Las eras de espera terminaron :D


Doble Agente

III


Despertar fue como si subieran poco a poco el volumen de la radio, al igual que la luminosidad del lugar. Sentía entumecida la mitad de su cara y el sabor de sangre de su boca. Taichi estaba cooperando bastante como para que le propinaran un golpe así, simplemente no se lo merecía. Escupió un poco de saliva con sangre y se dedicó a mirar a su alrededor: era un lugar grande que parecía un estacionamiento subterráneo a medio construir, ya que no había señalización alguna. Había focos con una brillante luz blanca por todas partes y mucha gente en pequeños grupos esparcidas por todo el lugar. El chico neonazi que lo llevó allá estaba en uno de los grupos más cercanos, la iluminación del lugar hizo que pudiera apreciarlo mejor que en el automóvil. Era alto y piel trigueña, haciendo que su decoloración de cabello se viese un tanto ridícula. Se compadecía de los padres de esa criatura vestida de pantalón y chaqueta de cuero negro. Era un maldito delincuente adolescente que en su vida dejaría que se acercara a su preciosa ahijada.

—¡Oye, chico!

—¿Qué quieres, viejo? —Respondió el joven delincuente sintiéndose importante en medio de ese antro de delincuentes. Había perdido todo el respeto que había sentido por el Embajador cuando fue a raptarlo. Podía recordar que cada vez que hablaba, terminaba las frases con un educado «señor».

—Dame un poco de agua.

—No estoy en condiciones de hacer nada, viejo. Diles lo que sabes y terminemos con esto.

—Maldito chico —resopló y sintió nuevamente la necesidad de escupir la sangre que sentía en la boca.

Un hombre maduro se le acercó a los dos. Tenía las manos juntas detrás de su espalda mientras sonreía con una cara de mafioso que nadie podría negar. Taichi negó con la cabeza, cansado de pasar por lo mismo una y otra vez. Esta organización no debía engañar a nadie y, sin embargo, los engañaba a todos con su política del terror. Haciéndoles creer al mundo que Genai era un demonio siendo que ellos querían controlarlo para su propio beneficio. Y ya habían corrompido al chico neonazi que simplemente necesitaba que uno de sus padres lo golpeara con urgencia para así sacarle las tonterías revolucionarias de la cabeza.

—Bien hecho, T. —dijo el hombre y Taichi rodó los ojos, ¿el chico tampoco usaba su nombre real?—. Cumpliste tu palabra y yo cumpliré la mía. ¡Suéltenla!

Genial, todo este alboroto por su novia neonazi.

—¡Madre! —Gritó el chico y toda su rudeza se fue por el inodoro hasta las cañerías. Aunque Taichi debía reconocer la nobleza detrás de raptar a un político.

Volteó a ver a la dichosa madre de ese chico delincuente y se sorprendió a ver a Catherine. Mismo cabello rubio, mismos ojos azul cielo y misma obsesión por el color rojo. Estaba descalza con un vestido de una pieza color rojo oscuro. Demasiado sexy para ser madre de un chico tan grande.

Ambos se abrazaron largamente en medio del mar de delincuentes.

—Estaba tan preocupada por ti —dijo simplemente ella.

—¿Madre? —Se preguntó Taichi con el corazón estrujado, recordando todos esos meses en que trató de dar con la rubia francesa. Meses en que le preguntaba dos o tres veces a Jun si había podido encontrar algún rastro y que su secretaria respondía secamente; Koushiro tampoco le dio información útil. Jun indagaba en prensa y Koushiro en todo lo demás. Luego, pasaron años y él comenzó a olvidar a la francesa y sus fantasías.

Ajeno a todo lo que ocurría a sus espaldas por la visión de su amor platónico perdido, no se percató de que los hombres de la organización que guardaban la seguridad del recinto secreto fueron neutralizados silenciosamente por la organización secreta del bando contrario. Los hombres habían sido alertados por Koushiro, quien a su vez había sido alertado por Sora que simplemente atendía los temores de su pequeña hija. La copia de su esposo había seguido al Embajador con la mirada desde la ventana y visto cuando un extraño se le había acercado a su querido padrino y manejado su automóvil por él.

