Disclaimer: Naruto le pertenece a Masashi Kishimoto. La historia sí que es mía :D

ADVERTENCIAS: Esta es una historia YAOI, escrita por y para fujoshis :3


Trabajo 4 "Ese fotógrafo… desaparecido"


Para cuando despertó, su padre ya estaba en la cocina preparando el desayuno y el olor a huevos con tocino se sentía por toda la casa. Se levantó guiado por el olor de aquella deliciosa comida y bajo las escaleras hasta el comedor. Sentía sus ojos irritados, desde lo que había pasado la noche anterior con los Uchiha y su cámara, estuvo llorando casi toda la noche desde que volvió a casa. Y ahora su cabeza le dolía a horrores y sus ojos estaban lo suficientemente rojos como para que Minato se diera cuenta de su situación. Sin embargo, no le dijo nada.

— Buenos días, papá – Le dijo y se sentó a esperar el desayuno –

— Buenos días, hijo – Saludó mostrándole una sonrisa amable, apagó el fuego de la cocina y sirvió dos platos de comida. Se sentó frente al menor – ¿Qué tal?

— Me duele la cabeza. Pero tu comida me parece deliciosa – Le dijo y sonrió –

— Eso me alegra mucho – Dijo y ambos empezaron a comer – Itadakimasu…

— ¡Itadakimasu!

Naruto se dirigió al baño cuando hubo terminado. Tomó una ducha, se cambió y peinó para pasarla todo el día con su padre sin que ciertos pelinegros lo molestaran por el resto del día.

— ¿Ya estás listo?

— Sí – Corrió hasta la puerta donde se encontraba su padre y sonrió. Empezó a caminar mientras el mayor cerraba la puerta y le ponía el seguro. Intentó seguirle el ritmo hasta alcanzarlo – Dime, papá…

— ¿Sí?

— ¿Estoy haciéndolo bien? – Preguntó un poco temeroso con la respuesta de su padre –

— ¿Qué cosa?

— Hablo de mi trabajo ¿Estuvo bien lo que les dije? – Indagó mirándolo con preocupación –

— Naruto – Dijo con la más suave de las voces y posó su mano en la cabeza de su hijo – Tu trabajo requiere dignidad y confianza, eso es algo que ni Sasuke ni Itachi han mostrado. Además, ser padre es confiar en tu hijo, es por eso que sé que cualquier cosa que hagas o decidas está bien para mí. Lo entenderás cuando seas más grande y tengas una familia.

— Gracias, papá

Sus palabras siempre son lo que necesita en esos momentos en los que ya no puede más. Son agradables, cálidas y confiables. Desde que su madre se fue a otro país por su trabajo, Minato se convirtió en la luz de Naruto. Ahora era más apegado a él y eran buenos amigos a pesar de ser padre e hijo.

Se dirigieron hacia Konoha Coffee, el lugar perfecto para pasar el rato con amigos y el primer restaurante de su padre. Sí, Minato es Chef de esa pequeña pero acogedora cafetería. Sin embargo, a pesar de ser tan bueno en la cocina, nunca pudo lograr ningún puesto más alto y por eso decidió abrir Konoha coffee. Los amigos de la universidad de Naruto y sus amigos de la infancia también tuvieron mala suerte en las carreras que eligieron. Los graduados eran Inuzuka Kiba, Hyuuga Neji, Aburame Shino, el genio que se graduó de la universidad a los 20, Nara Shikamaru, mejor amigo de Uzumaki Naruto, aquellos a quienes no les sonrió la vida y jamás consiguieron un trabajo de acuerdo a lo que estudiaron, excepto Shikamaru, a él simplemente le pareció problemático todo ese asunto del trabajo así que decidió trabajar con Naruto. Kiba es un veterinario que gastó su tiempo estudiando arduamente y con título y todo, no le dieron trabajo en ningún lugar. Terminó trabajando en Konoha Coffee gracias a Minato, era el segundo a cargo del negocio.

Neji estudió medicina en la misma universidad que Naruto y aunque es un poco mayor, se convirtieron en buenos amigos. Sin embargo, la vida tampoco le sonrió y a pesar de haber conseguido un trabajo no era lo suficientemente bueno como para vivir el resto de su vida y con mucha más razón ahora que – luego de la muerte de sus tíos – debía hacerse cargo de su pequeña prima Hinata quien eligió Konoha coffee para trabajar ya que nunca pudo terminar sus estudios.

