Advertencia: Los personajes aquí mostrados son propiedad de Dreamworks y Willyam Joyce a excepción de los que no tengan relación alguna con las obras originales, esos son de mi autoría.

Aclaración: Los personajes de El Origen de los Guardianes se quedaran con sus nombres en ingles

Inglés-Español

Jack Frost-Jack Frost

Sandman/Sandy-Meme

Toothiana/Tooth-Hada

Bunnymund/Bunny-Conejo

North-Norte

Pitch Black-Pitch Black/Sombra

Capítulo 16: ¡Teman! Al Caballero Negro (Parte 1)

Jamie se encontraba en el sótano de su casa, Julie, su mamá le había dado como tarea limpiar el polvo de las fotografías que colgaban de la pared.

El sótano era bien iluminado y poseía dos sofás bastante amplios. A Jamie le vinieron recuerdos de aquella ocasión, hace algunos años, en que Aelia y Marcus los visitaron y ayudaron a darle una mejor imagen al sótano. Aquel fue un buen día, puesto que Aelia maravillaba a todos con sus relatos sobre los guardianes y las aventuras y desventuras que éstos vivían, ya fuere como equipo o individualmente. Esa fue la chispa que encendió la curiosidad de Jamie sobre los supuestos mitos populares.

Jamie se encontró con un estante a rebosar de botellas de los mejores vinos y wiskys, que su difunto abuelo solía comprar obsesivamente. Jamie paso el trapo rosado que tenía en la mano, sobre todas y cada una de las botellas, algunas a medio terminar, otras vacías y un pequeño grupo que aún no eran abiertas. Jamie se detuvo en la primer botella que su abuelo había adquirido, el contenido había sido consumido tiempo atrás y para sorpresa del castaño en su lugar se encontraba un trozo de papel perfectamente enrollado. Jamie tomo la botella con delicadeza y retiro el corcho con facilidad. Al desenrollar el papel se encontró con lo que parecía era un mapa. Mapa en el que estaban dibujados a detalle las dimensiones del sótano y el resto de la casa.

Jamie miro unos puntos rojos que debían marcar el camino y que lo direccionaban escaleras arriba. El castaño una vez arriba se dirigió al patio trasero de la casa, en el mapa se podía ver una enorme equis roja justo al lado del viejo manzano. Jamie no perdió tiempo y comenzó a cavar con las manos, pensando que había encontrado un tesoro.

La tarea resultó más difícil de lo que pensó, pero después de una hora dio con una pequeña caja que perfectamente cabía entre sus manos. La abrió y se sintió decepcionado pues él esperaba encontrar oro o quizá alguna sorpresa muy grande, pero lo único que contenía la caja era un sobre blanco. Jamie lo abrió y se encontró con una carta y una pequeña llave de cobre. La carta estaba escrita con una caligrafía perfecta, característica de su abuelo, y sorprendentemente estaba dirigida a él. Decía así:

Querido y travieso nieto, sé que eres tú él que está leyendo esto, pues eres el único con suficiente curiosidad como para darle una atención especial a mis pertenencias. Iré directamente al grano.

El mapa que elabore se trata sólo de la primera parte de tú búsqueda…

¿Búsqueda? ¿Qué clase de búsqueda? Se preguntó Jamie ¿Y por qué tenía que hacerla él? No es que le molestara, pero la carta tenía cierto aire misterioso. Tal vez si seguía leyendo contestaría sus preguntas.

Te la concedo a ti, pues Julie, tu madre y mi hija, no se tomaría la molestia en perder su tiempo en cosas como esta.

Hace bastante tiempo, realmente bastante tiempo. A nosotros, los Bennet, nos fue entregado un objeto peculiar de manos de un par de extraños según la versión que sé. Este artefacto siempre nos ha sacado de grandes aprietos, incluso en los momentos más difíciles. Y ha pasado de generación en generación. Mi padre me lo confirió a mí, pero como ya se acerca mi hora, es tiempo de que tú te hagas responsable del artefacto, eres un Bennet después de todo. Intente pasarle la responsabilidad a mi querida hija Julie, pero ella nunca pareció interesada en mis asuntos de viejecillo.

