Disclaimer: Los personajes pertenecen a Cassandra Clare. La canciones "Loba" y "Do ya' think I'm sexy", tampoco son mías. Todo lo demás, es fruto de mi mente traviesa.
Asimismo, os recomiendo que las escuchéis o al menos echéis un vistazo al videoclip de Shakira, para poder seguir mejor la prueba.
Lamento la tardanza. Espero que os guste el capítulo:

–Bueno, después de haber besado a Simon, creo que me merezco elegir prueba –proclamó Jordan en cuanto entró por la puerta del loft de Magnus. Al ser el último en hacerlo, la cerró.

–Desde luego, Jordan –dijo Clary–. Te toca elegir a ti.

–Uhm… –recorrió con sus ojos toda la sala, deteniéndose en cada uno de los presentes durante unos segundos– Clary, ¿verdad o atrevimiento?

–Uhm… atrevimiento –respondió con una sonrisa.

–Está bien. ¿Qué tal si…? –volvió a pensárselo durante unos segundos– ¿conocéis eso de la barra?

–Eso de la barra –repitió Magnus–. Se me ocurren mil cosas relacionadas con barras, algunas realmente interesantes… Pero si no eres más explícito…

–Eso es lo que pretendía hacer, Magnus –respondió Jordan, un tanto molesto–. No sé muy bien cómo explicarlo. No es en realidad una barra… Me refiero a esas pruebas en las que se pone una barra o una cuerda de forma horizontal y el objetivo es que la gente pase por debajo de ellas…

–Y es para ver hasta cuánto uno es capaz de bajar, ¿no? –preguntó Isabelle.

–Exacto. Esa es mi prueba. Ponerla en una medida media, e ir bajando hasta… digamos hasta la altura de esa mesilla de allí –dijo señalándola.

–Esa mesilla no creo que llegue a medir los sesenta y cinco centímetros –comentó Simon–. Es prácticamente imposible hacerlo.

–Por eso lo he dicho. Si no lo consigues, te quitas la camiseta –Jordan miró a Clary mientras lo decía. Ella asintió.

–¿Por dónde debo pasar?

Magnus sacó un bastón largo con la empuñadura en forma de una cabeza de dragón.

–¿Qué tal esto? –preguntó sonriente– Alec, ven a cogerlo conmigo.

Alec se acercó y observó el bastón.

–Es un bastón realmente bonito –observó el nefilim de ojos azules.

–¿Te gusta? Puedo regalártelo si quieres.

–¿Para qué voy a querer yo un bastón además de como pieza decorativa?

–Bueno, es realmente elegante y además… –Magnus tocó el bastón en cierta zona, se escuchó un ligero clic y apareció una hoja afilada– ¿A qué no te lo esperabas?

–Yo sí, he visto suficientes películas –dijo Simon.

–Bueno, yo ya estoy lista. Ponedme el bastón a la altura que queráis, que lo pasaré.

—Pero a la prueba le falta algo muy importante, mi querido Polack.

Jordan no dijo nada, pero arqueó una ceja.

—La diferencia para estas pruebas la marca la música sexy. Sin música, es un aburrimiento.

—Tiene razón Magnus —le apoyó Maia.

—Sí, tienes razón, Cardus —dijo Jordan, haciendo hincapié en el nombre mal dicho del brujo—. Así que, deléitanos con tu mejor selección musical.

—Como deseéis.

Magnus fue al equipo de música y pulsó el play.

La canción Do ya' think I'm sexy, de Rod Stewart comenzó a sonar, a partir de la mitad. Concretamente, estaba en la estrofa en la que cantaba:

If you want my body and you think I'm sexy

Come on, sugar, let me know

If you really need me just reach out and touch me

Come on, honey, tell me so

—¿Ese tipo se cree realmente un cantante? —preguntó Jace, asomándose una sonrisa a sus labios.

—Nefilim, no cuestiones las habilidades vocales de Rod Stewart —le cortó Magnus con una mirada asesina.

