Dedicado a CieloCriss y a ChemicalFairy, las dos cumpleañeras (hace rato) que aman el Taitherine tanto como yo.


Música inspiradora: Escape From East Berlin - BSO de The Man from U.N.C.L.E.


Doble Agente

IV


Taiki Takaishi se paseó por el lugar con las manos en los bolsillos mientras su madre recibía atención primaria. No quería acercársele a su padre, era demasiado extraño para un adolescente como él enfrentar la realidad como si le hubiese explotado una bomba en la cara. Claramente él no era hijo del viejo Michel, el hombre era demasiado caucásico como su madre como para que les saliera un chico de tez morena como él. Además, Takaishi ya estaba en sus sesentas cuando debió concebirlo y sus espermas secas no debían ser la gran cosa. Sin embargo, para Taiki, la infancia con Michel había sido la mejor.

Pateó el suelo y levantó un poco de polvo para así dejar de pensar en Michel Takaishi. Su madre había hecho las cosas en el pasado como mejor las pudo hacer y él no era nadie para criticárselo. Por lo que levantó la cabeza del suelo para verla y su corazón se oprimió al verla sentada en el borde de la ambulancia recibiendo primeros auxilios. Solo estaban midiéndole los signos vitales para cerciorarse de que todo en ella estaba bien porque había estado poco menos de una semana en las garras de la mafia. Apretó los puños, si tan solo hubiese sido más rápido encontrando al hombre que ahora era su padre, ella no habría sufrido tanto.

Catherine sabía que su hijo estaba recriminándose por lo que le había ocurrido por lo que simplemente levantó la mano y le sonrió. Nada podía hacer, era la viva imagen de su padre y al fin sentía alivio al pensar en ello.

Taichi los observaba a ambos alternadamente casi asfixiado. Durante el día había sido el hombre que por años se había mantenido soltero, cuya única preocupación era la seguridad de su pequeña ahijada, Mayumi, su única adoración; y ahora, en mitad de la noche, tenía una familia. Se sentía abrumado y no sabía cómo acercárseles. No podía pedirles que fueran a su casa y acostumbrarse uno al otro en una sana convivencia.

—Entonces, ¿es tu hijo?

—Lo oíste de Catherine —dijo el diplomático a Ken, el policía estaba tan pasmado como él—. Ahora es tan evidente, el chico es idéntico a mí. Es ese cabello decolorado que tiene es el que despista.

—Parece un neonazi.

—¡Exacto! No puedo creer que Catherine deje que haga eso.

Ken frunció la boca a su lado. A Miyako le entraría un ataque si uno de sus hijos llegara con la cabeza decolorada, botas estilo militar y chaqueta de cuero como Taiki; Kurumi había hecho que su madre pegara un grito al cielo cuando había llegado con un costado pequeño de la cabeza rapada como dictaba la moda.

La radio de Ichijouji empezó a transmitir un mensaje y se retiró al vehículo policial, dejando a Taichi solo con su mente perturbada. ¿Qué era lo que haría desde entonces? La Organización secreta para la cual Catherine había trabajado parecía completamente desbaratada, por lo que su trabajo como doble agente se había acabado y significaba que no habría más transmisores GPS en su corbata ni automóviles; no trabajaría más Koushiro espiando las redes ni tendría la excusa de ir a comer todos los viernes a la casa de él y Mimi para trabajar escuchando transmisiones enemigas y cuadrando planes en conjunto con Genai y Ken, todo había perdido sentido. Ir donde Jun la próxima semana sería su única obligación desde entonces y se le hacía sumamente aburrido. Era el fin, ahora venía el tiempo de engordar y colgar los trajes elegantes de doble agente.

Vio a Catherine y sus piernas lo llevaron sin vacilar hacia la mujer. Taiki, a su vez, frunció la boca y el entrecejo al verlo y también se le acercó.

—¿Qué es lo que haremos ahora, Cathy? —preguntó sin pensarlo.

—Parece ser que se terminó, podemos hacer lo que queramos —resolvió ella con una sonrisa queda.

—Volveremos a París —intervino el chico con el cabello decolorado—. Allí es donde vivimos y viviremos en el futuro.

—No es necesario —replicó el mayor—. Es seguro estar aquí…, cerca.

—¿Cerca de ti? ¿Porqué querríamos estar cerca de ti, papá? —preguntó ariscamente el chico y Taichi pudo notar que cuando se refirió a él como su progenitor fue tan amargo e irónico como Taiki pudo, pero lejos de molestarle lo sumió en un profundo sentimiento que no lograba asimilar. Como si un vacío en su alma se llenara.

—No le veo el problema a eso, hijo.

Taiki gruñó como si intentara contenerse y Catherine lo cayó con un gesto.

—No seas grosero, hijo, Taichi está intentando ayudar.

