Disclaimer: los personajes, lugares y cualquier cosa que reconozcan le pertenecen a Rowling.

Anteriormente en cuestión de sangre: James prepara el funeral de su padre, con ayuda de Sirius, donde varios personajes importantes del mundo mágico acuden en apoyo a los Potter. Mientras que Lily llega a la conclusión que debería pelear en esta guerra. Por otro lado Crouch intenta impulsar una ley para que los aurores utilicen las maldiciones asesinas contra los mortifagos.

Capítulo III: Obsesión por el quiddicht.

Parecía increíble que recién hoy se cumpliera una semana de su llegada a Hogwarts. El gran comedor se hallaba abarrotado de bulliciosos estudiantes. Los de primero parecían como de costumbre maravillados por el castillo y sus habitantes. Los más grandes por el contrario no lucían tan contentos de comenzar una nueva semana de clases. Bueno, tal vez los Ravenclaw.

Lily se encontraba untando miel a sus pancakes mientras miraba por enésima vez su nuevo horario. Con una muy adormilada Dorcas a su derecha y una malhumorada Emmeline a su izquierda, Mary frente a ella sostenía el profeta con una mano y con la otra su taza de té con su tranquilidad innata.

—Odio las mañanas. — Murmuró Emmeline con la cabeza enterrada entre los brazos, protegiendo sus ojos de la luz matutina— odio los lunes.

Lily rodó los ojos, Emmeline amaba la exageración. Mary simplemente sonrió tras su taza de té.

—Vamos Emmy, hoy será divertido— La animó Lily enseñándole el horario. — tendremos nuestra primera clase de DCAO con el profesor Fenwick.

—Después de cinco años con profesores nuevos, defensa dejó de ser una novedad. — dijo la aludida alzando su rostro con aburrimiento para mirar el horario. – Además ¿Qué me dices de pociones dobles con Slytherin?… lo siento suelo olvidar que te gustan todas las materias.

Lily volvió a rodar los ojos y luego le sacó la lengua antes de continuar con su desayuno.

—No entiendo porque tomaste esa materia si la detestas tanto.— Le respondió Dorcas con la nariz hundida en su taza de café y con mejor color en sus mejillas luego de su primer dosis de cafeína diaria.

—Tienes razón, no la detesto…— le dijo Emmeline volviendo a hundir su rostro bajo la protección de sus brazos. —Pero odio Historia de la magia. ¿Alguien me recuerda que estaba pensando cuando tomé esa materia?

—Querías estudiar leyes mágicas. —Le respondió Dorcas con diversión. — ¿No lo recuerdas?

—Ha… cierto. ¿Podrían matarme la próxima vez que se me ocurra algo así?— Dijo ella con hastió.

Sus amigas asintieron con energía.

—Mejor no. — Corrigió ella al instante— No me gusta cuando se ponen en plan macabro.

Mary y Dorcas rieron, pero Lily ya no las escuchaba. Unas alumnas de quinto habían llamado su atención con risitas tontas y fuertes. Estaban señalando sin disimulo alguno a unos asientos de distancia con absoluta insolencia.

La razón: una muchacha de Ravenclaw se había acercado a la mesa de Gryffindor y sentado junto a la pequeña hermana de Marlenne. La chica, de pelo enmarañado y rubio era por decirlo de alguna manera: Extravagante. El día de hoy lucía medias a rayas de distinto color que sobresalían de su uniforme. Tanto su aspecto como varias situaciones de su vida eran tema común de burlas para los alumnos de Hogwarts.

Lily la miró expectante, ella sabía lo que ocurría a continuación y escucharla era uno de sus entretenimientos diarios.

—Unas pestañas tan largas que me permitan volar con sólo pestañar. — Dijo la extravagante alumna a nadie en particular, pero Erin McKinnon a su lado la contemplaba completamente girada hacia ella sin probar bocado de su desayuno.

Erin parecía prestar atención solamente a la Ravenclaw, aunque Lily captó la mirada cargada de furia que les dirigió a las muchachas de quinto que se reían de su amiga cuyo nombre era: Helia.

—Una caída hacia arriba, un romance entre el calamar gigante y una flor. — La muchacha rubia continuaba sumando con sus dedos cada una de sus frases.

Helia de detuvo y miró atentamente a su compañera, no hacía falta que preguntara nada porque Erin sabía lo que tenía que hacer.

— ¿Una aparición completa en dos lugares diferentes?— preguntó la Gryffindor indecisa. Pero Helia asintió y contó con sus dedos cuatro en total.

—Un rio que corre al revés, un fantasma corpóreo, una banshee afónica. —Las ideas brotaban de la chica con absoluta naturalidad.

— ¿Un castillo que baila canciones?— Preguntó Jack Bones que se había acercado a ellas y sentado a su lado. La Ravenclaw asintió aprobando su frase. — ¿Por qué traes medias diferentes Helia?

—Un libro que cuenta la historia completa de un mundo. — Continúo ella sin responder la pregunta de su amigo.

Lily solía escucharla todas las mañanas que podía y varias veces se encontró a si misma intentando de hacer su lista de diez cosas imposibles antes del desayuno. Pero no tenía caso, carecía de esa desbordante imaginación que poseía Helia, su lista no llegaba a más de tres y le costaba horrores elegir cosas originales.

Los ojos azules de Helia la encontraron observándola y Lily se sonrojó al ser descubierta curioseando, pero la muchacha simplemente le sonrió con calidez como saludo y la pelirroja le devolvió el gesto con timidez antes de desviar su mirada.

Una vez que Helia Greene, mejor conocida como Helia mala suerte, hubo terminado su listado de diez cosas imposibles comenzó a desayunar haciendo torres de pan y muñecos con malvaviscos. Volviendo a atraer miradas y risitas por su comportamiento.

— ¿Han vuelto a robarse tus cosas no?— Preguntó con enojo Jack Bones, el hermano pequeño de Amelia, llamando nuevamente la atención de Lily.

—No es nada Jack— lo tranquilizó la niña sin mirarlo a los ojos. — no me molesta.

Pero Jack y Erin le hicieron una mueca que daba a entender que no estaban conformes.

—No se preocupen, de verdad no me molesta— hizo una pausa y luego añadió con insistencia levantando sus piernas para que sus coloridas medias quedaran a la vista— además, me gusta el rojo y el azul, es como Ravenclaw y Gryffindor.

Erin hizo una mueca indescifrable para Lily y Jack bufó visiblemente enojado pero dejo el tema.

Lily se enojó también. Era ridículo lo que los alumnos le hacían a Helia, puesto que no tenía ni sentido hasta para los magos más supersticiosos. Había una creencia entre los alumnos de Hogwarts que decía: Por cada cosa que le robaras a Helia mala suerte, tu propia suerte aumentaba. Lily bufaba cada vez que alguien creía cosas de ese estilo. ¡No había forma de robarle la suerte a alguien y menos por quitarle sus cosas! Pero los alumnos eran crueles y era común que le sustrajeran sus pertenencias con la absurda idea de robarle su suerte.

Sin embargo había algo que ni siquiera la cerebral Lily podía negar y es que Helia solía estar siempre en el lugar equivocado en el momento equivocado, aunque la pelirroja se negaba a creer que la muchacha estaba maldita de alguna manera con mala suerte. Muchos aseguraban que si lanzabas un hechizo al aire en el gran comedor, le daría a Helia.

Irónicamente, por suerte la infortunada Helia había conseguido buenos amigos que estaban muy lejos de creer ese tipo de estupideces y la defendían contra sus atacantes.

Eran un grupo de amigos, casi tan conocido como el de los merodeadores. En la escuela los llaman los excéntricos, aunque a diferencia de los merodeadores este nombre no era una auto denominación, sino un sobrenombre que pretendía ser insultante.

Los amigos de Helia mala suerte tenían una reputación tan mala como la de la ella, bueno tal vez exceptuando a Erin McKinnon. Jack Bones era conocido como el drogadicto del colegio (fuera verdad o no, los alumnos no se tomaban el trabajo de comprobar los rumores), Hestia Jones era conocida por su violencia poco femenina y sus manifestaciones fuera de lugar y por último los comentarios sobre Erin no eran absolutamente ofensivos, pero ella detestaba ser conocida como "la niña" puesto que era menuda para su edad y con apariencia de un pequeño animal.

—Lily. — Dorcas le tomaba el hombro sacándola de su ensoñación— Ya empieza la clase.


Remus y Peter se sentían extraños, si bien no era la primera vez que acudían los dos solos a clase sin Sirius y James. Esta vez era distinto, porque sus amigos no se habían escapado de clase para hacer una travesura o simplemente para vagabundear por el castillo, esta vez James estaba sufriendo y por alguna razón su corazón les decía que su lugar era junto a él. Estar juntos era algo tan natural para ellos que en estos momentos se daban cuenta que su amistad no era una simple amistad, eran más que hermanos, algo más complejo y único ellos eran: Una manada.

Peter además, extrañaba las irresponsabilidades de sus amigos. Estar sólo con Remus, siempre significaba menos de desayuno y snap explosivo y más puntualidad en clase y horas de biblioteca.

Por esa razón ambos se encontraban dirigiéndose al aula con varios minutos de anticipación. Era la primera vez, desde que llegaron a Hogwarts que habilitaban dicha habitación para una clase, durante todos esos años había estado cerrada mágicamente y sabían que ni siquiera peeves podía entrar.

El aula era un amplio salón con grandes ventanales, algunos de ellos decorados con vitrales coloridos de los fundadores y parte de la historia de Hogwarts, del lado opuesto descansaban unas brillantes armaduras decoradas con animales, cascos con cuervos, espadas con empuñaduras de rubíes, escudos con plateadas serpientes, corazas negras con tejones, manoplas con garras doradas.

El techo abovedado, estaba pintado con un estilo realista y en movimiento de una batalla entre magos y trolls.

La habitación era tan grande que los pupitres ocupaban un lugar muy reducido frente al escritorio del profesor. Aquel lugar no había estado diseñado para el estudio.

Lupin notó entonces que detrás del escritorio del profesor se encontraba un gran cuadro, vacío.

—Es enorme ¿Para qué crees que usaba este salón?— Pregunto Peter admirando una de las armaduras.

—No tengo la menor idea.

Los alumnos fueron llegando uno a uno admirándose en menor y mayor medida por la exquisita decoración del salón, muy distinta al frio estilo del resto del castillo.

