Disclaimer: los personajes, lugares y cualquier cosa que reconozcan le pertenecen a Rowling.

Anteriormente en Cuestión de sangre: James se entera de la muerte de su padre, dolido reacciona de la forma más salvaje y primitiva internándose en el bosque prohibido donde Sirius lo encuentra. Son atacados por una manada de Graphorns y son salvados por Peter y Remus, aunque terminan mal heridos. James no quiere ir a la enfermería porque no lo dejarían marchar a su casa hasta recuperarse. Piden ayuda a Emmeline Vance que los cura ilegalmente. Lily y James enfrentan sus personalidades pero ella termina ayudándolo con su propósito de ver a su madre. Por último Mulciber logra que Snape y Lily discutan frente a todos y éste la llama sangre sucia. James interviene golpeando a Snape y Gryffindor y Slytherin se enfrentan en un pasillo, hasta que McGonagall los descubre.

Gracias a: jamesfanatica, Deidre Black, badfickiller, daniginny, Pepper, Leslie, Paulinna, MeryIsabella, jillyfan y Zarii Kdna por animarme a continuarlo.

Capítulo II: Cómo ser recordado.

Era de noche, una cómo cualquier otra en la casa de los Potter, pero era una noche especial, porque James Jamás podría olvidarla.

– Esto tiene que terminar padre, estás retirado y eres grande como para que sigan viniendo aquí, no eres más el jefe del cuartel. ¿Es que no pueden hacer nada sin ti?– Le decía James irritado mientras se sentaba en la mesa.

La discusión en sí misma era recurrente, pero ese día justo antes de la cena unas personas del ministerio habían acudido a hablar con su padre y este había sufrido una descompensación. Él más joven de los Potter explotó al enterarse.

– James, cuando seas padre lo entenderás…– Le respondía Charlus Potter con expresión cansada.

– ¿Qué tiene que ver? Yo no…

– ¿Crees que quiero, después de tanto tiempo luchando por la paz, dejarte en un mundo como este?… las cosas no están bien y si hay algo que yo pueda hacer…

– ¡Papá no soy un niño! Puedo cuidarme solo, pero tú en cambio eres grande como para seguir haciéndote cargo de todo. –Los ojos de James brillaban con emoción contenida, intentando de convencer a su padre.

– No me discutas James Potter, soy tu padre.

– No te discutiría si fueras más razonable, tienes que dejar el papel de héroe, la guerra que se avecina no es tu problema, somos los jóvenes los que…

– ¡Tú no tendrás nada que ver en esta guerra James! No es tú guerra. – Los ojos Azules de Charlus Potter se habían dilatado con horror puro en cuanto escucho las intenciones de su hijo.

– Quiero ser auror, como tú, entonces ya no tendrás que preocuparte por cuidar a todos, papá tienes que confiar en mí…– Esta vez lo miró suplicante y esperanzado y habló con una voz que intentaba infundir confianza.

– ¡No quiero que te metas en esta guerra! ¡No te pertenece James!– Charlus lo miraba cada vez más horrorizado desde su asiento. Se había envarado luciendo rígido e imponente frente a su hijo.

– ¡Claro que me pertenece papá! ¿Qué hay de mis amigos? ¿De la muchacha que me gusta?

Charlus suspiró con cansancio y las luces dejaron entrever su avanzada edad, marcando sus arrugas, sus cicatrices.

– Esta guerra es un problema para los mayores, James. Entiendo que toda esta situación te afecta y que los jóvenes tienen una afección a la injusticia aumentada. Pero tú no puedes hacer nada para cambiarlo James. – Sus palabras parecían amables, pero la forma en que lo dijo le sonó a James como una última palabra, como zanjando el fin de una discusión sin sentido y eso sólo lo enojó más. Porque estaba claro que su padre no confiaba en él.

– ¿Por qué sigues tratándome como a un niño?

– Eres un niño James Potter, apenas tienes 16 años. – Le cortó el hombre con severidad.

La conversación había cambiado radicalmente, ambos habían dejado los cubiertos en la decorada mesa y se miraban con el ceño fruncido.

James y Charlus Potter habían arruinado la agradable cena en familia con su discusión, Sirius había dejado de comer, claramente incómodo. Dorea los observaba por el momento como mirando un partido de tenis, dejando que debatieran tranquilos. Pero Dorea sabía en el fondo, dado que los conocía muy bien a ambos, que tarde o temprano tendría que intervenir.

– ¿Entonces no puedo decidir sobre mi futuro? ¿Es eso lo que me quieres decir?

– Yo no me pasé toda mi vida protegiendo a mi familia, arriesgando mi cuello para que tú te convirtieras en Auror. ¿Acaso no quieres hacer otra cosa? ¿Jugar Quiddicht?

– Claro tú puedes arriesgar tu cuello, tú puedes permitir que el jefe de aurores todavía venga a molestarte cuando estás retirado, pero yo no puedo…

– Nunca dije que no pudieras James, pero hay una guerra y tú eres demasiado irreflexivo, demasiado joven. Lo último que quiero es que te metas en ella.

– ¿Qué pensaba el abuelo cuando peleaste contra Grindelwald? ¡Eras casi tan joven e impulsivo como yo!

– Era más grande – le dijo él cortante – y no seguiré discutiendo esto contigo James. Ahora termina tu comida.

– No lo haré– James se levantó de la mesa con enojo en sus ojos café– Siempre crees que puedes decidir por todos, pero ¿sabes qué? cumpliré la mayoría de edad pronto y no podrás decidir nunca más por mí, padre.

– No mientras vivas bajo mi techo jovencito. Ahora siéntate y termina tu comida. – Sus ojos combatieron con los de su hijo.

– Pues tal vez me marche de aquí si es así como prendes ser… porque voy a ser auror padre, aunque tú no quieras.

– ¡No me obligues a usar mis influencias James!

– ¿Harías eso? ¿Serias capaz?– James tenía la boca abierta por la sorpresa.

Charlus suspiró nuevamente.

– Por favor hijo, haz otra cosa de tu vida…– le pidió con insistencia en sus ojos azules, pero su respuesta no fue lo que James quería escuchar.

– ¿Serias capaz de algo así no?– su padre no contestó, pero eso fue suficiente para leer el sí implícito– ¡Eres detestable!

– ¡James!– Dorea lo miraba con el ceño fruncido y enojo en sus ojos café. – ¡Discúlpate con tu padre!

– ¡No! ¡Cree que me comprende… pero lo único que hace es dominarme! No quiere comprenderme, no de verdad, no me toma en serio y no quiere escucharme. ¿Qué padre controla así la vida de su hijo?– James lucia enojado e indignado en partes iguales.

– No es así James yo sólo quiero…

– ¡Decidir mi vida! ¿Cómo te sentirías si alguien decidiera por ti? Claro que nunca lo sabrás, a ti siempre te dejaron hacer lo que quisieras. El abuelo estaría tan decepcionado de ti.

Dorea se había levantado y lo había abofeteado. Lo miraba como si no lo conociera.

James se tomó la mejilla sorprendido. Nunca le habían abofeteado.

– ¡Los odio!– Les dijo James mirándolos con rencor antes marcharse a su cuarto dejando medio plato vacío y una horrible sensación a en la mesa.

Dorea se había enfurecido, pero no estaba segura si era con el testarudo de su hijo, con el protector de su esposo o con ella misma por perder los estribos y meterse en la conversación.

Charlus miraba su plato pero no probaba bocado. Las palabras de su hijo lo habían herido, pero le importaba muy poco lo que pensara James de él mientras fuera feliz y estuviera a salvo.

Todo se volvió negro.

James se despertó sobresaltado y sudoroso. No había sido una pesadilla en el sentido exacto de la palabra, pero para él era como si fuera una… rememorar una de las últimas conversaciones con su padre con tanto detalle. Recordar como lo había herido con sus palabras. James lloró esa noche hasta que se quedó dormido, se sentía culpable y se detesto a sí mismo por su inmadurez, seguramente si él hubiera sido más maduro su padre lo habría apoyado. Pero ahora nunca lo sabría y nunca tendría la oportunidad de disculparse con él.

Dorea tampoco pudo dormir bien esa noche. Estaba sola en la sala, sentada en su butaca recordado conversaciones con su marido, intentando que su memoria retuviera su exacta imagen.

El fuego chipoteaba en la habitación con un sonido hipnótico, permitiendo que Dorea se sumergiera en sus recuerdos.

– Déjalo hacer su vida– dijo Dorea con un suspiro.

Estaban en esa misma sala sentados en el mismo sillón.

