Thresh Okeniyi, 18 años


La luz se hace de nuevo y cuando miro a mi alrededor, ese malnacido ya no está aquí. Ni siquiera yo estoy en el lugar que estaba.

—Mierda —mascullo.

El asesino de Rue. En vida recibió su merecido, y ahora debo asegurarme de que lo pague de nuevo. Si alguien no merece volver a la vida, ese es él.

—Sé lo que estás pensando, Gorilón —dice Glimmer—. Marvel era mi compañero de distrito, y los asuntos que tengas con él no son cosa mía. Pero ¿Eres consciente de que si lo eliminas, Rue también será borrada?

—Entonces me desharé de ti también y haré un pacto con ella.

La chica pierde la sonrisa. No tengo nada personal en contra de ella, pero eso no quita que no me haga ninguna gracia tenerla como compañera. Es una profesional. Ya me invitaron a su alianza una vez y lo rechacé. Curioso que a pesar de todo, haya terminado atado a una.

—No puedo creer que arriesgues tanto por esa idea de venganza tuya. Es arriesgarse a perder el juego tontamente. ¿Qué harás si las cosas salen mal para ti o Rue?

Una pena que no podamos usar nuestros pins contra otros jugadores. Pero al parecer, no importa cuántos de nosotros seamos eliminados, los supervivientes aún tendremos que seguir adelante día tras día. Prueba tras prueba.

Y aún cuando es un riesgo para mí, no me quedo tranquilo sabiendo que Rue está con su asesino.

Necesito un plan.

—Relájate anda, el ruido podría venir de un momento a otro. Disfruta de éste momento de paz. ¿Dónde estamos, por cierto? Definitivamente no en el Capitolio como ayer.

Tan ofuscado estaba con el encuentro de ayer, que casi no he prestado atención a nuestros alrededores. Estamos en el extremo de un muelle de madera de unos cien metros de largo, rodeados de océano. Hay varias barcas amarradas a uno de los lados y una caseta de madera con un guardia en ella.

—Distrito 4 —digo, dejando la discusión de lado—. Es el único que tiene mar... ¿No?

—Sabes... en el Distrito 1 también tenemos algo de costa, pero es más bien como un resort de lujo con zonas de ocio, no lo usamos para pescar, qué asco. No me suena éste lugar, así que debemos estar en el Distrito 4. Es todo tan diferente a casa... es hermoso.

Ciertamente lo es. Jamás había visto tanta agua junta. Tenemos una gran presa allí en el 11, pero ni por asomo alcanza la inmensidad del mar. A nuestra derecha, las olas rompen contra un saliente rocoso, sobre el cual hay construído un gran faro blanco y rojo.

Un pájaro blanco del tamaño de una paloma gorda pasa sobre nosotros emitiendo chillidos, y de paso aprovecha para hacer sus necesidades en ese preciso momento. Si la señorita Glimmer hubiera estado viva, se habría muerto del asco, en su lugar el excremento del ave la atraviesa y se estrella en las tablas de madera entre sus pies.

—Nunca me gustaron los pájaros —dice molesta.

El pitido de nuestros celulares nos avisa de que la siguiente misión está lista.

Se acercan los problemas.

"Misión 2: Hagan que Annie pruebe el manjar más delicioso. La prueba se dará por válida para todos una vez lograda. Tienen cuatro horas. Fallen y serán eliminados. Seneca Crane."

Y ahí aparece de nuevo el contador de mi mano.

3:59:59... 3:59:58... 3:59:57...

—Ésto es raro —murmura Glimmer— o sea que podríamos hacer todo el trabajo nosotros, y el resto se beneficiará de ello.

—Y si ninguno de nosotros lo logra todos seremos eliminados —agrego.

Glimmer hace una mueca de insatisfacción. Cuando vuelve a hablar, noto un deje de indignación en su voz.