Aquello era doloroso para Naruto. Hinata fue como un firme soporte en los momentos más difíciles de su vida y aún más cuando los problemas azotaron su puerta. Estaba bastante agradecido con ella y ella es parte de la razón por la que Naruto quería una mayor paga en su trabajo.

Shino sencillamente nunca tuvo suerte. Naruto y Shino se conocieron porque tomaron la misma carrera y cuando ambos decidieron buscar trabajo, los contratistas le sonreían más a Naruto que a él, aunque tampoco fue mejor para el rubio, ya que por ciertos asuntos, nunca pudo conseguir un trabajo estable. Hasta que apareció Sasuke y su vida cobró otro sentido aunque ahora se debatía entre dejarlo o no. Era frustrante.

Los más jóvenes llegaron a la cafetería por problemas económicos. Lee nunca conoció a su familia y aunque logró superarse con el tiempo, no podía probar suerte en cualquier parte. Por eso trabaja allí y eran muy buenos amigos con todos. No fue diferente con la pequeña Sakura, su vida no es tan rosa como su cabello pero es más sencilla que la de Naruto. Se convirtieron en muy buenos amigos y ahora era de mucha confianza para Minato.

Todos habían colaborado en abrir Konoha Coffee porque era su única luz en la oscuridad y Naruto era el pilar que sostenía todo con su sonrisa y sencillez que le caracterizaba. Aunque en vano, porque ocultaba un terrible secreto que no podía revelar a nadie.

Estaba corriendo contra el tiempo…

— ¡Buenos días! – Expresó con notoria felicidad. Su sonrisa irradiaba alegría y todos los presentes rieron y saludaron a los recién llegados. Minato se apresuró a saludar a los primeros clientes que se paseaban por allí y les ofreció algo. Los trabajadores se pusieron en marcha. El rubio caminó hasta la barra y se sentó sonriéndole al mesero de enfrente – Hola, Neji.

— ¿Qué tal, Naruto? – Saludó mientras ordenaba varios vasos en el mostrador –

— Muy bien ¿Dónde están los demás?

— Kiba está hablando con ellos ahora, parece que están arreglando ciertas cosas para llamar más la atención.

— ¿Y por qué no vas con ellos?

— Ya me fueron comunicados los planes esta mañana. No es necesario.

— Ya veo… Dime, ¿Hinata está aquí? – Preguntó inspeccionando con la mirada todo el lugar en busca de la ojiperla –

— Vendrá un poco más tarde que de costumbre. Justo ahora está haciendo el examen de admisión para la universidad – Explicó con seriedad. Seguía ordenando los vasos con la mirada fija en ellos –

— Hum… Cuando la acepten, dejará de venir por un tiempo. Me sentiré muy solo sin ella – Dijo, Neji alzó la vista encontrándose con una sonrisa nostálgica. Odiaba mucho que él hablara de su prima como si fuera su juguete pero esa mirada le decía que de verdad la extrañaría aunque aún no sabían si la aceptarían, pero para Naruto era obvio –

De la puerta de la cocina salieron todos los empleados dispuestos a dar todo su esfuerzo un día más. Observaron a Naruto sentado y no lo pensaron dos veces antes de ir a saludarlo.

— ¡Buenos días, Naruto-kun! – Lee saludó enérgico mientras chocaban las manos –

— Hola, Lee.

— Buenos días, Naruto – Dijo Shino y se fue a hacer sus labores diarias –

— ¿Qué tal? – Medio saludó Shikamaru y se sentó al lado del rubio –

— Hola – Dijo mientras observaba a Sakura caminar hacia él con el ceño un tanto fruncido y con la mirada nerviosa y perdida. Él sólo se rio – Buenos días, Sakura-chan.

— ¿P-Por qué me besaste ayer? – Replicó con un fuerte rubor en las mejillas. A Neji se le cayó un vaso de las manos por la sorpresa y Shikamaru… él no hizo nada, ya se lo veía venir –

— ¿Qué hiciste? – Neji miró a Naruto con el ceño fruncido –

— ¿Eh? – Se rio el aludido – Lo siento, Sakura-chan. Se me antojó, es solo eso.

— ¿Cuándo fuiste a su casa, Sakura? – Indagó el genio sin muchas ganas realmente.