– Lo hago cariño, pero…

– Charlus, James es un niño inteligente, pero necesita equivocarse, tienes que dejarlo cometer errores.

– Pero es tan testarudo...salió a ti en eso.

– Y tan arrojado como tú, una buena combinación. – Sonrió Dorea complacida. – tal vez sería un buen auror, tal vez es su vocación Charlus.

Charlus la miro con miedo.

– Es mi único hijo, nuestro único hijo, estoy viejo Dorea, quiero dejarle una buena vida, una vida fácil y feliz.

– Lo sé cariño, pero la felicidad es un camino no un destino. Será feliz mientras quiera, haciendo lo que quiera. Debes dejarlo decidir. No puedes decidir su vida. No si quieres que sea feliz.

– ¿No estarás de mi parte en esto?

– No– ella negó. – ¿Acaso no te das cuenta? Él quiere ser auror como tú, deberías estar orgullo que tu hijo quiera seguir tus pasos.

– Me da miedo que quiera seguir mis pasos. Es un trabajo arriesgado, donde verá cosas que lo atormentaran toda su vida… está muy lejos de ser un trabajo feliz.

– Charlus, es un trabajo con muchas satisfacciones también, que me dices cuando ayudas a alguien, ¿No sientes un increíble júbilo?

– Claro que es genial poder ayudar, pero también vi como mis amigos, mis compañeros morían frente a mí…y dado como están las cosas es muy probable que sea peor que en mi época.

– Mira Charlus, James es como tú, él necesita acción en su vida, necesita adrenalina para sentirse vivo, tú deberías comprenderlo salió a ti en eso. Estoy segura que se sentirá feliz siguiendo tus pasos… él te admira Charlus.

– Ojalá deseara ser como tú.

Dorea sonrió y besó a su esposo.

– Vamos a dormir y deja de preocuparte tanto por los demás, mi hijo tiene razón no puedes poner todo en tus hombros ya no eres el jefe del cuartel. Sólo eres el simple señor Potter.

Charlus suspiró, accediendo a su esposa y tomándola por la cintura se marcharon a dormir.

Dorea apuró su vaso. Sonrió melancólica, Charlus nunca podría ser el simple señor Potter. Había sido una ilusa. Porque después de todo lo que le gustaba de él era precisamente eso.


Lily se despertó sobresaltada al sentir el ataque, zarpas y arañazos a una increíble velocidad se enredaban en su pelo despeinándola.

– ¡Darcy!– lo retó Lily con una voz carente de autoridad debido a su estado de letargo.

El gato dejó de atacarla y se sentó cerca de su almohada mirándola con reproche en sus ojos amarillos.

Su expresión enojada le decía claramente que no pensaba perdonarla fácilmente.

Lily suspiró mirando su reloj. Eran las once y media. Se estiró bostezando, para recuperar sus miembros entumecidos luego de horas de descanso.

El gato bufó llamando su atención nuevamente.

– Si, Darcy dame unos minutos. – Le pidió ella aunque el gato no entendiera una palabra.

Se levantó de cama y se metió en el baño, su pelo se encontraba enredado y totalmente despeinado debido al ataque de su mascota. Si no tuviera tanto sueño se echaría a reír de lo ridícula que se veía.

Se peinó quitándose los nudos y luego se vistió ante la enojada mirada de su caprichoso gato. Sus amigas no se encontraban en la habitación. Las camas se encontraban hechas a excepción de la cama de Dorcas, que estaba hecha un lio de sabanas como de costumbre.

Resolvió seguir el ejemplo de Dorcas y salir de allí sin perder tiempo.

– Vamos– Le dijo al gato abriendo la puerta de la habitación.

Darcy salió corriendo como si estuviera desesperado pero Lily estaba segura que sólo exageraba para hacerla sentir culpable. ¿Tenía eso sentido? Si, su gato era demasiado inteligente, caprichoso y mimado…. Solía volverse un poco cruel cuando no comía tanto como le gustaba. Eran un glotón empedernido.

Bajo a la sala común que rebosaba de alumnos. Su lugar favorito estaba ocupado por unos alumnos de quinto y sus amigas no se encontraban por ahí.

Decidió marcharse a desayunar, aunque la idea de desayunar a solas no le apetecía para nada.

Estaba a punto de salir por el retrato cuando alguien la llamó.

– Lily– Era Remus.

Ella se giró para verlo levantarse de un sillón cerca del fuego con un libro en mano, Peter a su lado llevaba un mazo de naipes explosivos que mezclaba con aire distraído.

– Hola Remus, Pettigrew. – Los saludó con su cálida sonrisa.

– Tus amigas me pidieron que te avisara que bajarían a desayunar y luego irían a la orilla del lago. – Le dijo Remus con su voz tranquila.

Lily asintió distraída mirando su reloj, por la hora seguro que ya habrían marchado para el lago y le tocaba un solitario desayuno en el gran comedor.

Le agradeció por el recado y salió por el retrato, sin escapársele las miradas de tristeza de ambos muchachos. Seguramente era por Potter. Dudaba que el mes de castigo significara algo para ellos.

Bostezó con cansancio. Por suerte Dumbledore no la había castigado a ella puesto que no había lanzado ninguna maldición. Pero no podía decir lo mismo de los merodeadores, Dorcas y Emmeline.

Dumbledore había hablado con ellos y los había taladrado con una mirada decepcionada uno por uno, haciéndoles sentir culpables.

Ni hablar de McGonagall y Slughorn, que los habían castigado un mes completo a todos y dos meses a Snape.

McGonagall les había dejado muy en claro lo indignada que estaba con ellos y su comportamiento, pero Lily sabía leer entre líneas y había notado como toda la pelea la preocupaba mucho más de lo que la enojaba.

Se paró en seco en medio del pasillo y sacudió su cabeza cómo intentando quitarse algo molesto, no quería pensar más en todo lo ocurrido. Prefería ocultarlo en algún recóndito lugar de su cerebro y olvidarse para siempre.

Tenía que dejar de preocuparse por Snape y tenía y seguir avanzando por su vida. Si quería ponerse esa maldita túnica negra que lo hiciera, no era su problema. Pero la situación había hecho un cambio en ella, había comprendido que no podría huir de lo que ocurría en el mundo. Porque ella tenía ideales también, porque nunca la dejarían en paz por ser lo que era y ella prefería luchar por lo que creía antes que huir como se había planteado innumerables veces con anterioridad.

Si los mortifagos creían que ella era una inmundicia, una sangre sucia no pensaba bajar la cabeza y huir.

Un escalofrió le recorrió la columna, prefería mantener esto en secreto por el momento y no contarle a nadie lo que había decidido. Después de todo, sus amigas seguramente no estarían de acuerdo y sus padres aún menos.

Estaba tan abstraída que no vio cuando un rayo le pasó cerca alterando a su gato, pero el maullido y el enojo de Darcy no le pasó desapercibido.

– ¿Qué…?

Al final de pasillo había dos alumnos discutiendo acaloradamente, tan acaloradamente que habían preferido pasar a las varitas y dejar las palabras aparte.

– ¡Paren!– Les gritó Lily mientras corría sacando su varita por si tenía que utilizarla. Pero se quedó muda al ver quienes peleaban.

Nunca en su vida había imaginado que Amelia Bones, prefecta de Hufflepuff pudiera dejar de lado la diplomacia para pasar a un duelo de varitas.

Amelia había maldecido a una chica de Ravenclaw y sus ojos destellaban odio puro.

– ¡Amelia!– Gritó Lily más sorprendida que otra cosa.

– ¡Me atacó! ¡Está loca!– Le dijo la Ravenclaw que no pudo identificar porque tenía la cara cubierta por un asqueroso líquido verde.

– Lily…– suspiro Amelia, pero sin dejar de mirar con desprecio a la Ravenclaw que se encontraba ante ella.

La muchacha intentaba frenéticamente sacarse el líquido verde de su rostro pero no podía, Amelia sonrió con suficiencia.

– La próxima vez, te juro que no te dejare en paz. – Gruñó la Hufflepuff en un tono amenazante.

– ¿Qué pasó?– Preguntó Lily con una voz que intentaba ser autoritaria.

– ¡Me ha atacado! ¿No lo ves Evans? ¿Eres ciega?– Dijo con enojo la muchacha mientras continuaba intentando quitarse el asqueroso líquido de sus ojos. – ¡Haz algo!

Lily la miró crispada.

– Estoy segura que Amelia no lo ha hecho sin razón.– Le dijo Lily con dureza– Te recomiendo que me lo expliques o me quedare sólo con su versión en la que seguro sales muy mal parada.

