Saludos aquí al fin la actualización lamento el retraso tuve parciales en la preparatoria, pero ya estoy libre nuevamente.
Disclaimer: Victorious no me pertenece este fanfic es sin fines lucrativos.
Después de muchos días oscuros,
Vendrá uno sereno.
Un joven llevaba ya cierto rato sentado en una de las mesas del hogareño Tommy's Burguer, de vez en cuando su mirada viajaba de la puerta a su muñeca. Lo habían citado apresuradamente y en realidad estaba un poco nervioso por lo que aquella reunión significaba.
Suspiró con pesadez cuando la hermosa camarera se acercó a su lado y le dedicó una coqueta sonrisa. Quizás en otro momento él habría seguido aquel juego con esa desconocida, pero tres años habían servido para que madurara, pues ciertamente ya no era aquel muchacho con ganas de comerse el mundo en una mordida, ahora era un respetado médico de Long Beach.
Para su mala suerte, se acomodó en uno de los hospitales más renombrados de aquella ciudad, pues al parecer aquella vieja amiga se había enterado de ello y, en realidad, no se explicaba cómo fue que logró convencerlo de robar siete expedientes médicos con análisis clínicos de alta delicadeza.
Tal cosa era arriesgar mucho el pellejo si las personas dueñas de los análisis descubrían que sus datos estaban por ahí, en manos de una joven que ni siquiera le aclaró cuáles eran sus motivos para tenerlos; más cuando específicamente menciono el apellido "Vega". Nada con intenciones correctas parecía suceder, pero el mensaje que recibió esa mañana era tan desesperado que en un momento de poca cordura accedió a conseguirlos.
Ciertamente un grave error que tendría muchas consecuencias, que ni en sus más locos sueños podría imaginar Beck Oliver.
Al fin sonó la campana de la entrada del pequeño pero lindo local. Una joven de piel pálida y cabello azabache ondulado, miraba a su alrededor intentando localizar a su amigo. Beck quedó anonadado, pues si bien sabía que Jade llevaba años lejos de la ciudad, no se imagina que bien se vería actualmente la chica, era todavía más hermosa que antes. Al fin el aire volvió a sus pulmones y alzó una de sus manos, la pelinegra pudo verlo y caminó rumbo al joven.
–West… –Fue lo único que susurró cuando ella se sentó abruptamente en la silla de enfrente.
– ¿Conseguiste lo que te pedí? –expresó con seriedad.
Beck, sacó los papeles de una maletita que llevaba y los colocó en la mesa.
–Sigues siendo tan linda como siempre –dijo con cierta melancolía, Jade desvió su vista a los folders ignorando el comentario del pelinegro.
–Gracias Beck, ahora tengo que irme – habló con tanta rapidez que el chico creyó haber oído mal, pero en cuanto su compañera se levantó de la silla él también lo hizo tomándola de la mano.
–Tranquila, Jade… –suspiro y la soltó, ella se le quedó mirando sin expresión alguna, ya se imaginaba por donde iba eso.
–Beck, sé que lo que te pedí es algo que puede arriesgar tu trabajo, es por eso que entre menos me vean contigo, más seguro estarás – sentenció con ese tono de seguridad que la caracterizaba. Él asintió asimilando lo que decía, pero aún así le advirtió.
–No puedo dejarte con los documentos así como así… es mi deber con los pacientes mantener estos documentos con suma privacidad, tan sólo asegúrame que usarás tu fría mente para algo bueno –expresó muy preocupado.
Ahora fue el turno de Jade de dejar escapar un suspiro y lo abrazó.
–Nadie más que tú es tan confiable para mí –carraspeó la chica–. Pero si te explico en este momento mis fines… me arrebatarás lo que me has dado y créeme… cuando todo esto termine todo estará tranquilo, pero ahora no puedo decírtelo –soltó el abrazo y se marchó dejándolo más confundido y abrumado.
Beck pagó la cuenta a la coqueta camarera y trató de alcanzar a Jade, pero ya era muy tarde la chica se había esfumado. Bufó con pesadez y se dirigió a su automóvil, una vez dentro releyó el mensaje de esa mañana, necesita ver si podía encontrar alguna pista de los planes de Jade.