— Fue ayer en la noche, tenía que entregarle algo a Minato-san y fue cuando vi a Naruto un poco mal de salud – Explicó, lo último hizo que ambos prestaran mayor atención – me preocupé mucho por eso y me quedé hablando con él y entonces me besó – Se ruborizó mientras soltaba las últimas palabras –

— Oh, vamos. No lo digas como si no estuviera aquí.

— Acostúmbrate – Dijo Neji, Sakura quedó sorprendida –

— ¿Disculpa?

— Cuando Naruto está estresado no te lo puedes sacar de encima – Confesó Neji entre dientes mientras sus mejillas se coloraban. Naruto soltó una carcajada – ¡No te rías!

— Lo lamento…

— No creo que besar sea un problema – Intervino Shikamaru consolando un poco a la pelirosa – mientras sea con alguien de confianza, está bien.

— ¿Te das cuenta, Sakura-chan? Shikamaru ya está acostumbrado – Dijo, el aludido iba a decir algo pero los labios de Naruto no se lo permitieron. No impuso resistencia, pero a cierta chica le sangró la nariz por la excitación de la escena. Neji sólo resopló limitándose a ver sus reacciones. Se alejó lentamente poniendo una sonrisa coqueta en su rostro – ¿Verdad, amigo?

— ¡Ch! qué problemático.

— Bien, tengo cosas que hacer. Si me disculpan – Iba a irse pero la voz de su amigo interrumpió su partida –

— ¿Qué le pasó a tu cámara? – Preguntó el más inteligente, los demás se sorprendieron porque no se habían dado cuenta de ello. Naruto siempre, en todo momento, cargaba su cámara. Así que era extraño que no la portara ese día –

— Ah… es una larga historia…

— Perdonen la espera – Se disculpó Hinata entrando a la cafetería a toda velocidad. Varios clientes le saludaron y ella les sonreía. Pero hubo alguien que no le dejó continuar su camino –

— ¡Hinata! – Sonrió el rubio y corrió hasta ella para abrazarla. Ella se sonrojó –

— B-Buenos días, Naruto-kun – Dijo sintiéndose otra vez en el suelo – Ha pasado tiempo.

— Tienes razón ¿Tienes un momento? Quiero hablar contigo.

— Está bien…

La llevó hasta la parte de atrás de Konoha coffee. Siempre hablaban allí desde que se conocieron, era como parte de su rutina y Hinata se sentía feliz de poder compartir esos momentos con él.

— ¿Cómo te fue en el examen?

— Fue muy fácil. Mañana darán los resultados pero no estoy segura de poder lograrlo…

— No te preocupes, lo lograrás. Así eres tú, siempre logras lo que te propones.

— Gracias, Naruto-kun. Pero, más importante aún, ¿Qué ha pasado con tu cámara?

— ¿Mi cámara? – Indagó, ella asintió con la cabeza – ¿Recuerdas que te hablé sobre mi jefe?

— Claro ¿Él tiene algo que ver con esto?

— Sí, porque él la arruinó – Dijo, los ojos de Hinata se abrieron de par en par –

— ¡¿C-Cómo?! ¿Por qué? Él no…

— Fue un arranque de ira. Tengo parte de la culpa, por eso me siento bastante incómodo y desesperado. No soy nadie sin mi cámara.

— Lo lamento tanto – Dijo tomándole la mano y mirándole directo a los ojos – míralo de este modo, esto también tenía que pasar. Ya veré como ayudarte a conseguir otra, estoy segura que todos ayudaremos a comprar una para ti…

Ni siquiera la dejó terminar cuando la besó. Sus labios apresaron los de Hinata en un beso triste y vacío. Siempre la besaba cuando se sentía vulnerable y ella le deba las fuerzas para seguir de pie luchando por su futuro. La tomó de las mejillas mientras aumentaba el ritmo de los besos y su lengua chocaba con la suya llenando toda su cavidad con su esencia. Ella fue la primera en cortar la conexión, aunque no se separaron tanto, sus cuerpos aún estaban unidos y sus respiraciones chocaban.

— ¿Volverás a trabajar con él? – Preguntó con la más suave de las voces –

— Volveré… algún día.

— Bien. Si esa es tu decisión, está bien para todos – dijo y se alejó un poco más, le sonrió aun nerviosa por el beso anterior –

— Gracias, hermosa. Me hacía mucha falta hablar contigo…

— No es nada.

