Disclainer: Ni los personajes, ni la historia de Shingeki son míos.
Notas: Lamento MUCHO el retraso, de verdad ;A; pero mi ordenador está estropeado y se paga y se enciende cuando le da la gana. Por eso no he podido escribir mucho ;3; aún así muchas gracias por los comentarios en el cap anterior ^^
Advertencias: YAOI, RIREN, AU. Aparecerán temas como el acoso o el secuestro. Así que si no os gusta, por favor sal de la historia y lee algo que se adapte a tus gustos :) Éste es un long-shot de 8 caps, después de acabar con ellos no continuaré con la historia. Me he basado para hacer esta historia en la canción Animals de Maroon 5 pero no va a ser como el videoclip, la historia es de mi propia invención.
Capítulo 5
Miércoles 29 de Octubre, tres días para Halloween
Me tumbó sobre la cama con delicadeza mientras se posicionaba sobre mí, uniendo nuestros cuerpos por completo. Desnudos comenzamos a besarnos despacio, saboreando y recorriendo la boca contraria. Poco a poco profundizamos el beso juntando nuestras lenguas.
Con sus manos acariciaba mi cuerpo de arriba abajo y apretaba levemente mi piel en sitios erógenos, causándome escalofríos placenteros. En ocasiones, dejaba de besar mis labios un par de minutos para proseguir con mi cuello y hombros, pero no tardaba en subir nuevamente para volverlos a capturar, acallando así los suspiros que salían de éstos.
Paramos unos segundos mirándonos a los ojos, en sus ojos grises se podía ver el mismo amor y deseo que en los míos había. Hice que nos girásemos sobre la cama con suavidad, ahora era yo el que se hallaba acostado sobre él. Pero eso no duro mucho, agarró mi cintura y nos alzó a ambos hasta sentarnos, quedando nuestras caras una frente la otra. Alcé mis manos y las posé sobre su rostro, con la yema de los dedos recorrí sus rasgos faciales hasta llegar a sus labios. Acerqué mi cara aún más a la suya y antes de volver a besarle, rocé juguetonamente mi nariz contra la suya. Mientras nos besábamos, él hacía un recorrido con sus manos de mi cuerpo; empezaba por mis muslos y subía por la espalda, los hombros, la nuca, en dónde se detenía un momento para acariciar mi cabello. Después continuaba bajando por mi cuello y pecho hasta llegar al estómago y de ahí, volvía a empezar. Era como si con sus caricias me estuviera marcando como suyo y yo amaba esa sensación.
Y de pronto, algo cayó poco a poco sobre nosotros, se traba de un líquido rojo, espeso y tibio que se deslizaba hacia abajo por nuestros cuerpos haciendo trazos en la piel. Completamente empapados seguimos besándonos apasionadamente, sin importarnos ninguna otra cosa. Los besos, las caricias, los abrazos se volvieron más cálidos, más placenteros bajo esa lluvia carmesí.
No entendía como podía amar tanto a esa persona. Era como si no pudiésemos vivir separados el uno del otro, él me completaba, llenaba ese vacío que había en mi interior, me hacía sentir especial. Quería estar junto a él para siempre.
- Eren…
Me desperté de golpe con la respiración agitada y el sudor recorriendo mi frente. ¿Qué había sido ese sueño? Toda esa sangre y ese hombre de cabello negro y ojos azules que me besaba y acariciaba a placer ¿qué significaba todo eso? ¿Acaso era gay? No, imposible, a mí me gusta Annie. ¿Entonces qué quería decir? Pasé mis dedos por mi pelo revolviéndolo, no debía preocuparme por eso total, todo había sido todo un sueño.
Miré por la ventana, todo estaba escuro y afuera seguía lloviendo igual de fuerte que ayer. Observé que el reloj de la mesita de noche, señalaba con su luz digital fosforescente que eran la 13:07pm. ¿La una de la tarde ya? Me había perdido todo un día de clases y aún así seguía con sueño.
Coloqué las manos en la cama para levantarme pero sentí algo raro al hacerlo. En lado izquierdo donde estaba apoyada mi mano emanaba calor y, no solo eso, las sábanas de ese lado estaban revueltas como si alguien hubiese dormido recientemente en ese lugar. Y era imposible que fuese yo porque, aparte de que la cama era casi tan grande como una de matrimonio, no me movía mucho por la noche y nunca ocupaba esa zona para dormir.
