Hola a todos, se que este capítulo se ha hecho de esperar y pido perdón. Perdí la inspiración durante la mitad, siempre me pasa en las peleas. Pero ya me volvió y he estado trabajando en él estos dos días. Espero que lo disfruten.
Rue Prairie, 12 años
Ha sido una suerte encontrar a Finch y Noah. Estar a solas con Marvel no es agradable.
No quiero ser su compañera, y al estar forzados a interactuar para resolver el acertijo y luchar todo se vuelve muy incómodo. ¿Por qué tuve que encontrarme precisamente con él?
El chico de la calavera en la camiseta, Noah, le da conversación mientras todos vamos rumbo al centro comercial que ha mencionado la chica a la que Marvel ha llamado por teléfono.
Mientras, Finch y yo nos rezagamos un poco. Prefiero estar en su compañía. Ojalá la hubiera encontrado antes que a Marvel.
—Eras la niña del Distrito 11. ¿Verdad?
Asiento sorprendida.
—Me recuerdas...
—Tengo buena memoria, por suerte o desgracia incluso para cosas que quiero olvidar. También recuerdo las clasificaciones finales.
—¿Cual fue la mía? —pregunto.
—Séptima u octava. Es imposible saber. Llevaba la cuenta gracias a las fotografías del cielo. La tuya y la de tu compañero fueron las únicas muertes de ese día. Recuerdo que los cañonazos se oyeron en un intervalo de unos diez minutos. Siempre me pregunté si ambas estaban relacionadas.
—Lo estaban... —quizá hablar de ello con alguien me ayude a dejarlo atrás, después de todo si salgo de aquí tendré una oportunidad más. Le hago un gesto a Finch para que se acerque. No quiero que ellos me oigan— Marvel me clavó una lanza en el pecho justo en el momento en que Katniss le lanzaba una flecha. Él murió al acto.
La confesión la deja boquiabierta.
—O sea que has forjado un pacto con tu propio asesino. Pensé que simplemente te intimidaba por ser profesional... nunca pensé que... cielos, qué situación tan horrible.
—La verdad es que sí, no ha sido agradable estar con él —confieso.
Recordar a Katniss me ha hecho preguntarme. ¿Qué fue de ella? Ojalá ganase y volviese junto a su hermana. No la he visto aquí. Lo cual significa que podría seguir viva. Podría haber ganado. Quizá Finch sabe algo más.
—Oye, Finch. ¿En qué posición quedaste tú?
—Cuarta —dice, tras un suspiro—. Podría haber ganado pero cometí un error muy estúpido.
Cuarta...
—¿Quiénes quedaron?
—Cato del Distrito 2 y los del 12. Seguramente volvieran esos dos a casa. Eran dos contra uno y ese chico del 12 era el maestro de las trampas.
—¿Dos? ¿A qué te refieres?
—Oh, cierto. Poco después de que murieras anunciaron un cambio en las reglas. Un cambio que permitía dos ganadores si ambos pertenecían al mismo distrito.
—¿¡Qué has dicho!?
Marvel se para en seco y mira a Finch con los ojos como platos.
—¿Estás de broma? ¿Dos ganadores? ¿Por qué? Eso nunca antes había pasado. Nunca antes en la historia de los Juegos —dice Noah.
De repente Finch se ha convertido en la chica más popular del lugar. Los tres la miramos esperando a que se explique.
—Bueno. Si lo piensas bien es obvio ¿No?. Cuando anunciaron eso ya sólo quedábamos seis tributos. Los del 12, los del 2, yo y el chico del Distrito 11. La regla sólo era válida si ambos finalistas eran del mismo distrito y esos amantes trágicos eran muy populares en el Capitolio. Estoy segura que la hicieron por ellos. Mi escolta estaba más pendiente de ellos que de mí.
Finch parece molesta mientras dice eso. Aunque la entiendo, mi escolta tampoco podía callarse sobre Katniss y Peeta.
—¿Y crees que ellos dos juntos podrían haber ganado? —dice Marvel reanudando la marcha.
—Es lo más probable. Además. ¿No dices que viste a Cato?
—Quizá lo imaginé. Su nombre no aparece en mi lista de contactos. Pero ahora que lo dices tampoco están los nombres de los enamorados. Mierda...
—No es justo —protesta Noah—. Los Juegos del Hambre ya no son justos de por sí. Y no mejora las cosas para encima favorezcan a los favoritos del público.
—Y menos ella. Ella no merecía ganar —dice Marvel.
—¿Por qué no? ¿Porque te mató?
Las palabras salen de mi boca antes de que pueda pensarlas. Es la primera vez que planto cara a Marvel pero siento como si este momento hubiera tenido que llegar tarde o temprano.
