Caroline le ha prometido a Klaus una cita a cambio de la vida de uno de sus híbridos, cita que él piensa aprovechar.


Quizá estuvo arreglándose más tiempo del necesario. Si algo estaba claro es que esa condenada cita le estaba haciendo perder poco a poco la paciencia y poniéndolo de los nervios. Allí esparcida por el suelo estaba la prueba; todas las camisas y trajes que se había probado hacía tan solo unos minutos. Estos le quedaban bien obviamente - nada había cambiado desde la última vez que se los puso hacía más de treinta años - pero sentía que no eran adecuados para su cita. Era exasperante. Se sentía como un adolescente en su primera cita. Y es que de algún modo, esa era la primera cita con algún significado para él. No iba a verse con una mujer cualquiera, era Caroline. Y Caroline era… diferente. Aun no lograba poner nombre a los sentimientos que ella despertaba en él y no estaba seguro de querer saberlo, solo sabía que ella le importaba.

Que se preocupaba por Caroline.

Y que no era amor.

El amor es un sentimiento débil y patético, se recordó a sí mismo.

A lo largo de los años muchas mujeres le habían llamado la atención por su gran atractivo. Mujeres con las que se había terminado acostando, y después de eso, aborreciendo. Tuvo lo que quería, una noche de sexo desenfrenado con esas mujeres, y si bien era cierto que quizá en sus más de mil años una que otra se había ganado sus afectos él no había dejado que esos sentimientos se convirtieran en algo más.

Su lema; ''el amor es la principal debilidad de un vampiro''

Todo cuanto Klaus hacía era herir a los demás antes de que lo hirieran a él.

Construía muros delante de otros muros para mantenerse alejado del amor, la debilidad.

Y por eso cada vez que empezaba a encariñarse con una mujer terminaba huyendo del problema de la forma más cruel y cobarde posible, pero la más resultante; la asesinaba para deshacerse de ella.

Con Caroline en cambio sabía que no podría hacer tal barbaridad. No sería capaz de soportar algo así. Desde el primer momento en que la vio quiso que esa vampiro bebé fuera feliz. Vio una luz a través de ella, y por eso sabía que Caroline merecía mucho más de lo que tenía. Ese pueblo, esos amigos que decían preocuparse por ella cuando la mandaban a la boca del lobo con tal de distraerlo, aun a sabiendas que él era un monstruo y podría matarla a la primera de cambio, no la merecían.

Aunque quizá sus enemigos lo conocían mejor de lo que pensaba. Tal vez ellos estuvieran al corriente de sus sentimientos por Caroline y supieran que nunca le pondría un dedo encima, porque él la...

La deseaba.

Nada más.

Caroline era magnética. Era luz. Se sentía atraído por ella de una manera que incluso le inspiraba temor. Y tuvo miedo al principio, de dejar que aquello se convirtiera en algo real, de que ella se volviera su debilidad. Pero acabó descubriendo una verdad que provocó que todos esos pensamientos desaparecieran y que todas sus dudas se desvanecieran; ella lo hacía feliz.

Era su preciosa sonrisa lo que le hizo darse cuenta de eso. Caroline podía estar sonriéndole a una anciana en el parque y eso lo hacía irremediablemente feliz. Podía sonreírle a Tyler, y eso lo hacía desear arrancarle el corazón a Tyler. Podía sonreírle a él, y eso era la mejor sensación que podía tener. Y descubrir que en mil años de vida no había experimentado algo tan satisfactorio como eso lo asustaba y lo hacía feliz al mismo tiempo.

¿Por que no era eso maravilloso?

Por fin encontraba una persona que lograba hacerlo feliz con tan solo una sonrisa.

Y aun así, no entendía la razón.

¿Pero por qué verla sonreír provocaba ese efecto en él? ¿Por qué ese corazón oscuro suyo se saltaba un latido cada vez que veía su sonrisa, para después volver a latir más rápido?