Sé muy bien que te preguntas de qué se trata. Tendrás que descubrirlo por ti mismo, se encuentra en el bosque. Enterrado cerca del lago, necesitarás de una pala, pues se encuentra en lo profundo de la tierra.

Ahora es tu responsabilidad cuidar de ese artefacto, así como lo hicieron muchos antes que tú y que yo.

PD. No le hables a nadie del artefacto, suele traer mala suerte.

Con cariño, tu abuelo Olliver.

Jamie esbozó una amplia sonrisa y corrió devuelta a la casa. Ahora era su responsabilidad cuidar de ese misterioso artefacto. Ya quería ponerle las manos encima, pero había un pequeño detalle, ¿de dónde sacaría una pala?

El castaño buscó en el sótano y después de un tiempo dio con una pala para su tamaño.

Era medio día y el sol iluminaba todo Burgess y al pequeño Jamie quien corría a toda velocidad hacía el espeso bosque que rodeaba al pueblo. Decidió no contarle a su madre, pues su abuelo le advirtió de no revelarle la existencia del artefacto a nadie.

Jamie se detuvo cerca del lago, jadeando y utilizando la pala como apoyo. El castaño se dio cuenta entonces de una cuestión muy grande: el lago no era tan pequeño y cavar tantos hoyos en torno a él, le tomaría todo el día.

Jamie pensó y pensó. Miro a su alrededor y se percató de que uno de los árboles que rodeaba el lago tenía marcado en el tronco una letra be mayúscula. Se aproximó al lugar y comenzó a cavar.

-o-

La Madriguera 1 semana después de la batalla en Salummiprus

Berenice termino la labor de peinar su largo cabello, ahora de un color azul eléctrico. Se miró a sí misma en el espejo e hizo una mueca de disgusto.

-No hay mejor lugar que el hogar.-Dijo Berenice y después carcajeo sin razón aparente.- No, no lo hay.-Dicho esto rompió a llorar y se llevó las manos al vientre, recordando, reviviendo ese turbio y triste recuerdo. Perdió a su futuro bebé, a su descendiente. Esa herida se quedó con ella, sin permitirle olvidar su fracaso como madre. Su bendición era también su maldición. Intentó de todo, comenzando con la vitakynesis, pero el resultado era siempre el mismo. Y cuando no hubo alternativa, cuando las opciones se le acabaron; optó por la única salida a su tormento: suicidio.

Berenice se miró de nuevo y sintió asco de sí misma. Y ese suceso que tanto evitaba, al que tanto le hacía frente; sucedió. Escuchó los llantos retumbar en su cabeza, el lloriqueo de dolor y desesperación. Un llanto de tristeza, proveniente de alguien que suplica por ayuda en sus últimos momentos de vida. No lo soportaba. Se llevó las manos a la cabeza en un intento de silenciar ese acosador y desgarrador llanto de bebé.

De sus fosas nasales emergió un hilo de sangre y sus ojos se pusieron en blanco. El llanto la enloquecía y comenzó a golpearse la cabeza contra el espejo hasta que éste se rompió.

El llanto se apagó y Berenice se mantuvo con la cabeza pegada a los vidrios rotos, al tiempo que veía descender un hilo de sangre desde su cabeza.

-Mierda.-Musitó. Tomó un frasco, que tenía como contenido una sustancia blanca y espesa. Se la unto en la frente y el sangrado se detuvo y la herida se cerró, sin dejar una cicatriz. Ya había intentado usar el ungüento para sanar su permanente herida. No dio resultado por su puesto.

Berenice se puso en pie y salió de la habitación. Necesitaba aire fresco. El pasto de la Madriguera expedía un tranquilizante olor a chocolate y menta.

Los guardianes estaban reunidos junto al gran árbol plantado por Berenice, todos se mantenían en silencio y sumidos en sus propios pensamientos.

