Aclaración: esta es una adaptación de Safier. D. con los personajes H.P de nuestra amada J. K.R, en un universo alterno espero que lo disfruten…

CAPITULO VIII

LEY DE LA IMPORTANCIA E INSPIRACIÓN

El valor de algo es el resultado directo de la energía y la intención que se pone en él.

Cada contribución personal es también una contribución a la totalidad.

Las contribuciones mediocres no tienen ningún impacto, son tan comunes que se anulan entre ellas.

Pon todo tu corazón en cada acto para que obtenga el valor necesario.

-MOTIVOS EQUIVOCADOS-

Recorrimos el túnel a una velocidad de vértigo y nos detuvimos a poquísima distancia del suelo.

-¡Huyan! ¡Sálvense! ¡Pronto se inundará todo! –rugí con todas mis fuerzas. Las hormigas levantaron la vista un instante.

-¡Vamos, corren para salvar su pellejo! –continué gritando. No corrieron.

-¡Vamos! ¡Arriba! Siguieron sin correr.

-«Arriba» significa: ¡muevan el culo de una vez!

Me miraron de nuevo un instante con la mirada vacía y prosiguieron con su trabajo. Como yo no era su comandante ni mucho menos su reina, mis advertencias les importaban tres pitos. Ocurría lo mismo que en las grandes empresas: el sano juicio se estrella en la jerarquía interna.

-No le hacen caso, madame -dijo Casanova.

-Gracias, no me había dado cuenta –repliqué mordaz, y añadí- Iremos a ver a la reina. La reina es la única a la que las hormigas harán caso. Sólo ella puede ordenar la evacuación.

-Pero no somos precisamente sus hormigas preferidas -señaló Casanova.

-Da igual. ¡Quiero buen karma! -repliqué.

-Es usted muy cabezota -suspiró Casanova y alzó el vuelo hacia los aposentos reales.

Llegamos a la ventana panorámica, que estaba vigilada por dos sacerdotisas de la Guardia Real y nos detuvimos a la altura de sus ojos planeando y oscilando como un péndulo.

-¿Qué queréis? -preguntó una de las guardianas.

No nos reconoció, estaba claro que el día anterior habíamos huido de otras sacerdotisas.

-Queremos ver a la reina. ¡Es urgente! -exigí.

-La reina no recibe visitas no anunciadas.

-Pero es que se trata de la vida de todas las hormigas.

-La reina no recibe visitas no anunciadas.

-¿No sabes decir otra cosa que no sea «La reina no recibe visitas no anunciadas»? -pregunté irritada.

-La reina no recibe...

-¡Ya entendí! ¡Ya entendí! -la interrumpí.

Casanova me susurró al oído:

-¿Salimos volando?

-No -respondí y señalé hacia los aposentos de la reina-. ¡Entraremos volando!

Lo atravesé con la mirada.

-Leo en sus ojos que no podré hacerla cambiar de opinión -dijo Casanova suspirando.

-Ha leído bien -contesté.

Casanova voló trazando un amplio arco para poder tomar suficiente impulso y se lanzó a todo trapo hacia las sacerdotisas, que lo miraban con estoicismo. Eso sí, el estoicismo fue menguando a medida que nos acercábamos. Pasamos a velocidad punta entre las dos guardianas, que resultaron catapultadas a un lado por el aire que levantó nuestro vuelo y cayeron al suelo.

Debieron de hacerse daño, pero les fue mucho mejor que a nosotros.

-No puedo... -gritó Casanova en pleno vuelo vertiginoso.

-¿No puede qué? -pregunté, también gritando.

-¡No puedo frenaaaaaaaaar!

Nos estampamos contra la pared del aposento real y caímos atontados sobre el lecho real.

Eso, por sí solo, ya habría sido un sacrilegio.

Pero el hecho de que la reina estuviera durmiendo en el lecho empeoraba la situación. Caímos en blando, pero la queen estaba aún menos divertidaque en nuestro último aterrizaje forzoso sobre sucuerpo real

Casanova se rehizo primero y me dijo:

-Tengo la impresión de que la reina no está dispuesta a escucharnos.

Antes de que pudiera contestarle «Yo también», la reina levantó su monstruoso cuerpo y dijo con voz atronadora:

-Esta vez no llamaré a la guardia.