– Está loca, me ha atacado por una estupidez.

Amelia bufó cruzándose de brazos, pero manteniéndose muy respetuosa con el procedimiento de los prefectos que conocía muy bien.

– Si no me dices por qué exactamente no te ayudare. ¿Qué has dicho para que Amelia te atacara?

La Ravenclaw calló unos instantes pensando su respuesta.

– He dicho que Jack Bones utiliza veneno de doxy para superar la pérdida de sus padres.

– ¡No ha sido sólo eso, y definitivamente esas no fueron sus palabras! Ha dicho que mi hermano es un animal peligroso y ha estado consumiendo no solo veneno de doxy si no pasta de pluma de jobberknoll, tú sabes: Dopadox y PsycoB.

– ¡Nunca he dicho que tú hermano consumiera PsycoB! Esa fue Katherina.

– Muy noble de tu parte defender a tu amiga. – Escupió Amelia. – Te lo diré una vez más Griffin, me vuelvo a enterar que has estado diciendo algo sobre mi hermano de nuevo y tu rostro se teñirá de verde permanentemente.

– ¡Evans! ¡Llévala con Sprout! ¿Has escuchado lo que ha dicho?

– Claro que lo hice– murmuró Lily enojada por la actitud demandante de la muchacha.– 15 puntos menos para ambas casas– La chica de Ravenclaw abrió la boca para protestar– les informare a sus jefes de esto.

– ¡Es injusto! ¡Me ha maldecido y nos has quitado la misma cantidad de puntos! Todo porque es tu amiga– La muchacha la señaló con su dedo– le diré a Flitwick de esto.

Lily miró a Amelia que se mantenía de brazos cruzados a unos pasos de distancia.

– ¿Me dejarías aclararle un par de cosas? Te alcanzo luego.

Amelia asintió y echando una última mirada se marchó luego de decirle a Griffin que recordara muy bien lo que le dijo antes de hablar nuevamente sobre su hermano.

– No puedo creerlo, me ha amenazado y no has hecho nada…– le dijo la Ravenclaw indignada y con el rostro completamente cubierto por líquido verde por la maldición.

– Has injuriado a un alumno que está pasándola mal por la muerte de sus padres. Amelia no ha reaccionado como debería, pero nadie puede culparla por reaccionar Griffin.

– Pero Jack Bones está usando drogas, no es una injuria.

– ¿Lo has visto?– preguntó Lily sabiendo de antemano la respuesta, que se confirmó por el silencio. – ¿Te has parado a pensar que Jack tan solo está muy deprimido?... Buena suerte con Flitwick y ojalá nunca tengas que averiguar lo que sienten los Bones.

– ¡No era razón Evans!

– Ve a la enfermería y deja de quejarte.

Lily se marchó, alcanzando a Amelia unos pasillos más adelante.

Estaba sentada en el alfeizar de una ventana con el cabello pelirrojo cubriéndole el rostro.

– ¿Has desayunado?

Amelia negó haciendo que sus rulos se agitaran.

– Oye Lily gracias, me he puesto furiosa cuando la escuché. – Le agradeció Amelia levantando su rostro.

– Lo sé.

– Hace días que corren esos rumores por la escuela y Jack ni siquiera se encarga de desmentirlos, está realmente muy deprimido…– hizo una mueca, sin decir exactamente por qué. Pero Lily entendió perfectamente.

– Porque nadie le creería Amelia, a la gente le gusta el drama.

– Lo sé, pero lo he visto tan sólo, me molesta que la gente se aparte de él como si fuera una criatura peligrosa. Me vuelve loca enterarme de lo que dicen de él y me duele mucho ver que todavía no ha podido superar la perdida de nuestros padres.

– Tienes que darle tiempo Amelia. – Le dijo Lily tomándole las manos en actitud de apoyo. Cómo si de esta manera pudiera aliviarle la carga.

– Ya pasaron muchos meses, no quiero que se abandone. Antes era un muchacho alegre, pero ahora se la pasa callado, sólo o con su guitarra como única compañía.

– Pero tiene amigos y los tiene a ti y a Edgar.

– Con nosotros casi no habla. Cuando estamos en casa se la pasa encerrado en su habitación o fuera vagando por quién sabe dónde. Creo que no le gusta estar ahí… le trae muchos recuerdos. En realidad estoy preocupada, porque siento como que nada le importa Lily. Ni su educación ni nada…

– Dale un poco más de tiempo Amelia. Cada uno supera la pérdida de maneras diferentes.

Amelia asintió.

– Si le daré más tiempo. Igualmente no te sorprendas si me ves atacando a otro alumno, no pienso dejar que nadie diga nada malo de él. Menos ahora. – Hizo una fluorita atacando a un alumno invisible y sonrió maliciosa.

Lily rió y asintió sin enojo. Después de todo era la primera vez que veía como Amelia tiraba toda su diplomacia y tolerancia por la borda. Los Hufflepuff eran conocidos por ser poco rencorosos y muy amables.

– Está bien, yo prometo que le quitaré un par de puntos a cualquiera que diga algo malo de Jack. – le guiñó el ojo con complicidad.

– Lily ¿Podrías también echarle un ojo en la sala común?– Le pidió Amelia con cierta indecisión. Como si no supiera que Lily sería incapaz de negarse.

– Claro déjamelo a mí– Respondió ella tranquilizadora.

– Gracias Lily, realmente eres una persona excelente.

– Lo sé– le dijo ella y sus palabras surtieron el efecto deseado: Amelia sonrió.

Juntas fueron al gran salón a comer algo con Darcy a su lado maullando malhumorado y hambriento.

Remus y Peter miraban como Amelia y Lily desaparecían por el pasillo.

– Bueno, está acompañada no creo que le pase nada. – Le dijo Peter en la oscuridad de un recoveco.

Remus asintió. La oscuridad le tapa la mitad del rostro, se encontraban tras una enorme armadura medieval justo en la esquina de un pasadizo.

– Igualmente nos aseguraremos con el mapa, los Slytherins no están muy contentos con ella.

Peter asintió de acuerdo con su amigo.

– Ahora preocupémonos por James.

Los dos merodeadores partieron rumbo a su sala común, y se turnaron mirando el mapa entre juegos de Snap explosivo y tareas de transformaciones. Porque el mapa no solo se usaba para hacer travesuras…menos aún cuando Remus lo tenía en sus manos…menos aún si se trataba de Lily Evans.

Lily se sentó con Amelia en la mesa de Gryffindor, a sus compañeros de casa no les gustaba mucho que gente de otras casas comiera con ellos, como a los Hufflepuff no les gustaba que alguien de su casa comiera en otra mesa. Pero era tarde para desayunar y en ese horario era común que la gente se mezclara, hablando o pasándose apuntes.

Le apareció un plato a Darcy y vertió un poco de leche, el gato maulló aprobadoramente restregándose en su pierna derecha.

– He escuchado un par de rumores Lily– hizo una pausa para beber de su café y una mueca para demostrar que odiaba los rumores– dicen que los Slytherin pidieron a Snape que te atacara. ¿Es verdad?

Lily suspiró enfrentando sus ojos azules.

– No ha sido así, pero básicamente Mulciber logró que nos peleáramos frente a todos. – Hizo una pausa, en realidad no quería hablar sobre el tema. – terminamos gritándonos nuevamente y él me llamo sangre sucia…

Amelia bufó con enojo y sus rulos se movieron enérgicamente sobre su rostro.

– Los alumnos aseguran que Snape está en la enfermería…Pero supongo que no puedes creer nada estos días.

Lily carraspeo incómoda y se sonrojó un poco, no lo hubiera hecho con todas las personas, pero Amelia tenía una particular teoría.

– En realidad Potter y Snape se golpearon por lo sucedido y bueno ya sabes lo que sucede si Potter se pelea, sus amigos van detrás… asique básicamente termine en medio de una pelea entre ellos y un puñado de Slytherins.

– ¿Se pelearon con varitas?

– Bueno… la mayoría sí, pero Snape y Potter lo hicieron a puño limpio. Hubieras visto la cara de McGonagall cuando nos vio a todos allí en el pasillo. Fue horrible.

– Me imagino– Amelia asintió con compañerismo.

– Lo peor Amelia, fue ver como ellos realmente me odian… ya sabes por mis padres… Snape es un caso perdido… nunca imaginé que terminaría así ¿sabes? las cosas que dijo…– Lily negó con la cabeza aun incrédula a lo que le había oído decir a su ex amigo.