—¡Discúlpeme, oh Gran Brujo! ¿Qué ha hecho ese tipo? ¿Es el rey de la purpurina de los mundanos?

—Nada de purpurina. Es magnífico porque sólo con esa canción Alec cede a mis plegarias y me hace…

Alec le tapó la boca al brujo justo antes de que éste continuara hablando.

—¿Qué te hace? —preguntó Isabelle, que había fingido indiferencia hasta el momento.

Magnus mordió uno de los dedos de Alec.

—¡Ah! —exclamó el cazador de sombras.

—Hace unos bailes realmente sensuales.

—¡Magnus! —exclamó Alec, que enrojeció mientras miraba mal a su novio.

—¿Qué ahora tampoco puedo presumir por tener un danzarín erótico como novio?

Alec hizo un sonido similar al de un cachorrito y enterró el rostro en sus manos.

—Eso tiene que ser tu próxima prueba, sin duda alguna —comentó Isabelle.

—Os recuerdo —dijo Maia—, que estábamos con la prueba de Clary.

—¡Oh, cierto! —exclamó Magnus.

Magnus y Alec sostuvieron el bastón, uno a cada lado. Lo cambiaron en cuatro ocasiones de altura. La primera vez resultó muy fácil, más aún teniendo en cuenta la reducida estatura de Clary. La segunda y tercera vez la cosa se complicó todavía más. Y la cuarta…

–Yo no sería capaz. Lo admito –dijo Isabelle.

–Clary podrá –aseguró Jace y le ofreció a su novia una sonrisa llena de convicción.

Clary, tras pensárselo unos segundos, flexionó su cuerpo y pasó por la medida establecida, sin rozar en absoluto el bastón.

–Wow, eso ha sido realmente impresionante –observó Jordan, aplaudiendo–. No me lo habría imaginado.

–Parece que Clary tiene la habilidad de sorprendernos en cualquier ocasión –dijo Maia, sonriéndole a la aludida.

–Oh, gracias –Clary se sonrojó ligeramente.

–Pues a mí no me has sorprendido –dijo Jace–. Yo estaba seguro de que lo harías.

Clary se acercó a él y de puntillas, le besó ligeramente en los labios.

–Y ahora me toca elegir a mí –dijo, una vez finalizado el beso–. Y elijo a Isabelle.

–Atrevimiento. Eso ni se pregunta.

–Muy bien. Siempre me he preguntado cómo te quedaría una sudadera con capucha y unos vaqueros holgados con zapatillas de deporte.

Jace rió, tapándose la boca con la mano.

–¿En serio me estás poniendo esa prueba?

–Sí. Durante tres turnos, quiero que te que te vistas así.

–Lo siento Clary, pero como amiga tuya debo decirte que tus pruebas son realmente malas. En primer lugar, le dices a Jace que se meta en una bañera con espaguetis, luego le dices a Simon que imite a Soda…

–Yoda –le corrigió automáticamente el vampiro.

–Como se llame. Lo que me recuerda… –Izzy abrió los ojos con excitación– ¡que no has cumplido tu prueba! ¡Debes quitarte una prenda! Clary, ¿cuál le dices que se quite?

–Los pantalones, sin duda alguna. Quiero ver esos calzoncillos de La guerra de las galaxias de nuevo. Gracias por recordarlo, Iz.

–No hay de qué –respondió con una sonrisa maliciosa.

–Sí, gracias Iz –dijo imitando la voz de Clary Simon, lo que le salió muy bien, sin duda fruto de tantos años de amistad. Y después, se quitó y lanzó los pantalones.

Mientras tanto, Magnus había hecho aparecer la ropa indicada.

–He cogido los más horribles que he podido. Lo siento querida Isabelle, pero la ocasión lo pedía.

–No pasa nada, Mags. Esto es un juego y de eso se trata.

Isabelle se levantó del sofá y, sin ningún pudor, se quitó su ropa (y todas las armas que llevaba consigo) y se cambió delante de todos. No hubo ningún comentario, probablemente debido al temor a que sacara su látigo al mínimo comentario.