—Bueno, pues tenemos cuatro horas para averiguar cual es ese manjar más delicioso. Y lo más importante... ¿Quién rayos es esa Annie? ¿Y cómo vamos a lograr que se coma el manjar si no podemos comunicarnos con el mundo real?

—Se ve una misión complicada. Quizá por eso sólo se requiere que uno de nosotros la complete.

—Hm... sí, y puede que incluso den más puntos a quien la complete. Recuerda lo que dijo el señor Kitaniji sobre el algoritmo. Debe de haber alguna manera de completar ésta prueba... por algun lado hay que empezar. Vayamos a investigar. Podríamos visitar restaurantes para recabar información sobre platos locales.

—Bien —digo, girándome sobre mis talones en dirección a la salida del muelle.

Es una buena idea. Un vistazo a las cartas de los restaurantes nos ayudará.

—¡Oye! —oigo decir a Glimmer a mis espaldas mientras las tablas del muelle crujen bajo sus pies al correr—. Tú no hablas mucho ¿No? ¿No crees que deberíamos comunicarnos más?

—Hablaré cuando tenga algo que decierte.

No estoy interesado en charla insustancial.

Ella no parece muy contenta con mi respuesta, pero no replica, a parte del hecho de que masculla algo ininteligible por lo bajo. Saca el celular y comienza a examinar las aplicaciones mientras caminamos en silencio.


Finch Heliodore, 15 años


"La Villa de los Vencedores"

La inscripción en el arco de hierro me ahorra el tener que consultar de nuevo el mapa para ver si estamos en el sitio correcto.

—Éste lugar es... —murmuro, y por un instante se me hace imposible encontrar la palabra apropiada. Jamás en mi vida había visto mansiones tan lujosas, diría que incluso más que las del equivalente de mi distrito.

—Impresionante —termina Noah por mí—. Y aún eso se queda corto.

Y yo me sorprendo al oírlo hablar. Noah no es el chico más locuaz que he conocido, pero yo tampoco lo soy. Estar siempre en silencio es símplemente incómodo.

Cruzamos el arco de hierro, tras el cual nos espera un paraíso de palmeras y arena blanca, bañada por las olas. Hay varias casas delante de nosotros, cada una más bella que la anterior.

Por una casa así en un lugar como éste hasta yo entrenaría para presentarme voluntaria.

—¿Cual crees que será la de Annie Cresta? ¿Dónde tienen los buzones aquí? —digo.

Es raro ver a Noah como mi compañero. Él no lo sabe, pero yo lo estuve observando desde las sombras durante muchos días, saltando de alegría cada vez que se iba a dormir porque ese era el momento en que me podía escapar a conseguir provisiones para mí.

Su trampa fue ingeniosa, nadie jamás había tenido la idea de desenterrar las bombas de los pedestales y reutilizarlas. Fue una buena idea quedarme a espiar a la Alianza Primaria, si llegué tan lejos fue por eso. Aunque al final robar lo que no debía me pasó factura. Ese chico del 12 era o bien un genio que sabía que los seguía y se calló como un muerto para hacerme creer que lo había pillado desprevenido, o bien un idiota y yo le hice de catadora.

Finalmente, encontramos la casa de Annie Cresta, pero después de revisar todas las habitaciones vemos que no hay nadie en ella.

—¿Qué hacemos ahora? —digo algo frustrada—. No me digas que hemos perdido media hora en venir aqui para nada.

—Pensemos... ¿Qué es lo que sabemos de Annie? Quizá eso nos de una pista sobre donde pueda estar.

—Ella ganó la edición número 70 ¿Cierto? Aunque no consigo recordar mucho sobre esos juegos, de hecho no solía verlos. Sé que es obligatorio pero mis padres tenían buena relación con la jefa de los Agentes de la Paz de mi área y eso nos daba ciertos privilegios.

