Aquí está la continuación. Querría hacer una ligera modificación respecto al libro de Ciudad de los Ángeles caídos, querría que olvidarais que Izzy le había preguntado a Clary si se había acostado con Jace. En este capítulo hago que se lo pregunte, y no creo que la verdadera Izzy le preguntara dos veces por lo mismo. Ya está, era simplemente una pequeña tontería pero quería que la tuvierais en cuenta. Y ya, aquí tenéis el segundo capítulo:


En cuanto oyeron la puerta del cuarto de Magnus abrirse, todos se giraron para ver qué pinta tenía Alec.

El joven nefilim caminó cogido de la mano de su pareja, sin dejar de mirarle, pues sabía que si miraba a los demás sus mejillas enrojecerían hasta límites insospechados. Y es que nunca había llevado nada tan, pero tan, tan, ceñido. Se sentaron en el sofá, Magnus lo atrajo hacia su pecho al instante, y Alec cedió de buen grado.

Jace reía por lo bajo.

–¿Algún problema, nefilim? –le preguntó Magnus de malos modos.

–Nada, nada –Jace fingió intentar contener su risa, pero luego soltó una gran carcajada.

–Jace, ¿verdad o atrevimiento? –le preguntó Alec con una mirada firme, y Jace dejó de reír.

–Atrevimiento. No te tengo miedo, Alec.

–Muy bien. Te reto a que te vistas completamente como una chica. El atuendo lo elegirá Magnus, pues será él el que te lo de.

Jace estaba atónito. Se había quedado con la boca completamente abierta.

–¿Vas a hacerlo? –le preguntó Clary, que lo dudaba.

–Por supuesto. ¿Jace Lightwood, negándose a un reto? ¡Eso es algo que jamás tendréis el privilegio de ver! Anda, dame la ropa, brillitos.

Magnus sonreía mostrando todos sus blancos dientes. Chasqueó los dedos y aparecieron encima del regazo de Jace un conjunto de ropas con unos zapatos de tacón negros.

–Estupendo. Zapatos de tacón incluidos –bufó.

–Toda generosidad es poca para ofrecerle al parabatai de mi novio. Ah, y Jace, la ropa interior también debes ponértela.

Jace descubrió debajo del vestido un sujetador y bragas de encaje a juego.

–Estupendo –les sonrió–. ¿El baño dónde está?

–Aquella puerta –señaló Magnus.

Jace caminó hacia ella, la abrió y se metió en el baño.

–Alec, estás guapísimo –le felicitó su hermana.

–Ehm… gracias, Izzy –le respondió sonrojándose.

–No te queda nada mal esa ropa –reconoció Clary, sonriéndole.

–Pues claro que no –Magnus, todo sonrisas, le apretó más en su regazo.

Alec, que no sabía dónde meterse para evitar de dejar de sentirse observado, enterró su rostro en el cuello de su pareja que de puro gozo casi ronroneaba.

La puerta del baño se abrió de golpe.

–Soy, sin duda alguna, el chico vestido de mujer más atractivo del mundo. Es más, diría que ahora mismo estoy mucho más guapo que muchas mujeres.

Salió, caminando con unos stilettos negros, medias de encaje y un ajustado y corto vestido de color dorado que dejaba su espalda al descubierto. El sujetador claramente llevaba mucho relleno, pues daba la impresión que tenía pecho (aunque pequeño) natural. Eso sí, sus tan musculosos brazos desentonaban con todo el conjunto haciéndole parecer una Barbie ciclada.

Todos estallaron en carcajadas, Clary tuvo que hacer un esfuerzo por no caerse al suelo y rodar riendo. Eso sí, las lágrimas de la risa empezaron a correr por su rostro.

Jace, contrariado, se sentó con un gesto muy digno a su lado. Se alisó la falda del vestido que, al sentarse, se le había subido mostrando prácticamente todas sus piernas, que eran puro músculo.

–Sí, creo que me gustas más así –le dijo Simon, que tampoco paraba de reír.

–¡Jace! ¡Cruza tus piernas! –le riñó Isabelle, mostrándole cómo hacerlo.

–Fingid que os hago gracia, sé que estoy divino. Tú, Lewis, ¿verdad o atrevimiento?

–¿Otra vez me eliges a mí?

–Te has burlado de mí.

–Pero si te he halagado…

Jace le lanzó una mirada asesina y Simon optó por callarse.

–Verdad, porque a saber tú qué me pondrías de prueba.

Jace le sonrió maliciosamente.

–Sé perfectamente que sonreirías del mismo modo si hubiese elegido prueba.

