Capítulo 9

Para que nada nos separe, que nada nos una.

Pablo Neruda


Los preparativos de una boda nunca son sencillos y mucho menos para una en la que novia no demuestra algún tipo de emoción ¿Qué puede ser peor que una novia que no se preocupa por su propia boda? Podría ser un novio que esta por perder la paciencia, lo que podría ser el augurio de un mal matrimonio.

Hanji había pasado la última semana evadiendo cualquier cosa que estuviera relacionada a su boda, y por supuesto eso incluía principalmente a Rivaille. Tal vez no sería el evento social del año pero requería dos vistazos para afinar algunos detalles. La mujer no estaba para nada dispuesta a desviar su atención de algunos experimentos que estaba realizando; claro que a un testarudo francés eso no le agradaba, era algo que se salía de sus manos y él odiaba no tener el control de la situación.

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Rivaille caminaba tranquilamente por el pueblo seguido de su bien entrenada mascota Eren. Su rostro demostraba el mismo desinterés por la vida de siempre, pero por dentro se debatía en un candente infierno dispuesto a salir a tierra a la primera oportunidad. No podía imaginar la actitud que Hanji había tomado. Días antes había tratado de localizarla por mar y tierra, pero esta siempre encontraba formas de escabullirse, hasta que un día, uno de los subordinados a cargo de Hanji le entrego una nota.

—Bue… buenos días— Le saludo un joven rubio. Estaba en el grupo de investigación con Hanji desde hace dos años.

—Buenos días— Le regreso el saludo serio. Ver a ese chico ahí solo significaba algo, y eso serían noticias de Hanji. Con una sola mirada le ordeno revelar sus órdenes.

—La señora Hanji me pidió le entregara esto— Extendió tembloroso la mano y le entrego una hoja de papel doblada por la mitad. Sin esperar un gracias o alguna otra instrucción trato de darse a la fuga, pero fue detenido en el acto por el sargento.

—¿No piensas esperar la respuesta?

—He… yo… bueno… vera la señora me dijo que…

—Usualmente cuando entregas un menaje esperas la respuesta ¡Qué clase de ayudante eres!

—Por favor Rivaille no desquites tu estrés con este pobre niño— Una mujer de estatura más baja que él se acerco a ellos. Su cara denotaba molestia y sus calculadores ojos grises no quitaban su vista del sargento— Moblit vete de aquí— No espero dos veces las instrucciones y el pobre se echo a correr presa del pavor.

—Riko, esto no es asunto tuyo.

—Ni tampoco de él.

—Requiero información sobre Hanji

—Pues no veo mucha necesidad de tu parte. Si tan desesperado estas hubieras empezado por leer inmediatamente esa nota y no por asustar a ese pobre chico— No es que le preocupada mucho el estado del recluta, pero no podía dejar escapar una situación para molestar al francés — Do svidaniya*— Le dijo dándose la vuelta y saliendo triunfal de la escena.

Salope*— Susurro desdoblando la nota escrita con una caligrafía que parecían garabatos. No había duda que una apresurada Hanji la había escrito.

Rivaille hazte cargo de todo

Yo no tengo tiempo

Hanji

Arrugo el papel fuertemente en la palma de su mano.

Nunca en su vida había fruncido tanto el entrecejo. Para colmo de males el que había tenido que pagar los paltos rotos había sido el pobre de Eren, de la noche a la mañana se había convertido de saco de arena a padrino (mandadero) oficial.

Esa mañana se dirigían rumbo a casa de una vieja costurera. Las bodas en la milicia eran casi siempre lo mismo. Los hombres vestían sus elegantes uniformes perfectamente arreglados y limpios mientras que las mujeres podían darse el lujo de acudir con pomposos y cursis vestidos blancos (Aun siendo miembros activos del ejecito).

Rivaille estaba decidido a que Hanji llevaría un vestido, más que nada para molestarla, pues sabía de sobra lo poco femenina que era su prometida. Sin duda alguna Zoe pagaría la afrenta de dejarle organizar toda la boda a él solo.

—Creo que es aquí— Señalo Eren una pequeña casa color marrón en una esquina. Se veía vieja pero muy bien cuidada, de la puerta colgaba un letrero oxidado con letras verdes donde podía leerse "Gabrielle Bonheur, costurera".

Toco tres veces la puerta y de ella emergió una dulce anciana.

—Buenos días ¿En qué puedo ayudarlos jóvenes?— Saludo la mujer abriendo la puerta de par en par para que los visitantes entraran.

—Venimos por un vestido de novia— Respondió Eren observando el lugar.