—En casa sí los veíamos. Es una buena forma de aprender en caso de que tú salgas cosechado. Pero hablemos de Annie. Hubo una discusión en la Alianza Primaria que llegó a las manos, y el aliado y compañero de distrito de Annie acabó decapitado. Ella huyó traumatizada, empapada en la sangre de él, pasó días escondida llorando sin comer ni beber nada, hasta que la presa estalló... y todos se ahogaron menos ella.

—Vaya... tienes buena memoria —digo impresionada, y eso que también estoy orgullosa de la mía.

—Esa edición fue la primera cosecha de mi hermano mayor, él estaba muy nervioso. Algunas ediciones las tengo grabadas a fuego. Mi hermano no podía parar de pensar que él podría haber estado ahí. Y yo no podía parar de pensar en eso tampoco. También... también recuerdo una conversación, Marina, la chica del Distrito 4 estaba a mi lado durante las entrevistas, la oí conversar con Yorick el chico.

—¡Yo estaba al lado de ese Yorick! —exclamo—. Ahora que lo dices, sí que recuerdo que mencionaron a Annie, pero me pareció un chismorreo sin importancia y no le presté demasiada atención. Estaban hablando sobre su nuevo anillo de comprometida y que jamás lo habrían creído por alguna razón.

—Decían, que jamás habrían creído que Finnick se comprometiera con alguien, y que dudaban que hubiera cortado con todas sus novias capitolinas.

—Supongo que te convenía estar atento a sus conversaciones si iban a ser tus aliados —digo—. Yo habría hecho lo mismo.

—Así es, aunque no me sirvió de mucho al final.

—¿Qué te pasó?

—Cato me partió el cuello cuando las provisiones volaron por los aires. Algo activó la trampa que teníamos montada.

Yo río, recordando la escena. Recordando lo mucho que me alegré cuando eso pasó.

—No me guardes rencor, pero secretamente estaba deseando que les pasara algo. Aunque luego fue peor para mí... yo también me quedé sin provisiones.

Él levanta una ceja, tomado por sorpresa.

—¿Qué? ¿A qué te refieres?

—Olvídalo —digo aunque sé que ya no importa, queda aún un poco de vergüenza residual para poder revelarle que no fue precisamente el mejor de los vigías en vida, un excelente reactivador de bombas, pero un desastre como vigía—. Centrémonos en la misión, el tiempo pasa. ¡Finnick! Vayamos a revisar la casa de Finnick.

Sin darle tiempo a contestar corro hacia la calle y comienzo a buscar la casa de Finnick, que al final resulta estar bastante cerca de la de Annie.

—¿Crees que estamos cometiendo allanamiento? —pregunto a Noah.

Se siente tan extraño entrar como si nada a las casas de otras personas.

—Pensé lo mismo. Pero estamos muertos... ¿Qué más da?

Al atravesar la puerta oímos los sonidos propios de que hay alguien en la casa.

—Iré arriba a mirar, tú busca aquí —digo.

Acabaremos antes si nos dividimos.

Noah asiente y se dirige a la cocina.

La casa es enorme y muy bien decorada. Cabrían como tres de nuestro apartamento tan solo en una de las plantas. El suelo es de mármol pulido, casi te puedes ver reflejado en él. Una alfombra que se ve bastante cara frente a la puerta de entrada y una lámpara de araña que cuelga del techo. Noah ha desaparecido por un pasillo lateral y cuando yo me dirijo a la escalera, veo a Finnick bajar de la planta superior a la inferior. Va tarareando una canción y justo como pasó en el Capitolio, me atraviesa como si no estuviera.

Voy girando la cabeza en su dirección hasta que lo pierdo de vista. Verlo de cerca me ha hecho darme cuenta de lo linda que es su sonrisa, los hoyuelos de sus mejillas. Y esos hombros tan bien moldeados...

Dicen que es el vencedor más atractivo. No le viene esa fama de la nada.

Incluso se queda corta...

¡Finch no estás aquí para alegrarte la vista!

Sacudo la cabeza y me obligo a seguir subiendo cuando me vuelvo consciente de que me he quedado embelesada mirando a Finnick.

