Disclaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare. Todo lo demás, es fruto de mi mente traviesa. Espero que os guste el capítulo:
Maia, Jace, Clary e Isabelle aparecieron por el lavadero de coches vestidos con las ropas que Magnus les había proporcionado. Allí estaban esperándoles Alec, Magnus, Jordan y Simon, que estaban parados junto a un coche sucio. Al lado de éste había una serie de cubos con jabón, esponjas, trapos y una manguera.
–Ya está listo, chicas –les dijo Magnus guiñándoles un ojo–. Estáis divinas con la ropa que os he conseguido. Rubito, nunca pensé que podrías resultarme atractivo, pero hoy me estoy sorprendiendo.
–Venga brillitos, corta el rollo. No puedes hacerme sentir vergüenza. Esto es una demostración de que, incluso vestido de mujer, soy el ser más atractivo sobre la tierra.
Todos, al unísono, empezaron a reírse.
Jace miró a Clary.
–¿Tú también te ríes de mí?
–Soy risueña de naturaleza. Y eres muy gracioso, Jace –y dicho esto, le dio un beso en los labios.
–Eso realmente les pondrá muy cachondos a los conductores –dijo Jordan, riendo entre dientes.
–Cierto, y ahora debemos apartarnos para que puedan verlas en acción. Tenéis media hora, lo que tardaréis más o menos en limpiar el coche a mano.
–¿Y de quién se supone que es el coche? –le preguntó Maia al brujo.
–Un señor mayor, que ha dejado el coche para que se lo lavaran a mano. Ha dicho que estaría un rato fuera, pero estoy seguro que le encantará el personal que he contratado para limpiárselo.
–Bueno, basta de chácharas –el tono de voz de Isabelle era cortante–. Tenemos que ponernos a la faena, porque Maia y yo ya hemos pensado qué prueba poneros. Eso sí, si os portáis mal… pensaremos en una más vergonzosa.
–Mejor nos vamos ya… –murmuró Alec, cogiendo y estirando a Magnus.
Los chicos se pusieron apoyados contra la barandilla, y las chicas empezaron a limpiar el coche. Isabelle cogió la manguera y se mojó a sí misma, agitando el pelo y sonriendo.
–Parece que tu novia ha nacido para esto –observó Jordan, dándole un codazo a su amigo.
–Sí, Izzy ha nacido para provocar –respondió entre dientes.
Cuando se sintió suficientemente mojada, pasó a mojar a Clary, Maia y a Jace, por este orden. Magnus no necesitó mucha magia para que todos se fijaran en ellas. Los conductores que había allí, ya se habían percatado de su presencia, y las miraban embobados. Lo único que hizo fue hacer que más de un conductor que pasaba por la calle decidiera llevar su coche, a pesar de tenerlo bastante limpio.
–Cuanta más gente, mejor –le explicó a Alec, que observaba sus movimientos.
Jace, sin ningún pudor, se subió encima del coche y se puso a pasar la esponja por éste pasándose la lengua por los labios muy lentamente, de cara al público. Después, llamó a Clary para que se uniera a él, y, ayudada por éste, subió. Acabaron dándose el lote, ambos empapados y llenos de espuma, bajo las miradas de los espectadores que casi les vitoreaban.
–Uhm… esta prueba me está gustando mucho más de lo que pensaba –murmuró Jace, que estaba mordiendo ligeramente el cuello de Clary.
–Jace, ¿eres consciente de que me estás volviendo prácticamente lesbiana? –preguntó ella, sin ser capaz de evitar la risa.
–En ese caso, viva la homosexualidad –dijo él, que había levantado la cabeza para admirar el cuerpo de Clary, que ya llevaba de por sí poca ropa encima y además, ésta estaba toda empapada, permitiéndole entrever toda su anatomía.
Isabelle, que había estado limpiando el capó con el culo en pompa, viendo que se estaban fijando más en Jace y Clary, decidió ir junto a Maia con el cubo de espuma.
–Vamos a animar el asunto –le dijo en un susurro y le restregó la mano llena de espuma a su amiga por el pecho y la barriga descubierta. Maia, que no se cortaba un pelo, hizo lo mismo, hasta que acabaron cubiertas de espuma–. Vaya, ahora tendremos que volvernos a mojar… –dijo fingiendo un mohín.
Maia le lanzó un cubo de agua a Isabelle, y ésta hizo lo mismo. Terminaron de limpiar el coche, y como aún quedaba tiempo, fueron al coche de dos chicos que no les habían quitado un ojo de encima.
–Venimos a limpiaros los cristales –dijo Maia–. ¿Os parece bien?
–Claro que sí, bellezas –les dijo el conductor.
–Para eso, tendréis que subirlos, ¿no creéis? –les recordó Isabelle, y lo hicieron automáticamente.
