Aclaración: esta es una adaptación de Safier. D. con los personajes H.P de nuestra amada J. K.R, en un universo alterno espero que lo disfruten…
CAPITULO VII
LEY DE LA PACIENCIA Y LA RECOMPENSA
Todas las recompensas requieren de un esfuerzo inicial.
La mayor gratificación es la que demanda más dedicación, paciencia y persistencia.
Amar nuestro sitio en el mundo recompensará nuestro esfuerzo a su debido tiempo.
Justo cuando hayamos aprendido la importancia de estos valores.
-Donde no hay riesgo, no se gana mérito-
-RONALD LA ARAÑA-
En aquel momento, el hecho de saber que, si moría, volvería a reencarnarme en hormiga no me servía de consuelo. Por un lado, no podría avisar a tiempo de la inundación a las hormigas y perdería una ocasión inmejorable para acumular karma. Por otro lado, no tenía el más mínimo interés en ser devorada lentamente por una araña.
-No es que tengas mucha carne -objetó la araña.
Yo estaba demasiado espantada para atender esa queja.
-Pero no estará mal como tentempié -prosiguió.
¿Tentempié?, me pregunté, ¿de qué conoce una araña la palabra «tentempié»? Seguía descendiendo hacia mí, lentamente. No tenía motivos para tener prisa.
-Bueno, me llenarás el estómago hasta la hora del almuerzo.
« ¿Almuerzo?», pensé, «¿esa araña también conoce la palabra "almuerzo"?».
Y comencé a darle vueltas:
¿Podía ser? ¿Y por qué no? Era una posibilidad. La araña ya estaba justo encima de mí en la telaraña.
-Bueno, hormiguita. Ahora tendría que rociarte con veneno. Pero, francamente, no soy amigo de la comida con sustancias tóxicas. Así es que perdona, pero prefiero comerte viva.
« ¿Sustancias tóxicas?», medité. ¡La posibilidad acababa de convertirse en certeza!
La araña abrió su inmensa boca. Rápidamente dije:
-Usted también es un humano reencarnado, ¿verdad?
La araña apartó la boca, la cerró y movió la cabeza a un lado y a otro, pensativa.
-¿Tengo razón? -insistí.
Al cabo de unos instantes, la araña asintió con cautela. Mi sentido de la alarma dejó de trabajar y, un poco más relajada, añadí:
-Yo también me he reencarnado. Me llamo Hermione Granger.
-¿La presentadora de televisión?
-Sí, la misma -contesté aliviada y, en cierto modo, halagada de que me conociera.
-Y usted, ¿quién es?
-Era.
-¿Quién era?
-Ronald Weasley -contestó la araña.
Busqué en el disco duro de mi memoria, pero no obtuve ningún resultado para Ronald Weasley.
-No se esfuerce. Usted no me conoce -dijo la araña-. Yo era un don nadie. Aquello me sonó a dechado de autoconfianza.
-Nadie es un don nadie -dije, utilizando el tono distendido y afable que había aprendido a usar con los entrevistados difíciles.
-Yo sí -replicó-. Usted era presentadora de televisión. Yo, un insignificante funcionario gordo del sector del tratamiento de aguas residuales.
-Oh, también es una profesión interesante –contesté en un tono distendido aún más afable.
-¿Y qué tiene de interesante?
-Bueno, ejem... Todo. Las aguas residuales son muy interesantes -dije.
En aquel momento me di cuenta de que las arañas también podían mirarte en plan de «A mí no me jodes».
-Alguien como usted no me habría mirado ni con el culo -afirmó Ronald Weasley.
-Pues claro que sí -dije, con empeño-. Hasta con la cara.
-Pero si incluso ahora sólo habla conmigo porque me la voy a comer.
« ¿Voy?», pensé, « ¿ha dicho "voy"?». Tendría que haber dicho «iba». No me gustó nada el uso del presente. Mi sentido de la alarma comenzó a activarse de nuevo.
Tan tranquila como pude, dije:
-Me gustaría saberlo todo de usted. Suélteme y podremos charlar.
-¿Quiere charlar con alguien que a los treinta y tres aún vivía con su madre?
-Ejem..., sí -mentí.
-No la creo -replicó.
-No hay motivo para no creerme -dije, y me di cuenta de que mi voz no sonaba nada creíble.
-Malgasté toda mi vida -comenzó a lloriquear Weasley -. No hice realidad ni uno de mis sueños.
¿Sabe que nunca bailé desnudo bajo la lluvia?
-No... -y no había nada que pudiera interesarme menos.
-Me habría encantado bailar desnudo bajo la lluvia -suspiró-. ¿Ha bailado alguna vez desnuda bajo la lluvia?
-No -contesté ciñéndome a la verdad. No me iban los resfriados.
-Mi madre, sí.
Miré hacia el cobertizo, que estaba al final de nuestro gran jardín, y oí a Harry maldiciendo mientras buscaba el adaptador para conectar la manguera.
-¡Suélteme, por favor! ¡Tengo que salvar un hormiguero del exterminio! - apremié.
A Ronald la araña, le desconcertó el cambio súbito de tema y le expliqué hablando a borbotones de qué se trataba.
-¡Me importan un pito esos bichos!
-Pero a mí no -grité.
-¿Va a seguir charlando conmigo o no? -preguntó.
-¡No! -respondí con poca visión táctica-. ¡Libérame de una vez, idiota! -Se había acabado el tratarle educadamente de usted.
-Mamá tenía razón, todas las mujeres son unas mentirosas.