[Casa Uzumaki, 9:15 am]

— No creo que esta sea una buena idea, Itachi – Dijo dubitativo por las acciones de su hermano – ¿Qué pasa si no quiere venir?

— No sabemos nada de él, ese es el problema. No hicimos que firmara ningún contrato, ni sabemos nada de su familia. Debemos hablar con él y aclarar las cosas – Dijo tocando el timbre por enésima vez – Maldición, no abre.

— Tal vez no hay nadie – Se dio media vuelta dispuesto a irse – Bueno, ya que no está, no veo prudente que nos quedemos aquí hasta que regrese.

— ¡Espera! – Gritó tomándole del hombro para darle la vuelta. Le miró con suprema seriedad – Tengo la llave.

— ¡Guárdala! ¡Mejor dicho! ¡¿Por qué demonios la tienes tú?! – Se exasperó subiendo de tonos, tomando a su hermano por las solapas de la camisa con ganas tremendas de ahorcarle –

— ¡Uno debe adelantarse unos cuantos pasos para ganar!

— ¡¿Ganar qué?! Maldición, esta vez te pasaste…

— Ya, ya, vamos a probarla.

En segundos habían invadido propiedad privada. Itachi cerró la puerta tras su espalda.

— No quiero estar aquí. Si él se entera que hicimos esto nos aplastará en internet. Adiós fama y fortuna.

— Cállate, te quejas demasiado. Ve arriba, yo me quedaré investigando en la sala.

— ¿Qué se supone que tengo que buscar?

— Algo que nos ayude atarlo a nosotros. Sólo ve, rápido.

Sasuke se dirigió a la segunda planta de la humilde casa Uzumaki. Caminó con inseguridad hasta la primera habitación. Era la de Naruto, abrió la puerta con cautela y entró despacio para no mover nada de lugar. Buscó en sus cajones pero no encontró nada que podría servirle a Itachi, porque él no estaba para nada interesado en su vida privada, él solamente quería un fotógrafo. Se dirigió a su baño privado sabiendo que iba a arrepentirse después de hacer esto. Se miró en el espejo por un momento mientras hurgaba los acondicionadores de cabello del rubio.

— Veamos…

Jamás pensó que Naruto pudiera ocultar algo siquiera un poco. Pero todo aquello fue rápidamente reemplazado por la imagen que vino después de abrir el cajón escondido tras el espejo. Medicina, frascos, jeringas, pastillas, antibióticos. Sus ojos se abrieron de par en par con horror.

— Él… me engañó…

"Sus palabras, su sonrisa, sus energías. Me engañó. Naruto ¿Por qué ocultaste todo esto?"

Entonces recordó sus palabras de aquel día en el mirador. Naruto no había escogido vivir una vida así, no quiso prestarle atención a su declaración. Pensó que estaba un poco loco y que sus ganas de vivir se debían a que su personalidad era así.

¿Tenía ganas de vivir porque estaba limitado? ¿Cómo era eso? Debía saberlo, ahora. Cerró la puerta y salió de su habitación a la carrera. Se dirigió a la sala donde estaba Itachi con unos papeles en las manos. Se detuvo en seco mientras observaba con preocupación al mayor.

— Nos engañó, Sasuke. Él estuvo ocultando esto todo el tiempo…

No tardaron ni dos minutos en ir a buscarlo. Se habían enterado de algo que probablemente no debían y se arrepentirían por eso. Pero ahora que lo sabían no tenían más opción que ocuparse de arreglar las cosas con Naruto y darle una nueva oportunidad. Sasuke se preguntó cuánto sufrimiento guardaba por cada beso que recibía de sus labios. Ahora que lo pensaba, se sentían tristes y vacíos. Estaba molesto consigo mismo y su falta de consideración y sensibilidad y aun así…

"Por favor… no te enojes"

Naruto le había tratado tan bien hasta ahora que le pareció imposible que personas como él sufrieran todo aquello que leyó en el documento. Se sentía culpable y estaba arrepentido. No debió haber roto su cámara, ni tratarle tan mal, ni gritarle. Debió haber sido más comprensible, Naruto no era una mala persona, él lo sabía, su trabajo era excepcional, pero no supo valorarlo.

— ¿A dónde crees que esté? – dijo Itachi mientras conducía a toda velocidad –

— Ve a Konoha Coffee, quizá lo encontremos allí.

