Anteriormente: James destrozado por la muerte de su padre, se ha dedicado a la los duelos y al quiddicht como un maniático. Sus amigos lo han intentado animar con bromas y bebidas, por desgracia Lily los encuentra borrachos y tras pelearse con James, acuerdan tácitamente llevarse mejor.

Dorcas consigue un puesto en el equipo de quiddicht y festeja con sus amigas en un aula por la noche, pero un alumno es perseguido y las chicas pasan a ser testigos de un ataque horrífico a un alumno.

Capítulo 4: Los sospechosos de siempre.

Cuando James despertó aquel día y descendió a la sala común, se sorprendió ante la totalidad de los alumnos de Gryffindor reunidos en aquel espacio. Todos apiñados en diferentes círculos, hablando, discutiendo o susurrando.

—¿Qué sucede?— Le preguntó a Sirius cuando pudo encontrarlo entre aquella multitud, estaba completamente solo y al parecer terriblemente aburrido.

—No lo sé… no dicen nada Prongs, sólo que permanezcamos aquí hasta nuevo aviso, pero Remus debe saber algo. Estoy esperando que termine— Respondió su amigo señalando con desgana hacia el frente.

James miró entonces que en medio de aquel tumulto se encontraba el premio anual, Edgar Bones, junto a los prefectos de Grynffindor respondiendo las incasables preguntas y quejas de los alumnos.

Desde donde se encontraban, sobre la última ventana a un lado de la puerta no se oía absolutamente nada de lo que decían. Tan solo un zumbido desigual de muchas voces enojadas y el tranquilo balbuceo de los prefectos.

—Lily no está. — Sentenció James confundido. Él la conocía lo suficiente como para saber que ella nunca faltaría a sus responsabilidades como prefecta y luego reparó en algo más— ¿Dónde está Peter?

Un brillo malicioso se expandió por los ojos grises de Sirius.

—Bueno… no dejan salir a ningún alumno de la sala así que…

—Ese pequeño astuto logró escabullirse.— completó James extendiendo una sonrisa— ¿Seguro que nadie lo vio?

—Tranquilo, ya estaba convertido, además yo hice de distracción, no hay nada como un soltar una de estas nenas…— Le dijo sacando una bengala del Dr. filibuster de su bolsillo.

James asintió.

—Está averiguando por qué rayos estamos aquí como prisioneros.— continuó Sirius mientras se acercaba a uno de los sillones y ahuyentaba al alumno que se sentaba allí con un carismático"Largo".— Es un coñazo estar encerrado, en momentos como este preferiría ser una rata…

Se desplomó aburrido en el sofá ahora libre y resopló descansado su cabeza entre sus manos entrelazadas. James se sentó a su lado y ambos pusieron sus pies sobre la pequeña mesa ratona.

—¿Dónde estará Lily?

—No lo sé James, no empieces…— Le pidió Sirius con aburrimiento.

—Pero…

—Preguntármelo diez veces no hará que me sepa la respuesta.— lo cortó Sirius con cansancio.— ¿Por qué no miras en el mapa…?

James advirtiendo su estupidez se incorporó cómo si tuviera un resorte en la espalda y se fué corriendo hacia su habitación con más rapidez que una snitch.

Sirius lo siguió con un resoplido, pero tan fiel como el perro que era, subiendo los escalones de dos en dos y aún así muy por detrás de su amigo. En la alcoba se recostó en el marco de la puerta con los brazos cruzados mientras James juraba solemnemente sobre el pergamino que sus intenciones no eran buenas, aunque en este caso sí lo eran.

El moreno puedo observar entonces como los ojos marrones de su amigo se abrieron tras sus gafas con puro horror.

—¡Sirius! ¡Lily está en la enfermería!— Exclamó preocupado levantando completamente su rostro detrás del mapa y tirándolo al escritorio como si fuera un viejo pergamino sin importancia.

James comenzó a revolver desesperadamente sus pertenencias en busca de su capa y sin perder un minuto la tiró encima de ambos. Agarró sin miramientos a Sirius de la camisa para arrastrarlo escaleras abajo.

James lo fue empujando con premura, esquivando alumnos con la misma precisión con la que esquivaba las bludgers enemigas.

—¡Hey! Puedo caminar solo…— le dijo el joven Black quitando la mano de su amigo que arrugaba su camisa.— deberíamos esperar a que alguien entre a la sala o…

Pero james abrió el retrato y se lanzó hacia fuera tirando nuevamente de Sirius.

—No importa.— Rió Sirius, contento por abandonar la sala común. Aunque antes que el retrato se cerrara detrás de ellos pudo observar el rostro alarmado de Remus (Quien probablemente sospechaba que eran sus amigos escabulléndose) y las miradas confusas de los estudiantes ante el retrato abriendo y cerrandose sin que nadie ingresara.

Corrieron por los desolados pasillos de Hogwarts sin prestar atención a como sus pies sobresalían de la capa. James estaba tan abstraído en su misión de llegar a la enfermería que ni siquiera escuchó los pasos apresurados del conserje.

Sirius tuvo que empujarlo contra la pared con fuerza para que el muchacho no los delatara.

—¿Encontraste algo pequeña?— le decía Filch a su gata.— ¿Un alumno?

Los dos jóvenes permanecieron tan quietos como una roca, el celador se encontraba a escasos metros de ellos agudizando el oído, vestido con una espantosa bata de toalla de la que sobresalían sus pies cubiertos por unas medias viejas de color marrón. Cargaba en su mano derecha un trapo sucio y un balde metálico repleto de agua verde.

La señora Norris se acicalaba ronroneante en la pierna de su amo y miraba fijamente hacia la armadura detrás de la que se escondían, James podría jurar que la gata podía verlos o al menos olerlos.

Filch se agachó un poco para acariciar a su mascota y compañera, arrugando su bata de toalla.

—¿O acaso es esa horrible rata de siempre? — Le preguntó con un tono de voz meloso que sólo empleaba cuando se dirigía a ella.

La señora Norris chilló en conformidad y se relamió una de sus patas delanteras mirando hacia el hombre.

—Ya la atraparás…— le aseguró su dueño con una voz dulce y empalagosa que le revolvió el estómago a los dos jóvenes. —Compraremos veneno y un par de trampas…ahora vamos estoy seguro que ese ruido de antes fue un alumno, o tal vez peeves…sí eso, seguro que fue ese poltergeist…

Sirius y James se miraban. Ambos preocupados por Peter. Esperaron a que la conversación del hombre con su gata se apagara en la distancia antes de salir con cuidado de su escondite y volvieron al camino con un James más relajado.

—Tendrías que haber traído el mapa.— Lo riñó Sirius en voz baja a pesar que Filch se encontraba ya muy lejos.—Nunca piensas cuando se trata de Evans.

—La verdad es que no— le dio la razón el joven Potter sin inmutarse, sabiendo muy bien que seguirle la corriente a Sirius y discutirle era muy mala idea.

Cuando llegaron al pasillo de la enfermería, James se precipitó hacia la puerta, pero Sirius lo retuvo por el hombro justo en el momento que esta se abría dando paso al profesor Dumbledore seguido por Benjamin Fenwick, el nuevo profesor de defensa contra las artes oscuras.

Nerviosos contuvieron el aliento y se aseguraron que ninguno de sus pies se escapara de la capa.

—Espere profesor Dumbledore.— Le pidió el hombre joven al director, luego de cerrar la puerta a sus espaldas.

—Nunca fui tu profesor Benjamin.— Lo corrigió Dumbledore con tranquilidad.

—Bien, Director entonces…

—Llámame Albus, todos los profesores lo hacen— le dijo con una sonrisa.

Benjamin carraspeó, era claro que quería decirle algo importante y Dumbledore parecía hablarle en círculos a propósito.

—¿Ya sabe lo que voy a decirle, no es así?— Preguntó con su voz fuerte y decidida.

—Me hago una idea… jamás leería la mente de los habitantes de este castillo.

—Este asunto es muy serio Albus, esta clase de magia negra es algo de lo que jamás he leído. Jamás había visto algo parecido. No quiero ni pensar como alguien puede tener los nervios y la capacidad suficiente para invocar un horror de tiempos antiguos…

Dumbledore suspiró y James y Sirius intercambiaron una mirada cautelosa de confusión y espanto. James rogó por todos los dioses que nada le hubiera pasado a Lily.

—Tenemos que encargarnos de la situación antes que alguien más salga herido, hay que hacer una redada y deberíamos cancelar todas las actividades que no puedan ser supervisadas por un adulto.

James se horrorizó al instante no sólo porque eso suponía que seguramente cancelaría el quiddicht, sino porque alguien había salido herido.

—Por supuesto, nos reuniremos con los demás en la sala de profesores en una hora para organizar la protección de los alumnos de Hogwarts y la investigación de este asunto, prefería no hablar de estos temas en los pasillos… —James y Sirius creyeron por un momento que la mirada azul de Dumbledore se había clavado en ellos, pero fue tan breve que ninguno podía asegurarlo con certeza.

Benjamin lo miró confundido, estaban completamente solos en ese pasillo, pero se tragó las palabras puesto que no quería discutir con Dumbledore, además con esa actitud no lograría convencerlo.

—Hay otra cosa profesor — El anciano negó suavemente con la cabeza y el hombre se corrigió— Hay otra cosa que quiero decirle Albus…

Sirius creyó ver como el director suspiraba abatido y a James le pareció que parecía más anciano y cansado que de costumbre.

—Esperaba que no me dijeras esto justamente ahora Benjamín…

—Tiene que volver a pensarlo, es un asunto serio. Ahora podemos estar seguros que Voldemort ya lo ha hecho Albus, usted también debería. ¡Un alumno Albus, o varios! inmiscuidos en un tema de esta calaña. Esto ya dejo de ser una travesura de niños, ellos no solo están eligiendo bandos, están participando en esta guerra.

—Tal vez tienes razón— Respondió mirando hacia la ventana— pero mi deber es proteger a los alumnos de Hogwarts. A todos.

—Estamos en desventaja, piénselo, yo podría darle nombres Albus, los he visto pelear. Hay alumnos admirables que serían…

—No están preparados. Apenas son unos niños…

El joven profesor Fenwick resopló indignado.