Sandy se sentía enormemente culpable. Él de verdad estimaba a Jack y lo consideraba su familia. Todo lo que alguna vez pensó erróneamente de él se había desvanecido. Pero el daño ya estaba hecho. Su arena de sueños perdió brillo y brindar buenas noches a los niños ya le era muy difícil, puesto que no le era posible sacarse la culpa y la tristeza de la cabeza. Lo había arruinado todo, había arruinado a Jack Frost. Si tan sólo pudiese pedirle perdón, si pudiese arreglar las cosas. Pero ya era muy tarde.

Bunny pintaba un huevo tras otro. De verdad que había cometido el error más grande en su infinita existencia. Es cierto que alardeó por ahí sobre asesinar al albino, pero jamás lo dijo enserio. Se sentía culpable por haber hecho tal monstruosidad y por haber tratado con sumo desdén a Jack en el pasado. Sin duda nunca podría ganarse el perdón de su amigo, ni siquiera estaba seguro de poder verlo de frente sin sentirse mal.

North lloraba silenciosamente, con las manos entrelazadas y la cabeza inclinada. Jack no era un monstruo, pero lo había dicho una vez y eso fue suficiente para no volver a repetirlo. Le había fallado a su amigo, a su hijo. Lastimó a Jack de una forma irreparable y no le era posible cargar con tanta culpabilidad. Creyó haber dejado ese secreto en el pasado, creyó haberlo enterrado lo suficientemente profundo, no fue así.

Tooth se abrazaba a sí misma, mientras observaba la caja de oro que estaba tendida sobre el pasto. Jack, su Jack. Maldad rompió su relación, eso era seguro. Pero también lastimo al albino de una forma horrenda, o mejor dicho; ella lo lastimó. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Extrañaba a Jack, necesitaba hablar con él, pedirle perdón, reparar todo el daño que había hecho. Se había enamorado de él y él de ella, pero ahora todo se había venido abajo, ¿cómo pudo ser tan imprudente? Se supone que la confianza es lo más importante en una relación y había acabado con eso entre ella y Jack. Maldad estuvo en lo cierto. No obstante mintió en cuanto a que su amor no era legítimo. Estaba equivocado, ella de verdad lo amaba; sin embargo, ya no importaba. De nada le serviría amarlo si jamás podría recuperar la confianza entre ambos.

El ambiente era pesado y se respiraba una profunda y melancólica tristeza.

Berenice sintió algo inusual, algo que se acercaba a la Madriguera a gran velocidad. Las semillas de los dientes de león habían sido perturbadas por el apresurado paso de una masa de considerable tamaño.

Maldad estaba bastante herido, eso la dejaba con una sola opción: el Caballero Negro.

Berenice no perdió el tiempo y haciendo uso de su conexión psíquica con Blanco, le envió un mensaje de alerta. El Caballero Negro estaba por llegar y ella no estaba preparada, pero lo distraería hasta que su compañera y amiga Blanco llegase.

-o-

Groenlandia

La castaña recibió una bola de nieve en el rostro. Y mientras reía lanzo de vuelta una bola de nieve contra Jack y el grupo de niños que lo respaldaban y reían.

Jack carcajeaba y creaba docenas de bolas de nieve para su equipo, haciendo que los niños se maravillaran y siguieran con su guerra de bolas de nieve.

-¡Eso es trampa!-Reclamó la castaña mientras tomaba nieve del suelo.

-¡No hay reglas!-Respondió Jack sonriente. Su cabello volvía a ser blanco y su cayado había sido reparado por la castaña el día que arribaron a Rusia.

Freud, el pegaso de pelaje negro, batía sus enormes alas, creando una ventisca de nieve que cubría a los niños del equipo de Jack.

-¡No es justo!-Dijo Jack, cubriéndose el rostro.

-¡No hay reglas!-Contestó la castaña con una divertida sonrisa, mientras su equipo hacía caer una lluvia de bolas de nieve sobre el de Jack.

Jack se acercó a la castaña y la abrazo con cariño, ella devolvió el abrazo.

-Creo que cumplimos nuestra misión aquí.-Dijo la castaña a lo que Jack asintió.