El piso era un completo caos de retazos de telas e hilos, cientos de rollos de tela se apilaban en un rincón. Algunos maniquíes vestían a medias vestuarios que jamás se terminaron, y una gran mesa en el centro se encontraba cubierta de pergaminos con dibujos y trazos borrosos. Un gato gordo color marrón dormía sobre un mullido cojín a lado de una vieja máquina de coser.

—Un vestido de novia ¡Hace tanto que no venía gente por uno! Estos tiempos son duros y muchos no piensan en tales eventos— Con movimientos veloces para una mujer de su edad aparto unas tejieras de un sofá rojo y los invito a tomar asiento.

—Dime linda ¿Él es el novio?— Paso tiernamente su mano sobre el cabello de Eren del cual sus mejillas se enrojecieron por la confusión.

—Disculpe, yo soy hombre.

—¡Mi dios! Perdona— Coloco los lentes que colgaban de un listón de su cuello y observo atentamente al chico— Tu voz suena un tanto femenina. No sabía que ya contaban con el permiso del rey para poder casarse.

Rivaille que observaba toda la escena cruzado de brazos comenzaba a desesperarse.

—Creo que está confundida señora— Eren debía intervenir antes de que el sargento hiciera uso de su mal carácter.

—Efectivamente ese hombre es el novio pero yo no soy la novia— Le sonrió nervioso— Lo que pasa es que la novia no tiene tiempo, así que nos mando en su representación.

—Mil perdones, no es usual que un par de soldados entren a la casa de una costurera por un vestido de novia, generalmente es la novia acompañada del novio la que viene.

—Me imagino— Eren observo nervioso a Rivaille que seguía con los brazos cruzados.

—Bueno, empecemos por lo primero— Dijo la mujer sentándose en la desordenada mesa— ¿Cuándo será el feliz acontecimiento?

—Un mes— Sentencio Rivaille por primera vez en la conversación.

—¡Un mes! ¿Y apenas vienen?— La mujer se puso de pie moviendo los brazos de forma exagerada— Lo siento mucho niño pero un mes es muy poco tiempo para tener un vestido de novia decente.

—Pero… — Eren observo a la anciana con mirada suplicante.

—Muchacho no me mires así, de verdad que no puedo tener listo algo en menos de un mes.

—Tengo la fe de que podrá hacer algo, usted es muy famosa por su trabajo— El comentario hizo que la mujer se alzara como pavo real.

—No es para tanto, es la experiencia.

—Por favor— Suplico de nuevo el adolecente. Sabía perfectamente que si no conseguían ese vestido Rivaille desquitaría su furia contra él.

—Bueno déjame ver que tengo por ahí— La mujer camino hacia un armario y revolviendo entre las cajas busco— ¿Podrían decirme la estatura y medidas de la novia?— Pregunto sin sacar la nariz de las empolvadas cajas.

—Es de mi estatura y…

—¿Tu estatura?— Desvió rápidamente la mirada a Eren, este solo hizo una señal con la cabeza mientras los ojos de Rivaille se encendían en furia al ver que la mujer contenía a toda costa una carcajada.

—¿Qué es tan gracioso?— Rivaille estaba a un paso de tirar la toalla en su plan de venganza.

—Nada pequeño, nada— Sin duda un comentario a burla.

Justo cuando Riville estaba por ponerse de pie y largarse la muer grito emocionada.

¡Eureka!— Saco un viejo paquete envuelto en papel de estraza — No es lo mejor que he confeccionado, pero dadas las circunstancias— Desenvolvió desesperadamente el paquete dejando expuesta una gran caja color azul cielo— Este iba a ser mi vestido de novia, lo hice con tanto amor e ilusión. Lamentablemente yo nunca puede encontrar al hombre perfecto, y este pobre tuvo que esperar años en ese armario tan desordenado— Abrió la caja y extrajo de ella un coqueto vestido de raso blanco con la espalda descubierta. Al strapless le decoraba un lindo encaje hecho a mano. El talle era recto y terminaba a la cintura donde comenzaban a formarse holanes del más pequeño hasta terminar al más grande en el fondo de la falda— Aun faltan sus accesorios, un par de guantes, una gargantilla y el velo.

Eren respiro aliviado al ver que podrían conseguir algo.

—¿Te gusta novio?— Observo a Rivaille con gran ilusión.

—Al no tener otra opción…— La mujer enfadada tomo una regla de madera que pensaba arrojar a la cabeza del hombre pero, rápidamente Eren se puso de pie y tomando con delicadeza la mano de la mujer le quito el "arma"

—Es perfecto, muchas gracias, solo que tenemos un pequeño inconveniente.

La anciana arqueo las cejas confundida.