¿Era amor?

Era algo nuevo para Klaus. Y esta vez, no quería huir de sus sentimientos. Quería estar cerca de ella, hacerla reír y por patético que sonara, quería también abrazarla.

Quería hacerla feliz.

Era Caroline la que huía de él en cada ocasión que el híbrido mostraba interés en ella. Sin embargo esta vez sería la excepción; ella le había prometido una cita a cambio de la vida de uno de sus híbridos. Y si había algo que Klaus bien sabía de ella, era que Caroline Forbes era demasiado noble como para faltar a su palabra.

Y en esas estaba ahora, observando a Caroline en su faceta de perfeccionista dar ordenes a la orquestra, que al parecer, la música que tocaban no era apropiada para el momento.

– ¡esto una fiesta, no un funeral!

– ¿Y que tal estoy? – Preguntó él con una sonrisa alegre surcándole el rostro. Ella se quedó sin habla al verle, y Klaus al darse cuenta de su reacción sonrió aun más ampliamente.

Feliz.

– Estás… perfecto.

Caroline volvió a hablar rápidamente para enmendar su error.

– Lo que es tan exasperante que no puedo ni siquiera mirarte.

Lo miró durante unos segundos intentando disimular una sonrisa y falló en el intento.

Y entonces Caroline lo mandó todo al infierno. Hoy iba a estar de buenas con él, estaba demasiado cansada como para levantar barreras entre ellos.

Hoy olvidaría con quien estaba tratando. Le había prometido una cita a aquel hombre, a Klaus, no al monstruo que había en él. Ella iba a pasar la tarde con el hombre y no con el híbrido que había hecho tantas atrocidades a su grupo de amigos. No quería pensar en nada de eso. Desconectar durante un tiempo era justo lo que necesitaba. Reirían juntos, tomarían algo y quien sabe, incluso bailarían alguna que otra canción. Pero la realidad la golpeó de vuelta, en forma de una pareja que se acercaba a la multitud cogida de la mano.

Tyler Lockwood y Hayley Marshall.

Klaus pudo ver perfectamente la expresión de sorpresa en el rostro de Caroline. Al instante supo lo que estaba pasando por su mente.

También descubrió que se sentía dolida, y en esos momentos lo que más deseó fue ir hacia su primer intento de híbrido y arrancarle el corazón del pecho justo enfrente de toda esa multitud, sin importar quien viera el crimen. Caroline estaba afectada, y eso era lo único que le importaba. Y por eso, en lugar de ir hacía Tyler y matarlo se quedó junto a ella, estudiándola. Pensó en alguna forma de hacer el momento más fácil. ¿Pero no sería aquello estúpido? ¿Qué iba a decirle? En lugar de sacar el tema a flote decidió empezar una conversación totalmente diferente.

Le pidió que le hablara de ella. Tenía interés por saber de su vida, era un hecho. Cosa que Caroline no creía dado que puso los ojos en blanco ante su pregunta. Aquello le hizo fruncir el ceño. ¿Por qué solo pensaba que sus objetivos con ella eran solo llevársela a la cama? Iba más allá de eso. Era evidente que quería tenerla en su cama, pero sus intenciones no eran solo esas. Él quería conocerla. Saber de sus esperanzas, sus sueños, todo cuanto quería en la vida.

Caroline rió nuevamente.

– ¿En serio? ¿Estamos volviendo a tener esta conversación?

Klaus escogió para ellos una de las mesas blancas, la que más lejos quedaban de la orquestra. Se sentó en la silla sin dejar de mirarla.

– Siéntate conmigo. Hablemos.

Caroline puso los ojos en blanco, pero hizo lo que se le pidió.

– ¿Y bien? ¿Por donde empiezo?

– Tu infancia. – Ella levantó una ceja – háblame de ella.

