Advertencia: Los personajes aquí mostrados son propiedad de Dreamworks y Willyam Joyce a excepción de los que no tengan relación alguna con las obras originales, esos son de mi autoría.

Aclaración: Los personajes de El Origen de los Guardianes se quedaran con sus nombres en ingles

Inglés-Español

Jack Frost-Jack Frost

Sandman/Sandy-Meme

Toothiana/Tooth-Hada

Bunnymund/Bunny-Conejo

North-Norte

Pitch Black-Pitch Black/Sombra

Este capítulo está dedicado a tod s mis lectore(a)s y a aquell s que comentan en cada capítulo. Gracias :)

Capítulo 15: Una Guerra en toda regla

-Un Caballero de la Luna.-Dijo Maldad, maravillándose de la mujer que tenían enfrente.- Creí aniquilarlos a todos en la Edad de Oro.

-Lo hiciste.-Contesto la castaña en tono frío y con una expresión seria. Su voz ya no era dulce y amable, sino dura y terrible.- Yo no pertenezco a esos tiempos. Nací bajo el seno de la madre Tierra.

-Por supuesto que sí.-Concordó Maldad.- Eres distinta. La energía que llevas es muy similar a la de los Caballeros de la Edad de Oro, pero puedo notar una gran superioridad por parte tuya.

-Libéralos.-Exigió la castaña, clavando sus penetrantes ojos grises en los rojos de Maldad.- Mientras aún puedas hacerlo.

-No puedo notar nada en ti.-Dijo Maldad, ignorando las palabras de la ojigris.- Secretos, amor. Nada, sólo un vacío muy profundo.

-El poder de los espíritus no puede afectar mi armadura y mucho menos traspasar su blindaje.-Explico la castaña.- El Zar que te encerró murió hace bastante tiempo. Persigues una venganza inexistente.

-Los pecados del padre pasan al hijo.-Refuto Maldad, sin apartar la vista de los ojos grises de la mujer.- Además, este universo necesita un cambio y yo energía.

-Con que así será.-Dijo la castaña con total tranquilidad.

Jack observo a la ojigris con detenimiento. Se veía imponente, vestida en su armadura blanca y con su inquebrantable expresión decidida. Era tan hermosa y misteriosa como la bóveda celeste por las noches. Tan flexible como un junco pero tan dura como el acero. Y se erguía orgullosa, como un faro de luz en medio de la profunda y amenazante oscuridad. Ella era una dama guerrera y era la única que no se veía pequeña al lado de Maldad, sino como una rival digna.

La castaña mantenía la vista en los profundos e inescrutables ojos de Maldad. Pereciera que un hilo de humo se formase por la grandeza que los dos mostraban.

Los heraldos aparecieron en la explanada de piedra de la fortaleza, siendo acompañados por Pitch. Todos se sorprendieron al ver una mujer de cabello castaño y de ojos grises estar de pie frente a su señor, sin titubear y sin verse amedrentada por la presencia de éste.

-Deberías colocarte tu casco, Caballero.-Dijo Maldad, viendo que la armadura de la castaña estaba incompleta y que ésta no portaba arma alguna.- También te serviría portar tu espada.

-Mi casco sólo me lo pongo ante una amenaza real, Maldad, señor de las Furias.-Dijo la castaña.- El cuerpo que habitas se ha hecho viejo y tú con él. El cuerpo del primer Zar tal vez te otorgue una apariencia más autoritaria, pero significará tu perdición, mi monseñor.

-Esto no es un cuerpo.-Dijo Maldad con un ademan que abarco todo su ser.- Es un trofeo y los trofeos no envejecen, sólo se empolvan. Pero debo agradecer a los guardianes por otorgarme un poder que hasta ahora desconocía. Y debo admitir que es…grandioso.

-No tengo una espada, porque mis manos serán mi arma en esta batalla.-Dijo la castaña.

Ambos se miraron por un largo tiempo, retándose con la mirada. Jack intento hablar pero ningún sonido salió de su boca.

-Maten a los guardianes, ya no me sirven.-Ordeno Maldad a sus heraldos, sin apartar la vista de esos ojos grises.- Yo me encargare personalmente de este Caballero.

La castaña se movió a una velocidad que parecía imposible, pues nadie la vio hasta que su puño conecto con el rostro ennegrecido de Maldad. El hombre fue lanzado hacia atrás; sin embargo no cayó y ataco de vuelta a una velocidad que no parecía posible para su tamaño. La castaña desvió el ataque y respondió con una poderosa patada dirigida al abdomen del gigante, éste recibió el impacto pero se mantuvo de pie.

Maldad estaba jugando con ella, pues quería probar su poder antes de matarla. Aunque estaba consciente de que la castaña también se estaba conteniendo.

Ninguno dijo una sola palabra y se lanzaron a una pelea bastante reñida.

La castaña esquivaba y bloqueaba todos y cada uno de los golpes de su atacante. Mientras Maldad recibía todos los impactos de la ojigris. La castaña tomo el brazo de Maldad con firmeza y lo lanzo contra una pared de piedra, haciéndola caer por la fuerza del impacto.

Maldad rió para sus adentros y regreso al ataque, lanzando una llamarada de fuego y un rayo de hielo. La castaña se mantuvo inmóvil y ambos ataques fueron detenidos por un campo de fuerza invisible.