—La novia se encuentra encinta y no sabemos si el vestido se pueda ajustar a su vientre.

—¿Así que esa es la razón de tanta prisa?— Volvió su mirada nuevamente al ojigrís— ¿No pudiste esperar a la noche de bodas?— Una sonrisa picara se formo en su arrugada cara a lo que el sargento solo desvió la mirada fingiendo demencia.

—Está bien, todo esto lo hare por la novia que se encuentra en feliz espera. No acostumbro trabajar bajo presión pero hare unos cuantos ajustes y podrán llevarse el vestido hoy mismo.

Unas horas aburridas pasaron en lo que la anciana hacia los cambios necesarios en el vestido. Eren dormitaba cabeza caída en el sofá mientras Rivaille caminaba de un lado al otro de la habitación como león enjaulado. Estaba casi seguro que la mujer había terminado desde hace tiempo, pero que los hacía esperar en venganza al comentario negativo a su creación.

—Bien, creo que es todo— La modista salió del cuatro donde horas antes se había encerrado a piedra y lodo. Extendió el paquete azul cielo a Rivaille—Todo está dentro, solo falta que la bella novia se lo ponga.

El sargento sonrió maliciosamente en sus adentros.

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Tomó una gran bocanada de aire ¿Qué podía hacer? Por más que lo repasaba una y otra vez en su cabeza no podía elaborar un plan adecuado.

—¿Qué diablos quiere hacer?— Se pregunto colocando la mano bajo la barbilla.

No quería aceptar cuan confundido se encontraba. El solo pensar en su querida Zoe estaría a manos de ese hombre tan desagradable, aquel que no era merecedor de ningún segundo de su existencia. Él era culpable de todo, aun cuando algo muy dentro le decía que estaba en un error garrafal.

Coloco el dedo pulgar entre los incisivos y mordió desesperado como si así el universo conspiraría iluminándolo.

Erwin le había prohibido intervenir de cualquier modo, su acuerdo estaba dado y la aparición sorpresiva de Rivaille había cancelado su contrato.

El ruido de la silla de al lado arrastrándose lo saco de sus pensamientos.

—¿Estás bien?— Escuchó la seria voz de la mujer que tomaba asiento a su lado.

—Sí— Respondió sin voltearla a ver.

—Desde antes del día de la audiencia has estado raro— Coloco un mechón de su azabache cabello tras la oreja— Eren me conto lo mucho que está preocupado por ti Armin ¿Sabías acaso que la señora Hanji estaba esperando un hijo del sargento Rivaille?

—No puedo hablar de ello— Cortó de tajo la conservación, no le apetecía seguir.

—¿La quieres vedad?— Mikasa observó de forma maternal a su amigo— Te duele esta situación.

Ninguna respuesta fue dicha en algunos minutos.

—¿Es muy notorio?— Se digno a responder, a lo que la chica negó con la cabeza.

—Cuando conoces algo y vives con eso te es muy sencillo identificarlo.

Acongojado le dedico una mirada. Recordó que su amiga tenía un amor no correspondió, justo como él mismo.

—¿Cómo puedes vivir así?

—Sabiendo que esa persona es feliz, aun cuando no sea conmigo. Cada día me es complicado verlo y saber que su sonrisa no es mía, pero aun así sonríe— Suspiro triste— Es como querer ser dueño de todas las mariposas del mundo, solo sufrirás intentando tenerlas y jamás conseguirás tu objetivo.

—Pero ella jamás será feliz con él.

El estomago de Mikasa se revolvió al recordar la tremenda paliza que meses antes el sargento le hubiera propinado a Eren, luego el recordó la vez que había salvado a su "hermano" de las garras de la mujer titan.

—Tal vez, pero no podemos estar totalmente seguros de algo.

—Me gustaría decirle todo lo que siento, me gustaría gritarle a ese hombre que se aleje de ella y la deje en paz.

—Dilo, nada te lo impide— Le reto Mikasa

—Pero si ella…

—Armin, no puedes vivir la vida en base de suposiciones, hay veces que tú debes tomar las riendas y dejar menos que el viento te guie.

Encontró muy sabias las palabras de su amiga.

—Tienes razón, estoy cansado de vivir detrás de otros. Debo ser claro con ella— Se levanto de golpe dejando caer la silla al acto— Gracias Mikasa— Le sonrió.

Recorrió los frondosos jardines del cuartel, sabía de memoria el itinerario que la sargento tenía. Eran las cuatro de la tarde, debería estar en el jardín oeste leyendo algún informe con una taza de chocolate caliente. Diviso a lo lejos la figura de la mujer y su alborotado cabello, sonrió feliz al darse cuente de lo coordinados que podían llegar a ser.