—Pues invocar a un engendro de sombra no es un juego de niños, si Voldemort ya está entrenando a sus futuros seguidores yo no pienso dejar que los demás alumnos se encuentren en desventaja con esos asquerosos intentos de persona cuando salgan al mundo real… Si usted no quiere tomar cartas en el asunto lo haré yo personalmente.

—¿Qué piensas hacer Benjamin?— le preguntó con voz dura el director.

—Un club de duelo… privado. — Le espetó con desafío— ¿Qué? ¿Acaso Slughorn no tiene su pequeño club de eminencias? Que yo recuerde ese club es muy restrictivo con sus integrantes…

—Bien tienes mi permiso…— le dijo el profesor con una inclinación dando por terminada la conversación.

—Piense lo que le dije, no es justo que los futuros mortifagos estén recibiendo entrenamiento especial y los demás no, si no quiere entrenarlos será convertirlos en víctimas.

—No me presiones Benjamín, una cosa es entrenarlos y otra muy distinta es integrarlos a la orden y mandarlos a pelear como tú quieres. Además no podemos asegurar…— murmuró el director girándose hacia el profesor de defensa.

—¡Por favor! no insulte mi inteligencia diciéndome que no está seguro que esto sea obra de esos pequeños intento de mortífagos… es más que obvio que esto fue un pedido de Voldemort, ¿Qué objetivo tendría sino esa amenaza en la pared…?

—Crea ese club privado, yo decidiré quien integrará la orden.—Lo cortó el anciano director con voz de mando.— te espero en una hora en la sala de profesores Benjamín, no te atrases.

El joven profesor se quedó quieto mirando como el hombre desaparecía por las escaleras deslizando suavemente su capa púrpura por los escalones. Luego se marchó por el lado opuesto con su andar sigiloso dejando el camino libre a los dos estudiantes para ingresar a la enfermería.

James y Sirius tardaron en moverse, aún procesando aquella conversación privada que por alguna razón el profesor Dumbledore les dejo escuchar.

James reaccionó primero dirigiéndose hacia la enfermería sin percatarse que estaba dejando a su amigo al descubierto que irremediablemente se apresuró a seguir su paso. Abrieron la puerta y se apartaron rápidamente porque la señora Pomfrey se inclinó a cerrarla con el ceño fruncido.

Su mirada pasó sobre ellos y siguió de largo, mirando hacia la ventana ligeramente abierta. La mujer pasó muy cerca de ambos muchachos para dirigirse a cerrarla y correr bruscamente las cortinas.

Aliviados hicieron un rápido escaneo a la sala y encontraron fácilmente la cabellera roja como el fuego de Lily Evans. La muchacha se encontraba sentada en una camilla con Mary, Emmeline, Dorcas y un pequeño Ravenclaw, todos bebiendo un brebaje humeante en tazas de distintos colores.

James suspiró relajado al ver a Lily a salvo, aunque ojerosa y asustada.

No era para menos, después de todo, había sido una noche muy aterradora y entre las atenciones de la enfermera y las preguntas de Dumbledore, habían pasado la noche en vela.

—Avísenme si despierta, tengo que preparar otro antídoto.— se dirigió la severa enfermera al pequeño grupo de estudiantes.— ¡y no se les ocurra dormirse!

Tras esa última advertencia la mujer se giró sobre los talones y se encerró en su despacho.

— Esa mujer me hace sentir en el ejército.— exclamó Emmeline un poco aturdida por el último grito de la enfermera. Sus amigas se limitaron a continuar bebiendo de sus tazas con cansancio.

Los merodeadores avanzaron entre las camillas hacia las muchachas y fue entonces que pudieron ver a una alumna completamente pálida que se encontraba detrás de ellas. Estaba acostada en una camilla con el rostro contraído de dolor y aterrorizado en partes iguales, tiesa como un muerto.

James la reconoció, la tia tenía un años menos y era Hufflepuff, pero no podía recordar su nombre.

—Mary— la zarandeó Lily al ver que su amiga cabeceaba— no te duermas.

La muchacha bostezó sin tapujos y asintió. Lily y Dorcas volvieron a hundir su nariz en las tazas de colores. Ahora que se encontraban más cerca los muchachos se dieron cuenta que lo tomaban era café.

Emmeline resoplaba aburrida un mechón rebelde que caía sobre sus ojos, con las manos en los bolsillos de la túnica y con una cara de enojo que intimidaba al pequeño Ravenclaw.

Entonces la puerta volvió a abrirse, dando paso a la profesora McGonagall.

—¿Todavía están aquí?— les preguntó sorprendida la severa profesora, desde el umbral.

El pequeño grupo asintió con desgana y la profesora se dirigió al despacho de la enfermera con los labios fruncidos en una delgada línea.

Una discusión no tardó en llegar a los oídos de los alumnos.

—Problemas de autoridad…— soltó Emmeline negando con la cabeza.

Mary sonrió, demasiado cansada como para reír, Lily y Dorcas seguían bebiendo café de modo que Sirius no pudo saber si les había hecho gracia el comentario ácido de Vance. El niño de Ravenclaw por su parte quería reírse pero la muchacha le amedrentaba lo suficiente como para no querer llamar su atención.

—Esta es nuestra oportunidad… ella nos dejará irnos a dormir— Aseguró Emmeline pensativa.

—No podemos, esa cosa…— Dorcas negó estremeciéndose ligeramente— ya sabes lo que dijeron, tal vez no despertemos y… no quiero ni pensar en eso.

Lily asintió de acuerdo con Dorcas.

—¡Pero si no nos ha hecho nada! Si así fuera estaríamos como ella…— Aseguró Emmeline señalando a la muchacha que se encontraba detrás.

—Querrás decir que no nos hizo lo mismo que a ella.— La refutó Lily.

—Es lo mismo.

—No — le dijo Lily exasperada.— Yo sentí cómo pasó cerca nuestro, me paralicé, era monstruoso, había algo demasiado aterrador en esa cosa, sentí frío, mucho, un frío anormal que nada tenía que ver con el miedo.

—Yo también me sentí así…— replicó el hermano de Helia malasuerte, Lorcan Greene llamando la atención de todos.

—Pero no nos atacó estoy segura.— les dijo testarudamente Emmeline incorporándose de la camilla y poniéndose frente a sus amigas, tapándolas de los dos muchachos bajo la capa.

Sirius y James se movieron sigilosamente de lugar para poder seguir observando los rostros de sus compañeras.

—No sabemos qué era Emmeline— Acotó Lily como si estuviera hablándole niño caprichoso.—no sabemos cómo ataca, ni por qué fue por ella y por él…

El silenció se apoderó de sala. Ni siquiera se escuchaban ya a las dos mujeres en el despacho.

—Ellos estaban solos…— susurró Mary.— tal vez los ataco por eso…

—¿Recuerdas algo más Lorcan?— Le preguntó Lily con amabilidad, inclinándose hacia la cabecera de la camilla donde se encontraba sentado el niño.

—Yo no lo vi, sólo lo sentí…sentí que me seguían y me aterré tanto que corrí, hasta que las encontré a vosotras.—Explicó el muchacho. Tenía unas ojeras muy marcadas bajo los ojos claros.

—Y en ese momento no atacó, puede que Mary tenga un punto.—Añadió la pelirroja girándose hacia sus amigas.

—Luego de perder la oportunidad la debe haber encontrado a ella.— Emmeline señaló nuevamente a la Hufflepuff que había sido atacada.— quien se encontraba sola…

—No olvidemos que se alejó de ella ni bien llegamos a la escena…

—¿Deberíamos decirle a Dumbledore?— inquirió Mary entre bostezos mirando hacia la hermosa vista del lago que se apreciaba por los grandes ventanales de aquel lugar.

—Él ya debe saber qué es esa cosa Mary…—Afirmó Emmeline— Es Dumbledore, el hombre es un puto genio.

—Parecía un dementor y no olvidemos que lo ahuyentó un patronus.— Les dijo Dorcas antes de volver a tomar café.

—¿Dementor? ¿Quieres decir los guardianes de Azkaban?— Preguntó Lily, Mary a su lado parecía aún más confundida.

—Sí, ellos son los guardianes de Azkaban— Aclaró Emmeline y al ver todavía la cara de desconcierto de Mary agregó:— La prisión mágica. Pero hay algo que no tiene sentido, había sangre, mucha… los dementores son espectros que roban el alma no dañan el cuerpo.

—Sin embargo su aspecto era muy parecido, vaporoso y con esa capa oscura, sin ningún cuerpo aparente y el patronus fue capaz de ahuyentarlo— Enumeró Dorcas.

Entonces los gritos de la Hufflepuff a sus espaldas hicieron sobresaltar a todos en aquella sala, la muchacha se retorcía en sueños y gritaba aterrorizada.

McGonagall y Pomfrey salieron del despacho a toda prisa y la enfermera se apresuró hacia su paciente.

—Llévate a estos alumnos Minerva— Le dijo la enfermera mientras se ocupaba de calmar a la chica que se agitaba violentamente.

—Ya la escucharon, vamos.— Le dijo con tono duro la profesora, aunque detrás de ese tono autoritario se escondía su preocupación de que sus alumnos presenciaran otra escena que les arrebataría su inocencia.

Lily se rezagó un instante horrorizada al ver como el brazo de la Hufflepuff se tornaba tan negro como el carbón, como si hubiera sido quemado espontáneamente. Los gritos desgarradores de la chica aumentaban.

James y Sirius se colaron en el espacio que dejó Lily y salieron de allí con premura para no ser descubiertos.

—¡Evans!— la premió McGonagall y la chica corrió hacia la puerta alejándose de esa escena y de los gritos de la alumna que retumbaban en el alto techo de la enfermería.

La profesora los acompañó hacia la torre de Gryffindor, el camino transcurrió en absoluto silencio. Ni siquiera abrieron la boca para despedirse de la profesora y el niño Ravenclaw, tan sólo inclinaron la cabeza y se marcharon hacia el retrato de la dama gorda.