Remus se ubicó en un pupitre cerca de los ventanales y admiró el lago y los alrededores del bosque, la vista de aquel lugar no tenía nada que envidiarle a la torre de astronomía.

—Vamos muchachos todos dentro. — Murmuró el joven profesor desde la puerta del aula, apurando a los últimos alumnos que seguían en el pasillo.

—Buenos días a todos, como ya saben soy el profesor Benjamín Fenwick— Dijo apuntando al pizarrón con su varita para escribir correctamente su apellido. Era joven, llevaba el pelo corto y aunque no era muy alto tampoco era pequeño, de anchos hombros y buena complexión. –Espero que estén preparados para la clase más práctica de su vida.

Sonrió de lado antes de continuar, disfrutando de las caras confusas de los alumnos.

—Guarden todos sus libros y plumas, no las necesitarán. — Moviendo las manos hacia arriba añadió— Arriba, tampoco necesitaremos estos pupitres.

Los alumnos se miraron extrañados entre ellos unos instantes antes de obedecer, observaron sorprendidos como el profesor alzó la varita acomodando todos los pupitres en un pequeño rincón del aula.

—Acomoden sus mochilas y demás por allí— ordenó señalando el mismo lugar donde había acomodado las mesas, el hombre poseía una voz dura y mandona, pero jovial al mismo tiempo.

Una mano se alzó en el aire.

— ¿Si, señorita…?

—Bones, Amelia. — Se anunció la pelirroja con voz clara y segura. — ¿Haremos duelos profesor?

—Algo parecido, esta clase pretende enseñarles a actuar bajo presión. Quiero que aprendan a actuar en situaciones límite, a tomar rápidas decisiones y por sobre todo a tomar las correctas— Hizo una pausa tomando una de sus notas de clase y añadió con voz aburrida— no quiero que me enumeren los rasgos de los gigantes o las características de un Lethifold, según me informaron llevan 5 años haciendo eso.

Dejo la carpeta sobre el escritorio que hizo un suave ¡plaf! al caer sobre la madera y caminó hasta posarse frente a la clase con una sonrisa.

— ¿Entonces esta clase será solamente práctica profesor?

—Tendremos una gran parte práctica, pero también tendrán que hacer trabajos escritos… solo que no serán nada parecidos a lo que están acostumbrados. — Les dijo con un aire misterioso.

—Por último y antes de comenzar la clase quiero decirles que actúen como si fuera una pelea de verdad y no un duelo con códigos de honor. Pueden utilizar hechizos o cualquier otra habilidad que posean, me da igual donde la aprendieron, ballet, artes marciales, quiddicht, usen sus cualidades, su fuerza, su cerebro, su altura, usen todo lo que tengan para su beneficio quiero sean capaces de explotar todo su potencial.

—Profesor, ¿No es peligroso que tengamos un duelo sin reglas preestablecidas? Alguien podría salir herido…

—Señorita Bones, claro que es peligroso, si no lo fuera nadie explotaría todas sus capacidades. Pero no se preocupen yo estoy aquí para ayudar si algo se sale de control. Ahora ¿Empezamos?— Les pregunto emocionado. — Les aseguro que será divertido.

Las caras de varios alumnos demostraban que no estaban de acuerdo con los gustos del profesor, pero Remus lo encontró interesante y se encontró a si mismo curioso por lo que sucedería a continuación.

Los alumnos asintieron lentamente y el profesor les indicó que hicieran dos filas y se pusieran de espaldas entre ellos. Así una fila miraba hacia los grandes ventanales y la otra hacia la pared.

Cuando el último alumno se acomodó correctamente, Ben Fenwick aplaudió haciendo aparecer frente a cada alumno un muñeco blanco.

Estaban completamente articulados, tenían una forma humana pero no poseían rostro. Sus alturas variaban y algunos eran más robustos que otros.

— ¿Imaginaban que se batirían entre ustedes? –Les preguntó socarrón al notar la sorpresa de los estudiantes— Esto mis alumnos son los últimos muñecos de duelo, se mueven y piensan diferente, ninguno es igual a otro. Tienen distintas habilidades al igual y ustedes y como todo oponente tienen una debilidad, quiero que la encuentren y lo derriben.

Algunos alumnos se veían visiblemente nerviosos. Sobre todo la amiga de Amelia Bones, Linda Garrow que se retorcía las manos mirando a su oponente.

—Algunos serán más rápidos o más fuertes otros más originales a la hora de atacar. Tienen 15 minutos para derribarlo. — Con ágil movimiento invocó un gran reloj de arena a su derecha y luego apuntó a los muñecos para animarlos— ¡Empiecen!

Remus observó como el maniquí frente a él cobraba vida y comenzaba a moverse con su cabeza sin rostro girada hacia él. Con su varita fuertemente agarrada y en posición de pelea analizó rápidamente a su oponente. En un instante notó que caminaba pesadamente y algunos de sus rasgos iníciales comenzaban a cambiar.

Escuchó como varios de sus compañeros ya habían comenzado a lanzar conjuros a su alrededor, él prefería hacerlo luego de entender a su oponente, pero su cara sin rostro impedía entender cómo y cuándo lo atacaría.

¡Eso no te sirve, piensa Remus!, se dijo a sí mismo con urgencia y un poco de desesperación por su cercanía, volvió a analizarlo de pies a cabeza y entonces notó: Su varita, no era una varita.

¡Era un garrote!

Remus logró rodar a un costado justo antes que él muñeco de troll descargara su garrote sobre el piso del salón hundiéndolo bajo su peso.

El muñeco había estado creciendo desde que el profesor lo animara y continuaba haciéndolo. Remus intentó recordar algún hechizo que le sirviera para combatir un troll pero su oponente lo atacó nuevamente requiriendo toda su atención.

Entonces escuchó un gemido de Peter, Remus se giró para observar al muchacho se encontraba a su lado siendo atacado por un hábil duelista que lanzaba conjuros y maldiciones a diestra y siniestra. El pobre Peter sólo podía conjurar encantamientos escudos una y otra vez que se debilitaban contra el fuerte ataque.

Entonces un dolor en su derecha lo hizo volver a la batalla. Por mirar a Peter, Remus había recibido un garrotazo que lo había tirado al suelo.

Aturdido quiso defenderse, pero el brazo ya no le respondía y le dolía horrores en un punto sobre el codo. Su muñeco volvió a levantar el garrote esta vez contra su cabeza, pero con un poco de suerte y agilidad pudo rodar para evitarlo.

¡Maldición! Murmuró en su mente tomando la varita con su mano izquierda y volviendo a escapar del garrote que paso muy cerca de su pierna. Remus jamás había aprendido a lanzar nada con mano izquierda. Le apuntó con furia y concentración, pero su maldición de conjuntivitis ni siquiera dio en el blanco.

Lily a unos alumnos de distancia, combatía ferozmente contra un muñeco—arpía. Le había resultado obvio deducirlo cuando unas alas comenzaron a crecerle luego que el profesor los animara. La arpía volaba en círculos a su alrededor con una increíble velocidad y Lily que era excelente para atacar no podía apuntarle con precisión. La arpía la atacaba con insistencia intentando situarse siempre a su espalda, Lily giraba y se inclinaba para evitar que los ataques, pero la arpía la superaba en rapidez. ¡Tenía que bajarla del aire!

Mareada por el continuo movimiento de su atacante Lily conjuró un escudo burbuja, pero éste requería tanta concentración que no podía atacar a su rival.

La muchacha se mordió el labio, tenía que conseguir darle a una de sus alas ¿Pero cómo lo hacía si debía mantener el escudo?

Emmeline a su lado saltaba y esquivaba los brazos de su muñeco que la atacaba con unas enormes manos. Su oponente le había quitado la varita de un golpe y la muchacha tenía problemas para recuperarla.

Mary a su izquierda parecía tener problemas para acertar a su oponente que era un habilidoso del encantamiento escudo.

Entonces con un fuerte chasquido el profesor dio por terminada la sesión, el tiempo se había acabado y sólo uno había logrado derribar a su muñeco.

— ¡Excelente señorita...!— Exclamó el acercándose a la alumna.

—Meadowes Dorcas, profesor— Sonrió ella.

— ¿Podría decirme señorita Meadowes que clase de oponente era al que se enfrentaba?

—Sí, era un Vampiro, su habilidad en duelo así lo demostraba.

— ¿Alguna otra característica le hizo pensar de esa forma?

La muchacha asintió.

—Sus movimientos profesor, la forma de mover la varita no era humana.

—Impresionante, realmente. Ahora por 10 puntos para su casa ¿podría explicarme a mí y al resto de la clase como hizo para derribar a un Vampiro?

Dorcas no era del tipo que le gustaba hablar frente a muchas personas, la hacía sentirse incómoda y nerviosa, pero era una Gryffindor y nunca se acobardaba.

Sonriente pero cohibida la muchacha se giró quedando frente a su profesor y sus compañeros.

—Me tomó poco tiempo notar que mi muñeco de práctica era un vampiro, dadas sus increíbles dotes para el ataque. Apenas lo supe, me di cuenta que era imposible ganarle con un ataque directo, puesto que no soy tan habilidosa como para superarle. Por eso— hizo una pequeña pausa y señaló las columnas— utilicé mi entorno, lo fui guiando con ataques falsos para que se situase entre las columnas, donde no podía moverse con tanta facilidad.

— ¡Excelente Señorita, 10 puntos bien merecidos para su casa!— La felicitó el profesor con energía.


Marlenne caminaba cargada de libros en los brazos y con su bolso al hombro. Sola. Como de costumbre.

Se dirigía a su siguiente clase en un paso más rezagado que el resto de sus compañeros que conversaba con ánimo entre ellos. Suspiró y se acomodó la bufanda al pasar por la galería que daba al patio.

— ¡Ahí estás!— Gritó una voz conocida a sus espaldas.

Marlenne se dio la vuelta para encontrarse con Emy, Lily, Mary y Dorcas todas despeinadas y agitadas, pero sonrientes.

La Ravenclaw se frenó en el pasillo para que las muchachas la alcanzaran y alzó una ceja.

— ¡Que mala eres Lenny! ¿Se puede saber por qué no me dijiste nada de la modalidad del profesor Fenwick?— Le soltó Emmeline apuntándola con el dedo.

Marlenne sonrió con suficiencia.

—No quería condicionarlas o arruinarles la sorpresa. — se encogió de hombros— ¿Les gustó la clase?

— ¿Estas de broma?— Soltó Emmeline antes que nadie— ¡Ha sido la mejor clase que he tenido!

