Capítulo 12
La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo.
Víctor Hugo
Se dejo caer en la pequeña banca del jardín, el frío empezaba a calar y unas finas gotas de agua le caían en la cara, poco le importo, se sentía tan miserable.
—Me gustaría que existiera un libro que me ayudara a entender— Abrazó su cuerpo empezando a tiritar de frío.
Había sido muy dura con Rivaille, de eso no había duda, ella ya debía estar acostumbrada a sus comentarios pesados, siempre se los hacía, pero ese fue uno tan especial que le dio totalmente en el orgullo y el corazón.
—Idiota— Arrojó una piedra al otro lado del jardín mientras que una nube de vapor se formada en su boca, la noche estaba preparando una tormenta— ¡Como se atreve a decirme eso! Sí el único… ha sido él — Escondió su rostro con las manos totalmente avergonzada al recordar ese momento.
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Su corazón latía fuertemente cuando empezó a sentir la cálida y húmeda lengua del ojigrís sobre su cuello. Un tímido gemido escapo de sus labios al momento de escuchar la respiración acelerada del hombre sobre ella.
—¡Ah!— Gritó cuando los dientes de Rivaille penetraron la suave piel que cubría el cuello, este solo sonrió malignamente y volvió a enterrar sus dientes. Hanji aferró con fuerza entre sus dedos la suave y negra cabellera del sargento.
—¿Estás lista?— Coloco un rápido beso en su sudada frente.
—Sí— Capturo sus labios e introdujo su lengua en la cavidad de su compañero invitándolo a seguir.
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—¡Ya basta!— Se subió las manos a la cabeza como que si con esa acción olvidara todo y borrara el pasado— ¿Por qué recuerdo eso en un momento como este?
—Una novia fuera de la alcoba en la noche de bodas, inusual hasta para usted señora— Una voz rompió ese momento tan personal.
—Vete de aquí Moblit, de verdad quiero estar sola— Sintió como colocó sobre sus hombros una chaqueta aun cálida por ese menudo cuerpo.
—Esta helando aquí afuera, vamos, le acompaño de regreso a la habitación del señor Rivaille.
—No quiero, no quiero verle la cara— Escondió aun más su rostro entre las manos.
—¿Pelearon de nuevo?— Le ofreció a la mujer una taza con cocoa caliente— beba, la hará entrar en calor.
—Moblit ¿cómo puedes convivir tan íntimamente a una persona tan diferente a ti?— El caliente liquido bajo por su garganta.
El rubio le desvió la mirada.
—Ehh bueno, vera, el amor suele ser muy complicado.
—No dije que fuera amor, Rivaille no siente más allá de desprecio por mí.
—No diga eso— Pasó un brazo por el hombro de ella— Es solo que él no sabe expresar sus sentimientos como los demás, es una persona seria y muy fría, pero eso no significa que no sienta amor.
—Sé bien que no tuvo una vida sencilla, pero debe saber que no todos somos como él.
—Señora Zoe, usted sabe analizar las situaciones y sacar el mejor partido de ellas. Sabe demostrar mejor sus sentimientos, exagera en algunas ocasiones, pero sabe hacerlo, sabe hacerle sentir a las personas que las ama y le importan.
—Es que… cuando estoy con él…
—¿Sientes que le es muy difícil ser usted misma?
—Creo que él desea que sea otra persona, no confía en mí.
—Él la quiere como es.
—Pasa todo el tiempo burlándose de mí
El chico la tomó por la mejilla y la obligo a verlo a los ojos.
—Si él no confiara, jamás la hubiera dejado pasar la noche en su habitación.
Ambos se sonrojaron.
—¿Cómo sabes eso?
—Heee, bueno yo— Desvió la mirada al cielo— Alguien los vio esa noche.
—Moblit— La castaña lo observo un poco molesta.
—¡Yo los vi!— Junto las manos a forma de suplica— Escuche mucho ruido esa noche, alguien llamaba a la puerta de al lado de mi habitación, la entre abrí para ver qué pasaba y la vi a usted entrando a la habitación del señor, disculpe mucho.
La sargento quedo impactada por la revelación.
—¿Alguien más?
—No, señora, todo mundo dormía, yo estaba firmando los últimos expedientes de la semana y me quede en vela esa noche.
—Menos mal— Hanji dejo caer su cabeza en el regazo de su asistente después de tomar un sorbo de coca.
—También se que está embarazada— La cara de Moblit se cubrió de la caliente coca que hace unos instantes estaba en la boca de su jefa.
—¡Qué!— Se incorporo al punto de la hiperventilación, el joven solo le sonrió mientras se limpiaba la cara con la manga de su camisa.
—Sus ojos tienen ese brillo especial, lo sé porque mi hermana también lo está
Hanji cerró los ojos.
—Bueno, de todos modos no es algo que pueda mantener en secreto para siempre, Moblit me sorprende lo observador que eres.
—Aprendí de la mejor señora— Moblit se sonrojo al cumplido —¿Puedo preguntarle algo?