—¿Se puede saber dónde carajo fueron?— Les reprochó Moony en el instante que pisaron su habitación.— Está prohibido salir, hubo un ataque hacia uno de los alumnos. ¿Acaso pueden ser más inconscientes…? Nos obligaron a hacer un recuento de alumnos, Edgar volvió a mentir por nosotros, me ayudó a tapar que no se encontraban cuando vino Flitwick.

Sirius señaló a James.

—Fue su culpa, vio a Evans en la enfermería… pero eso no es importante tenemos que contarte algo muy preocupante Moony.

—¿Lily está bien?— Preguntó Remus visiblemente preocupado mirando directamente a los ojos de James.

—Si ella está bien— Aseguró James desplomándose en su cama.— ¿Peter ya volvió?

—¿Dejaron salir a Peter? ¿Sólo?—El hombre lobo parecía que quería agarrarse los cabellos, ante sus irreflexivos amigos.— Pensé que estaban juntos.

—Está en forma de rata, sabe cuidarse Remus.— Le cortó Sirius, aunque por un breve segundo se miraron con James recordando que Filch y la señora Norris lo estaban buscando y que sus compañeras habían deducido que el agresor sólo atacaba a quienes se encontraban solos.

—Es peligroso salir ¡Nunca piensan nada! Por lo que nos dijeron a los prefectos el estudiante está casi al borde de la muerte.

—Hey deja ya de actuar como si fuéramos unos críos, de todas formas él es un inconsciente, yo sólo lo seguí, ¿Qué esperabas que lo dejara sólo?— Respondió Sirius un poco cabreado.

—No, que le hagas entrar en razón, que le dijeras que no era momento…

Remus lo miraba como diciendo que eso era lo que todo el mundo haría y Sirius negaba y señalaba a James. Cualquier persona que lo conociera un poco sabía lo impulsivo que era James y lo difícil que era hacerlo entrar en razón. Sin embargo Remus los conocía a ambos y Sirius jamás hacia entrar en razón a james no porque no pudiera hacerlo sino porque él también era impulsivo.

—Ya basta, no le hubiera hecho caso de todas formas Moony, ahora escúchanos.

James se incorporó de la cama y se inclinó hacia delante.

Remus se resignó sentándose en su cama pulcramente tendida y entrelazando sus manos entre las rodillas, con la actitud que siempre adoptaba cuando escuchaba a alguien seriamente.

Sirius descansó su espalda sobre la puerta con los brazos cruzados a la altura del pecho y una pierna ligeramente sobre la otra.

—¿Y bien? ¿Qué descubrieron?— Preguntó el hombre lobo posando su mirada en ambos muchachos.

—Para empezar que lo que ocurrió fue un acto de magia negra avanzada y que el ataque fue dirigido por un seguidor de Voldemort.

—O eso es lo que cree Fenwick…— añadió rápidamente Sirius.

Remus le lanzó una mirada indagadora.

—Escuchamos una conversación que mantenía con Dumbledore, mientras nos dirigíamos a chequear la salud de Evans.— Explicó el joven Black señalando la capa de James.

—Esperen ¿Dirigido? ¿Cómo en una invocación?— los cortó Remus porque ambos estaban hablando con demasiada efusividad.

James y Sirius lo confirmaron con gravedad en sus miradas.

—Eso no es todo, Fenwick cree que fue un alumno de Hogwarts… y comenzó a presionar a Dumbledore para que entrene a los alumnos porque Voldemort ya lo estaba haciendo bajo sus narices.

Remus se sorprendió un poco pero asintió. Esto no era algo que desconocieran completamente… la clara inclinación de varios estudiantes hacia el pensamiento pro—sangrepura y sus propias insinuaciones ya lo aseguraban. Pero de creer en la supremacía de los sangrepura a invocar algo para atacar a un alumno había un oscuro trecho que tomar.

—¿Y la criatura invocada? ¿Qué fue lo atacó a ese alumno?

A Remus le pudo la curiosidad, asique dejo de lado las miradas reprochantes las cambió por unas de pura intriga y miedo de descubrir la verdad.

—Al parecer ni Fenwick ni Dumbledore lo saben con certeza, pero utilizó unas palabras… ¿Cómo fueron?— preguntó James girándose hacia a su mejor amigo.

Remus se alarmó ya que si ni Dumbledore ni Fenwick sabían que era, la única respuesta posible era que la criatura sea algo tan maligno que ni ellos se atrevían a estudiar ese lado de la magia…

Sirius pareció meditarlo unos instantes antes de contestar:

—Horror del mundo antiguo…—susurró con voz ronca, carraspeó— si eso dijo, y también lo llamó engendro de sombra.

—Jamás he escuchado ese nombre…—Aseguró Remus pensativo, que era el más versado de los tres en defensa contra las artes oscuras.— pero claro, si ni Dumbledore está seguro cómo voy a conocerlo yo…

—Pero eso no es todo, tenemos información sobre la criatura, sabemos que sólo ataca si estás sólo y que un patronus puede repelerlo.

Remus les lanzó una pregunta muda.

—Hubo testigos: Lily y sus amigas lo vieron, ellas estaban en la enfermería porque encontraron a la víctima siendo atacada.

—¿Y eso sigue dando vueltas por el castillo?

—No tenemos idea Moony, pero Dumbledore y Fenwick creen que es posible y al parecer tienen miedo que se produzcan más ataques.—le explicó James levantándose de la cama.

Los tres amigos se miraron sabiendo lo que harían entonces.

—Vamos a averiguar quién lo hizo.— Les dijo Padfoot con un brillo en sus ojos grises.

Remus intentó decir algo, pero entonces se abrió la puerta de la habitación y Sirius se tambaleó hacia delante cuando un frenético Peter chocó con él.

—¡No me van a creer lo que he visto!— chilló el joven rubio a sus amigos con voz emocionada.

James que lo tenía exactamente en frente notó un largo arañazo cerca de su nariz, pero no pudo decir nada porque la historia de Peter los dejó a todos sin palabras.


—¡Emmeline!— llamó una aguda voz apenas ella y sus amigas pusieron un pie en la sala común.

Una figura menuda y pequeña se acercó rápidamente con el rostro preocupado entre los abarrotados estudiantes.— ¿Están bien? ¿Está bien Lenny?

Erin Mckinnon la pequeña hermana de Marlenne, sorprendió a Emmy con su auténtica preocupación.

—Sí, tu hermana está bien, no te preocupes—le aseguró Emmeline sonriendo. Como vieja amiga de Marlenne conocía muy bien lo mal que se llevaban las dos hermanas.

Erin le hizo una mueca intranquila y le preguntó:

—¿Tú estás bien no?

Emmeline le apoyó una mano en el hombro a la muchacha y asintió cansadamente. Lily notó como Jack Bones y Hestia Jones escuchaban la conversación sin disimulo desde uno de los sillones más cercanos.

—¿Que pasó Emmy?— le preguntó la hermana de su mejor amiga con suspicacia.— no dejan salir a nadie… ¿viste algo no es así?

Lily intentó sacar a Emmeline del apuro, pero cerró la boca cuando su amiga le asintió.

—Ahora no Erin. Estamos muy cansadas.— le pidió Emmeline, que sin esperar respuesta se dirigió a su habitación. Mary y Dorcas la siguieron y Lily se detuvo un momento para sonreírle a Erin antes de alcanzar a sus amigas.

Emmeline abrió la puerta y se encaminó a su cama para tumbarse bocabajo con un suspiro fatigado.

La siguió Mary que se detuvo unos instantes en el marco de la habitación antes de adentrarse completamente. Se sentía tan distinta y lejana la última vez que habían estado en aquella alcoba… ¿Cuándo había sido?

Lily se encontró con sus tres amigas mirándose con gravedad. Mary y Dorcas sentadas en el mismo catre y Emmeline frente a ellas despatarrada en su propia cama pero con la cabeza girada hacia las dos muchachas.

—¿Qué hacen?— preguntó Lily cerrando la puerta a sus espaldas y descargando su peso sobre ella con cansancio.

—Estamos recordando cómo era esa cosa…— le dijo Dorcas girándose hacia ella.

—Enumeramos las características… ¿Tendríamos que escribirlas?— Inquirió Emmeline girándose hacia la pelirroja.

Mary se encogió de hombros y Darcy le saltó a su regazo con maullidos mimoso y un poco enojados porque había quedado toda la noche encerrado en aquella habitación y completamente solo.

—Eso puede esperar creo que esto les interesará más…— soltó la pelirroja con misterio, ante las miradas expectantes de sus amigas— antes de irnos de la enfermería pude ver como el brazo de la chica se tornaba negro, como si de pronto se envolviera en humo negro… cómo el brazo de esa bestia que la atacó.

Sus amigas mostraron distintas expresiones de miedo y asombro.

—¿Crees que se está convirtiendo en una criatura como la que vimos?— le preguntó Dorcas con los ojos completamente abiertos.

—Es posible… no tenemos idea que era eso, pero sé dónde empezar a buscar.

—Lily…—intentó disuadirla Mary con su voz suave.

—¿Qué? ¿No quieres saber Mary?

—¡Sí!— le dijo ella con efusividad y se paró para enfrentarla, haciendo que Darcy se cayera y maullara enojado— Por supuesto que sí, pero por algo tenemos a Dumbledore, él es el director y estoy segura que se encargará de esto, es más capacitado y es quien debe hacerlo Lily, es peligroso para nosotras…

—¡Por supuesto! No estoy diciendo ir detrás de eso, pero hay algo que sé, una criatura como esa no es de este plano, y si no es de este plano…

—Alguien tuvo que invocarla, alguien la está controlando — Terminó Emmeline por ella.

—Exacto, y esa persona se encuentra en el castillo, porque es la misma que dejó la amenaza en pared.— terminó la pelirroja con un brillo en los ojos.


—…y entonces Dumbledore les pidió que reforzaran al doble las patrullas nocturnas o de lo contrario el ministerio terminaría interviniendo la escuela, como ya lo está haciendo en hogsmeade.

—¿Qué pasó luego?

Remus estaba más intrigado de lo que Peter había visto en su vida y considerando lo tranquilo y reservado que era Moony…

—Apareció Filch y su asquerosa gata…—gruñó el pequeño rubio con enojo—¡tuve que huir desesperadamente! ¡Me siguió por dos pisos completos!

Sirius y James se carcajearon y Remus sonrió.