[Konoha coffee 9:45 am, cocina]

— ¡Oooh, eso se mira delicioso, papá! – Exclamó observando la comida con excitación, el mayor le miró feo y le dio un pequeño empujón con la mano –

— ¿Cuántas veces te he dicho que no debes estar aquí, Naruto?

— Un montón – Sonrió despreocupado –

— Entonces sal de aquí y atiende a los clientes – Dijo señalando la puerta. Su hijo asintió y salió de la cocina –

Aunque no había nada más divertido qué hacer además de atender clientes. Aunque sus amigos se estaban encargando de eso, ya que él no era directamente empleado de ahí, pero le gustaba llegar de vez en cuando para ayudarles en lo que sea. Hubiera tomado algunas buenas fotos del lugar para subirlas a internet pero cierto demonio de ojos oscuros le había arrebatado ese privilegio.

Suspiró, tenía lágrimas en los ojos, pero no era suficiente como para llorar frente a todos. Después de todo, sí pudo conservar las fotos que había tomado, incluyendo la de Gaara. Se había propuesto a subirla a su página web y aplastar a Sasuke como lo había hecho con él. Pero le daba pena Itachi, pues él nunca fue tan rudo como Sasuke y si lo hacía él también venía en la colada. Todo incluido. Ambos hermanos. Itachi y Sasuke. Los Uchiha ¡Cuánto le hubiera gustado asesinar a Sasuke sin lastimar a nadie más! Pero él parecía tener más armas con las que pelear de las que él pensó.

A la cafetería entró una persona que tenía el pelo largo y rubio y sus ojos eran celestes. Caminaba a paso seguro hasta el mostrador, parecía ser pintor por su fachada y tenía la sensación de haberlo visto antes.

— Disculpa…

— Ah, ¿Sí, necesitas algo? – Preguntó con la mejor de sus sonrisas –

— Eh… sí. Mi nombre es Deidara y quiero hablar con tu jefe.

Deidara. Claro, si mal no recodaba, él era un pintor muy famoso de Osaka. No, de Japón entero ¿Qué estaba haciendo en Konoha coffee? Quería indagar más pero él parecía apurado, así que con la mejor de sus reverencias caminó hasta la cocina.

— Papá – Dijo, aunque Minato tampoco le prestaba mucha atención. Andaba de arriba para abajo preparando los pedidos – Ha llegado un tal Deidara y quiere hablar contigo.

— ¿Deidara? – Dijo y se detuvo en seco, un segundo después volvió a lo suyo – Dile a Kiba que lo atienda o lo atiendes tú, estoy ocupado. Discúlpame con él.

— No trates de parecer misterioso – Dijo con sorna, se volvió al mostrador – Yo le digo.

— ¿Y bien? ¿Puedo hablar con él? – Parecía impaciente por alguna razón, como si de verdad ansiara hablar con Minato –

— Lo lamento, él no está disponible en estos momentos. Pero puedo pasarle con el gerente.

— No lo hagas, Kiba ha salido y no volverá hasta en la tarde – Dijo Shikamaru mientras caminaba hasta la mesa número ocho –

— Jee – Dijo, pareció disculparse con una sonrisa – Entonces habla conmigo.

— ¿En serio?

— Claro, vamos a sentarnos.

Se dirigieron a una mesa que estaba cerca de la ventana. Los cálidos rayos del sol golpeaba el vidrio creando un ambiente de hogar dulce hogar. Deidara miró por todas partes antes de seguir hablando.

— Escucha, soy un pintor muy reconocido en Japón. Pero últimamente no tengo la inspiración suficiente como para presentar algo y todo lo que hago resulta ser mediocre. No sé qué hacer, por eso, cuando venía en mi auto, no puede evitar ver esta agradable cafetería. Ahora que lo pienso, es más agradable por dentro y el ambiente que aquí se vive es como si todos fueran una familia y los clientes también son parte de ella. No sé cómo lo hacen, desde que entré me siento con muchas ganas de dibujar este sentimiento. Ustedes me inspiran, pero ¿Cómo? Cuéntame sobre ti – Dijo, Naruto se sorprendió al entender que Deidara no era tan orgulloso como lo hacían parecer y le regaló una amable sonrisa –

Naruto: La cafetería Konoha Coffee es así porque somos simplemente nosotros. Todos somos amigos, nos hacemos amigos de los clientes, contamos chistes, nos reímos, jugamos, incluso lloramos. Cuando Konoha coffee se une, parece una familia. La familia que todos quisieran tener ¿No sientes lo mismo?

