Capítulo 8

Jack se movió por el trazado de las montañas. La madriguera o lo que fuese donde vivían los trolls no estaba lejos. Estaba siéndole infiel a su orgullo con regresar a donde se había marchado hecho una furia e insultado. Pabbie no le agradaba del todo, pero siendo el único al que podía acudir no tenía más remedio que morderse la lengua.

Cuando aterrizó en el húmedo suelo, los trolls se congregaron con ojos curiosos alrededor sin decir una palabra. Pabbie fue el último en aparecer.

–¡Ah, Jack Frost! Creí que no volveríamos a oír de ti. – comentó en bienvenida. Claro sabía que iba a regresar como que en ese mismo instante Jack se torturaba a sí mismo por mantener la compostura y su orgullo sano. Pabbie no quiso volver a humillarle.

Jack todavía estaba conmovido por la visita a Elsa. A esa nueva Elsa. Así que tampoco tocó el tema de lo que había pasado en su última visita al troll – la que creyó que sería la última. Pero por desgracia, allí estaba de nuevo y con malos informes.

–Bueno, me verás más seguido. No creo que necesite una especialización para saber que el diagnóstico de Elsa es malo. Demasiado lejos de lo que pensaba.

–¿Ella está bien? – se preocupó.

–Físicamente, sí. Mentalmente…

–Pues claro que afectaría su razón. – recapacitaba. –¿Dónde está ahora?

–Ha viajado toda la noche y toda la mañana para ir a las Montañas del Norte. Está en su castillo ahora.

–Ya veo. Ha logrado lo que tramaba con esas cartas. Muy ingeniosa, debo decirlo.

–Sí pero… En la huida ha habido un problema. – no sabía cómo empezar.

Pabbie enmudeció. De haber podido, habría empalidecido. Esperaba no tener que oír noticias de esa clase.

–¿Qué pasó? – preguntó un troll mujer de la multitud ya que nadie hablaba. Se imaginaban cientos de escenarios posibles. Pabbie la miró y ella se encogió de hombros.

–Un mayordomo y dos guardias la descubrieron en el acto. Y ella… – recordó la escena de los tres pobres hombres. – Creo que los mató.

Todas las criaturas concibieron un sonido de pavor.

–¿QUÉ? ¿Cómo que crees? ¿No has hecho nada para impedirlo? – lo que faltaba, muertes. Ya había comenzado a matar antes de lo que Pabbie suponía. El cambio no había durado más que días. Todo iba demasiado rápido.

–¡No! – se defendió. – Estaba en el tejado, no sabía por dónde se fugaría y no quería perderla de vista en plena noche. Pero oí los gritos de los hombres. Para cuando llegué al lugar estaban… Atravesados con hielo. No sé qué les pasó después. – se horrorizaba con tan solo decirlo, pero no lo demostraba. Él solo daba noticias. – Tranquilo, no pongas esa cara. Tomé precauciones. Me encargué de borrar las huellas; hice al hielo desaparecer. Nadie sospecha que fue Elsa sino un simple ladrón por lo que oí comentar a algunos soldados. Y para hacer esa historia más creíble, también tomé esto. – le enseñó la pieza de oro que tenía en el bolsillo de su viejo pantalón.

–¿Un reloj de bolsillo? – enarcó una ceja. O lo que sea que tuviese como ceja, lucía como pasto.

–Se lo robé al canoso. Así por lo menos seguirán pensando que el ladrón se llevó algo valioso y no mató por que sí.

Aunque la culpable sí mató porque sí.

Pabbie estaba en shock, tal y como Jack lo había estado. Pero él lo tuvo que controlarlo para poder seguir con el seguimiento. Ambos, sin duda, se preguntaban qué podía incitar a alguien a hacer algo como eso. Para cuando se recompuso, el troll habló.

–¿La chica, Anna, está bien?

–Sí. Eso supongo. No he oído más del palacio real desde que partí.

–¿Y hoy has visto a Elsa, presumo? – Jack asintió. – ¿Has notado algún cambio superficial?