—Ha sido genial. — Asintió Lily con las mejillas encendidas por el ejercicio.

Dorcas y Mery asintieron emocionadas.

— ¿Alguien ha logrado derribar a su muñeco?

—Dorcas— Sonrió Mary palmeándole la espalda.

—Wow, ¿De verdad? ¡Felicitaciones!.

Dorcas le agradeció halagada.

—Y nada menos a que contra un Vampiro. — Acotó Lily emocionada.

—En mi clase con los Slytherin nadie logró hacerlo. — Les dijo Marlenne cambiando los libros de mano. Esto era parte de una nueva resolución de Dumbledore, hacía dos años que defensa contra las artes oscura era obligatoria durante todos los años, pasaras o no pasaras los T.I.M.O.S, por lo que los Hufflepuff y los Gryffindor compartian clase, al igual que los Ravenclaw y los Slytherins.

— ¿Nadie?— se sorprendió Dorcas.

Pero entonces una sombra cruzó por la clara mirada de Marlenne.

—Bueno...—Dudó la chica. — En realidad Mulciber destrozó su muñeco. Fenwick se enojó bastante.

—Maldito psicópata— Escupió Emmeline.

Entonces el ambiente emocionado se apagó y Lily se preocupó por Mary, que apretó sus libros con más fuerza el resto del camino.


Era un miércoles por la tarde cuando James y Sirius se bajaron del autobús noctámbulo seguidos de cerca por el tío Alphard. James se había sentido reacio de abandonar a su madre, pero se decidió cuando el tío Marius le aseguró que se quedaría una temporada con ella.

El viaje había estado bien, Alphard Black era un excelente contador de historias y los entretuvo contándoles todo lo que Dorea había querido censurar sobre sus viajes.

James se despidió agradecido del sobrino de su madre por todo lo que había hecho por ellos y se subió al carruaje de un salto para que ambos Black se despidieran con la intimidad que necesitaban.

Sirius se rascó el cuello con duda antes de dirigirse a su tío.

Allí los dos frente a frente parecían más padre e hijo que tío y sobrino. La misma mirada, la misma sonrisa.

—Sabes algo de…— Sirius no terminó la frase, le costaba decirlo.

— ¿Tu hermano?— Preguntó el hombre de forma retórica a lo que el joven asintió con vaguedad hundiendo las manos en los bolsillos. — Esta triste, creo que deberías hablarle ¿Sabes?

— ¿Para qué? Él no ha hablado conmigo.

Alphard suspiró.

—Es tu hermano, Sirius.

—Como si eso fuera suficiente, le han podrido la cabeza.

—Tal vez lo sea.

—Es un esbirro de mi madre tío. —Replicó Sirius cruzando sus brazos. — no sabe pensar por sí mismo.

—Por eso deberías hablar con él sobrino, antes que sea tarde.

Sirius incapaz de discutir se mordió la lengua e intentó salirse por la tangente.

—No te prometo nada, pero lo intentaré.

—Gracias. — Le dijo su tío palmeándole el hombro.

Se abrazaron unos instantes y luego Sirius subió a su carro de un ágil salto.

— ¡Te escribiré!— le gritó Sirius cuando los thestrals comenzaron a tirar del carruaje directo a Hogwarts.

— ¡Nos veremos en navidad!— Exclamó su tío agitando el brazo en señal de despedida.

Los muchachos saludaron al hombre desde el carruaje, hasta que tomaron una curva y desaparecieron de su vista.

Alphard suspiró pensando en los dos hermanos. Testarudos y orgullosos, tan parecidos y tan distintos. Si tan sólo se hablaran Regulus podría salvarse del obsesivo dominio de Walburga, después de todo era sólo un niño que no deseaba disgustar a su madre. Sirius era la influencia perfecta para él y Alphard lo conocía lo suficiente como para saber que Regulus admiraba a su hermano.

Miró su reloj y se dio cuenta que llegaría tarde a la reunión de la arpía de su hermana. Mejor. No había nada que le gustara más que enojarla. Pero entonces se acordó que Andrómeda le había pedido que pasara a visitarla, rio para sus adentros imaginando el rostro enfurecido de Walburga cuando él la dejara plantada, si, definitivamente le haría una visita a Andrómeda.


La vuelta de James causó la conmoción esperada, la muerte de su padre no era un secreto en la comunidad mágica, diarios y revistas habían homenajeado a Charlus Potter por su sentido de ciudadanía y sus contribuciones a la sociedad.

En otra ocasión o tal vez en otro tiempo James hubiera amado la atención que recibía. Todos lo miraban por donde sus pies lo llevaran, se giraban para verlo mejor sin ningún tipo de disimulo, lo señalaban y cuchicheaban a su paso. Pero esta nueva atención era exasperante, recibía miradas de profunda lástima y palabras de condolencia por donde se asomara… y lo odiaba.

Por primera vez en su vida James deseó ser invisible, y así lo hizo, su capa de invisibilidad se encontraba entre los objetos fijos de su mochila, porque si hay algo peor que tu propia pena es la morbosa lástima de los demás.

Su desagrado por su nueva y no deseada atención movida por la pena, lo había llevado a preferir encontrarse en los pasillos infestados de Slytherins. Ellos no sentían compasión, no le tenían pena, ni le daban un desagradable pésame.

— ¡Se te calló el pañuelo James el llorón!

— ¿Es verdad que lloras todas las noches niño de papá?

— ¡Cuidado si te acercas puedes contagiarte su afeminación!

Si tan sólo ellos supieran el alivio que era ver sus caras despreciables y oír sus palabras de desdén, tan diferentes y tan reales… si ellos supieran la emoción que sentía al desenvainar su varita, el dulce cosquilleo de la impulsiva adrenalina que lo hacía sentirse más vivo que muerto.

Era un escapé perfecto para todo aquel odio que lo carcomía por dentro. Ellos lo ayudaban a desquitarse de toda aquella pena con justa y exquisita violencia, en un escenario y con una relación verdaderamente intacta luego de aquella nueva y perturbada realidad donde su padre no existía.

Con ellos él era el mismo de antes.

Luego de una semana de la vuelta al colegio las cosas se habían calmado, la gente lo miraba menos y los Slytherins habían dejado de provocarlo luego de una fea pelea donde terminaron siendo sermoneados por el propio Dumbledore sobre el respeto, la tolerancia y la etiqueta.

Pero sin provocaciones, sus sentimientos no encontraron una vía de escape y su dolor terminó convirtiéndose en melancolía.

El único lugar donde se desquitaba eran las clases de defensa contra las artes oscuras. Con apenas dos clases ya se había ganado el respeto de su profesor por su buen estilo de combate.

La soledad se había convertido en algo placentero para James y durante la última semana había encontrado el perfecto lugar en un banco del patio interior del castillo. Por momentos prefería estar solo porque, si bien los quería y eran grandiosos, los constantes intentos de sus amigos de animarlo lo incomodaban. Remus le había dado todos los apuntes y sus trabajos para que los copiara, Peter le había regalado uno de sus cromos más valiosos aludiendo que ya lo tenía cuando los dos sabían que no era verdad y Sirius… bueno él se había desquitado de los Slytherins que habían hecho correr el falso rumor que James Potter lloraba por todos los rincones.

Al cabo de dos semanas desde su llegada James había casi asimilado la muerte de su padre y comenzaba a ser más o menos el mismo de antes, pero las clases, la rutina y las bromas ya no le interesaban como antes. Sonreía pero no era auténtico la realidad era que hacia todo por una inercia apática.

Se encontraba en el patio interno mirando como un montón de hojas se arremolinaban a sus pies por una cálida brisa, estaba totalmente abstraído por la danza de las secas hojas de otoño, algo que el viejo James nunca podría haber admirado.

Entonces sitió crecer una sombra a su espalda, pero no dio señas de darse por enterado, no le apetecía hablar con nadie.

Por el rabillo del ojo pudo ver como con un grácil movimiento se sentaban a su lado.

—Buenos días Potter. — Le dijo con calma la profesora McGonagall uniendo sus manos en el regazo y admirando como él espectáculo del otoño.

—Hola Profesora— Saludo él con respeto pero sin ánimo alguno por mantener una conversación. Estos preciados momentos de soledad eran demasiado valiosos para él.

Ella esperó unos momentos antes de volver a hablar.

—He estado pensando que ya es hora que comiences a buscar un nuevo buscador para él equipo asique he reservado el campo para el sábado en la mañana. Somos el único equipo que no está completo y nos llevan dos semanas de entrenamiento.

James no le respondió ni la miró. Demonios había olvidado el quiddicht por completo y eso era mucho decir.

—Toma— Ordenó entregándole un sobre cerrado con el sello de Gryffindor. — No creas me he olvidado de tu castigo, dentro encontrarás día y horario y las especificaciones de lo que harán. Avísale a Black de mi parte por favor.

James asintió, se había olvidado de su castigo también y de pronto se dio cuenta que no tenía ni idea de cómo iba a compaginar las clases, el castigo y el Quiddicht. Miró a la profesora con los ojos abiertos y preocupados.

Ella le sonrió entonces enigmática.

—Bien Potter, espero que entrenes mucho y nos traigas esa copa. — Le dijo ella levantándose de su asiento— no me gusta depositar mi confianza en las personas equivocadas.

—Sin Alice en el equipo será complicado…— Expresó preocupado y totalmente alienado de su verdadera y confiada personalidad.

—Pues consigue un buscador la mitad de bueno de que la señorita Dippet y te será suficiente Potter. — Aseguró la profesora. — Eres el mejor jugador de Quiddicht que he visto en años.

James le sonrió. La profesora no era de realizar cumplidos a nadie, viniendo de ella eso era demasiado.

—Recuerda avisarle a Black, no los quiero ni un segundo tarde.

—Si señora. — Le aseguró más confiado antes que se marchara.

Escuchó como las hojas crujían bajos los pasos de la profesora y miró su carta con curiosidad.

Rasgó el papel y se guardó el sobre en el bolsillo antes de mirar la delicada y decorada caligrafía de su profesora.

A los Señores: James Charlus Potter y Sirius Orión Black.

Con motivo de su violación a la regla N° 352 que prohíbe los duelos no autorizados en el castillo y las reglas N°25, N°28, N° 44 y N°432. Deberán limpiar, recortar y encerar las escobas del campo de quiddicht, además de lustrar las pelotas, acondicionar los vestuarios y mantener el campo durante 30 días a partir del día lunes de este mes.