La adolescente corrió hasta el estudio de su madre con el corazón en la garganta y Sora se levantó asustada cuando la vio atravesar el portar tan pálida como un papel.

—Secuestraron a mi tío —dijo casi enmudecida.

—¿Cómo lo sabes? ¿Quién podría haber sido?

—La organización secreta que ejerce el reino del terror, la que hizo desaparecer a Catherine Deneuve.

Sora no supo explicarse cuando estuvo en el teléfono intentando a ubicar a Koushiro. Tartamudeó un tanto mientras Mimi le decía lo poco que salía su esposo del estudio ahora que la temporada de su programa había terminado. La pelirroja apretó el auricular del teléfono mientras su hija insistía con su mirada celeste y urgida, y Mimi no paraba de hablar.

—¡Mi padrino podría estar muerto!

—¡Mimi, necesito a tu esposo, ya!

—Cielos, Sora, solo debías pedirlo —replicó indignada. La pelirroja oyó que Mimi dejó el teléfono sobre el mueble que lo sostenía y sus pasos lentos que se alejaban de él como si no hubiese ninguna urgencia. Para ella, su esposo nada más trabajaba para el Gobierno.

Cuando el pelirrojo estuvo en el teléfono, Sora quedó en blanco y un solo nombre se le escapó de los labios.

—Catherine.

Koushiro verificó la dirección GPS del automóvil del Embajador en un instante y la comparó con la que indicaba el de su corbata, teniendo unos pocos metros de separación satisfactoriamente. Se encerró en su estudio blindado para aislarse de toda red invasora que pudiese espiarlo, sin tener mucho éxito con los reclamos de su esposa. Tecleó un tanto y la figura holográfica de Genai apareció ante él y juntos cuadraron el lugar donde el Embajador estaba recluso y llamaron solo refuerzos humanos ya que de otra forma podría usarse en su contra.

—Yo también, madre, ¿no te han hecho nada? —preguntó el neonazi enfrente de Taichi y Catherine negó con la cabeza para mirar al Embajador. Los años habían pasado demasiado rápido para ellos dos.

—Bien, T., puedes irte con tu hermosa madre. Te llamaré si necesito algo —dijo el hombre y el chico asintió con una mirada huraña que al Embajador solo le decía que no quería nada más con él.

Unos grupos de personas de los alrededores comenzaron a impacientarse y moverse hacia la salida con curiosidad, haciendo que los focos dispersaban la luz entre nubes de partículas de polvo. El hombre se distrajo con el movimiento y Taichi supo lo que haría el hijo de Catherine unos segundos antes con tan solo mirarle los ojos: el chico lo iba a golpear simplemente por ponerle la mano sobre su madre. Y tomando una de las pocas sillas que había allí, la estrelló en la espalda de su enemigo para dejarlo en el suelo. Tomó la mano de su madre y la obligó a correr con él pero la francesa lo detuvo.

—¡Ayudemos a Taichi!

—Madre, debemos irnos —advirtió su hijo. Haber roto la silla en la espalda del jefe debía tener sus consecuencias.

—Escucha a tu madre, chico —indicó el Embajador mirando a la rubia arrodillada frente a él. Inútilmente miraba la cantidad alarmante de amarras que le habían puesto al hombre que le había arruinado la vida, y que sabía que no lograría soltarlo si a sus manos no llegaba algo filoso—. Debo preguntar, ¿qué clase de nombre es T.?

—Viene de Takaishi —gruñó el chico neonazi admirando la cercanía de su madre con Taichi. Su madre era la adoración de muchos hombres y eso lo enfadaba de sobremanera. El Embajador estiró el cuello hacia la francesa con una nueva interrogante asomándose en sus labios y T. solo se le acercó para golpearlo en la frente—. ¿Quieres alejarte?

—¿Takaishi?

—Como se apellidaba mi padre. Michel Takaishi —replicó defensivamente.

—¿Quieren parar? Taichi, necesitamos soltarte. T., ayúdame.