–Me parecía la misma de siempre. No es que ahora use vestidos negros y góticos con capa y le crezcan colmillos. Era solo ella. Aunque sí temo que estaba un poco desaliñada. – Pabbie ignoró la acotación.

–Y en cuanto a este… incidente. – golpeó las puntas de los dedos de ambas manos. Examinaba cómo decirlo y no sonar escandalizado. – ¿Ella se mostró afectada por lo que hizo?

Jack lo pensó. No podía meterse en su mente, pero podía interpretar sus acciones para sacar una conclusión.

–No. De hecho, se comportaba ajena a ello. Como si no le hubiese quitado la vida a tres hombres inocentes.

Pabbie sacudió la cabeza negando mientras llevaba la mirada al piso.

–¿Qué ocurre? – preguntó Jack por su reacción.

–Este es el comienzo. Elsa no muestra arrepentimiento o ningún sentimiento en absoluto por sus hechos. ¿No lo ves? Esa es la maldad actuando en ella. La maldad te hace obrar cosas malas, tal vez sin darte cuenta, y no sientes nada. En el peor de los casos te alegras por hechos atroces como ese. La gente puramente malvada desconoce que lo que está haciendo es imperdonable, o lo sabe y no le interesa. Y eso le está sucediendo a Elsa, más pronto de lo que asumí, me temo. Pensé que habría algo de compasión en ella, que su otro lado sobreviviría por más tiempo…. – el desconcertado Pabbie se quedó sin más que agregar.

Jack no sabía qué hacer con esa información, pero no le sorprendía. Solo balanceó su bastón.

–Como sea, tenemos que concentrarnos en el presente. No en lo que va a ser luego.

–Pero impedir futuros incidentes es nuestro compromiso. ¿Qué se te ocurre que hagamos mientras Elsa sigua en esta… fase mínima de oscuridad?

¿Esa era la mínima? Vaya.

–No lo sé. No soy bueno en tramar estas cosas. Sobre todo cuando ocurren de la nada. Además, dudo que pueda seguir espiándola de lejos. Utiliza su magia indiscriminadamente para atacar. No cabe duda en que lo hará si me descubre en su castillo de nuevo. – como recién.

–Entonces convéncela de que te quedes con ella.

–¡¿QUÉ, ESTÁS LOCO?! – Jack hizo una mueca. – ¡Me estás pidiendo que cometa un acto suicida!

–No exageremos las cosas. Lo tienes que hacer. No la puedes dejar sola, Jack. Concordamos en ello. ¿Quién sabe qué podría hacer en cuanto su corazón se corrompa más y más?

–Me atacará aunque convivamos, no hay diferencia. Debe haber otra opción.

Pero él sabía que había solo una.

–Tienes qué, Jack.

–¿Pero cómo la convenceré? No se mostró amistosa conmigo. Y sigue sin recordarme.

–Mhm, eso explica tu mano. – la había visto e intrigado desde que llegó, pero no se atrevió a preguntar aún. – Y los moretones en cuerpo.

–¿Qué? – Jack estaba desentendido de esas marcas de batalla, casi no las sentía. Productos de la incoherente batalla con Elsa, y que deseaba jamás repetir por su bien y el de ella. Miró su mano izquierda que había sido casi surcada por Elsa para desarmarlo. Lucía bastante mal. También tenía moretones en las muñecas y seguro en el cuello y pies, dónde había sido atrapado por el hielo.

–Ven. – Pabbie estiró su mano y tomó la de Jack. Jaló con increíble fuerza y Jack calló arrodillado al suelo, impaciente. No creía que tenían tiempo para jugar a la enfermera, ni era tan grave para Jack. El troll sujetó su mano izquierda y la inspeccionó. – No te dolerá. – puso su mano rugosa en la suave tez blanca. Una especie de humo brotó y se evaporó en el aire en el lugar de la herida, y cuando Pabbie la destapó, estaba como nueva y sin rastros de sangre seca. – Ya. ¿Ahora quieres que haga algo con los–?

