CAPÍTULO 7

—Veamos, una pregunta para ti… —murmuró Simon.

—¡La tengo, la tengo! —exclamó Isabelle toda emocionada— ¿Quién es dominante y quién es sumiso? Es algo que siempre me he preguntado…

—Izzy, por el Ángel, ¿es que no tienes otra cosa en la que pensar? —preguntó Alec con los ojos como platos— Tienes un problema…

—¿Un problema? —ella rió— Mi hermano sale con el Gran Brujo de Brooklyn, yo no hago más que tener una sana curiosidad…

—Magnus es el sumiso, eso está claro —dijo Jace, sorprendiendo a todos—. ¿Qué pasa? ¿O es que ves a Alec de sumiso, Iz? Porque conociéndole, no le veo para nada…

—¿Y qué es exactamente lo que conoces de mi Alexander en la cama? —preguntó inquisitivamente Magnus.

—Magnus, no eches más leña al fuego. Se supone que deberías ayudarme y ponerte de mi lado —le dijo Alec con un tono un tanto lastimero.

—Para tu información, tu Alexander es mi parabatai. Lo conozco en profundidad —añadió sonriendo Jace.

—¿En profundidad? —Magnus levantó una ceja.

—De verdad Magnus, ¿estás celoso de Jace? —preguntó Alec, sin ser capaz de creérselo del todo y sonriendo.

—¿De ese mequetrefe rubio? Jamás —respondió el brujo en un tono que demostraba que, claramente, estaba celoso—. Y por cierto, ya que tenéis tantísima curiosidad os diré que sois todos unos antiguos. En nuestra relación nadie es dominante o sumiso. Cambiamos los roles cuando…

—¡Magnus! ¡Ya es suficiente! —Alec le tapó con una mano la boca.

—Oh Dios, ¿en serio, era necesario conocer esa información? —preguntó Jordan, que había estado callado durante un rato, centrándose más en Maia que en los demás.

Simon carraspeó.

—Bueno, aunque Alec haya sufrido una situación vergonzosa, os recuerdo que todavía no he hecho mi pregunta. Y mi pregunta es… ¿qué viste en Jace que te hiciera ser su parabatai?

—¿De verdad hace falta preguntarlo? ¿No hay suficiente razón que la de que soy lo más maravilloso que ha visto el mundo? —dijo Jace.

—No sé si seré el único pero, uhm, discrepo —dijo Simon.

—Yo… —comenzó a decir Alec, un poco sumido en sus pensamientos— Jace y yo habíamos empezado a entrenar juntos desde que él llegó al Instituto, y claramente él era más fuerte, más rápido, más valiente… Jace estaba seguro de sí mismo, no le tenía miedo a nada, ni siquiera a su propia muerte, y parecía no necesitar a nadie en el mundo. Yo, en cambio… ¿hace falta decirlo? Todo en lo que Jace destacaba y le sobraban cualidades, en mí eran carencias. Pero un día, estando los dos solos en la sala de armas, Jace me pidió que fuera su parabatai. Cualquiera en mi situación habría pensado que aquello era una broma, que él se estaba burlando de mí… ¿un cazador de sombras de tan alto nivel queriendo ser el parabatai de alguien tan débil, tan inseguro como yo? Pero yo no pensé en eso. Todo el mundo, siempre, ha sabido que Jace era superior a mí. Pero yo nunca me he sentido en inferioridad. Porque desde ese día supe que Jace me necesitaba, que a pesar de todo, yo era necesario en el mundo.

Después de que Alec dejara de hablar, todos se quedaron callados.

—Jo tío, eso ha sido muy bonito —fue Jordan el primero en hablar.

—Jace, ¿sabes lo afortunado que eres? —le preguntó Clary en voz baja, que al ver lo mucho que Alec se preocupaba y quería a Jace le habían entrado ganas de llorar.

—Siempre lo he sabido —dijo Jace, sonriendo—. Sí, siempre he estado seguro de mí mismo, pero cuando se lo pedí a Alec… pensé que no me aceptaría. Aceptándome aceptaba al tipo más irracional del mundo… y al más atractivo, por supuesto. Yo siempre me había sentido solo… hasta que Alec me dijo que sí. Entonces supe que ya no lo estaría.

Sin decir nada más, los dos se levantaron al mismo tiempo y se dieron un muy hermoso abrazo fraternal.

—Aunque cuando descubrí que eras gay, pensé si me habrías aceptado para poder ponerme todas esas marcas cuando estoy prácticamente desnudo —dijo Jace, sonriendo, en cuanto se separaron.

—Vete a la mierda, Jace —le respondió su parabatai, también sonriendo.

Ambos volvieron a sentarse al lado de sus respectivas parejas.