-Veo que posees una telekinesis muy desarrollada.-Dijo Maldad con una horrible sonrisa y arremetió contra la castaña violentamente, pero con golpes bien direccionados y una velocidad controlada.

La castaña esquivo todos los ataques y propino a Maldad un puñetazo en la mandíbula, haciéndolo trastabillar. No obstante, mantuvo el equilibrio. La castaña arremetió esta vez contra el alto hombre, dando una certera patada en su rodilla, haciéndolo caer. Posteriormente le propino un rodillazo en pleno rostro, cosa que lo hizo caer de bruces.

Maldad se puso en pie instantáneamente sólo para recibir un demoledor puñetazo en el estómago y posteriormente una poderosa patada en la espalda. La castaña tomo uno de los brazos de Maldad y se lo rompió por completo. El hombre se soltó y golpeo a la castaña en el blindado abdomen, pero ésta contuvo el ataque y respondió con un cabezazo que impacto con la nariz de Maldad.

Ambos peleaban de una manera impresionante, pero era la castaña la que mantenía una clara superioridad en el combate. Esquivando cada ataque, bloqueando cada golpe y respondiendo con una fuerza increíble, una fuerza tal, que pronto, la mayoría de los huesos de Maldad estaban rotos. Pero el hombre no se inmuto en lo más mínimo y seguía con la batalla.

Bunny intentaba liberarse de las cadenas, tensionándolas con todas sus fuerzas. Era inútil, esas cadenas eran demasiado resistentes.

-Por fin.-Dijo Eris, portando una espada y aproximándose al pooka.- Ya era hora de que murieran.-La rubia levanto su espada en alto.

Bunny cerró los ojos, esperando el filo del arma sobre cuerpo. Pero nada ocurrió y volvió a abrir los ojos, sólo para encontrarse con que Eris había sido traspasada con una flecha que perforo su corazón. La rubia sólo miro atónita la flecha y después cayó al piso, sin vida.

Sullivan y Merilia, enardecidos por la muerte de su compañera, se lanzaron contra los guardianes para darles muerte.

Merilia fue decapitada por un solo golpe de una larga y reluciente espada, mientras que a Sullivan le fueron cortadas ambas manos y posteriormente, la espada se enterró en su cabeza, matándolo al instante.

Los guardianes vieron entonces a una mujer de ojos azules y cabello violeta, que vestía una verde armadura. Berenice desencajo su espada del cuerpo sin vida de Sullivan y corto con ella todas las cadenas que retenían a los guardianes.

-Hola guardianes.-Saludo Berenice, mientras su mano derecha era iluminada por una luz verde y con ésta curaba a todos los guardianes, de uno en uno.

-¡Berenice!-Bramo North, aliviado al ser salvado.- En hora buena.

-Les advertimos que no hicieran nada estúpido y fue lo primero que se les ocurrió.-Los regaño Berenice, cargaba en su espalda un arco y un carcaj con flechas.- Pero es mejor tarde que demasiado tarde.

Morgan Rage, poseído por la ira se lanzó contra el Caballero Verde, con su espada en alto. Berenice golpeo a Morgan en pleno rostro y le enterró la espada en el abdomen. Posteriormente desenvaino una daga, que introdujo con fuerza en los genitales del último heraldo. Acto seguido, Berenice le coloco una semilla a Morgan en el pecho y ésta libero numerosas y resistentes lianas que atraparon al heraldo.

Pitch quedo pasmado al ver a la mujer de cabello violeta asesinar a los heraldos con una facilidad enorme y atrapar a Morgan tan rápido. El rey de las pesadillas se dio cuenta de que nada podía hacer frente a esa dama de armadura verde y decidió escapar, utilizando las sombras como su vía.

-Hora de irse.-Dijo Berenice al mostrar un globo de nieve.- La Madriguera.-Dicho esto lanzo el globo de nieve al suelo y el portal se abrió.

Maldad se percató de la inminente huida de los guardianes y de la presencia de un segundo Caballero. No lo iba a permitir, nadie salía de Salummiprus sin su consentimiento. El alto hombre invoco a las Furias y acertó un golpe al rostro de la castaña. Su cuerpo se vio envuelto por relámpagos rojos y los direcciono al portal, consumiéndolo.

-Esa era mi último globo de nieve.-Dijo Berenice al ver que un ejército de cíclopes se cernía sobre ella y los guardianes.- Tendré que luchar después de todo.

Berenice desenvaino una segunda espada y comenzó a aniquilar cíclopes con facilidad.

Los guardianes se sorprendieron al ver que Berenice se encargaba por cuenta propia de más de una veintena de cíclopes; esquivando sus ataques y rebanando sus cabezas con ambas espadas. El largo cabello de Berenice ondeaba por la velocidad a la que ésta se movía, bloqueando las espadas y las hachas de batalla de las Furias. El Caballero Verde luchaba con una habilidad increíble, utilizando dos largas espadas como arma.

La castaña arremetió de nuevo contra Maldad, golpeándolo en las costillas y posteriormente propinándole una patada en los tobillos que lo hizo caer al suelo.

Maldad se puso en pie enseguida y su cuerpo volvió a cubrirse con relámpagos rojos.

La castaña se mantenía con una expresión seria, su respiración era agitada pero no sentía una pizca de cansancio. Ella también fue rodeada por relámpagos, con la diferencia de que éstos eran blancos.