Cuando atravieso la primera puerta que encuentro, veo que es un cuarto de baño. Un enorme, gigantesco cuarto de baño. Mucho más grande y lujoso que el que yo tenía en el Capitolio.

Cada vez comprendo más a los profesionales.

Entonces la puerta se abre, y Annie Cresta aparece en el umbral. Decido irme, porque lo que quiera que sea que va a hacer aquí dentro, creo que está de más que yo lo vea.

Me paro en seco cuando veo que Annie tiene la vista fija en mí. Casi parece que pueda verme, pero no. No puede ser.

Luegro grita con la cara desencajada y desaparece dando un portazo.

—¡FINNICK! ¡FINNICK! ¡Hay una chica en el cuarto de baño!

Oigo la voz de él, pero no la entiendo. Suena como si la estuviera calmando. La de ella sin embargo, se escucha alto y claro.

—¡Estoy completamente segura...! ¡Una chica... pelirroja! ¡Llevaba un vestido negro y blanco con volantes y un lazo...!

Me acaba de describir, tanto a mí como a mi atuendo de lolita gótica que eligieron para mí.

Definitivamente Annie me ha visto.

La escucho llorar y luego a Finnick decir que va a subir a mirar. Pienso en ir a esconderme, pero quiero probar si ellos de verdad pueden verme. Él no pareció percatarse de mí antes, pero aún así...

Finnick pasa al baño y examina todos los rincones, mirando a través de mí un par de veces.

—No hay nadie en el cuarto de baño, Annie. Todo está bien.

Annie se asoma y sean las que sean las razonas por las que me vio la otra vez, ésta vez no sucede.

—Estaba ahí... yo la vi, Finnick. Estaba ahí parada. ¿Me crees verdad?

—Sí, claro que te creo —dice abrazándola.

Ella se aferra a él con desesperación.

—¿De verdad me crees?

—De verdad —dice, y le da un beso en el pelo.

Y decido que es el momento oportuno para probar los poderes del pin de jugador. Según me contó Tigris, te da el poder de leer los pensamientos de la gente del mundo real, pero a cambio de eso el poder gastado en hacerlo atrae al ruido.

Cierro los ojos y me concentro. La voz de él resuena clara en mis propios pensamientos.

"Ojalá pudiera hacer algo más por ella a parte de abrazarla... ojalá supiera qué hacer."

Los de ella son mucho más caóticos. No son sólo voces, también imágenes desagradables pasando a una velocidad vertiginosa. En menos de un segundo mi cabeza está saturada.

"No me cree. No me cree. No me cree. Pero es demasiado amable para decirlo."

—¡Finch!

Al oir la voz de Noah, salgo de mi trance, los dejo solos y voy a su encuentro. Él sigue abajo.

—¡Encontré a Annie! —le informo.

—Lo sé. ¿Qué eran esos gritos? ¿Annie te ha podido ver?

—Al parecer. Pero no sé cómo ha sucedido. Ni siquiera se... si eso se supone que es posible o no. Al menos ahora sabemos dónde encontrarla.

—Nos falta la otra parte del acertijo. El manjar más delicioso.

—Debe de ser alguna comida con muy buena reputación aquí. ¿Sabes algo de gastronomía del Distrito 4?

Noah sacude la cabeza.

—Nada de nada. ¿Y tú?

—Tampoco. Mis padres llevan una taberna, pero sólo preparamos platos locales.

El sonido de una batalla interrumpe nuestra conversación. Debe de ser el ruido que ha atraído mi uso del pin. Hay un sello en el aire y cerca de él dos jugadores peleando contra esos cangrejos de enormes pinzas. El chico rápidamente los reduce a cenizas y más tarde rompe el sello evitando que salgan más. La chica no ha hecho el ademán de luchar, pero estaba concentrada con sus manos entrelazadas frente a su pecho como si estuviera rezando una plegaria.

Noah corre hacia ellos.

