Capítulo 15
Sin el animal que habita dentro de nosotros somos ángeles castrados.
Hermann Hesse
Mobilt se movía de un lado al otro detrás de su jefa; llevaba en sus cansadas manos una taza humeante de infusión de manzanilla, últimamente Hanji sufría de terribles dolores de cabeza y calambres que mermaban su rutina diaria, que como terca que era se negaba a dejar.
—Tal vez si pudiéramos exponerla a una fuente de calor intenso— Dijo rascándose el mentón.
—Señora pero ¿y si la lastimamos? No podemos darnos ese lujo—Una discreta gotita de sudor resbalo por la frente del joven rubio— Requerimos todo tipo de información que pueda proporcionarnos.
— ¡Esa Annie Leonhardt! Se arriesgo tanto en esta jugada y la maldita la ganó como si nada— Dibujó un puchero en el rostro garabateando un par de cosas apoyándose en su vientre. "De algo me sirve esta barriga" Pensó.
Estaba tan desesperada, la partida de Levi le tenía crispados los nervios, y aun en contra de la voluntad de sus superiores había regresado a su trabajo. Cualquier cosa era buena para poder distraer su mente.
Bruscamente giró sobre sí haciendo que Mobilt chocara con ella. Para suerte de ambos el muchacho arrojó hacia un lado la taza, que termino por estrellarse en la pared.
La cara de Hanji lucia pálida, desencajada como de otro mundo.
— ¡Líder! ¿Qué le pasa?
—Se movió— Susurró entre cerrado los ojos y respirando muy profundo.
— ¿Qué se movió?
—El bebé— Dijo tomando la mano de Mobilt y colocándola en su vientre—Siéntelo, esta pateando— Hanji imaginó al universo moviéndose y gestándose dentro de ella, era una sensación extraña.
La cara de Mobilt se iluminó con alegría al sentir unos pequeños golpecitos desde el interior de su líder, eran tan delicados pero a la vez firmes.
— ¡Esto es maravilloso!— Gritó dando un salto— Si el sargento pudiera estar aquí para sentir a su hijo, se mueve como él atacando titanes.
Hanji se puso sería y se aparto rápidamente tomando una pila de documentos del escritorio.
—Debemos trabajar, ellos hacen su esfuerzo, nos toca dar a nosotros lo mejor que podamos desde aquí.
...
Levi saboreó gratamente el momento en cuanto supo que los ojos de Erwin se posaban sobre él. Sin demora se acerco al soldado que entregaba las raciones y de sus manos tomó una bandeja que contenía un trozo de filete asado con patatas, un vaso con agua fría, una hogaza de pan y una taza con café. Caminó lento y seguro tomando lugar en la mesa junto a su comandante.
—Buenos días Erwin ¿no es una linda mañana?— Llevó a su boca un trozo de carne mientras observaba divertido la expresión de su superior y de Arlet.
—Se supone que tú no deberías estar aquí— Puntualizó el rubio dejando la taza sobre la mesa, cruzó los dedos y recargo los codos sobre la misma. Aun le ardía la lengua por la quemadura.
—Se supone que debería hacer muchas cosas, pero no por eso las hago—Restregó tranquilo una servilleta por sus labios y tomó un largo trago de agua.
— ¿Qué pasó con la señora Zoe?— Para Armin era muy desagradable ver el rostro sereno de Levi sabiendo que Hanji se encontraba sola.
—Eso es algo que a ti mocoso, no debería importarte.
Erwin posó su mano sobre el hombro del muchacho observándolo con reproche y negando con la cabeza.
— ¿No te preocupa el hecho de que ella está sola?— Regresó a su característica mirada serena.
—Si la epidemia no se llegara a controlar ¿Cuánto tiempo podría pasar hasta que esta pesadilla llegara a ella? Mi deber como soldado es proteger a la humanidad de cualquier mal, pero también es mi deber como esposo y padre protegerlos a los dos, incluso antes que a mí mismo.