–Así es. ¿Qué te crees, que no lo tengo todo pensado? Muy bien, así que quieres una pregunta. Pues ahí va: ¿Te gusta Izzy por algo más que su físico?

–Por supuesto –respondió Simon sin dudar.

–Entonces, sin pensarlo, debes decir tres cosas que no sean físicas que te gusten de ella.

–Fácil. Está segura de sí misma, es atrevida y directa, y nunca miente.

–Está bien –Jace pareció convencido.

Simon miró a Isabelle, que le sonreía. Buen tanto, Lewis, se dijo interiormente.

–¿A quién eliges, Simon? –le preguntó su amiga pelirroja.

–A… –recorrió con la mirada a los presentes– Magnus.

Magnus pareció no inmutarse.

–Prueba.

–Vístete con ropa de Alec.

–Está bien –Magnus se levantó y caminó de vuelta a su habitación.

–Eso incluye –especificó el vampiro diurno–, nada de maquillaje ni purpurina.

–Lo había deducido, Sidney –le guiñó el ojo y se metió en la habitación.

–¿Tiene ropa tuya? –le preguntó Jace a Alec.

–Sí. Tengo algunas mudas, por si acaso…

–Entiendo. Por si necesitas cambiarte de ropa y no quieres verte obligado a lucir tan ridículo como ahora.

–Basta ya, Jace –le respondió cortantemente Alec, lo que sorprendió a todos los presentes, especialmente a Jace. Alec jamás le había hablado así–. Si al vestir como mi novio considero que estoy ridículo, entonces considero que mi novio es ridículo. Y Magnus no me parece en absoluto ridículo, y espero que tú, si crees que lo es, no lo vuelvas a decir, al menos en mi presencia.

–Wow –Jace no se creía que Alec, su Alec, le hubiera hablado así.

–¿Sabes que te amo, verdad Alexander?

Magnus estaba plantado en la puerta de su cuarto. En efecto, llevaba unos vaqueros oscuros y desgastados, muy de Alec, y un suéter también negro con ¿algún agujero? No llevaba nada de maquillaje en el rostro, y en la cabeza llevaba una toalla.

–Todavía estoy arreglándome el pelo –les explicó–. No tengo ningunos zapatos de Alec, así que iré descalzo. ¿Te importa, Sky?

Simon dedujo que se refería a él.

–No, Magnus, está bien.

Magnus le sonrió y caminó de vuelta al sofá. Allí, tiró la toalla al suelo y se quedó con su pelo negro cayendo lacio, sin forma. Miró a Alec y le sonrió.

–Eso sí, llevo incluso unos calzoncillos suyos –se bajó un poco el pantalón para mostrar un slip negro, que, sin duda, no era de él–. Te reto a ti, cariño. ¿Qué quieres, verdad o atrevimiento?

–¿Magnus? ¿Por qué me eliges a mí? ¡Creía que estabas de mi lado!

–Y lo estoy. Elige atrevimiento, anda –le susurró–. Te aseguro que será algo que te gustará.

Alec le echó una mirada que Magnus en seguida captó.

–Tranquilo, no creo que te haga sonrojar. Aunque contigo nunca se sabe.

Alec bufó, ¡qué se le iba a hacer! Sabía que así era su novio.

–Está bien, elijo atrevimiento.

–Hasta que te vuelva a tocar el turno, debes beber un chupito de licor de hadas por cada prueba o verdad que se le haga a alguien –y dicho esto, chasqueó los dedos y una botella de licor de hada junto con un vasito de chupito aparecieron sobre la mesilla de café que tenían delante.

–Está bien –Alec, de buen grado, se puso en el vasito y se lo bebió. De momento, se dijo así mismo, temiendo y sabiendo que aquello no dudaría mucho, no le había tocado hacer nada vergonzoso con lo que estuviera en desacuerdo.

–Izzy, ¿verdad o atrevimiento?

–Atrevimiento –le respondió con una sonrisa pícara.

–Está bien. Si de verdad quieres a Simon, demuéstraselo diciendo tres cosas que te gusten de él, y si no… –Alec dudó.

Magnus, instantáneamente, le susurró algo al oído. Alec se sonrojó levemente.

–Si no, hazle una llamada erótica a Meliorn.

Todos, claro está, enfocaron sus miradas en ella. Ella fingió no inmutarse.

–Toda una suerte que te quiera, Simon –admitió casi con un bostezo, para quitarle hierro al asunto–. De no ser así, debería llamar a ese hada al que me juré no volver a llamar nunca jamás.

–¿Y las razones? –le recordó su hermano.

–Tranquilo, Alec, a eso iba. Me gusta que sea atento, cariñoso y diferente a todas las personas con las que he estado antes.