Jack apartó su mano que intentaba llegar a su cuello, supuestamente moreteado. Era impresionante lo de su habilidad curativa, pero en serio no había tiempo para ello.

–¿Ha sido muy dura contigo?– preguntó Pabbie; no había oído esa historia. Jack no pudo evitar sentir su ego herido a pesar de que sabía que no era la intención del buen troll.

–No me defendí. Aún es mi Elsa, o luce como ella, y no la iba a dañar. – se justificó. – Me atacó ni bien me vio. Debió haber tenido miedo, supongo. Y aun así quieres que viva con ella. ¿No ves de lo que es capaz o eres sordo? No solo mató tres tipos; ataca a quien se le aproxime. Estoy seguro que seré el cuarto.

–Pero saliste vivo hoy.

–Si ella no hubiese hablado tanto y hecho tantas amenazas hacia mí, habría acabado conmigo antes. Creo que solo la impacienté y salí vivo gracias a ello.

–Mhmm, tal vez algo en ella te recuerda… – caviló en voz alta. Era una idea lejana e improbable, pero todo es posible. Al menos eso dicen.

–¿Tú crees? – se iluminó. Eso era lo mejor que había oído en días.

–¿Por qué no te… huh, ya sabes… aniquiló apenas te vio? Si al irritarla, jugar con ella, haz logrado aunque sea aproximarte y salir vivo, debes seguir así.

–No será difícil entonces. – dijo lo que los dos especulaban.

–Esperemos que no. ¿Y qué esperas tú? Es de noche ya y debes volver con ella.

–¿Estás seguro…?

–Lo suficiente para confiar en ti. – deliberó decidido. – Pero si no te vas ahora, podría ser peor. Elsa debe de estar por acostarse y sería peor que la invadieras en un momento así. Recuerda que actúa a la defensiva ahora.

Jack aborrecía tener que oír esas palabras.

–Tienes razón. Pero no deja de ser una locura. – por más que Jack no estaba convencido del todo del plan, tenía que intentarlo. No perdió otro minuto y voló en dirección norte hacia el castillo.

–Ve, ¡y buena suerte! – oyó a Pabbie gritar.

Voy a necesitarla, se dijo.

Esa vez, a las sombras de la noche, decidió entrar por la puerta principal. Tocó y aguardó. Esperaba que no lo recibiese ningún chorro de hielo o que fuese aprisionado otra vez. Reconoció que estaba algo temeroso en su segunda visita. El castillo helado parecía emanar luz propia, absorbida en el día, y que con la noche se apagaba hasta quedar a oscuras. Bastante impresionante, consintió Jack. Mientras admiraba el tallado en las puertas, una voz se escuchó del otro lado. No era una voz, era un gruñido.

Una de las puertas se abrió para develar un gigantesco hombre de nieve, con colmillos del tamaño de Jack. Lo observaba empalidecer al joven. Su mente también quedó en blanco, así que solo pudo reaccionar levantando la mano en un patético saludo tímido a la abominable bestia.

La puerta se estampó en su cara.

Pestañó unas cuantas veces y volvió a tocar. El hombre de nieve del otro lado rugió exasperado.

–Vengo a ver a Elsa. – apenas alcanzó a decir antes de que la puerta se volviera a cerrar de golpe. No quería dejarle entrar.

Volvió a tocar. Marshmallow había tenido suficiente del inoportuno. Abrió la puerta y rugió tan fuerte que hasta un temible dragón aullaría y correría de miedo hasta su mami. Pero Jack no era un temible dragón. El rugido lo dejó algo sordo y aturdido. Tenía escarcha hasta en su pelo, pero no se había movido de la puerta. Sorprendido, Marshamallow lo tomó de la cintura con su gigantesca mano y volvió a rugir más cerca de su cara.

