Hola! Nuevamente por acá :3! A petición de algunas chicas he decidido darle un nuevo capítulo a esta historia. Espero les guste igual o más que el anterior.

Quiero agradecerles por leer Striper Boss y dejarme sus comentarios, ya les he contestado pero nuevamente no está de más. Sobretodo a Danny, Jazmin y Esme, que no puedo contactarlas por PM, les gradezco mucho sus comentarios. Y bueno vamos con el capítulo

CAPÍTULO II

EPOV

Me pregunto ¿Dónde estará? Me sorprendió enormemente no haberla encontrado en la cama a mi lado esta mañana, como en los últimos dos años. Sin lugar los dos mejores años de mi vida. Sonrío al saberme el cabrón con más suerte en este jodido planeta. Ella es mía, desde hace dos años cuando acepto irnos a Las Vegas para consumar nuestro amor y el casi paro que me da el día de nuestra boda.

FLASHBACK

— ¿Estás segura pequeña?— le dije en cuanto entramos al hotel.

—Jamás he estado más segura. Toda mi vida he dudado de cada decisión que tomo, pero en esta ocasión no es así. Siento que es mi destino, que no hay otra forma de hacer las cosas— tomó mis manos entre las suyas— Quiero casarme contigo, he esperado tanto tiempo para esto. Me la he pasado sentada detrás de un escritorio viéndote pasar y preguntarme ¿Qué se sentiría ser dueña de tu corazón? Y creyendo que era una jodida estúpida y patética. Llegó un momento en que me di por vencida, sin haber luchado; sabía que entre nosotros dos no sucedería nada, es por eso que decidí casarme con Jacob— gruñí ante la mención del bastardo.

—Si tan sólo mi orgullo no me hubiera cegado, nos habría ahorrado a ambos tanto sufrimiento y probablemente ya estaríamos casados— comenté.

—Shhh— me calló con uno de sus finos dedos sobre mis labios— Las cosas sucedieron como tenían que suceder y al final, lo importante es el resultado. Dentro de un par de horas seré tu esposa, estaremos unidos y nadie podrá separarnos.

—Nadie— le aseguré.

—Bueno, señor Cullen, déjeme marchar si quiere usted que llegue puntual a la reunión— me guiñó un ojo.

A regañadientes aparté mis manos de su cuerpo y la picazón de la falta de contacto empezó a hacer estragos en ellas. Me había vuelto un jodido adicto a su tacto, a sus caricias, a sus besos, a cada centímetro de ella. Ella era mi heroína personal. Me encerré en mi habitación de la suite y comencé a prepararme. Si bien queríamos casarnos lo más pronto que se pudiera, tampoco quería que dejara de ser especial para ella, para ambos, no quería que se arrepintiera más adelante por tomar la decisión de casarnos. A ella le gustan los momentos especiales y yo me encargaría que los tuviera, no sólo hoy, sino cada día del resto de nuestras vidas. Antes de continuar con el traje y demás, marqué los números necesarios para tener todo preparado.

—Anotado señor Cullen.

—Gracias Carmen. Recuerda en dos horas.

—Estará todo como lo ha ordenado.

—No quiero contratiempos, no me importa por encima de quién se tenga que pasar pero hazlo o volarán cabezas.

—Entendido Edward— sólo me llamaba Edward cuando la había frustrado.

—De acuerdo.

— ¿Y, señor?

— ¿Sí, Carmen?— pregunté antes de colgar.

—Felicidades, les deseo a ambos una vida llena de dicha— sonreí.

—Gracias Carmen.

Esperé frente al altar a que ella apareciera por la puerta de cristal. Deseaba que la capilla le gustara, la habían adornado lo mejor que podían hacer en menos de dos horas. Flores por aquí y por allá, blancas y rosas. Me aseguré de llevar tanto el anillo de compromiso como los de bodas en el bolsillo de mi saco.

—Señor— escuché la voz del pastor a mi lado—. Ha llegado la hora— me avisó. Pero ella no aparecía. Los nervios comenzaron a carcomerme nuevamente, el sentimiento de desamparo que se adueñó de mí fuera de la iglesia el día de su boda empezaba a abrirse paso rápidamente dentro de mí.

—Un par de minutos más.

—Hay más bodas que atender.

—Le pagaré lo necesario, sólo un par de…— mi frase fue interrumpida por los pasos suaves y elegantes de sus tacones—. Ya está aquí.