– ¿Y qué hay de Potter?

Lily se incomodó un poco.

– ¿Qué hay con él?– Le respondió un poco más brusca de lo normal.

Amelia sonrió.

– ¿Él es un caso perdido también? Digo, después de pelearse por ti ¿No le has dejado ganar un par de puntos?

Lily le negó, diciendo que lo que Potter había hecho era innecesario.

– Ho vamos Lily no seas tan dura, el pobre chico está loco por ti. Además te ha defendido cuando estabas pasándola mal, estoy segura que lo ha hecho por ti y no para lucirse como con la escoba.

Amelia era una enérgica defensora de Potter, ella le aseguraba a Lily que ambos estaban hechos el uno para el otro. Por suerte era la única persona en todo el planeta que pensaba así, o eso creía ella.

Lily se mordió el labio al notar que en parte estaba de acuerdo con Amelia, rememoró un poco lo que había pasado el día anterior y estaba segura que la forma que ella veía a Potter había cambiado aunque sea un poco. Tal vez no era tan idiota como creía, después de todo la forma en que se había preocupado por su madre era muy impresionante. Lily estaba segura que ayer había visto un poco de otro James, más maduro tal vez.

– Bien tal vez ha ganado un par de puntos conmigo, pero Amelia te advierto que está muy lejos de agradarme.

– Está bien Lily, las cosas por partes y de a poco.

Lily rodó los ojos quitándole importancia.

Amelia lucia satisfecha con las noticias y su sonrisa no podía ser ocultada por su enorme taza.

– Nunca vas a ayudarme con tu primo ¿no? Estoy empezando a pensar que solo insistes con lo de Potter porque no me quieres para él.

– Claro que te ayudaré con Reg. – Le dijo ella ofendida. – Pero te aseguro que mi primo te aburrirá en cuanto lo conozcas de verdad Lily.

– Bueno, no me importa lo que digas– le dijo ella con una sonrisa pícara. – después de todo no planeo aburrirme.

Amelia rió con sinceridad.

– Si puedes soportar su charla sobre el club de gobstones te doy un premio. – chasqueó la lengua como arrepintiéndose– me retracto si lo soportas te doy una orden de Merlín… primera clase.

Lily ensanchó su sonrisa.

– No puedes darme una Orden de Merlín Amelia– le dijo con sorna– pero acepto el trato.

– Por ahora Lily, por ahora.


Sirius era de esa clase de personas que nunca pide permiso, que no toca la puerta antes de entrar y que suelta verdades viscerales con absoluta falta de tacto.

Pero Sirius era también un hombre con un sentido de lealtad suicida, capaz de cualquier cosa por sus amigos, y capaz de aún más por James. James, era su hermano, el que lo hacía sentirse menos sólo y miserable, el que le había hecho un espacio en su propia casa, con su propia familia. Sirius estaba en deuda con él, por muchas cosas y situaciones.

Por eso era capaz de dejar de ser tan capullo como de costumbre, tan demandante e insoportable. Le había dado su espacio, pero también le había hecho compañía. A ambos.

Se había levantado temprano luego del emotivo reencuentro con Dorea. Donde los había consolado a ambos y se había mantenido fuerte, por ellos, su familia.

Arregló muchas cosas sobre el entierro, indicándole a los elfos que hacer y dejándoles más espacio a Dorea y James para tranquilizarse antes que llegara la gente. Les había sacado el mayor trabajo posible y había estado ahí para ambos, pero Sirius se preguntaba si era suficiente lo que hacía por ellos. Luego de pensarlo un rato supo que no.

Lo que Charlus, Dorea y James habían hecho por él no tenía precio y él no tenía forma de pagar algo tan preciado como su cariño. Para una persona como él que había recibido tan poco cariño desde su nacimiento, el amor, la amistad y la bondad con la que había sido recibido en la casa había pasado a ser su mayor tesoro. Eso y Hogwarts que toda su vida fue más su casa que el n°13 de Grimmauld place.

Además aunque Sirius abriera muchas veces su boca al día, no solía decir ni demostrar su agradecimiento ni cariño con palabras. Era una persona de actos. Era una persona que pocas veces hablaba de cómo se sentía y que vivía ocultando su dolor tras una sonrisa traviesa o una actitud de me importa una mierda. Era un excelente mentiroso y un gran actor a la hora de ocultar sus verdaderos sentimientos.

Por eso cuando James entro esa mañana a la cocina, sólo preparó café y le dejo una taza despreocupadamente como si fuera un día normal, por eso salió de allí para hablar con Bipa, pero Sirius era un iluso también porque James podía leerlo muy bien: miró su café, sabiendo que Sirius no lo había hecho despreocupadamente como quería aparentar y que estaba en ese mismo momento arreglando los detalles del velatorio con Bipa, la elfina.

Advirtió entonces que en la mesada se encontraba un delicado desayuno muy bien preparado, reparando en las flores amarillas, las favoritas de su madre, James hizo un amago de sonrisa. Porque sabía que Sirius estuvo preparando todo eso para él y su madre con dedicación.

Se levantó con el café en la mano y se acercó hasta la mesada para ver mejor la bandeja de plata. Las flores estaban perfectamente cortadas, como si fueran compradas, el desayuno estaba perfectamente preparado como si fuera para el mismísimo ministro de magia.

Sirius volvió a entrar en la cocina con aire serio y al poco tiempo entró Bipa a llevar el desayuno a su madre, un desayuno que James juraría que había preparado Sirius, incluso se lo imagino buscando las flores junto con los primeros rayos del sol.

Pero Sirius no diría una palabra. Porque los actos más desinteresados se hacen ocultando la mano.


Remus se estiró y levantó de su silla. Él y Peter habían estado haciendo las tareas todo el día. Mañana irían a lo James por el funeral de su padre y por desgracia para Peter, Remus era muy aplicado, lo que lo llevó a hacer sus deberes que en otra circunstancia hubiera evitado acompañando a James y Sirius al campo de quidditch o vagando por el colegio como de costumbre.

Aunque Remus no era la compañía más divertida para Peter, Remus era más paciente y amable con él, que los otros dos. James solía descargarse con él cuando se sentía frustrado y Sirius solía hacerle más bromas que a James o Remus, pero sus acciones se veían compensadas con lo divertido y emocionante que era estar con ellos, las bromas, los merodeos, las peleas, la admiración.

Si, Peter admiraba a sus amigos. Todos creían que eran fantásticos y él no se quedaba atrás. James era admirado por todos, verlo jugar al quiddicth era realmente algo impresionante, Sirius era conocido por su excelente habilidad en duelos y su rapidez a la hora de responder, sin contar como las mujeres solían suspirar por él. Remus si bien era más tranquilo no era alguien que pasara desapercibido, su aspecto enfermizo y su actitud tranquila lo hacían querido por todos, nunca se peleaba con nadie y no tenía ningún enemigo, a diferencia de los otros dos, bueno tal vez Snape fuera su enemigo, pero Snape no contaba porque era enemigo de los cuatro y siempre seria así.

Peter por el contrario solía pasar desapercibido ante sus talentosos amigos, pero aunque él no lo fuera y se sintiera eclipsado, era feliz, porque ellos lo aceptaban como era, porque lo defendían y porque sus aventuras eran las más emocionantes que cualquiera pudiera imaginar. Después de todo no cualquiera puede decir que su amigo es un hombre lobo y que es animago para acompañarlo en sus transformaciones, no cualquiera puede decir que se convirtió en animago durante el colegio y no cualquiera puede decir que cada luna llena vaga por el bosque prohibido, con todos sus peligros, como si fuera una plaza de juegos.

– Peter.

– Peter– le llamo Remus por segunda vez– estas pensativo.

Su amigo se veía cansado, tenía los ojos rojos de tanto frotárselos.

– Estaba pensando lo divertido que es ser tu amigo Remus– le dijo riendo.

Remus chasqueó la lengua. Porque sabía que Peter se refería a su condición y quería luchar con aquella sensación que le decía que sonriera de vuelta. Porque en el fondo estaba mal lo que sus amigos habían hecho por él, una vocecita le decía que había traicionado la confianza de Dumbledore, pero esa voz se hacía cada vez más débil y más distante cuando veía por ejemplo lo feliz que era Peter con sus paseos, los felices que eran James y Sirius y lo feliz que era él por no tener que estar más sólo. Nunca más.

Remus sabía que sus amigos eran excelentes. Esa clase de amigos con que todo el mundo sueña pero nadie merece y él menos que nadie.