– No hay mucho que contar realmente. Tuve… una infancia normal. Mis padres estaban juntos, al principio – eso captó el interés de Klaus, pero la dejó hablar – y ambos me querían. No hay nada extraño, tuve la infancia y adolescencia de cualquier chica normal. ¿Podemos cambiar de conversación ya?

– Una adolescencia normal, si omites la parte en la que te conviertes en vampiro. – señaló él con una sonrisa.

– Sí, exacto.

– Me has dicho que tus padres se separaron.

Caroline sonrió mientras sacudía la cabeza.

– ¿En serio tengo que hablar de esto?

Klaus levantó las manos en señal de inocencia.

– Nos estamos conociendo, amor.

Caroline entrecerró los ojos, y luchó por retener la sonrisa que amenazaba con asomar sus labios al decir las siguientes palabras.

– Mi padre resultó ser gay.

Casi se rió por su reacción.

– Vaya… – murmuró Klaus, sin saber muy bien que decir a eso – tuvo que ser…

– ¿Extraño, sorprendente? Lo fue, sin duda. Pero al menos yo lo acepté tal y como era, cosa que él nunca hizo conmigo.

Y una vez dejó a Klaus sin palabras, se levantó de la mesa y empezó a caminar hacia la multitud lo más rápido que le permitían sus tacones.

– Ahora vuelvo. – dijo simplemente.

Iba hacia Elena y parecía enfadada. Drama de chicas, pensó él. Klaus esperó durante un tiempo observándolas, al final se dio cuenta de que estaba actuando como un estúpido sin hacer nada y se levantó para ir a por bebidas. Una vez llegó a la mesa del catering se fijó en el champagne. Antes de llegar a llenar su copa escuchó el tono de voz de Caroline.

Estaba llamando la atención de los curiosos por el espectáculo que estaba montando.

– Creo que tienes sentimientos por Damon y no me gusta. – seguía Caroline espetándole a Elena, que la observaba con disgusto, pero no más que el que sentía Caroline en ese momento.

Elena se estaba enamorando del mismo hombre que tantas cosas horribles le hizo en el pasado. ¿Cómo era posible enamorarse de alguien así cuando ya tenía a alguien perfecto a su lado? Stefan era su amor épico. Debía estar ciega para no verlo. Desde luego que estaba ciega, era ese estúpido vínculo de sangre que la unía a Damon, le estaba haciendo confundir sus sentimientos.

Klaus llegó pronto a su lado.

– Tranquila, amor. Estás montando una escena.

Caoline dejó escapar un resoplido de fastidio al darse cuenta de que tenía razón. Había perdido los estribos, ¡Pero no por eso dejaba de tener razón! Elena merecía alguien mucho mejor.

Damon era malo.

Hablando de Elena, no entendió la mirada de odio que le dirigió. Mirando de ella a Klaus, espetó:

– Vaya Caroline, muchas gracias por hacer este momento mucho más fácil.

Sin más, se marchó.

Caroline parpadeó anonadada.

¿Por qué demonios siempre sus peleas acababan así?

– ¿Por qué siempre tengo que ser yo la mala?

Ante su pregunta, Klaus le dedicó una sonrisa adornada con hoyuelos.

– Vamos a conseguirnos una bebida, te contaré todo lo que necesitas saber sobre ser el chico malo.

.

.

.

Los dramas de Elena y su patético triangulo amoroso no lo interesaban para nada, pero Caroline hablaba del tema con mucho ímpetu. Estaba claro que estaba enfadada. Tenía entendido que no profesaba un gran aprecio a Damon. La comprendía, no le hizo falta preguntar el por qué, el mismo se hacía una idea. Era un vampiro patético e impulsivo que se dejaba llevar por sus impulsos sin pensar en las consecuencias. No le tenía ningún respeto. Si no fuera el hermano de Stefan lo hubiera matado hacia mucho tiempo.

– No entiendo que puede ver en él aparte de una cara bonita.

– Una cara bonita y actitud de rebelde. Ya con eso tiene el terreno ganado con muchas mujeres.

