamos juntos, y le había mostrado a Esme las alas que ella me dio. Había sido un alivio ser capaz de contarle a alguien. Nunca saqué el tema con mis padres, dejándolos pensar que había viajado más tarde de lo que en realidad lo había hecho. Habría sido una blasfemia haber dicho su nombre allí. Solo podía imaginar los comentarios mordaces que habrían seguido, y no quería compartir el recuerdo con ellos, solo lo hubieran contaminado.
Me encogí de hombros.
—¿Y decirle qué, Esme? «Oye, gracias por el interludio. ¿Te veré otra vez?» Eso fue, como ella dijo, una parada en mi vida. Algo que ambos necesitábamos en ese momento.
Esme frunció el ceño.
—Mentiras.
La miré boquiabierto.
—No me pidió que me quedara —insistí en voz baja.
—Y no se lo pediste.
La mire fijamente, inseguro de qué decir.
Carlisle soltó una risotada y se puso de pie.
—Creo que necesitamos irnos. No olvides la cena. Ven en la tarde. —Sacó a Esme de la silla—. Nos iremos ahora. Duerme algo, Edward.
Esme se detuvo al lado de mi silla.
—Cuando estés listo para hablar, estoy aquí.
Carlisle la tiró del brazo.
—Déjalo solo, por el amor de Dios.
Ella negó con la cabeza.
—Tonto obstinado.
Los observé salir, sin moverme del sofá.
¿Estaba hablando de Carlisle o de mí?
*()*
Mis sueños estaban llenos de ojos azules fríos que desmentían el color y eran, en su lugar, cálidos y suaves. Me miraron con tanta emoción, sin embargo, cada vez que intentaba alcanzar a la persona unida a ellos, desaparecían. Me desperté al final de la tarde, sin haber descansado y de mal humor. Caminé alrededor de la casa, sin poder tranquilizarme.
La soledad y tranquilidad que siempre me gustó ahora parecía estar burlándose de mí. El silencio se hizo eco en la casa. Una y otra vez mis ojos se desviaron a las alas en el manto. Una y otra vez los recuerdos jugando en mi cabeza.
Bella.
Su risa.
La forma en que ella se preocupaba por mí.
La tristeza y el miedo que trataba tan fuerte de ocultar.
Cómo se sentía estar con ella.
La increíble sensación de hacer el amor con ella.
Cómo ella me hizo sentir.
No débil y perdido. No deseado.
Fuerte. Necesario.
¿Amado?
Negué con la cabeza. Estaba siendo ridículo. La gente no se enamora en un día.
Sin embargo, no podía negar la añoranza que sentía por ella.
Eché un vistazo a mi teléfono y lo recogí. Le había enviado mensajes de texto para hacerle saber que había llegado a la casa de mis padres, pero ella no había respondido. No había esperado que lo hiciera. Pero quería que ella supiera que estaba en casa, en caso de que le preocupara.
"B- Estoy de vuelta en casa. Las cosas salieron como esperaba. Sólo pensé que te gustaría saber."
—E.
Unos momentos después, mi teléfono sonó.
"E- Lo siento mucho. Te mereces mucho más. Lo intentaste. Estoy orgullosa de ti, ahora haz tu propia vida y sé feliz para ti."
—B
Sé feliz.
Pensé que era feliz.
Ahora no estaba seguro.
No estaba seguro de nada más.
*()*
Mirando a mis amigos abrir los regalos que había elegido era una experiencia muy diferente de la que tuve donde mis padres. Sus expresiones de alegría eran un contraste directo con la boca fruncida en desprecio a los regalos que le había dado a mi familia.
La reacción de Esme al florero de vidrio fue efusiva y Alice gritó de alegría por los pendientes que Bella había elegido después que tratara de describir su "estilo" lo mejor que pude. Carlisle estaba encantado con las impresiones que había elegido para su oficina y Jasper ya tenían planes para un viaje de pesca para nosotros y poder utilizar los señuelos que había encontrado.