— Sí, lo siento. Este sentimiento tan abrazador y cálido, muy cálido.

— ¿Qué quieres hacer? – Preguntó con una sonrisa, Deidara le miró admirado –

— Dame el permiso para pintar este lugar.

— Sí. Tienes mi permiso.

Deidara sacó un contrato de su valija y comenzó a explicarle a Naruto lo que quería hacer. Le entregó el documento al rubio y le dijo que firmara en los lugares indicados. A Naruto le parecía una buena idea que traería consigo grandes beneficios, la inspiración de aquel frustrado pintor y la fama de su segundo lugar favorito en el mundo, esa acogedora cafetería. Luego de haber firmado, se quedaron hablando proponiendo fechas para que Deidara pudiera hacer la pintura. Cuando hubieron acordado todo, se quedaron charlando un poco más de nada en especial. Parecía como si se conocieran de hace mucho, pero era sólo porque a Naruto se le daba muy bien hablar con cualquier persona.

La segunda vez que los Uchiha entraron a Konoha coffee fue corriendo. Sasuke entró despavorido con ansias de hablar con Naruto. Itachi se dirigió a algunas meseras para hablar sobre él. Todo era sobre él. Naruto no lo sabía, pero la cafetería, la vida de cada una de las personas que se encontraban en ese lugar, habían sido tocadas por un lazo inquebrantable. Sasuke ya lo había sentido un poco, pero quería más.

Para eso, necesitaba respuestas.

— ¿Tú eres Sakura, verdad? – Le dijo Itachi con la voz opaca, se sentía mal por alguna razón –

— Sí ¿Necesita una mesa?

— No, ¿Dónde está Naruto? – Preguntó Sasuke con rapidez e increíblemente preocupado. Sakura le miró confundida y sonrió con un aura maligna saliendo de su cuerpo –

— ¿Naruto? él es un pervertido.

— Ah… no, no estaba preguntando eso.

Pero la pequeña Sakura estaba indignada. Primero la besa a ella, luego a Shikamaru y hasta Hinata estaba incluida y quién sabe a cuántos más habrá besado ese rubio pervertido. No podía contestarles en esos momentos sin cordura. Itachi se dirigió a Shikamaru que estaba en el mostrador sin hacer nada.

— Disculpa, ¿Se encuentra Naruto en este lugar? – El pelinegro le miró sin emoción alguna como siempre. Aunque Shikamaru ya sabía que los dos tramaban algo, pero no sabía el qué, así que dejaría que el propio Naruto se encargara de las cosas –

— Claro, esperen aquí – Caminó hasta la mesa donde se encontraban Deidara y Naruto hablando con entusiasmo y proponiendo futuras ideas para sus pinturas y demás. Posó su mano en el hombro de Naruto y este volteó a ver rápidamente –

— ¿Eh? ¿Qué sucede, Shikamaru?

— Es problemático pero, esos dos te están buscando, Naruto – Señaló hacia la barra donde se encontraba Sasuke y su hermano –

— ¿Qué hacen ellos aquí? – Puso mala cara y se quejó con su amigo sobre hacer o no lo correcto. Ya se le había pasado el enojo con Sasuke, pero no quería hablar con él. Necesitaba su espacio, se lo había pedido a Itachi pero, al parecer, no le hizo caso – Está bien, pero no hablaré con ellos. Tengo una mejor idea.

— Lo que tú digas.

Naruto: Ah, por cierto – Dijo y no tardó ni dos segundos en acercarse al rostro de Deidara y estamparle un profundo beso en los labios. Su cara no tardó en parecer semáforo en rojo y se separó rápidamente de él –

— ¿Pero qué-?

— Me temo que tengo que irme. Hay algo que debo hacer – Explicó con su mejor sonrisa. Deidara asintió completamente nervioso y agarró sus cosas dispuesto a irse. Estrechó la mano de Naruto y de Shikamaru y se despidió diciendo que volvería otro día. Les dejó su tarjeta y se marchó.