James se sentía un extraño en su propio jardín, allí parado entre tanta gente, diciéndole lo genial que había sido su padre. Un desfile de desconocidos se había acercado a darle las condolencias, hablándole como si lo conocieran, a él y a su padre. ¿Es que no entendían que quería estar solo? ¿Qué le importaba muy poco lo que pensaran de su padre? ¿Qué no quería escuchar lo agradecidos que estaban por su ayuda a la sociedad mágica?

En gran parte, los culpaba, porque no habían podido dejar de molestarlo cuando se había retirado. Porque incluso cuando su padre había enfermado, los miembros del ministerio aparecían a diario en su casa buscando consejo y ayuda. El pobre hombre merecía que lo dejaran en paz para disfrutar de su vida, ¿Es que no había hecho ya demasiado por la comunidad mágica? James estaba seguro que la cantidad de problemas del ministerio y la incipiente guerra había empeorado la salud de su padre.

Su padre siempre había creído que tenía que hacerse cargo de los problemas de otros, se preocupaba demasiado por bienestar de los demás y los miembros del ministerio no lo ayudaban a que se desligara y se preocupara por él mismo, por su salud.

Se alejó de esa gente con aversión y buscó a su madre, que se encontraba rodeada por un grupo de mujeres. Entre ella sus amigas Tessa Prewett y Miranda Growshak

Dorea Potter, se veía cansada con unas ojeras adornado sus ojos, si bien no lloraba, desprendía un dolor profundo e irreversible.

James sabía que su madre detestaba toda esta burocracia tanto como él, pero confiaba que su madre usara un poco del apoyo que le demostraban algunos de sus seres queridos.

El lugar estaba repleto de personas "importantes" aunque poco le importaran a James y Dorea.

Augusta Longbottom se acercó a él. James sabía que la señora Longbottom había enviudado hacia poco más de una semana, venir con la perdida tan reciente demostraba su auténtica preocupación.

– Señor Potter, lo lamento. – Le dijo ella solemne dándole un abrazo por primera vez en su vida.

James asintió. Sintiéndose incómodo por el título, que antes le correspondía a su padre.

– Gracias por venir, a mi madre le hará muy bien.

Ella sonrió. Pero su rostro se endureció al instante y sus ojos lucieron una fiereza que nunca había visto.

– ¡Oh no!– Suspiró disgustada.

James confuso por su actitud y se giró hacia donde ella miraba y vio como Muriel Prewett llegaba a la casa con un particular sombrero de plumas de fénix.

– Discúlpame– le dijo Augusta apretando su hombro antes de dirigirse donde se encontraba Dorea.

James se volvió a quedar solo y suspirando miró al cielo. Era un día hermoso, despejado y soleado. Tal como le gustaban a su padre. Caminó un poco alejándose de la multitud, con las manos en ambos bolsillos y la mirada al cielo.

– James. – Sirius le llamó la atención y caminó con paso apurado hacia él. – No te encontraba. ¿Quieres uno?– le preguntó acercándole paquete de cigarros.

James asintió mientras tomaba uno. Sirius lo imitó y ambos dieron una larga pitada antes de soltar el humo.

No hablaron durante un tiempo, disfrutando del silencio y de la mutua compañía. James agradecía la nueva actitud de Sirius, hablaba poco pero le hacía compañía, lo cual era un logro proviniendo de él. Casi sonrió al pensar en él como un perro guardián.

– Hola James. – Fank Longbottom se había acercado a él y sin decir nada más le dio un sorpresivo abrazo. Sorpresivo porque si bien conocía bastante a Frank, nunca habían sido amigos. Pero ahora, había algo que los unía más allá de la amistad de sus padres, el entendimiento, porque nadie podía entender tanto a James como Frank Longbottom.

– Sirius. – Saludo el recién llegado con una inclinación de cabeza. Se estrecharon las manos.

Frank era unos dos años mayor, habían pertenecido a la misma casa en Hogwarts y se conocían desde hacía tiempo porque su padre Robert Longbottom había sido el mejor amigo de Dorea Potter.

Aunque no habían sido particularmente confidentes, Frank que había sido prefecto y premio anual, solía hacer la vista gorda a sus travesuras cuando concurría a Hogwarts. Según los merodeadores Frank había sido el mejor prefecto que había pisado el colegio.

Sirius le ofreció un cigarro y los tres comenzaron a fumar en silencio. La presencia de Frank Longbottom no importunaba a James de la misma manera que el resto de los invitados. Tal vez porque Frank había pasado por la misma situación hacia poco más de una semana o por que como había pensado antes él era quien más entendía lo que le sucedía.

Le preguntaron sobre Alice, su novia de la escuela, ellos habían estado juntos desde que James podía recordar. Alice le caía muy bien y de hecho a ella la conocía mucho mejor que a Frank, había sido la capitana del equipo de quiddicth hasta el año pasado y una excelente buscadora que dudaba poder reemplazar.

Ambos habían iniciado la carrera de aurors en el ministerio.

– ¿Habéis leído el profeta?– Susurró Frank luego de unos minutos de silencio.

– ¿El profeta? ¿No lees la gaceta?– se sorprendió Sirius frunciendo el entrecejo.

– Leo ambos. Supongo que no entonces. – les dijo él con una mueca.

– ¿Te refieres a la ley de permisibilidad absoluta?– James lo miraba con el cigarrillo en la mano y expresión ausente.

– Si… ¿Cómo sabes?– Le preguntó Frank confuso y curioso.

– Mi padre era uno de los principales oponentes, es desagradable saber que varias personas aquí están, en el fondo, agradecidos que murió. – Murmuró pateando una pequeña piedra cerca de su zapato, que chocó contra el cerco del jardín.

– Ahora que no está, sólo Dumbledore se opone. – Le aclaró James luego de un pequeño silencio.

– ¿Qué están planeando los aurores?– inquirió Sirius con curiosidad a Frank, puesto que él había empezado con su carrera de auror al salir del colegio.

– Los aurores no tienen nada que ver, esto viene desde el departamento de ley mágica, aunque Barty Crouch es quien está impulsándola.– Suspiró Frank bajando un tono de voz– Te aseguro que si Barty logra que se apruebe esta ley, empezará a impulsar más medidas parecidas y si tiene el apoyo…

– Si será como apagar fuego con fuego. – Suspiró James, recitando lo que le había dicho su padre, cuando le explicó por qué se oponía a la ley.

– Comenzará la guerra de verdad. La ley de Barty es una declaración de guerra. – Aseguró Frank con expresión sombría.

Alguien les chistó desde atrás. Los muchachos se giraron y vieron a un hombre, con mirada feroz, pelo rubio y con un par de cicatrices que le daban un aspecto temible.

James lo reconoció: era Moody el nuevo jefe de aurores. Lo miró con cierto rencor y desagrado, puesto que Moody era uno de los que solían pedir consejo de su padre.

– No deberían hablar tan libremente. – les dijo con enojo. – está lleno de gente.

Frank se ruborizó al instante claramente incómodo. Pero James y Sirius eran inmunes a los regaños.

– Es el funeral de mi padre, creo que puedo decir lo quiero. – Escupió James dejando salir un poco del enojo que sentía, pero sin ser del todo mal educado.

– Eres un tonto entonces, los confiados mueren primero. – Respondió Moody con sinceridad. Para todo aquel que lo conocía, sabía que Moody carecía de filtros y tacto. Pero James no se encontraba entre ellos.

Por tanto James quedó impactado unos instantes y seguramente iba a responderle cuando alguien apareció.

– ¡Alastor! Deja de asustar a los jóvenes. – Le reprochó un hombre pelirrojo y poblada barba, era el mejor amigo de su padre.

– Deben aprender a ser más prudentes Septimus– Suspiró el hombre con cansancio y James de pronto dejo de ver la apariencia de lobo que poseía Moody para ver simplemente el semblante de un hombre cansado y preocupado.

Septimus Weasley sonrió apaciguador.

– Moody tiene razón muchachos hay algunas cosas que es mejor hablarlas cuando estén solos. – hizo una ligera inclinación de cabeza, casi imperceptible, pero que los tres entendieron al instante. Estaba señalando el lugar donde se encontraba Barty Crouch, junto con su esposa y su hijo.

James asintió, seguramente porque Septimus Weasley era una persona que le recordaba a su propio padre.


Dorcas había sido retirada de Hogwarts por su padre junto con su hermano para asistir al funeral del señor Potter. Los tres Meadowes llegaron con caras tristes pero ninguna comparada con la del padre, que había sido un Auror entrenado por el propio Charlus y lo quería como a un hermano mayor.