—No quiero su ayuda —resolvió, ahíto de hormonas.

—Pero yo sí. —Su madre ya estaba determinada a volver a entablar una relación con el político, fue claro para el hijo que solo se retiró hecho una furia; no la entendía, el padre había estado ausente toda su vida como para poder perdonarlo—. Perdónalo, Taichi. Debe estar confundido aún…, siempre supo que Michel no era su padre; creo que por eso decidió decolorarse el pelo cuando él murió. Era como si quisiera parecérsele un poco.

Todo aquello era tan triste que sintió como si le golpearan el estómago tan fuerte que se le fue el aire.

—Pero ahora que sabe que tú eres su padre… Se sentirá feliz porque es tu viva imagen... Bueno, cuando logre digerir la sorpresa.

—Espero que lo logre hacer pronto.

—Sí, al fin sabe toda la verdad. —Catherine se permitió sonreír nostálgica—. De haber sabido que todo esto terminaría bien, me habría dejado capturar hace años.

—Claro que sí, Koushiro lo tiene todo bajo control en su casa. Te llevaré allá y dejaré que veas a Genai, porque eso querías hacer hace más de dieciséis años, ¿verdad? Cuando querías encerrarme en la cárcel.

Catherine lo miró sorprendida. ¿Todo este tiempo la respuesta a todos sus problemas estaba en la casa de Koushiro? ¡Era tan obvio!

—¡Taichi, aléjate de ella! —gritó Ken, acercándose corriendo hacia la ambulancia, llevaba un pequeño radio en una mano y un sensor en la otra.

—¿De qué hablas? —dijo Taichi, en su mente no cabía la posibilidad de que la rubia aún trabajara para la Organización que recién habían desbaratado.

—¿Qué fue lo que hice? —dijo por su parte la acusada y su grito despertó la curiosidad de su hijo protector.

Ken apunto a la mujer con el sensor y este pitó enloquecido.

—Tiene un transmisor en el cuerpo. ¿Le revelaste información?

—¡Yo no tengo un transmisor!

—Cathy, por favor, dime que no lo sabías —preguntó Taichi tan nervioso y blanco como un papel, años alisándose la corbata y omitiendo información se habían ido a la mierda por la promesa de una familia junto a la rubia. Tomó sus hombros blanquecinos y reiteró la pregunta a la par del policía que no paraba de interrogarlo a sus espaldas—. ¡Dime que no lo sabías!

—¡Claro que no! ¡Taiki, diles que ya no trabajo para la Organización! ¡Taiki!

—¡Suéltenla! —rugió el chico y se interpuso entre el diplomático, el policía y su madre.

—… Está dentro de su nariz… —indicó la voz de Koushiro desde el transmisor en una de las manos de Ken—… Introduce el sensor en su fosa nasal izquierda y hará el trabajo. Dolerá un poco…

Ken obedeció a la voz del transmisor, botando este aparato de comunicación al suelo para sujetar a la mujer francesa y así meter el sensor dentro de su nariz como le había ordenado, su hijo solo observó la escena, pasmado por la rapidez y destreza del uniformado para neutralizar a la mujer dispuesta a golpear solo para evitar que la lastimaran. Catherine se movió descontrolada cuando la máquina reptó por su tabique hasta dentro y entre los tres hombres tuvieron que retenerla. Cuando por fin se detuvo, sonó un click y ella se desvaneció.

—¡Mamá!

—Tranquilo, estará bien —dijo Ken, pisando el aparato que extrajeron desde el interior de la mujer—. Ahora dime exactamente qué fue lo que le dijiste, Taichi.

—Saben…, dónde está…, Genai.

Ken perdió el habla por unos segundos y el transmisor en el suelo se cortó.

—¡Todas las unidades disponibles síganme! ¡Ahora! —gritó el policía y se retiró al vehículo corriendo.

Catherine estaba desplomada en los brazos del político, los mechones de cabello rubio que caían sobre su rostro angelical los removió lentamente con uno de sus dedos mientras que el hijo de ambos seguía pasmado ante lo sucedido. Nada de lo que hacía podía protegerla, no quería que la culparan por algo que seguramente le fue implantado durante su cautiverio y sin su conocimiento.

—Padre, ella no lo sabía.

—Lo sé. —Sin embargo, Taichi quería escucharlo de su propia boca—. Ven, daremos un paseo.


Saben…, dónde está…, Genai.

Koushiro se levantó rápidamente del asiento y tiró de su micrófono para irse a la puerta blindada. Imaginaba que Mimi ya estaría aburrida de gritarle para que saliera a ser su esposo y ya se había recostado en la cama para ver televisión en la segunda planta, allí estaría más segura. Ingresó la clave con las manos temblorosas en el panel digital y erró las primeras veces, puso los ojos en blanco ante su torpeza, su esposa le había dicho que usara sus huellas dactilares para evitar memorizar una clave… Cómo deseaba haberle hecho caso en esos momentos. Las huellas dactilares era fácilmente copiables ya que se iban dejando por doquier y no era tan seguro. ¡Pero a la mierda la seguridad!