—¿Marvel? —dice.

Al percatarse de su presencia, el chico esboza una sonrisa burlona.

—Tres... quién diría que nos volveríamos a ver...

—Ya no estamos en los Juegos del Hambre, prefiero que me llames por mi nombre, Noah.

La asertividad de mi compañero me sorprende, y al tal Marvel también parece hacerlo pues su sonrisa se desvanece.

—Si te sirve de consuelo, tanto yo como Clove intentamos detener a Cato cuando perdió los nervios —dice algo más humilde.

—Aunque seguro que fue por si después de terminar conmigo uno de ustedes era el siguiente.

—Te equivocas de principio a fin. ¿Crees que yo le era demasiado leal a Cato? ¿Después de ver cómo le atravesó la garganta a Yorick tras del baño de sangre sólo porque las cosas salieron algo distintas? Desde ese momento no le quité el ojo de encima y me consta que no era el único, Glimmer y Marina también estaban preocupadas, sobre todo Marina como podrás comprender, era su compañero de distrito. La única que lo defendía y le parecía bien lo que hizo fue Clove. Después de perder a Glimmer y Marina, perderte a ti también significaría que iba a estar solo en una alianza con Cato, el aliado que ya mató a dos aliados en un ataque de ira, y Clove que lo apoyaba en todo. ¿De veras piensas que me hacía gracia esa situación?

—Y sin embargo aquí estás... —dice Noah, a quien la declaración de Marvel no parece haberle impresionado.

El profesional suelta un bufido y ambos siguen discutiendo.

No conocía a ese Cato demasiado, pero estaba visto que la disciplina y los estándares los llevaba a rajatabla. Supongo que es normal, visto el gran aporte del Distrito 2 al ejército de Panem.

—Estamos perdiendo un tiempo valioso —dice la niña interrumpiendo la discusión.

—Cierto —la apoyo yo—. Lo que sea que pasó ya no importa. Hay una meta conjunta que debemos figurar.

—Vinimos aquí a buscar a Annie Cresta —dice la niña.

—Annie está en casa de Finnick, ya la hemos localizado —dice Noah—. Lo que estamos tratando de averiguar es el manjar delicioso.

—Y cómo vamos a hacer para que se lo coma si no podemos comunicarnos con el mundo real —agrego.

Ambos se quedan pensativos un momento.

—Debe haber alguna forma. Sino no nos habrían condenado así —dice la chica.

—Marvel —dice Noah—. ¿Están Marina o Yorick jugando a ésto? Ellos deberían saber con seguridad sobre la comida.

—No los he visto —contesta Marvel—. Glimmer está, también aquel bruto del Distrito 11. Y... también me pareció ver a Cato.

—Cato... —repetimos Noah y yo casi al unísono.

—Pero fue raro. Sólo fue durante un segundo, después desapareció. Iba vestido muy extraño y tenía alas. Unas extrañas alas negras.

—En verdad sí suena muy sospechoso —digo—. Propongo que vayamos al pueblo a investigar. Puede que otros jugadores hayan encontrado algo más.

El resto está de acuerdo conmigo y dejando la villa de los vencedores atrás, comenzamos nuestra caminata hacia el pueblo.


Glimmer Leven-Bell, 17 años


—¡No vamos a encontrar nada aquí! —digo exasperada.

—Eso no lo sabes —contesta mi compañero.

—Sí que lo sé. La misión dice claramente "el manjar más exquisito". ¿Crees que lo vas a encontrar en este bar de mala muerte?

—Quizá —dice, pasando al interior de "El Diablo Barbudo".

—¿Qué se cobró el señor Kitaniji contigo, tu sentido común?

No contesta.

Yo siento ganas de gritar. Ojalá pudiera patear algo y desahogarme. Thresh lleva cincuenta minutos descartando todo lo que propongo.