Esto lo dijo sin mirar a Simon, pero él tenía la mirada clavada en el perfil de la joven morena. Magnus murmuró en el oído de Alec:

–¿Sabes que eso encaja con las razones por las que te amo, Alexander?

Esta vez, su sonrojo fue verdaderamente rojo. Se acordó que debía tomar otro chupito de licor de hada, y así lo hizo.

–Bueno –prosiguió Isabelle–. Yo ya he cumplido. Así que ahora te toca a ti, Clary, eres la última por terminar la ronda.

–Uhm… atrevimiento.

–Cuéntanos –comenzó a decir Isabelle con excitación–, tu primera vez con Jace.

Clary agachó la cabeza ligeramente.

–Esta prueba es muy fácil. No hay nada que explicar.

–¿Cómo que…–Isabelle empezó a enunciar la pregunta, pero luego lo comprendió– Vaya, lo siento, yo creía que sí…

–Pues no, todavía no –le respondió Clary, que no estaba molesta, sólo un poco avergonzada–. Jace –se giró para mirar a su novio, que estaba un poco meditabundo–, ¿verdad o atrevimiento?

–Atrevimiento.

–¿Qué tal si le dices que se acueste contigo? –Magnus fue incapaz de reprimir la sugerencia. Alec le dio un codazo en el estómago, y Magnus puso cara de dolor.

–Quiero que, hasta que te vuelva a tocar o te toque una prueba relacionada con alguien, te metas en una bañera llena de espaguetis.

Sólo Jace comprendió por qué Clary le retaba a hacer aquello.

–Lo haría, pero no hay ninguna…

Magnus, antes de que terminara de hablar, chasqueó los dedos y apareció una bañera completamente llena de espaguetis a la boloñesa.

–Deberíais pagarme por todo lo que estoy haciendo, que lo sepáis.

Isabelle le sonrió.

–Ya te lo pagará luego mi hermano.

–Te tomo la palabra, Izzy –Magnus y ella compartieron una mirada cómplice junto con una sonrisa radiante.

–Está bien, qué remedio… –Jace se levantó y se quitó los zapatos.

–¡Pero no te metas con el vestido! –le advirtió Isabelle– Sería un desperdicio. Es tan bonito…

–¡El verdadero desperdicio es de mi cuerpo! Tan bonito y cubierto de pasta para que no pueda enseñarlo…

Después de protestar, Jace se sacó el vestido y se metió en la bañera con la ropa interior puesta.

–Vale, esto es muy bizarro. ¿Jace en ropa interior de chica dentro de una bañera con espaguetis?

–¿Quieres uno, Lewis? Ah, se me olvidaba. Tú no comes comida…

–Jace, ya basta –Isabelle le echó una mirada de esas que queman el alma, y Jace no continuó con ello.

–Está bien, ahora, a Alec le toca tomar un trago y… querida Izzy, ¿verdad o atrevimiento?

Alec bebió otro trago de licor de hadas, mientras su hermana se lo pensaba.

–Verdad. Y por el Ángel, que no sea nada de Simon. Me tenéis cansada, sois monotema.

–Tranquila, no es del vampiro. ¿Con cuánta gente te has acostado?

–Veamos… ¿el sexo oral cuenta? –preguntó Isabelle, mientras miraba al techo pensándoselo. Para ella aquélla no era una pregunta incómoda– Si no, son cinco.

–¿Lewis está entre los agraciados?

–Era una pregunta, Jace. Te quedas con las ganas de saberlo. Y ahora, Magnus, ¿verdad o atrevimiento?

–Primero que Alec se tome su trago de licor de hada. Y después… me han entrado ganas de decir la verdad –le dijo sonriendo.

–Quiero saber… qué es lo que más te gusta que te hagan en la cama, y si Alec lo hace bien.

–Uhm… veamos.

–No seas muy gráfico, por favor –le rogó Simon.

–Por una vez, estoy con el vampiro –dijo Jace.

–Sabía que algún día eso pasaría –Simon le sonrió y Jace puso cara de pocos amigos.

–Está bien, ya lo sé. Pero no sé como no ser muy gráfico. Que los niños se tapen las orejas, por favor.

Jace y Simon lo hicieron al instante. Magnus les sacó la lengua.

–Me vuelve absolutamente loco que me muerdan y chupen la oreja. Descubrí, después de tantos años en este mundo, esa debilidad con Alec.

Isabelle se quedó mirando a su hermano con una ceja levantada. Y claro, Alec estaba como un tomate maduro.

–Vaya vaya, mi hermano es un comeorejas. Quién lo iba a decir.