Atte. Profesora McGonagall

Vicedirectora del colegio de Hogwarts de magia y hechicería.

Cuando James terminó de leer estaba completamente anonadado. La profesora realmente quería la copa este año si estaba autorizándolo y dándole la perfecta excusa para observar todos los entrenamientos de los demás equipos.

—Bendita y vieja sabia— Exclamó James recordando el por qué McGonagall era su profesora preferida.

Se levantó animado, tenía que decirles a todos en Gryffindor sobre las pruebas antes de mañana si quería encontrar un nuevo buscador y un guardián.


Estaban tirados en unos sillones frente a la chimenea, donde usualmente se sentaban.

Bueno tal vez sólo Sirius estaba tirado y con los pies sobre la mesita de té, Remus estaba bien sentado pero con la cabeza echada hacia atrás. Había sido un largo día de clases y los alumnos llegaban a la sala común en busca de un poco de comodidad y descanso.

—Admite que ha estado genial— Lo retó Sirius a Remus.

Remus suspiró, pero dejó escapar un amago de sonrisa.

—Vamos Moony, sabes que quieres reírte.

—Ha sido gracioso— Admitió él derrotado— y las pústulas han sido un detalle pero te has ganado una semana más de castigos ¿No tienes suficientes?

Sirius levantó su ceja, expresando su opinión sobre las reglas y los castigos.

—Eres como una vieja amargada Moony.

—Yo me acordaré de esa broma cuando este aburrido Padfoot— Aseguró Peter bajando de la habitación luego de un baño. — ¿Y James?

Remus se encogió de hombros.

—Supongo que ha querido estar un rato sólo. — Dedujo el hombre lobo mirando a Sirius.

Sirius asintió. No le gustaba dejar a su amigo sólo sabiendo como estaba, pero estando sobre él tampoco parecía funcionar muy bien. De todas formas lo entendía aunque sea un poco.

—He escuchado algo— Susurró Peter acercándose a ellos para que nadie más los escuchara.

—Pequeño cotilla— Rió ásperamente Sirius.

—Los Slytherins averiguaron quien es la nueva adquisición en el equipo de Ravenclaw y están preocupados, al parecer los espiaron durante el entrenamiento. Violet y Vanity se pelearon cuando los descubrieron mirando.

Remus lo miró sorprendido y Sirius añadió que hubiera dado muchos galeons con tal de verlas pelear en el lodoso campo de quiddicht.

—Eso no es todo estoy casi seguro que los Hufflepuff también están enterados, por eso los Ravenclaw aumentaron las medidas de seguridad durante su entrenamiento.

—Bueno igual no tiene caso, nosotros tenemos métodos mucho más efectivos para averiguar lo que queremos que esos novatos. — Les dijo Sirius guiñando un ojo y recostándose hacia atrás nuevamente.

—James enloquecerá con todo esto. — aseguró Peter.

— ¿Enloquecer con qué?—Preguntó James sentándose a su lado.

Ninguno lo había visto entrar por el retrato.

—Los Ravenclaw tienen a un nuevo integrante en el equipo y todos están haciendo muchas olas por el tema, los Slytherin y los Hufflepuff ya saben quién es. Violet y Vanity se pelearon cuando descubrieron a Vanity y su equipo espiando el entrenamiento y Hufflepuff está cambiando sus estrategias para enfrentarse mejor a Ravenclaw. — Le dijo Peter con voz chillona y sin respirar ni una vez en todo el proceso.

James lo miró inmutable y sin parpadear lo que sorprendió a sus amigos que esperaban que se levantara despotricara un rato para luego juntarlos para planificar el espionaje.

—Definitivamente ustedes enloquecerán con esto— Aseguró James tirándole la carta a Sirius que se sentaba frente a él.

El muchacho la tomó en el aire y comenzó a leerla con ojos ávidos mientras Remus intentaba espiar por el costado.

Peter miró a James con intriga esperando que este le dijera algo más.

— ¡Por Merlín!— exclamó Sirius— ¡Es la declaración de amor más perfecta que alguien puede hacerme!

Remus intentó mirar con más insistencia pero Sirius la apretó contra su pecho simulando que se desmayaba de la emoción.

—Es privado, Moony… ¿Cómo te sentiríais si leyera las cartas de amor que te envían en san Valentín?

— ¿De qué hablas? Lo haces todos los años y esta es un carta de la profesora McGonagall.

Forcejearon un rato hasta que Sirius se la dejó leer a Remus.

—Te dije que esa mujer y yo tenemos algo prohibido y erótico… ésta es la prueba.

— ¡Sirius!— le dijo Remus todo colorado, algunos alumnos ya se habían girado a mirarlos y escuchar las estupideces que soltaba Sirius.

— ¿Qué?— preguntó levantando su ceja.

Pero Remus no le prestaba atención estaba mirando el pergamino con los ojos abiertos de la sorpresa. Peter que no se había aguantado la intriga se había levantado y miraba por detrás del hombro de Remus.

—Así es como se da una noticia nenazas — Se burló socarrón James— y Sirius la carta me la dieron a mí, asique la declaración de amor está dirigida a James Potter.

—No te la creas Potter, si el castigo no fuera conmigo estarías limpiando retretes como estos imberbes. — Señaló a Remus y Peter que se quejaron asegurando que poseían barba.

—Tengo otra noticia más— les dijo James— las pruebas son mañana. Mcgonagall ya reservó el campo. — Sacó entonces un puñado de pergaminos escritos con su letra en tinta roja. — ayúdenme a pegarlos.

Le tiró un par a cada uno mientras él se paraba sobre la mesa ratona para hacer el anuncio, los alumnos de Gryffindor lo rodearon enseguida para escuchar mejor.

Así lo encontró Lily cuando entró en la sala común, torció la boca al verlo sobre la mesa pero no dijo nada. Estaba segura que terminarían peleando como siempre y no tenía el humor como para hacerlo.

Se desplomó sobre su sillón favorito que estaba bastante alejado y quedaba cerca de la ventana.

Dorcas le hizo señas desde una mesa para que se sentaran juntas y Lily se paró con lentitud para desplomarse nuevamente a su lado.

— ¿Cómo estas Lily?

—Destruida, me ha costado horrores terminar el trabajo para Runas antiguas, acabo de entregarlo.

— ¿No lo habías hecho ya?

— Darcy me tiró un frasco de tinta encima y lo tuve que hacer de nuevo. Se le está haciendo costumbre hacer maldades si no le doy toda la comida que quiere, pero está muy gordo… ¿Qué estás haciendo?

—Terminando mi trabajo para historia de la magia.

— ¡Por Morgana!— exclamó Lily chocando su mano contra la frente. — ¡Me olvide por completo!

Dorcas se rió un poco y le recordó que ya lo había empezado el otro día en la biblioteca.

Lily arrastró la mochila hasta sus pies y sacó pluma, tinta y varios pergaminos, después revolvió hasta que encontró lo tenía hecho que por suerte era bastante y estaba bien detallado.

Tiró todo sobre y la mesa y entonces notó que Dorcas hacía rato que no escribía, se mordía el labio con nerviosismo y su pluma giraba sobre el punto de la i perforado el pergamino.

Siguiendo su mirada, Lily se encontró con Potter y el grupo a su alrededor que se anotaban para las pruebas de Quiddicht.

El muchacho lucía animado, seguramente contento por toda aquella atención pensó Lily, o tal vez era por que hablaba de Quiddicht, tenía los ojos brillantes detrás de los lentes y…

—Chicas— les susurró Mary a sus espaldas sobresaltándolas. — ¿Qué hacen?

—Historia de la magia. — le dijo Lily bajando la mirada rápidamente a su pergamino.

— ¡No lo he terminado! Me olvide por completo. — les dijo Emmeline que había llegado junto con Mary.


James se tiró en el sillón nuevamente, varias personas ya le habían asegurado que se presentarían para las pruebas, pero tenía la esperanza que el día siguiente aparecieran algunas más.

Le gustaba aquel sillón por muchas razones y una de ellas por supuesto a causa de Lily. Desde aquel lugar podía mirarla sin que ella lo notara. Ella se encontraba ahora haciendo alguna especie de trabajo. La había visto muchas veces en la misma situación, le encantaba como mordía la pluma cuando releía lo que había escrito o como fruncía su nariz cuando pensaba que escribir a continuación, había veces que sus labios hacían la mímica de una palabra, James suponía que era cuando buscaba un sinónimo.

Ella se abstraía totalmente, incluso había veces que no notaba a su mascota hasta que este se enojaba y le saltaba encima o en otras ocasiones se tiraba sobre sus trabajos. Había algo balsámico y tranquilizador para él cuando la miraba. En ese momento ella se colocó un mechón detrás de la oreja revelando su blanco y pecoso cuello… era tan bella.

—Prongs pareciera que la estas maldiciendo, hermano. — Soltó Sirius a su lado con algo de sorna.

James lo miró sin vergüenza alguna, ya habían superado esa etapa y no sólo con sus amigos, todo el colegio parecía ser consciente de lo mucho que le gustaba aquella pelirroja.

—Me tranquiliza. — le dijo con sinceridad para volver a mirarla y eso fue algo de lo que ni Sirius fue capaz de burlarse.

Peter miraba a James con algo de amargura, desde el momento que su amigo había pisado la sala común anunciando las pruebas de Quiddicht se había emocionado, pero a medida que lo fue pensando con más detenimiento la emoción fue dando paso a la angustia. Sobre todo al ver la clase de personas que se anotaban con una confianza y convicción absoluta, cuando a todo lo que él podía aspirar era una vana esperanza.

Una parte de él quería hacerlas pero no estaba seguro si podría soportar las burlas de Sirius cuando se enterara o la presión en el rostro de James si tenía que elegir entre su amigo y otra persona. No es que fuera malo, jugaba bastante decente, pero sentía que no tenía chances contra personas como Shackelbolt que ya se había inscripto. Estaba seguro que si quedaba en el equipo nunca sabría si James lo había elegido por ser amigos o porque realmente había algo de habilidad en él.

Las burlas de Sirius no serían nada comparado con las burlas de los Slytherins y la presión de demostrarles a todos su auténtica destreza sería mucho mayor. Decidió que no podría soportarlo y con amargura llegó a la conclusión que Peter Petrigrew, no estaba a la altura del equipo de Quiddicht, de la misma forma que no estaba a la altura de sus encantadores amigos y que sólo podía aspirar a jugar en una linda tarde de verano en casa de James.