–¿Qué intentas probar con esto? – atinó Jack intentando zafarse. Podía oír un ligero timbrado en sus oídos, pero no era relevante. Su única estimulación era que esa bestia solo ladraba para ahuyentar, no mordía. Esperaba que no le hiciera daño. El hombre de las nieves lo dio vuelta, su cabeza apuntando al cristalino suelo, y lo agitó cual frasco de pepinillos. Jack sentía nauseas, su estómago se revolvía con los sacudones. – ¡Oye, para ya! ¿Vas a dejarme entrar o no?

–¡No!

Marshmallow viró sobre su eje y Jack se contoneó a un lado para poder mirar a Elsa en la cima de las escaleras. Llevaba ese vestido de siempre acompañado con el impecable peinado y los hombros echados hacia atrás. Ya no acarreaba hojas y ramas en el enmarañado pelo ni tenía sangre seca en la piel. Su figura brillaba ante la escasa luz de la planta baja, y su imponencia llenaba todo el lugar.

–¡Elsa!

No él de nuevo, rodó los ojos. Cualquiera menos ese lunático.

–¡Sácalo de mi propiedad! – dictaminó a su único guardia de nieve.

–¡Elsa, espera! Déjame hablar contigo, solo será un segundo. ¡Por favor!

–No.

–Si me hechas ahora, volveré. Y lo haré cuantas veces sea necesario, tengo todo el tiempo del mundo.

Marshmallow pasó su mirada de ella al movedizo hombre en su mano. – ¿Qué te he dicho de regresar a mi castillo, Espíritu del Invierno?

–Yo no recuerdo haber aceptado a eso.

–Te dije que me dejaras en paz. – expuso fruncida.

–¿Oh, sí? –alzó una ceja. Puso gesto de desinteresado y la comisura de su labio se elevó hacia un lado. – No escuché.

Elsa apretó los dientes y estrujó reciamente las manos en el barandal de las escaleras, con ansias de romperlo. Marshmallow sintió un sacudón, una orden de Elsa directo a sus entrañas heladas. Fue hacia ella, se estiró sobre las escaleras y mostró su captura como si le brindara una ofrenda. Jack aún colgaba de cabeza y volvía a tener a Elsa muy cerca.

–Tienes muchas agallas para volver y encima burlarte de mí. ¿Es que tienes muchas ganas de morir? –ladeó la cabeza.

–No me matarías.

–¿Qué tan seguro estas de eso? – sonrió. Un 20%, pensó rápido Jack como respuesta. Tragó saliva. Era la primera vez después de lo que pensó años que la veía hacerlo, pero aun así no era lo mismo. Sonreía solo con los labios, los ojos eran oscuros y llenos de algo indefinible. Sus ojos solían brillar tanto…

Elsa se deleitó por su silencio. Comenzaba a odiar su voz y todo lo que saliera de él.

–No me iré sin dar batalla. – contestó Jack arrugando el ceño.

–Si es eso lo que quieres…

De las manos de Elsa surgían chispas y se arremolinaban pequeños cristales de hielo, preparándose para atacar. Ella sabía cómo iba a resultar. Jack le frenó.

–¡No esa clase de batalla! – aclaró arrebatado. Elsa no redujo la magia. – Me refiero a conversar. No me has dado tiempo antes.

–¿Y qué te hace pensar que lo haré ahora? – alzó los brazos sobre sus hombros, los picos crecían y parecían flechas formidables que señalaban al muchacho.

–¡Ya lo he explicado antes! No sabes el peligro que esta situación de la profecía implica, no solo para ti, sino para Arendelle. ¿Entiendes que tenemos que arreglar el problema antes de que sea tarde?

–¿Tenemos? – dijo con desprecio y cesó la magia de repente. – Te lo repetiré porque veo que tu reducido cerebro no te llega para entenderlo. No me importas tú ni tu estúpida historia. No estoy bajo ninguna profecía. Y comienzas a molestarme más de lo que es debido.

–Pero estoy aquí para ayudar. – insistió, olvidando la sorpresa de oírla maldecir tantas veces seguidas. Antes no habría dicho ni carajo sino fuera por la parte de un barco. – Déjame ayudarte.

