Notre famille

Capítulo 16

"No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo."

Antoine de Saint-Exupéry


Aun le dolían las articulaciones. El día a pesar de no haber sido un baño de sangre, había sido cansado.
Se dejó caer exhausto en su bolsa de dormir tratando en vano de menguar aquellos gritos desesperados que aun retumbaban en su cabeza.
Un largo suspiro abandono su labios. Debía dormir, pero era ahora era un gritó en el mundo vivo lo que no podía dejarlo en paz.

Fastidiado se calo las botas y se abotono la camisa.

— ¿Qué pasa aquí?— Su voz sonaba demasiado apagada al entrar a la habitación contigua, la del personal de salud.

El trío de médicos sostenían una guerra campal contra un pequeño recién nacido, que se contorsionaba vivazmente en el regazo de uno de ellos.

—Tiene unos pulmones sorprendentes el pequeño— Sonrió Harry tomando al niño y acurrucándolo sobre su hombro.

Los hombres habían hecho hasta lo imposible por alimentar al recién nacido, que poseído por una furia inmensa de negaba a todo intento.

—Hemos creado esta fórmula sustituto de leche materna. Esta fabricada a base de leche de la cabra que hemos traído, miel y yema de huevo. Tal vez no sea mejor que la leche de su madre, pero es la única manera que hemos encontrado para alimentarlo. Que suba de peso es nuestra más grande prioridad, la leche de cabra por sí sola no contiene todas las vitaminas y minerales que requiere un infante— George sostuvo ante su pecosa cara una botella transparente llena de un liquido amarillezco pálido. La punta del improvisado biberón estaba cubierto por el dedo de un guante.

—Sí no lo hacemos bien, me temo que morirá— Adam llevó una pequeña manda roja sobre el hombro de su amigo, trataba de cubrir al debe que se seguía moviendo como un pequeño gusano.

Los tres bajaron la mirada.

—No quiere estar con ninguno de los tres— Protestó Harry— Al parecer ninguno le ha simpatizado.

Erwin observó atónito el peculiar cuadro. Nunca en su vida había visto tanta entrega de un medico. A su punto de vista estas eran personas que bien podían competir en frialdad con él. Ahora frente a sus ojos resaltaban en tintes cómicos aquellos chicos que actuaban hace unas horas como amos y señores de la vida y la muerte.

—Ya veo— Sonrió complacido— ¿les vendía bien una ayuda extra?— Estiró los brazos hacia ellos en señal de que quería cargar al niño.

— ¿Esta seguro comandante?— Harry lo observó temeroso. Confiaba un poco menos en Erwin de lo que él aludido confiaba en él. Para el chico de ojos y cabello negros todos los miembros de la tropa de reconocimiento estaban chiflados hasta la médula.

—No perdemos nada en intentarlo, además nunca en mi vida he tenido la oportunidad de cargar un bebé— Bajó los hombros y puso cara de expectación total.

Harry aferró una vez más al pequeño ser humano a su cuerpo. El haber sido el ser que ayudara a su moribunda madre a traerlo al mundo le había dado un lazo muy fuerte con aquella criatura. Se negaba por completo a entregarlo a un hombre con el cuerpo por entero manchado de sangre, sangre de todos aquellos que bajó su yugo habían perecido fuera y dentro de los muros.
Él era un dador de vida y Erwin Smith la muerte enfundada en un par de alas bicolor.
Claro estaba que sus compañeros no pensaban de la misma manera que él, y cansados; George tomó al bebé en un rápido movimiento mientras que Adam lo tomaba al otro por los costados, para que no impidiera su treta.
El llanto del niño subió de volumen mientras Erwin lo tomaba. La combinación de los lloriqueos del bebé y las quejas de Harry volvieron tan loco a Smith que no pudo evitar dejar salir un portentoso grito.

— ¡Silencio!— Y todos, incluso el niño pararon a sus quejidos— Esto es lo que vamos a hacer soldado— Se lo dijo al bebé— Tomaras tu botella y dormirás el tiempo reglamentario de 8 horas ¿esta compendiado?

Los tres médicos lo observaron sorprendidos, era la primera vez en toda la noche que el pequeño guardaba silencio. Era imposible pero e hasta parecía que el dulce bebé comprendía a cada palabra que salía de la boca del rubio.

—He, señor— George se acercó entregándole el biberón— Un bebé debe dormir dieciséis horas.

—Bien soldado ¿has escuchado al médico?

El bebé dibujó una especie de sonrisa, más mueca que nada. Movió felizmente sus manitas rosando la piel de las manos de Erwin. El gestó conmovió al adulto de forma enorme.

Acurrucó en sus brazos al pequeño y en un movimiento rápido se sentó en la silla mas próxima.

—Tenga cuidado con su cabeza—Harry ayudaba a Erwin con el niño.

—Debe terminar completo el contenido del biberón— Advirtió Adam colocando la manta roja en el hombro de la improvisada nana— A veces tiran un poco o devuelven el estomago, esto ayudara.

— ¿Cómo debo hacerlo?

—Solo acerque la mamila a sus labios, él solo sabrá que hacer.