Remus que era muy perceptivo, casi tanto como una mujer solía decirle Sirius, instantáneamente se dio cuenta que algo no estaba bien con sus amigos. Que James mirara a Lily era algo completamente común, pero bueno, este no era el mismo James de siempre y acababa de sufrir una dolorosa perdida. Sirius se reía y bromeaba como siempre pero había algo distinto desde el día que volvió al colegio y Remus apostaba su mano derecha que ese problema tenia nombre y apellido: Regulus Black. Peter a su lado tenía las manos fuertemente apretadas y estaba casi seguro que hacían al menos dos horas que no hablaba ni se movía, probablemente pensando en algo sumamente importante.

Así no eran los merodeadores y que él sea él más alegre y risueño aquella tarde era sumamente preocupante. Sin detenerse a pensarlo mucho y seguro que luego se sentiría culpable Remus habló.

— ¿Qué les parece si comemos en las cocinas y luego damos un merodeo nocturno?

Peter dejó de pensar en lo que sea que lo tenía tan mal para mirarlo impresionado. James dejó de mirar estupefacto a Lily y Sirius sonrió de lado alegre por la propuesta. Porque aquello significaba una cosa: whiskey de fuego en la torre de astronomía.

—Tú mandas Moony— Le dijo Sirius alegre.

—Voy por las cosas. —Anunció James levantándose de un salto refiriéndose al mapa y la capa de invisibilidad.


Lily terminó con su trabajo y lo guardó rápidamente en la mochila. Había finalizado todos los trabajos pendientes y no tenía que hacer absolutamente nada durante todo el fin de semana, esto era parte de algo que se proponía todos los años, pero que luego de dos o tres semana de colegio dejaba de cumplir. Se estiró agotada pero satisfecha.

Miró a Emmeline que hacía rato que decidió abandonar la idea de terminar todas sus tareas un viernes y se encontraba jugando ajedrez mágico contra Mary.

Dorcas a su lado seguía frente a los pergaminos pero tan sólo giraba la pluma entre los dedos con la mirada perdida hacia la ventana.

— ¿Dorcas?— le preguntó la pelirroja a su distraída amiga para que le prestara atención. —creo que deberías anotarte…

Dorcas se sonrojó un poco y abrió la boca sorprendida por ser descubierta. Lily se inclinó más hacia ella para que nadie más pudiera oírlas.

—No dejes pasar la oportunidad. — añadió guiñando un ojo.

Dorcas asintió pero miró indecisa, Lily la conocía lo suficiente como para saber que ella era reservada y la mayoría de las veces no le gustaba hablar de sí misma o de sus asuntos más privados. No es que fuera callada, porque no lo era, sino que había temas de los que no le gustaba hablar en absoluto, como sí misma y sus sentimientos.

La muchacha suspiró y se retorció las manos.

— ¿Qué te preocupa?

—Es sólo que, no quiero ser una carga ¿sabes?, me encantaría presentarme a las pruebas… pero James, es sólo que él se cree que soy como una hermana menor de la cual debe preocuparse.

—Yo creo que es una oportunidad perfecta Dorcas, se cuánto te gusta el quiddicht y te he visto volar, eres buena. — Aseguró con convencimiento.

—Gracias Lily… pero creo que no soportaría los discursos de James sobre la peligrosidad de las bludgers. Además…— se frenó en seco indecisa

— ¿Si?

—Bueno, no le gustará nada ni a él ni a mi hermano, no sé si podré soportarlos a los dos juntos todo el tiempo dándome consejos sobre cómo volar seguro… "Aférrate con ambas manos Dorcas"— Expresó en una pobre imitación de su hermano.

—Realmente se preocupan por ti, eso no es tan malo.

Dorcas rodó los ojos en desacuerdo.

—Vamos Dorcas, dime la verdad— Soltó Lily chasqueando la lengua— se cómo eres y se cuánto te gusta el quiddicht, jamás dejarías escapar esta oportunidad por una razón como esa.

—No entiendo.

— ¿De verdad crees que me tragaré esa historia? Creí que éramos amigas.

—Lo somos Lily. — Aseguró ella acercando su pila de pergaminos, fingiendo concentración para evitar su mirada verde.

—Entonces dime la verdadera razón por la que no quieres. Así no eres tú.

Dorcas suspiró derrotada y la miró con sus ojos pardos.

Lily hizo una mueca esperando su respuesta.

—Bien pelirroja legeremante…— Lily rodó sus ojos y le hizo un mohín rompiendo un poco el hielo. — Mi hermano, ese el problema.

—Ah… ya entiendo, no quieres competir contra él.

Dorcas torció la boca y negó con la cabeza.

—No, no es eso exactamente. No sería un problema patearle el trasero…lo hago cada verano. – Presumió en broma— pero la verdad es que últimamente hemos peleado por todo y cuando digo todo me refiero a todo. Esto será sólo una nueva excusa para alejarnos más y más…

—Espera, espera, espera. — Repitió su amiga haciendo un ademán con las manos para que dejara de hablar. — Mira Dorcas los hermanos se pelean, es así. Mírame a mí y Petunia, a Marlenne y sus hermanos… esas cosas pasan. Pero seguirán siendo hermanos y eso es más importante que cualquier pelea absurda, de todas formas la temporada de quiddicht terminará y ustedes volverán juntos a casa.

—Supongo que sí.

—Preséntate— La animó Lily— él tendrá que entenderlo, como cuando entendió que fueras Gryffindor.

—Lo pensaré— Aseguró ella con una sonrisa y luego juntó sus cosas y se dirigió a la habitación.


—Aquí tiene señor Black— Le dijo Boky con una reverencia. — ¿Desean algo más amos?

—No, nada más Boky. — Aseguró Sirius saliendo de las cocinas con varias botellas.

Peter y Remus le quitaron algunas de los brazos mientras James apuntaba con la varita iluminando el mapa del merodeador.

—Debemos tomar el corredor oeste porque Pevees está en la sala de trofeos y evitar el pasillo de encantamientos porque Filch está patrullando allí. — Les dijo James mirando concentrado el mapa.

Sus amigos asintieron y comenzaron a caminar por el tan conocido castillo. No había nadie que lo conociera tanto como ellos, eran expertos en evitar las patrullas (mayoritariamente por que Remus era prefecto y sabia las rondas de prefectos, premios anuales y profesores y gracias al excelente mapa que habían desarrollado)

La torre de astronomía era el perfecto lugar para descansar porque nadie hacia patrullas allí, además porque Pevees no se interesaba en aquel lugar ya que no había nada para romper ni nadie a quien molestar.

Eso sí solamente podían ir luego de las 12 que era cuando terminaba la última clase.

Incluso habían tenido la suerte que Nick Casi Decapitado los había escuchado una noche de extrema borrachera y había dejado correr el rumor que al Barón sanguinario le gustaba gemir en la torre de astronomía. Como tanto los alumnos, profesores y otros fantasmas sentían la necesidad de evitar al tenebroso Barón se habían asegurado que nadie apareciera en aquel lugar fuera del horario de clase.

James abrió la puerta de la torre y el viento nocturno le despeino aún más el cabello, sus amigos aparecieron detrás, Sirius estiró sus brazos con las botellas en mano y respiró el fresco aroma de la noche.

Sin dudarlo se sentaron en el borde de la torre, con sus pies colgando hacia el vacío dejando el alcohol al alcance de la mano.

Se encontraban en la torre más alta de Hogwarts y los merodeadores no sentían ningún tipo de temor de sentarse en su orilla.

A cada uno le gustaba por diferentes razones, a James le gustaba porque lo hacía sentir de la misma manera que Lily, encontrarse entre el precipicio y la tranquilidad de las estrellas, le producían la misma sensación que ella… esa mezcla de excitación, euforia y serenidad. Amaba tanto ese lugar como a la pelirroja.

A Sirius le gustaba el estímulo que le producía el peligro y la libertad de no tener nada bajo los pies…era exactamente lo mismo que sentía al volar en escoba.

A Peter le agradaba que sus pies colgaran sin vida y que el viento le revolviera el cabello. La noche y la oscuridad le gustaban más que el calor agobiante del día.

Remus por su parte admiraba la vista excepcional que conseguía tan cerca del abismo, el bosque, el lago y el mismo castillo se veían hermosos de noche y él era un observador privilegiado.

Comenzaron la ronda pasándose de uno en uno la botella mientras buscaban las constelaciones. Sirius era un experto en astronomía por obligación familiar y cuando alguien no recordaba cómo se llamaba una estrella o donde se encontraba le preguntaban sin dudar.

Con la tercera botella en la mano, cualquier cosa les sonaba gracioso.

—…entonces lo vi salir corriendo desnudo seguido por Mirtle y él gritaba que…— Pero Sirius se reía descontrolado sin poder contar el final de la historia.

—Ya vale Padfoot, cuenta— Se quejaba Peter con las mejillas enrojecidas por el alcohol.

—Eres un idiota— Reía Remus a carcajada limpia, estaba más relajado de lo que había estado en meses.

Entonces James hipó y los cuatro se callaron por unos instantes mirándose entre sí y volvieron a reír descontroladamente.

Sirius hizo el adaman de continuar la historia luego de limpiarse una lágrima pero entonces James volvió a hipar y todos volvieron a reír.

—No es gracioso— Se quejó James sin pronunciar ni una S, sentía la lengua pastosa y adormilada dentro de su boca.

Sus amigos explotaron en risas nuevamente cuando lo escucharon.

Pero James no pudo evitar recordar que su padre también solía hipar cuando tomaba de más y el recuerdo que parecía haber logrado superar se hizo latente nuevamente. Nunca más lo volvería a ver.

Esa simple e irrefutable verdad le golpeó el pechó quitándole la borrachera o tal vez sólo la alegría. Se tapó la cara y dejó que las lágrimas silenciosas corrieran por su rostro. Dolía como la mierda, puta y jodida verdad.

Sirius a su lado lo notó y dejó de reír inmediatamente. Él no lo había visto llorar desde el día que había llegado a su casa y reencontrado con su madre y de hecho James no lo había hecho desde ese día, antes de velarlo, que soñó con su padre.

Incómodo y sin saber cómo reconfortar a su amigo Sirius se tensó y tomó un largo trago de whiskey. Odiaba verlo así.

Remus y Peter al lado de Sirius no tardaron en percibir lo que pasaba y al igual que a Sirius la risa se les fue al instante.