Maldad y Blanco se miraron por un largo rato, retándose con la mirada. Los cimientos de la enorme fortaleza parecían estremecerse ante el poder de ambos individuos.

Maldad no le dio importancia y lanzo su ataque contra la ojigris. La castaña también lanzo sus rayos de energía a través de sus manos. Ambos ataques colisionaron ensordecedoramente, manteniéndose en un solo punto mientras luchaban por ganar terreno sobre el otro.

Los relámpagos rojos, lentamente fueron retrocediendo. La castaña aumento la intensidad de su ataque. Maldad no logró resistir más y fue golpeado por los relámpagos de la castaña. El alto hombre se cubría el rostro al tiempo que avanzaba hacia la ojigris, trastabillando y posteriormente utilizar ambas manos para no caer al piso y seguir acortando distancia.

Berenice hacia caer ambas espadas en los cuerpos rojizos de los cíclopes, matándolos en el acto. Más Furias se unieron al ataque, esta vez bestias y cíclopes arremetían contra el Caballero Verde. A Jack se le helo la sangre al ver docenas y docenas de Furias arremolinarse en torno a ellos. Berenice les ordeno que se quedaran juntos mientras ella asesinaba a toda bestia y a todo cíclope que se acercara, moviendo sus espadas a una velocidad increíble, pero por cada Furia que caía, dos más la reemplazaban. Entonces el negro cielo de Salummiprus se cubrió por bestias aladas que cayeron en picado hacia los guardianes y Berenice, ésta última dejo caer un puñado de semillas al piso y de ellas emergieron enormes matorrales y árboles delgados repletos de largas y gruesas espinas. Las bestias aladas morían al quedar atrapadas en esa trampa mortal; sin embargo los matorrales y los árboles se rompían con el impacto, cosa que debilito esa defensa.

Berenice actuó con rapidez, lanzando otro puñado de semillas de un saco amarrado a su cinturón. Esta vez emergieron raíces enormes que atrapaban a los cíclopes, aplastaban a las bestias y mataban de un solo golpe a las bestias aladas. Berenice envaino ambas espadas y tomo arco y flechas. Las Furias eran asesinadas por certeros disparos del arco que portaba el Caballero Verde. Los matorrales estaban en su mayoría aplastados y las raíces cortadas y una nueva y enorme oleada de Furias se cernía sobre los guardianes y la ojiazul.

Berenice se vio tentada a utilizar una semilla del tamaño de una nuez, nunca le había dado un uso, puesto que era una planta peligrosa la que emergía y solía ignorar sus órdenes. Pero si no la utilizaba sería aplastada por las Furias, ya que ni siquiera ella era capaz de enfrentarse a un ejército de gran magnitud.

-¡Verde! ¡Ahora!-Grito la castaña, deteniendo su ataque contra Maldad.

Berenice se colocó el arco en la espalda. De su cinturón colgaba un segundo saco y de éste tomo un puñado de semillas que lanzo contra Maldad. Pronto emergieron unas raíces de color verde chillante, muy resistentes, que rodearon al inmenso hombre y lo aprisionaron. Maldad corto y despedazo todas las raíces con facilidad. Ignorando que al hacer esto, había liberado un gas extremadamente inflamable.

La castaña entonces, dejo ir un pequeño relámpago que consumió el gas, creando una inmensa explosión que envolvió por completo a Maldad. La castaña no perdió el tiempo y miro al cielo, separando las densas nubes negras, haciendo uso de su telequinesis. La Luna llena se pudo vislumbrar.

La nube de polvo y granito se disipo, permitiendo ver que Maldad estaba de pie, con la piel de su cuerpo chamuscada y la quijada colgándole de una forma horrenda. La luz de la Luna golpeo a Maldad, destruyendo también la piedra de la fortaleza, hundiendo al inmenso hombre en un profundo cráter.

El ejército de Furias se detuvo en seco y se desvaneció, dejando una estela de arena roja. Las bestias aladas que antes inundaban los cielos ahora caían precipitadamente y morían al golpearse contra el suelo.

Pero Maldad era poderoso y tenía autoridad. Se irguió totalmente desafiando a la luz que lo atacaba con fuerza. Miró al cielo y la luz se apagó y todo se cubrió de nuevo por tinieblas.

Maldad emergió del cráter sólo para darse cuenta de que ni los guardianes, ni los Caballeros se encontraban ahí. Profirió un atronador grito que se escuchó incluso en los rincones más profundos de la Tierra. Por vez primera, una presa se le había escapado, justo cuando le iba a poner las manos encima.

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Bunny se abrazaba a la cintura de Berenice mientras surcaban los cielos en la montura del pegaso llamado Sigmund. Berenice sostenía las riendas al tiempo que mantenía en su lugar a Sandy.

Tooth se abrazaba a la cintura de Blanco, ambas montaban al pegaso llamado Freud. North montaba a un reno que corría por los cielos como si lo hiciese por tierra. Pero la castaña se percató de que Jack no se encontraba con ellos.

-¿Dónde viste a Jack por última vez?-Dijo la castaña lo suficientemente fuerte para que Berenice la escuchara.

-¡Estaba conmigo! ¡Pero lo perdí de vista cuando ataque a Maldad!-Respondió Berenice con un dejo de culpabilidad.