Nos miramos a los ojos. Me da igual que se meta con quien quiera, pero no consiento que hable así de Katniss.
—Durante el corto periodo de tiempo que estuve en la Arena, Katniss fue mi amiga. Yo la encontré y la cuidé mientras estaba inconsciente. Ahora mismo no sabría decir por qué lo hice, pero no podía dejarla ahí tirada ni aún sabiendo que su muerte me ponía algo más cerca de casa, y es algo que habría pasado en menos de un día si no llego yo a intervenir. Así que la llevé a un lugar resguardado y busqué las hierbas y el barro que usamos en el distrito para hacer la cataplasma que embebe el veneno de las rastrevíspulas. Cuando despertó ella compartió conmigo sus provisiones, me incluyó en sus planes y se preocupó por mí. Y cuando yacía en el suelo atravesada por la lanza que tú me arrojaste ella me tomó en sus brazos, me cantó una canción y cuando mi alma salió del cuerpo, la vi colocando flores a mi alrededor. Así que te pido que tengas algo más de delicadeza cuando hables de ella.
Marvel abre la boca y alza un dedo, luego la cierra a la vez que lo baja, parece dudar un poco más entre si decir algo o no. Finalmente se da la vuelva y comienza a caminar de nuevo.
—Muy bien dicho —me susurra Finch.
Y a mí me entra la risa. Me cae muy bien esta chica de cabello anaranjado.
Thresh Okeniyi, 18 años
Glimmer tararea una canción.
Parece que ya va pillando el mensaje. Ha estado intentando que seamos amigos, pero no creo que funcione. Es mejor si tan solo somos "socios" y solo por la tonta regla de que tenemos que ir en parejas. Nunca necesité a nadie para progresar y no tendría por qué irme mal yendo solo.
En fin, las reglas son las reglas. Y no sólo mi posible vuelta a la vida está en juego. La vida de mi abuela también lo está. No debí haber hecho aquel trato hasta saberlo, porque nunca pensé que se atreverían a hacer algo así pero acepté y tras hacerlo vi que el señor Kitaniji como se llame me la había jugado. Me dijo que me iba a conceder un privilegio que no le concedía al resto de jugadores normalmente. Y dicho privilegio era el revelarme la tasa que pagué por entrar al juego.
Dicha tasa resultó ser la vida de mi abuela. Tuve que haber atado cabos, haberme adelantado a sus actos y haber adivinado que sería la vida de mi abuela lo que estaría dando a cambio.
De momento ella está bien, al menos eso es lo que dijo Kitaniji. Pero si soy borrado... ella morirá y no puedo permitirlo. No es justo, no debería haber sellado el pacto con su alma como señal. Me enfurecí pero de nada sirvió, el pacto estaba hecho. Su vida apostada.
Mi abuela era el único familiar vivo que nos quedó después de la muerte de mis padres. Nuestra madre murió cuando Nina tenía tan solo dos años. Como tantas personas en el distrito se enfermó y no podíamos permitirnos el tratamiento. Lo peor es que a nadie le importó mas que a sus seres queridos. Porque en el Distrito 11 si no puedes trabajar eres un lastre. Eres algo inservible. Ella era fuerte, pero la enfermedad se la llevó en cuestión de semanas.
Lo de mi padre fue más rápido. Un escorpión roca le picó. Son difíciles de ver, porque es un animal que se camufla y su picadura es mortal. Él era un experto en encontrarlos, casi parecía que podía sentir su presencia de algún modo. Sin embargo, al final hubo uno que no pudo ver y así fue cómo acabó. Dicen que la pierna se le hinchó hasta el doble de su tamaño. Yo no lo vi pues lo incineraron esa misma noche y nos dieron las cenizas para plantarlas junto al tallo de la encina que hacía años había brotado de las cenizas de mi madre.
Si no hubiera sido por mi abuela habríamos acabado en un campo de trabajo para huérfanos. Niños sin familia que son adoptados por una corporativa y que lo único que hacen en su vida es trabajar para la misma. A pesar de que ella era una mujer pobre que no tenía ni para ella misma, nos acogió y yo eso no lo olvidé nunca.
No debo ganar solo por mí, sino también por ella.
De repente, me choco contra algo y caigo al suelo de espaldas. En un segundo, Glimmer está a mi lado.
—¡¿Estás bien?! ¿Te has tropezado?
—No lo sé. Es... como si me hubiera chocado contra una pared invisible.
—¿Contra una pared?
Glimmer avanza extendiendo la mano frente a ella hasta que se encuentra con el obstáculo. Al hacer contacto con la pared invisible, una onda de hexágonos se extiende por toda la superficie.
Esto es extraño...
