CAPÍTULO 8

Alec estuvo unos cuantos minutos dándoles la charla sobre las consecuencias que podía tener jugar a verdad o atrevimiento, cómo debían tener tacto con la gente, especialmente con Magnus. Todos no dejaban de asentir. Sabían que no tenían nada qué hacer protestando. La especialidad de Alec era reñir y dar charlas morales. Terminó la reprimenda diciendo:

—Y a ver si maduráis un día de éstos.

Dicho esto, se sentó en el sofá. Isabelle no tardó en decir:

—Bueno, ¿ahora a quién le toca?

—¿Pero es que no me has escuchado? —preguntó su hermano.

—Cada palabrita.

—¿Entonces? ¿Sigues queriendo jugar?

—Es lo más divertido que se me ocurre hacer. Bueno, eso e ir de compras. ¿Preferirías, tal vez…? —dejó a propósito la pregunta en el aire.

—Genial, seguiremos con el juego —bufó Alec.

—Pero le tocaría a Magnus preguntar… —dijo Clary al mismo tiempo que el timbre sonaba.

Esperaron en silencio a que Magnus dijera algo como "ya voy", pero no se escuchó nada en su habitación. Jace se levantó del sofá con aire decidido.

—Está bien, iré yo a abrir. Se me da bien imitar al brillitos.

—Pero Jace… —Clary le iba a recordar que iba solamente ataviado con ropa interior de chica y que aunque los visitantes de Magnus fuesen variopintos, se llevarían una gran impresión al verlo así. Isabelle, que pareció darse cuenta de lo que iba a hacer, le dio un ligero puntapié.

—Ssh, pelirroja. Será más divertido ver qué cara ponen.

Jace apretó el botón del interfono.

—Seas quien seas, más te vale que sea importante. Mi tiempo es oro y mi cuerpo es puro platino —dijo con una voz muy similar a la del brujo.

Todos estallaron en carcajadas. Incluso Alec, lo que era todo un logro.

Se escucharon pasos. Dos personas subían las escaleras. En el momento en el que llegaron a la puerta, Jace la abrió de golpe.

—Y bien… —dijo, pero se quedó mudo.

Nadie, desde los sofás del loft, era capaz de ver quién se encontraba tras Jace. Tuvieron que hablar para revelar su identidad. Tardaron en hacerlo, porque también se debían haber llevado una sorpresa.

—Bonito atuendo, Jonathan —dijo Jocelyn, tras aclararse la garganta.

Clary dio un pequeño bote en el sofá. Si a su madre le solía parecer raro Jace, a partir de aquel momento…

—Buenas tardes, señora Fray. ¿Desea pasar?

Jace no había sido capaz siquiera de corregir su nombre.

—No, sólo habíamos venido a verte en el marco de la puerta, Jace —dijo Luke, evitando claramente soltar una risita—. Ha valido la pena el trayecto, si deseas saberlo.

—Ya me imagino —Jace se apartó, dejándoles paso—. Voy a… avisar a Magnus.

La pareja entró y Jocelyn suspiró en cuanto vio a su hija.

—Bueno, al menos estás con Clary y tus amigos. Si hubieses estado sólo con Magnus… me habría preocupado un poco más.

—¡Mamá! —dijo Clary en tono recriminador— Estábamos jugando a verdad y atrevimiento…

—Parece que la hayáis tomado con Jace, ¿no? —dijo Luke, caminando hacia ellos— Todos vais vestidos con normalidad y él, en cambio…

Maia se levantó e inclinó ligeramente la cabeza. Los miembros de la manada siempre eran muy respetuosos con su líder.

—Hola, Maia —dijo Luke con su tono jovial de siempre—. Me alegra verte aquí, justo tenía que hablar contigo… ¿te importa venir un momento?

—En absoluto, señor —respondió la licántropo mientras se iba con él hacia una esquina del loft.

—Te he dicho miles de veces que no me llames señor…

—Sí, señor.