"El Diablo Barbudo" se ve peor de lo que imaginé. La barra está llena de hombres corpulentos y tan barbudos como ese hipotético diablo que da nombre al lugar, con olor a sudor y pescado y llenos de tatuajes. Tienen muy mala pinta.

Me alivia que no puedan vernos.

—¿En dónde nos has metido? —le reprocho, mientras él consulta la carta de precios en una columna.

Cuatro hombres juegan al dominó en una mesa cercana. Uno de ellos está acusando a otro de hacer trampas, profiriendo un insulto tras otro de los cuales, sólo conozco la mitad.

Tiene que haber un lugar más refinado por aquí. Recuerdo a Marina, ella no era una bruta como éstos. Era una chica bastante educada y con buenos modales.

Sacando el celular, comienzo a revisar el mapa buscando algún sitio que nos sea útil.

—Escucha Thresh. Aquí no encontraremos nada y lo digo en serio. Vámonos antes de que perdamos más tiempo.

Él no lo sabe porque viene de un distrito periférico, pero por suerte yo estoy aquí. Tengo buen olfato para éstas cosas.

Me pongo a su lado, echando un vistazo a la carta. Casi todo lo listado son bebidas alcohólicas, la única comida que sirven son emparedados o bacalao rebozado frito con papas. O sea, basura grasienta. Que me parta un rayo si eso es un manjar.

—¿Qué es lo que propones? —pregunta, dándose por vencido.

—Hay un centro de ocio al otro lado de la bahía. Ahí debe haber muchos restaurantes. ¿Vamos?

—Te sigo.

Usando mis conocimientos de la academia para leer el mapa, salgo a la calle y sigo la ruta señalada por el programa, liderando el camino.

Cuando llevamos aproximadamente la mitad, mi celular suena. Alguien me está llamando. Al comprobar quién es, veo "Marvel Royale" escrito en la pantalla.

No sabía que podíamos comunicarnos entre nosotros. Ni me había molestado en mirar si tenía contactos en la libreta de direcciones o no, pero es útil saberlo.

—¿Hola? —digo, recordando el no llamarlo por su nombre. Thresh lo odia.

"¡Glimmer!" dice Marvel a través del auricular "no sabía si de verdad funcionaría o no. Acabo de descubrir ésta función y tú eres la única de la lista que conozco. ¿Han averiguado algo ya?"

—Hemos estado mirando en algunos locales cerca del puerto donde nos materializamos. Pero no hemos encontrado nada útil aún. Estamos de camino a examinar una de mis hipótesis. ¿Y ustedes?

—¿Con quién hablas? —dice Thresh.

Yo le hago un gesto para que se calle, no entiendo lo que Marvel me dice y es difícil hablar con dos personas a la vez.

"Sabemos dónde está Annie Cresta. Y ahora mismo estamos mirando en la lista de contactos pero ni Marina ni Yorick aparecen, ellos seguro tendrían información sobre la comida".

—¿Así que esa tal Annie era en verdad Annie Cresta, la vencedora? Interesante. Y lo de la comida es una buena idea. Quizá haya algún tributo del 4 de otra edición.

"¿Y cómo pretendes que averigüe eso? ¿Les pregunto uno a uno?"

—Fíjate en sus nombres, mira si hay algún Lagoon o Wave o algo así. En un rato te llamo de nuevo a ver si has encontrado algo. Yo haré lo mismo estoy yendo hacia un centro de ocio a un lado de la bahía, búscalo en el mapa y ven a ayudarnos si no encuentras nada. ¡Chao!

Cuando me giro para mirar a Thresh puedo ver que está deseando saber lo que ha pasado, aunque no lo diga.

—Al parecer podemos comunicarnos con los demás con el celular. Acabo de hablar con otro jugador que me ha dado información interesante. La Annie de la misión es Annie Cresta, así que ya sabemos dónde encontrarla. Lo único que tenemos que hacer ahora es averiguar lo otro.

—Y hacer que se lo coma, cosa que se ve imposible.

