Capítulo 5 El poder de una diosa.

"No existe mayor imprudencia que desafiar a algo cuyo potencial desconoces"

El batallón de Exitium se preparó y partieron al encuentro con el campamento de Luna. Iban dirigidos por uno de los capitanes de la armada de Exitium y vigilados de cerca por la general Erinias. La pegaso guerrera vigilaba atenta el avance del ejército desde las nubes, quería asegurarse de que la misión fuera según lo planeado. Luna y su pequeña armada debían caer.

En el campamento Luna, Ame y Trixie se encontraban planificando las siguientes rutas de búsqueda. Ninguna sospechaba que el enemigo iría a ellas.

La noche apenas estaba iniciando, las estrellas relucían y las aguas tranquilas del mar se habían elevado como cada noche. La fría brisa nocturna recorría los bosques desde su campamento hasta el ejército cuya existencia aun desconocían.

-Ya buscamos por toda la zona este y la mayor parte de la zona sur nuestros camaradas empiezan a agotarse y desesperarse de búsquedas inútiles– alegó Ame

-Trixie se pregunta: ¿si hemos investigado suficiente el norte? – cuestionó Trixie.

-El norte muestra ciertos inconvenientes para ser explorado. Los bosques abundan en esa zona, las montañas y los cerros igual – añadió Luna.

-lo preocupante aquí es que: entre más tiempo pasemos buscando más probable es que nuestro enemigo nos encuentre antes que nosotros a el – agregó Ame.

-Sin embargo estamos atascados en esta búsqueda y debemos resolver eso primero que nada. –dijo Luna.

-¿Cómo? –Cuestionó Trixie.

-debe haber algo que hayamos pasado por alto –respondió Luna.

-Trixie opina que a pesar de las dificultades deberíamos centrar más la búsqueda en la zona norte que es la que menos hemos explorado –añadió Trixie.

-En eso estamos de acuerdo con Trixie. Probablemente estén en el único lugar que no hemos explorado a fondo. Sin embargo es peligroso, es un laberinto de árboles, hierbas y arbustos. –alegó Luna.

-¿Porque usted se preocupa de eso princesa?. Usted es una diosa – cuestionó Ame.

Luna le dirigió una profunda mirada a Ame y le respondió:

-Mi preocupación no es por mí –Luna señalo al resto de los ponis y continuo- es por ellos. Mi pueblo, es mi responsabilidad, los defenderé de lo que venga. Si entran en ese bosque los estaría arriesgando demasiado.

Luna se acercó más a Ame y con el mismo tono serio pregunto:

-¿Por qué desconfías de nosotras aun? ¿Qué hemos hecho para merecer tu desconfianza?

Ame miro seriamente a Luna y le contesto sin apuro:

-He tenido demasiadas malas experiencias con la realeza para creer tan fácil que una divinidad ponga antes que ella a sus seguidores –Alegó Ame.

- No todos los miembros de la realeza, ni todos los seres divinos estamos sedientos de poder y segados por el oro y la plata Ame. Hay quienes nos preocupamos por los nuestros sobre todo lo demás y eso lo sabes bien. He visto en tus sueños a tus padres.

La expresión de Ame cambio al escuchar esa última frase.

-Ellos eran buenos gobernantes se preocuparon por defender a su pueblo y salvarlos a ti y a tu hermano antes que así mismos. No querían riquezas, ni poder, solo justicia, como tú. Ame nosotras fuimos ignoradas mucho tiempo. Perdidas en la sombra de nuestra hermana Celestia. No fue hasta tiempo después de que volvimos de nuestro encierro que encontramos a los seguidores que nos alababan, desde entonces no los hemos descuidado, los guardamos bajo nuestro velo. –explicó Luna.

Ame estaba a punto de hablar cuando un guardia entro a la tienda en la que estaban y de manera desesperada dijo:

-Un batallón se dirige hacia nosotros desde el norte. El enemigo nos encontró.

-¿Cuántos son? – pregunto Ame.

-Mil cuando menos – respondió el guardia.

-Nos llevan ventaja numérica – dijo Trixie.

-Necesitamos un plan y rápido – agregó Ame.

Luna empezó a andar con total seriedad. Salió de la tienda y siguió caminando como si nada. En el centro del campamento Luna extendió sus alas y se dio media vuelta.

-No es necesario un plan. Cuiden el campamento. Volveremos – dijo Luna

Ame y Trixie la miraron algo confundidas antes de que la princesa de la noche emprendiera el vuelo.

Luna vigilo desde los cielos el bosque hasta que a la entrada de este encontró al ejército apenas saliendo del mismo. Luna descendió y aterrizo unos metros frente al ejército. El capitán del mismo detuvo la avanzada al ver a la diosa frente a ellos.

-Alteza que hace aquí afuera sin su pequeña armada. ¿Viene a rendirse? –dijo el capitán con tono burlón.

-Venimos a acabar con tu batallón – respondió Luna.