Erwin hizo lo indicado. Rápidamente el bebé atrapo entre sus diminutos labios el guante que las hacía de mamila, comenzó a beber gustoso el contenido.

—Sí que estabas hambriento amiguito— Erwin observaba interesado el proceso de alimentación, era increíble como un ser con apenas unas cuantas horas en el mundo supiera cómo alimentarse sin ninguna instrucción previa. Los seres humanos eran fascinantes.

—La naturaleza es sabia comandante— Harry acarició los pocos cabellos rojizos del niño.

—Me doy cuenta— Erwin sonrió y siguió observando.

Moblit intento levantarse. Le dolía horrores la cabeza.
Lentamente se llevó una mano a la nuca, un líquido tibio y viscoso inundo su tacto. Se puso de pie, no estaba en su cama, mucho menos estaba en el cuartel. Trataba pero no recordaba nada.

Todo estaba muy oscuro. A tientas intento salir de aquella habitación, sus piernas toparon con lo que parecía una mesa. Poco a poco sus ojos se empezaron a acostumbrar a la falta de luz, fue entonces cuando pudo distinguir sobre aquella vieja mesa de madera lo que parecía un candil y una pequeña caja de fósforos. Torpemente trató de encenderlo, fue hasta la tercera vez que lo logró.

— ¿Qué fue lo que ocurrió?— Se preguntó volviendo a pasar la mano sobre la herida— ¿cómo fue que me lastime? Hoy por la mañana estaba con… ¡líder!— gritó tomando el candil y corriendo de habitación en habitación. Aquel lugar comenzaba a parecerle conocido. La casa que había visitado esa misma mañana acompañando a su jefa, eso era

— Estaba con la señora Hanji, también estaba el viejo Ral ¡Señora Hanji!— Gritó una vez más sin recibir respuesta.

Era obvio que estaba solo, y que había sido golpeado con toda la intención de dejarlo fuera de guardia.
Sus veloces pasos lo llevaron a la puerta. Estaba cerrada por un gran candado.

— ¿Qué clase de idiota piensan que soy?— Con rencor arrastro la mesa hacia una ventana cercana; de un fuerte tirón arranco una de las patas y usándola como mazo dio un par de goles. El cristal se rompió en cientos de pedazos, algunos llegando a su rostro y salpicándolo de rojo.

—Tengo que encontrarla— Dijo una vez fuera de la casa ¡tengo que encontrarla!

Forcejeaba una y otra vez, quería arrancar aquellas pesadas cuerdas de su cuerpo, le fue totalmente imposible.
Bajó la cara resignada, se sentía culpable por haber sido tan ilusa, ahora no solo se había puesto en peligro ella, si no a la criatura que se desarrollaba dentro de ella.

Aquel viejo sótano apestaba a moho, su única compañía eran las alimañas que de vez en vez se daban el descaro de pasar sobre sus pies.

—Eres la peor madre dentro y fuera de las murallas Hanji— Se reprochó a sí misma. Pensó mil maneras de salir, pero las mil maneras solo eran posibles gracias a que milagrosamente alguna de las cuerdas la liberara.

Un golpe sordo se escucho del otro lado de la puerta, ella sofocó un grito gracias a la mordaza en su boca. Ahora era el sonido de pesadas pisadas, lentas, cada una era un clavo directo a la cruz donde su conciencia la crucificaba.
Asustada Hanji cerró los ojos, era obvio que el final estaba cerca. Por su mente desfilaron cientos de recuerdos de su familia, amigos y de Levi.
La puerta se abrió lentamente y una pequeña luz parpadeo iluminando un poco el ambiente.
La mujer se tensó al máximo al sentir junto a ella otra presencia. Aquel ser empezó a jalar sus ataduras, el crujir y la liberación de la presión hicieron que abriera los ojos.

— ¿Qué vas a hacerme?— Aquel había quitado cuidadosamente la mordaza. Preguntó sin poder ver bien, recordó de choque como sus anteojos de habían hecho pedazos durante el forcejeo en casa de Ral.

—Tenemos que darnos prisa, ese no era el único guardia.

— ¿Vas a ayudarme? ¿Por qué?

Borrosamente podía ver la imagen de un joven tendiéndole la mano. Parecía ser un poco más alto que ella y de cabello negro.

—No puedo explicarle nada por ahora, le ruego que se ponga de pie. Tenemos que irnos cuanto antes.

—Por lo menos dime tu nombre, no puedo confiar en nadie que siquiera tenga el valor de darme su nombre.

—Mi nombre señora…—Guardo silencio unos minutos antes de escuchar gritos y ruidos de pisadas en la parte de arriba— mi nombre es Marco Bott.


Sé que no tengo ningún tipo de perdón, como no tengo ningún pretexto valido. Hace unos días me di cuenta que hacía falta algo más de acción en la trama y sospesas, hasta ahora todo era muy predecible (aunque salvo un par de puntos el capítulo completo es predecible desde el el quince jajajaja) ok, estoy loca. Espero que les guste :D modifique de nuevo la historia por que la anterior me había aburrido.

Gracias a todas esas lindas personas que esperaron ansiosas. Andamos lentos pero aquí andamos.