—El camino está bloqueado —anuncia—. ¿Qué vamos a hacer ahora?
—¿No hay otra forma de llegar?
Una carcajada interrumpe nuestra conversación. Ambos giramos la cabeza y vemos a una chica de cabello corto rosa y unas extrañas alas negras descendiendo del cielo hasta posarse en una farola junto al camino.
Glimmer y yo nos miramos entrecerrando los ojos.
—¿Qué pasa, jugadores? ¿Por qué se detienen tan de repente?
—¿Y tú quien eres? ¿Has puesto tú ese muro invisible? —digo.
—Puede. ¿Por qué? ¿Les molesta?
—Sí. Hazlo desaparecer —dice Glimmer.
La chica vuelve a reír.
—No quiero —dice con indiferencia.
—Supongo que serás alguna especie de ruido. ¿No? Aunque te ves más poderosa que los monstruos a los que nos hemos enfrentado hasta ahora.
—¿¡RUIDO!? ¿¡YO!? ¡No me metas en el mismo saco que esa chusma! Yo, linda... soy una segadora y mi misión es ganar en nuestra propia competición.
Así que ella es uno de los famosos segadores que mencionó el señor Kitaniji.
—En cada edición del Juego hay un ranking. El primer segador del ranking se convierte en el master de la partida y el último bueno... el último es borrado. ¿Y saben cual es la forma que tenemos de ganar puntos los segadores? Eliminar a jugadores como vosotros.
La chica salta hasta el suelo, estira su mano enguantada y un extraño humo negro sale de ella. El humo comienza a tomar la forma de un sello, uno más elaborado de los que hemos encontrado hasta ahora.
—Prepárate —susurra Glimmer—. No me gusta esto.
—Si quieren quitar la barrera tendrán que vencer a mi ruido. ¡Que la suerte esté de vuestra parte! —dice, y tras eso se va de un salto riendo a carcajadas.
Ya sólo nos queda esperar a ver qué clase de cosa sale del sello. Mientras el sello termina de definirse, examino los alrededores. Cualquier cosa que me sirva para luchar es de agradecer. Quizá podría arrancar la farola, aún no he probado con algo tan pesado.
—¡Thresh, mira!
Algo está saliendo del círculo. Un hocico azul redondeado, unas fauces llenas de dientes, ojos amarillos, branquias, una aleta dorsal. El gigantesco tiburón termina de salir del círculo y cae al suelo, donde se hunde como si este estuviera hecho de agua.
—¿¡A dónde se fue!? —grito.
El sello desaparece y todo vuelve a estar tranquilo.
— ¡Ahí! —exclama Glimmer señalando a un lugar en el suelo.
La aleta dorsal del tiburón sobresale por encima del terreno, y ahora viene en dirección a nosotros. Me concentro en levantar las piedras del suelo, las veo temblar, levantarse en el aire y comenzar a orbitar a mi alrededor. A mi señal mental, se lanzan todas hacia la aleta del tiburón pero no parece afectarle. Glimmer también prueba con su poder, pero sus estalagmitas comienzan a ras de suelo, y el tiburón se desplaza por debajo del terreno.
Sólo nos queda apartarnos. Yo me voy hacia la izquierda y Glimmer hacia la derecha. Cuando pasa por mi lado, el tiburón da un salto, tratando de morderme pero falla por unos centímetros.
Corriendo, me reuno con Glimmer.
— Sólo podemos atacarlo cuando salte. Y para eso tendremos que dejar que nos pase muy cerca —digo—. Tengo una idea, yo lo atraigo hacia mí y tú tratas de darle ya que funcionas mejor que yo a distancia.
—No te creía tan valiente —dice, mientras el tiburón carga hacia nosotros y nos separamos, yéndonos uno hacia cada lado.
—¡Déjate la mordacidad para otro momento y haz lo que te digo!
Ella se arregla el cabello.
—Soy una profesional. Puedo hacer ambas cosas.
Glimmer esquiva el tiburón, y se mantiene al margen para que él venga a por mí la próxima vez. Cuando emerge del suelo para atacarme me echo a un lado, y una de las estalagmitas le da de lleno.
El bicho ruge y su color se vuelve rojizo, al caer de nuevo al subsuelo, su movimiento es aún más rápido que antes. Trato de seguirlo con la vista pero es imposible.
—¡CUIDADO! —grita Glimmer.
Y cuando me giro veo las fauces abiertas del monstruo, justo detrás de mí.
Noah Wasserlave, 14 años
Desde la cuesta vemos la pelea de Glimmer y Thresh con un poderoso muto. Parecen igualados, pero el bicho les está dando pelea.
— ¡Tengo que ayudar a Thresh! —grita Rue echando a correr.