Salí de la cama corriendo y me apoyé en la pared contraria a ésta. Con la mano palpé la pared hasta dar con el interruptor para presionarlo, con un fogonazo se iluminó toda la habitación. Tuve que apartar la vista porque todo estaba demasiado brillante para mis ojos recién levantados. Cuando al fin pude abrirlos me fijé que estaba solo en aquella habitación.
Aún con el corazón en un puño, me dirigí hacia la puerta para coger algún tipo de arma y comprobar que nadie estuviese en la casa, estaba pasando por mi armario de espejos cuando vi algo inusual en mi cuerpo.
Jadeé de la sorpresa. Partes de mi cuello, hombros y clavículas se hallaban llenos de moratones y mordiscos y todos recientes. Entre tembloroso y asustado, llevé mis manos a esas zonas para acariciarlas con cuidado. Algunas dolían, se notaba que lo habían hecho con ensañamiento. Estaba tan concentrado con las recientes marcas en mi cuerpo que al escuchar una cancioncilla proveniente del pasillo, salté asustado dando un grito agudo.
Llamaban al teléfono de casa.
Salí al pasillo encendiendo la luz y mirando en ambas direcciones para estar seguro antes de dirigirme al teléfono colgado en la pared. Descolgué con desconfianza.
- ¿H-hola? –pregunté tembloroso.
- ¡Eren! ¡Menos mal que estás en casa! –gritaron desde el otro lado de la línea.
- ¿Armin?
- Claro ¿esperabas a alguien más? Oye, te llamaba para decirte que han cancelado las clases por la lluvia. He intentado avisarte durante toda la mañana pero parece que la cobertura en el pueblo va y viene, cuan-
- ¡Armin! –le interrumpí- tengo que hablarte sobre las bromas.
- ¿Las bromas? ¡Ah! es cierto, ayer hablé con los chicos y aunque se molestaron por haberles arruinado la gracia, prometieron parar. La verdad es que Mikasa ya sabía quién les hacían las bromas y no se sorprendió cuando se lo confesamos. Aunque eso ya me lo esperaba –se rió.
- ¿Mikasa?
- Sí, de verdad siento no haberte dicho nada pero sabemos que eres un poco sobreprotector con Mikasa por ser tu 'hermana' y te molestaría si te contáramos que intentábamos asustarla.
- ¿Era Mikasa todo este tiempo y yo no? –susurré pensativo.
- ¿Tú? ¿Ocurre algo Eren? Estás muy raro. –preguntó preocupado.
- ¡Armin, escúchame! Armin, algo está pasando. Alguien-
Un pitido constante interrumpió nuestra conversación, la llamada se había cortado.
- ¿Armin? ¿Hola? ¡Mierda!
Intenté volver a llamarle un par de veces pero no había línea, no se escuchaba nada. Dejé el auricular en su sitio y me qué mirando al vacío durante unos momentos hasta que reaccioné.
- Entonces nada de esto ha sido una broma, todo es real –dije en voz alta.
Miré a mi alrededor, menos el pasillo en donde ahora mismo me encontraba y mi cuarto, toda la casa se encontraba completamente a oscuras y en silencio. Parecía que no había nadie en la casa, ni siquiera mi padre el cual no había visto desde ayer por la mañana. Y tampoco podía llamarle a él ni a nadie ya que no hay ni línea ni cobertura. Así que tendría que revisar toda la casa yo solo, ojalá no pase como el día anterior y se vaya la luz.
Ya que estaba en la planta de arriba empecé a revisar por allí las habitaciones de una en una. Pero antes de hacerlo empuñé como arma una pequeña figura de bronce que teníamos de decoración. Fui primero al cuarto de mi padre, después al baño y finalmente otra vez mi habitación. Miré en todos los posibles rincones donde se podría ocultar alguien como los armarios, detrás de algún mueble o debajo de la cama pero nada.
Suspiré, en la primera planta no había nadie ahora tocaba con la planta inferior.
Miré otra vez por la ventana, desde la ventana de mi cuarto se podía ver el patio trasero de la casa y atrás un poco de bosque. La lluvia había amainado un poco aunque seguía tronando igual de fuerte. En eso un rayo iluminó toda la zona, pudiéndose ver una figura en la oscuridad.
Retrocedí unos pasos con el pánico en la piel. Allí en medio del jardín se hallaba un hombre, no se le podía reconocer bien porque estaba vestido por completo de negro incluyendo su capucha, fundiéndose así con la oscuridad de la noche. No parecía importarle empaparse, permanecía quieto mirando en mi dirección. Le sentía observándome, analizando cada uno de mis movimientos. Ambos permanecimos en las mismas posiciones durante unos minutos hasta que fue él quien realizó el primer movimiento. Alzó el brazo con lentitud e hizo un leve movimiento con su mano como si me estuviera saludando.