-Maldición.-Susurro la castaña.- ¡Tooth, necesito que vueles hasta montar el reno junto con North! ¡Debo buscar a Jack!- Tooth obedeció y utilizo la poca energía que le quedaba para llegar hasta North y rodear su cintura con sus brazos.

La castaña miro a Berenice y ésta asintió con la cabeza. Luego de esto la ojigris se separó del grupo y le dio instrucciones a Freud para ir al lugar donde probablemente se encontraría Jack Frost.

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La Antártida

La castaña viajo durante pocas horashasta que arribo al frío paisaje glacial. Se apio del pegaso y le ordeno que se marchara hasta que lo volviese a llamar.

La castaña camino durante un largo tiempo por la espesa nieve, mientras su vista era nublada por una tormenta. El frío aumentaba a cada segundo pero la ojigris no desistió. Encontrar a Jack era lo único que le importaba en ese momento. Logró escuchar gemidos de un llanto, gemidos que rebotaban en las montañas y llegaban hasta sus oídos como un eco. Un hilo de sangre brotaba de su labio debido al golpe propinado por Maldad.

Por fin pudo divisar una figura entre la nieve del suelo y la tormenta. Y de no haber sido por su entrenado ojo, jamás hubiese distinguido a Jack entre la tormenta. Se aproximó a él lentamente aunque a paso decidido.

-Jack.-Susurro la castaña, volviendo a hablar con una voz dulce. Jack estaba al borde de un acantilado, mirando al horizonte y sosteniendo su cayado con la mano derecha.- Ven conmigo, no es seguro estar así de expuestos, Maldad puede estar buscándonos.-Jack no dijo nada, simplemente se mantuvo en silencio mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas y se congelaban a mitad de camino.- Jack no pienso obligarte a venir, pero por ningún motivo te dejaré aquí.

-¿Por qué no lo harías?-Pregunto Jack dándose media vuelta y encarando a esos ojos grises que lo miraban con consternación.- Sólo soy un estorbo. Estoy y siempre estaré solo.

-No lo estas.-Replico la castaña mientras el hielo comenzaba a formarse en su armadura y ella temblaba de frío.- Me tienes a mí, a Berenice, a los guardianes…

-¡Ellos son unos hipócritas! ¡Unos mentirosos!-Bramo Jack con lágrimas en los ojos para después inclinar la cabeza y hablar con tristeza.- Creí que eran mi familia, pero me equivoque. Todos ellos me odian.

-Eso quedo en el pasado Jack.-Explico la castaña cruzándose de brazos para calentarse.- Habla con ellos y estoy segura de que todo se solucionara.

-¿Te has sentido traicionada de ese modo?-Pregunto Jack con melancolía.- ¿Has experimentado eso?

-Mi propia madre intento asesinarme cuando tenía 15 años y mi padre intento violarme y me asesino a los 19.-Dijo la castaña con total naturalidad.- Así que sí, sé lo que se siente. Pero es mejor tener esta conversación en otro lugar, es peligroso para ambos.-Jack negó con la cabeza y se dio media vuelta.

-Vete tú. Yo me quedaré aquí, a esperar a quienes me buscan.-Dijo Jack.- ¿De qué sirve vivir solo? No me queda nadie. A Berenice la conocí hace cinco días y casi no cruce palabra con ella y tú… bueno, tú Blanco me has dado a entender que no quieres mi confianza ni mi amistad o incluso algún lazo emocional.

-Las cosas cambian Jack.-Replico la castaña a quien la nieve comenzaba a cubrirle el cabello y el cuerpo.- Nadie debería estar solo, mucho menos un inmortal. Me tienes a mí, aquí, a tu lado. Permíteme ayudarte Jack.

-Es mejor que te vayas, te estas congelando. Es otra prueba de que yo debería morir.-Dijo Jack. La castaña se puso frente a él, mirándolo a los ojos, Jack desvió la mirada al instante, no quería enfrentar a esos penetrantes ojos grises que lo miraban con lástima.

La castaña lo abrazo:-No te dejaré solo guardián. Porque me importas y me preocupo por ti.

Jack correspondió el abrazo y se limpió las lágrimas. Eso era lo que necesitaba en ese momento: una persona que estuviese ahí para darle una razón por la que debía continuar, pero nunca se imaginó que esa persona sería el Caballero Blanco.

-¿Listo para irnos?-Dijo la castaña rompiendo el abrazo, a lo que Jack asintió.- ¡Freud!-Llamo la castaña y al cabo de unos minutos el pegaso se detuvo frente a ellos.

Ambos montaron y se marcharon. Jack se sentía demasiado débil como para emprender otro viaje.

Pasadas unas horas aterrizaron al lado de una larga carretera que se perdía en la distancia, donde el único atisbo de vida se presentaba en un motel pequeño. El sol estaba ocultándose y la noche se sernía sobre ellos. Ambos bajaron del pegaso y éste se marchó bajo pedido de la castaña. Los dos entraron al motel, en la recepción se encontraba una mujer de aproximadamente cuarenta años.

-Quisiera una habitación para dos.-Pidió la castaña mostrando un billete de 100 dólares.- Nombre no hay.