—Tu optimismo me abruma —digo, rodando los ojos.

Seguimos nuestro camino e interiormente me pregunto si no será mejor que comience a trabajar en mejorar la relación de Thresh y Marvel. Tarde o temprano tendrán que encontrarse otra vez. No sé si Thresh habrá dicho en serio lo de eliminarnos a ambos y hacer un pacto con Rue. Sé que está empeñado en impedir que Marvel vuelva a la vida. Dice que no lo merece. ¿Pero quién es él para juzgar?

—Oye, Thresh.

—¿Hmm?

—¿Mataste a alguien en los Juegos del Hambre?

—¿Por qué quieres saberlo? ¿Te pone el morbo del asesinato? No sé por qué no me sorprende.

—Sólo trato de hacer conversación por el camino... dime. ¿Quitaste la vida a algún tributo?

Se con certeza que él al menos mató a uno.

—Dos —contesta después de una pausa.

—¿Quiénes eran?

—El tipo del Distrito 7 en el baño de sangre y tu amiga la profesional del Distrito 2.

—Clove no era mi amiga —digo tras soltar una risotada—. Curioso que fueras tú quien la matara, me tienes que contar los detalles. De todos modos... ¿Por qué odias tanto a Marvel por jugar al mismo juego y hacer lo mismo que hiciste tú?

—No es lo mismo. Ustedes se presentan voluntarios. Son despreciables. Yo sólo me defendí. Y tu amigo... él mató a sangre fría a una niña pequeña. Él es el más despreciable de todos. Tu amiga se rió de ella como si fuera algo gracioso. Insultó su memoria. Escupió sobre ella. Se lo merecía y lo volvería a hacer. Si llego a cruzarme con ella aquí no dudes ni por un segundo que lo haré.

—Ash y Clove también tenían familia. ¿Qué te hace a ti diferente a ellos?

Ni siquiera conozco el nombre del chico del Distrito 7, así que me invento uno para humanizarlo a ojos de Thresh.

—Ya te dije que fue en defensa propia. Me lanzó una piedra a la cabeza.

—En verdad la piedra no iba para ti.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque yo ya le había echado el ojo a ese tal Ash. Su compañera de distrito estaba forcejeando con el chico del Distrito 5. Él lo vio y fue a socorrerla. La piedra iba dirigida al chico del 5, pero en el último minuto la chica lo empujó al piso y te dio a ti.

Thresh parece haber perdido todas las ganas de contestar, me pregunto qué estará pensando. Sólo me molesta que sea tan tozudo. ¿Va a echarme eternamente en cara que yo soy profesional y a él lo eligieron contra su voluntad?

Aunque quizá mi estrategia para convencerlo de que en realidad no es muy diferente a los otros no haya sido la más acertada. Quizá ahora me esté guardando más rencor que antes...

Y encima soy yo la que está arrepintiéndose de haber participado. Me cuesta admitirlo pero así sucede. Mi último recuerdo lúcido en vida... soy yo mirándome las uñas mientras todos dormían a mi alrededor. Tres días en la Arena y había conseguido conservar mis uñas en perfecto estado. Y me pregunté cuánto tiempo más podría mantenerlas intactas.

Uñas.

Estaba en los Juegos del Hambre. Tan arropada me sentía en mi alianza y tan temprano en los Juegos que no vi que uno está constantemente en peligro de muerte. Y por eso mi último pensamiento cuerdo en vida fue el estado de mis uñas... viéndolo en retrospectiva suena patético.

Tal vez Thresh tiene razón al tenerme asco.

—Parece ser que nunca vamos a llegar a un acuerdo en ese sentido —murmuro.

Él me mira pero sigue sin decir nada y yo no intento reavivar la conversación. Somos demasiado diferentes.

Quizá la distancia entre nosotros es irreconciliable.


Cato Antonius Agrippa, 18 años


—¿Quién iba a decir que sería esa cabeza de chorlito quien tuviera la mejor idea sobre cómo averiguar lo de la comida? —dice Rosita, observando a Glimmer y Thresh.