Sasuke se había dado cuenta del beso. Ya conocía a Deidara por unos trabajos que hicieron juntos en el pasado, pero no le sorprendió en absoluto que Naruto le besara. Él ya había pasado por eso también. A pesar de todo, seguía sonriéndole a la vida y siendo tan activo como siempre. Simplemente no podía creer lo que había visto una hora atrás.

El rubio se acercó a paso firme, con la cabeza bien en alto y entornando sus ojos hasta Sasuke. Aquella actitud sorprendió a Itachi y se sintió mal al mismo tiempo. Pero Naruto tenía otros planes más que hablar con ellos. Se negaba a hacerlo. Por eso, cuando estuvo a punto de estar un metro cerca de él, dobló 180 grados sobre sí cambiando de rumbo y cruzando el mostrador, se dirigió a la cocina.

— ¡Papá! – Gritó asustando a su padre y fallando el corte de carne –

— ¡Sí! – Exclamó. Dio un suspiro y luego se tranquilizó un poco – ¿Qué pasa?

— ¡Allá afuera está Sasuke, defiéndeme!

— ¿Qué? Naruto, ¿No crees que ya estas grande como para-?

Pero entonces vio la cara de su tesoro con un pequeño rubor en las mejillas y con la mirada nerviosa. A veces Naruto se portaba como un niño y hasta ahora él había sido completamente independiente de lo que dijeran los demás. Pero en esos momentos en los que Naruto ya no puede sostener todas las expectativas de las personas, su padre interviene. Y ese día era uno de esos en los que le tocaba ser el héroe. Aunque a veces metía la pata…

Minato salió de la cocina dispuesto a darlo todo por su hijo. Su esposa estaría orgullosa de él, seguramente. Naruto se sintió aliviado y se asomó a la puerta para ver lo que pasaba. Sasuke se sorprendió al ver caminar a alguien tan parecido a Naruto hacia ellos. Se dirigió a ellos con una misteriosa sonrisa.

— Ah ¿Así que tú fuiste el que arruinó la cámara de mi hijo, verdad? – Dijo, Sasuke alzó la vista y le miró molesto –

— ¿Disculpa?

Entonces, como si el tiempo se detuviera, Minato sacó de su bolsillo un cuchillo de cocina y lo empuñó con maestría clavándolo en medio de los dedos de la mano del pelinegro menor que hasta ahora la mantenía sobre la mesa. Pegó un brinco despavorido y se apartó rápidamente de él.

— ¡¿Qué es lo que haces?! – Replicó alzando la voz, Itachi había quedado sorprendido por la hazaña del rubio –

— Me llamo Namikaze Minato, soy el jefe, el chef de Konoha coffee y padre de Naruto ¿Qué es lo que quieren con mi hijo? – Lo dijo con una sonrisa en el rostro pero sus intenciones eran otras. Itachi lo sabía y quiso salir corriendo de ese lugar –

— Sólo quiero hablar con él. En serio, necesito hacerlo – Su voz se escuchaba sincera y algo en la mirada de Minato le dijo que no iba a permitir que eso pasara –

— Lo lamento, no puedo dejar que hablen con él.

— Si es por la cámara, yo compraré otra para él. No importa si quiere un aumento, dos o tres cámaras, yo lo compraré para él.

— ¡Tú no lo entiendes! – Saltó Naruto con furia, saliendo de la cocina. Todos se sorprendieron – ¡Eso no es algo que puedas comprarlo sólo con dinero!

— ¡¿Entonces qué?! ¡Dime lo que quieres, pero regresa!

— ¡¿Para qué?! ¡No volveré con las personas que me hicieron daño una vez!

— ¡Estás enfermo y nos lo ocultaste todo el tiempo! ¡¿Por qué?! – Gritó Itachi acabando con cualquier vestigio de cordura en todos.

Los ojos de Naruto se abrieron de par en par. Sintió una ráfaga de calor recorrer su cuerpo y su corazón yendo a velocidad acelerada. Minato también se sorprendió, quería golpearlos por haberse entrometido en sus vidas sin permiso alguno. Sasuke miró a su hermano, furioso. Estaba molesto por lo que hizo, pero no había marcha atrás.


Escenas del próximo capítulo…

— ¡Ahora lo sabes! ¡¿Estás feliz?!
— Si van a seguirle haciendo daño, entonces no vuelvan.
— Ya no puedo ser indulgente con esto, quiero hacer algo por mí.
— Bésame…
— ¿Qué?