—¡Jocelyn! —exclamó Magnus con una enorme sonrisa en cuanto salió de su habitación, seguido por Jace (que se había puesto una bata dorada, sin duda de Magnus)— siempre es un placer verte, querida.

Jocelyn sonrió.

—Hola, Magnus. Te veo… menos resplandeciente de lo normal —dijo con tono de sorpresa.

—Oh, ya ves, juegos de chiquillos. Pero mira a Alexander… ¿a qué está para comérselo?

La madre de Clary miró a Clary, que ya estaba rojo de vergüenza.

—Totalmente. ¿Has elegido tú su atuendo?

—Desde luego. Gran gusto el mío. ¿Y a qué has venido?

—No es nada importante. No quiero molestarte, podéis seguir con el juego y yo vendré en otro día. Jace… parece que se lo estaba pasando en grande, ¿no?

—Desde luego —contestó Jace, que se había vuelto a sentar junto a Clary. Jocelyn siempre le estaba lanzando pullitas, y él no podía nunca decirle nada. No a no ser que deseara tener a dos pelirrojas furiosas tras él, por supuesto.

—¿Nada importante, dices? ¿Seguro? Mira que yo, por ti…

—No, simplemente aprovechaba que Luke y yo pasábamos por aquí… —negó con la cabeza— En serio, no es nada. Ya lo hablaremos otro día.

Pero Clary se dio cuenta que su madre le pasaba a escondidas una notita a Magnus. ¿Qué pondría? Su madre siempre era tan misteriosa…

—Señora Fray, ¿quiere jugar? —preguntó Simon con el brillo en los ojos que siempre que tenía cuando hablaba con la madre de su mejor amiga.

—Oh… ¿cómo cuando jugabais Clary y tú? No me importaría, pero me temo que os habéis hecho mayores, y las pruebas quizás sean un poco picaronas.

—No, nosotros no… —comenzó a decir Simon.

—Vosotros claro que no. Pero últimamente habéis tenido ciertas compañías…

Otra pullita. Jace tuvo que morderse la lengua y sonreír.

—Quizás algunos… —dijo Isabelle— pero yo soy pura de corazón. De mí se puede fiar, señora Fray.

—Sí, seguro —murmuró Magnus al oído de Alec. Pero claro, todos poseían grandes capacidades auditivas y lo pudieron captar.

—¡Pues claro que sí! —dijo Isabelle, fingiendo estar ofendida.

—Siento interrumpir, chicos, pero tengo que marcharme —dijo Luke—. Hemos tenido un problema y debo solucionarlo. Me llevo a Maia, si no os importa.

—¿Un problema? —preguntó Clary, alarmada.

—No muy grande, tranquila. Hasta luego —dijo y le dio un beso en la mejilla a Jocelyn.

—Yo me voy con ellos —dijo Jordan—. Tengo en una hora que estar en el trabajo.

—Y yo… —dijo Jocelyn.

—¡No, mujer, quédate! —exclamó Luke con tono animoso— Portaos bien y pasadlo mejor.

Dicho esto, los tres licántropos salieron del apartamento.

—Entonces te quedas, ¿Jocelyn? —preguntó Magnus.

—Sólo a una prueba, ¿está bien? —respondió y se sentó en el sofá libre.

—¡Genial! —Isabelle juntó las manos—Estamos en turno de preguntas, así que debe ser pregunta de forma obligada. Por lo tanto…

—Querida, más despacio. Eres tan parecida a tu madre… —Jocelyn soltó una risita.

—Debería preguntar Magnus, le tocaba a él —apuntó Clary.

—Le cedo el turno a Isabelle, que la veo con ganas —dijo el brujo y volvió a centrarse en trazar círculos por el torso desnudo y brillante de su pareja.

—Gracias, Magnus —respondió la cazadora de sombras con una sonrisa—. Ay, pero es que tengo tantas y tantas preguntas…

Pareció que Jocelyn empezaba a asustarse, a la vez que empezaba a arrepentirse de aceptar el juego.