-¿No? -pregunté con una ligera esperanza.

-Yo misma os arrancaré la cabeza. ¡Aquí y ahora! -gritó.

Tragué saliva y ella empezó a pisotearnos con sus enormes patas.

-Escúcheme -supliqué mientras esquivaba los golpes-, ¡todos corremos peligro de muerte!

-Vosotros no. ¡Ustedes pronto estarán muertos! -dijo sin dejar de dar golpes, y me acorraló. En un rincón, el siguiente porrazo me daría de lleno.

-El hormiguero pronto quedará inundado por una marea gigante -dije precipitadamente.

La reina interrumpió el golpe. Sus dos patas delanteras se detuvieron a tan sólo un nanómetro de mi cráneo.

-¿Una marea? -preguntó.

-Sí, un humano...

-¿Qué es un humano?

-Disculpe, un grglldd -rectifiqué.

-El singular de grglldd es grgglu -me gritó Casanova.

-Disculpe, mi reina, un grgglu va a inundar el hormiguero -rectifiqué de nuevo.

La reina bajó las patas y constató:

-Los grglldd son muy capaces de hacerlo.

-Tiene que ordenar a las hormigas que abandonen la ciudad -insistí.

La reina me miró y me preguntó:

-¿Y por qué tendría que creer a una ridícula obrerita?

-Si no fuera por eso, no habría vuelto; al fin y al cabo, usted iba a ejecutarme.

La reina asintió, eso la había convencido. Y entonces dio la orden de evacuación.

Desgraciadamente, la reina no entendía lo mismo que yo por «evacuación».

-Traed de mis aposentos a los mejores amantes.

Nos iremos con ellos -ordenó a las dos sacerdotisas.

Las dos sacerdotisas salieron corriendo. La reina las llamó:

-¡Y que no se enteren las demás sacerdotisas de que nos largamos!

Miré a la reina, desconcertada.

-¿No quiere que las demás sacerdotisas lo sepan?

-Mis amantes sólo pueden llevarnos a mí y a las dos guardianas -me explicó, como si fuera lo más normal del mundo. Y se acercó a toda prisa a la ventana panorámica.

-¿Dejará que las demás sacerdotisas se ahoguen? -pregunté horrorizada.

-Sí, ¿y? -contestó la reina.

Las sacerdotisas entraron a toda prisa en el aposento en compañía de diez hormigas voladoras.

-¿No va a dirigir una proclama al pueblo?

-En una situación como ésta, cada segundo cuenta.

¡No puedo malgastar mi tiempo! -dejó bien claro la reina.

Luego se dirigió a sus amantes:

-Llevadnos a la superficie.

Las hormigas voladoras obedecieron. Dos de ellos cargaron con las sacerdotisas, mientras los otros seis cargaban entre resoplidos a la reina.

-No puede dejar que su pueblo se ahogue -grité.

-Lo que importa es la continuidad de nuestro pueblo -replicó la reina con los modales de los dictadores en una conferencia de prensa-. Yo tengo que salvarme para salvar al pueblo.

Dicho esto, ordenó a sus amantes que la llevaran por los aires.

Me quedé conmocionada: Harry anegaría la ciudad en cualquier momento, ¡y la reina dejaba a sus súbditos en la estacada! Me asomé consternada a la ventana: las pequeñas tropas pululaban por todas partes. Seguro que Krttx y Fss también estaban por allí. Ellas merecían seguir con vida mucho más que la reina.

-¡Tenemos que avisar a las hormigas! -dije a Casanova, sin tener la más remota idea de cómo iba a conseguir que esta vez me escucharan.

Entonces oímos el retumbar del agua que entraba bramando por el túnel.

-Demasiado tarde -dijo Casanova.

-Eso parece -asentí con tristeza.

-Al menos hemos salvado a unas cuantas hormigas -prosiguió Casanova-, a lo mejor basta para tener buen karma.

-Ojala -repliqué.

Y llegó la gran marea.

-oOo-

De nuevo vi mi vida con mi ojo espiritual: la huida de los aposentos reales, Ginny en albornoz, Harry desesperado, yo durmiéndome sobre la mejilla de la pequeña Lily..