Marvel se adelanta y la agarra del cuello de su jersey.
— ¡Eh! ¡Más despacio! ¡Si entramos ahí ese bruto va a intentar matarme otra vez, no podemos irrumpir así por las buenas delante de tu amigo!
—Es una prueba conjunta —dice Finch—. Cuantos más seamos antes lo lograremos.
Ella tiene razón. Lo que más nos beneficia es salvarlos. Nunca conocí a Thresh pero Glimmer no me trató mal nunca en el escaso tiempo que estuvo en la alianza, recuerdo que me preguntó cosas sobre mi distrito y estuvo ayudándome a desenterrar bombas.
—¿Vamos entonces? —digo, a lo que ella asiente—. Marvel, Rue, nosotros les ayudaremos. Ni Thresh ni Glimmer tienen nada personal contra nosotros.
Ambos echamos a correr hacia donde la lucha está teniendo lugar, utilizo mi cadena para inmovilizar al muto justo cuando este está a punto de echarse sobre Thresh. El tiburón se retuerce tratando de soltarse. Después un rayo que llena todo de luz por una fracción de segundo le cae encima y cuando todo vuelve a la normalidad, el muto no está.
—¿¡Noah!? ¡Dichosos los ojos! —exclama Glimmer al verme—. ¡Nos salvaste, gracias por ello!
Sin darme tiempo a contestar, Glimmer corre hacia mí y me da un abrazo que me deja sin reacción. Nunca antes una chica me ha dado un abrazo, menos una tan bonita. No sé lo que hacer a continuación, si devolverle el abrazo o quedarme muy quieto y tampoco puedo pensarlo bien de lo nervioso que estoy.
Opto por lo segundo ante la duda y ella se va luego junto a Thresh.
Ya pasó. Hora de relajarse. Todo está bien.
—Te pusiste rojo —ríe Finch.
—¡No te burles!. S-solo que no me gusta que invadan mi burbuja personal así sin avisar. Por cierto buena intervención. Nunca pude llegar a ver bien el poder de tu pin. ¿Me dejas verlo?
Finch me muestra su muñequera. Junto a su pin de jugador, está el de su ataque. Una telaraña cuyos hilos se asemejan a rayos sobre la cual hay una araña negra.
—Es perfecto. Me hace pensar en casa.
— Finch. Sé que esto es personal, pero tengo curiosidad por saber cuál fue tu tasa de entrada.
—Pues la verdad, yo tampoco sé lo que es aunque tengo una sospecha.
Eso me hace sentir aún más curiosidad. Pero no podemos seguir conversando, pues desde la lejanía Marvel nos hace señas. Thresh aún no lo ha visto. Está ocupado tratando de palpar algo invisible en el aire.
¿Un campo de fuerza quizá? ¿Aquí? Tal vez los segadores les tendieron una encerrona.
—Quizá deberíamos hablar con Glimmer primero —dice Finch—. Ella parece más comprensiva.
—De acuerdo. Hazlo tú —le digo, aún no me he repuesto del abrazo.
Finch se ríe de mí antes de dirigirse a Glimmer. Pero la conversación nunca llega a tener lugar porque en ese momento Thresh mira hacia atrás y ve a Marvel.
—Gusano inmundo —masculla.
El chico del 11 corre hacia Marvel y cuando pasa por nuestro lado, Finch y yo lo sujetamos uno de cada brazo pero no es suficiente y nos va arastrando con él.
—¡Suéltenme! —grita.
Glimmer nos adelanta y se pone delante de él cortando el paso.
—¡Eh, Gorilón! ¿Dónde crees que vas? ¡La batalla ya acabó!
—¡Aparta! O te aparto yo de un empujón —le dice.
Rue es ahora la que se pone por delante.
—Thresh, no.
Y al oír la voz de la niña, su ira parece desvanecerse.
—Rue...
—Es difícil perdonar a quien una vez me quitó la vida. Yo no lo he hecho, pero al hacer el pacto con Marvel hace que tenga un vínculo con él. Esto no es una competición. No necesitamos eliminar al resto tan solo llegar al final. Piénsalo, cuando salgamos de aquí no tendremos que verle nunca más. Nosotros estaremos en el Distrito 11 y él a miles de kilómetros de nosotros.
—La niña tiene razón —dice Glimmer—. Y más sentido común que tú al parecer. Todos aquí queremos vivir. Deja las rencillas personales a un lado. ¿No ves que la prueba es conjunta, bobo?
—Se nos está yendo el tiempo en tonterías —dice Finch—. Si no paran de reñir Noah y yo nos iremos sin ustedes.
Thresh se suelta bruscamente de nuestro agarre.