—Siempre me han contado que los licántropos son de lo más apasionados en la cama. Yo, por desgracia, nunca he podido probarlo. Y me muero totalmente de curiosidad, porque me han contado que cuando llega la luna llena y se transforman…

—¡Izzy! ¡Corta ya! ¡Estás hablando de MI MADRE! Y de Luke, por si no te has dado cuenta —le dijo Clary.

—¿Y? ¿Te da corte? Jo… ¿Otra pregunta? Vale, como tampoco me dejaréis que le pregunte sobre cuando se acostaba con Valentine y éste se había inyectado sangre demoníaca anteriormente… haré una pregunta aburrida de las de Simon.

—¡Oye! —dijo el vampiro.

Isabelle continuó como si nada.

—Jocelyn, cuando Magnus te hizo salir del letargo de la pócima que te habías tomado… ¿qué fue lo primero en lo que pensaste? Y cómo reaccionaste cuando te enteraste del paradero de Clary…

—Lo primero en lo que pensé, fue en Clary. Deseaba con todas mis fuerzas que Luke se la hubiera llevado a la casa de campo y se hubieran apartado de todo… pero no necesité que Magnus me respondiera, sabía que no era así. Lo sentía. Pero cuando me dijo que estaba en Idris… casi me caigo muerta allí mismo. Y justo después…

—Justo después, intentó arrancarme la cabeza —completó Magnus.

Jocelyn se ruborizó ligeramente.

—Así es. Sabía que él era quien la había llevado allí y… debéis entenderme. Me había pasado la vida intentando apartar a mi hija de ese mundo y ella al final lo había descubierto y se había ido al país de los cazadores de sombras. Y bueno, por si me lo preguntas, no lo dudé ni por un instante. Sabía que debía ir al lugar al que creí que jamás volvería para proteger a mi niña con mi propia vida si hacía falta.

—Mamá… —Clary se sonrojó.

—Espero que no me guardes rencor por mi reacción, Magnus.

—Claro que no, Jocelyn. Y mucho menos con el hermoso retrato que me obsequiaste después. Ahora estaba pensando en uno de cuerpo entero, con Alec, ambos desnudos…

—¡Magnus! —exclamó por enésima vez aquel día el joven cazador de sombras.

—Yo… ya sabes que siempre estaré en deuda contigo, así que lo que pidas será —dijo Jocelyn, toda sonrisas— Bueno, y ya he respondido, así que puedo irme, ¿no?

Magnus se levantó y acompañó a Jocelyn hasta la puerta.

—Cuídame a la niña, Simon.

—Siempre, señora Fray —respondió el vampiro, sonriendo.

—Magnus, ¿lo has leído? —le preguntó en susurros Jocelyn— Creo que vendrán hoy mismo. Te lo digo por si… —fue todo lo que consiguieron captar de la conversación.

Magnus asintió.

—¡Se me olvidaba preguntar, chicos! ¿Estáis haciendo lo de las reglas?

—¡Es verdad! —exclamó Clary— Ahora se lo explico.

—Gracias, Jocelyn —dijo Magnus— ¡Hasta pronto!

Cerró la puerta y fue de nuevo a la zona de sofás.

—¿Qué tienes que explicarnos?

—Algo que creo que hará el juego mucho más divertido. Simon y yo jugábamos a que, cada cierto número de turnos, teníamos que añadir una regla que, si alguien no la cumplía, debía quitarse una prenda.

—¿Una regla? —preguntó Alec, sin comprender.

—Sí, como que en vez de llamarnos Clary y Simon, nos teníamos que llamar Sailor Moon y Bleach. Si nos equivocábamos y nos llamábamos por nuestros verdaderos nombres, prenda fuera.

—¿Jugábais mucho a esto? Porque me empieza a dar mal rollo. No tanto como lo bien que te llevas con Jocelyn —dijo Jace, ceñudo.

