Capítulo 8
"En un amante no hay risa que no se altere con llanto"
Sor Juana Inés de la Cruz
Matar antes de que te maten, esa es la ley de la guerra ¿Pero como actuar en un terreno donde no se puede matar? ¿Cómo actuar en una guerra donde el único enemigo eres tú mismo? Es claro que en la vida no se nace con un manual para vivirla y solo se aprende a base de errores y caídas.
El olor a sangre era lo único que podía percibir claramente. Sus ojos se habían cerrado a la realidad que se mofaba en su cara de la forma más cruel posible. Sus puños y piernas se movían casi de forma automática listas para acabar (según pensaba) con esa sensación de frustración con lo que sabía hacer muy bien, y eso era dar muerte al enemigo. Un deforme cuerpo de tres metros se derrumbo al tiempo que él daba una rápida pirueta en el aire, sus piernas tocaron el suelo segundos después. Llevo casi por instinto la mano a la mejilla, sus dedos acariciaron un viscoso y caliente líquido.
—Maldito bastardo— Artículo sacando un pañuelo de la chaqueta y haciendo presión con el mismo sobre la herida.
Había pasado la tarde completa matando a diestra y siniestra cuanto titán tuviera la mala suerte de pasearse frente a él. Respiraba agitado, estaba totalmente exhausto, así que se dejo caer en el pasto sin importarle mucho el humo que despedía el titán decapitado.
—¡Por qué me haces esto Zoe!— Grito observando el cielo.
No quería admitirlo pero tenía miedo, un miedo inmenso ¿Qué era una familia? ¿Qué era un padre? Esas eran respuestas que no podía responderse. Había crecido totalmente solo en el mundo, tuvo que aprender desde muy joven a valerse por sí mismo, nadie más que se preocupara por él o le demostrara amor. Su vida hace algunos años era un completo caos, un devastador tornado dispuesto a destruir todo lo que osara pasar en su camino.
¿Cómo podía el criar a un niño? ¿Cómo decirle no hagas lo que yo en un pasado hice? ¿Con que calidad moral puede hacerse eso?
Un fuerte gruñido emergió de su garganta.
No se imaginaba como padre ¿Cómo podría llevar las riendas de otro ser? Mucha gente habla del instinto maternal pero ¿Cuánta gente habla del instinto paternal?
Es claro que un bebé no llega al mundo solo, debió existir previamente un hombre y una mujer. Había sido muy estúpido de su parte no esperar una consecuencia de ese acto. Imágenes de esa noche le inundaron la mente al tiempo que un escalofrió le recorría la espalda. Esa suave piel y esos tímidos gemidos habían tenido un precio alto.
¿Cómo un hombre maduro que enfrenta a la muerte día con día puede tener miedo de la palabra familia?
Suspiro consternado masajeando el puente de la nariz.
Debía afrontar su responsabilidad pero ¿Cómo lo haría? Si el mismo no conocía el significado de un padre, él nunca había necesitado uno y ahora tenía que serlo.
Recordó la dulce sonrisa de Hanji.
—Traidora— Susurro cerrando los ojos— Tal como Eva
"Espero que puedas entender y podamos seguir como antes. Que esto no comprometa nuestro trabajo."
Su conciencia ataco haciéndolo recordar sus propias palabras, los clavos con los que había terminado su ataúd. Era obvio que después de ese argumento matara toda ilusión, esperanza y amor de ella. Ahora entendía porque no había acudido a él cuando se percato de su embarazo.
Él solo quería mantenerla lejos aun cuando por dentro el corazón se le partía. Solo podía consolarse a si mismo diciéndose "Es lo mejor" una y otra vez, ella no podía ser feliz con él, no podía enamorarse de una persona así. Cuando Zoe había aparecido en su habitación semidesnuda sentía que por fin dios había decidido ser indulgente y darle un poco de felicidad. El sentir como su dulce cuerpo de fundía con el suyo había sido el placer más grande de su vida, no era simplemente un acto carnal para desahogar todo ese estrés y tensión sexual, era una entrega total. Era el amor que un día se le negó de niño pero que en el momento recibía como hombre.
—¿Ahora que pasara?— Se pregunto esa noche cuando Hanji dormía feliz sobre su pecho.
Hanji lo amaba, de eso no había marcha atrás pero ¿Y él? ¿Cómo debe sentirse amar a alguien? Podría decir que sabía mucho de la vida cuando en realidad no sabía nada de interacción con otros seres humanos.
Actuó sin darse cuenta que el acto de amor más grande que puede hacer una persona es pensar en la felicidad del otro aun por delante de la de uno mismo. Él disfrutaba de su compañía, gozaba de sus elocuencias, toleraba sus arrebatos, aguantaba sus locuras y reía a lo bajo por tu torpeza.