—¡No se rían!— y les señaló su rostro con seriedad— casi me atrapa y sus intenciones son asesinas.

—Ya Wormy… eres muy escurridizo, es imposible que te atrape…— le aseguró Sirius con una sonrisa.

Peter no parecía muy convencido de ello. Después de todo los gatos y las ratas son enemigos naturales.

—Ahora entiendo, una noche escuche a mi padre hablando sobre la orden con mi madre, ¿Recuerdas Sirius?— James se había quedado pensando en la historia de Peter.

El muchacho lo miró con confusión en sus ojos grises.

—Ya sabes la noche que murieron los Bones, él le dijo a mi madre que ellos estaban trabajando en la orden del fénix, pero que no fue por esa razón que Voldemort los asesinó… en ese momento pensamos que era algún proyecto de los inefables…

Sirius asintió recordando. Los señores Bones eran muy respetados y reconocidos, los llamaban los mayores inefables de la ultima década, aunque nadie supiera bien el propósito para el que trabajaban se sabia que era los encargados de mayor rango en todas las investigaciones. Su muerte hacia unos seis meses habia sido una de las peores masacres producto de la crueldad de Voldemort. La razón por la que habían sido torturados y mutilados antes de ponerle fin a su existencia eran desconocidas… para empezar por que eran una respetada familia de sangre pura.

—De alguna manera era obvio ¿saben?, que Dumbledore hiciera una orden de aurores, defensores, antimortifagos o como quieran decirles, fuera del ministerio.— Explicó Remus de pie ante sus amigos.

—Teniendo en cuenta la cantidad de amigos mi familia que trabajan del ministerio, a mí tampoco me sorprende.— Ladró Sirius caminando por la habitación.

—Claro que era de esperarse, Dumbledore no es tonto, hace tiempo que no confía en el ministerio, no con todos los oídos que tiene Voldemort ahí dentro, la orden del fénix es prueba de ello.— Exclamó James de acuerdo con sus amigos.

—La orden era a lo que se referiría Fenwick, él quiere integrar algunos alumnos a ella y Dumbledore se niega, ahora podemos estar seguros que puede ver debajo de las capas James, por eso no quería hablar en el pasillo— Soltó Sirius recordando.

—Entonces… ya que termine de contarles lo que escuché, ¿podrían ponerme al tanto de lo que hablan? — les llamó la atención Peter con curiosidad por lo que habían descubierto sus amigos y confusión de lo que hablaba Sirius.

Sentando en el suelo y con la cabeza apoyada sobre el catre, Peter se escuchó el relato contado por los tres, principalmente hablo Prongs, Padfoot y Moony solo hacia acotaciones cuando lo creían necesario. Peter era un excelente público, sabia cuando quedarse callado, cuando comentar y cuando impresionarse.

—Entonces sabemos que el ataque fue dirigido por un seguidor de ya saben quién y que es un alumno.— Resumió Wormtail desde el suelo y con los pies estirados.

—Posiblemente— Corrigió Remus con voz tranquila. Remus detestaba que asumieran cosas sin pruebas concisas.

—Bien posiblemente un alumno de este castillo— Accedió James, aunque sus amigos sabían muy bien que él estaba convencido que así era— sabemos también que la criatura atacó a dos nacidos de muggle cuando estaban solos.

—No olvidemos que tenemos su nombre, cómo lo llamó Fenwick.—anadió Sirius y luego se dirigio a Remus.— deberías buscarlo en la biblioteca.

Remus frunció ligeramente el ceño.

—¿Yo? ¿Es que tienen algo en contra de los libros y el saber en general…?

—Sabes que Pince nos detesta desde el incidente en tercer año, no podemos entrar sin que nos siga como un ave de rapiña por todo el lugar…—se quejó James.

—Bien yo buscaré en la biblioteca, pero no creo algo así esté al alcance de los alumnos. — accedió el hombre lobo con resignación.

Sus amigos se miraron entre si y Remus entornó los ojos.

—Bien, bien, me meteré en la sección prohibida me llevare la capa de James, pero Peter tú me acompañas.

—¿Yo?— Gimió el pequeño Peter, James y Sirius asintieron y la mirada del muchacho al igual que Remus se transformó en resignada.— ¿y ustedes que harán?

Su voz sonó a reproche.

Prongs y Padfoot no tuvieron que compartir ni una mirada para soltar al unísono:

—Seguir a los Slytherins.

Remus suspiró, ¡Por supuesto que eso era lo que planeaban! Jamás podrían contenerse esos dos. Había un odio natural entre ellos y los Slytherins o mejor dicho con algunos en especial (Remus sabía muy bien quienes tenían en mente esos dos), y lo paradójico era que ambos poseían muchas cualidades de la casa de las serpientes.

—No sabemos si…

Comenzó Moony antes de ser interrumpido por un frustrado James que rodó los ojos con impaciencia.

—Deja tu lógica justiciera Moony, ¡Por supuesto que esto es obra de un Slytherin!

Peter asintió de acuerdo con James.

—¿Quién más podría unirse a ya sabes quién Moony?— preguntó Peter de acuerdo con James.

Sirius miraba la escena de brazos cruzados, sin intervenir, de todas maneras Moony no los haría cambiar de parecer y el hombrelobo lo sabía muy bien porque no dijo nada más.

—Perfecto entonces— Padfoot agitó un rollo de pergamino frente a sus tres amigos— es hora de anotar sospechosos.

—¡Snape y Evans!— Anunció el regordete profesor de pociones— ustedes dos trabajarán juntos.— Se balanceó con las manos detrás de la espalda satisfecho por poder juntar a sus mejores alumnos de nuevo. Ellos eran como el dreamteam de Slughorn, o eso era lo que solía decir Mary.

Los calderos ya se encontraban sobre los mecheros apagados, y el profesor estaba aparejando a los alumnos para hacer el filtro de los muertos.

Lily hizó una mueca de disgustó pero tomó sus pertenencias del banco que compartía con Mary. Ésta le lanzó una mirada de ánimo ya que había una muy buena razón por la cual Lily no pidió trabajar con ella.

Se detuvo frente al banco notando que ya le había dejado el espacio para sus libros y se sentó lo más lejos físicamente posible.

Severus no la miraba, la pelirroja notó como su ex amigo mantenía la vista fija en la tapa de su viejo libro de pociones, aquel que había pertenecido a su madre. No había abierto el libro en la página 10 como había indicado el profesor ni anotaba sus preciosas notas. Lily sabía que a él le gustaba anotar las indicaciones de Slughorn y compararlas con las que tenia de su madre antes de empezar cualquier poción.

Ella carraspeó ofendida y lo saludo con un seco "hola", eso era lo menos que exigían los buenos modales, pero a quien mierda engañaba se reprendió… si no fuera porque quería sonsacarle información ni siquiera le hubiera dirigido la palabra.

Él le respondió el saludo unos cuantos decibeles más bajos de lo normal, incluso pensó que lo había imaginado, pero al notar a Mulciber a dos bancos a la derecha entendió por qué y eso la enfureció.

Sin poder evitarlo se cruzó de brazos y emitió un bufido indignado, se giró para decirle algo pero entonces notó como su ojo seguía algo negro por el puñetazo que le pegó Potter y en fondo se alegró que el muchacho lo hubiera hecho. "Se lo merece" se dijo enojada sin una pizca de piedad.

A unos cuantos bancos de distancia, casi al fondo del aula, James golpeaba el suelo con su pie con nerviosismo.

—¿Quieres dejar eso de una puta vez?— le espetó Sirius.

Pero James no lo escuchó, se inclinó hacia delante tomando el respaldo de la silla de Amelia Bones, que hacia grupo con Remus, para ver mejor a Lily y a Quejicus.

—¡Hey!— se quejó la Hufflepuff girándose hacia James porque éste le había tironeado el cabello.

Pero James tampoco le prestó atención.

—¡Potter!— lo llamó Slughorn al notar el pequeño revuelo que hacia el muchacho— ¿Qué hace?

—No veo bien la pizzara profesor…— explicó James con naturalidad, que era tan rápido para las excusas como para atrapar una Quaffle.

El profesor se giró hacia la parte delantera del aula buscando algún lugar donde asignarlo.

—Bueno haga equipo con la señorita Vance entonces— le ordenó con voz neutral.

James tomó su mochila y se dirigió rápidamente hacia el banco que ocupaba Emmeline, para su buena suerte estaba a dos bancos de distancia del que ocupaba Lily y Quejicus.

Sirius le lanzó una mirada de reproche a su mejor amigo, enojado por tener que hacer grupo con Stebbins, un muchacho de Hufflepuff algo lento y propenso a hacer explotar su caldero.

Slughorn empezó a hacer preguntas a sus estudiantes y a sonreír amablemente a quienes respondían, para su decepción ni Lily ni Severus respondieron.

La pelirroja estaba intentando empezar una conversación con su ex mejor amigo que pareciera casual, pero estaba tan enojada con él que temía tirar a la mierda su plan por sonsacarle información.

Snape, por su parte, quería preguntarle si estaba bien, había escuchado que Lily se había presenciado de alguna manera en el ataque a esa sangre sucia, pero no quería hacerlo porque sabía que sus amigos lo miraban con interés.

James se había sentado en el banco y había estirado sus piernas en todo su largo y cruzado sus brazos a la altura del pecho. Quejicus siempre lo había hecho sentirse celoso, celoso por compartir tanto tiempo con ella y ser objeto de esas sonrisas que él tanto ansiaba recibir, y lo que más detestaba era que ni siquiera se merecía todo eso… ¡La había llamado sangresucia! La ganas de volver a partirle la cara a lo muggle le hacían picar los puños.

—¡Potter!— Lo reprendió Emmeline Vance con el ceño fruncido.— Ni te creas que voy a hacer todo el trabajo por ti.— y enojada le tiró los colmillos de serpiente con brusquedad para que los aplastara.

James los comenzó a aplastar distraído, puesto que Vance era lo suficiente autoritaria como para que el muchacho le hiciera caso, pero sin quitarle la vista a Lily ni a Snape.

Los vapores habían comenzado a subir en espiral y la mazmorra se había llenado de un adormecedor aroma producto de la destilación de judías soporíferas.