–No necesito tu ayuda. Entiendo ahora de lo que soy capaz más que nunca. Y tú también lo sabes, Jack Frost. Aun así no entiendo qué tienes contra la vida que vienes a desafiarla al venir conmigo.

–Lo entiendo perfectamente, Elsa. Y no me hagas rogarte y pedirte de nuevo…

–¿Pedirme qué cosa?

–No sé cómo convencerte, pero debes dejarme vivir contigo.

–¡¿ESTÁS DEMENTE?! – bramó, retrocediendo su hombro. Ojalá lo hubiese matado antes y ahorrarse todo esto.

–No, lo digo enserio. – repetía el consternado Jack. Estando en sus tacos de cristal, Jack hubiese hecho lo mismo. Pero esa vez debía entender.

–¿Piensas que te dejaré? ¿Qué vivirás bajo el mismo techo que yo contra mi voluntad solo porque dices haberme conocido?

–No me recuerdas porque estás bajo la p–

–Profecía o no, bien por mí. Me trae sin cuidado

–¿Lo estás aceptando? – alzó otra ceja grisácea oscura.

–Estoy siguiendo tu juego. No creas que puedes jugar conmigo.

–Pero… – Jack no sabía qué parte entender. – Al menos sabes que tengo razón, ¿verdad?

–No. No me interesa si la tienes o no. – le miró desde bajo los párpados, alzando la barbilla. – A mí no me cambia las cosas, y menos a ti.

La verdadera Elsa se incorporaba lentamente sobre las sombras. Se había desvanecido de tanto gritar, de tanto pelear. Y no había forma de deshacerse de la otra. Estaba débil, como la llama de una vela a punto de acabarse. Oía las voces que la despertaban y no perdía ripio de lo que Jack Frost tenía para decir ya que era lo único que podía hacer ante el poder de la otra sobre sí. De alguna forma, él la defendía a ella, aunque no lo conociera. Defendía a su lado humano que moría remisamente.

–Vamos, sabes que puedo ayudarte, curarte o como sea.

–No necesito cura, me siento perfecta. Mejor que nunca, de hecho. Si es cierto que "cambié" y no puedo recordarlo, no tengo ningún deseo de volver a ser como antes.

–¿Cómo lo sabes si no lo recuerdas? Puedo volverte a como eras antes. Si tan solo me dejaras demostrarte…

Elsa deseaba que Jack no pudiese ver a través de su rostro y notar a penas lo que sucedía debajo de la superficie. Jack sabía que había algo raro, como una batalla entre dos almas o algo por el estilo, como había dicho Pabbie. Diablos, la muchacha estaba insegura; de nuevo él parecía tener un punto que acababa por lucir certero. ¿Cómo saberlo si no lo recuerdo?

Elsa vio y percibió la oportunidad, un pequeño flaqueo de preguntas. Gritó con el escaso aliento que le quedaba, a ver si la convencía de dejarlo quedarse. La otra se esforzaba por hacer oídos sordos.

–Este lugar solo me albergará a mí. – masculló. – Es un castillo real por todos los cielos, no un hotel de segunda.

–Parece un desierto para mí. –comentó Jack mirando el lugar patas para arriba. Prácticamente estaba en lo cierto.

Ya estaba, Elsa iba a colgar su cabeza en la pared cual cazador. Ese hombre sí que buscaba morir en tanto siguiera fastidiándola, acabando su caridad. No obstante, algo le molestaba más a Elsa: ¿En verdad él se estaba tomando tantos problemas por ella? Eso tenía menos sentido que el resto del cuento….

Elsa por fin notaba resultados. Logró influenciarla tan escaso como una brizna, aunque fuese en sus últimos momentos de existencia. Lucharía e intentaría meterse en su mente hasta el aliento final...