Y el chico hizo de su fuerza bruta e irracionalidad de su edad, tomó al Embajador del respaldo de la silla y lo estrelló sobre el suelo ya que había comprobado con anterioridad la poca resistencia de dichos elementos del lugar. Tanto la espalda de Taichi como el respaldo sufrieron daños, la silla se astilló lo suficiente como para que las amarras perdieran tensión y fuese más fácil deshacerse de ellas. T. empezó a tironear de la soga que conformaba la amarra y patear los pedazos de madera que todavía se mantenían íntegros mientras el viejo Embajador sufría con las nuevas magulladuras que tenía en el cuerpo.

Catherine simplemente se levantó de un salto y gritó.

—¡Esos no son tus genes franceses!

—Mi padre era mitad francés, madre, creo que lo más probable es que sí —replicó el chico mientras le daba la mano a Taichi para ayudarlo a levantarse.

El tiempo había sido muy cruel con el Embajador ya que ya se les había acabado. Una vez de pie, quitó las amarras remanentes y el polvo de su chaqueta y pantalones para luego acomodarse la corbata en su lugar, pasando la palma de su mano sobre ella para alisarla. Esperaba que Koushiro por alguna razón extraña e inusual estuviese rastreándolo, pero conociendo a Mimi eso no sería posible. Ella venía anunciando hace ya bastante tiempo que la temporada de su programa estaba llegando a su fin y su esposo debía tener toda la atención en ella.

A su lado, oyó al hijo de Catherine maldecir y miró a su alrededor.

—Mierda —dijo él, secundando al chico. T. estaba con los puños apretados y su madre con las manos arriba, como el hombre que los estaba apuntando le había ordenado—. Debiste oír a tu hijo, Cathy.

—No podía dejarte, Taichi.

—Debimos hacerlo. Apenas lo conoces.

—Cállense —ordenó el hombre del arma con la voz un tanto quebrada por la inseguridad y avanzó unos cuantos pasos para mover a su jefe en el suelo con un pie. Cuando estuvo seguro de que nadie movería ningún músculo, se agachó para tomarle el pulso brevemente y volvió a apuntarlos de un salto.

—Sí lo conozco, T. —susurró Catherine para no perturbar la calma esquiva del hombre que tenían al frente—. Además de ser el hombre que arruinó mi carrera, es el que me dio a mi hijo.

—¿Qué? —gritaron al unísono, el ahora padre y su hijo.

—¡Mi padre era Michel!

—¿Cómo dejaste que nuestro hijo se decolorara así el cabello? —dijo Taichi, como si fuera lo único que le interesara. No estaba pensando luego de la bomba que le había lanzado la francesa—. ¿Cuántos años tienes, hijo?

—No me digas hijo, viejo.

—Tiene quince. Y se llama Taiki Takaishi.

—¿Porqué abandonaste a mi madre? —gritó Taiki a su nuevo padre y con su furia adolescente empujó a su progenitor. Ambos tenían la misma estatura pero el menor poseía más musculatura. Catherine simplemente se lanzó a su hijo para que no lo golpeara más.

Enfrente, el hombre nervioso que los apuntaba movía su arma frenéticamente al cambiar de posición sus objetivos entre forcejeos.

—¡Déjalo, Taiki!

—No los abandoné…, de hecho los busqué durante un año pero tu madre sabe ocultarse bastante bien —se explicó el padre, tomando las manos de su hijo con las de él como un vago intento de que este le soltara el traje. Años con la corbata con un alisado perfecto lo habían dejado con una impulsión de evitar las arrugas—. Ella me abandonó.

—No podía volver contigo, estaban buscándome —se excusó esta vez la rubia francesa.

—¡Los habría protegido! —replicó Taichi aún con el agarre de su hijo.

—¡No estaba tan segura!

—¡Quédense quietos! —Gritó el hombre del arma.

—¡No te metas! —Replicó Catherine.

—Se acabó el juego —indicó una nueva voz. Taichi volteó a verlo y vio que Ken estaba detrás del hombre nervioso, apuntándolo con una pistola en la cabeza.


Estuve días tratando de sacar este cap pero el final se me hacía horrible. Así que decidí que no terminaría aquí.

Continuará un cap más, para ti Cielito :D

Gracias a CieloCriss y Digific.