Ahora que los vapores lo ocultaban de la mirada de los demás, Snape no pudo contenerse por más tiempo y le preguntó a su compañera con su extraña voz:

—¿Estas bien, no?

Lily se giró agradecida porque él comenzara, de esa forma si le preguntaba algo no sería tan sospechoso. Se acomodó el cabello tras la oreja con nerviosismo.

—¿Por qué preguntas?

—Vamos Lils— dejo escapar él con confianza y cuando lo notó carraspeó avergonzado. Continuó intentando de enmendar el error— todo el mundo sabe que estuviste durante el ataque.

Ella frunció el ceño y pulverizó sus asfófelos con saña intentando no responderle "Pareces saber mucho del ataque" respiró hondo e intentando ser inteligente dejó caer algo de información.

—Sí yo vi el ataque, pero no me sucedió nada.

Lily intentaba no pensar en qué la persona a su lado la había traicionado recientemente llamándola sangresucia a los gritos, cuando en otra época habían sido los mejores amigos.

James vió como Lily y Quejicus se hablaban en voz baja, cómo diciéndose un secreto, demasiado juntos para su gusto. Enojado aplastó con demasiada fuerza su colmillo de serpiente con su cuchillo de plata y lo enterró en la madera del banco.

Emmeline lo miró con ojos asesinos.

—Quieres hacerme el favor Potter de dejar de mirar a Lily y prestar atención a nuestra puta poción.— le dijo en voz baja, para que Slughorn no la escuchara, pero el agarre de hierro en su hombro y su expresión enfadada hicieron que el chico sintiera como si ella le hubiera gritado.

James la miró nervioso, no por qué le tuviera miedo a Vance sino porque se moría por levantarse y separar a esos dos.

Emmeline notó el nerviosismo del chico en su pierna que golpeteaba el suelo y su expresión exaltada. Casi se quiso reír en su cara, el pobre Potter era incapaz de esconder lo que le gustaba Lily.

—Vamos a hacer un trato tú y yo— le dijo ella sin soltarle el hombro.— tú haces la mitad de esta estúpida poción y yo te cuento quién es el nuevo guardián de Hufflepuff.

¡Bingo! James Potter se giró completamente interesado hacia ella. Emmeline le tendió la mano.

—Hay otra cosa que quiero.— Susurró el pelinegro inclinándose a su oreja.— quiero que me cuentes todo lo que sabes del ataque…

A unos asientos de distancia, Snape miraba a su compañera intentando preguntarle lo que sabía. El caldero de peltre bullía en medio y los ocultaba un poco de la mirada del profesor.

—¿Qué fue lo que…?— empezó su cetrino compañero, con el pelo un poco más grasoso debido a los vapores de la mazmorra.

La pelirroja lo miró seria— si quieres saber, hay algo que tienes que hacer por mi.— le soltó la muchacha con una mueca.

Snape asintió volcando las raíces de Valeriana al caldero en forma automática. Lily estaba acostumbrada a no cuestionar como carajo Snape sabía el momento exacto en el que debía verter cada ingrediente sin un maldito reloj.

—Debes decirme quienes estaban contigo esa noche.

El muchacho frunció el ceño.

—¿Desconfías de mis amigos entonces?— le soltó con la voz cargada de algo que Lily no supo interpretar.

—¿Tú no?— Respondió incrédula.— ¿Quién más podría hacer algo así?

—No lo sé…— le dijo él secamente— ¿Crees que yo sabría algo así?

Pero Lily entendió que lo que quería preguntarle era: ¿Crees que yo estoy involucrado?

—Pues sí, la alumna atacada era hija de muggles y alguien escribió una amenaza a los nacidos de gente no mágica en tinta verde.

—Claro tinta verde, eso lo explica todo— Hizo un ademán exasperado— Nunca se te ocurrió pensar en otras personas ¿no?, desde un primer momento supones que es obra de un Slytherin. — Él estaba totalmente ofendido, pero Lily no se acobardó por su actitud y lo apuntó con el dedo como si fuera una varita.

—Pues son tus compañeros los que van predicando por ahí su odio a la gente como yo, incluso tú mismo, asique no me hagas ahora una escena de reproche, yo soy la única que tiene permitido enojarse por esto Snape.

El muchacho se contrajo como si hubiera sido golpeado y en ese momento ¡BOOM!

La explosión de un caldero en el fondo hizo que los alumnos gritaran.

—¡Stebbins!— Gritó el profesor corriendo hacia donde se produjo el accidente.

—Está inconsciente profesor…—dijo Sirius levantando su cabeza detrás de la mochila que lo había protegido de la explosión.

Slughorn se inclinó sobre su alumno y suspiró agradecido.

—Por suerte la poción estaba mal hecha…— susurró aliviado, sólo Sirius que estaba muy cerca lo oyó.— llévatelo a la enfermería Black.

Slughorn hizo desaparecer todo el peligroso líquido con un hábil movimiento de varita.

El muchacho hizo una mueca pero cargó a su compañero de banco en los hombros y salió de allí entre risas y burlas de algunos Slytherins.

Slughorn les dio un poco de lata sobre la seguridad y la importancia de no agregar el jugo de sopóforo antes de las raíces de ajenjo, si no querían terminar como Stebbins.

Lily y Severus no hablaron más en el resto de la clase, que terminó antes que pudieran completar la poción.

—¡Se nos acabó el tiempo!— anunció el profesor tomando el reloj de arena de su escritorio.— continuaremos la siguiente clase, donde nos quedamos.

Emmeline y James suspiraron aliviados puesto que iban más que atrasados en el trabajo por su conversación.

Los alumnos recogieron sus cosas con rapidez, mientras el profesor aplicaba un complicado hechizo que congelaba el tiempo para los calderos.

Snape se fue sin decir adiós y esperó a sus amigos fuera del aula. Lily se tomó mucho tiempo para recoger sus cosas, deseando quedarse a solas con su profesor.

Cuando el último alumno cruzó el umbral, la pelirroja se acercó al escritorio donde Slughorn miraba unos papeles.

—Lily querida, ¿Querías preguntarme algo?— le preguntó afablemente el profesor. Horace siempre era amable con sus mejores alumnos.

—Sí, profesor— Asintió Lily con su cara de niña buena.— quería decirle que ese encantamiento me ha impresionado.

Horace sabía que su alumna lo estaba halagando con algún propósito, pero eso no le importaba en lo absoluto. Le encantaba la adulación, y consideraba que era una excelente habilidad, puesto que así era cómo había conseguido los grandes logros de su vida.

—Muchas gracias querida.

—De todas formas no era de eso lo que quería decirle profesor.

El hombre asintió incitándola a que pidiera lo que quisiera.


—Así que una pintada en el muro— Terció Remus inclinado sobre uno de sus libros. Se encontraban en la biblioteca de Hogwarts.

James asintió. Había puesto al tanto a sus amigos sobre su reveladora conversación con Vance.

Peter examinaba el pergamino donde Emmeline Vance, había escrito con su reluciente letra lo que se encontraba en el muro.

—James, yo pasé por este corredor— Les dijo Peter a sus amigos sacando su lengua y apoyándola sobre la comisura de su boca, en su típica expresión de abstracción. — no había nada…

—Lo deben de haber quitado… probablemente para no causar pánico entre los alumnos.— meditó Remus.

Entonces el cerebro de James hizo click.

—¡Filch!— anunció emocionado, sus amigos lo miraron sin entender— El día del ataque lo vimos llevando un balde y un trapo, debe haberlo limpiado él.

La señora Pince se apareció detrás de ellos y frunciendo el entrecejo.

—Fuera… y tres semanas suspendidos de la biblioteca. Ahora.— su voz aunque no gritaba, puesto que estaba prohibido en la biblioteca, estaba cargada de enojo.

Remus suspiró y tomando sus cosas salió de allí detrás de James y Peter, cabizbajo.

—Te lo dije, me odia…— dijo James luego que Remus cerrara la puerta del lugar.

—Esa mujer trata así a cualquiera que no sigas las normas de la biblioteca james, y tú tienes un problema de conducta serio... yo no me lo tomaría a pecho.

—Puede que tengas un punto Moony, pero parecía realmente ensañada conmigo.

—¿Qué haremos ahora James?— suspiró Remus— se suponía que teníamos que ir a la sección prohibida con Peter.

—Pensé que habíamos acordado ir con la capa de...—James le tapó la boca a Peter con brusquedad y rió con fuerza.

Peter que no entendía lo que sucedía lo miró exigiendo una explicación.

Entonces Snape se acercó a ellos mirándolos con curiosidad y cargado de pesados libros entre los brazos.

—¿Qué miras Quejicus?— Lo provocó James con energía.— ¿Quieres que te empareje los ojos?

Remus lo tomó del hombro intentando llevarse a sus amigos para evitar un desastre.

Snape lo miró fijo a los ojos con un desprecio que sólo guardaba para James. No sólo eran sus ojos cargados de odio, había un rictus de desdén en su boca.

Pareció que quería decir algo, incluso Remus advirtió cómo su mano se crispó con deseo de tomar su varita. Pero lo pensó mejor, ellos eran tres, y Snape no era muy valiente después de todo. Así que lanzó una última mirada de odio antes de abrir la puerta y meter su cabeza en la biblioteca.

James se quedó mirando la puerta incluso cuando esta ya estaba cerrada, Remus podía jurar que James se encontraba decepcionado porque Snape no había mordido el anzuelo. No era un secreto que desde la muerte de Charlus Potter, su hijo James se desquitaba peleando. Con cualquiera que fuera lo suficientemente estupido como para seguirle el juego.

—Estoy seguro que sabe algo… si es que no fue él quien hizo el ataque.— Escupió James.

Peter asintió automáticamente, puesto no era la clase de persona que contradijera a los demás.

Remus no asintió pero veía el punto de James, Snape era uno de los sospechosos en la larga lista que habían redactado en la habitación. Tenían nueve nombres, los nueve alumnos más inclinados por la pureza de sangre o lo suficientemente inteligentes y capaces para hacer algo así.

—Vamos a buscar a Sirius.— dijo Peter sacando a James y Remus de sus cavilaciones.