Fruncí el ceño en confusión cuando Esme me dio otro pequeño paquete. Ya había abierto sus considerados regalos.
—Tiene tu nombre en él —explicó—. Estaba en la bolsa con los otros.
Tragué fuertemente.
Bella.
Con dedos temblorosos abrí el paquetito. Dentro había un pequeño medallón de San Cristóbal. El santo patrón de los viajeros. Desdoblé la pequeña nota.
Para ayudar a mantenerte a salvo.
Siempre, B.
Mi mano reposó en mi pecho, tratando de calmar el repentino dolor. Se preocupaba por mí. Incluso después de que me fui estaba preocupada por mí.
Los recuerdos me golpearon de nuevo. Por un momento me perdí en ellos hasta que el sonido de una garganta aclarándose me hizo mirar hacia arriba. Encontré los ojos de Esme de inmediato. Eran suaves y comprensivos y asintió con la cabeza antes de que yo dijese las palabras.
—Tengo que volver.
*()*
El escenario conocido siguió mientras conducía. La cafetería estaba cerrada ya que era la noche de Año Nuevo. Esperaba que Bella estuviera en casa cuando llegara. De no ser así, esperaría.
Luego de mi anuncio en la casa de los Cullen hubo una ráfaga de movimiento alrededor de mí. Alice voló hacia la computadora para buscar vuelos y rentas de autos, mientras yo hablaba con Esme quien escuchó con su naturaleza apacible, animándome a que siguiera mi corazón. Incluso Jasper, el amigo tranquilo quien se tomaba las cosas día a día, estaba de acuerdo en que tenía que hacer esto. Carlisle en su calmada forma de ser, sonrió, diciéndome: «ve a buscar a tu chica». Al igual que con mi familia, una vez más tenía que buscar e intentar. Solo esperaba que este resultado fuese mejor.
Debido al tiempo del año y los limitados vuelos, hoy era lo más rápido que podía conseguir un vuelo, fue solo por la profunda preocupación de Esme y la amenaza de mal clima los que me detuvieron de saltar a mi auto y manejar hacia allá de nuevo. Había pasado el día anterior recorriendo la casa, imaginándome a Bella allí conmigo. La pude ver sentada en el porche mientras el sol se escondía, nuestras manos unidas. Pude oír el eco de su sonrisa en la cocina mientras preparábamos juntos una comida. Quería ver su cálida mirada dirigida a mí a través de la mesa. Quería sentirla pegada a mí en la cama y despertarme con ella en la mañana.
Por más loco y rápido que sonara, quería tener una vida con ella.
Ella me entendía porque había vivido su propia infancia abandonada. Sus padres la habían llevado por allí, solamente pensando en ellos mismos sin darle las cosas que más necesitaba. Cosas que ella merecía.
Una casa.
Estar segura y ser amada.
Un lugar donde pertenecer.
Ella me había ayudado. Me había cuidado tan amorosamente, había cuidado a un completo desconocido. Me había abierto las puertas de su casa sin darse cuenta de que me había mostrado su corazón. Había compartido su dolor y me había dejado compartir él mío. Me hacía sentir. El poco tiempo que pasé con ella me había cambiado… para mejor. Y ya no quería regresar a estar solo.
Luego de hablar con Esme entendí por qué ella no me había pedido que me quedara. No era porque no se sintiera de la misma manera.
No. Ella sentía algo. Podía verlo en sus ojos y en la manera en cómo se preocupaba por mí. Sabía eso.
No se sentía lo suficiente como para pedírmelo. Me estaba dejando ir para que siguiera con mi vida porque ella creía que tenía una buena. Pero estaba equivocada, algo faltaba. Estaba preocupada de que no supiera cómo asentarse en un lugar o ser una pareja para alguien porque nunca había experimentado eso en su vida. Pero también estaba equivocada en eso. Ella necesitaba a alguien que la amara y la hiciera ver cómo se sentía tener a alguien que interpusiera sus propias necesidades y deseos sobre los suyos. Que le mostrara que valía la pena.