—Adelante— Se volvió a tirar en su regazo.
—¿Por qué pelearon esta vez?
Hanji gruño molesta
—Él me dijo que mi hijo sería rubio, por Erwin.
El chico se echo a reír en sonoras carcajadas.
—¿Qué tiene de gracioso eso?— La castaña se incorporo totalmente molesta dispuesta a echarle el resto de la cocoa.
—Señora jajajaja— Aclaro la garganta y trato de volver a su seriedad— Ustedes dos solo buscan pretextos tontos para pelear.
—No veo porque tendría que ser tonto— Cruzó los brazos.
—Señora ¿Qué no lo ve?
—¿Ver qué?
—Él esta celoso, le disgusta no ser el único hombre que tenga su atención. Simplemente no se hubiera casado con usted si dudara. Me gustaría tanto que entrara en razón.
—¿Por qué yo?— Rápidamente se puso de pie defensivamente.
—Porque por lo menos el señor Rivaille lo está intentando.
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Salió de la habitación con la vista perdida y los brazos cruzados.
—¡Rayos!— Gritó y se recriminó por no salir antes, le había costado tragarse el resto de orgullo que le sobraba para salir en busca de su esposa— Va llover— Observo el cielo tintado en nubes rojizas— Tengo que darme prisa y encontrarla.
Camino rápidamente por el largo pasillo mientras la culpa iba carcomiendo poco a poco sus pensamientos. Él quería hacer todo de forma correcta, se esforzaba, trataba por todos los medios de comportarse como se supone que un hombre casado debía hacerlo, pero no podía de dejar de ser él, así como Zoe no podía dejar de ser quien era. Recordó entonces lo que hace unas horas el comandante Pixies le había dicho durante la fiesta a punta de borracho:
—"Un matrimonio se basa en el hecho de aceptar que el otro es diferente"
Los ojos de Rivaille se tornaron furiosos al recordar también la otra cosa que le había dicho:
—Les deje un regalo a ti y a Hanji, espero que eso encienda su noche de bodas.
Se llevó la palma de la mano a la frente, ese juego de lencería había sido el "fino" regalo del comandante de las tropas estacionarias, el regalo que le había costado herir los sentimientos de Zoe.
—Cuando me lo propongo puedo decir una serie de tonterías— Susurro el ojigrís suspirando, no podía hacer nada más que disculparse. Con suerte Zoe solo le daría otra bofetada para emparejar lo rojo de su otra mejilla.
Dio la vuelta por uno de los jardines guiado por el sonido de la voz de unas personas.
—Señora ¿usted quiere al señor Rivaille?
—Por favor, no me tortures con la pregunta que todo mundo me ha hecho desde que saben que estoy embarazada.
—Es lógico que la gente pregunte esas cosas.
—Odio tener ese tipo de peso sobre mis hombros, sé que me he portado muy infantil con él últimamente, debí encararlo desde un inicio, pero ¿cómo planear un final feliz con la persona que te rompió el corazón? Mucha gente espera que sea como en esas cursis novelas donde el beso en la boda elimina mágicamente todo las malas acciones y recuerdos, pero ¡Una mujer no puede doblegarse así de simple por un par de ojos suplicantes!
—¿Le rompió el corazón?— La serena mirada del chico se rompió.
Rivaille pudo reconocer perfectamente a esas personas, Hanji se desahogaba de el mismo con asistente Moblit.
—Esa es una larga historia, te puedo resumir todo al hecho de que Rivaille hace todo esto motivado por su sentido de la responsabilidad, todo está lejos de que sienta algo más por mí. Esta boda es solo por nuestro hijo.
El sonido de pasos entre los arbustos alerto al par. De entre el manto oscuro apareció un hombre de baja estatura y cabello negro Rivaille se veía cansado, bajo sus ojos se marcaban un par de halos negros.
—Te he estado buscando— Le dijo alcanzándole una manta— Esta helando aquí afuera.
—Rivaille ¿Qué haces aquí?— Hanji dejo la manda sobre la banca de piedra.
—¿No es claro? Te estaba buscando— Observo fríamente a Moblit— Ya te puedes ir de aquí mocoso.
El chico se puso de pie rápidamente
—Perdone señora, la veré mañana— Huyo corriendo del jardín.
Ambos se quedaron solos en completo silencio.
—Se avecina una tormenta, será mejor entrar— Se atrevió Rivaille a hablar primero.
—No quiero.
—Hanji, te estás comportando como una niña— Decididamente la tomo por la cadera y la alzo sombre su hombro.
—¿Qué haces?
—Si te quieres portar como una niña ¡bien! Hazlo, solo no te sorprendas cuando te traten como una.
—Puedo caminar ¡bájeme!— Comenzó a golpearlo en la espalda.
—¡Hey! Deja de hacer eso duele.
Hanji bajo una pierna y haciendo que Rivaille perdiera el equilibro al tropezar con la bota, llevándolos a los dos al pasto mientras el estrepitoso estruendo de un relámpago daba por iniciada la tormenta.