—Hey Prongs— Susurró Sirius apoyando una mano en su hombro.

—Odio esto— masculló James incorporándose con enojo.

Sus amigos se limitaron a mirarlo expectantes.

James se limpió los rastros de lágrimas y se incorporó mirando hacia delante. Su cabello se revolvía furiosamente con el viento.

—No pude despedirme como corresponde… eso es lo que más me duele. Me hubiera gustado decirle tantas cosas. Soy un lio, tengo tanto odio dentro de mí y no sé qué hacer con él, me paso el día queriendo romper cosas y desquitándome con todo aquel que se me acerca. Ya no quiero sentirme así, todo lo que antes me gustaba hacer... ahora me sabe a cenizas y sé que a él no le hubiera gustado, pero en el fondo creo que me lo merezco— James enterró la cabeza en sus brazos con sus manos apretadas de furia.

Sirius le palmeo la espalda con sutileza.

—Tengo una idea…— Susurró el joven Black.

James no lo miró, todavía con las manos enterradas en su alborotado cabello, pero Peter lo miró entre curioso y asustado y Remus con suspicacia.

— ¿Quieres romper cosas? ¿Quieres desquitarte? ¡Vamos a hacerlo!— Dijo con energía e incorporándose revoleó una de las botellas al vacío. Deja salir toda la mierda James y luego cuando te calmes tal vez puedas volver a ser el mismo.

La botella golpeó contra una de las paredes de piedra del castillo y con un sonoro estallido de desarmó en varios pedazos.

James lo miró sin expresión y Sirius le tendió otra botella para que esta vez lo hiciera él, sus otros amigos lo animaron sin palabras a que la tomara.

El muchacho la aceptó y la miró unos instantes y luego con un grito la lanzó lo más lejos posible. La vio desaparecer en la oscuridad para luego escuchar el chasquido que hizo cuando se destrozó.

Peter le acercó algunas botellas más y Remus replicó algunas para que contaran con más municiones. James no se acuerda cuanto tiempo estuvo tirando las botellas, gritando y quitándose toda la frustración escuchando el dulce sonido del vidrio al romperse.

Lo calmaba, pero no era suficiente y sus amigos lo sabían. Nunca sería suficiente, pero el hecho que lo ayudaran y estuvieran con él en ese momento tan importante le aflojó el odio que sentía.

—James haremos esto todas noches que quieras, desquítate todo lo quieras, nosotros estaremos contigo. — Aseguró Remus que también se divertía arrojando las botellas desde la torre.

James le sonrió y asintió, se los agradecía. Los merodeadores eran después de todo algo más que amigos y eso que tenían era inquebrantable.

Peter y Sirius lo miraron sonrientes.

—Si quieres podemos desquitarnos con Quejicus también…— pronunció Sirius moviendo las cejas de forma sugerente, ya que eso siempre animaba a James.

—O los Slytherins— Acotó Peter.

Regresaron a su sala común en medio de la noche… algo borrachos y desorientados. Sirius iba delante cantando la nueva canción de Led Zeppelín, seguido por Peter que reía tontamente por cómo desafinaba.

Remus algo más tranquilo le tomó el hombro a James y lo hizo mirarlo.

— ¿Sabes qué James?— Preguntó el hombre lobo de forma retórica. — creo que no importa lo último que le dijeras a Charlus, él te conocía… después de todo eras su hijo, lo que de verdad importa es que hagas lo que él esperaba de ti…tan sólo se feliz y cuida de tu madre, creo que con eso bastará. Mi padre una vez me dijo que, bueno tú sabes lo que me pasó, si yo era feliz él podría redimirse de su error y que eso era lo único que quería para mi vida.

James asiente a su amigo y continúan rumbo a la sala común, pero justo antes de entrar ve un pequeño punto en el mapa y sus ojos se abrieron de sorpresa.


Lily se despertó sobresaltada, había tenido un extraño sueño, primero se encontraba en la aburrida clase de historia de la magia y Binns la miraba con insistencia y le decía Wallace, Wallace cara de bota Lily, para luego desaparecer y convertirse en Snape que comenzaba a reír dementemente y le gritaba No me hables así, ya no puedes opinar sobre mi vida ¡Eres una sangre sucia! inmediatamente todo se disolvió y apareció en una habitación que no conocía, entonces vio un pequeño niño que sonreía y rápidamente se convertía en un muchacho de ojos verdes y gafas redondas que le decía algo al oído y ella comenzaba a gritar angustiada.

Fue al baño a lavarse la cara y despejarse, regresó a su cama pero no pudo volver a conciliar el sueño. Ya no recordaba toda su pesadilla, pero en su mente se grabaron esos ojos verdes iguales a los suyos.

Luego de un par de minutos dando vueltas en la cama se levantó resignada y poniéndose la ropa de colegio bajo a la sala común, haciendo el menor ruido para no despertar a sus amigas.

Darcy la siguió como siempre y se sentó en su regazo en el momento que ella se desplomó en uno de los sillones frente a la chimenea.

Le acarició el pelaje por inercia y el gato se restregó contra su mano ronroneante y se acomodó para continuar durmiendo.

Lily no tenía idea de que hora era pero afuera seguía oscuro y no había rastros que fuera a amanecer pronto. Aquel muchacho en su sueño tenía los mismos ojos que ella tras las gafas. ¿Sería su padre? ¿Estaría bien?

Resolvió enviarles una carta a primera hora de la mañana a sus padres para asegurarse que estuvieran bien...

Sin darse cuenta, el sueño le fue ganando nuevamente mientras miraba el fuego danzante de la chimenea, hasta quedarse dormida con la cabeza ligeramente inclinada.

James le dijo a sus amigos que tomaran la capa invisible y subieran ya que él quería hacer algo más. Los tres tomaron la capa algo confusos pero no dijeron nada, mas cuando entraron en la sala común entendieron la razón de James: Lily se encontraba dormida frente a la chimenea.

¿Cómo podía perderse la oportunidad de verla dormir?

Ella era después de todo la forma más eficaz que conocía para quitarse todo esa rabia que lo quemaba por dentro.

Se sentó cerca de ella, pero no lo suficiente como para parecer un acosador. Aunque estaba convencido que lo era.

Sus amigos se tragaron un viejo sillón cerca de la escalera y se rieron tontamente bajo la capa. James se palmeo la cara cuando comenzaron a subir los escalones con más alboroto aún y rogó que no despertaran a la muchacha.

— Shhh Peter— sonó la voz de Remus algo pastosa y para nada silenciosa.

Sirius rió en lo que intentaba ser por lo bajo pero fracasando estrepitosamente. Hicieron algo más de ruido hasta que cerraron la puerta del dormitorio.

Cuando abrió los ojos detrás de sus manos, pudo ver los ojos verdes de la pelirroja mirarlo penetramente con censura, James sudó un poco.

— ¿Qué haces preciosa?— bien, estaba siendo el mismo idiota de siempre, pero tal vez podamos atribuírselo al alcohol.

Lily levantó una ceja mirándolo con cierto reproche y él le sonrió de lado.

— ¿De verdad Potter?— preguntó ella negando con la cabeza— ¿Qué esperas que haga si te encuentro siempre con la varita en mano?

— No he hecho nada. — le aseguró ampliando su sonrisa.

— Acabas de llegar por el retrato y tus amigos subieron a su habitación borrachos. — Le dijo ella sin inmutarse. — sabes que soy prefecta, de hecho sabes que Remus es prefecto ¿Por qué nos pones siempre en la misma situación?

James se revolvió el pelo incómodo. Por un lado quería hablar con ella de lo que fuera, incluso pelear con ella. Así funcionaban ellos, discutiendo, siempre en círculos, sin avances, ni amigos ni enemigos. Era la única forma en la que se aseguraban un espacio en la vida del otro.

— ¿Le dirás a McGonagall entonces?— le dijo él un poco cabreado.

Ella abrió la boca pero no dijo nada… ¡¿Por qué él siempre hacia esto?! Primero cometía una falta y luego se enojaba con ella ¡Como si fuera su maldita culpa!

Lily cerró su boca y resopló indignada. Parecía como si buscara una pelea con ella.

— ¡Dime!— le exigió él sin calma. Definitivamente estaba siendo un capullo con ella, pero sus nervios, su inhibición y su paciencia se habían ido hacia rato esa noche. En el fondo sabía que estaba siendo un idiota, pero lo sacaba de quicio que ella fuera tan malditamente cerrada con él, siempre siendo "Potter", siempre siendo sermoneado por ella, cuando era mil veces mejor que Snape.

— ¿Esto es lo quieres? ¿Pelearte conmigo?— le rebatió ella furiosa. Ahora estaba completamente segura que James Potter no había cambiado nada y lo que creyó ver en sus ojos el día que murió su padre tal vez fuera una equivocación.

James dudó, tal vez lo era, tal vez buscaba que ella le gritara enojada, porque esa parecía ser la única vez que Lily lo miraba, que no hacia como si él no existiera, la única vez que ella le prestaba verdadera atención y lo necesitaba, más que nada.

— No diré nada. — Aseguró la pelirroja con un suspiro y se levantó para volverse a la cama, no hacía falta que él le respondiera a sus preguntas lo conocía lo suficiente. Quería golpearlo y gritarle pero no pensaba darle lo que buscaba. Que se encontrara otra forma de desquitarse porque ella no pensaba ser su saco de boxeo.

Pero James no quería que se fuera, pensó en retenerla, en gritarle algo para que volviera a mirarlo, en revolverse el pelo y decirle alguna chorrada para ver como inflaba las mejillas o fruncía el ceño, pero la dejo partir.

Se agarró la cabeza con las manos sabiéndose un capullo, sabiendo que nunca lograría nada con ella.

— Discúlpame…— le susurró el apenado, pero no se refería solo a cómo la había tratado recién, sino a las varias situaciones que se vieron envueltos desde que se conocieron aquel uno de septiembre.

Ella se congeló en su sitio y anonadada se giró para mirarlo, tenía la cabeza hundida entre las manos y el pelo tan alborotado como cuando se bajaba de la escoba. Su voz se le había hecho tan sincera y apenada que se sintió un poco culpable, después de todo ella también lo trataba mal muchas veces.

— Está bien— susurró con voz quedada. — supongo que siempre seremos como perros y gatos. — le dijo ella intentado bromear.

Pero aquella comparación no le gustó nada al muchacho y la pelirroja lo advirtió.