Ambos se despidieron y se marcharon, surcando los aires. La castaña montando el pegaso y Jack con ayuda del viento. Se detuvieron en una alta montaña.

-Gracias Blanco.-Dijo Jack.- Por quedarte.

-Nadie debería estar solo ¿recuerdas?-Dijo la castaña.- Este conflicto está lejos de terminarse.

-¿Hay algo qué pueda hacer?

-Todos los planes han sido dispuestos y los guardianes no están incluidos. No te ofendas, pero ustedes no están entrenados para una situación así. No como nosotros.

-¿Cuántos hay? ¿Cuántos Caballeros viven?

-Somos seis. No quise decírtelo antes por temor a que Maldad supiese algo, pero ya no importa. Todos servimos al Hombre de la Luna.

-¿Dónde se encuentran?

-Cumpliendo con su parte del plan. Todos tenemos algo que hacer. Incluso yo, pero estoy esperando. Ya llegará el momento de actuar.

-o-

Burgess

Pasadas unas horas, Jamie había cavado un profundo hoyo y justo cuando iba a rendirse y marcharse, la pala golpeo contra algo sólido.

Jamie retiro la tierra y vio la tapa de hierro de un pequeño cofre. El castaño lo cargo entre sus brazos y salió del hoyo. Recordó que tenía consigo la llave y no perdió más tiempo.

Al introducir la llave en la cerradura, la giro y el seguro se accionó. Jamie levanto la tapa y se encontró con unas finas telas de terciopelo que envolvían cuidadosamente algo. Jamie las retiró y sus ojos brillaron de sorpresa.

-Wow.-Se maravilló Jamie al ver un trozo reluciente de metal, que tenía aspecto de haber sido roto, pero que guardaba una majestuosidad enorme. El trozo de metal tenía una punta filosa en cada extremo y parecía tener filo, como si se tratara de una hoja de una espada.

Jamie tomo con delicadeza el trozo de metal entre sus manos. Y lo observó detenidamente, con una expresión sorprendida y satisfactoria. El trozo de metal parecía darle fuerza y valentía al castaño, era como sostener una corona.

El trozo de metal tenía una inscripción incompleta, pues las letras faltantes debían encontrarse en la parte que lo completaba:

"… de los Zar"

¿De los Zar? ¿Qué quería decir? Y ¿Qué era un Zar? Se preguntó Jamie.

-o-

La Madriguera

-Deben irse ¡Ahora!-Ordeno Berenice a los guardianes.

-¿Qué es lo que sucede?-Pregunto Tooth con preocupación.

-Problemas. Vienen directo a la Madriguera y si no se van podrían morir.-Explico Berenice.

-¡Berenice! ¿Qué diablos está pasando?-Exigió saber Bunny.- ¿Por qué podríamos morir?

-Él viene.-Dijo Berenice con la voz temblorosa, cosa que asusto a los guardianes, ¿qué podría asustar a un Caballero de la Luna?- Viene el Caballero Negro, el traidor, el asesino, el mercenario.

Todos quedaron en silencio. Los guardianes intercambiaron miradas y todos concluyeron en que si algo podía asustar a Berenice, era más que suficiente para asustarlos a ellos.

-Márchense, antes de que sea demasiado tarde.-Dijo Bernice mientras se acercaba a Sigmund, el pegaso, y tomaba un casco verde que se colocó para completar la armadura.- Yo me encargaré de Negro.-Su voz sonaba consternada.

Berenice con el casco ocultando su cabeza y su rostro, desenvaino una larga espada y se amarro al cinturón un saco con semillas. Se veía bastante nerviosa e insegura, cosa que no demostró cundo luchó en Salummiprus frente a un poderoso ejército.

-Nos quedaremos aquí, para apoyarte.-Dijo North, desenvainando sus espadas.

-¡No! No pueden hacer nada en contra de él.-Replico Berenice.- Es demasiado poderoso.

Desde uno de los túneles de la Madriguera se escuchó el eco de unos lentos pasos. Los guardianes retrocedieron lentamente y Berenice se mantuvo en su lugar.