–Iz… –Alec agachó la cabeza.

–¿Podemos dejar de taparnos ya las orejas? –preguntó Jace, gritando.

–La pregunta correcta sería, ¿podrías algún día dejar de comportarte como un capullito? –le preguntó Magnus, que sabía que de todos modos oía.

–¿Capullito?

–Anda, mira la ropa interior que llevas, eres un capullito en flor.

–Yo diría más bien que estoy, absolutamente, para comerme.

Clary volvió a carcajearse con ganas.

–Clary, realmente me preocupa lo mucho que te ríes de mí.

–Me río contigo, Jace.

–¿Me ves reírme?

La pelirroja se encogió de hombros y metió la mano en la bañera, cogió un espagueti y se lo comió succionando

–Alec cariño, ¿sabes que no se me escapa que no te has tomado tu trago de licor de hadas, verdad? Y por cierto… no te lo tomaste después de que Clary dijera que no lo había hecho con Jace, ¡eso vale por una prenda!

–¿Puedo quitarme una prenda y dejar de beber?

–Rotundamente no.

–Pero Magnus, he tomado tres tragos, y creo que si tomo más ya no podré seguir… ¿sobrio? Ya sabes a qué me refiero…

Magnus cogió la botella y le llenó el vaso hasta arriba. Se lo ofreció.

–De eso se trata Alexander. Venga, quítate la chaqueta y bébetelo.

De mala gana, se lo bebió.

–Por favor, si hago alguna tontería, prométeme que me pararás.

–Por supuesto –y le guiñó un ojo–. Y ahora, la chaqueta.

Se la quitó, dejando sus brazos al aire. Magnus le agarró el brazo derecho y apoyó el rostro sobre él.

–Uhm… bíceps.

–¡Magnus! –Alec estiró el brazo para que no pudiera hacer eso– Venga, te toca elegir. ¿Por qué no me eliges a mí?

–Buen intento, Lightwood. Pero eso supondría que dejarías de tomar licor de hadas. Elijo a la pelirroja.

–¿A mí? Está bien, elijo atrevimiento.

–Bésate con Isabelle. Así podrás comprobar si, como has dicho antes, besa bien o no. Dos minutos, como mínimo –enseñó dos dedos para recalcarlo.

–Uhm, está claro que hoy queréis que bese a todo el mundo. Sólo espero que no me pidáis que se lo haga a Alec, sería tan raro.

Magnus reía.

–Si decides hacérselo a Alec –dijo, poniendo énfasis en el verbo–, déjame al menos veros. Me pondría muchísimo.

Alec hundió el rostro entre sus manos tras dejar salir un sonido de desesperación.

–¿Y con Jace no te sería raro? –le preguntó Clary, que ya estaba sentada al lado de la cazadora.

–Sí, pero no sería la primera vez que lo hiciera.

–¿Cómo? –preguntaron sorprendidos Clary y Alec (que había desenterrado el rostro de sus manos) al unísono.

–Nada, cosas de chiquillos…

Clary se giró y miró a Jace, que jugueteaba con los espaguetis de la bañera. Estaba evitando claramente su mirada.

–En fin… –se volvió a girar hacia Iz– Isabelle, te voy a besar.

–Estoy preparada –dijo riendo– ¿así es como actúas con Jace? Jace, te voy a besar –repitió imitando la voz de Clary.

–No tiene gracia… –Clary estaba un poco avergonzada.

Isabelle le cortó, besándola en los labios. La estrechó, acercándola a ella. Durante el tiempo estipulado, prácticamente no separaron sus labios.

Alec miró a Jace y a Simon, estaban más que atónitos. A él y a Magnus no les afectaba ver a las dos chicas besarse, pero pudo ver claramente como cierta parte del cuerpo de Simon se veía afectada por ello. Y estaba seguro que a Jace le sucedía lo mismo. Se les veía en la cara, simplemente.

–Oh, vaya… qué sorpresa –dijo Clary, recuperando el aliento, nada más separarse de Isabelle.

–¿Te ha gustado?

–Realmente besas muy bien. No ha estado mal. ¿Y a ti?

–Oh, tenían razón al decir que las pelirrojas sois muy calientes.

Las dos rieron. Jace y Simon seguían sin saber qué hacer.

Magnus le tiró un almohadón a Simon. Simon se lo quedó mirando con una cara de, ¿y esto a qué viene?

–Es para que te cubras un poco, Sean. Te cubras y cubras a tu Seany. Y Alec, te toca otro chupito, ¿recuerdas?

–Oh –Simon lo hizo de inmediato.

Alec también se tomó su trago.

Isabelle, que seguía riendo, le miró y se rió todavía más.