Los ojos de Erwin se iluminaron con orgullo y su sonrisa se curvo en una discreta sonrisa que apenas y dejaba ver sus blancos incisivos.
— ¿Estás hablando en serio?
— ¿Te parece que bromearía con algo tan delicado como eso?— Su puso de pie serio.
El rubio lo imito.
— Por fin te veo preocuparte de forma abierta por otros, me da mucho gusto que aquel vándalo que conocí hace años se haya vuelto un hombre con los pies en la tierra.
—Ya estas viejo Smith.
—Y tú conmigo.
Erwin soltó una carcajada y Levi solo sonrió levemente, no era el lugar y ni el momento para mantener tensiones. Ya tendrían tiempo de hablar y arreglar rencillas de regreso a casa, además ¿Qué hubiera sido de él sin Erwin? Jamás hubiera conocido a Hanji, eso era algo que tenía que agradecerle.
Una vez terminado el descanso y la comida, un grupo integrado por varios miembros de militares y tres médicos salió en busca de sobrevivientes a la peste, eran pocas las esperanzas de toparse con un ser aun respirante, pero ¿no era la esperanza la ultima en morir?
Erwin andaba muy cercano a Levi, trataba de entablar una plática acerca de la próxima misión de reconocimiento. Armin caminaba detrás de ambos viendo con gran recelo la espalda del francés, hasta que a sus oídos llego un extraño alboroto, era como el grito desgarrador de una mujer.
— ¡Se escuchó por allá!— Señalo un joven médico asustado.
Un par hombres de la policía militar corrió con los fusiles hacia una vieja casa.
— ¡Hay una mujer aquí! ¡Y está dando a luz!— Gritó el el de la policía asomando la canosa cabeza fuera de la casa.
— ¿Qué?— El médico en señalar la casa corrió seguido por Erwin y Levi.
Dentro se encontraba una mujer de aproximadamente veinte años, estaba tendida en el piso de madera, su piel lucia pálida amarillenta y un par de ojeras rodeaban sus ojos. Estaba bañada por un charco de su propia sangre y líquido amniotico.
— ¿Cuánto tiempo lleva así señora?— Preguntó el joven médico.
—Desde ayer en la noche— Dijo con tono de cansancio. Su blancucha piel estaba cubierta de sudor.
— ¿Por qué no nos busco?
Un par de tosidos con esputo fueron la respuesta para el hombre.
— ¡Nadie aquí se quite el cubre bocas! La mujer está enferma, no hay mucho que podamos hacer, tal vez el producto también este mal.
— ¿Qué seguridad tenemos de ello?— Armin se abrió paso.
—No lo sé, pero es peligroso arriesgarse.
— ¿Y si no? Estarías dispuesto a dejar morir a un recién nacido.
—Pe… pe… pero— Tartamudeo el joven volteando a ver a Erwin esperando apoyo.
—Armin tiene razón, tal vez la mujer no…
—Yo lo sé— Dijo la mujer después de un fuerte alarido—Sé que voy a morir, pero por favor, traten de hacer lo que sea humanamente posible por mi bebé.
— ¿Vas a hacer oídos sordos a esa suplica?— Erwin se inclino para estar a la altura del médico, que estaba tendido en el suelo junto a la mujer—Nadie va a obligarte a nada, pero es tu conciencia la que te va seguir.
—Tiene razón Harry, no podemos dejarla así, cabe la posibilidad de que el niño este sano—Otro de los medios, un chico de pecas y cabello castaño se inclinó con ellos.
El mencionado suspiro.
—Está bien, haremos todo lo posible, George, Adam necesitare su ayuda— Se dirigió al joven castaño y a otro hombre más alto.
Levi salió inmediatamente de la casa, algo en esa escena había perturbado su interior. Subió la vista al cielo y pensó en ella, en su cálida sonrisa y su torpe andar.