El Caballero Negro apareció por el túnel, a su lado se encontraban tres cíclopes sumamente musculosos y portando una armadura de plomo.

-Negro, el traidor.-Musito Berenice, levantando su espada.

-Verde, la loca.-Dijo Negro y desenvaino su espada.- ¿Dónde está Blanco? Me gustaría "hablar" con ella.

-No te preocupes, ella aparecerá y tú, muerto estarás.

-Me ofendes Berenice, pero ambos sabemos que no posees la fuerza ni la capacidad mental para derrotarme.

-Veo que has estado haciendo tratos con el enemigo.-Dijo Berenice, refiriéndose a las Furias que acompañaban a Negro.

-¿Qué tiene de malo unirse al bando ganador?

-Ese es el problema, Maldad no vencerá. Y tú, serás condenado a una miseria eterna por los actos barbáricos que has cometido en el pasado.

-Eres hermosa Berenice, debo admitirlo. Desgraciadamente, también resultas demasiado frágil. Eres una guerrera con una mente al borde del colapso.

-Cállate.-Susurro Berenice. Dentro de su casco, sus ojos se anegaron en lágrimas.

-Persona desquiciada, guerrera de pacotilla y…mala madre.

-¡CÁLLATE!

Del suelo de la Madriguera emergieron un sinfín de árboles y pinos sumamente frondosos y altos que se abalanzaron contra el Caballero Negro, pero éste se quitó del camino y las Furias lo imitaron.

Negro avanzo a través del espeso bosque, evitando el contacto con cualquier tipo de vegetación. Hasta que por un descuido rompió una pequeña y delgada ramita.

Berenice cayó con fuerza desde las copas de los árboles, atacando con su espada al Caballero Negro, éste último la esquivo con habilidad e intercambio ataques con su enemiga.

-¿Lo ves? Ese es tú problema Berenice, permites que los sentimientos te afecten en la batalla.-Dicho esto tomo a Verde por la muñeca y la golpeo con fuerza en el rostro cubierto por el casco.

Berenice cayó detrás de unos arbustos y Negro fue buscarla pero había desaparecido. El Caballero Negro estaba consciente de que Berenice podía ser en extremo peligrosa. Esa era una batalla de fuerza, rapidez y estrategia, en la que los contrincantes intentaban ponerle una trampa al otro.

El espeso bosque parecía cernirse en contra del Caballeo Negro, los árboles crepitaban y los arbustos se arremolinaban para obstruirle el paso. Las lianas crecían rápidamente y se enredaban con intenciones de atrapar a Negro en el momento más oportuno. El pasto había crecido por encima de la cabeza del Caballero Negro, ocultando su vista y entorpeciendo su búsqueda, pero él se mantenía alerta, esperando cualquier señal de un inminente ataque.

Berenice se ocultaba en las ramas más altas de los árboles, observando detenidamente al Caballero Negro. Debía actuar con rapidez y asestar un golpe directo en su contra, de lo contrario la pelea estaría en favor de su enemigo. Pero de improviso, a su mente llego un mensaje. No era proveniente de Blanco, ni de Negro; el mensaje provenía de otro Caballero, se trataba de una orden. Berenice comprendió y asintió para sí.

El Caballero Negro caminaba lentamente, con la guardia en alto. El suelo comenzó a crujir delante de él, de éste emergió un naranjo que resultaba pequeño en comparación con los altos árboles de alrededor. Negro tomo una de las frutas que colgaban delicadamente de las delgadas ramas. No era una trampa, sino una señal de Berenice para él. El Caballero Negro comprendió el mensaje y aplasto la fruta con odio.

-Fracasaste Berenice, no pudiste evitar la defunción de tu feto.-Comenzó a decir Negro.- Es por eso que eres tan débil.

Berenice rompió a llorar, pero no iba a permitir que ese payaso la insultara de esa manera. Se balanceo de un árbol a otro, hasta quedar justamente por encima de Negro.

El Caballero Negro se estaba cansando de jugar y decidió hacer que Berenice apareciera. Alzo su mano en alto y de ésta emergió un muro de fuego que rápidamente comenzó a consumir el bosque entero.