Sabía lo que nos faltaba a cada uno.
Nosotros mismos.
Ahora tenía que convencerla.
Me estacioné fuera de su casa. Su gigantesca y fea camioneta estaba estacionada en la entrada. Podía ver el brillo de una luz en la ventana y suspiré aliviado sabiendo que estaba allí dentro. Me senté en silencio, armándome de valor. No tenía ni idea de cómo reaccionaría al verme.
Solo había una manera de saberlo.
Subí los escalones y antes de que pudiera acobardarme, golpeé la puerta, esperando ansiosamente mientras se acercaban los pasos.
La luz pasó sobre mi cabeza y la puerta se abrió. Bella se detuvo frente a mí, la sorpresa apareciendo en su rostro cuando vio quién estaba en su puerta. Incluso sorprendida, su mirada era de bienvenida, diferente a la que me había recibido cuando vi a mi familia. Por un momento hubo silencio, y luego ella habló.
—¿Edward? ¿Qué estás haciendo aquí? —Dio un paso hacia adelante, preocupada—. ¿Estás bien?
Estaba tan ansioso de regresar que no había pensado en lo que diría.
—Te… tengo que hablar contigo —balbuceé.
Retrocedió, agarrando mi mano mientras me jalaba con ella.
—Estabas en casa. Me escribiste y me dijiste eso. —Sus ojos se abrieron en horror—. ¿Cómo regresaste? No manejaste de regreso otra vez, ¿o sí?
Negué con la cabeza.
—Tomé un vuelo. —Mi mano apretó la suya—. Tenía que verte. Tenía que intentar. Tengo que hablar contigo.
Su ceño se frunció, pero asintió.
—De acuerdo, Edward. Entra y hablemos.
Una vez en su sala de estar, me quité mi abrigo. Me quedé de pie mirándola, mis ojos admirándola. Se sentía como años y no días desde que la había visto por última vez. Se veía tan bien para mí. Suave, hermosa, cálida. Deseaba tanto tocarla, jalarla hacia mis brazos y sostenerla, pero no estaba seguro de si podía.
—Bella, yo…
Se acercó más, ahora claramente preocupada.
—Edward, cariño. ¿Qué pasa? ¿Por qué estás aquí?
Cariño. Me dijo cariño.
Envolví mis brazos alrededor de ella, maravillado cuando se inclinó hacia mi abrazo, su rostro enterrado en mi pecho. Lo apreté más cerca, necesitando sentir su calidez y fuerza.
Su voz era suave.
—¿Qué querías decir con que tenías que intentar? ¿Intentar qué? ¿Qué necesitabas hablar conmigo?
Había un tono en su voz, uno por el cual rezaba fuera de esperanza.
—Cometí un error.
Se alejó un poco, mirándome, pero sin dejar mis brazos.
—¿Cuál? ¿Ir a ver a tu familia?
—No. Estabas en lo cierto, tenía que ir. Me alegro de haberlo hecho. Me demostró que tenía razón y de que no pertenezco a su mundo. Y finalmente me enfrenté con mi padre. Ya no dejaré que su opinión dirija mi vida.
Sonrió y acunó mi mejilla.
—Qué bien. Estoy orgullosa de ti. Pero, ¿qué error cometiste?
Respiré profundo.
—Debí haber regresado de inmediato.
—¿A qué te refieres?
La solté, necesitando moverme y drenar un poco mis nervios. Comencé a caminar de un lado hacia el otro.
—Nunca debí haberme ido, Bella. Nunca debí haberte dejado atrás. —Jalé mi cabello—. Cuando dejé la casa de mis padres debí haber regresado de inmediato y hablar contigo, pero no sabía cómo reaccionarías. No sabía si querías que regresara. —Mis manos se cerraron—. No me pediste que me quedara. Dejaste que me fuera. ¿No sentías nada por mí?