–Venga Lewis, ¿verdad o atrevimiento? –le preguntó Clary.

–Atrevimiento. Cuidadito con lo que me pides, recuerda que tengo colmillos, Fray.

–Te quería pedir que bailaras desnudo… pero quizás sea demasiado incómodo viendo en la situación en la que estás –dirigió por un segundo la mirada hacia la entrepierna de su amigo– Así que… voy a ser buena y te lo voy a poner fácil. Durante los próximos tres turnos, ¿qué tal si imitas a Yoda?

–Yo intentarlo haré –dijo Simon, casi calcando el tono de voz. Siempre que habían jugado juntos, Clary le había puesto esa prueba y a él le había encantado. Toda ocasión era poca para imitar a Yoda.

–¿Es algo de algún cómic? –preguntó Izzy.

–La guerra de las galaxias –le aclaró Clary– son películas.

–Alexander tomar debe licor de hadas. Y después retarle yo.

–¿Ehm? –Alec, distraído, no le comprendió.

–Que bebas y elijas verdad o atrevimiento.

–Ah, al fin se acaba mi castigo –se tomó el trago– y ahora me toca cumplir con el siguiente. ¿Qué prueba me pones?

–Tú besar a Jace.

Magnus, que estaba recostado en el sofá, se sentó muy tieso.

–¿Quieres volver a convertirte en rata? Porque si no deberías…

Magnus miraba furioso a Simon.

–No pasa nada, Magnus, es un simple reto –Alec le intentó quitar hierro al asunto.

–¿Vas a hacerlo? –Magnus le miró un poco enfadado.

–¿Debo salir de la bañera? –preguntó Jace– supongo que sí, ya que esta prueba me libra del castigo, ¿no?

Jace se salió de ella mientras Alec caminaba hacia él.

–¿Os importa si me ducho un poco antes de…?

La pregunta de Jace se vio interrumpida por un Alec que se echó, literalmente, a sus brazos y empezó a besarle apasionadamente. A Jace le pilló con la guardia baja, y acabó estampándose con el pilar que tenían más cercano. Alec le acarició el pecho marcándole con las uñas y bajó para meterle la mano por las bragas.

–¡Ya basta! –gritó Magnus, caminando con chispas saliendo por sus manos– Dichoso licor de hadas.

Isabelle, Clary y Simon no podían hacer otra cosa que reírse ante la situación.

–Alexander –Magnus le estiró con fuerza, apartándole de Jace de un tirón– ¿recuerdas que te dije que evitaría que cometieses tonterías? Ahora mismo lo estoy haciendo, ¿me oyes?

Alec tenía una cara de fastidio al verse apartado de su parabatai, pero entonces rodeó la cintura de su novio y le atrajo violentamente hacia él para besarle.

Magnus, en cambio, se separó en cuanto pudo.

–Eso está mejor –dijo, seguía enfadado–. Pero diablos, tu boca sabe fatal. ¿Es así como sabe el nefilim?

–Lo que me faltaba por oír. Me viola mi parabatai yendo vestido con ropa interior de chica y bañado en salsa boloñesa y, para colmo, dicen que no tengo buen sabor.

–¿Besa bien Alec, al menos? –le preguntó Clary, que seguía riéndose.

–Oh… diablos, sí. Nunca me habían besado tan apasionadamente.

Alec estaba enredado en Magnus mordiéndole y besuqueándole todo el cuello. Sus manos le recorrían la ropa (que era en realidad la suya) y empezó a desabrocharle el pantalón.

–Creo que deberíamos tomarnos un descanso –dijo Magnus, que echó mano a su magia para poder separarse de Alec y después tironeó de él–. Voy a tener una conversación con Alexander en mi cuarto, ni se os ocurra molestar.

–Yo, si su alteza me lo permite, usaré su ducha –Jace dijo con retintín.

–Haced lo que queráis –dijo Magnus y después cerró la puerta de golpe.

–Voy a mirar qué tiene Magnus en la nevera, tengo hambre –dijo Clary.

–¡Hambre! Claro, cómo no se me ha ocurrido antes. Voy contigo, Clary.

Simon, viendo que le iban a dejar solo, fue detrás de las chicas.


Bueeno, that's al folks! (de momento). ¡Para el próximo capítulo necesito ideas! Por favor, si alguien me hace el favor de darme alguna pista para pruebas y preguntas… se lo agradecería muchísimo, porque de momento estoy seca. Estaba pensando, además, en hacer que se unieran Maia y Jordan… pero aún no lo sé, depende de si se me ocurren pruebas para hacerles a ellos. Espero que os haya gustado y…
Ave atque vale!