Berenice apareció de entre las llamas, lista para decapitar al Caballero Negro por la espalda. No obstante, su contrincante advirtió su llegada y la golpeo en el pecho, provocando su caída. El Caballero Negro se arrodillo sobre el vientre de Berenice y la golpeo incansablemente en el rostro hasta que su casco se hubo roto. Había una hendidura que permitía ver parte del rostro de Verde.

Berenice tenía los ojos anegados en lágrimas y su expresión era de tristeza e ira a la vez.

-Te tengo.-Dicho esto, emergieron del suelo numerosas raíces que aprisionaron a la Caballero Negro, inmovilizándolo. Eran cada vez más y más las raíces que cubrían a Negro, pero de improvisto el cuerpo de éste se cubrió de unas abrazadoras llamas y las raíces se consumieron.

Berenice había desaparecido nuevamente, haciendo que los árboles afectados por el incendio, volvieran a su estado de semillas. La tarea era sumamente agotadora pero la vegetación a su alrededor le otorgaba renovadas energías. Berenice fue golpeada por una bola de fuego, pero su armadura la protegió de las altas temperaturas.

El Caballero Negro avanzaba de una forma amenazante, con la espada en alto y de su mano libre eran liberadas llamaradas rojas que consumían todas las plantas a su alrededor. Negro se lanzó al ataque, chocando espadas con Berenice.

Berenice, en medio de la refriega, se concentró en llevar a cabo una técnica que había estado perfeccionando a lo largo de los siglos. Todos los árboles, arbustos, lianas, matorrales y raíces a su alrededor, comenzaron a fusionarse, enganchándose unas con otras. Hasta que la maza de plantas tomo la forma de un inmenso oso de más de doce metros de alto el cual tensiono las ramas de su garganta y profirió un rugido atronador.

Los guardianes no daban crédito a lo que veían, un oso inmensamente alto, de un cuerpo compuesto únicamente por plantas, estaba de pie en el centro de la Madriguera y en la cabeza de tan peculiar ser, se encontraba Berenice, blandiendo su espada.

Berenice se retiró el casco y ordenó al oso despedazar por completo al Caballero Negro el cual parecía una hormiga debajo del animal hecho de plantas. Sin embargo, Negro era poseedor de la pyrokinesis, el peor enemigo de cualquier ser vivo que necesitase de la fotosíntesis para vivir.

Las llamas formaron un remolino enorme que también tomo la forma de un animal: un león. Dicho animal elemental cubría al Caballero Negro en el interior de su cuerpo compuesto únicamente de fuego. El animal era enorme, casi tan alto como el oso.

La temperatura del lugar ascendió notoriamente, cosa que notaron rápidamente los guardianes, pues comenzaron a sudar frío en gran cantidad.

Ambos animales elementales se lanzaron el uno contra el otro. El cuerpo del oso estaba cubierto por una savia especial, que era sumamente resistente al fuego. El león por su parte, clavaba sus filosas garras e incineran tés colmillos en el cuerpo de su adversario. Los dos se enfrentaban en una pelea digna de dioses.

El Caballero Negro saltó a la cabeza del oso, blandiendo su larga espada. Berenice lo recibió con ataques rápidos y certeros que eran bloqueados por su contrincante. Ambos Caballeros daban todo de sí en aquella refriega que estaba destruyendo la Madriguera.

-o-

Polo Norte

-¿Qué hacemos aquí?-Pregunto Jack con incredulidad. Blanco se encontraba sentada en la nieve con las piernas cruzadas y los ojos cerrados.

-Verde envió un mensaje psíquico.-Contestó la castaña, poniéndose en pie.- Los polos magnéticos suelen atraer ese tipo de mensajes.

-¿De qué se trata?

-Es la Madriguera. Hay problemas, muy grandes me temo. Debemos llegar cuanto antes.-Jack hizo una mueca de disgusto y rencor al escuchar estas palabras.- Jack, sé que no quieres tener nada que ver con los guardianes después de la declaración de Maldad. Pero es imprescindible que lleguemos cuanto antes, no voy a dejar morir a tu familia, mucho menos a Berenice.