Su voz tembló.
—Sí, sí lo sentía. Sentía muchas cosas.
—¿Entonces por qué?
—No quería que te fueras —admitió en voz baja—. Me tomó todo lo que tenía en mí para no perseguirte. Quería pedirte que te quedaras… pero tenía miedo. No estaba segura de cómo lo manejaría si me decías que no. —Su voz se cargó de emoción—. No creía que pudiera ser lo que necesitabas.
—Lo eres.
—Edward…
Me detuve frente a ella, mi cuerpo entero temblando.
—Quiero que vengas conmigo —solté.
—¿Qué?
—Ven conmigo, por favor.
Frunció su ceño.
—¿A dónde irás?
—Quiero que vengas a casa conmigo. A Nueva Escocia.
Me miró fijamente, muda.
—Dejarte atrás fue una de las cosas más dolorosas que alguna vez he hecho, Bella. Todo en lo que puedo pensar es en ti. En cómo me haces sentir. En cuán vacío estoy sin ti. Cuán vacía mi vida es sin ti en ella.
Sus ojos estaban llenos de sorpresa. Seguí hablando.
—Creía que antes era feliz. Pensaba que mi vida estaba bien. Pero no es así. Yo no lo estoy. He estado esperando por algo y no sabía qué era hasta que te encontré. Estaba destinado a accidentarme aquella noche. Estaba destinado a encontrarte. —Hice una pausa—. Nos necesitamos el uno al otro, Ángel.
»Me dijiste que querías encontrar tu lugar en este mundo. Deja de buscar. —Envolví mis brazos alrededor de ella—. Encuentra tu casa conmigo. —Me acerqué más—. Yo he encontrado la mía contigo.
Besé su mano suavemente.
—Tú dijiste que querías pertenecer a algún lugar. —Me detuve—. Pertenéceme.
—Pero…
Negué con mi cabeza.
—Nada de peros. Esto es real. Esto está bien. Lo siento. Ya veremos lo de la universidad y todo lo demás, pero juntos. Podemos hacerlo todo si estamos juntos.
Respiré profundo.
—Te amo.
Su voz era incrédula.
—¿Me amas?
Me encogí de hombros.
—Sé que no tengo mucha experiencia con esa emoción, Bella. Pero si amarte significa querer estar contigo, hacerte feliz, entonces sí. Quiero protegerte, cuidar de ti, como tú lo hiciste conmigo. Quiero verte sonreír. Secar tus lágrimas. Sostenerte en la noche. Despertar contigo. —Hice una pausa—. Si querer hacer todas esas cosas y ser esa persona para ti por el resto de tu vida significa que te amo, entonces sí, Bella Swan. Te amo.
Me miró fijamente, muda. Su mirada se alternaba entre nuestras manos unidas y mis ojos.
—Una persona muy inteligente me dijo que fuera feliz. Tú me haces feliz. Me dijeron que me aferrara fuerte a lo que fuera que encontrara que me hiciera sentir de esta manera. Así que lo estoy haciendo. Me estoy aferrando a ti. Porque eres tú quien me hace feliz.
»Te amo, Bella. Sé esto con una certeza más allá de la comprensión. Deja de estar sola y de buscar tu lugar en este mundo. Tu lugar en este mundo es conmigo. Vivamos nuestras vidas juntos. —Le sonreí, incluso cuando una lágrima surcaba mi mejilla—. Quiero darte lo que vimos la otra noche. Una casa. Una llena de luces y amor. De una familia que creemos juntos.
—¿Quieres hijos?
—Contigo. Sí. Quiero todo contigo. —Apreté mis manos alrededor de las suyas—. Por favor, Ángel, sálvame una vez más. Por el resto de nuestra vida.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Edward —susurró.