—2… 3… 0… 8… 1… 1… 8… 5… 7… 2.

La puerta pitó y la luz verde se encendió. El pesado engranaje empezó a moverse con lentitud y el vapor de nitrógeno líquido bañó el lugar a medida que se iba liberando, pero era demasiado lento. Nunca había estado tan desesperado por salir de su grata soledad. Faltaban dos eternos minutos para que el mecanismo de seguridad y blindaje contra el espionaje se abriera por completo y él estaba con las manos en la cabeza intentando calmarse.

Corrió hasta la súper computadora y tecleó unos códigos para que en la pantalla se mostraran las imágenes que arrojaban las cámaras de seguridad mientras la barra del mecanismo de seguridad todavía marcaba el 18 %. Su hijo apareció escuchando música en su pieza completamente desordenada y su hija en la propia, ensayando frente un atril una canción en su violín digital con sus respectivos audífonos para oír cada nota digital con mayor calidad. ¡Pero su esposa! No la veía ni en la habitación principal, ni junto al teléfono… ¡Cocina!

¡Koushiro! Necesito que rastrees las señales que salgan de los hombres que están o estarán en tu casa. —escuchó la voz de Taichi ingresar en la instancia blindada, estaba dentro de su automóvil en el cual tenía acceso completo a la comunicación con él desde allí, siempre y cuando el recinto estuviese blindado y libre de señales espía.

Koushiro vio la barra que marcaba el 50 % resignado.

Acabaremos con esto de una buena vez.

—Mandaré apoyo, mantén en línea el tablet.

Entendido.

La puerta se detuvo y la luz cambió a roja al estar todavía conectado a la red de Genai.

Tecleó, la barra del mecanismo de seguridad empezó a disminuir y Genai apareció ante él en forma holográfica.


Taiki sacó el tablet desde la guantera y se rió por la tecnología tan antigua que su padre biológico guardaba. Al encenderse, apareció la cara Agumon mirándolo directamente a los ojos y lo soltó ante el susto.

—Agumon, te presento a mi hijo: Taiki.

—¿Tu hijo? ¿Cómo dejaste que se hiciera eso en el cabello?

Taiki frunció la boca, enfadado.

—Una larga historia —dijo el diplomático y siguió manejando sin un rumbo fijo, el pelirrojo estaba sumido en mutismo por lo que intuía que pronto tendría coordenadas.


—¿Quiénes son ustedes? —dijo Mimi cuando vio varios hombres fornidos entrar dentro de su casa. Todos vestidos de negro, botas de militar y armados hasta los dientes.

No molestaron en responderle y empezaron a registrar su casa. Ella se escabulló a la cocina y tomó entre sus más preciadas pertenencias el cuchillo más grande que poseía y lo blandió cuando estuvieron cerca de la cocina, no dejaría que tocaran a sus hijos mientras ella viviera. Dos hombres ingresaron y vieron a la mujer.

Del horno digital salió una luz y Togemon apareció repartiendo golpes con su cuerpo completamente inclinado e incómodo al no poder contenerlo la casa de Mimi. Uno de los hombres cayó al suelo a causa de un golpe certero en su rostro y el otro arremetió disparando en contra del enorme monstro digital.

Mimi se escondió detrás del mesón del lavabo.

—¡Koushiro me las pagará!


—Tienes que estar bromeando conmigo —dijo Taichi al estacionar en la casa en una zona residencial que le parecía bastante familiar. Su hijo puso cara de pregunta pero él simplemente no respondió y bajó del auto —. Koushiro, haz que Floramon cuide de Cathy.

—¿Floramon? —preguntó Taiki pero su padre biológico volvió a mantenerse en silencio—. Mira, viejo, tienes que decirme qué es lo que pretendes.

—Apunta el tablet hacia tu madre —le dijo entonces y abrió la puerta de los asientos traseros, donde la hermosa rubia todavía yacía desvanecida. Cuando lo hizo, una luz brillante colmó el interior del vehículo para luego aparecer la compañera de infancia de Catherine. Taiki permaneció mudo—. No imaginas todo lo que puedes hacer con tecnología antigua —luego, se dirigió a Floramon—. Cuídala, ¿sí? Volveremos pronto.

—¡Sí! —replicó con una vocecilla tierna y de gnomo.

—No imagino si tendrás un Agumon como yo o Floramon como Cathy —rió él camino a una gran residencia—. Ya lo sabremos cuando todo esto termine…

—¿Qué terminará? Esto no parece más que una casa ordinaria. Vamos donde fue el policía y el resto.