–No me agrada tu actitud ni un poco, Frost. –… Pero iba a averiguarlo. – Te ofreceré un trato; necesitaré suplementos mientras esté aquí, y tú pareces el indicado. Volarás al palacio, te escabullirás sin que nadie te vea y me traerás comida, ropa, libros…

–Aguarda. – pestañeó él y negó con la cabeza. – ¿Quieres que sea tu esclavo?

–De hecho, sí. – lo miró por entre sus pestañas. ¿Cómo no lo había pensado antes? Si no podía deshacerse del seguidor, podría tomarlo de prisionero. Sonrió imaginariamente al oír como sus bramidos del interior se volvían susurros y se extinguían. – Me sería muy útil tener uno.

–¡De ninguna manera! – Jack reaccionó histérico. La sangre agolpada en su cabeza debía de hacerlo alucinar. No le cabía la idea en la cabeza. Elsa jamás le pediría algo tan bizarro. – Te amo pero no para eso. No puedes usarme de esa forma.

–Deja de repetir eso. – apretó los ojos y los dientes y realzó las manos como si pudiera evitar que la palabra 'amor' golpeara su cara. – Si te quieres quedar me servirás y nada más, ese es el trato. Olvidarás todo ese rollo de la profecía y el pasado. O te lo haré recordar con mis propios recursos.

–No, gracias. – se negó muy liberal. – Ese no es el plan. No es esa la forma en la que quiero ayudar.

–Es la única que acepto. Si no, ahí está la puerta. – se cruzó de brazos. Jack pensó que podría simplemente pedir que lo bajaran y marcharse por la puerta. Si tan solo las cosas fueran simples… – O mejor, me encargaré de que no regreses jamás.

–¿V–Vas a matarme?

–Tal vez… – no estaba tan segura. – Que sea la primera vez que te doy opción. Elije.

–¿Por qué lo haces?

–No es piedad; oh, no pienses eso. Solo me estoy divirtiendo un poco.

–Me cuesta entenderte. – ya estaba cansado, de hecho.

–No lo hagas. – se cruzó de brazos. – ¿Elegirás o no?

–¿Esperas que sea como tu lacayo del mal?

–No, serás mi ayudante. Únicamente me darás lo que te pido. Y bajo mis condiciones, además de que controles la forma en la que te diriges a mí. No soy tu corazoncito, ni el amor de tu vida, por si no lo has notado. No lo repetiré más.

–No estoy muy seguro de poder hacerlo…

Elsa se cruzó de brazos y alzó una mano con desgana.

–Se cancela el trato.–

–¡No, espera! Está bien. –suspiró Jack. – No me matará ser un sirviente por un tiempo. – tampoco que fuese un trabajo súper duro e imposible, pensó. Al menos lograría estar cerca de ella. Prudentemente. – Pero primero que nada: bájame.

Tenían un trato, y al menos la Elsa agonizante logró su cometido antes de desaparecer…

La Reina miró a Marshmallow. A pesar de su logro, el celeste de sus ojos no cantaba victoria. El hombre de las nieves lo soltó, con toda la intención que se estrellara de cabeza en el subsuelo. Arruinando su intento, Jack desafió la gravedad y aterrizó en el descanso de la escalera donde estaba Elsa.

–No te me acerques. – dijo ella con aversión dando dos pasos a un costado.

–No te morderé. – señaló con humor. Elsa solo le fulminó con la mirada venenosa. – Bien, bien. – Jack voló otros dos metros lejos de su radio, al borde del principio de las escaleras. Sus hombros encumbrados decían "¿complacida?". Elsa rodó los ojos y supo que estaba fatigada de él. Inició su camino hacia su habitación cuando Jack carraspeó.

–¿Qué quieres? – se dio la vuelta.

–Y en cuanto a mis condiciones…–

–¿Quién dijo que las tendrías? –preguntó la joven sorprendida, con la frente plegada.

–Es un trato. Eso significa que las dos partes ganan algo. – duhh.

–Tú ganas el beneficio de servirme y yo lo que necesito. Es lo que querías.

–No, ya te dije lo que quiero.

Elsa sacudió la cabeza como si fuese lo único que le haría cambiar de parecer a Jack.