—¿Por qué no hacemos todos un turno de preguntas? —preguntó Isabelle— Venga Alec, elige a quién preguntar.

—¿Hola? ¿Quién ha aceptado eso del turno de preguntas? ¿Desde cuándo la morena está al mando?—preguntó Jace.

—Venga Jace, es una buena idea. Así cambiamos un poco, ¿no? —dijo Clary.

—Pues… elijo a Maia, que ha dicho poco hasta ahora —dijo Alec—. ¿Cuál es el recuerdo más romántico de tu vida?

—Oh, veamos —respondió ella, y se quedó por un rato en silencio—… Quizás no sea el más más romántico, pero es uno de los que recuerdo con más cariño. Recuerdo una fiesta que había en mi barrio de Nueva Jersey, una especie de baile. A mí nunca me había gustado ese tipo de cosas… pero mi madre siempre se encargaba de las bebidas y me obligaba a ir a ayudarla. En aquella fiesta de pronto apareció Jordan, vestido con sus ropas típicas de surfero, y me pidió que bailara con él. Yo le dije que no iba vestida adecuada… y él me puso una flor en el pelo y me dijo que yo era absolutamente adecuada para él. Y nos pasamos la noche bailando, y me sentí la chica más bonita del baile, y no me importó que todas las otras, con esos ridículos vestidos, no dejasen de mirarnos y meterse con nosotros. A mí lo único que me importaba era Jordan.

—Es que eras la chica más bonita del baile —respondió Jordan en cuanto ella terminó su narración, y le dio un delicado beso en los labios.

—Clary, ¿qué es lo más vergonzoso que te ha pasado nunca? —le preguntó Maia después.

—Me han pasado muchas cosas vergonzosas, teniendo en cuenta de que soy de las personas más despistadas del universo. Aunque sin Simon, seguro que habrían sido muchas más. Él siempre ha estado pendiente de mí, salvándome de apuros.

—Y me seguirás teniendo ahí, Fray —le interrumpió él guiñándole un ojo.

Ella sonrió.

—Pero veamos… lo más vergonzoso de todo…

—Fue cuando me vio saliendo de la ducha, tenía en el rostro la expresión de: ¿Cómo es posible que exista tanta perfección? Y se quedó sin habla, cayéndole la baba, literalmente —esta vez le interrumpió Jace.

—Estúpido Herondale —le dijo ella, sacándole la lengua—. Aunque en realidad, sí que tiene que ver contigo. Con vosotros —dijo mirando también a Isabelle y a Alec—. ¿Os suena el club Pandemónium, la primera vez que os vi? De lo más horrible y vergonzoso de mi vida.

—¿Qué tiene de horrible haberme visto a mí por primera vez? Sólo se me ocurre que te chocases con la realidad y te dieses cuenta de que, una vez me has visto, nunca verás algo más hermoso jamás. Supongo que es una experiencia dura pero gratificante a la vez.

—Corta el rollo ya, rubito —le acalló Magnus—. Mi pobre y pequeña pelirroja vio por primera vez cómo se mataba a un demonio, a manos de tres cazadores de sombras (uno de ellos absolutamente sexy, eso sí), absolutamente engreídos, pedantes y que se burlaron de ella. Además, luego aparecieron unos guardias que la echaron a ella y a su mejor amigo del local tomándola por una loca. Y por último, no podía contarle a Shaggy el increíble suceso porque sabía que él no se lo creería.

—Magnus lo ha explicado a la perfección —dijo Clary, sonriéndole al brujo—. Y para colmo, al siguiente día Simon se burló de mí por medio de una llamada telefónica.

—¡Fue divertido, Fray! Lo reconozco, tenías razón. Pero yo era un estúpido mundano, aquello sobrepasaba absolutamente mi imaginación.

—Estúpido pero sexy mundano —recalcó Isabelle.

—Y hablando de sexy… —dijo Jace— gracias, Magnus. Sabía que siempre me habías admirado.

—Con absolutamente sexy me refería a Alexander, obviamente —le respondió el brujo, que acto seguido le lanzó una mirada lasciva a su pareja, haciéndole enrojecer.

—Vale, me toca preguntar. Isabelle… —dijo Clary— ¿Has utilizado alguna vez tu látigo para algo más que cazar demonios?

Isabelle soltó una risita.

—Oh sí, desde luego. Hay chicos a los que les gusta ser dominados. A que sí, ¿Simon? —se giró hacia éste y le dio un beso en la mejilla—. Ahora me toca a mí preguntar.

—Espera un momento —dijo Clary—. Especifica un poco más.

—Uhm… principalmente, para atar a la cama, inmovilizar las manos, algún ligero latigazo nunca está de más…

—¡Por el Ángel, Izzy! —exclamó Jace— El látigo es de electrum, no de cuero.