—Créeme, aquí vive el pez gordo..., al menos debemos creerle a Koushiro.

Frente a la puerta y antes de ser bañados con una luz brillante de la entrada floreada de la hermosa residencia, Taiki lo detuvo tomándolo del brazo con una brutalidad desmedida. Taichi se dejó arrastrar por su hijo hasta la oscuridad que había en los límites con la otra casa y allí esperaron.

—No puedes entrar por la puerta principal, estarán preparados, ¿dónde queda el factor sorpresa? Si queremos entrar, lo haremos por la puerta trasera o alguna ventana…

—Dime, hijo… ¿Eres un delincuente?

—No, pero tampoco soy un estúpido, padre —dijo con una sonrisa irónica—. Ven, veremos si podemos entrar.

Al diplomático no le quedó otra opción que seguir al chico. Cuando todo eso terminara, lo obligaría a raparse para volver a su color natural y haría que Mimi se lo llevara de compras, Catherine tenía buen gusto pero era demasiado permisiva. Lo siguió hasta el patio trasero y por la puerta desprotegida. La casa estaba demasiado oscura y solo se oía el tecleo en la segunda planta. Taiki se volteó y puso un dedo sobre sus labios para que su padre se mantuviera callado y le indicó con un gesto con la cabeza que lo siguiera.

En el pasillo golpeó y noqueó a un hombre que las hacía de guardia enfrente de la puerta que anteriormente el padre planeaba llamar; en silencio dejó el cuerpo inmóvil sentado en la escalera en una posición que lo simulaba aburrido, con ello, a Taichi no le quedó duda de que su hijo había sido parte de una pandilla francesa. A Taiki eso simplemente le causó gracia.

¿Jean Pierre? —oyeron desde la planta alta al mismo tiempo de que el tecleo cesaba, seguramente ese era el nombre del guardia inconsciente en la escalera. ¡Estaba rodeado de franceses!

Se apresuraron en subir las escaleras y descubrieron que en la habitación principal se encontraba dueño de hogar.

—¿Sabes lo decepcionadas que se sentirán tu hija y tu nieta, que además es mi ahijada, Takenouchi?

—¡Taichi! —gritó el hombre aun sentado delante de una súper computadora muy parecida a la de Koushiro—. ¿Cómo entraste?

—Eso no es importante.

—¡Sube las manos, viejo! —gritó el chico neonazi apuntándolo con un dedo, parecía demasiado alterado. Era extraño que lo amenazara de esa forma tan salvaje, y demasiado perverso si no tenía arma más que sus puños, y Taichi notó entonces que Takenouchi apretaba casi imperceptiblemente un botón debajo de su escritorio y supo que su hijo sabía de esas cosas.

—Vete, vendrán mis hombres en unos segundos. Es bueno para tu ahijada, que es mi nieta, que no salgas lastimado.

—No puedo creer que seas el pez gordo.

—Padre, se acercan —puntualizó su hijo al oír un tumulto en la planta baja—. ¡Padre!

Taichi le arrebató el tablet y apuntó hacia el pasillo que daba a las escaleras.

—Tu turno, Greymon.


Catherine despertó sobresaltada y en su regazo reposaba Floramon.

—¿Qué?

—Acabó Cathy —oyó a Taichi y miró hacia los asientos de adelante, donde estaban él y su hijo con una sonrisa. Esa visión fue tan irrealista como volver a ver a Floramon, padre e hijo estaban más idénticos que nunca, a pesar del cabello decolorado de Taiki—. ¿Sabías lo del transmisor?

—¡Claro que no!

—Bien, los invitaré a cenar si ese es el caso. Tienen que ponerme al tanto de qué es lo que les gusta. Son años de ausencia… —Miró a Taiki, quien tenía sobre sus piernas a Agumon—, ¿tienes novia?

—No. —El menor lo miró enfadado, casi podía ver un leve sonrojo tiñendo sus mejillas.

—¿Novio?

—No.

—¡Tenía que preguntar! No te he visto en años —rió culposo, no quería decir que no lo había visto nunca. Arrancó el automóvil—. Quiero presentarte a mi ahijada, hasta ahora había sido la chiquilla más importante en mi vida. Seguro no le molestará si la pasamos a buscar…


Fin.


¡Y lo terminé! Un final abierto más que nada. Amé este cap como no tienen idea D: Siento que es el mejor del género que he escrito. Y Jean Pierre, el guardia, tiene razón de ser, su historia es la sgte: CieloCriss me pedía spoilers de quién era el chico neonazi que raptó a Taichi y yo le dije que era Jean Pierre, el hijo de Catherine, para desviar el tema. No es taaan spoiler. CieloCriss, apareció tu amado Jean Pierre (?)

Agradecer infinitamente los reviews de Digific, Ragdoll Physics, CieloCriss y ChemicalFairy :)