—Toleraré su presencia —dice—. De momento. Y siempre y cuando no se acerque a mí a un radio de veinte metros. ¿Ha desaparecido ya el muro? ¿Dónde dices que estaba ese centro comercial?
Glimmer corre junto a él y nosotros los seguimos, con Marvel a unos metros por detrás. Todo sería más fácil si todos hiciéramos un esfuerzo por el bien común, aunque he de admitir que si Cato estuviera jugando y se me presentara la oportunidad de fastidiarlo lo haría. Incluso me alegraría que fuera borrado ese asqueroso traidor.
Tal vez no esté bien decir esto, ni tan siquiera pensarlo, pero no es tan raro. Todos nos estamos sintiendo así con respecto a quien nos quitó la vida. Finch lo hace con Peeta.
02:27:12, 02:27:11, 02,27,10...
Tenemos que resolver esto.
No puede terminar todo así, en el segundo día. Me niego.
No puede ser tan difícil.
Marvel Royale, 16 años
—¿Por qué no le plantas cara si tan mal te sientes? No sabía que te habías vuelto un cagón —susurra Glimmer.
—Si tuviera mis armas sería otra historia. Nuestros poderes no funcionan contra jugadores pero él es mucho más corpulento que yo, ya estuvo al borde de eliminarme en el día uno.
—Pues no sé, tratemos de dialogar con él entonces. De momento ha aceptado colaborar por el bien de la prueba, al ser un objetivo conjunto...
—Quizá en días sucesivos sea mejor que nos evitemos —digo—. No puedo arriesgarme a que se le crucen los cables.
—Él sabe lo que le pasará a Rue si te elimina y a mí no puede hacerme nada. No tiene nada en contra mía, si lo hace es tan ruin como la gente de la que se queja. Además, estábamos en los jodidos Juegos del Hambre. Ya le hemos dado muchas vueltas al tema.
Llegamos a la puerta del centro comercial junto al puerto, al lado del cual hay atracado un yate de lujo. El lugar está bien decorado, casi a la altura de nuestro distrito. Hay una fuente cerca del muelle y la multitud entra y sale cargada de bolsas. Como se nota que es uno de los distritos más ricos, esto en cualquier otro lugar de la periferia es impensable.
—Quizá será mejor que permanezcamos unidos. Podríamos perdernos entre tanta gente —dice la pelirroja.
Todos miramos a Thresh, que se nos junta de mala gana, aunque aún está algo apartado del resto. Las tres chicas se quedan mirando fijamente un escaparate lleno de vestidos típicos del Distrito 4 de esos que siempre salen en televisión. A mí el estilo del 4 no me agrada, pero luego vemos otra tienda con trajes más elegantes que sí son lo mío.
Solía relajarme el irme de compras. Daría lo que fuera por agarrar mi tarjeta de crédito, entrar aquí estando vivo y no irme hasta que cierren. ¿Por qué no tenía eso en mente a la hora de pensar que si entrenaba, iba a los Juegos del Hambre y moría en ellos no podría hacerlo nunca más?
Recuerdo que era consciente que si no hacíamos algo llegado un punto no podríamos mantener el tren de vida que llevábamos. Tanto mi padre como mi tía trabajaban en la empresa fabricante de alfombras propiedad del abuelo pero él era ya muy viejo y mi tía al ser mayor sería la que heredaría todo. Mi padre y ella no tenían una buena relación por asuntos de dinero y el estaba seguro de que ella lo despediría o lo degradaría tan pronto como tuviera más poder ahí.
Fue por lo que yo decidí hacer algo para ayudar a la familia. Aunque ahora que lo pienso, suena idiota. Muy idiota. Gloss y Cashmere eran como el culmen del éxito para todos. Recuerdo que les idolatraba. Pero ahora, en estas circunstancias... me parece símplemente estúpido.
Después de mirar varios restaurantes sin encontrar nada remarcable subimos a la última planta via escaleras mecánicas.
—¡Miremos ahí! —dice Glimmer.
El restaurante frente a nosotros tiene pinta de ser muy caro.
—Recuerdo esa alfombra —digo—. Fue encargada a petición de un empresario capitolino hace unos años. Sin duda es el estilo de la marca familiar. Alfombras Royale.
—Y esas lámparas de araña —dice Glimmer—. Sin duda es un sitio donde uno podría encontrar un manjar.
—Previo desembolso de la cantidad correspondiente, todo sea dicho —agrega Finch.
—¿Quién puede tener tantísimo dinero mientras que en casa tenemos que estar pidiendo teselas para no morirnos de hambre? —dice Noah—. Sabía que había desigualdad entre provincias, pero esto es ridículo. Y ni siquiera estamos en el Capitolio.