No me gustó el rumbo que tomaba la conversación. Volvió a acercarse a mí. Ese rumbo tampoco me gustó. Y a mi sentido de la alarma, menos aún, pues hizo que casi me estallara el cráneo.
-¿Y qué piensas hacer? -pregunté, sin conseguir apenas tapar el nerviosismo de mi voz.
-Comerte -dijo lapidariamente.
Él también había renunciado al educado «usted».
-¡QUÉ! -exclamé.
-Tengo hambre.
-¡No puedes comerte a una persona!
-Tú no eres una persona. Eres una hormiga. Yo soy una araña. Así es nuestra nueva vida. Hay que adaptarse. Todo lo demás sería engañarse.
Esa manera de abordar el fenómeno de la reencarnación me pareció a todas luces demasiado pragmático. Weasley se acercaba cada vez más. ¿Qué podía hacer contra aquel loco? Pensé en ello a toda prisa y se me ocurrió una idea desesperada:
-Déjame ir o me tiraré un pedo en tu boca.
-¿Qué? -preguntó sin vocalizar apenas: ya tenía la boca muy abierta.
-Déjame ir o me tiraré un pedo en tu boca. Pensó en ello y luego dijo:
-Podré hincarte el diente igualmente.
-Pero no tendré buen sabor -contraataqué.
Ronald Weasley titubeó y luego replicó:
-Pero estarás muerta.
-Volveré a nacer -objeté.
Guardó silencio, confundido. Y yo añadí:
-Y antes de morir me habré tirado pedos en tu boca.
Y el sabor no se te irá en muchos días. Ronald la araña buscó un argumento en contra y, por desgracia, dio con uno:
-A lo mejor te engullo antes de que puedas tirarte pedos.
Ahora era yo la que buscaba un argumento contra su argumento, y también di con uno:
-Tirándome pedos soy más veloz que el viento.
Weasley titubeó. Un buen rato: buscaba un argumento contra mi argumento en contra de su argumento. Yo percibía su aliento cálido en torno a mi culo de hormiga. El pánico iba en aumento, mi instinto de huida se desbocaría en cualquier momento y yo intentaría escapar. Y entonces la mugrosa araña reencarnada me hincaría el diente. Mantenía una lucha conmigo misma. Dura. Al final no pude seguir combatiendo a mi instinto. Mis piernas se pusieron en posición de arranque, lo cual con toda seguridad significaría mi perdición.
En el último momento, Ronald Weasley dijo:
-De acuerdo, tú ganas.
Me liberó de los hilos pronunciando las siguientes palabras:
-No me gusta la comida que discute con uno.
Me estrellé contra el suelo. Me hice daño, pero me sentía increíblemente aliviada por no haber acabado aquella vida haciendo de tentempié de arañas. Miré a Harry, que salía del cobertizo. Había encontrado el adaptador para conectar la manguera. Salí corriendo, pero aún tenía las patas pegajosas de los hilos de la telaraña y se me pegaron en la terraza.
-¿Puedo ayudarla, madame? -preguntó Casanova, que había aparecido de repente detrás de mí.
Antes de que pudiera responderle, me quitó rápidamente los restos adherentes con sus numerosas patas.
-Gracias -le dije, y me dispuse a salir corriendo de nuevo.
-Quédese, por favor -me instó Casanova.
-Tenemos que avisar a las hormigas -repliqué, y salí corriendo hacia la entrada del túnel.
Casanova corrió detrás de mí:
-Se ahogará, madame. Y ahogarse no es una buena manera de morir -dijo Casanova, y me dio la impresión de que había pasado más de una vez por la experiencia de morir en el agua.
-oOo-
De las memorias de Casanova: Los avances que la humanidad ha realizado en los últimos siglos acostumbran a ser fatales para mí. En mi vida ciento seis fui a parar a una jofaina de cerámica blanca.
Tenía una superficie tan lisa que patiné y caí en unas aguas profundas. Las últimas palabras que pude oír tuvieron un carácter críptico para mí. Una voz masculina grave dijo: «Mira, cariño, he montado un limitador de descarga en la cisterna.»
-oOo-
-¡Necesito buen karma! -repliqué bravamente.
-Posee usted más valor que juicio -dijo Casanova suspirando, y me dio alcance.
-Para alguien que es famoso por su encanto, eso no ha sido muy amable que digamos -repliqué con una sonrisa forzada.
-Oh, al contrario: en una mujer, admiro el juicio y adoro la sensualidad, pero lo que más me impresiona es una mujer con coraje.
-Gracias -dije, sorprendida de repente de mi propia valentía: lo más corajoso que había hecho en mi vida humana había sido traer al mundo a Lily.
Poco antes de llegar a la entrada del túnel, Casanova me cerró el paso.
-¡No me detenga! -dije con rudeza.
-No lo pretendo -dijo Casanova-. Súbase a mi espalda. Lo miré con asombro.
-Puede que a mí también me vaya bien un poco de buen karma.
-Creía que acumular buen karma no iba con su disposición natural.
-Aún no hemos acumulado nada -replicó la encantadora hormiga sonriendo…
Hola!
Este capitulo es uno de mis preferidos, Ronald la araña, díganme si no es de lo mas irónico, jajaja.
Si bien Hermione Hormiga me encanta, hay que reconocer que Casanova se lleva todos los aplausos, lo adoro.
En fin veremos que le depara a este dúo. ¿Cual será su siguiente aventura, lograran acumular buen Karma?
Besos Anthares
P/d: Saludos para vos Susee, lectoras como vos pocas. Gracias por tomarte el tiempo de compartir tus opiniones las valoro mucho.