–Muy bien, ya estoy. Horrible pero estoy.

Isabelle Lightwood, con una sudadera marrón tamaño XXL, unos vaqueros color azul desteñido holgados y con múltiples y enormes bolsillos y unas zapatillas de deporte de lo más corrientes color ocre vómito, no parecía en absoluto Isabelle Lightwood.

–Mi querido Jace, ¿verdad o…?

–Atrevimiento –respondió rápidamente Jace, sin darle tiempo a terminar la pregunta–. A ver qué plan malvado tienes para mí.

–Enseguida te lo enseño. Solamente esperadme un segundo.

Isabelle volvió a levantarse y se marchó hacia la cocina de Magnus compartiendo una mirada cómplice con Clary antes de marchar. Resultó extraño verla ir y volver sin escuchar el característico repiqueteo de sus botas con tacones imposibles. Y cuando regresó…

–¡Por el Ángel, no! ¡Oh, Raziel, veo que me has abandonado! –Jace exclamó, siendo deliberadamente dramático– ¿Qué he hecho yo para merecer tal castigo?

–Come y calla, Jace Lightwood –Isabelle colocó el plato con magdalenas que había preparado delante de él y volvió a tomar asiento–. Si no te las comes todas, deberás quitarte el vestido, quedándote así en esa preciosa lencería negra que Magnus ha elegido para ti.

–No es algo que realmente me importe. Vosotros sois los que deberíais plantearos si sois capaces de soportar ver tanta belleza tan cerca de vuestros rostros… Si os preguntáis por qué Clary y yo todavía no nos hemos acostado, la razón es porque ella siempre desfallece cuando me estoy desnudando…

–Para de decir sandeces, Jonathan Christopher –Clary le propinó un codazo bien fuerte en la caja torácica.

–¿Entonces no aceptas el reto? –preguntó inquisitivo Alec– recuerda que si lo haces te habrás negado a dos pruebas… y nadie de aquí se ha llegado a negar a ninguna.

–Lo que te convertiría en… –completó Magnus.

Jace, para hacerles callar, cogió la primera magdalena y se la metió entera en la boca. Con gesto de asco y esfuerzos evidentes, consiguió terminársela.

–Muy bien, una vez terminada una, espero que el calvario sea menor.

Repitió la operación hasta terminarse las seis magdalenas enteras, sin dejar una sola miga. Cuando terminó, saltó del asiento:

–¡Ni se os ocurra decir nada de que me rajo en las pruebas de verdad o atrevimiento! –exclamó mirando en la dirección de Magnus y Alec– Y ahora, necesito beber algo y quizás un cubo donde vomitar. Por el Ángel, Izzy ¿qué diablos le has metido a la masa?

–No quieras saberlo, Jace –le susurró Clary al oído, y después le besó en la mejilla–. Enhorabuena, estás hecho todo un machote.

–Lo sé –respondió él con una sonrisa de autosatisfacción–. Y ahora, Mr. Bane, ¿qué elige usted?

–Atrevimiento. Sea cual sea tu plan malvado, no pienso negarme a él.

–Estupendo. Estaba pensando en una prueba… de pareja.

Alec, que estaba echado en el sofá relajadamente gracias al hecho de que hacía rato que no se le mencionaba ni se le retaba a nada, se enderezó automáticamente.

–¿A qué te refieres con "prueba de pareja"? –le preguntó inquisitivamente a su parabatai.

–Bueno, antes Magnus ha confesado que su debilidad eran tus mordiscos en su oreja… así que he pensado que estaría bien una prueba en la que Alec desplegase sus habilidades en ese campo y si Magnus consigue no mostrar ningún tipo de excitación, la prueba se dará por superada. Si no, ambos perderéis una prenda de mi elección. Pero Alec, si te niegas a intentar hacer la prueba, os tendréis que quedar absolutamente desnudos.

–Aceptamos, ¿verdad, Magnus? –Alec se giró y miró a su pareja ligeramente sonrojado.