-¿Con que ejercito? –preguntó manteniendo su tono burlón el capitán.

-No me harán falta mis soldados para acabar con tu batallón. Te doy una oportunidad de retirarte y decirle a tu dios que se rinda –sentenció Luna.

-Crees que puedes vencer a mil de nosotros tu sola y además que me retiraría –dijo burlón el capitán.

-Cometes un grande error. Te mostraremos porque no hay que subestimar a una deidad –Sentenció Luna invocando una guadaña cuya hoja se asemejaba demasiado a una luna en cuarto menguante.

-Mátenla –Sentencio el capitán desenvainando su arma.

El ejército se abalanzo sobre la diosa de la noche, su confianza en que ganarían era tanta que no vieron todos sus errores. Desafiar a la deidad de la noche durante la noche, era como pelear con un tiburón en su elemento. Osaron atacar a Luna en su territorio, en su propio juego y caro la iban a pagar.

Luna ilumino su cuerno y apenas estuvieron lo suficientemente cerca de ella unos rayos elementales proyectados desde las estrellas comenzaron a caer como una lluvia de flechas sobre el batallón. La avanzada del batallón no se detuvo a pesar de los numerosos compañeros suyos que caían muertos por la mortal lluvia de finos rayos estelares.

Finalmente estuvieron suficientemente cerca de Luna como para arremeter contra ella con sus armas, sin embargo, Luna fue más rápida. La guadaña bloqueo y aniquilo a más de uno sin que estos se enteraran de que los golpeo. La hoja fantasma de la guadaña de Luna se movía con la rapidez de una estrella y con el sigilo de un velo nocturno.

Todo el que intentaba arremeter contra Luna terminaba con un profundo corte de la guadaña en su cuerpo. Después de varias bajas le fue obvio que ese combatir a corta distancia no era buena idea

Luna extendió sus alas y con gran velocidad arremetió contra sus enemigos. La hoja de la guadaña acababa rápidamente con el enemigo que se topara Luna. La diosa de la noche mantenía iluminado su cuerno, no solo porque sostenida la guadaña con su magia también mantenía la lluvia de rayos estelares y se mantenía preparada para lanzar cualquier ataque elemental.

Luna llego a un terreno más elevado que la mayoría del lugar y se sitio en el mismo, en ese punto podía verlos a todos. Algunos artilleros intentaron abatirla con mosquetes y algunos magos con proyectiles elementales.

Las balas de los mosquetes se volvían polvo antes de llegar a Luna por el poder elemental que esta despedía. En cuanto a los proyectiles elementales Luna los paraba y los regresaba a su remitente.

Un grupo de enemigos intento abalanzarse sobre ella. Pero, Luna con un fuerte impulso mágico no solo los aparto, los despedazó volviéndolos polvo de estrella.

Estuvieras cerca o lejos de la princesa corrías riesgo. En la lejanía los rayos estelares que caían como flechas junto a los proyectiles elementales que Luna era capaz de lanzar con su cuerno y en la cercanía el filo fantasma de la guadaña.

Erinias solo observaba desde la distancia como Luna abatía al batallón que habían enviado. No se lo podía creer.

-¡Vamos montón de inútiles! –dijo claramente desesperada.

Luna continuaba su defensa perfectamente, sin titubear ni un poco, sus distintos hechizos eran suficientes para acabar con la gran mayoría, pues pocos lograban acercarse lo suficiente para ser víctimas de la guadaña.

Luna se mantenía en una posición, no le había sido necesario moverse hasta ahora. Llego un punto en el que Luna se relajó a tal grado que tomo la guadaña con su casco y la recargo en su lomo. En ese punto si se le acercaban simplemente les paraba el corazón con su magia. De ahí en fuera continuaba su constante lluvia de rayos estelares y su constante bombardeo de proyectiles elementales cuya fuerza se comparaba a la de un relámpago, estos dos ataques obligaba a sus enemigos a cubrirse detrás de rocas donde Luna no alcanzara a verlos, este intento resultaba inútil.

El capitán de la armada se abalanzo valerosamente sobre Luna quien solo lo sostuvo con su magia y lo elevo frente a ella.

-Es imposible que nos venzas a todos –alegó el capitán.

-Es imposible que un mortal mate a una deidad –respondió Luna fríamente.

Unos cuantos soldados intentaron acudir al auxilio de su capitán pero antes de llegar una especie de ráfaga de viento los degollaba. Luna con su magia estaba invocando finas cuchillas elementales que eran invisibles para cualquier ojo mortal e inaudibles para cualquier ser.

El capitán miro a Luna una vez más pero esta vez su mirada paso de expresar arrogancia a miedo. La mirada que Luna le expresaba al capitán era fría y cruel. El capitán movió la cabeza haciendo un ademan negativo. Su mirada suplicaba clemencia, pero la expresión de luna no se suavizó.

-Polvo eres y en polvo te convertirás –sentenció Luna antes de acabar con el capitán.

