Debí aprovechar el impulso y seguir escribiendo esta historia :3 ¡Que te siga encantando CC! Yo sé que me dejarás usar uno que otro nombrecillo de los que usas.


Doble Agente

II

Entró a la casa mientras alisaba su corbata con la mano, caminó hasta la cocina para encontrar a Sora con la cesta de ropa limpia bajo el brazo dispuesta a tenderla en el patio, aprovechando el día caluroso que estaba haciendo.

—No te esperaba tan temprano —dijo como si estuviera realmente cansada. La enorme casa y sus dos hijos eran estresantes, sumándolo con la semana de la moda que se avecinaba. Sin embargo, Sora ahora vestía un conjunto tan casual que parecía que su mente no estaba en la moda en ese momento, solo pensaba en limpiar y ordenar.

—¿Porqué? Acaso no te doy tiempo para ocultar a tu amante.

Taichi se rio y se dirigió a la despensa a ver si podía comer algo. Sora no sentía ganas de reírse en lo más mínimo.

—Puedes calentar la cena, todavía queda. Mayumi no quiso comer. Además, ¿crees que podría manejar un amante con todo el ajetreo de la casa? No bromees así, Taichi. Sabes que no me gusta.

—Disculpa, sabes que no lo hago para molestarte —se excusó y le arrebató la cesta de ropa limpia a la ama de casa para luego seguirla al patio. Ser madre no acababa nunca para Sora, ya que si bien ahora era Taichi el que colgaba la ropa, ella había empezado a recoger la infinidad juguetes que su hijo menor había regado por el patio—. ¿Y qué tiene Mayumi ahora?

—Pre-adolescencia. Lo de siempre.

—¿Te molesta si voy…?

—Adelante, creo que espera a que vaya su padrino a verla.

Entró a la casa, se llevó a la boca una galleta de la cocina y se adentró al territorio Ishida-Takenouchi. Podía ir a la habitación de su ahijada a ojos cerrados, aunque la cantidad de juguetes y tonterías de su hermano menor lo ayudaban bastante. La mayor era su princesita, la hija que nunca tuvo, y la que cuidaba cada vez que su padre se iba literalmente de la Tierra. El menor de Sora era apadrinado por su tío sanguíneo, Takeru, el cual también adoraba pero no podía negar que con la pequeña endemoniada tenía una conexión demasiado fuerte. Debía ser porque era la copia de su padre y Taichi ya tenía experiencia con ese imbécil.

Tocó la puerta tres veces pero no hubo respuesta. La preadolescencia era desagradable.

—Mayumi —llamó y pronto oyó como la chica corría hacia la puerta.

—¡Padrino! ¿Por qué te tardaste tanto? —Preguntó ella enfadada y lo golpeó un par de veces para luego abrazarlo. Taichi pensó que estaba a punto de llorar por las hormonas así que no dudó en abrazarla al instante.

—El Congreso me mantiene ocupado. Han vuelto a enfocarse en tonterías.

—¿Qué clase de tonterías? —Preguntó Mayumi incisiva, su tío estaba seguro de que sería una gran política cuando creciera, para mala suerte de sus padres. Ella ya había tenido mucha interacción con su padrino para que empezara a tomarlo como referencia.

—La clase de tonterías en las que están enfocado —resolvió para desviar el tema pero la niña volvió a entrar a su habitación donde la esperaba su pantalla digital en el buscador. Taichi vio lo que había estado haciendo antes de que él llegara y se sintió extrañamente invadido.

—¿Están intentando hacer públicas todas tus redes? ¿Quién es Genai?

—Veo que tus padres están intentando no decirte todo. Hazme el favor de recordarme y comprarte el libro de tu tío Takeru, ¡oye! Hasta puedo hacer que te lo autografíe.

—Muy gracioso tío pero ya lo tengo y lo leí. Lo que no sé es por qué quieren obligarte a hablar de él.

—Hay una organización que dice que Genai tramará algo tarde o temprano y entraremos en guerra.

—Eso es estúpido —razonó la mayor de Yamato.

—Eso es lo que les digo, ahijada. Lo peor es que saben cómo infiltrar gente de los nuestros para conseguir información. No sé qué les dirán pero luego no pueden salirse y desaparecen.