Jace sonrió complacido. Conocía tanto a su parabatai como para saber que se negaría a hacer la prueba a no ser que la penalización fuese más embarazosa que la prueba en sí.

–Por supuesto. Aunque vamos a fallar. Lo que no significa que me vaya a resultar una prueba desagradable…

–¿Durante cuánto tiempo? –preguntó Alec, volviendo a tener su atención puesta en Jace.

–Uhm… ¿diez minutos?

Alec se acercó a Magnus y le susurró, mirándole directamente.

–Magnus, por favor, trata de contenerte.

–Lo intentaré. Alec, no te pongas nervioso. Piensa que aquí estamos solos tú y yo.

El joven cazador de sombras asintió.

Magnus se encontraba repantigado en un lateral del sofá. Alec se puso encima de él, con una pierna en el hueco que dejaban las del brujo y la otra contra el respaldo. Intentaba evitar el roce de sus partes íntimas con las del brujo, a sabiendas de que si eso sucedía, la prueba estaría más que perdida. Se inclinó sobre su pareja, poniendo una mano sobre el pecho de Magnus. Finalmente acercó su rostro al del brujo, con su cabeza en el lado que no quedaba a la vista de los demás. Abordó la oreja de Magnus como siempre hacía: primero rozando el lóbulo con la punta, a intervalos, luego subiendo un poco por el borde de la oreja, y para cuando ya la tenía toda lamida, muy lentamente, pasaba a dar ligeros mordiscos inesperados.

Magnus estaba conteniéndose todo lo que podía. Tenía las manos en puños, los ojos cerrados y una expresión contenida y apretada en el rostro. No eran visibles cambios en su entrepierna, debido a los holgados pantalones de Alec que llevaba.

El cazador de sombras lamió la oreja por su parte trasera, rozando también con su lengua por parte del rostro.

Nadie pudo decir qué fue primero, si la relajación del cuerpo de Magnus o el gemido. Quizás sucedió todo a la vez. Pero en cuanto supo que la prueba estaba perdida, el brujo giró su rostro para poder capturar los labios de su pareja. Le besó ardientemente, a la vez que con manos ansiosas lo atraía hacia sí.

—¡Por el Ángel, que hay menores delante! ¡Mis ojitos leonados están traumatizados! —exclamó Jace.

—Uhm… —Magnus, a regañadientes, se separó de un Alec completamente rojo— Lo siento cariño, tuya es la culpa de ser tan bueno en lo tuyo.

Alec agachó ligeramente la cabeza y preguntó:

—¿Qué prenda debemos quitarnos, Jace?

—La camiseta. Si os digo los pantalones, mi novia no parará de mirarte esas piernas que tanto le gustan.

—¿Ya estás otra vez con eso, Jace? —preguntó fingiendo enfado Clary— Era una prueba, tenía que elegir una parte del cuerpo de cada…

—No, me refiero a cuando se han quedado en calzoncillos. Mirabas demasiado las partes bajas de Alec. Eso no está nada bien, Clarissa.

Clary, claramente avergonzada, giró el rostro para intentar desviar la atención de ella.

Magnus y Alec se quitaron las camisetas.

–¿A quién te apetece que elijamos, Alexander? ¿A Maia?

–A quien tú quieras, Magnus –respondió en tono bajo e intentando apartar la mirada de todos, claramente muy incómodo.

–Maia, ¿verdad o atrevimiento?

–¡Atrevimiento! ¡Ya era hora de que me tocara!

–Me alegra que estés animada, porque para esta prueba hace falta animación. Tienes que bailar la canción Loba, de Shakira, tal cual el videoclip. Con jaula incluida.

Maia se quedó callada por unos instantes.

–Yo aceptaría, pero hay un problema… no tengo ni idea de cómo es la coreografía.

–¡Oh, estimada hija de la luna, ése no es ningún problema! ¡Yo te la puedo enseñar!