El mensaje era simple y contundente, al mero estilo de West.
Beck, Nicolás me ha dado tu nuevo número. Sé que esto te parecerá extraño pero necesito que me entregues los expedientes clínicos de tus siete casos más desesperados, aquellos que sean tan orgullosos como para pedir ayuda, pero que la necesiten y, por cierto, necesito los expedientes clínicos de las hijas de David Vega. Te conozco, sé que lograrás conseguirlos. Nos vemos en el Tommy's, será seguro ahí. Ve con los expedientes o no te presentes.
La verdad que leer aquel mensaje solamente lo dejaba mucho más confundido. Nada estaba claro, así que prefirió dejarlo de lado, seguramente Jade se lo aclararía tarde o temprano.
Mientras tanto, Jade se dirigía en un taxi a su antiguo vecindario.
–Es un bello vecindario señorita. ¿Quiere que la deje aquí? –dijo el conductor, Jade asintió en silencio.
Después de pagar, el hombre la ayudó a bajar un ligero equipaje. Ella tan sólo se quedó parada frente a lo que parecía ser un viejo hotel de dos pisos, a las afueras del que fue alguna vez su vecindario.
Había llegado esa misma mañana y para ella, West Long Beach no cambiaba. Era un lugar muy tranquilo y arreglado. Al fin caminó hacia la puerta principal dirigiéndose al joven de cabello rizado y algo enclenque; él pareció observarla como si nunca antes hubiese visto a una mujer, ella suspiro y se dirigió con cortesía al joven.
–Disculpa, ¿tienes alguna habitación libre? –cuestionó leyendo el gafete que portaba en el uniforme. – ¿Sinjin? –dudó, pero al ver la sonrisa del joven sabía que estaba en lo correcto.
–Claro, tenemos dos habitaciones individuales aún disponibles –respondió emocionado–. Sólo debo aclararle que se paga por noche, así que, ¿cuanto tiempo desea quedarse la preciosa señorita?
Jade ignoró el para nada sutil alagó y con aquel tono característico sentenció.
–Pienso morir aquí. –Dejó un fajo de varios dólares y el chico quedó realmente confundido, pero le cedió la llave y ella simplemente se marchó a buscar su cuarto.
Sinjin la siguió con la mirada. Aquella mujer era indescriptible, pero eso de morir en el hotel no le pareció nada agradable.
Jade siguió por el pasillo hasta dar con el ascensor; su cuarto era el número cuatro así que subió al segundo piso. Una vez allí, notó que sólo habían dos habitaciones, la suya y una de la cual salía apresurada una chica de cabellera rubia y rizada.
Pasó de largo a Jade y pidió el elevador, la pelinegra sólo siguió a su cuarto.
La habitación no estaba mal, no era del todo lujosa pero tenía una cocina, baño y sala; parecía pequeño departamento, era justo lo que necesitaba. Dejó la pequeña maleta en la habitación y se dirigió a la mesa de centro; de su bolso sacó los folders y comenzó a leer los análisis.
Cada uno tenía el nombre del paciente. Datos como: su tipo de sangre y su estado actual, así como también su domicilio y números telefónicos. Ciertamente eran documentos privados, era claro que le debía una buena a Beck por haberse arriesgado de tal modo, pero… seguramente no podría pagar ese favor, esperaba que eso no quedara en su conciencia.
Después de una rápida ojeada a todos los pacientes, decidió comenzar por alguien que tenía sus mismas pasiones, un músico que había perdido la vista hace unos años, Andre Harris. Tomó su teléfono y le marcó.
– ¡Hola, Andre Harris al habla, el mejor músico de Long Beach! –contestó con alegría.
Jade inmediatamente cortó la llamada, en realidad no tenía ni la menor idea de porque la había hecho en primer lugar y siguió con los demás análisis, era el turno de Victoria Vega.
Jade se quedó admirando sin respirar. Aquella pequeña casilla, donde estaba redactado el estado clínico de los pacientes, profesaba la palabra Terminal. Releyó un par de veces más. Marcó el número una veces antes de darse por vencida. Victoria parecía no contestar a desconocidos, era eso o… ya era muy tarde, pero alejo los pensamientos pesimistas de su mente. Tomó el expediente de Trina, la hermana de esta, y suspiro con cierto alivio al darse cuenta que sus exámenes sólo detallaban la frecuente presencia de hematomas o rasguños, parecía ser algo menos grave. Aún así, tomó sus cosas y salió apresurada a la dirección que indicaba el documento.