-¿Me estas pidiendo volver con aquellos que me lastimaron?

-Ellos no lo hicieron, fue Maldad. El único crimen por el que pecan es haberte guardado secretos. Aun así, lo hicieron con justa razón. Debes aprender Jack, que el amor significa sacrificio, confianza y perdón. No has escuchado su versión de los hechos, así que por favor aprende a dejarlo atrás aunque sea por un momento.

Freud aguardaba cerca de ellos.

-Jack, sé que no hay forma de arreglar las cosas de una manera fácil, pero quedarte callado y con el rencor en tu corazón no solucionara nada.-Dijo la castaña, posando sus manos en el rostro del albino.- Toma a Tooth por ejemplo. Si tu amor por ella era real, entonces le otorgaras una oportunidad de explicarse.

Jack asintió, pues la castaña tenía razón, la forma de demostrarse que su amor por Tooth era genuino, era escuchándola, brindándole la oportunidad de arreglar las cosas entre ambos.

-Bien, ¿nos vamos?

Ambos emprendieron el vuelo, viajando a gran velocidad. La castaña enviaba mensajes a la mente de Berenice con intenciones de alentarla y de proporcionarle esperanza.

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La Madriguera

El oso era destrozado parte por parte, las zonas más vulnerables de su cuerpo le eran arrancadas por los filosos colmillos del león de fuego.

La armadura de Berenice estaba rota en distintos lugares, al igual que las placas de kevlar y el traje de fibra de carbono. La ojiazul tenía quemaduras alrededor de su cuerpo y la sangre brotaba de su nariz por el esfuerzo mental que suponía controlar al oso y mantener su cuerpo unido.

El Caballero Negro estaba casi intacto, sólo poseía algunos raspones en su peto y el león no flaqueaba, ni siquiera un poco.

El oso no pudo recibir más castigo y fue consumido en su totalidad por las feroces llamas del inmenso león elemental. El felino se alzó sobre sus patas traseras y abrió el hocico, lanzando llamaradas a modo de rugido.

Berenice se apoyó en su espada, su cuerpo estaba agarrotado y su cansancio, físico y mental, era enorme. En cualquier momento se desmayaría. Su cabello azul eléctrico ondeaba al viento y de su boca brotaba sangre.

-Se acabó Berenice.-Dijo el Caballero Negro al tiempo que el león de fuego se desvanecía y la temperatura volvía a la normalidad.- No puedes continuar, has perdido demasiada energía y la vegetación de la Madriguera ya te ha otorgado toda la que poseía.

Berenice respiraba con dificultad y escupía sangre. Había sido derrotada de nuevo, por el mismo contrincante.

-No estaría mal descansar un poco.-Admitió Berenice con una amplia sonrisa y entre cerrando los ojos. Dejo caer su espada. Estuvo a punto de desplomarse en el piso, pero el Caballero Negro la sostuvo y la cargo entre sus brazos, estilo nupcial. Berenice cayó profundamente dormida.

-Cuiden de ella por favor.-Dijo el Caballero Negro a los guardianes, depositando cuidadosamente a Berenice sobre el suave pasto de la Madriguera.

El incendio que consumía el lugar se apagó por completo, bajo el control de Negro. El guerrero envaino su espada.

Tooth llevo a Berenice a la enfermería mientras sus amigos discutían sobre lo que debían hacer.

-No podemos intervenir.-Dijo North.- Ya han visto la batalla que esos dos han librado. Seríamos aplastados al instante por el Caballero Negro.

-Quedarnos de brazos cruzados no es una opción.-Refuto Bunny. Sandy se mantenía impasible, tal vez podría noquear a Negro con su arena de sueños.- Además, ¿por qué habría de perdonarle la vida a Berenice? No es que sea algo malo, pero estuvo a punto de matarla y simplemente la dejo en el suelo, con suma delicadeza.