Magnus chasqueó los dedos e hizo aparecer una jaula de las mismas dimensiones que la del videoclip y unas ropas, que resultaron ser el mismo body negro con una pierna descubierta que llevaba la cantante colombiana.

–¿Por qué hay dos trajes? –preguntó Maia.

–Muy fácil. Uno es para ti, el otro para mí.

–Oh –Maia intentó contener la risa–. ¿Dónde me cambio?

Magnus fue a su habitación y Maia al baño. A los pocos minutos aparecieron ya con las ropas puestas. Resultaba extraño pero a ambos, teniendo cuerpos tan distintos, les quedaba genial su atuendo.

–Muy bien y… ¡música! –el brujo chasqueó los dedos y la canción empezó a sonar.

—Primero, tienes que hacer unos movimientos espasmódicos. Combínalos con pasar la lengua por tus uñas sugerentemente.

Sigilosa al pasar, sigilosa al pasar

[…]

—Ahora, en el estribillo, métete en la jaula.

Maia hizo lo que Magnus le dijo.

—Agarra con las manos las barras del techo y luego sube las piernas también al techo de la jaula. Ahora balancéate ligeramente.

Una loba en el armario

Tiene ganas de salir

Deja que se coma el barrio

Antes de irse a dormir

[…]

—Suelta una pierna y ponla firme, apuntando al público. Después, vuelve a poner los pies en el suelo. Con las manos todavía en las barras, haz un movimiento de sube y baja. Así —dijo Magnus, haciéndolo y esperando a que Maia lo hiciera—. Después, túmbate en el suelo y en un movimiento rápido sube las piernas otra vez al techo de la jaula.

Llevo conmigo un radar especial para localizar solteros

Si acaso me meto en aprietos también llevo el número de los bomberos

[…]

—Y ahora… abre las piernas completamente —Maia lo hizo—. Wow, sí que eres flexible. A Porter lo debes volver loco en la cama. Vale, ahora vuelve a poner las manos en el techo de la jaula y con las rodillas en el suelo, abre y cierra las piernas varias veces.

Una loba en el armario

Tiene ganas de salir

Deja que se coma el barrio

Antes de irse a dormir

[…]

—Y ahora una de mis partes preferidas… De nuevo de pie en la jaula, roza con tu cadera los barrotes de la jaula. Y para acabar… unos movimientos en el suelo que ahora te muestro y… ¡coreografía terminada!

Magnus terminó de mostrarle los movimientos, y Maia le miraba atentamente. Bailaron la canción juntos, y luego puso otra vez la canción para que Maia la bailara sola.

—¡Bravo! Debo decirte que me has sorprendido muy gratamente.

—Bueno, la verdad es que eres un buen profesor —reconoció Maia—. No ha sido tan malo como me lo esperaba. Pero bueno, la prueba ha acabado, así que al fin puedo quitarme esta ropa tan… sugerente.

Maia volvió a meterse en el baño para cambiarse. Isabelle, al haber terminado los tres turnos de su prueba, se quitó las ropas que le eran tan ajenas y volvió a lucir su vestido corto y ajustado y sus sempiternas botas altas de tacón.

–Bueno, pues ya que he terminado mi prueba —pronunció Maia en cuanto salió del cuarto de baño—, así que elijo a Simon. ¿Verdad o atrevimiento?

–Uhm… atrevimiento.

–Te reto a que bailes una canción a tu elección en el juego de baile de la consola. Si consigues una puntuación menor de cinco estrellas (la máxima) deberás quitarte los calzoncillos. Y si te niegas a bailar, lo mismo será.

–Maia, creo que es un poco excesivo, creo que Simon se sentirá un poco avergonzado… ¿por qué no la camiseta? –intentó interceder Clary.

–Ssh, Clary. Sé lo que me digo –dijo Maia con una sonrisa juguetona en los labios–. ¿Qué dices, Lewis?

–Digo que acepto. Supongo que tendrás el juego, ¿verdad, Magnus?

–¡Por supuesto! Soy un auténtico maestro.