—No digas que no, por favor. No podría soportarlo. Sé que es rápido, pero por favor, danos una oportunidad.
—Sí quiero —murmuró.
La jalé hacia mis brazos, alivio y disfrute recorriéndome el cuerpo. En ese instante, todo en mi vida cambió y se acomodó, aclarándose por completo. Si la tenía podría hacer lo que fuera. Ser quien quisiera. Mientras ella estuviera conmigo, yo estaría bien.
—¿Qué si no puedo ser lo que tú necesitas? —preguntó, buscando mi mirada con la suya.
—Ya lo eres.
—Dilo otra vez —suplicó, su voz vulnerable.
Miré su dulce rostro.
—Te amo, Bella.
Su hermosa sonrisa iluminó la habitación.
—También quiero y siento todas esas cosas por ti. También te… te amo, Edward.
El poder de esas pequeñas palabras me golpearon. Me las ofreció sin ninguna condición o reservaciones. Solo verdad.
—¿Vendrás conmigo?
—Sí.
—¿Ahora?
Frunció su ceño, confundida.
—Um, necesito empacar algunas cosas e informarle a algunas personas.
Asentí.
—Por supuesto. Te ayudaré. Lo que no quepa en el auto lo mandaremos por correo.
—¿No quieres conducir mi camioneta? —bromeó suavemente.
—Ah, no. La mandaremos por correo si insistes.
—Tal vez Jake pueda guardarla.
—O venderla —sonreí internamente. Felizmente utilizaría dinero de mi fondo fiduciario para comprarle un buen auto. Lo que fuera por ella si eso significa que vendría conmigo.
—No odies la camioneta. —Hizo una pausa—. ¿Y Chester?
Sonreí.
—Mi gemelo de gato es bienvenido. Espero que le gusten los viajes de carretera.
—Me gustan los viajes de carretera.
—Me gustas.
Se sonrojó adorablemente.
—¿Qué pensarán tus amigos cuando llegues a casa conmigo?
—Apenas pueden esperar para conocerte. Les dije todo sobre ti y saben cómo me siento. —Pasé mis dedos por su mejilla—. Te he estado buscando. Y ahora que te he encontrado, no te dejaré ir. —La besé cálidamente—. Te amarán. Tengo un presentimiento de que tú y Alice serán las mejores amigas. Y Esme te malcriará. —Apreté el agarre en un gesto tranquilizador—. La vida será buena para nosotros, Bella. Te lo prometo.
Su voz era baja.
—Lo sé.
La jalé hacia mis brazos, besando su coronilla. Nos quedamos entrelazados, disfrutando del inesperado momento de felicidad.
Bella alzó su cabeza.
—¿Ahora qué?
—Iré a buscar algunas cajas.
Se rio.
—Todo está cerrado. Es la noche de Año Nuevo. Mañana llamaré a Leah y le preguntaré si tiene cajas vacías en la tienda que podamos utilizar.
—¿Cómo crees que reaccionarán ella y Jake?
Bella sonrió.
—Leah quería saber por qué te dejé ir. Dijo que sabía que nos pertenecíamos el uno al otro cuando nos vio juntos en la tienda —suspiró—. Los extrañaré, pero sabían que me iría pronto de todas maneras. Creo que tal vez estarán sorprendidos ante las noticias, pero estarán felices por mí. Ella y Jake ayudarán si lo necesitamos. —Miró alrededor—. No nos tomará mucho tiempo. No hay mucho. La mayoría de las cosas le pertenecen a Lauren. La llamaré y le diré.
Alcé su mentón.
—Son solo cosas. Toma o deja lo que quieras. Construiremos una vida juntos, Bella. Una llena de amor. Llenaremos cajas de fotos y nuestros corazones de memorias. Lo haremos juntos. —Sequé una lágrima de la esquina de su ojo—. Nunca más estarás sola.