Limpiándoles los cristales, Maia se acabó animando del todo, estampándoles sus pechos contra éstos.
–Digamos –murmuró Simon al oído de Jordan–, que tu novia tampoco se queda corta.
Magnus rió alegremente, se lo estaba pasando realmente bien.
–Magnus, yo creo que ya es suficiente –dijo Alec–. ¿No crees?
–Oh, ¿por qué dices eso, Alexander? ¿Es que no te lo estás pasando bien?
–Ehm… sí, supongo, pero es que no quiero que esto acabe en que dentro de nueve meses me convierta en tío –señaló a Clary y a Jace, que estaban más que animados sobre el techo del coche.
–Uhm… pero podríamos dejarles seguir –Magnus se rascó la barbilla, pensativo–. La primera vez encima de un coche con camioneros y conductores babeando alrededor… no me negarás que es muy original.
–Desde luego algo para contar a los nietos –comentó Simon, uniéndose a la conversación.
–Sí, desde luego, serían la envidia de todos los cazadores de sombras.
–No sé si pretendías ser sarcástico, pero es cierto, Alexander. Los cazadores de sombras suelen ser muy convencionales y rectos… No te ofendas, eh, eso no te incluye a ti… sé a ciencia cierta que eres realmente flexible, amor mío –dijo haciendo gran énfasis en el adjetivo flexible, y guiñándole un ojo a su novio.
Jordan y Simon pusieron mala cara, al comprender claramente a qué se refería Magnus. A Alec le costó pillarlo.
–Por el Ángel, Magnus –Alec se echó las manos al rostro.
–Uhm… yo estoy de acuerdo con Alec –dijo Jordan.
–Sí, será mejor sacar a Maia de ahí antes de que empiece a hacer la coreografía de Shakira en Loba –comentó Simon entre risas.
–¡Oh, me encanta esa canción! –exclamó Magnus– Y realmente le va mucho a la situación. Desde luego, Morgan, viendo cómo se lo pasa de bien tu novia aquí, no me extrañaría que durante las noches, mientras duermes, usase su radar especial para localizar solteros –esto último lo dijo cantanto–. Debo decir que has estado muy agudo ahí, Salomé.
–¿Morgan? ¿Salomé? ¿La purpurina te afecta al cerebro, que no eres capaz de recordar los nombres de la gente? –preguntó con voz ofendida Jordan– Y te advierto que, si dices eso de la canción de Shakira delante de Maia, ella misma te sacará la piel a tiritas.
–Y yo te advierto que si sigues amenazando a mi novio –dijo Alec en respuesta al instante, poniéndose delante de Jordan–, yo me ocuparé personalmente de ti.
–Oh, Alexander, me encanta cuando te pones sobreprotector y amenazador –Magnus le rodeó con los brazos y lo atrajo hacia él, para besarle.
En ese momento aparecieron Isabelle, Maia, Clary y Jace justo delante de ellos.
–Bueno, qué decís, ¿prueba superada? –les preguntó Clary.
–Sí, Fray, prueba superada –le respondió Simon.
–¡Genial! ¡Ahora la vuestra! –exclamó Isabelle, eufórica– Os la dirá Maia, que es a quien se le ha ocurrido. ¡Es muy divertida, os lo aseguro!
–Sí, seguro que para ti lo es… –murmuró su hermano.
–En serio, es divertida –corroboró a Isabelle Maia–. ¿Conocéis la peluquería de señoras que está a una manzana de aquí?
–¿Te refieres a ésa a la que van todas las viejecitas salidas y sobonas de Brooklyn? –le preguntó Simon.
–¿Salidas y sobonas? –preguntó Jordan sorprendido– ¿Estás de coña?
–No, lo he comprobado. A mi madre una vez le dieron un vale descuento para ir a esa peluquería, yo la acompañé y…
–Ah, ¡Ya me acuerdo! –exclamó Clary, divertida– Fue allí donde dos mujeres te pellizcaron en el culo.
–¿En serio, Simon? Oh, pobrecito –dijo Isabelle, que se acercó a él e hizo lo mismo, riendo.
Alec no pudo reprimir la risa, a la que Magnus y Jace también se unieron.
–¿De verdad? Entonces será más divertido –dijo Maia–. Pues bien, tenéis que ir allí sin camiseta ni pantalones, y dentro de los calzoncillos poneros un gatito… y entonces yo iré a avisar que vamos a limpiar los cristales del escaparate. Entonces, hay que cubrir el cristal con jabón y después, tenéis que ir limpiándolo de modo que se os vaya viendo vuestro cuerpo por partes, dejando la zona de la entrepierna para lo último. Entonces, cuando ya os hayan visto del todo, tenéis que entrar y preguntarles si les importaría tocaros el "gatito", ¿me entendéis? –hizo una pausa– La otra idea era fueseis a un local de striptease y os hicieseis pasar por los strippers, pero como aún es temprano para eso…
–Gracias, cariño, pero creo que esto es mucho mejor –le comentó Jordan–. Aunque claro, no lo será para Simon.