Simon encendió la consola, puso el juego y se puso a navegar por las canciones.

—Se me había olvidado decir… que elijo que bailes Oops I did it again de Britney Spears —agregó Maia.

Simon le echó una mirada de: me estás vacilando, tía? Pero eligió la canción.

La canción empezó a sonar. Cuando se escuchó el primer Oh baby, baby, todos se esperaban a un Simon patoso y descoordinado. Pero Simon alzó su brazo y pasó de forma seductora la mano derecha por su pecho, y continuó con el resto de movimientos de la coreografía. Lo que les dejó a todos (salvo a Maia) con la boca abierta fue que el vampiro comenzó a mover sus caderas y siguió todos los movimientos de la pantalla a la perfección. Los perfects no paraban de sonar, y el medidor subía más y más.

Magnus, incapaz de contenerse, se puso a su lado a bailar. Ambos iban en completa sintonía con la pantalla.

Cuando la canción terminó, Magnus dijo:

—¡Simon, me has dejado de piedra! ¡Has hecho incluso el movimiento de oro! ¡Me costó bailar la canción muchas veces para conseguir hacerlo en el justo momento!

—Sí que te he debido de sorprender, pues creo que es la primera vez en todo lo que nos conocemos que me llamas por mi verdadero nombre.

Magnus no respondió a eso. Para sorpresa de todos, le cogió por la cintura y le abrazó.

—¡Ya he encontrado una pareja de baile! ¡Yupiii!

En cuanto le soltó, Simon se enfrentó a lo que sabía que le esperaban. Caras de estupefacción en todos los de la sala. Empezó por Clary.

—Fray, venga, cierra la boca que te van a entrar moscas. No es para tanto…

—¡Que no es para tanto dices! ¡Pero si cuando íbamos al Pandemonium no eras capaz de hacer otro movimiento diferente a ir de un lado para otro en una cuadrícula!

—Yo os lo puedo explicar —dijo Maia con una sonrisa maliciosa en el rostro—. Simon y yo, como ya sabréis, de vez en cuando quedamos para jugar a la Xbox. Pues bien, una vez dijo Simon que jugaría a cualquier juego que le trajera… así que le traje éste. Y empezamos a retarnos, de modo que acabó aprendiéndose todas las coreografías a la perfección con tal de ganarme siempre.

—Simon tío, qué poco gentil —comentó Jordan—. Al menos ya sé que cuando no nos funcione la antena de la tele, tengo entretenimiento asegurado… —y dicho esto, se puso a reír.

—Vale ya, basta de bromas —le cortó Simon—. Alec, te elijo a ti. ¿Verdad o atrevimiento?

—Simon, tengo una prueba muy buena para Alec… —comenzó a decir Isabelle.

—No hace falta que se la digas, Izzy. Elijo verdad. Pregúntame lo que quieras. Todo menos tener que hacer un baile sensual —y por supuesto, al pronunciar la palabra "sensual" se sonrojó.


Y hasta aquí el capítulo de Truth or dare. Lo dicho, siento mucho la tardanza. Para los que no sigáis La última runa de Clary, os explicaré que la razón por la que me he pasado tantísimo tiempo sin actualizar es porque me salió un trabajo de au-pair de verano y tuve que irme a toda prisa a Reino Unido, sin darme tiempo a avisar mi ausencia. Pero bueno, aquí estoy otra vez. La verdad es que me ha costado escribir el capítulo, porque voy bastante escasa de ideas. Por eso os animo a que me contéis las que se os ocurran. Además, dejo a vuestra elección la pregunta que Simon le hará a Alec (cejas'). La que más me guste que me enviéis, la pondré. Además, os advierto que en el próximo capítulo Magnus contará su primera experiencia sexual. Así que, nefilims, por favor, proponedme pruebas para los demás y así podré actualizar antes.

P.D Si a alguien se le ha pasado por la cabeza, sí, he hecho que el bastón de Jem lo tenga Magnus y se lo regale a Alec.

AVE ATQUE VALE!