Si hubiéramos estado vivos es improbable que el maître nos hubiera dejado pasar con nuestro atuendo casual. Pero cuando cruzamos la puerta él ni se inmuta.
Rue mira a todos lados con los ojos como platos. Los comensales, los jarrones llenos de flores, las vistas a la bahía al otro lado de la ventana... He de reconocer que yo también estoy algo impresionado, no habría esperado encontrar un lugar como este en el Distrito 4 pero al contrario que Noah, a mí no me importa.
Tomo uno de los menús forrado en cuero que hay sobre una mesa vacía y lo abro. Los otros se juntan a mi alrededor.
Entrantes. Nada. Acompañamientos. Nada. Platos locales. Nada. Platos de importación. Nada. Cocina capitolina. Nada.
Postres...
—"Especialidad del chef" —leo en voz alta—." Pastel de queso de clementina y arándanos bañado en coulis de ambrosía y bayas asadas. Un delicioso manjar de dioses ahora disponible también para usted." ¿Creen que es eso?
—Podría ser —dice Finch—. Es lo más parecido que hemos encontrado.
Glimmer ríe y yo me siento mucho más optimista. Estamos en el camino correcto.
—¿Y cómo vamos a hacer que Annie se lo coma? —dice Noah.
—Buena pregunta —responde Rue—. Esto va a ser complicado.
—Pues algo hay que hacer. Y pronto.
Glimmer cierra el menú y lo pone bajo su brazo. Luego se dirige al rincón donde se tramitan los pedidos y los pagos y comienza a buscar.
—Si nos dices lo que estás haciendo quizá podamos ayudarte —digo.
—A veces los restaurantes incluyen en la cuenta ofertas. Quizá podamos llevar algunos a Annie y Finnick. Quizá si los ven encarguen algo. El plato es la especialidad del chef, uno de los más caros y si con descuentos animan a la gente a probarlo la voz se corre. Así es como funcionan las cosas en el mundo de la hostelería.
—Mis padres también están en el negocio de la hostelería y no hacemos eso —dice Finch.
—De la alta hostelería. ¿Ven? Casi todos los descuentos están relacionados con postres. Eso es para animar a la gente a pedirlos pues se suele pensar que es el plato más prescindible.
Glimmer comienza a buscar en los cajones y toma una tarjeta con el teléfono del restaurante mas unos cuantos cupones para postres, entre los cuales hay uno con la foto de la tarta de queso.
—Se ve realmente deliciosa —dice Rue—. Nunca vi nada así.
—Menos mal que estoy muerto o estaría babeando —dice Noah.
—Ok, ese fue un comentario extraño. ¿Quién se ofrece para ir a llevar todo esto a la casa de Finnick? —dice Glimmer.
—Yo soy muy rápida —dice Finch.
—Yo también —dice Rue.
—Podemos ir nosotros —propongo.
Además, todo lo que me aleje de Thresh es bienvenido.
—Bueno pues elijo a Finch y Noah —dice Glimmer.
—¡Eh! ¿Quién te nombró jefa aquí? —protesto.
—¿Quién ha dicho que lo sea? Solo trato de poner un poco de orden.
Glimmer agarra un puñado de menús y cupones y se los pasa a ambos.
—Si ocurre algo, llamada.
—De acuerdo.
Ambos salen corriendo cargando con todo. En ese momento, un camarero se acerca y cierra el cajón de un portazo mientras frunce el ceño mirando en todas direcciones.
Quedan menos de dos horas para que finalice el plazo.
—Ahora solo queda esperar —digo, dirigiéndome a la ventana para admirar el paisaje.
Thresh se queda hablando con Rue y Glimmer viene conmigo.
—Marvel. Después de que muriera... ¿Ustedes me culparon de lo sucedido con las rastrevíspulas?
—No creo que fuera culpa tuya. Estábamos todos más enojados con el Enamorado y la Chica en llamas. ¿Por qué? Además, también fue un poco culpa de todos. Si lo hubiéramos visto antes podríamos simplemente haberle tirado una piedra a la colmena y haber salido corriendo mientras los mutos se ocupaban de Katniss. Las cosas hubieran sido muy diferentes.
—Aha. Pero es que... —dice, pero se calla de repente y se queda mirando a la bahía.
—¿Pero es que qué?
—Olvídalo. Mis últimos recuerdos en vida son algo confusos debido al envenenamiento. Nunca supe lo que era real y lo que no.
—Olvidado entonces.
Finch Heliodore, 15 años
Correr sin sentir cansancio es lo mejor del mundo. Aún así a Noah le cuesta seguirme lo cual es curioso. ¿Por qué clase de reglas se están rigiendo nuestros cuerpos ahora? No tenemos que comer, no tenemos que respirar, no nos cansamos corriendo, aunque sí luchando.