Lily notó entonces el aspecto del muchacho, desarreglado y deprimido. Supo que él no estaba bien, no sólo eran sus ojos, ni su rostro, si no todo en el aullaba de dolor. Sin pensarlo demasiado volvió sobre sus pasos y se sentó nuevamente frente a él.

Él la miró atentamente mientras lo hacía, Lily no sabía que James tenía una mirada tan profunda, ni que podía iluminarse de esa manera.

Sin quererlo, sin planearlo. Hablaron. De cualquier cosa y la compañía de Lily fue lo mejor que le había pasado a James en semanas.

Ninguno lo dijo pero ambos sabían que se había instalado una especie de tregua entre ellos, James entendió que podía conseguir su atención de otras formas y ella aprendió por fin que James Potter era mucho más que un muchacho engreído.


James se paraba en el campo al lado de Sirius. Había una sola palabra para describir su estado. Destruido. La noche anterior apenas habían dormido, se había emborrachado y recibido el alba hablando con Lily en la sala común.

Sonrió. Podría estar destruido pero la felicidad de aquel día era su combustible para llevar adelante lo que tenía que hacer. Bueno también estaba el hecho que era un completo enfermo con todo lo que tuviera que ver con quiddicht.

— Los que son de primer año quítense de la fila antes que los embruje. — Bramo James enojado haciendo que dos niños suspiraran y salieran de la fila para sentarse en las gradas.

Se habían reunido varias personas aquel sábado por la mañana. Muchas.

James se giró un poco y le hizo una seña a Remus y Peter que aunque no pertenecían al equipo se encontraban en el campo.

— Son demasiados. — les dijo para que solo lo pudieran escuchar sus tres mejores amigos.

— ¿No querías esto?— preguntó Peter confuso.

— No creo que sean todos Gryffindor. Peter necesito que vigiles que no entre nadie de otra casa a meter sus narices, eres el mejor para hacerlo, siempre pasas desapercibido.

— Pero…

— Vamos Wormtail, el equipo de Gryffindor te necesita— Le pidió James solemne con una mano en su hombro.

— Claro. — suspiró el muchacho dócil y arrastrando los pies con algo de amargura se posicionó en la entrada del campo.

— Remus vigila que no se encuentre nadie espiando en las gradas, por favor.

El muchacho asintió y se encaminó hacia la escalera.

Luego miró a Sirius un instante y le señaló con la barbilla a la fila de postulantes, él asintió. No hacían falta palabras entre ellos dos.

Caminaron con paso decidido y cada uno se paró al lado de un chico de unos quince años. Lo habían acorralado.

— ¿Qué te parece Padfoot? ¿Qué deberíamos hacer con ella?

Sirius acarició peligrosamente su varita y le dedico una sonrisa de suficiencia al muchacho.

— Pues yo lo veo muy emocionado… tal vez tatuarle un león sería una excelente idea. ¿Qué piensas?

El muchacho quiso salir de allí, pero James lo tomó del brazo y lo retuvo contra su voluntad.

— Ah no seas grosera, nena. — Le dijo James con una sonrisa felina. — además no hemos terminado.

Los demás postulantes miraban la escena entre curiosos y confundidos. Los merodeadores nunca hacían cosas que no valiera la pena ver.

— ¿Te comieron la lengua serpiente?— La picó Sirius apuntando al chico con la varita en la barbilla.

— ¿Cómo lo supieron?— Gruñó enfadado el muchacho con una voz femenina.

— Te falta mucho para conocer nuestros trucos Vanity. — Negó con la cabeza el capitán de Gryffindor. — Ahora, ¿sabes que no puedo dejar esto así?— Agregó James como si fuera un profesor que se resignaba a poner un castigo.

Los otros Gryffindor empezaron a mirar al chico de forma amenazante, si lo que aseguran los merodeadores era verdadero Owen King era en realidad la capitana del equipo de quiddicht de Slytherin.

— ¿Un tatuaje entonces?— Preguntó Sirius nuevamente.

— No pueden, los profesores sabrán que fueron ustedes y…— murmuró la chica en el cuerpo del muchacho cruzándose de brazos.

— Si— Asintió Sirius convencido y luego volvió a sonreír con suficiencia. — y luego se enteraran que estuviste haciendo una poción multijugos, genio.

Sirius y James se miraron y luego sonrieron macabramente apuntando a la muchacha.


Peter suspiró. El equipo de Gryffindor te necesita había dicho James. Jamás seria tomado en cuenta para algo más. En el fondo le dolía que James, Remus o Sirius ni siquiera pensaran en él para tomar las pruebas. Lo habían visto jugar docenas de veces, no era tan mal jugador.

Se estiró y se apoyó contra la pared de las gradas a esperar.

— Vamos Hestia, te irá bien— le animó un muchacho pelirrojo a una joven morena. Era Jack Bones y su grupo de excéntricos.

Los cuatro amigos se acercaban con paso decidido hacia el campo con la muchacha morena en medio, vestida para jugar y una escoba al hombro. Era alta de ojos y facciones duras y llevaba el pelo recogido en una coleta. Peter la conocía era Hestia Jones.

— Creo que no debería haber desayunado. — musitó la chica un poco nerviosa.

— Claro que sí, desayunar te dará energías. — Le dijo su amiga, Helia.

Peter abrió los ojos con desconfianza. La muchacha que había hablado era Helia mala suerte una Ravenclaw. Peter la reconocería en cualquier parte, nadie se vestía como ella ni tenía ese pelo rubio sucio y enmarañado.

Antes que los cuatro amigos pudieran ingresar Peter se puso en medio y les prohibió el paso.

— Ella no puede entrar— Les dijo enojado señalando a la excéntrica rubia.

Erin Mckinnon, la pequeña hermana de Marlenne lo miró con enojo.

— Ella no dirá nada Pettigrew.

— Está aquí para apoyar a Hestia. — Habló Jack Bones con voz dura.— como miembro del equipo tengo derecho a dejarla pasar.

Peter frunció el ceño, si alguno de sus amigos estuviera aquí seguramente no le responderían de esa manera. Nadie nunca lo tomaba en serio.

— No me importa. No puede pasar. — Les dijo enojado y con un poco de brusquedad. Estaba teniendo un mal día y ahora lo único que quería era que la rara de Helia mala suerte estuviera lo más alejada de él y que por ninguna razón entrara en el campo. James lo mataría.

— Te he dicho que…— Gruñó Jack Bones enojado, pero la pequeña Erin lo tomó del hombro para frenarlo con esa delicadeza de la que sólo ella era capaz.

La Ravenclaw se acercó a Jack y Erin que estaban justo frente a Peter y los miró con sus sagaces ojos azules.

— Está bien chicos, los esperaré en la biblioteca. — Los tranquilizó ella y luego se giró mirando a Hestia y le entregó su pañuelo con una sonrisa de ánimo. — Para la buena suerte.

Hestia le agradeció con lo que parecía una sonrisa y la muchacha partió hacia el castillo sin mirar atrás.

Erin y Jack hicieron una mueca, Hestia estaba demasiado nerviosa como para comportarse como solía hacerlo porque si no era seguro que hubiera golpeado a Peter.

Los tres amigos se miraron un segundo antes de ingresar al estadio fulminando a Peter con la mirada

El muchacho se cruzó de brazos y los miró igual de enojado, pero claro, ellos no eran la verdadera razón de su enojo ni su frustración, sino Kingsley Shackelbolt haciendo una impecable prueba para guardián.

El muchacho no sólo había parado todas las quaffle que les habían lanzado los que participaban por el puesto de cazador, sino que había logrado parar unos tiros de James, con un excelente estilo de vuelo.

A pesar de toda esa frustración Peter se alegró de no presentarse y hacer el completo ridículo de sí mismo.


Luego de solucionar el espionaje Slytherin a manos de capitana del equipo de las serpientes, James se dedicó a separar a los presentes según el puesto que venían a conseguir, mientras Sirius se divertía un poco más atormentando a la espía Emma Vanity.

Necesitaba un cazador, un guardián y un buscador.

Se acercó a los participantes y se llevó una gran sorpresa al ver a Dorcas entre los aspirantes a buscador. Frunció el ceño y la miró con contrariedad, en parte por no haberle dicho nada la noche anterior y en parte por presentarse, pero no le dijo nada, sino que siguió paseándose entre los demás Gryffindors y dando indicaciones.

Encontrar un guardián fue muy fácil, sólo se habían presentado tres alumnos y luego ver el estilo de Shackelbolt le preguntó varias veces por qué nunca se había presentado si era tan bueno. Es que tenía una rapidez y un gran estilo para proteger los aros, no daba rebotes y era muy creativo para detener pelotas difíciles.

Elegir un cazador fue un poco más complicado, pero luego de verlos en acción una media hora se decidió por Hestia Jones. Era buena y además había sido la única que logró anotarle a Shackelbolt.

La muchacha lo abrazó de felicidad cuando se lo comunicó, con tanto entusiasmo que casi lo tira de la escoba y enseguida se fue volando a toda velocidad hacia las gradas para anunciárselo a sus amigos.

— He dejado marchar a Vanity. — Anunció Sirius apareciendo a su lado.

— Bien, no creo que se le ocurra volver por aquí.

— Se vengará cuando tenga oportunidad, me lo aseguró unas cien veces— le dijo el joven Black sin darle importancia.

— Siempre dice lo mismo. — Rió James.

Sirius lo siguió con su risa perruna, se habían vengado excelentemente de ella. No podría dar la cara durante dos días por lo menos, que era lo que le duraría el tatuaje que añadieron a su rostro que decía Go Gryffindor! en letras color escarlata con un pequeño león que rugía cada cierto tiempo.

— ¿Voy por mi escoba?— le preguntó Sirius animado por tirar algunas bludgers.

— No— Lo cortó James tajante. — no quiero golpeadores en la prueba de buscador.

— ¿Por qué…?— comenzó Sirius, pero entonces la vio a Dorcas en el pequeño grupo que esperaban por su oportunidad de lucirse como buscadores. — Esa astuta ha venido sin avisarnos…

— Seguro que creía que no la dejarías participar. — le aseguró Remus que se había acercado a ellos para averiguar por qué no comenzaban con la última prueba.

James suspiró resignado.

— James ¿empezamos?— le preguntó Jack Bones el otro golpeador del equipo con el bate y la escoba sobre los hombros, seguido por Helena Adams, la más pequeña del equipo.

— Sí, pero sin bludgers esta vez. — Le avisó antes de dirigirse hacia los participantes.