—Tampoco tú.
Nuestros ojos se encontraron y se quedaron unidos. Todo mi futuro estaba dentro del profundo brillo de ese suave azul. Gentilmente, recorrí su húmeda mejilla.
—Comenzaremos juntos el nuevo año, Ángel.
—Juntos.
Mi boca cubrió la suya.
Estaba en casa.
*()*
Dos años después en Navidad…
Bella estaba dormida en el sofá, acurrucada debajo de una manta que yo había colocado sobre ella. Amaba verla dormir. Siempre sonreía y murmuraba, perdida en un mundo de sueños del que nunca sabría. Excepto por el hecho de que a veces decía mi nombre, lo que me hacía sonreír; me gustaba saber que estaba allí en algún sitio.
Hoy sin embargo, hacía muecas más de lo que sonreía y sus pies se movían inquietamente. La tormenta estaba poniéndola nerviosa y perturbando su sueño. Me incliné desde mi lugar en el piso, donde había estado viendo las luces en nuestro árbol de Navidad, y acaricié su redondeado estómago suavemente, murmurando palabras sin sentido a nuestra hija. Lo que hizo el truco, como siempre lo hacía. Los rápidos movimientos se detuvieron para las dos, y mis chicas se relajaron. Sonriendo, dejé mi mano en el estómago de Bella mientras la miraba, pensando en los últimos dos años.
Los dos años más felices de mi vida.
Bella era todo lo que había estado buscando, pero nunca supe que necesitaba. Llenó un vacío en mi vida que incluso no había sabido que existía. Me mostró cómo ser feliz siendo Edward, y le mostré cómo se sentía ser la prioridad de alguien. Todo lo que hice, cada decisión fue hecha con su felicidad en mente.
Juntos construimos un hogar y una vida.
Juntos éramos fuertes.
Como anticipé, Esme, Carlisle, Alice y Jasper la amaron. Esme la tomó bajó su protección y Bella creció. Dejé de intentar ganar la aprobación de mi familia y en su lugar disfruté del amor incondicional de los Cullen. Ellos se convirtieron en la familia que Bella y yo nunca tuvimos.
La semana después de que arribamos a casa, Esme le presentó a Bella al anciano señor Newton, quien no solo manejaba la biblioteca del pueblo, sino que también era propietario de una pequeña, pero impresionante librería en el pueblo que se especializaba en encontrar, restaurar y vender libros antiguos. Bella había trabajado con él desde entonces, feliz y contenta mientras aprendía con él y tomaba los cursos de la universidad que necesitaba y quería estudiar.
Mi Ángel creció con el amor que ahora la rodeaba. Yo crecí debido al suyo.
Tantos recuerdos se removían mientras observaba a mi esposa dormir.
El día que tropecé, congelado y solo en la vida de Bella.
El día que dijo que me amaba y supe que mi corazón nunca jamás se sentiría tan frío.
Nuestra tranquila, hermosa boda en nuestro patio trasero, donde nos prometimos el uno al otro que nunca estaríamos solos de nuevo.
El emotivo momento en que me dijo que iba a ser padre y la felicidad que sentí correr a través de todo mi ser.
Todas las risas y lágrimas que habíamos compartido. La profunda paz y felicidad que ella trajo a mi vida.
De repente, necesitaba estar más cerca. Necesitaba tocarla. Me moví y suavemente tracé su mejilla con mi boca, su suave, cálida piel bajo mis labios. Sus ojos parpadearon abiertos y me sonrió.
—Hola.
—Hola —murmuré.
—¿Estás bien, cariño?
Asentí.
—Solo necesitaba besarte.
—Bueno, entonces… —Sonrió soñolientamente—. Bésame.
Mis labios presionaron los suyos felizmente, moviéndose juntos fácilmente, el beso suave y cariñoso. Mis manos acunaron su cara, mis pulgares acariciando su piel en círculos suaves.