En ese punto intenté con todas mis fuerzas detener la película. Quería disfrutar del recuerdo de Lily, de su respiración, de su cercanía, del besito de hormiga que le había dado... Quería saborear todo eso eternamente...

Pero el torrente de recuerdos se desbordó: divisé a la reina que huía y oí la marea. ¡Y vi la gran masa de agua que anegaba desde arriba el hormiguero! ¡Oí los gritos de las hormigas! Vi que la tierra de la cúpula cedía y nos caía encima. Noté que el agua fangosa me arrastraba...

Entonces se me nubló la vista...

Durante un segundo. Vi de nuevo la luz. Cada vez más clara. Era maravillosa. Me envolvía.

Pero supuse que volvería a rechazarme. Intenté con todas mis fuerzas no abrazarla. No entregarme a ella.

No quería volver a llevarme una decepción. Pero tenía las de perder, era demasiado dulce. Dejé de resistirme.

La abracé.

Me sentía tan bien. Tan protegida.

Tan feliz.

Entonces la luz me rechazó. Una vez más.

Me desperté muy triste. Había mentido a Casanova: era cierto que quería ahuyentar a Ginevra, pero una parte de mí anhelaba enormemente esa luz. Una parte muy grande.

El signore tenía razón: era como la zanahoria del burro.

Tenía la esperanza de no reencarnarme más en hormiga, aunque realmente no acababa de creer que hubiera escapado a ese destino. Al fin y al cabo, mi intento de salvar el hormiguero no había tenido mucho éxito. Sólo había logrado salvar a una reina que oprimía a su pueblo.

Sin embargo, si volvía a ser una hormiga, ¿por qué no veía nada? ¿Por qué sólo me notaba cuatro patas en vez de seis?

¿Y por qué demonios alguien me estaba dando lametazos?

-Estate quieta, pequeña. Sólo quiero asearte –dijo una voz afable.

Quise preguntar: « ¿Dónde estoy? ¿Quién eres tú? ¿Ya no soy una hormiga? ¿Qué pasa aquí? ¿Dónde está el chalado de Buda?»

Pero sólo me salió un largo «¡Iiiiiiiiiiiiiiiiiii!».

¿Era yo? Volví a intentarlo. Grité «¡Buda!», pero sólo se oyó «¡Iiiii!». De acuerdo, estaba claro que aquellos chillidos provenían de mí. ¿Era una cría de perro?

-Tranquila -me susurró la voz cariñosa en tono maternal.

«Tranquila, tranquila», pensé. «Estoy ciega. No puedo hablar. No tengo ni idea del cuerpo que tengo y una lengua no para de darme lametazos: ¿cómo demonios voy a estar tranquila?» -Iiiii -dije, pues, muy intranquila.

-Mi pequeña, no tengas miedo de la vida -susurró la voz afable.

«No tengas miedo de la vida»: eso estaría bien, pero antes quería saber de qué vida se trataba. ¿Quizás de la de un topo ciego? Pero no estábamos bajo tierra, podía notar los cálidos rayos del sol en mi cuerpo. O sea que no era un topo. Entonces, ¿qué? ¿Una oveja ciega? ¿Un perro ciego? ¿Una gallinita ciega?

-Bueno, ahora les toca a los demás -dijo la voz, y por suerte se acabaron los lametazos.

« ¿Los demás?», quise preguntar, pero también esa vez me salió únicamente un «Iiiiii». Entonces oí otro «Iiiiii», y otro y otro y otro. No estaba sola.

-oOo-

De las memorias de Casanova: Volví al mundo como mamífero, y mi corazón rebosó de felicidad, porque a partir de entonces mi vida amorosa cobraría con toda seguridad un merecido impulso.

-oOo-

-Pequeñines, no os pongáis nerviosos. Mamá está con vosotros -dijo la voz cariñosa. Y los otros «Iiiiiis» se fueron acallando.

«Mamá está con vosotros»: qué frase más bonita. Sin embargo, me recordaba lo que realmente iba mal.

Daba lo mismo en qué me había reencarnado, no estaba con...

-¡Lily! Mira cómo la mamá asea a los conejillos –oí decir a Harry. Una frase que desató un alud de pensamientos:

• ¡Lily está aquí!

• Y Harry también.

• Harry ha matado a casi todas las hormigas.