-Bienvenidos sean.-Contesto la mujer con una sonrisa, tomando el billete y entregándole a la castaña las llaves de su habitación. La mujer no le dio importancia a la manera tan curiosa de vestir de la ojigris; sin embargo, le llamo la atención el muchacho que acompañaba a la castaña. Se veía bastante joven, por supuesto que la ojigris también lo parecía, pero aquel albino parecía notablemente un poco menor.- ¿Qué edad tienes jovencito?-Pregunto la recepcionista a quien un montón de ideas extrañas comenzaron a inundarle cabeza, pues la inmensa mayoría de las personas se detenían en el motel para aliviar sus "necesidades" carnales. Jack no respondió, se quedó pasmado de la impresión ¡un adulto podía verlo! ¿Cómo era eso posible?

-Tiene la suficiente.-Dijo la castaña mostrando un segundo billete de alto valor. La recepcionista sonrió de nuevo y les dio la bienvenida.

-¿Qué hacemos aquí? ¿Cómo es posible que esa mujer me viera? ¿Y cómo es que puede verte?-Pregunto Jack atónito.

-Primero. Estoy muy, muy, muy, muy… ¡Muy! Cansada, guardián, hace cinco días que no duermo y a diferencia de ti, yo sí necesito cerrar mis ojos periódicamente.-Explico la castaña, en su rostro se podían ver muy bien sus ojeras.- Segundo. Maldad te arrebato una importante cantidad de poder, eso quiere decir que eres mitad espíritu, mitad humano común y corriente. Por eso tienes mechones de cabello castaño.-Dicho esto abrió la puerta y la cerro detrás de Jack.- Y tercero. Yo no soy un espíritu ni un guardián. Cualquiera puede verme y con total facilidad.

La castaña se quitó toda la armadura y la dejo en el suelo, posteriormente se retiró todas las placas de kevlar, quedando vestida con un traje de fibra de carbono que resaltaba su no exagerada, pero sí evidente musculatura. También se desvistió el traje, que era una sola pieza, y quedo en ropa interior blanca, provocándole un enorme sonrojo a Jack.

Jack se quedó hipnotizado con el busto de la castaña, que a su parecer tenía el tamaño perfecto: ni demasiado grande, ni demasiado pequeño. Pero aparto la vista de inmediato.

La castaña también se sonrojo y notó como le ardían las mejillas. No era una sensación extraña para ella estar semidesnuda frente a alguien ¡vamos! Incluso Berenice la había visto completamente desnuda…durante un largo periodo de tiempo, cualquiera experimente después de más de mil años de vida ¿o no?

Pero con Jack era distinto, con él se sentía distinta. Era como revelar algo de gran intimidad, cosa que ella trataba con sumo cuidado.

Decidió no darle más vueltas al asunto y meterse debajo de las sábanas de una de las dos camas de la habitación. Jack hizo lo mismo, aunque él no se cubrió el cuerpo, pues el calor aún le afectaba.

-¿Cómo lo hiciste Blanco? ¿Cómo lograste superar tu soledad?-Pregunto Jack, mirando al techo.

-Nunca lo hice, aprendí a vivir con ello al igual que Berenice.-Respondió la castaña, mirando al techo también.

-¿Esa es la razón de su…actitud? ¿Haber estado sola?

-No solo eso. Ella iba a tener un bebé antes de convertirse en Caballero, seis meses de embarazo según tengo entendido. Lo perdió y eso sumado a la soledad, le provocó una profunda depresión. Intentó suicidarse cinco veces, yo la salve dos. La única forma en que vio una salida fue en sonreír todo el tiempo y ser excéntrica.

-¿Dónde estuviste Blanco?-Pregunto Jack, cambiando el tema al recordar la advertencia de Berenice sobre jamás hablar con Blanco sobre su soledad.

-En el Concilio Lunar.-Respondió la castaña y dio un largo bostezo.- Ese tipo de reuniones suelen durar bastante tiempo. Pero no hablemos más, que necesitamos descansar.-Dicho esto la castaña quedo profundamente dormida, dejando a Jack con muchas preguntas en la cabeza.

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La Madriguera

Los guardianes avanzaron con lentitud sobre el pasto de la Madriguera. En todas partes había hadas pequeñas que estaban dentro de los pétalos de grandes y amarillas flores. En el centro de la Madriguera se encontraba un gigantesco y frondoso árbol y en su interior descansaban y se curaban los yetis de las heridas ganadas en la batalla. Todos dormían plácidamente.

-Ustedes también deberían descansar.-Dijo Berenice mientras revolvía su cabello violeta.- Yo dormiré durante un largo rato. Hacer crecer tantas plantas, luchar contra un ejército y sanar tantos individuos, todo eso en tan poco tiempo, resulta muy agotador es agotador.

-¿Qué hay de Jack?-Se apresuró North mientras se apoyaba en un bastón improvisado por él.- No volvió con nosotros, podría seguir en ese horrendo lugar.

-No lo creo.-Contesto Berenice manteniéndose despierta a duras penas.- Además, Blanco se encuentra en camino a su búsqueda.

-Deberíamos ir por él.-Propuso Tooth.

-Ni hablar.-Replico Berenice.- Si salen, sólo estarán exponiéndose al peligro. Jack estará bien, Blanco es muy poderosa. Posee telekinesis, electrokinesis y súper fuerza, no hay nadie más capacitado que ella para proteger a Jack. Yo sólo poseo vitakinesis* y cytokinesis*.

Los guardianes estaban preocupados por Jack, pero Berenice tenía razón, no había mejor protección sobre este mundo que aquella brindada por el Caballero Blanco. Todos se fueron a dormir a sus respectivas habitaciones. Berenice se dejó caer sobre el suave pasto de la Madriguera y se quedó dormida al instante.