—Está bien, esta con muchas personas que la cuidan.
—Lo sé, aun así hay cosas que no se pueden controlar. Dar a luz es una acción muy peligrosa—Los ojos de Levi se inundaron de preocupación y temor.
—Hanji es una mujer fuerte— Erwin se paró a su lado y también levanto la vista al cielo— Se ha librado mucho mejor de los titanes que nosotros dos, un parto debe ser la cosa más sencilla del mundo. Aun con los dolores de las contracciones encontrara tiempo para planear una táctica nueva y ponerla en práctica mientras amamanta.
Levi sonrió, Erwin tenía toda la razón del mundo, Hanji no era una mujer común.
—Cuando llegue el momento, todos estaremos con ella y — Lo tomó por los hombros— También contigo, somos una familia.
—Familia— Susurro el pelinegro—Nunca pensé que llegaría a tener una.
El llanto de un pequeño interrumpió su plática.
—Señor Erwin, la mujer no aguanto el parto— Uno de los médicos, el del cabello castaño salió con el uniforme totalmente teñido de rojo, se acerco a ambos limpiando la sangre de sus manos con un trapo.
Levi cerró los ojos.
— ¿El bebé?— Preguntó.
—Estable, como podrán haberse dado cuenta sus pulmones son fuertes, aunque aun no podemos cantar victoria. El Dr. Black es el más experimentado de los nuestros, él deberá evaluar al recién nacido.
—Comandante Smith, debemos quemar la casa, adentro habían cinco cuerpos más, todos muertos por la paste—Bajó la vista el médico que se había rehusado a atender a la mujer. Detrás de él venían los dos policías y el médico restante con un pequeño bulto en brazos.
— ¿La mujer dijo algo?—Erwin los observo fríamente.
—Solo que cuidáramos de él, fue un varón.
Ojos grises y azules se encontraron, no hablaron pero supieron lo que cada uno decía:
—Cuidaremos de Hanji, contra todo, ella y el bebé estarán bien.
...
Moblit estaba más que cansado, seguirle el paso a Hanji era muy complicado. No podía explicarse como una mujer en tal período de gestación pudiera realizar tantas actividades sin quejarse fuera de los dolores articulares y migrañas, es como si ese ser le diera maliciosamente fuerza extra.
—Oh, por favor ¡necesito mis uniformes! No puedo seguirme paseando con estas cosas—Señaló el flojo vestido azul celeste en el cual se encontraba envuelta—Esto para nada se ve profesional.
—Lo lamento mucho señora—La mujer regordeta encargada de la lavandería se encontraba acongojada— Las costureras se han quedado sin material. La campaña que partió hace unos días agoto la reserva de telas, dicen que podrían resurtirse en un mes.
— ¡Un mes!—Hanji estaba al borde de la histeria— Un mes más sin uniforme, esto es demasiado— Se cruzó de brazos refunfuñando su mala suerte.
—Pero señora, en un mes usted no podrá usar uniforme ni a golpes ¿qué no piensa que vientre estará aun más grande? Es mejor que siga usando esos vestidos— Moblit decidió intervenir a favor de la pobre mujer que no encontraba la forma de pedir disculpas.
—Pero si mis uniformes aquí se perdieron ¿no podrían hacer un esfuerzo?
Para desgracia de Hanji, una de las grandes fans de Levi, terriblemente adolorida y en un momento de furia se había dado a la tarea de quemar todos y cada uno de los uniformes que se encontraban en la lavandería. Lo que explicaría su forzoso cambio de ropa para la despedida de su esposo y amigos.
—Lo siento señora, créame estoy haciendo hasta lo imposible.
—Está bien—Dijo bajando la cabeza triste.
—Aunque el señor Moblit tiene la razón, en unas semanas le será complicado usar el pantalón del uniforme, por experiencia le digo que es mucho más cómodo lo que lleva.