Dorea que se encontraba con varias mujeres pero con expresión ausente. Una de ellas: Tessi Prewett se había acercado con una bandeja de plata y varias tazas de rica porcelana con humeante té.

– Dorea, lo siento tanto. – Murmuró el señor Meadowes abrazándose a la mujer. Dorcas y Connor hicieron lo mismo luego de su padre.

– Gracias por venir Alistair. – Expresó la mujer con sinceridad– Connor, Dorcas, James esta fuera.

Dorea les agradeció con una mueca que intentaba ser una sonrisa y volvió a fijar su vista en el té, con cansancio.

Había perdido a su mejor amigo y su esposo en menos de dos semanas. Pero cuando se está en la de edad de alguien como ella uno sabe y se espera estas cosas. Ella siempre supo, desde que su marido había enfermado que sería quien tendría que continuar sola.

Pero saberlo no lo hace más fácil.

De ningún modo.

Sin embargo Dorea era una mujer fuerte, por lo tanto no lloraba. Solo aferraba su taza de té. Como si esta fuera un pilar donde mantenerse firme.

Alistar se quedó hablando con las mujeres hasta que se fue a saludar a Moody. Donde se encontraban también casi todo el cuerpo de aurores.

– Dorea querida– Muriel se había acercado a ella y la beso en ambas mejillas antes de abrazarla, se retiró un poco y la evaluó unos instantes con su mirada de arpía antes de añadir. – ¡Pero qué tranquila que estas! ¡Ni una lágrima!, pareciera que las cosas no estaban muy bien entre ustedes ¿No?

– ¡Muriel!– Le reprochó Tessi dejando caer una taza al suelo y fulminando a su hermana con la mirada.

– No te preocupes Tessi– La tranquilizó Dorea con una mueca.

Muriel miro a su hermana y realizó un rápido encantamiento arreglando el desastre.

– No te había visto Tessi, tan torpe y transparente como siempre.

– ¿Algún problema?– Preguntó con rudeza Augusta, llegando a la escena. Mirando con preocupación a Dorea y Muriel.

Muriel las evaluó a todas unos instantes.

Abrió la boca, seguramente para criticar el horroroso sombrero con el cuervo disecado que llevaba Augusta o el chal con brillos que llevaba Miranda Growshak. Pero Dorea se le adelantó.

– ¿Por qué lo preguntas Muriel? ¿Alguna vez se murió un esposo tuyo?– Dorea mantuvo una actitud inocente tan bien como pudo.

Si Muriel creía que podía venir a hacerla sentir peor, se había equivocado de persona. Después de todo ella era una Black y las dos podían jugar el mismo juego.

– Ella no está casada– Dijo Tessi burlona, contenta por devolverle a su hermana un poco de su propio veneno. – ni lo estuvo nunca.

– Ho– Dijo Muriel fingiendo sorpresa y abriendo los ojos bien grandes– ¿Te has casado Tessi y no me lo dijiste?

– ¡No! claro que no Muriel– Miranda rio como si ella hubiera dicho algo muy estúpido.– Te lo explicaré bien simple para que entiendas: Tessi no comprende a Dorea porque nunca se casó, y tú tampoco. ¿Sabes que es mejor no hablar cuando una no entiende del tema?

La voz condescendiente pero mordaz de Miranda terminó por aturdir a Muriel que se encontraba atacada por su propia varita o como los muggles suelen decir por haber recibido un poco de su propia medicina.

– Soy mucho más grande que todas ustedes, creo que entiendo muy bien las relaciones humanas. – les frunció la nariz ofendida y elevó el mentón.

Dorea rió tan falsa y tan secamente que parecía la risa de un extraño.

– Me temo Muriel, que por más que creas saber lo que es perder a tu esposo, nunca lo entenderás. Apreciaría que me ayudaras a llevar mi pena sin tu presencia y tus comentarios fuera de lugar. Es muy triste ver como cuestionas desde la ignorancia.

Dorea había dejado salir su enojo como una autentica Black, sin gritos, sin perder los estribos, sólo con un tono de voz tan amenazante, glacial y despectivo que estaba segura que Muriel hubiera preferido que le gritara.

– ¡Son unas maleducas! Deberían respetar más a sus mayores– Les dijo Muriel antes de partir despotricando hacia ellas con la poca dignidad que le quedaba, apretando tan fuerte su sombrero de plumas de fénix que una se desprendió y voló tras ella como un sirviente sumiso.


Mary y Lily se dirigían a la biblioteca a devolver unos tomos. El sol intenso penetraba en el castillo por los alargados ventanales.

Las luces se reflejaban en el pelo de Lily encendiéndolo como si fuera una antorcha.

– ¿Te preocupa algo Lily?

Ella la miró y le infundió una sonrisa tranquilizadora, en realidad no quería confesarle sus oscuros pensamientos sobre la guerra y su reciente decisión de actuar defendiendo sus derechos.

– No es nada.

Mary la miró con vacilación, dudando si preguntarle nuevamente o no. Tenía su coleta algo suelta sobre uno de sus hombros y arrugó su nariz mientras decidía.

Pero no preguntó más. Mary era muy respetuosa de la privacidad de los demás. A diferencia de todos sus amigos y de ella misma. Tal vez por eso Mary era su mejor amiga.

Mary se movía con facilidad en la biblioteca. Aún más que Lily, puesto que pasaba muchísimo tiempo en ella. No era particularmente aplicada pero le gustaba leer y al venir de orígenes muggles como ella, ambas encontraban la biblioteca maravillosa. Allí podían encontrar todo lo que no sabían sobre su nuevo mundo.

La señora Pince examinó los libros devueltos con ojo crítico desde su ornamentado sillón. Las miró con frialdad sobre sus anteojos dorados y les indicó con la mano que marcharan de su vista.

– Dorcas se ha ido hace un rato– le dijo Mary que se había detenido ante una estantería cerca de la puerta de entrada.- ¿Crees que volverá antes de la primera clase del lunes?

– ¿Ido?…– Lily la miró sorprendida, puesto que significaba que su padre la había sacado del colegio. Una costumbre común en los tiempos que corrían, los padres se asustaban y preferían a la familia unida o incluso muchos se marchaban del país. Pero ¡¿Cómo podía ser que Dorcas no se despidiera siquiera? A no ser que…– ¿Le pasado algo a alguien?

Lily espero la respuesta preocupada.

– Ya sabes… al señor Potter. Su padre ha venido personalmente a buscarla porque hoy es el funeral. – Le dijo Mary con tono grave.

Lily lejos de suspirar aliviada por su amiga, compuso una mueca. No sabía exactamente como expresar sus sentimientos. Pero inevitablemente pensó en Potter y por un segundo sintió una desagradable sensación en su estómago al recordar sus ojos.

Mary se estiró tomando uno de los tomos de la enorme estantería.

– Aquí está– dijo apretándolo contra su pecho y girándose hacia su amiga– Al final no me contaste lo que dijo Marlenne de la primera clase de Defensa contra las artes oscuras…

– Pues no me dijo mucho, sólo que era mucho mejor que Perkins, tendremos que esperar hasta mañana y verlo nosotras mismas…Al igual que con Dorcas.

No dijeron más puesto que la señora pince las miró mal al ver que estaban hablando. Mary firmó para retirar el libro y se marcharon con rapidez, para no perder unos buenos lugares cerca del lago de Hogwarts, donde se encontrarían con las demás.


Dorea Potter sonrió cuando llego el individuo. Era el primer miembro de la familia que aparecía y estaba segura que sería el único.

Pólux solo le había enviado un ramo y sus condolencias, junto con su esposa. Su sobrina Walburga había hecho lo propio, tal como correspondía la etiqueta. Su primo Arcturus se encontraba en Francia, y claramente no vendría por la muerte de Charlus Potter, aunque su esposa Melania se había contactado con ella personalmente por chimenea. Cassiopeia había enviado a su elfo con una escueta y nada formal carta que decía que no podría concurrir para alivio de Dorea. Ya que los comentarios y actitud de su hermana eran aún peores que los de Muriel Prewett.

Se abrazó con fuerza a su nuevo invitado. Hundiendo su rostro en el pecho de él.

– Hermana, lo siento mucho. – Marius el squib Black, era como lo llamaban pero para Dorea era Marius: su hermano favorito.

Dorea se abrazó a él agradecida. Marius había tenido una vida difícil pero por alguna razón siempre termina consolándola a ella, la que había cumplido con todas las expectativas de una Black, la que era una excelente bruja, mientras él era un squib repudiado y exiliado. La que se había casado a diferencia de su hermana Cassiopeia y con nada menos que un sangre pura.