–¿Y por qué dices eso? –le preguntó el aludido.
–Simon… cómo decirlo suavemente… tú, sin camiseta… comparado con nuestros abdominales marcados y trabajados… no hay color, ¿sabes?
–¿Y cómo sabes cómo son mis abdominales? ¿Me has estado espiando, lobito? –le preguntó Magnus dedicándole una mirada seductora.
–Magnus, no te ofendas, a ti no hace falta espiarte... quiero decir, no hay ni un solo día en que no lleves nada ultraceñido o, literalmente, vayas enseñando medio cuerpo… –este comentario a Alec le resultó muy divertido y acertado, y Magnus le guiñó un ojo– así que es obvio. Y lo de Jace y Alec… bueno, ¿sois nefilim, no? En cambio, Simon se pasa la vida tirado en el sofá leyendo cómics y jugando a la Xbox…
–¡Oye, se supone que tú eres mi amigo! –le reprendió Simon– Muchas gracias, eh, eres muy amable…
–Basta de lloriqueos, chupasangres, y vamos al sitio –decretó Jace.
Simon agachó la cabeza y caminó detrás de ellos. Isabelle se retrasó para estar a su altura.
–Pues a mí me pareces el más sexy de aquí –le dijo, con una sonrisa seductora–. Bueno, también mi hermano, que es obviamente guapo es muy guapo, compartimos genes… pero al fin y al cabo es mi hermano.
–Gracias, Izzy –le respondió Simon intentando sonreír–. Supongo que con eso basta.
–No hables con ese tono de lechuga, por el Ángel. Es la opinión de Isabelle Lightwood, es decir, la única decisión válida y que importa.
Llegaron junto a la peluquería de señoras, y Jordan se puso a escudriñar desde la calle.
–Pues sí que tienen pinta de viciosas… –murmuró.
Maia entró en la peluquería, y los demás se fueron a un callejón que había al lado.
–Bueno, atentos, quitaos la ropa y… –Magnus chasqueó los dedos y aparecieron cuatro gatos a los brazos de cada uno, siendo uno de ellos Presidente Miau, que cayó, obviamente, a los brazos del brujo.
A Jordan, que ya se había quitado la camiseta, le había tocado un pequeño gatito color marrón.
–¿Y por qué a mí y a Simon nos has dado un bebé gatito y a Alec ese gato tan enorme? –preguntó, sin comprender.
–¿De verdad que no lo pillas, Gordon? –le preguntó Magnus, levantando la ceja.
Alec se puso rojo como un tomate.
–Vale, muy bien, mensaje captado. Sólo que… lo dudo mucho.
–Si quieres, en un chasquido de dedos puedo hacer que os desaparezca la ropa de la parte inferior… y podríamos comprobarlo. Te aseguro que yo me quedé muy sorprendido cuando descubrí tan envergadura, algo que le sucede muy poco al Gran Brujo de Brooklyn… fue entonces cuando comprendí por qué Alec llevaba de normal pantalones tan holgados.
–¡Magnus! –dijo Alec con tono lastimero, tapándose la cara con las dos manos.
–Tiene razón Magnus –dijo Clary, que llevaba un buen rato callada.
–¡¿Clary?! –preguntó Jace, perplejo– ¿Hay algo que no me hayas contado?
–No es eso… sólo… tengo ojos. Alec, al vestir hoy con la ropa de Magnus… deja entrever una parte de él que nunca se había visto…
Magnus rió a carcajada limpia, y Jace se quedó con la mandíbula casi desencajada. Y Claro, Alec ya no sabía dónde meterse, estaba deseando que se abriera la tierra y le tragara.
–Bueno venga, dejad de poner en evidencia a mi hermano. Está claro que a los Lightwood nos han tocado los mejores genes del universo. Ahora, quiero veros sin ropa y con los gatitos dentro –Isabelle sonrió pícaramente.
Jordan, Magnus y Simon se quitaron la camiseta y los pantalones.
–Como me arañes mis partes, te las verás conmigo, gatito –le amenazó Jordan, y después se puso al gatito por dentro de los slips.
–Simon, ¿sigues teniendo los calzoncillos que te regalé? –le preguntó Clary, mirando directamente hacia sus partes.
–"May the force be with you", qué divertido –leyó Jace con un tono de mofa en la voz.
–Es de La guerra de las Galaxias, para tu información –le explicó Simon–. Y sí, Clary, desde siempre han sido mis calzoncillos preferidos.