A Tooth le tomo bastante tiempo conciliar el sueño, pues el hecho de que Maldad le revelase su más profundo secreto a Jack, no la dejaba tranquila. Cuando hubiese descansado lo suficiente buscaría al joven guardián y hablaría con él, arreglaría las cosas. Pues lo amaba, incluso cuando sospechaba que Jack ya no sintiese lo mismo por ella.

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En el Motel

La noche dominaba el lugar, dejando caer su espectral oscuridad sobre el motel. Jack se revolvía en su cama, estaba muy inquieto, pues una pesadilla atormentaba sus sueños. Los guardianes se encontraban con él, contándole sus secretos, pero lo hacían con odio y con mucha repulsión en su contra. Mientras tanto, Pitch Black se deleitaba con el miedo y el sufrimiento del albino hasta que fue extraído de la mente de éste último.

Pitch se vio a sí mismo, de pie, en la oscura habitación del motel, no se podía mover y las sombras se negaban a acudir en su ayuda. Una mujer de ojos grises y cabello castaño lo miraba de una forma amenazante.

-Ya ha sufrido demasiado.-Dijo la castaña refiriéndose a Jack.- No permitiré que lo tortures más. Vete ahora mismo si no quieres morir.

Pitch recobró la movilidad y se marchó a través de las sombras. La castaña dio un largo suspiro de cansancio; no había dormido en cinco días y la pelea con Maldad resulto muy agotadora, en especial porque tuvo que hacer uso de sus habilidades para salir victoriosa.

La castaña se acercó al durmiente Jack, recordando los tiempos en los que solía ser un muchacho risueño y entregado a la diversión. Ella se sorprendió cuando Jack lanzo una bola de nieve al rostro del rey de las pesadillas en un momento muy tenso, sólo para divertir a Jamie Bennet, la última luz. Ella estuvo ahí, no porque le hubiesen ordenado ayudar a los guardianes, sino por voluntad propia, puesto que un evento como la casi total pérdida de la fe, no era uno que se repitiese tan a menudo. Pero Maldad era distinto, él era mucho más poderoso y él era más que capaz de destruir la vida. Maldad rompió a Jack Frost; el guardián de la diversión parecía haberse desaparecido y en su lugar quedo únicamente el solitario espíritu del invierno.

La castaña se las arregló para meter a Jack debajo de las cobijas de la cama. Lo observó un momento, el joven guardián estaba sudando frío y el miedo aún estaba presente en él. La castaña se recostó junto a Jack, acurrucándose en el pecho de éste y entrelazando sus desnudas piernas con las del albino, que seguían cubiertas por su pantalón.

Jack calmo su respiración y el miedo pareció abandonarlo. Al sentir a una persona acompañándolo en la cama, se sintió feliz. El joven guardián rodeo con sus brazos a la ojigris, atrayéndola más hacia él. La castaña depósito un gentil beso en la frente de Jack y cerró los ojos.

Y fue así como cayeron en un profundo y placentero sueño, mientras se abrazaban el uno al otro.

Jack despertó lentamente y sintió que faltaba algo en la cama, a su lado. Inspeccionó la habitación en busca de la castaña, pero no estaba por ninguna parte. Entonces, el joven guardián se levantó de un salto y una amarga tristeza lo cubrió. Blanco lo había abandonado "Lo sabía, no puedo contar con nadie", pensó.

Estos pensamientos abandonaron a Jack cuando escucho el caer del agua. Se acercó a una puerta en la habitación que debía resguardar el baño y pego el oído, pudiendo escuchar como una melodiosa y hermosa voz tarareaba una bella melodía. Jack se quedó un momento allí, disfrutando del canto de aquella voz tan hermosa. Acto seguido la voz se detuvo y escucho como el grifo del agua se cerraba. Se apartó de la puerta justo a tiempo, pues fue abierta por la castaña quien tenía el cuerpo cubierto por una toalla blanca.

Jack se sonrojó y bajo la mirada, la castaña simplemente dejo ir una risa divertida.

-Buenos días dormilón.-Saludo la castaña con una radiante sonrisa.

-Blanco… yo creí…pensé que.-Jack trataba de acomodar las palabras, pero estaba distraído con la pálida y reluciente piel de la castaña quien poseía pecas y lunares en los hombros.- Por un momento pensé que te había marchado.

-Puedes confiar en mí, guardián.-Dijo la castaña al tiempo que ponía una de sus manos sobre la mejilla de Jack.- No te abandonaré nunca Jack. Ahora somos algo así como amigos, pues sabes cosas sobre mí y yo de ti. Si me disculpas quisiera vestirme.

-¿Uh? Sí, lo lamento.-Dijo Jack dándose media vuelta con el rostro rojo como tomate. Tomo un momento pero por fin la castaña le aviso que podía mirarla libremente.

-Hoy será un día largo.-Advirtió la castaña mientras se secaba el cabello con la toalla, estaba vestida con el traje de fibra de carbono.- Ahora parece que tienes cabello castaño con mechones blancos. Debemos hacer que muchos niños crean en ti y te sentirás mejor.

Jack asintió y abrazo a la castaña. Ella correspondió el gesto y después de un largo rato se separaron.