Súbitamente el cuerpo del capitán comenzó a corroerse hasta volverse polvo de estrella lenta y tortuosamente. Esta escena lleno de pánico a las criaturas que conformaban su ejército.

Un vampiro se lanzó sobre Luna por la espalda creyendo que la tomaba desprevenida. Luna sujeto rápidamente la guadaña con su magia y con sus cascos libres capturo al vampiro y lo decapito sin necesidad de usar la guadaña. Solo con sus cascos le había sacado la cabeza a la criatura.

La cabeza del vampiro rodo hasta quedar a los pies de un nigromante del mismo ejército.

Luna extendió sus alas una vez más y emprendió vuelo, los que tenían la capacidad de volar de entre sus enemigos la persiguieron sin darse cuenta que se dirigían a una trampa.

Luna los dirigió a un cumulo de nubes negras donde la luz de la luna y las estrellas no se hacían presentes. Al entrar en ese territorio habían cometido un grave error. Luna se había camuflado perfectamente entre las sombras cualquier intento que hicieran por buscarla sería inútil. Del mismo cumulo de nubes surgieron tétricas sombras que se abalanzaron sobre los desprevenidos pegasos, súcubos, engendros y vampiros que se encontraban buscando a Luna.

Habían caído directo en una trampa de la que ninguno saldría vivo. Luna salió del cumulo de nubes y aterrizó en una pila de rocas que se encontraban al borde de un abismo que daba al mar.

Lo que quedaba del ejército intento abalanzarse sobre ella. Luna ilumino su cuerno y seguido de este sus ojos. El viento comenzó a soplar fuerte y el cielo comenzaba a nublarse solamente dejando la luna visible.

-¡Pagaran caro su afrenta! ¡Al seguirme hasta está pendiente han cavado su propia tumba! – Sentenció Luna.

Las nubes de tormenta que ahora les rodeaban comenzaron a despedir relámpagos azotando a la tierra sin ninguna clemencia. Rayo tras rayo la tierra alrededor de la Princesa Luna era desbaratada con la fuerza de un huracán.

Algunos de sus enemigos se acababan de dar cuenta de su error, pero, era demasiado tarde. La tierra empezó a crujir después de ser azotada por los relámpagos por un largo rato y finalmente cedió haciendo que la pendiente en la que estaban Luna y lo que quedaba del ejército se precipitara hasta quedar al nivel del mar. Luna evito la caída tomando el vuelo una vez más y una vez en una altura que consideró segura realizo su golpe final

El cuerno de Luna se ilumino con más intensidad y la luna se empezó a mover y con ella la marea empezó a retroceder alarmantemente. El agua del mar se iba a cumulando a varios kilómetros de la tierra convirtiéndose en una imponente ola de gran tamaño. Luna había creado un tsunami con la simple influencia de la Luna sobre la marea.

La ola no era suficientemente grande para llegar hasta el campamento donde estaban sus aliados pero si para acabar con lo que quedaba del batallón enemigo. Si no los mataba el impacto que tendría la ola contra ellos morirían ahogados o serian arrojados contra lo que quedaba de la pendiente y el golpe los mataría.

-Es tiempo de que suba la marea. ¡Sufran la ira de los mares! –Declaró Luna antes de soltar el Tsunami sobre la tierra.

La inmensa ola embistió a la tierra con una velocidad de vértigo, lo que quedaba de la pendiente paro la fuerza de este pero no evito que el mar reclamara parte de la tierra como territorio suyo. Lo que quedaba del ejército enemigo murió por la fuerza con la que la ola los embistió y los que no los mato la ola murieron siendo arrojados por la misma contra las afiladas rocas de la pendiente.

La guadaña de Luna desapareció y la diosa de la noche observo desde lo alto el pequeño golfo que había echo con su castigo divino. Pero a lo lejos cubierto detrás de unos árboles vio a uno de los soldados enemigos intentando huir. Luna se abalanzó con velocidad contra él y lo derribo. Era un simple poni de tierra, pero servía a un dios que quería traer destrucción y desgracia. Luna miro los ojos a este poni y le dijo:

-Te dejare vivir, más quiero una cosa de ti. Cuando vuelvas a tu guarida quiero que le transmitas a tu dios el siguiente mensaje: Lo reto a desafiarme el mismo, quiero que de su cara y me enfrente con valor. No quiero que envié a sus seguidores a luchar por él.

El poni solo hizo un ademan afirmativo con la cabeza y acto seguido, Luna lo dejo marchar.

Esa noche le había dado una lección a su enemigo y Erinias la general de la armada enemiga lo había presenciado todo desde la distancia. Le era claro el error que había cometido su líder al ordenar ese ataque. Rápidamente emprendió vuelo en dirección a la fortaleza. Debía informarle a Exitium de lo ocurrido.


perdonen la tardanza en actualizar eh estado corto de tiempo, pero en fin aquí les dejo el capitulo de la semana y les agradezco una ves mas a aquellos que siguen la misma