Si bien la familia Potter no era del agrado de los Black su madre había reconocido que ella era prácticamente un caso perdido, todos esperaban que quedara soltera y no produjera descendencia. Su romance y casamiento con el señor Potter había sido tan tardío y en un momento donde a nadie le importó que Charlus Potter tuviera las ideas un poco raras para ser sangre limpia.

El nacimiento de James fue bastante milagroso también. Tessi Prewett solía decir que ese niño estaba destinado a nacer porque sería un buen mago, pero Dorea sabia diferenciar a una verdadera vidente de una madrina babosa.

– Gracias por venir hermano. – Ella se abrazó tan fuerte que estaba segura que podría romperle una costilla.

Pero Marius no se quejó, nunca lo hacía. Era tan injusto que el bueno, el sabio de Marius hubiera sido repudiado de esa manera.

– ¿No han venido…?

– No. – Respondió ella sabiendo muy bien a lo que se refería y sin soltarse de él.

– ¿Cómo esta James?

Dorea se separó.

– Esta con sus amigos. Creo que por el momento es mejor dejarlo con ellos.

– ¿Quieres que me quede Dory?– Preguntó su hermano con una mirada amable.

– Por favor. – le pidió ella y se dirigió a la cocina a prepararle un té sabiendo que nunca iba a poder devolverle a su hermano todo lo que hizo y seguía haciendo por ella. Porque Marius el squib, a quien ella debía consolar siempre terminaba consolándola a ella.

Marius era un auténtico Hufflepuff y Dorea se encontró de pronto imaginando que si su hermano hubiera asistido a Hogwarts se hubiera enamorado de Tessi. Después de todo no encontraría a nadie mejor que la buena y Hufflepuff Tessi para su hermano.

Dorea se encontraba sonriendo un poco con dos tazas en la mano, cuando alguien más apareció.

Tenía el cabello entrecano, pero se mantenía con una belleza varonil y una actitud tan juvenil que le quitaba varios años de encima. Alphard Black parecía una versión aneja de su sobrino Sirius.

– Tíos. – les dijo llamando su atención para estrechar la mano de Marius y luego abrazar a su tía. – lo siento Dorea.

– Gracias Alphard.

– ¿Nadie más ha…?

– No– Dorea sabía que su sobrino se refería a la familia Black.

A pesar a que ella no había sido eliminada del tapiz no era tampoco del agrado de su familia. Cuando era niña, pese a ser Slytherin, su familia no estaba muy contenta con sus amistades.

– "¡¿Cómo que tu mejor amiga es una Hufflepuff?" "Deberías escuchar más a tu hermana Cassiopeia y juntarte con gente de tu propia casa."

Pero Dorea era un poco más rebelde de lo que le gustaba admitir a su familia. Sus mejores amigos eran una Hufflepuff, una Ravenclaw y un Gryffindor. Los nuevos fundadores llegaron a ser llamados en sus años en Hogwarts. Los inseparables Tessa Prewett, Miranda Growshak, Robert Longbottom y Dorea Black.

Por suerte para su familia era todos sangre limpia y no porque a Dorea realmente le importara, sólo se había dado la casualidad que las personas que quería, lo eran.

Crecer como una Black había sido difícil, pero Dorea siempre había tenido suerte de no importunar demasiado a su familia. A diferencia de Marius que no había corrido con la misma suerte o el pobre Sirius. Además ella había tenido como recompensa a Charlus y James, las luces de su vida.

Allí en la cocina, Dorea miro a su hermano y su sobrino, unos de los pocos y decentes Blacks que habitaban en el mundo y la única familia que todavía la apoyaba. Su primo Arcturus también podría considerarse decente, aunque fomentara algunas ideas retrogradas, Dorea sabía que su hija estaba muy bien educada y que había sido Ravenclaw, casi podrías dudar que era una Black, la niña carecía de ideas raras como las hijas de Cygnus y Druella y de la maldad horrorosa de personajes de su familia como su sobrina Walburga.

Allí en su cocina Dorea miró a las otras ovejas blancas de su familia y lloró, todo lo que no había llorado mientras velaban a su esposo, todo lo que no había llorado mientras estaba con su hijo, todo lo que había aguantado estos últimos días y ninguno dijo nada hasta ella terminó.

Delante de ellos podía permitirse ser débil, como lo había hecho con Tessi y como no podía serlo con James.


James, Sirius, los recién llegado Peter y Remus, Dorcas y su hermano Connor y por último Frank Longbottom, se encontraban alejados de los adultos leyendo con disimulo la nueva edición de la gaceta que había traído Remus.

Esta vez la edición se encontraba camuflada en la revista "corazón de bruja". Cualquiera que los viera leyendo no dudaría que los jóvenes estaba leyendo un artículo interesantísimo titulado: "Descubre: ¿Eres frío o tienes el corazón peludo? Una autoayuda para el amor".

Ilusos.

IMPULSO DE LA LEY 22.240 ¿HASTA DONDE LLEGARÁ LA VIOLENCIA?

Gracias a las acciones del honorable Bartemius Crouch (ver página 13) queremos informales la verdad tras lo que se dice. El presente proyecto de ley faculta varias violaciones a los estatutos de derechos de presunción de inocencia. Bartemius asegura que es hora se les devuelva el golpe a los ahora llamados Mortifagos (ver página 22) su discurso esta misma mañana no ha sido transmitido por las diales mágicas. El ministro se niega a hacer declaraciones sobre esta aparente censura, pero nos asegura que está trabajando para la defensa y mejora de seguridad mágica. Bartemius Crouch no sólo se ha opuesto a las medidas del ministro Eldritch, ha catalogado a los aurores como faltos de experiencia y se ha quejado de la incapacidad del jefe de aurores de recibir órdenes de superiores.

Moody no ha querido dar declaraciones, pero uno de sus aurores ha admitido que Bartemius y el jefe de aurores han mantenido una larga discusión el día viernes en su despacho. Moody parece negarse a la aplicación de la ley si entra en vigencia. La cual facultaría a los Aurores a realizar las maldiciones imperdonables a cualquiera que lleve una máscara.

¿Cuál es la verdad detrás de los hechos? ¿Vamos a permitir la posible matanza de inocentes para combatir al que no debe ser nombrado? ¿Cómo podemos estar seguros si apoyamos esta ley que no seremos asesinados por esta bajo el maleficio imperius? ¿Seremos capaces de pagar el precio de la violencia?

– Franciss Blake La gaceta diario.

– ¿Frank tú has escuchado a Moody hablar sobre esto?– Le preguntó Connor Meadowes.

– No, apenas estoy empezando el curso de preparación no me dará clases hasta dentro de unos meses, pero no es un secreto que Moody se mantenga firme a la prohibición de las imperdonables. Los rumores corren y hay muchos que apoyan a Barty.

– Pues creo que me quedo del lado de Moody. Matarlos es rebajarse a su nivel. – Les dijo James fumando su quinto cigarro.

– Bueno yo no estaría tan seguro, si es en defensa propia…– Suspiró Sirius metiéndose la manos vacías en los bolsillos– o de alguien más.

– Es macabro, podría ser cualquiera– Dorcas se estremeció de sólo pensarlo– piénsenlo: cualquiera puede ser obligado a llevar una máscara.

– Incluso un muggle– Murmuró Remus desde la derecha, su expresión era más sombría que de costumbre. – Sobre todo un muggle. No pueden defenderse del imperius sin habilidades mágicas, no es sólo cuestión de voluntades.

Remus siempre era capaz de ver verdades algo ocultas para otros, las miradas horrorizadas de sus amigos le indicaron que era el único que lo había pensado.

Sirius dejó escapar algo que podría ser una risa amarga.

– ¿Sabes? Deberías ser profesor Moony. Eres jodidamente profundo y perspicaz.

Su amigo rodó los ojos. Aunque el comentario de Sirius había sido capaz de hacer sonreír a más de uno y romper la horrible tensión.

Peter todavía lucia preocupado cuando todos lo miraron buscando su opinión.

Él se encogió de hombros sin saber que decir.

Una ráfaga de viento pasó sobre ellos, girando las páginas del diario con violencia y todos miraron al cielo buscando una respuesta, pero allí no había nada.


– ¡Es una locura!– Se quejaba Lily indignada mientras leía el artículo en la gaceta.

– Ya Lily– la tranquilizó Mary. – Mira aquí dice que sólo está impulsándola. – le dijo ella señalando el exacto lugar.