Giré para mirarla y apareció ante mí el ángel más perfecto y puro del planeta. Su vestido blanco caía delicadamente, marcando y acentuando sus atributos. El escote me estaba volviendo loco, quería perderme en él. El pequeño velo que cubría la mitad de su rostro hacía ver la piel de su rostro aún más cremosa y tentadora.

—Perfecta— le dije en cuanto llego a mi lado y ella cual Bella, mi ángel, se ruborizó.

—Gracias—me acerqué y le di un pequeño y casto beso en la comisura de sus labios.

—Empecemos— dijo el pastor— Estamos reunidos para…

— ¿Le parece si nos saltamos directo a los votos?— pregunté ansioso.

— ¡Edward!— me regañó Bella.

—No es mi culpa que me pongas tan ansioso y jadeante de deseo pequeña— ella sonrió cómplice.

—Saltémonos a los votos— le dijo al pastor.

—Pero…

—Los votos— le dije sin dejar de ver a Bella.

Ella sólo se carcajeo.

—En verdad que está impaciente señor.

—Demasiado.

—Edward Cullen ¿acepta como esposa a Isabella Marie Swan, para amarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separe?

—Acepto ¿Me permite decirle unas cuantas palabras?— pregunté.

—Adelante.

—Bella, no fue casualidad que llegaras a mi oficina hace poco más de dos años, no fue casualidad que me quedara prendado de ti en el mismo instante que te vi, porque estamos destinados a estar juntos, así debía de ser, no había otra manera. Puedes confiar en mi amor porque es real, es lo más real y puro que he sentido en toda mi vida. Quiero vivir cada día de mi vida a tu lado, que cada aliento y amanecer sea contigo. Todo lo que soy y tengo es tuyo. Te amor, Isabella Marie Swan— una pequeña lágrima se escapó y con dedos temblorosos la quitó, tomé su mano y coloqué los dos anillos en su dedo, el de compromiso y el anillo de bodas, terminé por colocar un beso en su mano.

—Isabella Marie Swan ¿acepta como esposo a Edward Cullen, para amarlo y respetarlo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separe?

—Con toda mi alma— me miró fijamente—. Mi alma entera te pertenece, la pongo en tus manos pues mejor en otro lugar no podrá estar. Mi vida entera la dedicaré para hacerte feliz, para apoyarte, reconfortarte y amarte. Quiero ser tu acompañante en cada paso que des, tu amiga y tu amante. Eres la persona con la que quiero despertar cada mañana, caminar cada sendero, soñar cada anhelo y hacer de ese sueño una realidad. Eres mi templo, Edward. Te amo—. Tomó mi mano y colocó de manera temblorosa mi anillo. Mi corazón latía con furia. Me sentía inmensamente feliz de tener a esta mujer a mi lado. Era mía como yo suyo. El mundo podía venirse encima porque no me importaría siempre y cuando ella estuviera a mi lado.

—Los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.

Tomé el pequeño velo y lo aparte de su hermoso rostro. Era tan jodidamente bella. Con delicadeza acerqué su rostro al mío y suavemente uní nuestros labios. Su cálida cavidad me enloquecía, sus labios se movían a la par de los míos, ambos dejando todo el amor que podíamos transmitir en ese beso. Beso lleno de promesas y esperanzas para esta nueva vida juntos. Pero necesitaba más, por lo que delineé su labio inferior para poder acceder a su boca y poseerla completamente. Ella gimió en mi boca por el beso, lleno de pasión y amor. Pegué su cuerpo más al mío, provocando que nuestras caderas chocaran. Necesitaba parar antes de que me la follara en ese mismo instante. Ambos jadeábamos después del beso.

—Sra. Cullen— junté nuestras frente, nuestros alientos y jadeos se entremezclaban—. Andando— le dije.

— ¿A dónde, acaso ya nos regresamos?

—Para nada, tenemos nuestra cena de bodas y lo mejor, nuestra primera noche como marido y mujer.

Subimos a nuestra suite y rogué para que todo estuviera preparado. La llevé a la terraza, el clima era cálido por lo que deje mi saco en un pequeño sillón. Salí primero para asegurarme que todo estuviera como había dispuesto. Perfecto. Velas y pétalos de rosas por toda la terraza, rodeando una pequeña mesa para dos con la cena ya puesta.

—Entra amor— tomé su mano y vi nuestras alianzas en su lugar. Sonreí y besé la suya.

—Es realmente hermoso— miraba maravillada la terraza— Me encanta, no pudo ser mejor que esto. Solos tú y yo. Nuestro momento, sólo para nosotros.