Caroline levantó una ceja ante sus palabras.

– Y asumo que tu amiga es una de esas mujeres. – siguió él.

Caroline no supo si fruncir el ceño o sonreír al decir las siguientes palabras.

– Hablas como si conocieras muy bien el tema.

Cara bonita, chico malo, actitud rebelde - si se podía llamar así a su psicopatía - Él tenía todo de eso. Por supuesto que tendría muchas mujeres con la que calentar su cama.

– Un caballero no habla sobre sus aventuras con una dama.

Caroline sonrió mientras sacudía la cabeza.

– ¿Sabes? me preguntas mucho por mi vida. Demasiado.

No quería ser malinterpretada. De hecho le gustaba que alguien se interesara por ella, aunque muy en el fondo seguía pensando que fingía para llevársela a la cama. Como fuera. Se había dado cuenta de que siempre acababa preguntándole por ella.

Klaus la miró con curiosidad. Ella se explicó haciendo un gesto con las manos para dar énfasis a sus palabras.

– No tengo mucho que contar, ya lo has visto. Y desde luego las cosas que tengo que decir no son de tu interés.

– No las que tienen que ver con Elena, desde luego.

Caroline sonrió.

– ¿Y que hay de ti?

– ¿De mi?

– Sí, hablo contigo, señor híbrido original – soy más viejo que el tiempo y he vivido miles de historias.

Él reprimió una sonrisa antes de contestar.

– No soy tan antiguo.

Caroline levantó una ceja.

– ¿Qué edad tienes exactamente? Tengo entendido que en tu época apenas usabais ropa. – comentó burlona. Él intentó mantenerse serio, aunque acabó riéndole las gracias.

– Dejé de contar cuando sobrepasé los mil años.

– Vamos, deja de hacerte el interesante conmigo.

Klaus la miró con seriedad.

- No estoy tratando de hacerme el interesante.

– No puedes hablar… oh dios mío. ¿Qué persona se olvida de su edad?

Él se encogió de hombros. No entendía su reacción, al fin y al cabo era como ella decía, era muy viejo, y más le daba que un año pasara o que no.

Su vida siempre sería igual, eterna.

– Voy a vivir toda la eternidad, amor. Te lo dije en una ocasión. Hace tiempo acabé con esta costumbre humana. ¿Qué hay que celebrar, realmente? ¿Qué he sobrevivido un año más? Cuando tienes claro que vas a vivir para siempre dejas de preocuparte por los años que van pasando.

Caroline se quedó pensativa. No se imaginaba a si misma en un futuro actuando con tanta frialdad acerca de su edad. Por muchos años que pasaran, ella iba a seguir ilusionándose en el día de su cumpleaños. Era su día al fin y al cabo. Las cosas no iban a cambiar. No en eso.

Si de algo se había dado cuenta, era que Klaus siempre lograba hacerle replantearse muchas cosas.

.

.

.

– ¿Por qué tu padre no te aceptó?

La pregunta la pilló completamente desprevenida. Abriendo los ojos con sorpresa se volvió hacia él.

– ¿Qué?

– Dijiste que tu padre no te aceptaba, ¿Era por quien eres? – la miró con suavidad, buscando las palabras correctas–- ¿o por lo que eres? ¿No aceptó tu vampirismo?

Ella volvió la cabeza al frente mientras caminaban uno al lado de otro en dirección a su casa. No lo miraba directamente, pero Klaus pudo ver por su expresión lo mucho que ese tema la afectaba.

La entendía. Diablos, nadie mejor que él la entendería. Pocas cosas hay más dolorosas que el rechazo de un padre. Saber esa faceta de su pasado hizo despertar a sus demonios internos. Estaba enfadado. Estaba confuso. ¿Qué clase de persona en el mundo podía darle la espalda a esa criatura?

Era preciosa, era fuerte, leal, divertida, sincera y estaba llena de luz.

Y él la amaba.