Desde el tejado de la pequeña ermita tenemos una vista perfecta de todo lo que pasa a nuestro alrededor.

—Glimmer no sólo tenía serrín dentro de la cabeza —contesto—. Creo que la subestimas.

—Bueno, es lo suyo al fin y al cabo. ¿No? Los artículos de lujo. Me gustaría verla en una prueba menos afín a ella. Ojalá el señor Crane haya tenido la misma idea que yo. Predigo que no tardará mucho en caer.

—Como sea. Tú ya has borrado a dos jugadores hoy, y yo a ninguno y no pienso dejar que me ganes. Voy a ir a saludarlos. Las cosas hoy están siendo demasiado fáciles para ellos y eso no puede ser.

—No tan rápido, Nuevo. Yo soy la veterana aquí así que voy a ir a saludarlos yo.

—¡Yo lo pedí antes! —protesto, poniéndome en pie.

¿Qué se ha creído? Es verdad que soy aún un segador novato, pero mi potencial supera con creces su experiencia. Y cuando yo posea su experiencia ella ya no me llegará ni a la suela del zapato. La aplastaré como a una cucaracha.

—No es así como funcionan las cosas aquí. Yo soy tu veterana y como veterana tengo preferencia.

—No olvidaré ésto —digo.

En vida cuando solía enfadarme sentía mi sangre hervir. Ahora es distinto. Ahora cuando me enfado siento mi temperatura corporal descender. Mi voz se vuelve más grave y mi expresión se ensombrece. Y la verdad es, que siento como que transmito más respeto de ésta nueva forma.

Uzuki parece pensárselo mejor.

—Hagamos algo. Para que te quede clara mi magnanimidad, voy a darte una oportunidad. Una partida de piedra, papel y tijera. El vencedor gana a Glimmer y Thresh.

No me gusta esa condición. Piedra, papel y tijera es un juego de azar no de habilidad. Y no me gusta confiar en la suerte pero mientras ella sea considerada veterana y yo el nuevo, no tengo manera alguna de poner mis propias condiciones.

—Acepto el desafío —digo.

Ambos escondemos el brazo derecho en la espalda.

Piedra, Cato. Piedra es la opción más sensata.

—¡Piedra, papel, tijera! —decimos a la vez.

Ambos mostramos nuestro puño cerrado.

—Otra vez —dice Uzuki con autosuficiencia. Me saca de quicio.

Ésta vez sí. Piedra.

—¡Piedra, papel, tijera!

De nuevo dos puños cerrados.

Rosita suelta una carcajada y ambos escondemos de nuevo el brazo.

Piedra.

—¡Piedra, papel, tijera!

Dos puños cerrados.

Ella va a escoger papel ahora pensando en que yo repetiré con la piedra, usa tijera Cato.

—¡Piedra, papel, tijera!

Extiendo el brazo mostrando dos dedos. Ella muestra su palma extendida. E inmediatamente le da un ataque de risa.

He perdido.

—¡Gané! ¡Gané! Pero no te sientas mal. Ya tendrás otras oportunidades, Nuevo. Observa y aprende. Tengo un sello aquí especialmente reservado para esos dos.

Para burlarse de mí, me lanza un beso al aire y luego da un gran salto, elevándose unos metros por encima del tejado de la ermita. Luego extiende sus alas negras, algo más grandes que las mías y planea hacia Glimmer y Thresh.

Observa y aprende.

Eso es lo que ella se piensa. Mejor voy por ahí a encontrar a alguien más a quien molestar. No pienso dejar que ella se lleve toda la gloria.


Bueno, ésto es parte del día 2 que decidí dividir en dos capítulos por cuestiones de extensión. Me está encantando escribir ésta historia. No se reveló nada nuevo de los demás, pero aún quedan varios días de partida. Todo se andará. :D

¡Saludos y gracias por leer!