—Jajajajajajaja — Hanji comenzó a reír, había pasado tanto tiempo desde la última vez que había sentido ganas de reír divertida, Rivaille podría sentir en esa carcajada un alivio muy profundo en su alma.
—Te odio— Le dijo burlesco torciendo la boca en una de sus tan personales sonrisas.
—Y yo a ti enanin.
El aguacero rápidamente empezó por empaparlos.
—Será mejor que regresemos ya, no quiero que te enfermes— Rivaille se incorporo tomando a Hanji con la cintura ayudándola a pararse y cubriéndola con su caperuza.
—Está bien, lo haremos como digas— Era como si la lluvia y la risa hubieran lavado dentro de ella la molestia se hace un momento.
De regreso a la habitación ambos se secaban y cambian los empapados ropajes, era extrañamente familiar y a la vez diferente.
—Toma— Le paso la parte superior de su pijama— Con la organización de la boda no me dio tiempo de ir esta semana a dejar la ropa en la lavandería, tendremos que compartir esta vez.
Hanji observo el bien esculpido torso del sargento al desnudo, podría ser obsesivo, molesto y hasta bruto pero, era simplemente irresistible.
—Gra… gracias— Le dijo mientras el sonido de sus gemidos de esa noche le envolvía la cabeza y hacia erizar la piel.
—¿mmm tienes frio?— Le preguntó percatándose del estado de su piel.
—Un poco— Mintió corriendo al baño para cambiarse.
Una vez fuera se topo con Rivaille tendido en la cama apoyando la cabeza sobre un brazo.
—Ahora que estas más calmada ¿podemos hablar?
La científico trato de sosegarse, verlo tendido de esa forma tan sugerente no haría nada más fácil, pero Rivaille tenía razón, debían hablar.
—Sí— Se sentó junto a él jalando el edredón de la cama y envolviéndose en él para que su cuerpo no la delatara otra vez.
—Quería pedirte disculpas, fue un idiota en decir esas boberías del bebe. Sé que es mío y no espero que se parezca a nadie más que nosotros dos.
Le sorprendió tanto la forma en que Rivaille estaba llevando el problema, un dolor en el pecho le hizo recriminarse el llevar todo el asunto como una niña mal educada.
—Zoe… también quiero decir que…— Se coloco erecto en la cama con un visible sonrojo.
—No, espera, soy yo quien te debe pedir perdón, todo este tiempo huyendo y haciéndome la difícil, sé lo mucho que te esforzarte en hacer una linda boda y yo solo me la pase quejándome e insultándote. Esa noche yo no te obligue y tú a mi tampoco, nada te obligaba a sentir lo mismo por mí, no tenía que esperar que correspondieras mis sentimientos.
—¿Te refieres a qué?— La tomó suavemente por el mentón.
—En ese momento te amaba mucho, no me preguntes como es que nació ese amor, tal vez el tiempo de ser compañeros y todo eso—Le sonrió tristemente
El eco de "te amaba" tiempo pasado, él esperaba un te amo, aun te amo en tiempo presente. Un leve dolor inundo las puntas de sus dedos.
—¿Y ahora que sien…?
—Quiero que seamos amigos, por este bebé intentemos llevarnos bien, aunque sea por ese niño que viene en camino. Rivaille no se que siento ahora por ti— Sentenció Hanji apartando el contacto con rostro serio.
—Entiendo— Le respondió Rivaille agachando la cabeza. No tenía la fuerza para encararla en ese momento.
Dolía, dolía mucho ¿cómo había podido ella soportar ese dolor en su tiempo? Rivaille empezaba a admirar aun más a esa mujer, no era sencillo sobrellevar un rechazo de esa magnitud. No valía la pena discutir al ver ese par de ojos cafés tan decididos, conocía de sobra esa determinación, ni nada ni nadie la haría cambiar de opinión. Ella se fundió en un fuerte abrazó con él, lo tumbo en la cama y lo arropo con el edredón.
—Seamos amigos entonces Hanji.
—Gracias, Rivaille.
No pudo más, el sueño la iba venciendo.
—Rivaille
—¿Mmm?
—Tienes los pies helados
Él solo respondió con un gruñido y ambos terminaron dormidos con las manos entrelazadas, ambas manos que portaban una brillante alianza cada una.
Hola a todos! Ya actualizando en lunes, de verdad que no tengo vergüenza. Batalle mucho puesto que esta vendría siendo el final de la primera parte, tuve que rescribir tres veces hasta dejar algo que dejara cerrado un circulo para abrir con el otro capítulo el nuevo circulo . Muchas gracias por seguir leyendo, en cuanto a la sorpresa que les tenía es que haré un concurso de fanfics, así que a los interesados por favor mándenme un inbox y les daré la mecánica de este concurso.
Nos vemos en la nueva etapa del fic
PD: No me maten por hacer sufrir a Rivaille, todo en la vida tiene un propósito y en este caso no hay excepción.
Dedicado a todos ustedes, mis lindos lectores.
