Capítulo 2

Los personajes pertenecen Hajime Isayama, este fanfic fue escrito a modo de homenaje a su trabajo y a los fieles fans de la serie


En un momento del pasado…

No era tan difícil averiguar lo que le pasaba. Arrojó desganada al estanque una pierda y vio como marcaba tres ondas antes de perderse en la profundidad.

—Experimento fallido— Suspiró tomando su barbilla con ambas manos—Soy una idiota.

Se puso de pie sacudiendo el trasero de los restos de tierra observando el bello atardecer que se pintaba frente a ella. Instintivamente se llevo los dedos a los labios, aun había restos de él.
Mágicamente se trasporto a esos momentos juntos, tan íntimos donde podía aprender apenas vestigios de su pasado. Luego vino esa noche en la taberna, en donde al calor de las copas ella lo había besado y él no había puesto resistencia.

—Eres un soldado, y elegiste un camino.

Observo su reflejo en el agua, fue ahí cuando vio cuanta tristeza expresaban sus ojos. Su figura más masculina que femenina a falta de grandes atributos en pechos y caderas, cabello alborotado y grasiento más a modo de un varón y su rostro, totalmente desprovisto de género. Sí, ese era el camino que había elegido y del cual ya no estaba totalmente segura.

Desesperada arrojo una piedra en el lago haciendo que su reflejo se perdiera en la turbulencia.

—Tu corazón sólo pertenece a la humanidad además tú sólo eres un remedo de mujer— Se dijo enjuagando un par de lagrimas y tratando de recobrando la compostura —Te odio tanto …

Una lluvia torrencial se había desatado. Esa noche se estaba convirtiendo en un pesado "broche de oro" para cerrar el día libre. La noche había caído y el clima cálido se había vuelto gris y lleno de ráfagas frías de viento.

—A este paso me enfermare— Se dijo cubriéndose con la chaqueta del uniforme y corriendo bajo la lluvia— Brincó sobre un charco llenado de barro su pantalón, las gruesas gotas de agua cubrían su cabello haciéndolo más pesado y oscuro.

Siguió corriendo entre los charcos cuando su vista se topó con un enorme jardín justo al centro del bosque.

—El jardín de los caídos— Dijo parando en seco.

El jardín de los caídos era una enorme plantación de flores de Liz blancos, uno por cada militar muerto en la lucha por la libertad contra los titanes.

No pudo más que respirar profundo ahogando las lágrimas en su corazón, al recordar que ella misma había tenido que plantar más de una flor en nombre de sus camaradas muertos. Mentalmente recordó a cada uno de ellos, sus risas, sus ojos, sus voces. Atesoraría todos los recuerdas hasta su propia muerte.
Fue ahí cuando se percato que a pesar de la lluvia una persona estaba en el interior del jardín. Sintió la necesidad de acompañar al dolido y sin pensarlo dos veces ingreso al vasto campo. Ya sin importarle la lluvia ni mucho menos los charcos. Cada paso hacía que su corazón se acelerara y su boca se secaba.

A unos cuantos metros de la persona pudo ver que esta plantaba una flor. Fijo su vista en la capa que cubría al personaje, las alas de la libertad estaba bordadas en la esmeralda espalda.

—Buenas noches— Artículo, sacando de su triste tarea al extraño, este volteo rápidamente, ambos se reconocieron al instante.

Él de baja estatura, cabello negro y suspicaces ojos grises. Ella de cabello castaño y alborotado, lentes empañados y grandes ojos cafés.

—Hanji— Dijo Levi dejando la flor en la tierra. A ella le recorrió un escalofrío, no era común que la llamara por su nombre de pila.

Observó que aun en contra de su odio por la suciedad, el hombre cavaba la tierra con sus propias manos, y estas se encontraban llenas de fango.

— ¿Qué haces aquí? ¿y bajo esta lluvia?— Su mirada se torno helada ,y regresó a la flor que plantaba.

—Pasaba en el lago ¿tú qué haces aquí?

— ¿No es obvio?— Respondió cubriendo las raíces de la flor con la tierra mojada — Se lo debo— Susurro secamente.

— ¿Es por Kenny?

Zoe se conmovió cuando recordando la confesión de Levi, Kenny había sido el hermano mayor de su madre.

—Disculpa, mi pregunta, fue tan estúpida— Se inclinó y empezó amansar la tierra junto al soldado.

Ambos terminaban de cubrir las raíces de la flor cuando la mano de Levi tocó la de Hanji. Era muy cálida y aun cuando estuviera sucia la mujer sintió ese gesto como algo agradable y hasta cierto punto excitante; pero para su infortunio el sargento retiro inmediatamente la mano.

