Cuando abro los ojos, veo un techo familiar. Ahhhh, entonces todo fue un sueño. Al parecer tuve el mejor y el peor de los sueños. Fue bueno al comienzo, mi boda. Era bueno hasta entonces, pero luego...mi corazón late con fuerza. A cualquiera le sucedería si tuviera el mismo sueño. También mi respiración se ha acelerado, me levanto y seco el sudor de mi frente. Wow, es demasiado sudor. Al mismo tiempo, noto que fue con mi mano izquierda que sequé el sudor. Esa última parte...ese dragón rojo...
Eso fue como una historia de fantasía así que no puedo creerlo. Al final de mi sueño, mi brazo izquierdo se convirtió en el de un monstruo, pero ahora sigue como de costumbre. Pero ahora entiendo que hay algo poseído en este brazo.
Miro el reloj, son las 4:30am... Aún es temprano. Respiro profundo y me dispongo dormir de nuevo... ¡No! ¡Ya recuerdo!
¡Es hora! ¡Tengo que levantarme y alistarme! Cuando miro por la ventana veo a un hermoso chico pelirrojo abajo. Es Ryas Gremory, mi presidente y amo, en una sudadera roja esperándome en la entrada. Él es mi Senpai en la escuela, y también uno de los grandes Onii-sama de esta, también es el presidente del club de investigación de lo oculto al que pertenezco, y su verdadera identidad es la de un demonio. Él me mira al darse cuenta que lo observo.
"Date prisa, mi linda sirvienta" Fue lo que vi en el movimiento de sus labios mientras sonreía.
—¡Ya mismo bajo!
Me quito mi pijama, me pongo mi sudadera y salgo recibir mi entrenamiento matutino.
—Haaaa...haaaa...haaaaa...
—No corras tan patéticamente. Harás diez vueltas más de trote rápido luego de esto.
Pierdo mi aliento mientras corro por la zona residencial. Detrás de mí está Presidente, quien conduce una bicicleta mientras me regaña sin compasión. Sigue siendo tan estricto como siempre. Ha pasado un mes desde que reencarné como demonio. Me convertí en la sirvienta de Presidente. Los demonios son invocados por humanos, y les concedemos un deseo a cambio de un precio. Y así, trabajar ha sido mi prioridad en mi vida cotidiana. Presidente no es la excepción. He estado trabajando a diario como sirvienta de Presidente, y también en lograr mi meta poco a poco.
¿Mi meta?
¡Es obvio!
—¡Me convertiré en la reina del harem...ha...!—digo estas palabras mientras corro.
—Así es. Para eso, necesitas entrenar a diario. Tienes que hacerte fuerte, y eso toma tiempo.
Sí, Presidente. Eso lo sé. De momento soy una demonio novata, pero si me esfuerzo, y soy promovida, puedo llegar algún día a pertenecer a la nobleza. Si eso sucede, podré tener mis propios sirvientes. ¡Eso es! Convertiré a muchos chicos en mis sirvientes personales, ¡Así podré hacer mi sueño realidad! Para eso necesito volverme fuerte, justo como dijo Presidente. El poder lo es todo en el mundo de los demonios. Para ponerlo de forma sencilla, entre más fuerte seas, más rápido asciendes. Bueno, puedes hacerlo con conocimientos, gran habilidad, y otros aspectos, pero no tengo talento alguno en eso de momento. Es por eso que tengo que aumentar mi resistencia. Es por eso que entreno a diario. Pero Presidente es peor que un entrenador espartano.
—No perdonaré a mis sirvientes por ser débiles.
De esa misma forma él no muestra nada de misericordia en el entrenamiento matutino. Me hace correr por 30km y luego de eso me hace correr a toda velocidad cien vueltas. También tengo que hacer todo tipo de entrenamientos musculares, tantos que ya perdí la cuenta, y otros tipos de entrenamientos. Los demonios son seres de la noche, es entonces cuando pueden usar sus poderes. Pensé que sería mejor entrenar en la noche, pero no fue el caso. Entrenar en la mañana en la cual somos débiles nos hace fuertes mentalmente también. He estando teniendo dolores en los músculos todos los días. Pero acostumbrarme a eso es lo que más me asustó, pero ya no duele como en un principio.
Recientemente he podido hacerlo fácilmente. Esa es la prueba de que estoy mejorando con cada día que pasa. Mi estado físico se hace visible en las clases de educación física. Mis tiempos de pista se han reducido, y ya no es tan agotador correr largas distancias.
Cuando llegamos al parque, el cual es la meta, dejo de correr. Tengo mi cuerpo lleno de sudor...
—Buen trabajo, ahora las vueltas…
—Presidente…usted…es diabólicamente malvado…
—Lo sé, y por decir eso son 50 vueltas más.
Como siempre, la diabólica y maligna sonrisa de Presidente se hace presente.
—Tu habilidad solo tiene sentido si tu estado es bueno…
—Sí...65…66…67…
Después de terminar la maratón en la mañana, comencé a hacer flexiones en el parque mientras Presidente se sienta en mi espalda. La sensación es maravillosa, pero mis brazos se entumecen a diario así que no tengo tiempo de disfrutarlo. ¡No! ¡La sensación es lo mejor!
SLAP
—Ngh…ahh…—soy abofeteada en el trasero por el bishonen de cabello carmesí y se me escapa ese gemido...Presidente, usted me está volviendo masoquista…