—¿Se mueren? —Preguntó con los ojos bien abiertos y Taichi negó con la cabeza, sin saber si lo que diría era completamente verdadero.

—No, claro que no. Es por eso que tu madre me ha dicho que te diga que nunca te unas al Congreso. Déjame el trabajo sucio a mí.

—Al menos estás presente y no te vas a otro mundo —dijo enojada, poseída severamente por las hormonas de la edad y apagó violentamente la pantalla para sentarse sobre su cama. Su padre en Marte era su problema.

—No seas injusta conmigo ni con tu padre. Yo también trabajo para mantener en paz un mundo ya descubierto. Yamato está en vías colonización. Diremos que yo estoy más adelantado que tu padre y él es el perdedor.

Mayumi soltó una sonrisa burda.

—Me alegra que no hayas tenido hijos, padrino. Así eres solo para mí.

Luego de esa curiosa confesión, Taichi bajó junto a su ahijada y calentó la cena para ambos con una sensación extraña en su pecho. Claro que hubiese querido haber tenido hijos ya que, si bien adoraba a la mayor Ishida, quería tener un pedazo de él en otro ser humano. Los años pasaban y un nuevo hijo de alguno de sus amigos aparecía y él seguía alisando la cortaba y su traje cada vez que entraba a una habitación. Los trajes permanecían iguales a través de los años, alguno que otro hilo aparecía entre las costuras pero nada serio, lo que sí era preocupante eran sus ojos más cansados que el año anterior y las canas que empezaban a salir tímidamente, por ello había decidido mantener su cabello corto para así evitar ver tan seguido las hebras canosas.

Había muchas mujeres con las que había estado. Podría decir todas las que se le cruzaron con otras intenciones con la única excepción de Jun. Años junto a ella habían hecho que sus extrañezas ya no lo fueran tanto y que fueran parte de su vida normal. Ella estaba en igualdad de condiciones con él, ansiaba un príncipe azul que la salvara de la soltería y que le diera hijos, y cada año que pasaba el ansia se transformaba en angustia. Se veía a sí mismo junto a su asistente como una familia pero luego se arrepentía y se decía que no debía conformarse.

Luego llegaba a su mente imágenes de la francesa estampada en su puerta, con su corpiño rojo asomándose en su blusa negra y los micrófonos aplastados a su alrededor. Besándole el cuello y los pechos y los papeles de los archivadores dispuestos en el suelo como si hubiesen estallado de forma que fuesen fuegos artificiales. Ella había sido la mujer que más lo intrigó y su desaparición ciertamente había incrementado su fantasía con ella.

En esos momentos, la cabeza rubia de su ahijada delante de él lo hacía imaginar la hija que tendría con la mujer de rojo.

Ajena a esto, Mayumi le habló de la escuela mientras su madre se había retirado a su estudio para avanzar en su trabajo y su hermano menor estaba siendo consumido por los videojuegos en su habitación.

—¿Quién es Catherine Deneuve, padrino?

—¿De dónde sacaste eso, Mayumi? Estabas hablándome de tu novio en la escuela y de pronto me hablas de otra persona.

La chica se sonrojó. Estaba hablándole de sus clases, no de su novio, el cual no tenía. No le gustaban los chicos.

—Estaba leyendo de tus problemas con el Congreso.

—Volvemos a las tonterías, Mayumi. Vengo del Congreso y me tapas de preguntas de ese lugar.

—Tus problemas no son nuevos, padrino, leía que ella era una abogada que casi te hizo hablar.

—Pero no lo logró, no pudo convencer al juez.

—Y ella desapareció un poco después. ¿De ella hablabas cuando dijiste que infiltran gente de los tuyos?

—No desapareció, simplemente se escondió. A sus jefes no les gustó que perdiera el juicio.

—Está muy bien escondida, Google no sabe nada más de ella.

—Es triste, la verdad, era bonita.

—Debe ser emocionante ser parte del Congreso —dijo Mayumi, ignorando completamente las añoranzas amorosas de su padrino al estar un tanto celosa. No imaginaba a su tío estando con una mujer que no fuese su ahijada, ya que no veía a su tío emparejado de ninguna forma—. Es como si fuesen agentes privados, trabajando para mafiosos y ocultándose para salvar su vida.