–Pues yo nunca te los había visto… –murmuró Izzy– Una vez te vi unos de UltraMan.
–Superman, Izzy, Superman –le recordó Simon y Clary soltó una risita.
–Alec, lo de quedarse en calzoncillos, también iba para ti –le recordó Magnus, que ya llevaba a Presidente Miau dentro de los suyos (que realmente pertenecían a Alec). El gatito parecía estar cómodo allí, y Alec se preguntó si es que Magnus ya se lo habría metido alguna vez, hecho que le resultó más que probable tratándose del brujo.
–Es que… ¿no te acuerdas que además de la camiseta y los pantalones, también llevo tus calzoncillos?
–Por supuesto. ¿Y qué tienen de malo?
–Por el Ángel, Magnus –Alec se bajó los pantalones y se los quitó, dejando a la vista unos calzoncillos con purpurina de color morado que tenían escrito sobre ellos con lentejuelas doradas "A nefilim was here".
–Mira, hoy se puede comprobar que es absolutamente cierto –Magnus se encogió de hombros, como si no comprendiera por qué podía ser vergonzoso. El joven cazador de sombras se sintió muy aliviado al nadie hacer ningún comentario al respecto.
–Pero Magnus, con lo ceñidos que son, es imposible que me quepa ese gatazo.
–Cierto, sólo lo había hecho aparecer para hacer un buen símil –volvió a chasquear los dedos haciendo desaparecer al gato y, en su lugar, apareció un gatito blanco con ojos azules –. ¿A que es monísimo? Se parece a ti…
–Si tú lo dices –Alec se giró y, de espaldas, se metió con mucho cuidado al gatito dentro de los calzoncillos–. Quizás muera asfixiado, y será por tu culpa, por llevar prendas tan ajustadas.
Maia apareció por el callejón.
–Todo listo, chicos. Ya lo he hablado con la dueña, le he dicho que estábamos haciendo labores sociales. También he enjabonado todo el escaparate con el producto que me habías proporcionado, Magnus. Así que… ¡que empiece la prueba!
Los cuatro chicos cogieron cada uno un limpiacristales y fueron hacia el escaparate.
–Podrías volver a aplicarte la runa de sin miedo, para así sentirte menos avergonzado –le susurró Magnus al oído de Alec. Éste reaccionó tensando su cuerpo–. ¿Qué pasa? ¿Es que te creías que no me iba a dar cuenta de que, para la prueba de ligar con el chico del supermercado, te la habías puesto?
–Supongo que no…
–Venga, basta de cháchara, que Jordan y Simon lo están haciendo todo –les dijo Clary, que observaba atentamente la faena.
Los cuatro se pusieron a limpiar los cristales y, cuando sus torsos eran visibles para las mujeres de dentro del local, ellas ya tenían todas las miradas puestas en ellos. Ahí es cuando pasaron a limpiar el cristal por la parte de abajo, y fueron subiendo hasta que se veía un poco del calzoncillo. Los labios de todas las mujeres del interior formaban una clara O, al ver lo abultados que estaban los calzoncillos de aquellos jóvenes. Y finalmente, todos a la vez, limpiaron la zona central, descubriendo el secreto. Todas pusieron una cara de decepción, seguida de un suspiro y una mirada de ternura.
Fue entonces cuando Magnus abrió la puerta y entró en el local.
–¿Alguna desearía tocarme el gatito? –preguntó con la voz más seductora que podía poner.
Todas cayeron rendidas a sus pies y, una vez tenían a los cuatro chicos sin camiseta dentro y al alcance de sus dedos pellizcones, se sintieron en el paraíso.
–Mi gatito es muy tímido… –le susurraba Magnus a una de las mujeres cuando Maia entró y les dijo que debían marcharse.
A todas se les puso cara de fastidio, pero acabaron despidiéndose de ellos pidiéndoles que volvieran pronto.
–Bueno, creo que ya va siendo hora de volver al loft de Magnus –comentó Clary, una vez los chicos se habían vuelto a vestir, y todos estuvieron de acuerdo con ella.
Lamento muchísimo no haber publicado antes, pero tenía los exámenes y cuando intentaba escribir no me salía nada decente.
Jijiji, estoy obsesionada con los calzoncillos de Simon, lo sé, y siempre que tengo oportunidad, me gusta hablar de ellos.
La idea de la prueba de los chicos la he tomado de un video que vi hace mucho tiempo y he conseguido encontrarlo: está en /videos/limpiador-de-cristales- Y luego, la idea de los calzoncillos que lleva Alec es de un fanart de CdS, Magnus llevaba el mensaje escrito en la camiseta.
Bueno, eso es todo por hoy, el próximo capítulo os prometo que lo veréis dentro de mi poco.
Ave atque vale!