—¡Señora Hanji!— Le grito alzando la mano a señal de saludo.

—Hola Armin ¡que linda sorpresa!— Dejo en el pasto la carpeta y se puso de pie ¿me estabas buscando?

—Algo así— Bajo la mirada sonrojado.

—Jajaja por tu cara diría que vienes de ver a tu novia.

—¿Novia?— Se puso aun más rojo— Yo no tengo pareja.

—No me digas ¡pero si eres muy lindo!— Cerro los ojos mostrándole una gran sonrisa.

El corazón del rubio se agito, esa sonrisa esa solo para él, para nadie más.

—¡Le quiero mucho señora, más de lo que puede imaginar!— Dijo o mas bien grito, al finalizar se cubrió la cara avergonzado.

—Yo también te quiero Armin.

El volvió el rostro con ojos llorosos

—Eres como el pequeño hermanito que nunca tuve.

El sonido de un árbol al ser derribado podría comprarse con el sonido que el corazón de Armin emitió al escuchar la declaración. No veía en él más allá de un niño, de un amigo, de un hermano.

—Señora— Le susurro con la boca seca— Yo la amo— Sin darse cuenta exhalo lo último.

—Armin, yo…— Corrió rápidamente y lo envolvió en un cálido abrazo.

Ellos no podían imaginar que tenían a cuestas un espectador que yacía tranquilo en las ramas de un abeto cercano.

—¿Por qué yo pequeño? Soy la persona menos indicada.

—Para mi usted es perfecta

—Claro que no lo soy, cometo aun más errores que los demás.

—Usted es única, con usted me siento feliz, sin miedos.

—Armin— Se aferro aun más fuerte a él.

—¿Por qué él?— Se separo lentamente de ella— ¿Por qué una persona tan detestable como él pudo acceder a su corazón?

Ella solo subió el fleco del rubio cabello y deposito un dulce beso en su frente.

—Creo que te entiendo, el amor llega y no lo podemos controlar.

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Una dulce luz dorada se colaba por las ventas, aunque el cielo tenía unos cuantos borrones de nubes grisáceas el sol se daba el lujo de bañar en oro todo bajo el. Hanji caminaba más cansada que de costumbre, no sabía si era su estado o el hecho de que se había mudado de habitación, para hacerle perder su pista a Rivaille. Tanta fue su desesperación por huir que había aceptado cambiarse a una de las habitaciones más alejadas y en los últimos pisos del cuartel. Tomo aire al pie de las últimas escaleras, sus piernas protestaban en dolorosos calambres mientras sus pulmones trataban de tomar todo el aire posible.

—Estoy perdiendo condición— Se dijo entrecortadamente emprendiendo su camino por el pasillo. Pronto vislumbro su nueva habitación y algo amorfo que descansaba al pie de la puerta. Curiosa acelero el paso hasta toparse con el objeto. Un lindo ramo de camelias blancas con un gran lazo rosa fue levantado por sus manos. Temerosa de que su escondite hubiera sido descubierto leyó rápidamente la nota.

No te preocupes, todo saldrá bien.

No hiso falta ningún remitente, con la pulcra y curveada letra pudo distinguir de quien venía ese lindo presente. Hace muchos años cuando había iniciado en la tropa de reconocimiento le había comentado a un compañero que amaba las camelias, eran la flor que con su aroma la tranquilizaba cuando se encontraban fuera de las murallas. Su padre solía cultivarlas en el patio de su casa, y estando fuera de su hogar la hacía recordar bellos momentos. Ese compañero ahora comandante, había recordado ese detalle y se había tomado la molestia de darle un pequeño obsequio.

—Gracias Erwin— Dijo con una sonrisa, hace mucho que no me sentía tan feliz y especial. Fue muy estúpido de mí pensar que Rivaille había dejado esto.

Lejos, en las escaleras, una sombra observaba dolorido la escena "Gracias Erwin" giraba en sus oídos, y esa sonrisa, una sonrisa real de alegría que no había visto en semanas le apuñalaba el corazón. Rivaille se dio la vuelta sosteniendo un gran paquete azul cielo. Estaba claro que él no podía llegar hacerla feliz.


Disculpen mucho la espera, la semana pasada fue muy pesada y esta pinta para lo mismo. Espero que su espera valiera la pena y les gustara este capítulo donde por fin vemos al pequeño Armin confesarse ¿Que le deparara a todos próximamente?

¡Gracias por leer hasta aquí! Los extrañe mucho.

Salope*: Pu... (bueno ya saben)

Do svidaniya*: Hasta luego