– Ya lo sé– Bufó ella. – Pero Mary, estoy segura que ese sujeto logrará ponerla en vigencia.

– Es cierto, la gente está asustada. Cuando la gente se asusta ocurren estas cosas.– Les dijo Marlenne por encima de su propio artículo.– pero hay que esperar, tal vez no consiga todo el apoyo que necesita, por lo que dice el artículo, Bartemius Crouch se ha ganado dos buenos enemigos, Moody y Eldritch.

– Creo que los aurores tienen derecho a usar los maleficios. – les dijo Emmeline que se encontraba acostada en el pasto.

– ¿Estás loca? Podría ser cualquiera bajo la máscara, podría estar bajo un imperius.

– Sí, pero aunque este bajo un imperius es potencialmente peligroso. Y siendo sincera creo que los aurores están en desventaja… debe ser muy fácil atrapar a alguien sin lastimarlo mientras intenta matarte.

Lily inspiró y dejo salir el aire lentamente

– ¿Entonces quieres que pierdan su humanidad, rebajándose a ser unos asesinos como los mortifagos?

Emmeline soltó un soplido.

– ¿Su humanidad?… podrían perder su vida Lily.

Lily la miró ofendida.

– Sólo digo que no me parece mal que si los aurores quieren tengan la posibilidad usar los maleficios imperdonables, sólo ellos, que son los que se juegan la vida cada día por nosotros. Porque claramente están en gran desventaja lanzando aturdidores contra crucios. – le dijo Emmeline tratando de apaciguarla.

– Puede que tengas un punto. Si desconfiáramos de los aurores y de su juicio estamos perdidos. – Accedió Lily poco convencida.

– El punto es si esta ley es sólo el comienzo de Barty Crouch. – Les dijo Marlenne apoyando su cabeza en el árbol que tenía detrás.


Esa noche comieron en la casa de los Potter más personas de las habituales. A los habituales James, Dorea y Sirius se les unieron Marius, Alphard, Tessi, Septimus y Harfang Longbottom.

Los últimos invitados que por amor a Charlus o Dorea no había podido retirarse.

Dorcas, su hermano Connor, Remus y Peter habían vuelto al colegio con McGonagall y Dumbledore, pese a las quejas y deseo de quedarse.

Frank y su madre se habían despedido, pero su tío Harfang había sido junto con Septimus Weasley el mejor amigo Charlus y le fue imposible retirarse.

Miranda, Alistair Meadowes, Moody, Dumbledore y McGonagall no habían podido quedarse por su trabajo.

La mesa rebosaba de comida que había preparado Bipa la Elfa de la casa Potter. Aunque nadie estaba a la altura del apetito. Septimus y Harfang bebían de un excelente vino con expresiones algo amargas.

James y Sirius sin que Dorea lo notase, se habían servido sendas copas de aquella bebida.

La sala rebosaba de un ambiente cálido y familiar, pero carecía de felicidad.

– ¡… resultó ser que ellas eran mitad Veela!– Alphard se encontraba entusiasmado contando la historia de su último viaje. – Mi viaje pasó entonces de ser un desastre a convertirse en algo mucho más divertido…

– ¡Alphard!– lo retó Dorea frunciendo el ceño.

James y Sirius sonreían sin poder evitarlo, tal vez a causa del vino francés.

Alphard puso su expresión más inocente antes de continuar.

– Me llevo en total varios días pero logre localizarlo: el castillo de Vlad. – Alphard negaba con la cabeza y levantó su copa antes de añadir– tienen que ir algún día muchachos es bellísimo. Casi tanto como Hogwarts.

– ¿Por qué te llevo varios días? Yo fui una vez y es muy fácil encontrarlo– Tessi entornó los ojos confusa– Está todo señalizado.

– Bueno Tessa, cuando viajas con una troupe de veelas en un carro tirado por caballos es un poco difícil no perderse con tantas curvas. –Le dijo él elevando las cejas.

James y Sirius se miraron y sonrieron aprobadoramente, Harfang y Septimus sonrieron un poco más disimuladamente y Marius tan solo esbozó una sonrisa torcida.

Tessi enrojeció al entender a lo que se refería.

– Bueno basta de contarles a los menores tus viajes Alphard– Le dijo Dorea con expresión seria pero que intentaba ocultar una sonrisa.

James y Sirius bufaron pero Dorea zanjó el tema con severidad y se callaron cuando Alphard les guiñó un ojo mientras Dorea se giraba para hablar con Tessi. Ya se enterarían después.

La cena había terminado y Bipa les había servido un postre.

–…recuerdo aquella vez que Charlus se perdió tomando el traslador equivocado para terminar en Transilvania…– Decía Harfang negando con la cabeza.

– Eso no fue nada… ¿Recuerdas cuando descubrieron que fuimos nosotros los que encantamos la entrada de sala común de Slytherin?– Septimus sonrió recordando la anécdota. – Fue excelente verlos a todos la mañana siguiente empapados y sin poder secarse…

Dorea y Alphard les hicieron señas desaprobadoras. Ambos habían sido dos Slytherins orgullosos.

– Nunca vi al director Dippet tan enojado como aquella vez. Aunque, mejor me retracto, la peor vez fue cuando tu padre– dijo Harfang mirando exclusivamente a James– dio sus exámenes T.I.M.O.s.

– ¿Qué? ¿Por qué?– James abrió los ojos sorprendido, no podía imaginarse una razón por la que el director se enojara con su padre durante los exámenes.

Septimus rió con voz clara y melodiosa rememorando la situación en su cabeza.

– ¿Hizo trampa…?– Preguntó James ya que no se le ocurría otra razón.

– No, no, nunca lo hubiera hecho…– Harfang hizo una pausa para mirar como Septimus se reía tomándose el estómago y enjuagándose una lágrima. El hombre sonrió antes de continuar– tu padre tenía algo así como un Archienemigo, la cuestión es que esta persona le puso veritaserum en su jugo de calabaza antes del examen.

– Charlus, no se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde… le dijo lo que pensaba a los examinadores de adivinación. – Contó Septimus sin poder ocultar la sonrisa. – Yo estaba bastante alejado, pero los gritos de la indignada profesora se escucharon como un blower en todo el gran comedor.

Harfang y Septimus se miraron con una sonrisa.

– Charlus fue el único alumno examinado que no pudo mentir, ni inventar, ni desviar la pregunta si no la sabía bien… y aun así obtuvo 7 T.I.M.O.s y una nota de Troll en adivinación… él único en la historia…

James largo entonces una carcajada, y recordó lo mal que lo había pasado en la tarde cuando todos le decían lo grandioso que era su padre, estas eran las historias que él quería escuchar sobre él, las que sólo sus mejores amigos podían contar.

Entonces notó que todos en la mesa reían con la anécdota e inexplicablemente un poco del dolor de su pecho se calmó.

Dorea sonrió mirando a su hijo y cerró los ojos un momento para pensar que esta era la forma que Charlus deseaba ser recordado.


Lejos de allí, sin el calor de una agradable cena en familia, en completa soledad se encontraba él.

El eclipse era el momento apropiado para la magia negra, era cuando ésta tomaba más fuerza y poder.

Esa era la razón para que él se encontrara descalzo frente al lago de Hogwarts. Necesitaba el último rayo de la luna y su reflejo para poder hacer su arte.

Ingreso un pie en el agua. Estaba helada.

La luna comenzó lentamente a ocultarse tras Marte.

Abrió el negro grimorio y empezó, temblando pero no de frío.

Sólo.

Como la noche.


Nuevamente si llegaron hasta acá es porque han leído el capítulo. Una aclaración sobre el mismo:

La expresión "corazón peludo" que aparece cómo tapa del diario la gaceta tendrá sentido sólo para aquellos que han leído los cuentos de beedle el bardo.

Les quiero recomendar, si es que no la han leído aún la historia de Hermione Weasley "Till death do us part", la he descubierto recientemente y debo decir que es un excelente fanfict sobre la época.

Nuevamente les pido que me dejen su opinión, es realmente importante para mi saber lo que piensan para poder mejorar o para inspirarme. Pueden decirme por ejemplo quien cree que es el que se encuentra con el grimorio en la noche, o que les parecen las actitudes de todos, en este capítulo intente desarrollar un poco más las personalidades de los personajes y sus pensamientos.

¡Si te gusta esta historia no te olvides de seguirla o agregarla a favoritos! :)

Recorda: Si dejas un review tenés más posibilidades que Sirius te haga un desayuno inglés con tus flores favoritas o de viajar en un carro itinerante con un grupo de veelas como Alphard. Tú eliges.