—Las dominatrix no tienen nada que envidiarte, sin duda —murmuró Maia.

—Así que te va eso, ¿Simon? —preguntó Jordan, un tanto divertido.

—Vosotros me habéis preguntado, yo os respondo. Ajo y agua. En fin, mi preguntas es para Magnus. Quiero que nos cuentes tu primera experiencia sexual.

—Lo tenías pensado desde el principio, ¿me equivoco? ¿Puedo decir que no me acuerdo? —preguntó tratando de aparentar inocencia.

—Seguro que te acuerdas. La primera vez jamás se olvida.

—Así es… aunque a veces quieras olvidarla por haber sido desastrosa… Está bien, si tanto insistes la explicaré, pero no es nada interesante. A diferencia —se giró hacia Alec y le guiñó un ojo— de mi primera vez con…

—¿Prefieres contarnos tu primera vez con Alec? —preguntó Isabelle, sonriente— Sin duda alguna, eso es algo…

—Eso es algo que jamás oiréis —dijo Alec, cortándola.

—En fin, me lo imaginaba. Pues bien, os lo contaré. Creo que todos ya sabréis que aprendí a controlar mis poderes con los hermanos silenciosos de Madrid.

—¿Te tiraste a un hermano silencioso? —preguntó Isabelle, con la boca abierta.

—Uh, qué siniestro —murmuró Clary.

—Quizás sea por eso por lo que parecen haber sufrido tanto en su vida —sugirió Jace, con una sonrisilla en sus labios.

—Tenéis toda la razón. Me dediqué a violarles en las celdas de la ciudad silenciosa. Gracias a que no pueden emitir ningún ruido, nadie se enteró de lo sucedido. Así que ya sabéis, niños, si queréis violara a alguien, hacédselo al hermano Zachariah y compañía.

—¡Magnus! ¡Ya es suficiente! —exclamó Alec— Hay que ver lo que disfrutas siguiéndoles las tonterías.

—Está bien, lo confieso. Sólo me tiré al hermano Enoch.

—¡Magnus! —volvió a exclamar su pareja.

El brujo sonrió.

—Es que se me ocurre una historia ficticia mucho más interesante que la verdadera…

—Magnus Bane, vestido todo de cuero, paseaba por los oscuros pasillos de la Ciudad Silenciosa cuando… oh, ¿qué es lo que vieron sus ojos? ¿Era aquél el hermano Enoch? Siempre le había resultado muy deseable, su cuerpo mutilado era el más hermoso que había visto en su vida… Y en ese momento se acercaba a él a paso lento e insinuante. Su túnica estaba ligeramente abierta, dejando entrever…

—¡Jace! ¡Ya basta, tendré pesadillas! —exclamó Clary.

—Deberías plantearte unirte al mundo de fanfiction, Jace —le dijo Simon, sonriéndole.

—Clary, exijo ahora mismo una explicación. ¿Qué es eso de fanflirtion?

Clary y Simon rieron.

—Un lugar mágico donde los mundanos se dedican a describir ritos satánicos y relaciones sexuales con criaturas sobrenaturales.

—Estúpidos mundanos. Nunca entenderán nada de nada —dijo Jace en respuesta.

—De hecho saben mucho. Más de alguna idea la he sacado de ahí y… mis amantes no se han quejado —terminó de decir Magnus y acarició ligeramente el torso desnudo de Alec.

—¿Entonces no te has acostado con ningún hermano silencioso? —preguntó curiosa Isabelle, retomando el tema inicial.

—¡No! —exclamó en respuesta el brujo, esta vez mostrando su repugnancia— Tu hermano, mi querida Isabelle, tiene razón respecto a que estás enferma de aquí —y se tocó en la sien.

—Y tú sigues evitando responder —le respondió ella.

—¿No puedo quitarme una prenda?

—Entonces perderías por segunda vez, Bane —dijo Jace—. Ya no me ganarías.

—¿Y por qué quieres que cuente la historia, si eres el primero que pretende mostrar asco ante mi vida sexual?

—Porque está claro que lo pretendes evitar a toda costa. Por eso quiero que lo expliques.

Magnus exhaló una larga bocanada de aire.

—Magnus… no tienes por qué hacerlo —le susurró Alec, a la vez que le tomaba la mano, de la cual empezaban a saltar ligeras chispitas.

El brujo sonrió.

—Fue con mi primera clienta. Ella era una mundana, una de las pocas conocedoras del mundo de las sombras de la época. Era rica y muy poderosa. Organizaba fiestas a las que invitaba a todo tipo de criaturas mágicas. Ella era muy bella, pero más que bella era… ella era muy carismática, conseguía todo lo que se proponía. Me hizo que me obsesionara con ella, que la obedeciera ciegamente… y cuando me enseñó su cuarto de torturas, no pude hacer otra cosa que aceptarlo. ¿Es necesario que especifique y explique paso por paso lo que me hizo, o ya os podéis hacer una idea?