Y fue en ese mismo momento en el que se dio cuenta de la innegable verdad.

Era amor.

La amaba.

– Fue cuando descubrió que era vampiro. Intentó cambiarme. Me dijo… muchas cosas horribles – su tono herido le estaba rompiendo el corazón. Quiso repararlo, cambiar esa parte de su pasado, pero todo cuanto hizo era observarla con tristeza. – A veces me gustaría preguntarle el por qué. Sigo sin entender porque hizo lo que hizo. No pudo cambiar lo que soy.

– Nadie puede cambiar lo que eres. Pero si quien eres. Nunca le des el poder a nadie para destruirte.

Caroline lo miró son sorpresa por sus palabras. En el momento en el que fue a hablar, su móvil sonó y el momento se rompió.

Klaus la observó mientras escribía con rapidez un mensaje. No sabía a quien. Pensar que era a Tyler lo hizo apretar los puños. No pasó mucho tiempo antes de que su rabia en lugar de disminuirse empezara a acrecentarse. Una vez ella respondió, había vuelto a caminar en silencio a su lado, pero no había vuelto a hablarle.

Él intentó sacarle conversación, pero no recibió más que monosílabos y alguna que otra sonrisa forzada.

Era como si de pronto hubiera recordado quien era él y el porque estaba con él.

Y lo odiaba.

Cuando entendió que no volvería a dirigirle la palabra durante el resto del camino, también él se quedó en absoluto silencio. Ya podía ver la casa de Caroline. ¿Qué iba a hacer? ¿Despedirse de ella con un frío ''adiós'' y de vuelta a lo de siempre? No lo había planeado así. La cosas iban bien. De no haber sido por ese estúpido mensaje ahora estarían riendo, y él se despediría de ella con un beso en la mejilla.

Y quizá entonces... habría una oportunidad en el horizonte.

Pero en este universo, su idea se acabó destruyendo. Llevado por la rabia por sus amigos y a sí mismo, cuando la vio dirigirse a la puerta de su casa no lo pensó dos veces y lo soltó:

– ¿Ni siquiera nos hemos despedido y ya estás empezando a ignorarme?

Caroline se detuvo de golpe. De espaldas a él, no logró verle la cara. Klaus se moría por saber que estaba rondando por su cabeza. No le dio mucho tiempo a pensar en eso, pues Caroline en una mera fracción de segundo había acortado la distancia que los separaba y le había plantado un beso en la mejilla.

Se quedó sin respiración. Fue un simple roce de sus labios en la mejilla pero sintió como si sus labios fueran llamas ardientes sobre su piel. No le sorprendería que dejaran una quemadura. El colibrí dentro de él empezó a aletear, y de pronto, sin pensarlo dos veces por encima, decidió hacer una gran locura.

Una vez Caroline se estaba separando, Klaus giró la cabeza y capturó sus labios con los suyos en un beso atrevido.

Atrevido, pero inocente.

Al igual que él segundos atrás, Caroline se quedó en un completo estado de shock. Abrió los ojos como platos mientras Klaus la besaba, ni siquiera cerró los ojos. No duró mucho. Dos, tres segundos, o incluso cuatro se atrevería a decir. Cuando terminó y finalmente Klaus se separó, se quedó observando la expresión de sorpresa en el rostro de la rubia.

¿Sorpresa? Indignación.

Se había atrevido a besarla.

Klaus la había besado.

Klaus

¡El muy desgraciado! ¡Había pensado que era un perfecto caballero y la había besado a traición!

El susodicho le dedicó una sonrisa burlesca adornada con hoyuelos.

– Buenas noches, Caroline.

Y sin más, el muy idiota se esfumó como el humo de un cigarrillo en una noche de invierno, dejando a una Caroline completa y absolutamente indignada frente a su porche.

Se las iba a pagar.

¡Oh, por supuesto que se las iba a pagar!


Caroline ya no podrá decir que nunca ha besado a nadie en la primera cita :P