— ¿En verdad te ha gustado?

—Por supuesto ¿Cómo has logrado que todo estuviera perfecto, la capilla, mi vestido y ahora esto?

—Tengo mis contactos, pequeña.

—Claro, mueves tus influencias para lograr lo que quieres.

—Y sobre todo si se trata de ti

—Te amo— me dijo antes de acercarse a mí y besarme.

—Y yo a ti.

Esa noche dejamos la cena enfriar, nuestra prioridad fue el amor. Demostrarnos en caricias todo el amor que desbordaba nuestro pecho. Solamente ella y yo, enredados entre las sábanas, dejándonos llevar por el amor, la pasión y la lujuria.

FIN DEL FLASHBACK

Mis recuerdos fueron interrumpidos por el sonido del elevador avisándome que había llegado a mi destino. Espero que se encuentre en su lugar de trabajo porque entonces sí me comenzaría a preocupar. Las puertas del elevador se abren y me la encuentro saliendo de mi oficina. Camina tranquilamente sobre sus tacones. Esa falda marcando su culo respingón, pero esa blusa es un pecado en ella. Tiene un escote profundo en la espalda, tentándome, me pican las manos por recorrer su espalda.

— ¿Se puede saber a dónde has ido esta mañana?— trato de no sonar molesto, pero ¡Carajo, lo estaba!—. Me ha dado un paro cuando me desperté y no te vi.

—No seas exagerado— me da un pequeño beso en los labios.

— ¡Que soy exagerado! Desperté sin ti a mi lado, eso no cumple precisamente tus votos, señorita. Has roto tus votos— la acuso.

—Vamos, sólo fue un día.

—Ya veremos si opinas lo mismo cuando sea yo quien rompa mis votos— le dije indiferente.

— ¡No te atreverías!— me grita.

—Tú lo has hecho— le recuerdo.

—Bien, quizás con esto puedas dejar pasar mi pequeño desliz— besa suavemente mis labios.

— ¡Ah no te creerás que con ese beso ha quedado todo zanjado!

— ¿A no, qué tengo que hacer entonces?— pasa sus dos brazos por detrás de mi nuca y comenzó a jugar con mi cabello.

—Quizás si me das un par de besos, pero bien dados pueda pensármela.

—Entonces mi jefe quiere que lo atienda.

—No, tu esposo quiere que lo atiendas.

—Mi caliente esposo— restriega sus caderas con las mías.

—Y dices que siempre empiezo yo— me aparto rápidamente de ella y le dedico su sonrisa "moja bragas" como dice ella.

—Los pendientes los he dejado en tu escritorio— dice frustrada.

—Gracias— le digo mientras me encamino a mi oficina.

Me siento enfrente de mi escritorio y espero unos minutos antes de sumergirme en el mundo del trabajo. Por lo menos la tengo cerca para iluminar mis días en el mundo frío de los negocios. Miro con pesar los documentos que Bella ha dejado. Paso documento por documento, firmando aquí y allá, tachando, leyendo y demás. Llego a un sobre color blanco, no tenía ni asunto, ni remitente.

—Veamos qué es esto.

Tomo el abrecartas del escritorio y rasgo el sobre, siento algo ligeramente pesado dentro de éste. Saco dos hojas en su interior y las desdoblo. En una de ellas alcanzo a ver la firma de Bella, frunzo el ceño confundido ¿Qué era eso? La primera hoja viene con un membrete de un laboratorio, sin embargo lo ignoro, la hoja con la firma de Bella me ha llamado la atención; mi corazón ha comenzado a alterarse. En esta ocasión no hay ningún encabezado, pero si tres palabras en negritas y mayúsculas dentro del párrafo recitando "Permiso por maternidad" ¡Permiso de maternidad! Grito para mis adentros. Esto es una jodida broma ¿Cierto? ¿Qué carajo era esto? Bella está pidiendo un permiso por maternidad para dentro de seis meses. Tomo la hoja del laboratorio y leo rápidamente, para detenerme en las siguientes palabras: "Embarazo Positivo". Saco del sobre aquello que pesaba ligeramente y me encuentro con una prueba de embarazo casera que confirmaba su permiso y las pruebas de laboratorio.

¡Sí que era un jodido cabrón con suerte! Un pedacito de Bella y mío en un ser, creciendo dentro del vientre de la mujer que más amo en la Tierra. Estuve a punto de llamarla para hablar con ella, la alegría me embargaba y lo único que quería en ese momento era tomarla entre mis brazos y agradecerle por hacerme el hombre más feliz del jodido planeta. Jugaría un poco con ella, quería que fuera ella quien me dijera sobre nuestro bebé.