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Hanji llego cansada a su habitación, hablar con Riko era un trabajo demasiado pesada dado que su amiga dejaba la tarea de entablar y desarrollar la conversación a ella. Con descuido se quito el calzado arrojándolo a un rincón, solo quería recostarse en su cama y dormir un poco. Camino lentamente al lecho topándose con un halo de blancura.
—Erwin debió traerlo— Dijo tomando entre sus manos el pequeño ropón blanco que le diera por la tarde—De verdad que es bonito.
Observo atenta cada detalle de la prenda.
—Es tan pequeño.
Las ganas de llorar se apoderaron de su persona ¿Cómo había olvidado eso? Todo ese tiempo se había concentrado en su dolor propio, en su amor no correspondido y no se había dado el tiempo para pensar que había en ese lío una personita que necesitaba más que nada de sus atenciones. Esa prenda le había recordado lo pequeño y delicado que era su hijo. Había sido muy egoísta y una madre no podía darse ese lujo.
—Perdón— Dijo bajando la mirada—Ante todo tú debes ser la prioridad.
Con sumo cuidado envolvió el pequeño ropón y lo guardo en el cajón de la mesa de noche. Sintió la enorme necesidad de salir y despejarse. Se calzo nuevamente las botas y salió de la habitación haciendo el menor ruido posible.
No supo ni cómo ni cuándo pero se percato de estar en un lugar al aire libre justo cuando una fresca brisa acaricio su rostro y cabellos. Había caminado hasta llegar al jardín de los caídos, el lugar donde todo había iniciado. Apretó los labios recorriendo el camino que había hecho cuando ellos se habían encontrado esa noche de hace tres meses. Con pasos temblorosos de poso justo en el lugar donde Rivaille y ella habían plantado la última flor, una punzada en el corazón la invadió y decidió seguir su camino dejando atrás el fantasma del recuerdo. Diviso a lo lejos un gran sauce llorón y decidió refugiarse entre sus largas y caídas ramas. Recargo su cuerpo sobre el tronco y una fuerte somnolencia le llego, todo el cansancio volvió a su cuerpo y vencida se quedo profundamente dormida.
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El lugar más seguro para dormir en las afueras de la muralla Rose era en lo alto de las construcciones, así que había subido a la más alta de su cercanía. Se envolvió en la caperuza verde y se recostó sobre la fría azotea. Sus ojos se posaron en el cielo nocturno, hacía mucho tiempo que no contemplaba las estrellas.
—Hasta el cielo de noche me recuerda a ti, estúpida cuatro ojos— Sonrió recordando las noches de expedición en las que una enérgica Hanji Zoe se negaba a dormir. Una de esas tantas noches de insomnio decidió hacerle compañía cuando su turno de guardia había llegado, justo cuando velaba el sueño del resto de la tropa.
—Y esa es Orión— Le dijo señalando arriba.
Rivaille solo gruño y tomo otro sorbo de café.
— ¿Verdad que es tan bello?
— ¿No te cansas?— Le pregunto dejando la taza en el piso y poniéndose de pie.
—¿Perdón?
—Olvídalo.
—Rivaille eres tan malo— Hizo un pequeño puchero.
—Y no sabes lo delicioso que es— Sonrió de medio lado.
—Deberías agradecer que alguien te hace compañía— Se cruzo de brazos en el pasto fingiendo indignación.
—Y tú deberías agradecer que no esté aburrido.
—¿Por qué debería agradecer tal cosa?— Hanji se puso de pie y camino junto a él.
—Porque un hombre y una mujer tienen mejores cosas que hacer de noche que ver estrellas— Disfruto como las mejillas de Hanji se sonrojaban— Pero particularmente esta noche no estoy en verdad aburrido.
Recordó feliz esa escena con una descarada y sínica sonrisa.
—Y al final llego una noche en la que en verdad estuve aburrido— Coloco los brazos detrás de la cabeza. La brisa beso su frente llevando consigo una delicada y conocida fragancia, pergaminos y libros viejos con un toque de infusión de menta.
—Zoe— Susurro dejándose envolver por un pesado sueño
Ambos se quedaron dormidos ignorando el hecho de que yacían bajo el mismo cielo estrellado.
Muchas gracias por leer hasta aquí, se que esta vez estuvo muy corto pero la razón es que este capítulo no estaba incluido inicialmente. Decidí escribir ya que esta semana tuve un problema muy fuerte en mi vida personal. Quise darle un enfoque más profundo a lo que son los sentimientos de Rivaille además de que había dejado muy de lado ese personaje tan importante.
Nos vemos en la entrega 9
La imaginación son las alas de la libertad