Sería interesante aprender más de este plano de existencia en el que nunca creí.
01:18:03
Es la hora que marca nuestro contador cuando llegamos de nuevo a la puerta de la mansión de Finnick.
—Esperemos que Annie aún siga aquí —digo.
Y cuando entramos comprobamos que efectivamente sigue ahí, está en el salón leyendo un libro. El chico guapo resulta estar en la cocina mirando su celular. Cuando Noah y yo nos acercamos, vemos que está mirando recetas.
—Finnick está a punto de cocinar algo —digo alarmada—. Hay que pensar en algo rápido.
El pitido del teléfono de Finnick nos hace mirar otra vez a la pantalla donde ahora aparece un sobre gigante.
"Finnick, amor. Mañana por la tarde mandaré el aerodeslizador a recogerte. No traigas nada puesto debajo. Caius."
La nota se despide con una carita sonriente y al leerla, Finnick da un puñetazo a la pared y tira el teléfono tan lejos como puede.
—¿Qué significa? Un hombre llamando "amor" a Finnick. ¿Pero él y Annie no eran...?
—Eso no importa ahora —dice Noah—. Tengo una idea.
Mi compañero toma uno de los menús encuadernados con la mitad de los tickets dentro, sale al salón y lo tira con fuerza al suelo cerca de la puerta de entrada, como si hubiera sido introducido por la ranura del correo.
Al oír el estampido, Finnick se pone en guardia.
—¿Annie? ¿Qué fue eso?
—No lo sé, pensé que fuiste tú.
Y cuando miran hacia la puerta ven el menú y Finnick va corriendo a cogerlo. Al hacerlo los cupones caen al suelo.
—Es solo publicidad —dice, mucho más serio que antes—. Annie... acabo de recibir un mensaje. Mañana debo ir al Capitolio. Caius quiere que pase la noche con él.
Los ojos de Annie se humedecen y yo miro a Noah.
—¿Esto es real? Quiero decir... ¿Crees que estos son el verdadero Finnick y la verdadera Annie, o algún tipo de simulación retorcida? ¿Por qué "debe" él de ir al Capitolio a citarse con un hombre.
—No vayas... —dice Annie.
—Sabes que no puedo negarme.
No puedo resistirlo. Uso el pin de jugador para percibir sus pensamientos. Lo que veo es bastante perturbador y me deja muy mal sabor de boca. Veo a un joven chico de mi edad recién ganado forzado a hacer cosas que no quiere. Veo a Coriolanus Snow embolsándose mucho dinero a su costa. Veo a Finnick y el presidente discutiendo. Él quiere hacer lo mismo con Annie. Finnick le contesta suplicando que hará lo que sea para que la dejen en paz...
Tras eso no puedo seguir hurgando en su mente. Cierro la conexión y me llevo las manos a la boca.
—¿Qué? —dice Noah.
—No vas a creer lo que he visto... —susurro.
—¿¡Usaste el pin!? ¡¿Por qué?! ¡Eso solo nos retrasará más!
—Me pudo la curiosidad. Lo siento.
—Finch, no...
—Está bien —dice Annie—. Lo entiendo.
—Oye, hoy no tengo que ir a ninguna parte, me quedaré contigo todo el día. ¿Qué te parece si vamos a este sitio a cenar? Voy a llamar a reservar mesa ahora mismo. ¿Dónde habrá ido a parar mi teléfono...?
Noah olvida su enfado momentáneo y nos miramos riendo a carcajadas. Después de chocar los cinco y celebrar nuestra pequeña victoria yo también saco el teléfono y llamo a Glimmer.
—¿Hola? ¡Misión cumplida! Finnick y Annie están en camino.
Mientras ellos se arreglan, nosotros salimos afuera a encargarnos de los monstruos que se han formado. No es una batalla difícil. Solo son esos cangrejos que han venido apareciendo.
00:44:51
Es el tiempo restante en nuestro contador cuando Finnick y Annie se montan en el descapotable de él y se ponen en marcha. Noah y yo nos subimos al asiento de atrás. No tardamos mucho en llegar. Dejan el coche en el aparcamiento y subimos con ellos en el ascensor hasta la última planta.
—Señor Odair, señorita Cresta, qué estupenda sorpresa tenerlos hoy con nosotros, siganme por favor —dice el maître conduciéndolos hasta su mesa.
Los chicos se reunen con nosotros.
—¡Bien hecho! —dice Rue.
—¡Muy bien hecho! —agrega Glimmer—. Estaba empezando a ponerme nerviosa, queda casi media hora.