Vamos que él no era el más suspicaz de sus amigos, pero los conocía lo suficiente como para intuir que estaban pensando y que probablemente Padfoot se encontraba muy enojado con ellos y en especial con James por haberlo dejado hacer grupo con el inútil de Stebbins… así que mejor encontrarlo rápido.

James lo sabía también, hace tiempo que Sirius debería haberlos encontrado, después de todo era él quien tenía el mapa… seguro que estaba cabreadísimo…


—¿Lo conseguiste?— Preguntó Mary alcanzándola luego de su última clase, con su corto pelo marrón en una coleta desprolija y un pequeño mechón rebelde sobre sus ojos claros.

Lily sonrió.

—Por supuesto. Slughorn siempre me da una mano. Tendré que regalarle algo para su cumpleaños…

—Vamos, hay que encontrar a Emmy y Dorcas— Les dijo Marlenne. Ella ya estaba al tanto de lo que había ocurrido y lo que sus amigas habían visto, Lily había utilizado la clase de aritmancia para ponerla al corriente.

Para decepción de Lily, Marlenne (que por cierto tenía una memoria y un cerebro prodigioso digno de una Ravenclaw) tampoco sabía que podía ser ni quién podía estar detrás del ataque. Por lo que la entrada a la sección prohibida se había hecho su última esperanza de averiguar algo más.

Se encontraban ya en el primer piso cuando algo captó su atención.

—¡Entonces así es cómo te vas a comportar!— Sirius Black, gritaba enojado. Se encontraba cerca de una columna por lo que no se veía con quien se desarrollaba la discusión.

Lily se disponía a intervenir el ataque de ese imberbe al pobre alumno, cuando sintió la mano de Marlenne en su codo.

La rubia negó con la cabeza y mantuvo fuerte el apretón.

—¿Qué mierda te pasa? ¿Desde cuándo te importa lo que haga?— respondió a Black la voz de un muchacho, que Lily no distinguía, pero Marlenne sí.

—Pues me importa, aunque te pese— la voz de Sirius fue más baja pero aún podía escucharse.

—Eres un idiota, ¿te crees que no sé a qué viene este numerito?— La voz del muchacho había aumentado con su enojo.

—Pareciera que no lo sabes Regulus, pareciera que no sabes dónde te estas metiendo, tus amigos…

El muchacho largo una risa seca, casi una burla.

—No te atrevas a decirme lo que tengo que hacer Sirius, que tú y tus amigos se crean los reyes del castillo no te hace uno.— resopló completamente ofendido.

—¡Soy tu hermano!— Escupió Sirius.— Tus amigos están metiéndose en cosas que tú no deberías.

—¡Tú no eres mi hermano! dejaste de serlo el día que huiste de casa.—La voz de Regulus se escuchaba dolida y Sirius recordó la suave súplica de su hermano pidiéndole que se quedara aquella noche, sus ojos grises mirando desde la escalera antes que él pegaba un portazo frente a las narices de la arpía de Walburga.

No soy su hermano… el primogénito Black, tragó con amargura las palabras de su hermano menor y desea hacerlo sentir igual a como se siente él tras esas palabras.

—Tienes razón— exclamó Sirius y pudo ver que su hermano se había arrepentido de lo que dijo, pero ambos eran demasiado orgullosos para disculparse. Tan distintos y tan parecidos a la vez.

Regulus quería gritarle que él no sabía nada del ataque, que hubiera deseado irse con él aquella noche, pero Regulus estaba destinado a hacerse cargo de su familia, a ser el hijo que los Black querían, a ser el Slytherin que debía y sobre todo a ser todo aquello que Sirius renegó. Y por eso calló y nuevamente observó a su hermano marcharse.

Para ser un Gryffindor Sirius tenía esa costumbre de huir continuamente, pensó Regulus. El pequeño Slytherin había aceptado su destino y se había resignado a ser aquel que debía, pero más de una vez soñó poder ser cómo él, poder actuar sin pensar en nadie, sin pensar en su familia y hacer lo que le viniera en gana, soñó que era Sirius quien mirara su espalda cuando se marchaba.

Se apoyó contra la columna y se resbaló pesadamente por ella. Su mochila hizo un sonido seco al caer en el frío piso de piedra.

Pero a pesar de saberse valiente, él también había huido y se sentía perdido y sólo por partes iguales. Había abandonado a una verdadera amiga por miedo a lo que sus amigos de Slytherin dirían, a lo que su madre diría.

Por miedo, a eso se reducía su vida, al miedo que le tenía a su madre, a sus amigos y a realizar el paso de hacerse libre como Sirius.

Sirius se había marchado de allí más enojado de lo que estaba cuando encontró a su hermano. Lo había buscado a propósito, necesitaba saber si él sabía algo, si él se había involucrado con mortifagos. No quería ni pensar que Regulus fuera capaz de hacerle algo así a un alumno, o consentirlo si era obra de alguno de sus amigos. El idiota de Travers por ejemplo que básicamente pregonaba por la escuela su simpatía a Voldemort.

Pero Regulus no sería tan idiota cómo para saber algo sobre el ataque y permitirlo o peor hacer algo así él mismo, la duda ante esta retorcida idea de su cabeza lo habían llevado a buscarlo y desquitarse con él. En el fondo tenía miedo que fuera así y el muy maldito no había negado ni asegurado nada, tal vez para atormentarlo.

Desde que se enteró del ataque, lo primero que temió fue que su hermano hubiera tomado una decisión equivocada. Había estado a punto de callarse, a punto de actuar como si no le importara, pero es Sirius Black y está acostumbrado a hacer lo que quiere y a reaccionar sin pensar demasiado en las consecuencias, por lo que sin reprimir el impulso fue a buscarlo.

De todas maneras eso era lo que le había pedido el tío Alphard, aunque bien sabía que no era esto exactamente lo que quería su tío, sino más bien una reconciliación. La palabra reconciliación retumbo en su mente y la empujo como se aleja a un doxy venenoso.

Quiso pensar ¡Que se joda Regulus!, pero volvió a recordar los ojos grises que lo miraron de la escalera aquella noche, trago pesado y tomó el primer pasadizo que encontró, huyendo nuevamente de su hermano y de aquella responsabilidad que siempre sentía con él.

Lily jamás había presenciado una conversación entre los dos hermanos Black, no sabía que se llevaban mal, tal vez por el hecho que prefería no encontrarse en la misma habitación que James Potter y Sirius Black.

Marlenne por supuesto estaba mejor informada que ella y por eso la había detenido. Sin poder evitar su morbosa curiosidad cuando reiniciaron su marcha, Lily giró sus ojos verdes donde sabía que se encontraba el hermano menor de Black.

Se encontraba cabizbajo y preocupado, pero al sentir que lo observaban levantó la cabeza, sus ojos las escanearon con frialdad, pero Marlenne se sorprendió al ser objeto de una mirada extraña y diferente a la que había lanzado a sus amigas.

Cuando estuvieron bastante alejadas de su vista y su oído, Lily se frenó.

—No sabía que se llevaba así con su hermano.— les dijo Lily a Mary y Marlenne.

—Bueno, yo tampoco— Explicó la Ravenclaw— nunca se llevaron muy bien, pero al parecer empeora cada vez más.

Chasqueó la lengua y le entregó sus libros a Lily.

—¿Me los guardas Lily? Debo hacer algo.— explicó dejándole sus pesados tomos de estudio.

Se fue corriendo de allí dejando a Lily y Mary cargada de cosas y un poco perplejas.

—Se irá a buscarlo…— suspiró Mary negando con la cabeza.— ¿todavía no se ha olvidado de él, no?

—Tenía la impresión que lo había hecho, pero ya no estoy tan segura Mary…— le aseguró bajando hacia el gran hall de entrada.

En ese momento los alumnos de 6to de cuidado de criaturas mágicas entraban al castillo, embarrados y agotados.

Afuera llovía a cantaros, hacía tres días exactos que había comenzado esa tormenta y parecía que continuaría por algunos días más.

—¡Lily, Mary!— Gritó Emmeline en medio de la pequeña multitud de estudiantes. Emmeline y Dorcas tenían unos rasguños en los brazos y las caras completamente mojadas.

—¿Qué hacen con los libros de Marlenne?— Preguntó Dorcas cuando se encontraron al pie de la escalera de mármol.

—Larga historia…

Emmeline se acomodaba el cabello que se pegaba en su cara y lo escurría dejando un charco de agua a sus pies.

Lily les hizo un encantamiento para que estuvieran secas de nuevo.

—¡Gracias Lily!— exclamó Dorcas mirando las mangas de su túnica ahora secas y limpias.

—Tengo que aprender ese encantamiento…— le dijo Emmeline todavía con las manos en el cabello.— ¿Dónde está Lenny? Tengo que contarles algo importante.

Mary carraspeó, sabiendo más o menos que Emmeline no reaccionaria bien. Emmeline y Marlenne eran amigas de la infancia, mucho antes de venir a Hogwarts, dado que su madre y la madre de Marlenne habían sido amigas durante la escuela y seguían siéndolo hasta la fecha.

—Creemos que se fue con Black…

Emmeline parecía que la había abofeteado, se recompuso cruzándose de brazos.

—¿Con ese idiota?— Su voz sonó un poco más fuerte de lo normal. Su tono declaraba decepción y enojo.

—Vamos Emmy, Sirius no es tan malo como aparenta— La tranquilizó Dorcas, pero al ver los rostros de sus amigas se dio cuenta que era la única que pensaba de esa manera, así que enmendando su error añadió— de todas formas, es entendible que hablen y sean amigos.

—¿Has tenido algún novio alguna vez?— le preguntó con dureza Emmeline aunque sabía la respuesta.— bien entonces déjame decirte que en ningún planeta puedes ser amiga de tu exnovio.

Dorcas se veía claramente ofendida y Lily intervino antes que pudiera replicarle alguna verdad hiriente a Emmeline. Las dos eran mujeres combativas y solían ofender con su forma de actuar o decir las cosas.

—De todas maneras sólo lo siguió para hablar con él, vimos una discusión de Black con su hermano menor que lo dejo muy afectado.

Emmeline suspiró, sacó un cigarro y le dio una larga calada sin decir nada.