— ¿Vivieron mucho tiempo juntos?— Le preguntó tratando de ocultar el rubor que había aparecido en sus mejillas.

—No demasiado, pero debo agradecerle. Si por alguien sigo vivo es por él— Cerró los ojos con definitiva resignación y respiro hondamente, el aroma a naturaleza le dio de golpe en las fosas nasales.

—No era tan mala persona entonces— Le dijo cubriendo la cabeza de ambos con la chaqueta para resguardarlos de las inclemencias — Nadie puede acostumbrarse a la muerte, y mucho menos de gente que marcó nuestra vida. Puede que ya no nos tome por sorpresa, porque sabemos que tiene que pasar algún día, pero nunca deja de doler.

Levi subió la vista, el gesto de Hanji le había padecido muy dulce. Ella había bajada un poco la cabeza. Sus rostros estaban tan cerca que podían sentir el aliento uno del otro sobre sus mejillas. El sargento empezó a sentirse incomodo, al punto de que tuvo que darle un fuerte manotazo a la chica para que alejara de él ese improvisado paraguas.

—Deja eso, estamos empapados, no tiene caso que intentes cubrirnos—Le dio la espalda— Será mejor que nos vayamos, esta lluvia no parece mejorar y yo ya he terminado mi trabajo aquí.

Ambos salieron del jardín en dirección al cuartel.

Durante el camino evito todo contacto con ella, el ruido del agua que iba cayendo era todo lo que se podía escuchar.

— ¿Sabes?— Hanji caminó rápido para llegar al paso del hombre— Siempre me he preguntado...

Levi la interrogo con la mirada.

— ¿Tú llevarías una flor al jardín si yo llegara a morir?

— ¿Qué clase de pregunta es esa?

—Sólo quiero saber si alguien se tomaría la molestia por mí— Le dijo interponiéndose para evitar su entrada al enorme edificio.

—Moblit sería capaz de hacer un jardín sólo por tu recuerdo.

—Pero ¿tú? ¿harías eso por mí?

— ¡Diablos! Cuatro ojos deja de ser tan dramática, eso es del tipo de cosas que menos debe preocuparte en este momento.

—Por favor— Suplicó de forma infantil — Si muero, por lo menos quiero saber que tendría una flor asegurada de parte de alguien.

—La tienes asegurada por Smith, Moblit o cualquiera de los chiquillos que están a tu cargo ¿Qué importa si yo llevo una?

Hanji bajó la mirada desanimada dejando pasar al pequeño sargento.

—Tan poco seas tan trágica — Volteó la mirada hacia ella — Sí, sí la llevaría— Sin más entró al edificio.

Hanji dibujó una pequeña sonrisa en su rostro, por fin en todo ese tiempo había logrado una pequeña victoria sobre él. Tal vez en la muerte sí había algo que los uniera de una forma un poco más íntima.

Sintió una serie de escalofríos, tenía que tomar un baño caliente cuanto antes si es que no quería pescar un gran resfriado, rápidamente corrió hacia el ala norte donde se encontraba su habitación.

El ala norte era la destinada a las mujeres de altos mandos, el resto de los reclutas dormía en las barracas.

— ¡Qué!— Gritó nerviosa tocando desesperada las bolsas traseras de su pantalón y las delanteras de su chaqueta — ¡Perdí la llave!— Decepcionada bajó la cabeza — Golpeaba a puerta con todas sus fuerzas tratando de abrirla — ¿Qué voy a hacer ahora?

Caminó sin rumbo en los pasillos, de verdad que no tenía idea de que hacer. Antes cuando tenía ese tipo de problemas podía pedirle refugio a Mike. Él siempre fue un gran amigo que sabía perfectamente como socorrerla sin decir una sola palabra de lo distraída que solía ser, pero ahora ya ese alto hombre de bigote no estaba. Mentalmente hizo una oración en su nombre.

No tenía gran elección, los barracones estaban llenos, la habitación de Erwin daba a un pasillo muy concurrido y no era bien visto que la vieran entrar en la noche y salir por la mañana. Mucho menos podía pedir ayuda a Moblit, pues no se encontraba, había ido a ver a su madre enferma.

—Tal vez… — Colocó una mano debajo del mentón—Por favor, espero que no me mande al demonio, tendría que dormir fuera del portón y con este clima tan frió no me apetece mucho.

No tardo mucho en llegar a la habitación. Nerviosamente tocó la puerta, no recibió respuesta; volvió a tocar pero esta vez enérgicamente. Escuchó cómo se corrijan los cerrojos y en un instante la puerta se entre abrió dejando ver rastros de la luz del interior. Levi salió de la habitación, vestido en un una pijama blanca mientras se secaba el cabello mojado con una toalla, al parecer acababa de tomar un baño.