Dos horas después Bella entra en mi oficina moviendo sus caderas de manera seductora, tentándome como cada día. Especialmente desde hace dos años, que ya sabe el efecto que tiene en mí.

—Oh Bella, perdón no me he dado cuenta del tiempo, toma— le tendí los documentos que me había dejado—. Hay unos papeles que he anexado al archivo de Cox Corporation y necesito que Eleazar los revise.

—De acuerdo ¿Algo más?— procuré ocultarle mi sonrisa, sabía qué era ese algo más que ella decía.

—No pequeña, nada por el momento— saco unos documentos de una carpeta y comienzo a hojearlos.

— ¿Seguro?

—Sí, cualquier cosa yo te llamo.

—De acuerdo— dice cabizbaja.

Se retira lentamente, puedo imaginarme su cara preguntándose si ya habría leído su permiso, o qué habrá pasado para que el sobre no lo hubiera abierto ¡Vamos, sé valiente pequeña!

Durante nuestra hora de la comida ella se la pasa mirándome fijamente. Sigue preguntándose mentalmente qué es lo que ha sucedido.

— ¿Sucede algo?— le digo mientras dejo el tenedor con la comida a mitad del camino.

—No, nada— tuerce su deliciosa boca.

—Ven aquí, bésame— le pido, no puedo resistirme a esos labios.

Ella tampoco se puede resistir. Acerca su rostro al mío y mi lado posesivo toma su nuca para poder poseer sus labios, para saborearlos. Nuestros labios se degustan, se saborean, se hacen una. Es tan placentero besarla.

—Amo besarte— le digo en cuanto nos separamos—. Tus labios son un paraíso, completamente mío.

—Mi jefe es un poco posesivo.

— ¿Bella?— apartamos nuestras vidas del otro cuando una voz llama nuestra atención.

Veo pánico en la mirada de Bella. Miro a Jacob y me pregunto ¿Qué jodidos hace ahí? Instintivamente me levanto con el pretexto de saludarlo, ayudo a Bella a levantarse de su silla y la rodeo con mi brazo pegándola a mi cuerpo. Sí, mi lado posesivo de nuevo a flote, especialmente ahora que el bastardo está frente a nosotros.

—Hola Jacob— dice Bella tímida y apenada. Era la primera vez que lo veía desde el día en que huyó conmigo.

—Jacob— saludo con un movimiento de cabeza.

—Cullen— entrecierra sus ojos.

—Veo que están juntos— señala mi brazo alrededor de Bella—. Por eso huiste hace dos año— no pregunta, afirma.

—De hecho estamos casados— tomo la mano de Bella y beso su alianza.

—Ya veo— mira el lugar donde he depositado el beso.

—Jake, yo…

—No, está bien, prefiero eso a que me hubieras hecho perder el tiempo y hubiéramos terminado mal. Descuida.

—Lo siento, Jacob— Bella se suelta de mi agarre y va a su lado para abrazarlo y en ese momento veo todo rojo, cierro mis puños y procuro no dejarme llevar—. No podía continuar, tú sabías de mis dudas y era traicionarme a mí misma.

—Descuida, entiendo, y en verdad que lo agradezco. Prefiero mil veces eso, que pasar toda una vida llena de infelicidad, dudas y no sé qué más hubiera pasado de haber continuado. Ahora sé feliz—. Bella asiente—. Con permiso— se aleja sin decir más.

—Ahora me siento más aliviada— dice sentándose en su silla.

—Me alegro— digo enfadado— Ahora sabes que tu Jacob se encuentra bien, no debes preocuparte por sus sentimientos más o ¿Acaso hay algo más?

—No es mi Jacob.

—Oh, por mi no te preocupes, anda a abrazarlo ¿Terminaste? Tengo unos asuntos pendientes en la oficina.

—Edward— me llama tomándome la mano.

—Puedo pedirle a Sam que pase por ti.

Exhala todo el aire de sus pulmones de golpe.

—No, me voy contigo.

—Puedes quedarte a ponerte al corriente con Jacob— le digo irónico.

— ¡Para ya!— se levanta enojada de su asiento y se dirige a la puerta sin esperarme.

Aprieto el puente de mi nariz y salgo del restaurante tras ella.

— ¡Bella!— grito para que me espere, pero apresura el paso— De acuerdo tú lo pediste— le advierto.