• Eso me enfurece.

• Aunque él no supiera lo que hacía.

• Él nunca había sido una hormiga.

• Ni un conejillo de Indias.

• ¡¿Era yo un conejillo de Indias?!

• Al menos, eso había dicho Harry.

• Él le había regalado una conejilla a Lily por su cumpleaños.

• Seguro que la voz era de esa conejilla. Y la lengua húmeda.

• O sea que la coneja de las narices estaba preñada.

• Por lo tanto, yo tenía razón.

• Y Harry se equivocaba. El muy idiota. (Ahí tienes tu test de embarazo Potter)

• Al menos, yo ya no era una hormiga.

• ¡Yupiiiiii!

• Había acumulado buen karma.

• ¡Más yupiiiiiiii!

• Era una conejilla de Indias.

• Realmente, eso no era motivo para ningún ¡yupiiiiiii!

• Eso era una mierda.

• ¿Cómo demonios iba a echar a la arpía siendo una conejilla?

-No es cosa tuya echar a Ginevra -dijo una voz que reconocí en el acto por su tono de Papá Noel.

Era Buda.

Y entonces, en medio de la oscuridad, surgió un conejillo de Indias tremendamente gordo, que me sonreía amistoso.

Era de un blanco radiante. Y cuando digo radiante, quiero decir radiante: tuve que cerrar los ojos para que el conejillo resplandeciente no me cegara. Buda ya lo había dicho en nuestro primer encuentro: «Adopto la forma de la criatura en la que se ha reencarnado el alma de la persona

Con un movimiento de pata, el conejillo Buda ahuyentó la oscuridad y en su lugar apareció un gran prado con los colores más vivos del technicolor. Se extendía hasta el infinito y por todas partes brotaban unas flores alucinantes que parecían salidas de un tripi* de los años sesenta. Estaba clarísimo: aquel escenario no era real.

Buda me había secuestrado para poder hablar conmigo sin que nadie nos molestara.

Tiene que ser divertido que puedas crearte tu propia realidad. Si yo pudiera, mi realidad sería como sigue: sería otra vez humana, no sería socialmente reprobable engañar al marido con Draco Malfoy y Ginny sufriría amnesia y viviría en el lago Titicaca.

Me miré y descubrí que era un cachorrito de conejillo de Indias. Tenía un pelaje marrón y blanco, y aún estaba pegajosa del parto.

-¿Por qué sólo me he convertido en conejillo de Indias? -pregunté y, antes de que Buda pudiera replicar algo, pataleé con mis patitas-. ¡Yo quiero ser un perro!

¡Quiero, quiero y quiero!

(Una semana antes habría considerado imposible que algún día llegara a decir una frase como aquélla.)

-Para reencarnarte en perro tendrías que haber acumulado más buen karma.

-¿He salvado a las hormigas que no tocaba? -pregunté.

-No.

-¿No?

-Las has salvado por el motivo equivocado.

-¿Por el motivo equivocado?

-Has actuado por razones egoístas. Porque quieres echar a Ginevra. Si hubieras hecho lo mismo de todo corazón, ahora serías...

-¿Un perro? -pregunté esperanzada.

-O algo superior -replicó mientras el prado de LSD se desvanecía lentamente a nuestro alrededor.

Ya sólo veía a Buda, blanco y radiante. Y, a su alrededor, una oscuridad intensa.

-Vive una buena vida -dijo el conejillo gordo, y se esfumó.

-Eh, ¡no puedes largarte sin más!

Pero, a esas alturas, ya sabía que aquel idiota podía hacer lo que quisiera. Volvía a estar sola en la oscuridad y pensé qué significaría «algo superior»: ¿un mono o incluso una persona? ¿Y de qué me serviría volver a nacer persona?

Sería más pequeña que Lily. Un bebé. Aun así, volvió a invadirme la esperanza: si fuera un bebé humano, a los dos años ya podría hablar. Se lo explicaría todo a Harry y no dejaría que se liase con la maldita arpía de Ginny.

A lo mejor él incluso me esperaría hasta que yo fuera mayor y volvería a casarse conmigo. Él tendría entonces unos cincuenta, y yo dieciocho...

Caray, si hasta estaba pensando en casarme de nuevo con Harry. ¿Aún sentía algo por él?