—Eh… Hola de nuevo — Dijo apenada.

— ¿Qué quieres?— Ser molestado a altas horas de la noche no estaba en su lista de cosas favoritas.

—Perdona que te moleste a estas horas pero…

— ¿Perdiste la llave de tu habitación?— Preguntó sarcásticamente.

— ¿Cómo lo sabes?— Se veía tan avergonzada y humillada.

—Mike me contó que varias veces tuviste que quedarte en su habitación porque eres una estúpida que quiere sus cosas.

—Eh… — Balbuceó.

No pensaba que Mike le hubiera contado todo aquello a Levi.

— ¿Así que vienes a pedirme pasar la noche aquí?— Una sonrisa burlona apareció en su rostro — ¿Qué te hace pensar que podría aceptar tal petición?

—Por favor Levi, está haciendo frió y no me gustaría pasar la noche afuera. Te prometo que no haré bromas sobre tu estatura por una semana, y no notaras que estoy adentro.

De verdad que le divertía tanto verla de esa forma, el cabello revuelto, cubierta de barro y con mirada suplicante, era un cuadro cómico perfecto.

—No sé—Puso los ojos en blanco— podría pensarlo.

Esas palabras fueron más que suficientes. Zoe lo empujó entrando al cuatro y dejando a su paso grandes huellas de barro.

— ¡Oye! ¡No te dije que sí! Estas ensuciando el piso— La situación ya no era tan cómica.

Hanji se sorprendió, era la primera vez que entraba a esa habitación. Estaba impecablemente limpia y con aroma fresco a campo. Junto a la ventana había un escritorio perfectamente ordenado, la madrea brillaba como si fuera nueva; una enorme cama de sabanas blancas como la nieve yacía a la derecha. En una esquina se encontraba un diván sobre el cual estaba el uniforme planchado y bajo este un par de botas recién lustradas.

—Por lo visto no eres nada bueno decorando.

—Las habitaciones son solo para dormir —Cerró la puerta tras él— Traeré unas toallas, estas empapada, y por favor ¡quítate esas sucias botas!

Hanji se tiró al piso. Dejó en un rincón las botas, se sacó la chaqueta dejándola sobre una silla, soltó su cabello y colocó los lentes sobre la mesa.

—Por lo menos aquí es cálido— Sonrió— Que suerte.

Levi salió del baño con un par de toallas que arrojó a Hanji

—Entra y sécate— Señaló la puerta del baño.

Entró obedientemente, casi suelta una carcajada. El baño era pequeño, pero sumamente limpio, tanto que podría pasar por el cuatro de un hospital.

—Como lo imagine— Dijo empezando a quistarse los pantalones — Si fuera mujer sería una excelente ama de casa— Desabrochó los botones de su camisa, la cual dejo caer hacia un lado y con cuidado quitó las apretadas vendas sobre su pecho, era liberador separase de esas prendas empapadas y pesadas.

—Si quieres tomar un baño hay agua cal…— El hombre de ojos grises había abierto la puerta repentinamente encontrándose a su compañera con el torso totalmente desnudo. La cara del sargento presentó un leve enrojecimiento, bajó la mirada y terminó— Hay agua caliente en la tina por si quieres tomar un baño, en el baúl del fondo guardo unas pijamas— Cerró la puerta rápidamente dejando a la pobre Zoe cubriéndose el busto con los brazos y con una expresión de terror en la cara.

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No había sido su intención portarse tan groseramente y mucho menos verla semidesnuda, pero aun así no dejaba de recordarla, hacía mucho tiempo que no veía a una mujer sin ropa.
Se dejó caer de espalda sobre la cama, tomó una bocanada grande de aire y recordó detalle a detalle aquel cuerpo expuesto ente él, algo muy dentro había agradecido ese inesperado encuentro. Pocos segundos le habían servido para memorizar detalle a detalle los dulces pechos de su compañera, pequeños pero no por ello menos encantadores. Cada rincón y curva por más mínima que fuera despertaban dentro de su hombría un intenso calor que subió hasta su pecho.

— ¿Por qué si es linda se empeña en verse en un ser andrógino?— Pensó tratando de volver a la realidad.

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Hanji había entrado a la tina tratando a duras penas de relajarse, ningún hombre antes en su vida aparte del médico la había visto así, nunca le había gustado exhibirse ni siquiera en la duchas. Se había esforzado demasiado por parecer hombre ante los demás, la única forma de tener un mínimo de respeto en una jerarquía dominada por hombres.