Troto hasta alcanzarla y una vez que estoy cerca de ella, tomo sus pierna y la lanzo sobre mi hombro.

— ¡Edward!— empieza a golpearme la espalda y mi trasero— ¡Bájame!

—Te llame y no te detuviste.

—Ciertamente el día de hoy te estás comportando como todo un cavernícola.

—No me interesa— seguí caminando y le hice la seña a Sam para que trajera el coche.

— ¡Todos nos están observando!

—No me interesa— le doy una nalgada en ese trasero respingón y ella suelta un grito de sorpresa—No huirás de mí.

—No la haré.

La baje y la coloqué pegada a mí.

—Ya sé, soy un tonto posesivo. Pero el verte alejarte de mí para abrazarlo me hizo hervir mi sangre.

—Sí, eres un tonto. Debes entender que me sentía culpable, lo que le hice a Jacob fue horrible.

— ¿Te arrepientes?— pregunto.

— ¡Dios, no! Jamás podría arrepentirme de lo que me ha llevado a compartir mi vida contigo, pero eso no resta la culpa, no quita que le haya provocado dolor a Jacob. Y en cuanto a lo otro, no importa si me zafé de tu agarre para abrazarlo.

— ¿Ah, no? Porque se sintió mal, muy mal.

— ¿A quién regresé?

—A mí.

— ¿Por qué? — no contento— ¿Por qué? — repite.

—Porque me amas.

—Pues deberías de recordarlo más seguido. Además a él lo deje plantado en el altar para huir y casarme contigo— en ese momento mi sonrisa triunfante y de patán apareció.

—Deja de sonreír, sigo molesta.

—A mí no me lo parece.

—Pues que poco perceptivo eres.

Me inclino para tomar esos labios dulces y suaves. Coloco mi mano en su espalda baja y la conduzco al interior del carro. Una vez dentro me encargo de sentarla en mis piernas, a lo cual ella ríe encantada. La emoción que me inunda por saber que hay un ser con un pedacito de cada uno de nosotros creciendo hace que mi corazón lata desesperadamente. Quiero sentirla, sentirlos cerca.

El resto de la tarde pasa sin contratiempos. Continúo sin decirle nada a Bella sobre nuestro bebé y ella seguía sin atreverse a hablarme de ello. Cada minutos me costaba más, cuando entraba me costaba no posar la mirada sobre su vientre aún plano, me costaba resistir al impulso de tomarla entre mis brazos y decirle gracias por todo lo que me da, por ese hermoso hijo que crece dentro de ella.

—Ya es hora— asoma su cabeza por la puerta.

—Dame un par de minutos, envío este correo y nos vamos.

Entra y se siente frente a mí. Cruza las piernas y no paso por desapercibido que su falda se sube lo suficiente para dejar ver el comienzo de sus medias negras.

—Lindas medias— comento mientras doy unos cuantos click— Tus piernas cubiertas de medias son una exquisitez.

—Creí que te gustaba más quitármelas.

—Bueno, sí, pero uno de mis grandes fetiches es follarte con las medias puestas.

—Ok campeón de los fetiches, apresúrate que me ha dado hambre.

Por una milésima de segundo estuvo a punto de salir mi sonrisa cómplice que me delataría. Ahora tenía hambre por dos.

—Comelona ¿eh?— la pico para ver si así se decide a decirme.

—No es el mejor cumplido para su esposa señor Cullen.

—Anda vamos— apago el monitor y tomo a Bella de la mano para irnos por fin a nuestra casa.

—La próxima semana es especial.

— ¿Sí?

—Es nuestro segundo aniversario, los dos años formales de matrimonio.

— ¿Tan rápido?

— ¿En serio no lo recordabas?— pregunta fingiendo indignidad.

—Por supuesto que sí, ha sido el día más importante en toda mi vida.

—No sé, pero no te creo.

— ¡¿Por qué no?!— pregunto casi indignado.

—Los hombres no tienen muy buena fama con recordar fechas.

—No cuando no les es importante, pero para mí ese día ha marcado mi vida de la mejor manera. He unido mi vida a la tuya, nuestros destinos ahora han sido uno. Y no puedo estar más feliz por eso.

Ella entrecierra sus ojos.

—Tengo tanta suerte de que seas mi esposo. Te amo.

—No tanto como yo a ti.

En cuanto abro la puerta de nuestra casa ella corre a la habitación.

—Ya no aguanto estos tacones, voy a cambiarme— me dice mientras corre directo a nuestra habitación.