—En verdad ha estado insoportable —dice Marvel lo que le gana un codazo y una mirada de malas pulgas por parte de Glimmer.
—Atención. Ya van a pedir —dice Thresh.
Todos nos ponemos detrás de Annie. El camarero viene a tomar nota y ambos ordenan los platos, los entrantes y las bebidas.
—¿Van a tomar algo de postre?
—¿Quieres algo, Annie? —pregunta Finnick.
—Hm... la verdad es que no me ape...
—No, no, no, no, no —chilla Glimmer.
Al mover los brazos acaba volcando una de las copas de champagne.
—Disculpas por eso —dice el camarero servicialmente, poniéndola de nuevo en su lugar—. Mandaré cerrar las ventanas, obviamente está haciendo demasiado viento aquí. ¿Qué decían que iban a querer de postre?
Rue toma un cupón y lo deja sobre la mesa cerca de Annie. Por un instante parece que ella la puede ver, igual que pasó en la mañana.
—Tomaré piña con helado de vainilla, por favor —dice Finnick.
—Muy bien. ¿Y la señorita Cresta?
Annie se frota los ojos y parpadea varias veces, ajena por unos segundos a todo lo que la rodea, luego repara en el cupón, lo toma y observa la fotografía. La verdad es que tiene una pinta riquísima.
—¿Señorita Cresta?
Ella vuelve de su trance.
—Ah. Lo siento. Tomaré uno de estos.
—La especialidad del chef. Muy buena elección.
Todos nos vemos ahora mucho más relajados. Solo queda un paso más. Solo uno más.
Ninguno de nosotros para de mirar el contador mientras ellos comen. Si fallamos esto todos seremos borrados.
Y el tiempo se está acabando.
00:06:23, 00:06:22, 00:06:21...
Por fin se llevan los platos sucios y traen el postre. El de Annie tiene mucha mejor pinta que en la foto. Si ganamos prometo comerme algún día uno de estos.
—Annie. ¿Estás bien? —dice Finnick—. Pareces más preocupada y ausente que de costumbre. ¿Es por lo de mañana?
—La he vuelto a ver. A la chica. Aquí, justo a mi lado.
—¿A la de esta mañana?
—Creo que no era la misma. Pero esta vez no me he asustado. No creo que quiera hacerme daño.
—¡Dejen de hablar y coman de una vez! —grita Marvel.
00:05:01, 00:05:00, 00:04:59...
—Es a los vivos a quienes hay que temer. No a los muertos —murmura Finnick—. Annie... te quiero. Y esto terminará pronto. Al viejo no le puede quedar mucho más de vida y tras su muerte habrá elecciones.
—Tras él vendrá otro.
—Esta vez hemos aprendido del pasado. Además somos muchos más vencedores. Podremos hacer algo para cambiar las cosas. Solo hay que esperar al momento oportuno. Los cinco vencedores del Distrito 3 están de nuestra parte, también los del 8 que quedan, y los del 7, 9 y 11, y también Haymitch, Katniss y Peeta, Glory del Distrito 1 y Lyme del Distrito 2, y ellas podrán convencer a los demás vencedores profesionales con un poco de suerte. Y es más... gracias a mis confidentes yo estoy enterado de cada uno de los pasos de Snow. Podremos apoyar al candidato que de a los distritos mejores condiciones y él no podrá hacer nada. Todo terminará pronto, Annie mi amor. Los viajes al Capitolio, el control sobre nosotros y con un poco de suerte también los Juegos del Hambre.
00:02:48, 00:02:47, 00:02:46...
—Yo también te quiero Finnick. Ojalá tengas razón.
—Pero no te pongas triste. Venga, come un poco. Eso que te has pedido se ve delicioso. ¿Quieres intercambiarlo por el mío?
—¡NO! —gritamos todos a la vez.
—¡No! —exclama—. Quiero decir... te guardaré un poco al final.
Todos miramos fijamente como la cuchara se hunde en la porción de tarta, se la lleva a la boca y...
00:01:57, 00:01:58...
Y el contador se va.
—¡Sí! ¡Sí, joder, sí! —exclama Marvel.
Rue abraza a Thresh y él la levanta en el aire y Glimmer se vuelve a abrazar a Noah mientras él trata de sacudísela de encima y yo me río de la escena.
—Somos los mejores —dice Glimmer—. Podremos con lo que nos echen encima y más. ¡Vamos Seneca, esto está empezando a aburrirme! ¿Dónde están los desafíos?
—Cinco pruebas —le digo a Noah—. Cinco y volvemos a casa.
Él me sonríe y en ese preciso instante la escena se desvanece y todo se vuelve a sumir de nuevo en la oscuridad.
Fin del día 2.