Ni Lily ni ninguna de sus amigas le quiso decir algo más, claramente Emmeline se estaba proyectando en Marlenne y todas sabían lo mal que la había dejado su antigua relación, cuando su novio la dejó por un muchacho.

Desde que eso había pasado su antipatía por los hombres en general y particular eran alarmantes, claro que a su relación amorosa fallida había que sumarle un padre que la había abandonado a ella y su madre cuando se enteró que eran brujas… En sus propias palabras "El muy hijo de puta la abandonó a su madre con 6 meses de embarazo."

—Esperemos que ese capullo no le haga nada… sino tendré que arrancarle la piel a tiras.— negó con la cabeza y se acomodó la mochila al hombro.

Sirius y Marlenne había tenido una fugaz relación el año anterior que apenas había durado un mes. Marlenne nunca les quiso decir que había sucedido para que terminaran. Pero desde aquello ellos se hablaban lo menos posible, aunque era claro que todavía había un entendimiento y una intimidad que sólo comparten dos personas que se comprenden.

Emmeline se había ofendido con Marlenne por su secretismo y su decisión de no contarle que había sucedido, lo único que logro sonsacarle fue: "Estamos mejor así".

De todas formas Emmeline no estaba convencida de la veracidad de esas palabras, pero se tomó el deseo de Marlenne de mantenerlo para ella misma con una actitud tan sensata que impresionó a Lily. Sin embargo su actitud con Black era hoy en día un poco más agresiva de lo normal.

Mary las condujo a un salón vacío y cerró la puerta mirando interrogante a Emmy.

La chica suspiro nuevamente y volvió a darle una calda al cigarro, apoyada contra la ventada del salón que parecía una cortina de agua, volviendo borroso el paisaje de Hogwarts.

—Lenny se lo pierde entonces— expresó Emmeline lanzando una bocanada de humo— tengo que contarles algo, es sobre el ataque.

—¿Averiguaste algo?— se sorprendió Lily sentándose cómodamente sobre uno de los pupitres.

—Más o menos… Potter y sus amigos saben algo.

—¿Cómo…?— Comenzó Dorcas que se había apoyado sobre el escritorio del profesor, pero fue interrumpida.

—El genio me dijo algo muy sospechoso hoy en pociones, estoy segura que sabe algo.

Lily y Mary miraron a Dorcas directamente.

—¡Oh no, no quiero que me envíen a espiar!— se quejó la muchacha, sabiendo muy bien las intenciones de sus amigas.

—No es espiar Dorcas, no estarás escondida, es obtener información— Explicó Emmeline guiñándole un ojo.


Sirius jadeó cuando golpeó la blugder, estaba agotadísimo. No le sorprendía que Remus y Peter se hubieran marchado hacía rato. El sol ya comenzaba a ocultarse tras el bosque prohibido, iluminando las hojas con un halo de luz dorada y tiñendo el cielo de un tono anaranjado que distraía al cansado equipo de Gryffindor.

Era una vista espectacular luego de una semana completa de lluvia y tormenta. Sirius hizo una mueca al recordar los entrenamientos durante esa semana.

James estaba convirtiendo los entrenamientos en una tortura. Había reservado el campo cuatro veces a la semana y los hacia entrenar por los menos cinco horas diarias en la semana y siete los fines de semana.

Sirius sabía que los demás miembros del equipo le decían "James el despótico" a sus espaladas. Se debatía consigo mismo cuánto tiempo más se aguantaría esta estúpida actitud de su amigo, pero sabía muy bien que esta era la forma que canalizaba su ira y su dolor. Si James le había aguantado lo capullo que había sido el año anterior luego de marcharse de Grimmauld place lo mejor que podía hacer era ser igual de comprensivo.

—¡Dorcas deja de conversarme de cualquier cosa!— le chilló James con voz fuerte.— ¡Quiero que mejores el tiempo de tu última atrapada!

Bueno capullo tal vez se quedara corto para describirlo… más bien un auténtico demonio era la frase que más se acercaba. Dorcas se sobresaltó en pleno vuelo por el grito y volvió resignada a la búsqueda de la snitch.

Para cuando James los dejo partir, totalmente agotados, del campo de quidditch ya había anochecido.

Sus compañeros se marcharon dejando a James y Sirius solos en el vestuario, antes que terminaran de cambiarse, Peter y Remus hicieron acto de presencia.

—No terminaban más.— Se quejó Peter balanceando sus pies en el banquillo del vestidor.

—Teníamos que esperar para que Hagrid…—James miró el mapa del merodeador, consultando quien era el que hacia guardia fuera de la sala común de Gryffindor.— ¡Bien! Le toca a Hagrid. Seguro que no podrá resistir la tentación de beber el hidromiel que le regalamos.

—Si se encuentra lo suficiente borracho, estoy seguro que no notara los tres pares de pies de sobresalen de la capa.— Suspiró Remus aliviado.— eso y un poco de distracción.

—Pero somos cuatro.— apuntó Peter desde el pequeño banco.

—Tú irás en forma de rata, Worm…— le explicó Sirius como si fuera lo más obvio— si vamos los cuatro se vera mucho más que nuestros pies y eso es algo que ni Hagrid borracho pasará por alto. Además a ninguno le sale bien el encantamiento desilusionador.

Peter frunció los labios pero no se quejó. Sus amigos sabían que a pesar que no le gustara lo haría igualmente. Wormtail no era de aquellos que se quejaran demasiado. ¿No se suponía que iríamos yo y Remus solamente? James y Sirius siempre se salían de los planes y él era el que terminaba acomodándose para dejarlos participar o a veces incluso quedaba fuera.


—Es un plan tonto Lily.— Expresó Marlenne con ambas manos sobre la mesa, frente a la pelirroja que se encontraba sentada con un gran listado de libros escritos sobre un pergamino amarillento.

—Bueno no es que estuvieras el día que lo planeamos así que…— Comenzó Emmeline con voz fría.

—¡Oh! cierto no estaba— suspiró la Ravenclaw— ¿Entonces no puedo decir lo que pienso?

Emmeline se mordió la lengua y le dio la razón con su silencio. Marlenne era la que mejor manejaba la ácida personalidad de Emmy.

Marlenne se volvió nuevamente hacia Lily.

—Pensé que no querías volver a la sección prohibida luego que encontraras aquel libro con hojas hechas de piel humana.

Lily se estremeció recordando. La semana anterior había hecho la primera incursión a la sección prohibida de la biblioteca con el pase que le había pedido a Slughorn. Había anotado algunos libros para revisar y luego los fue tomando de a uno para investigar. Lily, que en algunos aspectos era todavía muy ingenua, se horrorizó con las cosas que encontró allí en el sector de artes oscuras.

Sabía que las artes oscuras eran desagradables y repulsivas, pero aquello que vio eran cosas que no se podría haber imaginado ni en las más horrorosas de sus pesadillas.

Para cuando abrió el tercer libro que había escogido y tocó sus páginas una extraña sensación de repulsión la embargó, pero no fue hasta la página 50 que leyó como estaba hecho el libro. Lo dejó caer con horror y se marchó de allí sin siquiera guardarlo nuevamente en la estantería.

El sonido del libro al caer sonó como si fuera algo pegajoso o líquido. Más bien como un sonido de algo que se estrujaba.

Los dibujos explícitos de cómo arrancar la piel y convertirla en planchas tan finas como papel, para utilizarlas como pergaminos mágicos todavía la atormentaban. Había lavado sus manos con un frenesí violento mientras les explicaba a sus compañeras de cuarto entre estremecimientos y jadeos lo que había visto.

Lily sacudió la cabeza y se miró las manos y las apretó. La horrible sensación seguía allí, y sus manos estaban lastimadas debido al empecinamiento de la chica por quitarse la sensación de las palmas.

—La tierra a Lily— la llamó Mary mientras se sentaba a su lado.— sabes que no hace falta que lo hagas Lily, podríamos olvidarnos de todo esto.

—Además, volviendo a lo tonto que me parece el plan, ¿Qué haremos si nos encuentran? Creo que máximo dos personas podrían salirse con la suya con esa historia. No podemos ir todos y Lily…

Marlenne calló. Pero la pelirroja sabía muy bien lo que quería decir, ella también lo pensaba después de todo. Sabía que tenía miedo de volver a aquel lugar, tenía miedo de lo que podía encontrar mientras buscaban el origen de aquella criatura que las había atacado. No había sido buena idea ir sola, ahora se arrepentía, pero la verdad era que antes no tenía ni idea de la clase de cosas que se encontraban en la sección prohibida.

En su ingenuidad no había entendido nunca las verdaderas clases de cosas a las que se dedicaban las artes oscuras. Ahora que había entrado en verdadero contacto con ellas, no pudo más que estar de acuerdo con el odio acérrimo con el Potter pronunciaba la frase "artes oscuras". Tal vez, si investigara más, incluso sería capaz de entender el verdadero horror con el que algunas personas hablaban de los inferis, porque saber que eran caminantes muertos, no era lo mismo que conocer cómo se creaban y ahora Lily estaba muy segura de ello.

Dorcas entró entonces al aula vacía donde se hallaban reunidas. Venia cansada y traspirada, todavía con su ropa de entrenamiento y la escoba al hombro. Varios mechones de pelo negro se escapaban de la coleta casi desarmada que llevaba.

Las saludó y se desplomó en una de las sillas.

—Potter no te deja descansar ni un minuto ¿No?—Preguntó Lily con sorna.

—Creo que lo que acabas de decir sonó terriblemente mal Lily…— Mary sacudió la cabeza con una sonrisa.

La pelirroja se sonrojó y puso una mueca.

—No seas mal pensada Mary.— Le contestó Lily con falso enojo. Dorcas puso cara de repulsión. No es James fuera feo, era un amigo, de esos que veías como a un hermano.

Las demás rieron y Lily tuvo que reír también.

En ese momento, unas voces llamaron su atención. Venían desde el pasillo al que daba aquella aula vacía. Solían reunirse allí, precisamente porque aquella aula daba a un lugar del castillo que raramente era patrullado por profesores o visitado por los alumnos. Además por alguna extraña razón no había ni un cuadro ni nada que pudiera delatarlas.