—Has visto muchas películas, niña. No puede ser verdad. Catherine simplemente se ocultó porque los mafiosos de los que hablas iban a terminar de arruinar su carrera, mi caso partió por destruirla. Simplemente iban a terminar el trabajo. Y debo acotar que realmente es un trabajo muy aburrido —mintió descaradamente para protegerla. La prefería en el espacio exterior a que estuviese con la nariz metida en el Congreso—. Ahora lávate los dientes y despídeme de tu madre, debo irme.

—Odio cuando te vas —le dijo mientras lo abrazada dulcemente.

—Yo igual, vendré por ti un día de estos y me acompañarás a estas fiestas de congresistas.

Salió silenciosamente de la casa, estaba realmente oscuro y buscó su automóvil con la vista para asegurarse de que no se lo habían robado aún. Luego, se dispuso a caminar hacia allá silbando. Apretó el botón del llavero para quitarle el seguro unos pasos antes de llegar a él. Oyó pasos cerca suyo y pensó que podía ser uno de los vecinos de Sora paseando a su perro pero al mirar hacia la persona en cuestión no había perro y era bastante alto, además de caminar directamente hacia el Embajador.

—Buenas noches —dijo para sentirse más tranquilo.

—¿Señor Yagami?

—El mismo, ¿en qué puedo ayudarte, chico? —La voz de ese hombre le hacía que no era muy adulto. De hecho, había perdido el miedo porque el chico debía seguir en la escuela y recién debía estar afeitándose. Y se había tomado muy apecho el afeitarse, ya que en la cabeza no tenía ni un solo cabello. El poco vello que tenía se lo había decolorado y parecía un neonazi. Ahora que veía sus características, sí, sentía un poco de respeto al chico que se le acercaba en medio de la noche.

—¿Podría acompañarme, señor?

—¿Podría negarme?

—Claro que no, señor.

—¿Qué pasaría si lo hiciera?

—Tendría que golpearlo.

—No me dejas opciones, chico. ¿Dónde vamos a ir? Digo, para llevarnos en la comodidad de mi automóvil.

El muchacho se la pensó un tanto antes de aventurarse a responder. Sin dudas, el chico no se esperaba que raptarse a un político de tanta trayectoria fuese tan fácil y menos que le daría un medio de transporte. El chico de la cabeza afeitada miró hacia atrás quizás porque no sabía cómo decirle a la gente con la que trabajaba lo que pasaría ahora.

—Yo conduciré —dijo al fin el chico y Taichi se vio a sí mismo en el asiento de copiloto de su propio automóvil.

—Dime, ¿para quién trabajas? ¿Qué organización?

—Ninguna.

—Todos trabajan en una. Yo trabajo para el Congreso pero a todos se les parece olvidar y piensan que soy el enemigo.

—Eres doble agente, no engañas a nadie. —El chiquillo sabía mucho para ser un simple chiquillo.

—¿Cuál es tu problema? —Dijo finalmente el Embajador y el chico se detuvo frente a una luz roja. Era un enano pero los adolescentes de hoy en día creían mucho para su edad, su cabello decolorado se veía muy aterrador a la luz roja del semáforo y se veía horrendo con esa expresión de enfado infinito plasmado en su rostro—. ¿Qué te hizo tu cabello para que lo odies tanto?

—Vendrás conmigo y les dirás todo lo que sabes de Genai y sus planes.

—No será una conversación muy larga, Genai no tiene planes.

—Diles todo lo que sabes.

—No es mucho. Y estoy siendo generoso con lo que sé —desde su posición supo que el chico apretó con la misma fuerza los dientes y el volante. Debía dejar de tomarse todo a la ligera porque con su captor no estaba dando resultado—. Debo decirlo, me sorprende que estén reclutando gente de tu edad.

—Ya te dije, no soy miembro de ninguna organización. Trabajo solo.

El chico se detuvo en un terreno baldío y se le acercó amenazadoramente simplemente para abrirle la puerta y sonreírle maliciosamente. Taichi hizo una nota mental para que Mayumi no saliera con ese tipo de chicos, es más, rogaba que le gustaran las chicas.

—Sal.

—Está bien.

Al poner un pie en fuera del automóvil, recibió un golpe que lo hizo dormir. Eso era la parte fea de trabajar en política.


No hubo Catherine, ¿quién es el neonazi?