–Hey! –Se quejó la rubia con la que previamente se había cruzado, pues esta vez fue Jade quien por salir a prisa choco bruscamente con ella. La pelinegra le sostuvo una mirada fría, tenía prisa y no estaba dispuesta a liarse con nadie.
–Vamos, tendrás que hacer más para darme un poco de miedo. –Se bufó la rubia, mientras le dirigía una mirada retadora y esa sonrisa que le pareció muy irritante.
–Tengo prisa, así que no molestes –contestó cortante West, la rubia soltó una risilla juguetona.
–Okey, que buen inicio señorita alegría –rió la rubia, luego suspiró y le cedió la mano–. Samantha Puckett. –Se presentó.
–Jade… Jade West –respondió el saludo–. Pero ahora tengo mucha prisa, así que no tengo tiempo para esto –sentenció entrando al elevador, Sam se despidió.
Subió al primer taxi que pudo, por suerte aún no pasaban de las 12 del día. Le dio la dirección al conductor y en menos de treinta minutos ya estaban llegando. Después de pagarle admiró la pequeña casa que se encontraba ahí. Para nada con el lugar donde había sido la lujosa fiesta del señor David Vega y, aunque Victoria seguramente ya era mayor de edad, siendo hija de un hombre tan adinerado no esperaba verla en una casita tan humilde, de un piso y rodeada de varias flores silvestres y un pequeño árbol de crespón.
Se detuvo frente a la puerta, dándose cuenta que, por alguna extraña razón, había corrido prácticamente preocupada por una desconocida y estaba sintiendo tanta incertidumbre por el simple hecho de saber si estaba bien. Un extraño sentir para alguien como ella, pero ya se encontraba en esa puerta y ciertamente era parte de su plan conocer a las personas tras los expedientes en su poder.
Tocó el timbre, pero nadie parecía estar en casa. Ese extraño sentimiento y pesadez parecían volver.
Una mujer anciana que vivía en la casa siguiente se asomó a su jardín.
–Pequeña, la joven no se encuentra, ¿eres acaso amiga suya? –cuestionó con dulzura en su voz, Jade asintió, acercándose para escucharla mejor.
–Tuvo una recaída y vino una ambulancia por ella, está internada en el hospital Gregory Palace. –Le informó con cierta preocupación–. Si vas a verla dile que yo cuidaré bien de sus flores y claro, de Jibb –sonrió, Jade siguió asintiendo y luego cuestionó.
–¿Jibb?
–Sí, su enorme danés. Es una hermosura de perro – mencionó la mujer con una leve sonrisa.
–Gracias por informarme, iré al hospital enseguida. Que tenga buena tarde. –Se despidió y corrió aprisa por un taxi, para su mala suerte parecía que Long Bech estaba desierto; podía ver a gente caminando, pero no había señales de automóviles. Suspiró redimida y tomó su peraphone.
Investigó la ubicación del hospital en su GPS y para su enorme suerte no estaba lo suficientemente lejos, podía bien llegar caminando, claro, apretaría el paso. Una ambulancia se la llevó y eso no profesaba nada bueno, los análisis que había leído parecían ser los casos más graves o eso esperaba. Ya tenía suficiente con el músico ciego y la enferma del corazón.
Alejó sus pensamientos y siguió caminando, faltaban tres cuadras para el hospital.
Una vez que llegó a este, se acercó con preocupación a la recepcionista y esta le sonrió, "como si fuera agradable una visita al hospital," pensó West.
–Hola, ¿dónde puedo encontrar a la señorita Vega? Me dijeron que la habían trasladado de su casa a este hospital por una recaída –explicó, aunque la mujer ni siquiera tardo un segundo en bajar su mirada y teclear con rapidez algunas letras en una pequeña computadora que tenía. Luego, sin mirarla contestó.
–Así es, la paciente se encuentra en la habitación 302, tercer piso. El ascensor está siguiendo el pasillo al fondo, las visitas se terminan en una hora –aclaró.