Sin embargo, esa fantasía tenía una pega: si la gente pudiera acordarse de todas sus reencarnaciones, igual que yo siendo hormiga y conejillo, ¿el mundo estaría lleno de gente que recordaría sus vidas anteriores? De gente que diría: «Yo era Humphrey Bogart* y estoy contento de ser mucho más alto.» O bien: «Yo fui bailarina en el Moulin Rouge, pero mis conocimientos de cancán no me sirven de mucho en la junta directiva de la Mercedes.» O bien: «Yo era John Lennon, ¿por qué ahora no paso a la siguiente ronda en Operación Triunfo*?»

Pero las únicas personas que recordaban vidas anteriores eran o Shirley MacLaine* o locos o ambas cosas.

Con todo, tanto si me reencarnaba en perro como en persona, ambas cosas serían mejores que una vida de conejilla roedora. ¡Tenía que seguir acumulando buen karma rápidamente!

-¿Puedo coger en brazos una de las crías? -preguntó Lily.

Yo estaba de nuevo en la jaula. Los rayos del sol ya no me calentaban, el cielo probablemente se había nublado. Tenía mucho frío.

La mamá me lamía los ojos pegajosos. Así pues, lo primero que vi en este mundo siendo una conejilla fue una lengua rosa. ¡Pero lo segundo fue Lily!

Parecía que, por un momento, se había olvidado por completo de su tristeza. La presencia de las cinco crías le alegraba el corazón.

-Porfa, porfa, ¡dame el que está en aquel rincón! -dijo señalándome a mí-. No para de mirarme.

El pulso me latía a mil. Quería que Lily me cogiera y me manoseara.

Harry abrió la puerta de la jaula. Mis hermanos gritaron de pánico: «Iiiiiiii...»

-No pasa nada, pequeñines -susurró la mamá-. Los walalalala no comen cobayas.

(Estaba clarísimo que mamá cobaya nunca había estado en China.) Mis hermanos siguieron chillando a pesar de aquellas palabras tranquilizadoras, mientras que yo seguía tan tranquila.

-El del rincón es el único que no tiene miedo -constató Lily.

-Pues cógelo -dijo Harry.

El pulso me latió aún más deprisa; Harry estaba a punto de sacarme de la jaula y de ponerme en brazos de la pequeña. Podría hacerle mimos, notar su proximidad...

-¿Qué hacéis ahí? -oí decir a Ginevra.

-Lily quiere coger en brazos una de las crías.

-Pero si acaban de nacer. Seguro que no les hará ningún bien -dijo la entrometida.

-¿Ningún bien? -grité-. Tú no tienes ni idea de lo que siente un conejillo de Indias. Tú nunca has sido un conejillo de Indias. Como mucho, una conejita de las otras.

Evidentemente, ella sólo oyó un sonoro «¡Iiiiiiiiiiii!».

Pero mi chillido hizo que los demás conejillos aún chillaran más.

-Lo ven, chillan de miedo -dijo con aires de «ven que yo tenia razón

Cerré en el acto mi boquita de conejillo. Pero no sirvió de nada.

-Tienes razón -dijo Harry y dirigiéndose a Lily, añadió-: Esperaremos a que sean un poco más grandes.

Cerró la jaula.

Y Lily volvía a estar muy lejos de mí…


¡Hola!:

¡Hermione ya no es mas una hormiga! Ahora es un conejillo de indias, ¿que aventuras le depararan? ¿Y casanova donde esta?

Tripi: es una droga mas conocida como LCD entres sus efectos, se incluyen alucinaciones con ojos abiertos y cerrados, sinestesia, percepción distorsionada del tiempo y disolución del ego.

Humphrey Bogart: fue un actor de cine y teatro EEUU. El estilo cínico y moralmente dudoso de muchos de sus personajes, el eterno cigarrillo siempre entre sus dedos y su condición de galán poco convencional son algunos de los rasgos más recordados de su filmografía.

Según la lista del American Film Institute, está considerado la primera estrella masculina más importante de los primeros cien años del cine norteamericano

OT: concurso de talento musical.

Shirley MacLaine: es una actriz, cantante, bailarina, escritora y activista estadounidense. Cree en la reencarnación.