-Este Caballero es un misterio.-Declaró North. Sandy asintió con lentitud.

Los cíclopes se habían mantenido distantes de la batalla, observando cada movimiento, cada palabra. Maldad veía a través de sus Furias y estaba complacido por la actuación del Caballero Negro. No obstante, quedaba un reto más por superar: el Caballero Blanco.

Tooth se reunió con sus amigos y éstos le dijeron que se preparase para luchar contra el Caballero Negro.

-Es una locura.-Dijo Tooth.- Ustedes mismos vieron de lo que es capaz. No llegaríamos ni a tocarlo. Si Berenice fue derrotada por él, nosotros seremos asesinados.

-Estas en lo cierto Tooth.-Dijo North.- Pero somos los únicos que quedan aquí, para proteger el hogar de Bunny.

Los guardianes comenzaron a discutir acaloradamente mientras el Caballero Negro se cruzaba de brazos y esperaba. Si todo iba de acuerdo al plan, todo terminaría pronto.

Uno de los cíclopes se aproximó a un túnel de la Madriguera, advirtiendo la inminente entrada de alguien. El cíclope fue golpeado por un relámpago que lo pulverizó por completo.

El Caballero Blanco, acompañada de cerca por Jack Frost, ingreso en la Madriguera, blandiendo una larga espada y su rostro protegido por un casco que completaba su armadura.

-Caballero Blanco.-Dijo Negro, desenvainando su espada.- Por fin te dignas a mostrar tu cobarde cara.

-Caballero Negro.-Escupió la castaña.- Ha pasado el tiempo, ¿dónde está Berenice?

-Ella se encuentra bien.-Respondió Negro.- Es de ti, de quien debería preocuparte.

Tooth al ver a Jack tuvo que resistir el impulso de correr hacía él y abrazarlo.

Los Caballeros se miraban el uno al otro, a través de los cristales de sus yelmos, que les cubrían los ojos. Ambos se mantenían inexpresivos, retándose con la mirada y esperando a que el otro hiciera el primer movimiento. El ambiente era tan tenso que se podría haber cortado con tijeras. Se avecinaba una batalla descomunal, una refriega única en este mundo y en cualquier otro, pues el Caballero Blanco y el Caballero Negro estaban por enfrentarse.

Continuará…Gracias a todos por leer. Se aceptan comentarios, criticas, sugerencias, etc.

Perdón por la tardanza, pero estuve un poco enfermo y las ideas no se acomodaban en mi cabeza. En fin, ¿qué les pareció el capítulo? ¿les gusto la pelea entre Berenice y el Caballero Negro?

Háganmelo saber en los comentarios.

Comentarios:

Sasha: Si que tu review fue largo, pero no hay problema en absoluto :) Seguí tu consejo de dar una breve descripción del punto de vista de cada guardián sobre la situación con Jack, no te preocupes que posteriormente lo exploraré más a fondo. Y con respecto a Blanco, yo diría que no, no se está enamorando de Jack. Yo lo llamaría más bien preocupación en un sentido maternal, por eso su actitud tan abierta con él. Ahora, en el próximo capítulo sabremos más sobre el Caballero Negro, después de todo, esta fue la parte 1. Con respecto a la precuela, tal vez la haga en el futuro, pero antes debo hacer una especie de Origen de los Guardianes 2.5 xD para ampliar el universo que nos espera a todos en la secuela. Mi musa esta agradecida de recibir el mérito que (según ella) se merece. Saludos :)

Rexland123: Me agrada que el capítulo te gustase y si crees que falto algo de acción entonces espero que éste capítulo remediase eso, y el próximo lo hará con creces. Sobre Blanco y Jack, es muy poco probable que haya una relación amorosa entre ambos. Con respecto al Caballero Negro, espero que consideres la pelea de Berenice y Negro como épica y si no es así, estoy seguro de que la refriega entre Blanco y Negro si lo será. Gracias por responder lo de la secuela. Saludos :)

LaNouvelletoile: Gracias por la aceptación del capítulo y la secuela y espero que este capítulo haya sido de tu agrado. Saludos :)