Promesa
La risa estridente a su derecho hizo que Mikaela se arrepintiera de haber respondido su pregunta. Aunque ambos estaban solos en la playa, si no se callaba terminaría despertando al resto del grupo que estaba durmiendo.
– No es tan gracioso.
Dijo con contenida molestia preguntándose porque consideró que era una buena idea en primer lugar confesarle que no sabía nadar.
– Entonces está decidido. Cuando todo esté en calma te ensañaré y…
Mikaela no escuchó el resto de la conversación por la impresión que le causó la seriedad con la que habló, por la forma como decidió incluirlo en sus planes de un día en la playa. Ese detalle le bastó para hacerlo sonreír aunque dudaba que llegara ese momento que le estaba describiendo.