Jade siguió las instrucciones de la mujer con cierta lentitud, el hospital le provocaba ciertos recuerdos de su accidente y la hacía sentir incomoda; aquel color blanco, como el de un muerto le provocaba escalofríos.
Era difícil para ella estar en un sitio como este, se miró las manos y deseo tener más color en su cuerpo. A veces creía que estaba muerta, pero atrapada en ese mundo pagando por provocar la muerte de inocentes.
Se introdujo en el ascensor irritada, quería que esa visita acabara ya y rogaba que Vega no estuviera tan grave. Sus pensamientos se oscurecieron cuando al llegar al tercer piso se percató de que estaba en el área intensiva y de urgencias. Los casos graves estaban ubicados allí, lo sabía perfectamente, ya había vivido algo similar.
Caminó por el pasillo ignorando como odiaba el olor a muerte que se introducía en lo más profundo de sus pulmones.
Sintió una eternidad llegar al 302, pero al fin lo hizo. Su cuerpo sintió un estado de shock.
Vega parecía una muñeca de porcelana, se veía hermosa dormida, parecía estar en un sueño eterno y esto sólo provocaba más terror en Jade, que sentía su corazón comprimirse, pues por alguna extraña razón, ver a aquella joven tan vulnerable le dolía también. Era como ver su reflejo.
Se acercó a ella y la observó más de cerca, tanto como pudo. No quería despertarla aunque dudaba de poder lograrlo.
Victoria tenía labios finos, al igual que unas enormes y rizadas pestañas; su cabello olía a durazno y su piel desprendía un dulce aroma, aquella esencia provoco una sutil sonrisa en los labios de la pelinegra ella no olía a muerte o a enfermedad. Victoria Vega olía dulce, tan dulce que la empalagaba pero no quería alejarse, aunque tuvo que hacerlo cuando la joven abrió los ojos. Fue un segundo y débilmente, pero pudo articular una palabra que Jade jamás olvidaría.
–Un… ángel… –susurró, luego sus parpados se sellaron nuevamente.
Jade dejo de admirarla y salió apresurada de aquel hospital. ¡De ningún modo! Jamás permitiría que aquella chica dejara de vivir.
Bueno aquí está la continuación, gracias por los reviews, también muchísimas gracias a mi Beta Tester Mookie Roo, recomiendo muchísimo su trabajo es una de las mejores escribiendo Jori y… a veces se pone loca y escribe Bade pero perdónenle, volviendo al fic, espero poder actualizar más pronto ya tengo la historia en mente pero pasarla al papel es un poco más tardado de lo que esperaba, debido a la escuela y sus exámenes; aun así me propondré no pasarme del mes con las actualizaciones.
NA: Este fic está inspirado en la película Seven Pounds, si gustan verla o ya la han visto descuiden no se han spoileado, solo tomare pequeñas partes de esta para el fic, nuevamente doy muchas gracias a mi Beta Mookie Roo, la mayoría de sus concejos mejoran muchísimo esta historia.
Ella fue la que me mando a aclararles algo para que no se pierdan tanto.
Lo que les pasa a Tori y a Trina así como a los demás personajes de Victorious se ira revelando con el pasar de los capítulos, les agradezco mucho leerme.
Liz West Vega: RAQUEEEEEEL xD amo tus historias y que me comentes es bello, noooo te cortes las venas, si no quien continuara Jade's Hope, muchas gracias por leerme espero que este capítulo sea de tu gusto también, saludos.
Pili20394: muchas gracias por leerme me alegra bastante que te parezca prometedora mi historia, sobre la forma de narrar también dale las gracias a mi Beta, que me corrige arduamente y me hace mejorar cada día, la película ya quedo revelada saludos.
MookieRoo: Beta tu eres grande, ya sabes que siempre te aclaro por interno lo muchísimo que aprecio tu ayuda con mis fics ya sabes que te tengo un enorme aprecio como escritora, gracias por corregir y bueno xD tu siempre conocerás el capítulo antes de que sea publicado.
Marilinn: Actualice :D espero lo disfrutes.
Mica: Tori al fin aparece, aquí está la actualización saludos.