–Intenta todo lo que quieras, pero sé que no hay tal cosa que dices. No hay profecía que curar. Porque de haberlo, dudo que haya cura siquiera. – Jack se quedó sin contestación.

Profundamente, Elsa sabía que no era así. Por algo tenía esa voz adentro que le gritaba e intentaba apoderarse de ella. Pero Elsa era fuerte, y la otra no. Pronto se iría, con profecía o sin.

La joven echó una mirada a su servicial bestia de nieve y este se retiró, mirando de mala gana al nuevo prisionero. Aunque técnicamente no lo fuese, no podía marcharse de ahora en más.

–Me voy a dormir. Oh, y tienes prohibido acercarte al segundo piso, al ala oeste. Menos que nada a mi habitación.

–¿Pero dónde dormiré yo?

–No es mi problema. –enganchó su mirada a la de él con más ímpetu. – Intenta desobedecerme y…–

–Lo entendí, lo entendí. Me convertirás en paleta helada. Tienes algo con las amenazas ¿Crees que realmente funcionan en mí?

Elsa arrugó el ceño. Antes de darse por enterado, una masa de hielo atrapó a Jack por los pies y lo cubrió en cuerpo entero. Prontamente se movió hasta la pared entre el pasillo y las escaleras, golpeó y se elevó por ella hasta quedar izado cerca del techo cóncavo. El bastón de Jack había quedado en el descanso. Suspiró y bajó la cabeza; mechones de cabello obstruían su visión. Se dejó colgar, totalmente rendido, hasta que Elsa desapareció por el pasillo entre las escaleras principales.

Era una locura, pero la había manejado bien. Sentía los hombros vibrar de nuevo debida a tanta conmoción. Uno no puede pedir tranquilidad sin tener caos. La Reina fue directo a la cama y se protegió con las colchas, sin antes elevar una puerta en la entrada y cerrar el balcón, dejándolo en completo silencio y negrura.

No se sentía segura ni siquiera en su nuevo hogar, no con Jack Frost habitándolo. Había aceptado, no supo cómo, pero lo había hecho. Esa voz se extinguía, aunque no se iba. Cerró los ojos y se decidió a hacerlo, sin notar que se había dormido en cuestión de minutos.


Abrió los ojos en un lugar extraño, más oscuro que la noche. Había un suelo difuminado donde se encontraba y levemente una luz a su alrededor. Examinó con atención el lugar que aparentaba vacío, pero además de ella, no lo estaba.

Una mujer yacía tendida, respirando con tanta calma que parecía más muerta que dormida. Su brillo era casi inexistente. Elsa no se acercó a ella, sino que le echaba una mirada indomable desde lo lejos, estática. La mujer vestía igual que ella, tenía su misma cabellera, su mismo tono rosado en la piel y sus mismas dimensiones. La vio alzar la cabeza con pesadez para hallar sus mismos ojos, pero más subyugados. Las Elsas se miraron en aquel cosmo perpetuo e imposible. Una se alimentaba de la esencia de la otra hasta el punto en que su existencia acababa.

La Elsa débil se vio a sí misma, devolviéndose una seria ojeada, antes de cerrar los ojos.

Su cuerpo se eclipsaba y disolvía en partículas que se esfumaban en una brisa implícita y se sacudían a los lados de la nueva habitante. Y así, entre miradas cautelosas, Elsa dejó de existir. Y Elsa se encontró sola en el vacío de su alma. Ahora era dueña indiscutible de ella misma, por el resto de su vida.

Fin del capítulo 8.

NOTA:

Bueno, sé que estuve muy ausente en esta historia, pero al fin la publiqué. Esto es de lo más loco que he escrito, pero me he esforzado porque pareciera una especie de caso de bipolaridad, si se puede llamar así. Nunca había escrito algo de estas tonalidades sombrías, pero no es que la historia será toda así.

En fin, espero les hayan gustado los capítulos que tuve que separar para que no sean tan extensos.

Saludos.