Epílogo
Pitch Black había estado vagando por el universo, al mando del timón en su viejo galeón, el cual utilizó para viajar mientras destruía lo poco que quedaba de la debilitada Edad de Oro. Su viejo pero siempre fiel galeón podía hacer pequeños saltos espaciales, otorgándole una relativa rapidez. Se trataba de un barco que lograba surcar la infinidad del espacio mediante sortilegios de magia que se perdieron con la Edad de Oro.
El Rey de las Pesadillas navegó durante muchos días terrestres, aventurándose a zonas en las que reinaba un frio sin precedentes y en las cuales no se encontraba ninguna estrella en las cercanías.
Navegó y navegó, hasta que al fin dio con su objetivo.
-¡Salve Typhan, Señor de las Tormentas!-Bramó Pitch desde la cubierta del galeón, arrodillándose sobre una pierna y con la cabeza inclinada.
El silencio reinaba en aquel inhóspito lugar, en el que sólo se podía distinguir la luz de las estrellas lejanas. Pero entonces un par de ojos más grandes que el mismísimo Sol, se abrieron de golpe, revelando unos globos oculares que reflejaban todo lo que veían; incluido el galeón del Rey de las Pesadillas.
"Pitch Black, ¿cómo te atreves a revelar mi ubicación al mostrar tu insignificante existencia frente a mí?"
La voz del Titán era tan poderosa que podía escucharse en el espacio sin necesidad de magia u otros medios. Su voz imponía poderío.
-Vine humildemente, ante ti, Señor de las Tormentas, en busca de guía y ayuda en una empresa que planeo llevar a cabo.-Dijo Pitch con cierto grado de timidez, cuidando cada una de sus palabras para no ofender al Titán.
"¿Qué clase de empresa requiere que te atrevas a dirigirme la palabra?"
-Una que cambiará todo lo que conocemos, una que traería una nueva era al universo.
"Habla Pitchner Black, dime que planeas."
-Mi señor, ¡oh amo y maestro de la energía! Necesito de tu ayuda y de tu sabia guía, porque…
"Voy a liberar a los Titanes"