Cuando entro a la habitación se está quitando las medias, los zapatos están a un lado de la cama. Me quedo parado recargado en el marco de la puerta observándola. Se quita la blusa y me deja ver que no lleva sostén. Camina hacia la cómoda y saca su pijama para meterse al baño, gruño por haberme privado del placer de verla desnudándose.

Me acuesto y tomo mi libro de la noche anterior, doy vuelta a la página, sin realmente leer a consciencia, sólo puedo preguntarme ¿Cuánto tiempo tardará Bella en decirme de su embarazo?

— ¿Edward?— escucho la voz de Bella mientras sale del cuarto del baño.

—Dime pequeña.

—Sólo… digo sólo quería saber…

—Aja…

—Si de casualidad entre… bueno si entre… amm aquellos papeles que te deje… que estaban…

—Bella, tranquila ¿Qué sucede?

¿Me lo diría?

—Entre los documentos que deje sobre tu escritorio ¿No había un sobre blanco?— dijo rápidamente.

—Me pare ¿Por?

— ¿Lo has abierto?— juega con sus dedos de manera inconsciente.

—No, no tenía remitente ni nada por lo que lo he tirado sin más ¿Era algo importante?— ella abre los ojos de par en par.

—No hiciste eso ¿cierto?

Bueno al parecer si no doy el primer paso ella no lo diría.

— ¿Hablas de este sobre?— extiendo mi mano y lo saco de la mesita de noche en donde lo había dejado en cuanto Bella se metió al baño.

— ¡Sí, ese!

— ¿Quieres que lo abra, por qué, qué es tan importante?

— ¡Oh joder, Edward!— grita frustrada— ¡Estoy embarazada!— agrega pero después baja la mirada.

— ¿Embarazada?— finjo desconcierto.

—Sí ya sabes, un bebé crece dentro de mi vientre y dentro de unos meses cargaré con una inmensa pelota.

— ¡Aleluya mujer! Pensé que jamás me lo dirías.

—O sea que…

—Sí, ya lo había leído desde la mañana— sonrío juguetonamente.

Corre y se sienta en horcajadas sobre mí. Coloco mis manos en sus piernas descubiertas. Sólo lleva un pequeño short, demasiado tentador, y una blusa de tiras delgadas, sus pequeños y deliciosos pezones se dejan ver. Recorro la longitud de sus piernas, por lo menos lo que queda a mi alcance.

— ¿Por qué no me habías dicho nada? Llevo todo el día preguntándome qué es lo que había pasado con el sobre, ideando mil maneras de decírtelo, saber cómo reaccionarías. Me comí las uñas— extiende sus dedos finos y delicados delante de mis ojos y veo unas cuantas de uñas cortas y con rastros de haber sido mordidas.

—Porque quería escucharlo de tus labios ¿Cómo quieres que reaccione?— coloco mis manos en sus caderas y la pegue más a mi cuerpo— Mi corazón explotará, lo siento tan hinchado de amor y felicidad. Imaginarme a ese pedacito de ti y de mí, creciendo día a día; pensar en cómo será cuando nazca. Si me querrá, si seré un buen padre.

— ¿Cómo puedes decir eso? Te amará por ser quien eres Edward, no puede tener mejor padre que tú. Serás el mejor padre, estaré ahí para ti como sé que tú lo estarás para mí. Somos uno, recuérdalo. Estaremos ambos para él o ella— lleva sus manos a su vientre y uní las mías a las suyas, tratando de sentir algo que me indicara que ahí estaba nuestro pedacito de amor.

—Prometo poner cada día lo mejor de mí para este pequeño.

—O pequeña— agrega ella.

—Mi esfuerzo será por ustedes. Te amo, Bella, jodidamente lo hago— la rodeo con mis brazos y me pierdo en su cabello, inhalando su aroma; ese delicioso aroma a fresas que me enloquece. Adoraba sentirla tan cálida y delicada entre mis brazos. Las ganas de pasar toda mi vida así, con ella entre mis brazos— No dejaré que nada se interponga entre nosotros.

— ¡Uy! Lamento desilusionarte pero sí habrá alguien que se interponga entre nosotros y no tendrás de otra que dejarlo pasar.

— ¿Quién?— la separo asustado. Ella ríe— ¿Qué es tan gracioso?

—Tu cara

—No es gracioso Bella.

—Cuando tenga una enorme panza como la de una ballena se interpondrá entre los dos y no podrás hacerla a un lado o quitarla como estás acostumbrado.