—¿Celoso, Herondale?

—¿Celoso? ¡Já!

Clary soltó una risita.

—¿Puedo proponer yo la regla? —preguntó Isabelle, con voz inocente.

—¡No! —exclamaron Alec y Jace a la vez. Se sonrieron.

—Dejadme al menos proponerla. De verdad, es muy buena —se aclaró la garganta e hizo una larga pausa. A Isabelle le apasionaba ser dramática—: a partir de ahora, debemos intentar actuar en vez de como nosotros mismos, como nuestras respectivas parejas.

—¿Cómo? Explícate —dijo Jace.

Isabelle soltó un bufido.

—Herondale, hoy estás un poco menos avispado de lo normal. ¿Te hago un croquis?

—¿Eh? Ah vale —Jace comprendió—. ¿Y tienes pareja, Iz? Toda una novedad, no lo sabía. ¿Quién es el desafortunado?

—Más te vale callarte, Herondale —ella le echó una mirada fulminante, más propia de sí misma que de Simon.

—Parece divertida tu idea. Es muy buena —admitió Clary—. ¿La aprobamos?

Todos dijeron que sí, salvo Alec.

—¿Algún problema, Alec? —preguntó Jace, mirando de frente a su parabatai.

—En absoluto. ¿Tienes tú alguno, rubio? Además de llevar más ropa de la que deberías, pues antes has perdido la prueba.

Jace abrió los ojos de pura sorpresa.

—Wow, eso ha sido genial —dijo Clary.

—Tienes que ser Jace, Fray. Él no se sorprende ante nada, recuérdalo —dijo Simon.

—Y tú eres Isabelle Lightwood, más hermosa que la princesa Leia Organa —dijo Isabelle—. Por lo tanto, sólo yo le llamo "Fray" a Fray.

Magnus no pudo hacer otra cosa que sonreír.

—Esto va a ser muy divertido.

—Magnus, eres Alec. A Alec no le parece nada divertido —le recordó Jace—, todo lo divertido es reprobable.

—Oh, te aseguro que si buscas bien… —comenzó a decir Magnus, pero Alec le dio un ligero pellizco.

—Parece que ninguno de vosotros sabéis hacer bien de vuestro personaje —dijo Alec con el tono de seguridad y chulería que había empezado a emplear en cuanto se había puesto a hacer de Magnus—. ¿Cuánto tiempo necesitáis para aclimataros o ya vamos en serio y os… ordeno que os vayáis quitando prendas?

Clary se aclaró la garganta.

—Lo dirás por estos perdedores —dijo con tono de sobrado y con una voz un poco más grave—. Porque yo lo tengo absolutamente todo controlado.

—Genial, porque yo también —dijo Isabelle.

—Y yo, para algo tengo el mejor pelo del mundo —dijo Simon.

Ninguno pudo reprimir la risa. Miraron todos a Jace, que no había respondido.

—Yo también estoy a punto. Aunque… ¿dónde están mis lápices y mi bloc?

Magnus chasqueó los dedos e hizo aparecer algunos bártulos de dibujo.

—Por si os preguntáis por mi parecer, supongo que no tengo ni por qué responder. Ya todos habéis decidido por mí, como siempre. Ahora sólo me queda rezar a Raziel para que no sigáis avergonzándome.

—Entonces, ¿queda la regla instaurada? ¿Seguimos jugando? —preguntó Clary.

—Seguimos jugando —respondieron todos a la vez.


Contadme, ¿os gusta la idea que he tenido? ¿Sigo haciendo que hablen imitando a sus parejas o lo dejo? Dadme vuestra opinión y actuaré en consecuencia ;)
Gracias, como siempre, por todos por los comentarios y el apoyo y, puf, siento actualizar tan de cuando en cuando. Se me están complicando los estudios. En fin…

AVE ATQUE VALE, NEFILIM!