-Algún día tendrás que hablar con los guardianes.-Dijo la castaña mientras Jack la rodeaba con sus brazos por la cintura y antes de que pudiese replicar continuó.- Sé que no estás listo, pero eventualmente tendrás que encararlos.

-Como tú digas.-Obedeció Jack.

-Antes de irnos debemos desayunar.-Dijo la castaña.- Traje un pollo ahumado y algo de café.

Jack se sorprendió al sentir como gruñía su estómago ante la mención de comida. De verdad se estaba convirtiendo en alguien normal. Durante el desayuno Jack decidió que debía hacer una pregunta importante.

-No quiero sonar molesto pero, ¿por qué no mataste a Maldad? Pude ver que lo superabas en poder.

-No podría matarlo ni aunque mi vida dependiera de ello y eso lo sabe él.-Respondió la castaña y le dio un sorbo a su vaso de café.- Maldad es un ser especial, su existencia está ligada a los seres vivos que lo rodean. No lo puedo matar porque mientras exista una persona que corteje el mal él no podrá desaparecer. Pero sí que hay una forma de matarlo y es utilizando un arma especial que esta oculta. Se trata de una espada: El azote de los Zar.

-¿Sabes dónde está?-Pregunto Jack con suma curiosidad.

-En muchos lugares.-Respondió la castaña.- Pero no puedes saber más acerca del tema. Se trata de algo confidencial, algo de lo que no tengo permitido hablar.

-Entiendo.

-Hora de irnos. Partiremos en Freud, él nos llevará a Rusia.

-No sé si pueda hacerlo Blanco.-Replico Jack.- Se supone que debo divertir a los niños y ni siquiera puedo esbozar una sonrisa.

-Lo lograrás.-Dijo la castaña con una cálida sonrisa.- Eres Jack Frost, guardián de la diversión, ¿cómo lo sé? Porque la Luna me lo dijo.

La castaña lo beso en la mejilla y se puso en pie, tendiéndole una mano a Jack que éste acepto gustoso. La ojigris se vistió las placas de kevlar y posteriormente la blanca y reluciente armadura.

Ambos salieron del motel, no sin antes recibir una mirada de desaprobación por parte de la recepcionista, quien confundió el agua en el cabello de la ojigris con sudor, posiblemente causado por la "acción" que ellos tuvieron durante la noche.

Freud aterrizo sobre la solitaria carretera y se marcharon con destino a Rusia.

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Salummiprus Nucibtiru

Maldad estaba sentado en su trono silenciando las voces que si bien no perturbaban su mente, si la distraían bastante. Había absorbido la vida y el poder de tantos individuos a lo largo de los milenios, que las voces de todos ellos se asentaron en su mente, implorando piedad, rogando por la oportunidad de salir de su cuerpo; pues cada vez que absorbía a alguien se llevaba consigo una parte de su alma. Y en lo más profundo de psique, se encontraba la voz latente y casi extinta del primer Zar Luna, quien solía ser el dueño del cuerpo que Maldad ahora utilizaba.

El cuerpo que habitaba estaba desgastándose a una velocidad alarmante. La epidermis de su piel había sido consumida por completo en la explosión, dejando escasos rastros de la dermis. Los músculos del cuerpo estaban casi totalmente descubiertos, al rojo vivo. Maldad parecía un cadáver en descomposición. El Caballero de la Luna tenía razón, mantenerse en ese huésped terminaría siendo un estorbo e incluso una debilidad. Debía cambiar de cuerpo y pronto, pues los poderes que antes poseía ya lo estaban abandonando, incluso la energía de los guardianes ya había desaparecido por completo.

Tenía otra cuestión en su ocupada mente, la aparición de los Caballeros de la Luna suponía un cambio drástico y enorme de todos sus planes. Hasta ahora sólo se habían presentado dos, pero estaba completamente seguro de que no eran los únicos. Aquellas mujeres, muy bien entrenadas a su parecer, acabaron con casi todos sus heraldos de manera sencilla y lograron hacerle frente a una cantidad importante de Furias. Sin lugar a dudas, estos Caballeros eran más poderosos que aquellos que vivieron en la ya perdida Edad de Oro. Incluso uno de ellos se mostró superior a él, pues poseía habilidades extraordinarias y pudo ocasionarle un daño enorme, arrebatarle una gran cantidad de poder y escapar con los guardianes.

Hacía bastante tiempo que no se presentaba ante él una resistencia y una batalla de tal naturaleza.

Las Furias desaparecieron con la mayoría de su poder, pues éstas dependían de una gran cantidad de energía para existir. Sólo quedaba un puñado de ellas que defendían el extenso territorio de Salummiprus y su gigantesca fortaleza. Los cadáveres de sus heraldos sirvieron como alimento para las bestias y Morgan Rage, quien logró sobrevivir, se estaba recuperando de sus heridas. Maldad llegó a la conclusión de que estaba expuesto y era vulnerable, tal vez nunca podrían matarlo, no sin "El azote de los Zar"; sin embargo, podrían ocasionarle un daño del que jamás se recuperaría. Pitch Black había huido, pero poco o nada le importaba, ya que el rey de las pesadillas era patético.

En su circunstancia, sólo existía alguien capaz de matar a los Caballeros de la Luna y era otro Caballero, pero ¿dónde encontraría a un desertor?