—Encontraré la manera de tenerte cerca aún así.

—Me encanta como suena eso.

—Y a mí me encanta usted señora Cullen.

Uno mis labios a los suyos, embriagándome de su sabor y de su calidez. Muevo los míos y los suyos se unen al movimiento. Sus labios me atraen, quiero devorarla, son un elixir al que no puedo resistirme, al que soy adicto. Su boca se abre para mí y no pierdo oportunidad para introducirme en ella. Ella jadea por la intromisión y comienza a moverse de adelante hacia tras. Cuando me doy cuenta es ella ahora quien posee mi boca. Gimo al sentir su lengua batallando con la mía. Necesitamos respirar pero no quiero dejar de tocarla y besarla. Bajo por su mentón, todo el largo de su mandíbula y bajo por su cuello, detrás de su oído, a lo largo de su longitud. Siento su latido contra mi lengua, sus venas palpitar por el bombeo de la sangre. Es tan exquisito besar su cuello.

—Eres tan deliciosa.

Continúo con mis besos húmedos. Ella enreda sus dedos en mi cabello y tira de ellos. Sus gemidos me alientan a continuar. La necesito aquí y ahora.

—Te necesito— dice en mi oído.

Tomo su blusa y prácticamente la arranco de su cuerpo. Y me deleito al ver la piel descubierta. Su pecho sube y baja por la respiración agitada, provocada por el momento. Mis manos queman y no soporto más. Tomo sus senos con ambas manos y comienzo a masajearlos, de inmediato me doy cuenta del aumento de su sensibilidad. Sus pezones se yerguen inmediatamente, es como una invitación a ser lamidos.

Me acerco a uno de sus pezones, saco mi lengua y mientras doy la primera lamida la miro directo a sus ojos que brillan de lujuria y de desesperación. Lo rodeo con la lengua, me encanta la sensación de tenerlo en mi boca. Succiono, provocando unos cuantos gemidos, escucharla es la sensación más poderosa. Pellizco el otro y es como multiplicar su sensibilidad, prácticamente puedo sentir su humedad a través de nuestras ropas.

— ¿Ansiosa?

—Sólo por ti.

—Párate— le ordeno.

— ¿Qué?

—Quiero que te pares y te agarres al cabecero.

Ella confundida y deseosa lo hace. Se arrodilla en la cama y se inclina para agarrarse del cabecero como le he dicho, dejando su culo respingón expuesto. Ahora a deleitarme con su cuerpo. Aparto su cabello y beso su nuca. Exhala con un suspiro de placer y se arquea. Bajo por su espalda con besos húmedos mientras le quito su pequeño short, acaricio una de sus piernas para que las alce y pueda sacarlo; repito la acción con la otra pierna.

Me quedo hincado detrás de ella gozando de la vista. Su trasero levantado y sobresaliendo y ¡Dios! Su coño brillante de la humedad, paso un dedo a lo largo de la raja. Resbaladizo, podría enterrarme perfectamente sobre ella. Pero quiero probarla, quiero ese manjar. Y antes de que pueda decir algo ya me encuentro devorando su néctar. Delicioso. Separo sus pliegues y continúo perdiéndome en su delicioso coño, ella comienza a menear sus caderas al compás de mis lamidas. Su clítoris llama mi atención y lo succiono, ese pequeño botoncito de placer. Me separo de ella para besarla y compartirle de su sabor y mientras lo hago introduzco dos dedos en su interior.

— ¡Aghh!— grita Bella al sentir mis dedos.

Acaricio su interior, cálido y húmedo.

—Imagina cómo sentirás mi polla dentro de ti si se siente así con mis dedos. Disfruta— movía mis dedos dentro y fuera— Este coñito es mío, únicamente mío.

Me incorporo y me preparo para penetrarla. Tomo mi verga y acaricio con la punta toda la longitud, aprovechando sus jugos para deslizarla con facilidad. Y cuando veo que no aguanta más del placer la entierro completamente, de un jalón, duro y profundo.

— ¡Ahhh!— grita Bella— Tan grande y duro— mueve sus caderas instigándome a moverme.

— ¡Joder, Bella! Eres tan estrecha— siento como su coño comienza a succionarme mi polla por la acumulación de su placer—. Me succionas cariño— beso su nuca nuevamente—. Esta vez serás tú quien se follará. Fóllate pequeña, llena ese coñito con mi polla.

Ella gime por mis palabras pero comienza a moverse. Mueve su trasero adelante y atrás, enterrándose ella sola mi miembro.