Pensaba lo difícil que sería volver a ver a Levi a los ojos sin olvidar lo anterior. Un fuerte relámpago cruzo su corazón.

—El jardín de los caídos— Susurró.

Estaban en el territorio más peligroso de sus vidas. No sabía a ciencia cierta cuanto podrían resistir las murallas o si la próxima expedición sería la fulminante. Si no tomaba una decisión ahora podía morir con el único cargo de conciencia de no ser honesta con ella misma, ni mucho menos con él.
Esta se presentaba como una gran oportunidad, estaban solos. Si él la rechazaba podría morir sabiendo que lo había intentado pero, si él la aceptaba ¿Qué tan lejos estaba dispuesta a llegar? La verdad no estaba totalmente segura, pero tenía la certeza de que lo que sentía por él era algo fuerte, alimentado por los años de compañerismo y de compartir más de una vez el amargo sabor de la muerte.

Tomó así la decisión, y que el destino fuera el mejor juez.

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Se escuchó la puerta del baño abriéndose lentamente. Levi dirigió su mirada hacia el lugar, sus ojos se abrieron con gran sorpresa al ver que Hanji salía de este "vestida" de una forma muy sugerente. Llevaba las pantaletas negras que el soldado viera hace unos minutos, y la camisa de un pijama abierta de par en par dejando entre ver sus apetecibles senos, el cabello totalmente húmedo y sin los característicos anteojos puestos.

Mentalmente Hanji se tranquilizaba, había dado el primer paso y ya no podía regresar al inicio, tenía que ser valiente. Nerviosa se sentó junto a él.

—Gracias por dejarme quedar esta noche— No quería verle el rostro.

—No hay de que— Trataba con todas sus fuerzas de apartar la vista de la chica mientras seguía tirado de espalda en la cama.

El silencio una vez más.

Hanji dejó caer todo su peso sobre Levi aprisionándolo entre el colchón y sus caderas. Tomó con fuerza las manos del sargento que comenzaba a ponerse incomodo. No esperaba que ella diera el primer paso que él.

— ¿Qué pretendes mujer?— Sin duda ese era un juego muy excitante, aunque no pensaba ceder tan fácil y mucho menos tan pronto.

—No digas nada— Rogó bajando la mano a la entrepierna del hombre que se sobresalto al contacto de esa parte tan privada —Es la primera vez que hago esto, perdóname si no soy buena— Susurró coquetamente. Bajó y comenzó por masajear el área.

El sargento ahogaba lo más que podía esos gemidos de placer que pedían con fuerza salir de su boca, no quería desmostar ni un despojo de debilidad. Ella no debía darse cuenta de que tenía el control, cuando eso era algo más que obvio. La sorpresa se dibujó en el rostro de Levi, de un momento a otro sintió el cálido y húmedo contacto de la boca de Hanji sobre su miembro. Tanto trataba de demostrar que no disfrutaba el momento que no se había percatada de que la joven lo había desnudado del torso hacia abajo.

—Hanji, pa, para—Le ordenó temblando y con las mejillas encendidas.

— ¿No lo hago bien?— Subió la mirada a su rostro. Se veía tan inocente y apenada, no podía seguir fingiendo indiferencia. Aprovecho para cambiar de posiciones quedando sobre ella.

—Quiero estar seguro de que sabes lo que estas provocando— El rubor de sus mejillas había desaparecido y su rostro se había vuelto a tornar serio—Puedo casi jurar que nunca has estado antes con un hombre— Ella le desvió la mirada.

—Yo, ¡Sí! Sé bien lo que estoy haciendo—Cerró los ojos fuertemente— Puede que no hubiera estado con otro hombre antes. Toda mi vida giró en torno a la ciencia, jamás me importo conocer otro tipo de placeres, pero ¡me esforzare por ti! Quiero convertir esto en mi experimento más importante.

—El inicio puede no ser tan placentero para ti, incluso doloroso—Dijo de forma sensual rozando con su dedo índice el espacio entre ambos senos.

—Se que vas a cuidar de mí. Por fuera aparentas ser tan frio pero yo conozco al verdadero Levi que hay dentro—Sonrió acariciando sus mejillas.

No esperó más, esas palabras eran todo lo que necesitaba.

Empezó a besar a la chica de forma apasionada, mordía sus labios y jugueteaba con su lengua mientras acariciaba sus pechos. Pronto la habitación se lleno del sonido de los gemidos de ambos, entre mezcla de dolor y placer por parte de ella, al final respetando la petición, él nunca dejo de ser gentil y hasta cierto punto condescendiente a todo lo que ella le decía entre gemidos y gritos.


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