Desde su cuarto año, cuando Lily y Mary se habían hecho amigas de verdad con Dorcas, Emmeline y Marlenne, se reunían allí, puesto que era el sitio donde Emmeline y Marlenne se juntaban desde su primer año. Como la rubia era una Ravenclaw y no podían pasar tiempo juntas si se quedaban en su sala común, ese era el primer lugar donde pasaban sus tardes.

Las muchachas callaron y Marlenne apagó su las velas que iluminaban el lugar con un rápido movimiento de varita.

—Te dije que nadie viene por aquí, créeme es seguro.— Dijo una voz masculina que no supieron identificar.

Lily se sonrojó pensando que eran una pareja. No quería escuchar nada si era una pareja, se moriría de vergüenza y Mary probablemente también. Emmeline era capaz de delatarlas con lanzando una carcajada, o lo haría Dorcas, que era aún más vergonzosa que Mary con esas cuestiones.

Lily a oscuras ya no distinguía el rostro de nadie dentro del salón y se quedó quieta sin respirar esperando a que aquellas voces se fueran de allí sin entrar en su pequeña aula secreta.

—¿Entonces has sido tú?— Era la voz de una mujer demandante y acusadora. Aquello no era una charla romántica y de pronto se había vuelto interesante de escuchar.

El hombre no dijo nada.

—Te vi salir esa noche. ¿Acaso no vas a decir nada?

—¿Cuál es el problema gatita? ¿Acaso estas celosa? ¿Tu novio no se porta bien contigo en la cama?— había burla y insolencia en la voz del hombre.

La chica bufó y Lily se la imaginó cruzada de brazos frente a una figura alta.

—¿Te crees muy listo no es así?— La chica tenía un fuerte carácter, y su tono de voz mordaz le recordó a Emmeline. Si no fuera porque la chica estaba a su lado y porque conocía muy bien su voz, Emmeline sería su primera apuesta.

—¿Qué harás, denunciarme con el director? No tienes pruebas de nada.

—No las necesito, ¿Para qué crees que existe el veritaserum? ¿Crees que Dumbledor no lo usaría?

Se escuchó un golpe fuerte y gemido. La había golpeado o hechizado, Lily no estaba segura.

—Eres muy insolente, no eres una gatita sino más bien una perra y lamentablemente no me gusta que me amenacen. ¡Crucio!

Lily se sorprendió con el odio que emanaba de aquella voz, pero se sorprendió aún más cuando ningún grito se escuchó. Oía claramente a un cuerpo retorciéndose, golpeando el suelo, pero la chica no gritaba.

El silencio se cortaba solo con los grotescos espasmos de un cuerpo torturado. Era terrorífico y siniestro.

Sin saber que hacia se levantó de la silla y se dirigió sin siquiera pensarlo hacia la puerta, pero debió hacer algún tipo de ruido, porque el hombre mascullo una maldición y Lily se encontró con el pasillo desierto. No había rastros de nadie, ni ruido ni nada que indicara hacia donde había huido.

Se giró. Sus amigas estaban mirando por encima de sus hombros. Todas tenían la varita en mano.

—¿Cómo demonios pudo escabullirse tan rápido?— soltó Emmeline.

—Evidentemente, era o un profesor o un alumno de séptimo año.— indicó Marlenne. Las miradas de desconcierto de sus amigas la hicieron explicarse— sabia lanzar hechizos no verbales, así es como no escuchamos el silencio que lanzo, ni el hechizo desilusionador, con el que escapó.

—Probablemente nos vio, no puede irse muy lejos con una chica a cuestas. —Indicó Dorcas y el comentario hizo que Mary se mordiera el labio nerviosa.


Entrar fue fácil. La biblioteca no tenía ninguna protección por la noche.

Siguieron a Remus, que conocía muy bien el camino entre las altas y antiguas estanterías de roble.

—Huele a asilo de ancianos, como el despacho de Binns.— Se quejó Sirius con una voz que sonó demasiado parecida a un ladrido enojado.

La atmosfera era fría y seca. Olía a cuero viejo, pergaminos y a polvo acumulado. Remus estaba al tanto del complejo encantamiento que mantenía esa atmosfera propicia para proteger los libros de la humedad.

Sólo la luna iluminaba las altas e intrincadas estanterías, entre las que los chicos se movían. Peter había vuelto a su forma humana, ya no necesitaba ocultarse bajo la capa. Estaban completamente solos.

Remus ingresó primero, no era su primera vez allí, para ayudar a sus amigos a convertirse en animagos habían pasado varias noches en vela estudiando los complicados tomos de transformaciones que se encontraban allí.

Peter encendió una lámpara mientras sus amigos comenzaban a buscar. Remus acercaba su varita con cuidado, no todos los tomos eran amigables aquí.

James hizo un sonido de asco al tocar sin querer un libro sobre trolls.

Rebuscaron entre los tomos sin ningún tipo de éxito, encontrándose con algunas sorpresas realimente desagradables.

—¿Saben dónde podría encontrar algo? En grimmauld place hay casi tantos libros de artes oscuras como aquí. — escupió Sirius con desdén empujando un libro sobre alteración de cadáveres.

Remus levantó su mirada de un pesado tomo sobre invocaciones.

—Hay miles de invocaciones— se quejó Peter descansando su cabeza entre los brazos— podría ser cualquier cosa.

—Sí, necesitamos a Evans.— suspiró James.

—Evans, Evans, Evans me tienes harto con tanto pronunciar su nombre Prongs— murmuró Sirius rodando los ojos.

—Vamos no te pongas celoso Padfoot, sabes que te quiero pero no de ese modo. — espetó James con una sonrisa burlona.

Peter lazó una risa ahogada por la madera. Y Remus sonrió al ver que Sirius resoplaba.

El chico abrió la boca para responder alguna gilipollez de su estilo, pero su amigo dejó caer el libro con sorpresa.

—Esperen, miren esto.— exclamó James empujando el libro al centro la de mesa para que sus amigos lo vieran.

Señaló con su dedo donde decía "engendros de las sombras"

—...criaturas corrompidas que habitan el plano de la sombras, sólo los brujos que posean los grimorios de las sombras pueden controlarlas. Se desconoce el paradero de los tomos pero se cree que fueron escritos doce de ellos, uno por cada engendro— leyó Remus en vos alta.— aquí se mencionan varias criaturas, el grimm es supuestamente uno.

—Pensé que eran fantasías para asustar niños.— dijo Sirius levantando las cejas con incredulidad—¿vamos quién podría pensar mal de un perro negro?

—Aquí mencionan criaturas muy extrañas. Sirius tiene razón suena a leyenda de anciana. ¿Engendros de la sombra? ¿Servidores de la sombra? La teoría de planos no está completamente comprobada.

James recuperó el libro y leyó rápidamente.

—Aquí dice que son las criaturas originarias de los dementores y los lathifold... Pero menciona a los Reapers como uno de los doce, se supone que sólo es un sinónimo de la muerte.

James pasó la página y se encontró con las víctimas de los ataques de uno de los tipos de engendros de la sombra. Lo soltó horrorizado.

Sus amigos se inclinaron para ver.

Peter gimió mientras Sirius cambiaba rápido de hoja.

La página mostraba una ilustración con algo parecido a un dementor. Drahkar rezaba el texto en letras vaporosas.

—¡Eso es!— exclamó James señalando la página— tal cual me lo describió Vance.

—Tenemos que mostrárselo para estar seguros— dijo Sirius inclinándose para verla mejor.

—Aquí dice que aquel que es atacado por un Drahkar se convierte en uno. Primero absorbe el cuerpo de la víctima, parte por parte, desangrándolo y comiendo su carne y huesos, esto le permite ser corpóreo y realizar magia, luego absorbe su alma y la victima pasa a ser un Drahkar, sólo la sombra de algo que alguna vez fue humano.

—Yo que pensaba que no había nada más horroroso que un lethifold.— dijo Peter conteniendo la mueca de asco. Antes los dibujos explícitos de la criatura fagocitando la carne en un charco sangriento.

—Si esto es lo que anda rondando por el castillo, deberíamos avisarle a alguien.— expresó Remus conteniendo un estremecimiento antes las imágenes.

Salieron de la biblioteca terriblemente afectados por el descubrimiento, era demasiado horroroso para ser obra de un adolecente.

—¿Realmente creen que un alumno es capaz de algo así? Es... es demasiado.

—¿Si? Pues yo me puedo imaginar a más de uno— soltó James con repugnancia.

—¿Saben lo que significa no?— preguntó Sirius.— Buscamos a un sangre pura.

—¿Por qué?— le preguntó Peter confuso.

—Porque dice que los grimorios de invocación son antiguos, estoy seguro que quien lo haya hecho proviene de una familia que posee bibliotecas como la Grimmauld place, con reliquias y libros de magia oscura que sólo se acumulan con los años.

Sus amigos asintieron y cuando se pusieron la capa tropezaron con algo invisible.

—¿Qué demonios?— exclamó James desde el piso aplastado por sus amigos.

—Hay algo aquí.- Dijo Remus pisando la mano de uno de sus amigos al incorporarse- lo siento.

—¿Qué es?

—Es una persona.— dijo Sirius tanteando el lugar. Había tocado una pierna.

Ya fuera por lo que acababan de leer o por la implicancia de encontrar a alguien en medio del pasillo, los cuatro se alteraron con el descubrimiento.

—¡Es Emma Vanity!— soltó Remus al revelar el cuerpo de la chica completamente inconsciente.—tenemos que llevarla a la enfermería, esta lastimada. Alguien la atacó y le puso un encantamiento desilusionador.

Sirius la levantó en brazos.


Bueno hasta aquí el capítulo, sé que pasó mucho tiempo desde mi última actualización, intentaré actualizar más seguido. Adoro esta historia, está totalmente planificada, pero la vida no siempre me deja tiempo e inspiración. No la abandonaré, de eso pueden estar seguros.

Amo a los merodeadores, asi que seguiré escribiendo sobre ellos.

El próximo capítulo tendremos el partido de Quiddicht, un poco más de Lily y James y más de nuestros investigadores, alborotadores preferidos.

Sé que no debería, pero si te gustó deja un review. Siempre me impulsan a escribir y me ayudan a encontrar inspiración.

Saludos!