— ¡Oh, Dios!— musita— Esto… es… jodidamente bueno.

— ¡Pequeña!— el ruido de su trasero chocando con mis piernas, la sensación del cuerpo contra cuerpo. Todo me estaba llevando al límite— Vas a matarme— ella comienza a mover sus caderas en círculo y siento cuando da un sobresalto al ser acariciada en un punto mucho más sensible.

— ¡Dios, tu polla es…!

Necesitaba enterrarme en ella de manera profunda y rápida.

—Lo lamento, prometí dejarte a cargo— antes de dejarla replicar tomo sus caderas y comencé a penetrarla de manera profunda y salvaje.

—Joder, Bella… malditamente estrecha.

— ¡Fóllame, Ed… Edward! Ahí, justo ahí.

—Tómame Bella, siénteme dentro de ti.

El sonido del choque de la piel había aumentado. Volteo a ver su trasero y veo que se ha tornado en un encantador rojo.

—Necesito verte— la giro para colocarla boca arriba— Así está mejor— me agacho y me apodero de sus labios nuevamente mientras vuelvo a hundirme en ella. Me muevo lentamente, disfrutando de la sensación de sentir como la lleno.

Tomo sus piernas, las levanto y la cruzo formando unas tijeras, eso hace que su sexo se haga más apretado.

— ¡Carajo!— empiezo a moverme desenfrenadamente.

Siento como la presión en su vientre aumenta, me succiona, me hace delirar de placer. La observo y veo que definitivamente está cerca de su nirvana. Sus caderas continúan moviéndose al encuentro de mis estocadas. Su cabello se ha despeinado de manera salvaje. Sólo unas cuantas embestidas más. Siento mi nirvana crecer y crecer, amenazando con explotar en cualquier momento. Mantengo con una mano sus piernas cruzadas mientras con la otra comienzo a acariciar su botón de placer. Y cuando menos lo pienso su nirvana se expande, invade cada célula de su cuerpo. Su vientre se convulsiona, cada contracción aumenta mi placer.

— ¡Dios!— grita.

Unas embestidas después mi orgasmo llega, salvaje y abrumador como cada vez que le hago el amor. Caigo rendido un momento sobre ella y beso dulcemente sus labios.

—Tan perfecta para mí— susurro en su oído—. Te amo, corrección, los amo— baje a su vientre y deposito un par de besos en él.

Su cabello de recién follada, salvaje, al igual que su mirada, me cautivan. Su respiración continúa agitada por la reciente actividad. Me giro para quedar de espaldas, acostado sobre la cama y la jalo para que quede recostada sobre mí.

—Estás hecha para mí— beso la punta de su nariz—. Así que para ser exactos ¿Cuándo creamos a ese maravilloso bebé?

—Pues yo he calculado que fue aquella ocasión en el cuarto de fotocopiado.

—Cuando Eleazar casi nos descubre.

—No me lo recuerdes— esconde su rostro en mi pecho.

—No fue mi culpa que gritaras "Quiero tu polla enterrada en mí" Agradece que había puesto seguro a la puerta.

— ¡Calla! No debiste de haberme seguido hasta allí.

— ¿Qué áreas del piso nos falta por bautizar? Mi escritorio es mi lugar favorito para hacerte el amor en el trabajo. Delante de mí, con tus piernas abiertas, yo enterrado en ellas.

—No pararemos hasta que nos descubran algún día.

—Aún así.

Sonreímos ambos porque sabíamos que era verdad. Aún cuando pasara eso continuaríamos haciendo el amor en donde fuera, claro estaba que quizás fuéramos más discretos.

—Entonces…

— ¿Sí?

—Seremos padres.

— ¡Joder, sí!

—No dejaré que digas joder frente a nuestro hijo.

— ¡¿Joder, por qué no?!

—No quiero que mi hijo o hija ande por la vida diciendo "Mami, joder, quiero mi teta" "Joder quiero esto… joder… joder"

—Sería un jodido niño hermoso— sonrío bromista.

—No, definitivamente no.

—Puedo hacerte un striptease para convencerte. Funcionó la última vez— le guiño un ojo.

Ella ríe divertida al recordar cómo le confesé mi amor y mi última lucha por tenerla.

—Eres mi striper boss.


Acaso merezco un review? u.u

Gracias por la paciencia, tarde pero seguro el capítulo. Espero les haya gustado divinuras *.*! Espero con ansias sus comentarios, y ya saben cuando pueda les contesto por PM.

Saludos y hasta pronto!