— James— lo llamó Helena antes que se fuera completamente— me voy, ya no me necesitas.

El capitán miró con una mueca pero asintió visiblemente.

— Mañana a primera hora Adams— le dijo con voz autoritaria mientras la chica se marchaba contenta por recuperar su libertad hacia el vestuario.

Sirius negó con la cabeza.

— Ya maniático deja de mirar mal a la pobre Helena y vamos a elegir a nuestro buscador. — lo apremió Sirius palmeando su espalda.

— Yo también pensaba irme si ya no me necesitas James. — Le comunicó Jack con una sonrisa.

— Vale, vale, entiendo, me dejan el muerto a mí… vaya equipo. — Le respondió enojado el muchacho.

— No me necesitas James, ya sabes que yo vengo aquí a derribar jugadores…— Sirius rio completamente de acuerdo, después de todo ambos eran los golpeadores de Gryffindor. — Además me están esperando. — le dijo señalando a las gradas.

— Bien, bien, vete traidor…— le dijo James con falso enojo esta vez. — acabemos con esto Sirius.

— ¡Nos vemos mañana entonces! suerte— Jack palmeó a James en el hombro y acomodando bien su escoba se marchó hacia las gradas donde lo esperaban sus amigas.

Las pruebas de buscador fueron minuciosas, les exigió desde movilidad en la escoba, rapidez y evasión, pero sin una sola bludger en juego.

Los hizo volar y los evaluó uno por uno. De los participantes Dorcas destacaba, volaba condenadamente bien y aunque no era especialmente pequeña (una característica común en los buscadores), era delgada y rápida, además tenía excelentes reflejos.

Miro a Dorcas antes de soltar la snitch dorada, que salió disparada hacia arriba más rápida que cualquier ojo humano.

A los quince minutos un muchacho pareció avistarla y los participantes se lanzaron en su búsqueda. Dorcas que se encontraba muy cerca del suelo maldijo y se elevó con velocidad, hasta que James que la observaban desde abajo no fue más que un pequeño bulto. Se detuvo en el aire con frustración al ver que la snitch había vuelto a desaparecer entre la pelea de varios participantes para conseguirla.

Hizo un rápido escaneo del campo y entonces un brillo dorado destello cerca de la base de uno de los postes, sin pensarlo se lanzó en picado hacia abajo. El viento le zumbaba en los oídos, impidiéndole escuchar nada más. Descendió más y más, hasta que apenas distaba un metro para chocar contra el suelo y de golpe desvió la trayectoria de la escoba, ascendiendo con tiempo de rozar la hierba con la punta de los pies y atrapar la pelota, varios de los la habían seguido se estrellaron estrepitosamente contra la hierba, mientras ella triunfal ascendió en espiral con la pelota en mano, ante los anonadados rostros de los participantes y aquellos Gryffindor que se encontraban entre las gradas.

James le sonrió torcido y la anunció como la nueva buscadora del equipo.

— Este año la copa es nuestra— Pronosticó Sirius cerca de James con una sonrisa radiante. James lo miró y aunque no dijo nada él también sonrió radiante.


Lily y las demás habían preparado una pequeña celebración para Dorcas aquella noche en un aula vacía cerca del séptimo piso.

Como la había organizado Emmeline, que no era amante de las reglas como Marlenne o Lily, había cerveza de mantequilla, y comida para todas. Mary, Lily y Marlenne se habían encargado de la decoración. Le habían hecho una pancarta roja que rezaba: ¡Felicidades Dorcas! y Lily había la había encantado para que pequeñas snitchs doradas volaran entre las letras.

Marlenne le lanzaba miradas a la cerveza como si la hubieran ofendido gravemente.

— Quita esa cara Lenny, es una fiesta. — La regaño Emmeline entregándole un jarro de cerveza fría.

La rubia suspiró y tomó la ofrenda a regañadientes.

— Si, una fiesta donde como prefecta debería confiscar todo…

— Mar, somos de diferentes casas, ¿Cómo esperabas que festejáramos juntas?— Le dijo Dorcas tan contenta como en su cumpleaños.

—Ok, si Lily no dice nada, supongo que puedo hacer una excepción.

— Esa es la actitud— Aprobó Mary con las mejillas coloradas por el alcohol.

—Brindemos por Dorcas, que se animó y triunfó— exclamó Lily levantando su jarra mientras las demás vitoreaban.

Las jarras chocaron con un sonoro ¡clack! y un poco de cerveza se derramó debido al entusiasmo.

Luego de unas horas se despidieron de Marlenne y se marcharon hacia la sala común de Gryffindor. Eran las once de la noche, un horario prohibido para que los alumnos estuvieran fuera de sus camas, pero que más daba, ellas siempre cumplían en todo. Bueno tal vez Emmeline no…

En eso escucharon unos pasos apresurados por el pasillo.

—Shhh— las silenció Emmeline y les señaló la columna para que se escondieran detrás. Podría ser Filch y si esto era así estarían en problemas.

Pero había algo raro, la persona estaba corriendo. El ruido de los pasos se hizo más audible hasta que lograron escuchar también una respiración agitada para luego vislumbrar como el individuo en su desesperación tropezaba y caía pesadamente.

Era un alumno.

Lily se descubrió de su escondite asustando aún más al horrorizado estudiante.

— ¿Estas…?

— ¡Ayuda… por favor!— le pidió aterrado intentando levantarse. — algo… algo me está siguiendo.

—Tranquilo. — Le susurró Mary con su voz dulce.

— ¿Qué era? ¿Qué te seguía?— Le preguntó Emmeline sin rodeos.

—No… ¡no se! Estaba muy oscuro. Debemos irnos… era algo malo, realmente malo.

Dorcas hizo una mueca y se cruzó de brazos. El estudiante era Lorcan Greene hermano pequeño de Helia Mala suerte. Digamos que la reputación del alumno y su cordura no eran muy positivas.

—Deberíamos llevarlo con Mcgonagall y... — Sentenció Lily.

Emmeline la tomó del brazo y la alejó de los demás para hablar sólo con ella.

—Si vamos con McGonagall ¿Cómo vamos a explicar lo que estábamos haciendo?— Le susurró ella con una mueca.

— ¿Qué esperas que haga, entonces?— respondió la pelirroja con reproche— alguien lo estaba siguiendo. No puedo enviarlo a dormir.

—Es Lorcan Greene Lily— le dijo ella como si esto fuera suficiente argumento. — es raro.

Estaba claro que Emmeline y probablemente Drocas no confiaban en las palabras del muchacho, además era verdad que Lorcan Greene era extraño. Había algo anormal en sus ojos amarillos y su contextura demasiado delgada y delicada.

Lily lo miró por encima del hombro del Emmeline y lo descubrió mirándola directamente a los ojos, aterrorizado, intentando convencerla que les decía la verdad… era como si hubiera escuchado la conversación que habían tenido.

Entonces por el pasillo por donde había aparecido el estudiante se escuchó un golpe. Emmeline y Lily corrieron hacia allí sin pensarlo dos veces seguidas por Dorcas que se tomó un momento para desenvainar la varita, dejando a Mary a solas con el muchacho.

El pasillo estaba a oscuras, alguien o algo había apagado todas las antorchas, pero esa oscuridad no era normal, pues ni un rayo de luna se filtraba por los amplios ventanales. Lily sintió un escalofrió y pronuncio ¡Lumos!

Se giró apuntando hacia los lados para tener una vista panorámica del lugar. No había nada ni nadie.

Todo parecía indicar que el muchacho estaba efectivamente mintiendo o probamente tan afectado mentalmente como decían los rumores. Pero Lily sentía una sensación en su pecho, un presentimiento que le decía que algo no estaba bien allí.

— ¡Miren!— Emmeline apuntó con su varita a una de las frías paredes del castillo.

Allí pintado con verde escarlata estaba la marca tenebrosa, terrible y malévola. Una calavera que parecía gritar con su lengua de serpiente. Unas palabras se leían debajo:

"Temed sangresucias, no estáis a salvo"

Lily se estremeció ante el odio de aquellas palabras llenas de hostilidad y por un instante pensó que la calavera la observaba maquiavélicamente, desde las cuencas donde deberían encontrarse unos ojos, burlándose de su miedo.

Las tres amigas se miraron asustadas. Instintivamente juntaron sus espaldas apuntando con sus varitas a distintos lugares.

Entonces por la derecha se escuchó un grito que desgarró el silencio de la noche. Las muchachas corrieron, con las varitas en mano hasta donde se encontraban las escaleras movedizas. Se frenaron en seco ante el hueco de la escalera y al mirar hacia abajo pudieron ver en el suelo del primer piso un cuerpo inerte sobre un charco de sangre.

Lily se tapó la boca con la mano y pudo escuchar el peño grito ahogado de Dorcas y el gemido de Emmeline.

-¡Avisen a Dumbledore!- le ordenó Lily a unos de los cuadros de los monjes borrachos, mientras saltaban hacia la escalera que recién llegaba al descanso.- ¡Avisen a Dumbledore!


¡Aquí termina entonces el capítulo III! Si ya se un final, peor que los anteriores… pero realmente espero que lo disfrutaran, es el capitulo más largo hasta ahora.

Quiero discúlpame por tardar tanto en subir este capítulo, sonará a excusa pero la suerte no estuvo de mi lado: se rompió el disco de mi pc y perdí TODO… no sólo el capítulo que ya casi estaba terminado en un 80%, sino también todo lo que tenía para el fanfic más adelante, escenas futuras, listado completo de personajes, sus nombres e historias.

Una vez que arregle la pc (que por ciento llevó su tiempo, porque lo hice yo…ya que no soporto que toquen a mi bebé XD) tuve un bloqueo porque el capítulo no me estaba quedando como el primero que había escrito y realmente no estaba conforme… algunas escenas me quedaban más largas otras más cortas y otras totalmente diferente, en fin sentía que me estaba quedando aburrido, pesado y sin el encanto del original. Por lo que me llevo otro tiempo pulirlo y acostumbrarme a este capítulo, hasta quedar más o menos conforme.

Además tuve que hacer nuevamente la lista de todos los personajes, que como ven son varios y sin la cual no podía escribir el capítulo.

Espero que me comenten si es que aún siguen esta historia. Ya que sus comentarios me ayudan a mejorar y a inspirarme.

Recuerda que si me dejas un Review tienes más posibilidades de hablar con James a solas, frente a una chimenea durante la noche… (*Suspiro)