Y como si su pregunta hubiese sido atendida por decreto divino; apareció ante él, una figura escondida entre las sombras. Había sorteado a los guardias y había entrado en la sala sin ser detectado incluso por él mismo. La figura salió a luz, a juzgar por su estatura se trataba de un hombre que vestía una armadura idéntica a la de los Caballeros de la Luna, sólo que la suya era completamente de color negro y la cabeza la tenía cubierta por un casco del mismo color, que no dejaba escapar ni siquiera la luz de sus ocultos ojos.

-¡Salve Maldad destructor de la Edad de Oro y asesino de Zares!-Clamó la figura en armadura negra al tiempo que hacía una larga reverencia.- Permítame presentarme, yo soy el Caballero Negro y desearía ofrecerle mis servicios.

-¿Qué clase de servicios? Caballero Negro.-Pregunto Maldad. Podía sentir un enorme poder proveniente del Caballero.

-Durante mucho tiempo he buscado al Caballero Blanco, pero al final siempre le pierdo el rastro. La última vez que sentí su presencia fue en este…pintoresco reino.-Explico el Caballero Negro quien poseía una grave voz que resonaba en toda la estancia.- Ahora que usted ha sido liberado, veo la oportunidad de alcanzar una victoria aplastante contra el Caballero Blanco. Pero puedo otorgarle toda la energía de aquella dama guerrera antes de que le atraviese el cuello con mi espada. Por supuesto, esto tiene su precio.

-Dilo y tal vez consideré aceptar tu oferta.-Dijo Maldad en tono serio. Las voces aumentaban su intensidad.

-Primero. Seré yo quien le de muerte al Caballero Blanco y nadie más. Segundo. Quisiera quedarme con el Caballero Verde para mis propios intereses. Y tercero. No ser molestado jamás en el nuevo mundo construido por usted, mi buen monseñor.

-Dime, ¿cuál es tu razón de querer muerta al Caballero Blanco?-Las voces inundaban su cabeza.

-Tenemos un pasado, ella me lastimo bastante y pienso regresarle la moneda. Pero para lograrlo primero debo encontrarla y después alcanzarla, para eso necesitaré de ayuda.

-Aceptaré ayudarte, Caballero Negro.-Dijo Maldad. Las voces eran atronadoras, millones y millones de voces hablando en un eco imperecedero.- ¿Qué necesitas que vienes ante mí?

-Tiempo, necesitaré de tiempo para meditar y dar con ella. Segundo. Necesito de una armada, un contingente formado por lo mejor de lo mejor que tenga. Finalmente, voy a requisar de una nave capaz de cruzar el vacío del espacio, para poder abandonar este planeta.

-Puedo concederte las dos primeras peticiones, pero la tercera la obtendrás una vez que yo me haya hecho con el poder del Caballero Blanco.

-Entonces tiene un trato, señor Maldad.-Dicho esto hizo una larga reverencia.- Si no le molesta, me quedare en la fortaleza para encontrar silencio y quietud donde pueda meditar.

El Caballero Negro se marchó. Maldad había conseguido lo que necesitaba para acabar con los Caballeros de la Luna, podía percibir cierta malicia y desquicio en el Caballero Negro. Pero al final también lo mataría a él, puesto que no permitiría una futura y muy posible traición. Las voces ganaban más fuerza y no le permitían pensar con claridad, pero su voluntad era más grande y consiguió silenciarlas por un corto periodo de tiempo.

El Caballero Negro se paseaba por los largos corredores y las profundas mazmorras de la enorme fortaleza, con un solo pensamiento en la cabeza: asesinar al Caballero Blanco.

Pues él era el único con el poder para hacerle frente y para darle muerte.

Fin del capítulo. Gracias a todos por leer. Se aceptan comentarios, criticas, sugerencias, etc.

Bueno, aquí tienen el tan promocionado capítulo 15 xD ¿Qué les pareció? No se limiten en los comentarios. ¿Qué piensan del Caballero Negro?

AVISO: Oficialmente, este capítulo representa la mitad del fic (no tan literal, no creo hacer 30 capítulos) y me he estado cuestionado bastante la posibilidad de una secuela, por supuesto que todavía no he llegado a una conclusión y quisiera que por favor me dieran su opinión, ¿estarían dispuestos a leer un hipotético Origen de los Guardianes 3: Título desconocido?

AVISO 2: Quiero invitarlos a todas y todos a un foro en Fanfiction que se centra en el universo de El Origen de los Guardianes (NO ES CREADO POR MÍ), que fue creado por el usuario Yalida Himelric, con el propósito de rejuvenecer el muy inactivo famdom de los guardianes (en español), hasta ahora sólo se encuentra una encuesta de preguntas básicas que yo ya conteste. El fórum se llama Sombras de la Luna, aquí les dejo un link, copien y peguen si les interesa: forum/Sombras-de-la-Luna/185253/

Comentarios:

Sasha: Espero que tus dudas o más bien algunas de ellas hayan sido respondidas en el capítulo. Y olvide agradecerte por agregar el fic a favoritos y a seguir, así que GRACIAS de todo corazón :´) Espero que el capítulo te haya gustado. Saludos :)

LaNouvelletoile: Vaya, nunca me imaginé que tu nombre significase eso, está bastante bien. Y estas en lo cierto, lo mejor del fic llegara, comenzando por este capítulo. Espero que haya sido de tu agrado. Saludos :)