—Ya entendí, han ganado esta, ¿Moblit no quieres ir al mercado? Tengo un terrible antojo de manzanas.
El subordinado le sonrío feliz. Su jefa hacia intentos sobre humanos de relajarse en los momentos de más tensión, aunque parecería que estuviera a punto de explotar siempre encontraba una forma de decir una ocurrencia y sacarle una sonrisa.
—Lo que usted diga, vamos pues.
Caminaron juntos al mercado, platicaban de trivialidades del trabajo y de lo mucho que Hanji extrañaría todo eso después de dar a luz.
—Señora, todo este tiempo la he visto muy alegre ¿lo tiene todo planeado verdad?
Hanji se detuvo.
—No puedo tener todo planeado o controlado, desde un inicio no planee embarazarme—sonrió picara— Aunque, tuve sexo con Levi ¿qué esperaba entonces? ¿un premio?
Moblit se sonrrojo, pero trató rápido de retomar el tema.
— ¿Tiene miedo?— Le preguntó al ver ese extraño brillo en sus ojos.
—Te mentiría si dijera no—Se abrazó a sí misma—Miedo al dolor del parto, a lo que pueda pasar durante este, miedo al futuro ¿Qué será de esta criatura si algo le pasara a Levi o a mi? Este mundo no es precisamente el mejor para tener hijos, y mucho menos ser hijo de militares; ya ni siquiera la policía militar está a salvo.
— ¿Le ha comentado de sus inquietudes al señor Levi?
—No, no quise inquietarlo, es mejor que deje estas cosas para mí— Suspiró—Vamos, tengo un poco de hambre y quiero alguna fruta—Pasó su mano dulcemente sobre el hombro de Molbit dispuesta a seguir.
— ¡Señora Hanji!
Hanji y Molbit giraron para toparse con el señor Ral que corría hacia ellos.
—Buenas tardes— Saludó ella agitando el brazo.
— Es un placer verla de nuevo ¿me recuerda? La conocía hace unas semanas mientras estaba por aquí con el señor Hannes, le obsequie una manzana
— ¡Es verdad! ¿Cómo esta?
—No mejor que usted, solo mírese, una bella flor en plena primavera— El anciano cerró los ojos con falsa alegría ¿Qué hacen por aquí?
—Vinimos a comprar un poco de fruta— Dijo de forma brusca Molbit jalando a Hanji—Con su permiso nos retiramos— El rostro del hombre mostraba desconfianza. Algo dentro de él le decía que no era seguro estar con esa persona.
—Molbit por favor, no seas grosero, no llevamos prisa. Cuénteme buen hombre ¿Cómo van las ventas en su puesto?
—Muy bien señorita, es un ángel ¿no le gustaría venir por algo dulce a mi puesto?
— ¡Por supuesto! Molbit vamos—Le dio un ligero codazo en el estomago
—Pero señora…
— ¡Nada de peros! la manzana que el señor me obsequio era una delicia.
—Oh, señorita usted es tan amable— Ral le sonrió triunfal a Molbit, con movimiento tosco aparto su agarre de la mujer y la encamino a su local.
—Algo en ese hombre es tétrico—Dijo en voz baja Molbit corriendo para darles alcance.
Hola a todos, perdonen el tiempo de espera. Tenían que poner en orden mis ideas para acomodar todo lo que venía pensado en los capítulos que siguen.
La primera actualización de este fanfic en el 2014, ya tuvimos la de la chica de la capa roja y pronto subiré el de la princesa prometida. Muchas gracias por estar conmigo hasta ahora, el año pasado fue muy fructífero y espero este año también lo sea. Tengo algunas ideas para otros fics que espero ir poniendo a flote conforme vaya concluyendo los otros fanfics.
No prometo actualizar pronto, he tenido unos problemas con la trama y de repente tengo atorones, aunque tal parece que voy superando los baches, esperemos que la buena racha siga.
¡Nos vemos!