Bella abruptamente se puso tensa y se separó.
—¿Qué sucede?
Sus ojos volaron hacia su estómago antes de encontrarse con los míos.
—Creo que tu hija está lista para conocerte.
Estuve parado en un segundo.
—¿Ahora? ¡Está lloviendo! ¡Dile que espere!
Bella comenzó a reír.
—No creo que eso vaya a funcionar, papi. —Extendió su mano y la ayudé a sentarse—. Llama a Jasper. Él tiene la camioneta lista por si acaso. —Hizo una mueca—. Maldita sea, Alice siempre tiene la razón. Dijo que sería hoy.
Ya estaba al teléfono. Después de que Jasper me asegurara de que estaba en camino y que Alice llamaría a Esme y Carlisle, corrí de regreso a Bella.
—Está en camino.
Sonrió tranquilamente.
—Mi bolso está cerca de la puerta. Necesito cambiarme. ¿Me puedes ayudar, por favor?
Moví manos torpemente, intentando vestirla en nuestra habitación, mis manos temblando de los nervios.
—Edward —me tranquilizó—. Cálmate. Todo está bien.
Asentí mientras jalaba sus botas, incapaz de hablar y sin estar muy seguro de cómo podía estar tan tranquila en estos momentos. Su mano alzó mi rostro.
—Oye. —Miré sus cálidos ojos—. Edward, te necesito en estos momentos. Has sido tan fuerte durante todo mi embarazo. No pierdas eso hora.
Tragué inseguro de cómo explicarle mi repentino pánico.
—¿Qué si...?
—¿Qué si qué?
—¿Qué si soy un terrible padre? No tuve un buen ejemplo mientras crecía. —Otro horrible pensamiento me golpeó—. ¿Qué si no le gusto?
Bella acunó mi rostro firmemente.
—No eres como tu padre. Vas a ser un excelente papá. Serás divertido, bondadoso, amoroso y afectuoso. Tu hija te adorará. Como yo lo hago.
Respiré temblorosamente.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
—Bien.
—Te amo.
Las palabras nunca fallaban en hacerme sonreír.
—Te amo. Ángel.
*()*
Ella era perfecta. Pequeña e inquieta, con la piel de un color rosa moteado, y el puño atascado en su boquita capullo de rosa; no podía soportar la idea de bajarla por un segundo. Angela Esme Masen ya me había robado el corazón. No sabía que era posible que una persona pudiera sentir tanto amor.
Bella había trabajado tan duro para traerla a este mundo. El parto había sido largo, pero al final, después de diecisiete horas, mi hija había gritado su camino en nuestra vida, protestando a gritos por haber sido sacada de su pequeño nido.
Miré a Bella que nos observaba con poca energía, con una sonrisa cansada en su rostro.
—Hay que ponerla en su moisés, Edward.
—Pronto —mentí.
Una enfermera entró y revisó a Bella. Ella sonrió mientras negaba con la cabeza hacia mí, a sabiendas de que había estado cargándola desde la última vez que revisó a mi esposa.
—Que buen padre —alabó en voz baja—. Duerma un poco, señora Masen. Lo necesita. —Hizo una pausa al salir de la habitación—. Feliz Navidad.
Le sonreí.
—Sin duda lo es.
Miré a mi hija dormida.
—Conocí a tu madre hoy hace dos años. Ella era como un ángel para mí. —Me reí mientras acariciaba su pequeña y suave mejilla—. Me enamoré de ella ese día especial también. —Me puse de pie y la coloqué en los brazos extendidos de Bella. Inclinándome, las besé a ambas y sonreí mientras observaba a mis dos mujeres. Mi familia.
—Ahora tengo dos ángeles.
Mi esposa me sonrió.
—Feliz Navidad, Edward.
La besé de nuevo.
Mi Bella. Mi vida. Era tan bendecido.
—Feliz Navidad, Ángel.