Todos se quedaron callados, hasta que Alec se levantó y dijo:

—Creo que deberíamos hacer una pausa. Magnus, ven conmigo.

Cogió a Magnus de la mano y lo acompañó hasta la habitación de éste. Antes de cerrar, les echó a todos una mirada que decía, ¿Veis lo que habéis conseguido?

—Después de consolar a su novio, nos toca una buena reprimenda. Os lo aviso —dijo Jace, repantigándose en el sofá.

—La verdad es que nos la merecemos —dijo Clary—. Isabelle y tú casi le habéis obligado a decirlo.

—Yo creo que nosotros deberíamos irnos —dijo Jordan—. No pintamos mucho aquí…

—Ni hablar. Al menos quiero ver qué pregunta te hacen —le dijo Maia.

Se escuchó un crujir de tripas.

—Jace, ¿te encuentras bien? —le preguntó Clary.

—Uhh… creo que han sido las magdalenas de Isabelle. Ahora vengo. No os divirtáis mucho sin mí.

—Descuida, le diremos a Alec que nos eche la bronca cuando estés aquí —dijo Simon, sonriendo maliciosamente.


Magnus se sentó en la cama nada más entrar en la habitación.

—Estás bien, ¿Magnus? —le preguntó en tono quedo Alec, acercándose a él—. Son unos estúpidos, no deberían haberte obligado a decir nada que no quisieras.

El brujo estaba sentado con las piernas abiertas, las manos en las rodillas y mirando al suelo. El cazador de sombras se sentó en el suelo, en el hueco que hacían sus piernas, arrodillado y buscando con la mirada a Magnus. Aunque hizo contacto visual con él, la mirada de éste parecía estar inmersa en otro lugar.

—Magnus… —Alec susurró, y alzó una mano para acariciar el rostro de su amante.

Al sentir el tacto de Alec, Magnus pareció reaccionar. Sonrió y sus ojos volvieron a estar en el presente.

—Tranquilo, Alexander. No es como si me hubieran encañonado. Además, podría haber mentido.

—Por una parte, me habría gustado que hubieras mentido.

—¿Por una parte? —Magnus alzó una ceja.

—Nunca cuentas nada de tu pasado, y justo has compartido una experiencia dolorosa, de las que odias contar. Se ha debido revivir una herida que hace mucho tiempo…

—Shh, de acuerdo. Basta con eso. Ahora dime por qué parte te gusta que no haya mentido.

—Porque ahora tengo la excusa para hacerte el amor del modo más dulce y tierno que jamás te lo he hecho.

—¿Ahora?

—Ahora no… cuando se vayan —respondió, esta vez sonrojándose ligeramente—. Ahora voy a reñirles un poco.

Magnus sonrió al ver marchar a Alec tan decidido. Sin embargo, cuando tocó el pomo de la puerta, dudó y volvió a él.

—Te amo, Magnus Bane. Nunca lo olvides —y le besó dulcemente.


Jace salió del baño con la mano en el estómago. El dolor no se había disipado. En ese mismo momento, Alec salió de la habitación de su novio.

—Alec, ¿sabes si Magnus tiene sal de frutas por alguna parte?

—¿Cómo se os ocurre? —el rostro de Alec pasó de la relajación y la alegría a la tensión y al enfado— ¡Menudo atajo de inmaduros estáis hechos!

—Genial —bufó Jace—. No hay nada mejor que una buena ración de reprimendas de Alexander Lightwood para después de una buena ración de comida apestosa de la bella Isabelle Ligthwood. Menuda joyita de hermanos, ¿por qué…?

—Cállate, Jace —le cortó Alec, sorprendiendo a todos—. Ahora me vas a escuchar. Todos vosotros. Que no se os vuelva a ocurrir…

Magnus, que lo oía todo desde dentro de su habitación, sonrió. A él sí que le había tocado una joya de novio.


¡Gracias a todos los que me habéis sugerido pruebas, habéis puesto vuestra opinión y/o le habéis dado a follow/favourite! Siento mucho haber tardado tanto en publicar, blablablá blablablá... pero ahora tengo un poco más de tiempo libre y voy a tratar de actualizar con más frecuencia. ¡Prometido!
Para el próximo capítulo planeo una visita inesperada... ¿podéis imaginaros de quién? Una pista: es una pareja. ¿Os gustaría que alguien les hiciera una visita y tuvieran que participar(puntualmente) en el juego?
Todas vuestras ideas serán bien recibidas, como siempre! (Algunas de vuestras ideas me han gustado mucho, y las desarrollaré en próximos capítulos).

AVE ATQUE VALE, NEFILIM!