Mi respiración se volvió errática, mis ojos se empezaron a aguar hasta que finalmente las lágrimas se derramaron sobre mis mejillas. Levantó con su otra mano el objeto que hasta ahora no me había fijado, una cámara fotográfica, la alzó y comenzó a fotografiarme.
Empecé a temblar aterrado de la escena que se estaba produciendo. Cerré las cortinas de golpes, en un ataqué de pánico empecé a correr por toda la casa cerrando puertas y ventanas para estar a salvo de ese individuo. Estaba tan asustado que hasta tropecé un par de veces cayendo al suelo.
Una vez que finalicé con mi objetivo, bajé a la primera planta pero me quedé paralizado al pie de las escaleras al ver lo que había. La puerta se encontraba abierta de par en par, se podía ver la calle vacía y empapada por la lluvia que constantemente caía y el frío que entraba por ella, me estaba helando la piel. Y eso no era lo peor, en el suelo de la entrada alguien había dejado un paquete pequeño y una carta negra. A su lado había un reguero de agua que se dirigían a la puerta. Alguien acababa de estar aquí y ahora estaba seguro de que era él quién me había estando acosando estos últimos días.
No lo podía creer, hace apenas unos minutos había pasado por aquí, cerrando la con llave. ¿Cómo podía estar abierta? ¿Acaso habían forzado la entrada? Tenía que ser así porque las únicas llaves las teníamos mi padre y yo, y la de repuesto estaba escondida… ¡la de repuesto!
Salí al patio delantero aunque estuviese lloviendo y me mojara a cada paso que daba, tenía que comprobar que la llave estuviera en su sitio. Me paré frente a un conjunto de macetas, grandes y pequeñas, unas dieciséis más o menos. Mi patio aunque no era muy grande estaba lleno de cosas, cualquiera que intentase buscar la llave, no la hallaría fácilmente. Levanté una pequeña maceta de geranios, esperando que estuviese adherida a la parte trasera con los trozos de fixo que le había colocado la última vez que la había usado. Pero allí no había nada, el hueco estaba vacío, lo que explicaba cómo ese sujeto entraba y salía de mi casa a placer, el tenía la llave.
Miré la oscuridad de mí alrededor, esperando que algo surgiese de ella para atacarme pero eso no pasó. Aturdido, con la ropa y el cuerpo empapado, anduve nuevamente hacia dentro de mi hogar aunque ya no sabía si se podía llamar así, un hogar era como un sitio al que ir para encontrarte relajado, seguro, a salvo pero lo que yo sentía ahora era todo lo contrarío.
Cerré la puerta con las flores aún en la mano, me paré en la entrada tembloroso por el frío y el miedo. Di unos pasos hacia delante con la mente en completo shock pero me tropecé con algo que hizo que saliera de mi estupor. Miré abajo, la caja y el sobre continuaban allí. Me incliné y dejé la maceta a un lado para abrir tembloroso el sobre.
Me encantan tus mentiras, me las tragaré todas.
Pero no te negaré que hay un animal
Que cobra vida cuando estoy cerca de ti.
Sin darme cuenta comencé a llorar de miedo. Pero lo que más me chocó fue lo que encontré al abrir la caja. Unas gafas y no cualquier gafas, sino las de mi padre, esas que nunca se quitaba por ser un regalo de mi madre.
Mi padre, ahora que lo pensaba dónde estaba mi padre, él siempre aunque tenga mucho trabajo volvía cada día a casa a dormir unas horas y comprobar que yo estuviese bien. Pero ayer no volvió a casa y… y este regalo me hacía pensar que algo horrible le había pasado.
- ¡Oh dios mío papá! Tú no…- sollocé.
Dejando todo eso en el suelo corrí arriba para coger el móvil que reposaba en mi mesita de noche y seguidamente me encerré en el baño. Ese era el único lugar de la casa que tenía pestillo y aunque estaba algo viejo allí podía sentirme un poco más seguro. Sentándome sobre el retrete, intenté llamar a algunos de mis contactos pero no había cobertura. Desesperado lloré con más fuerza.
Me sentía solo, inseguro y tenía mucho miedo de lo que me perseguía. Necesitaba hablar con alguien y que me ayudasen pero las líneas no funcionaban y no me atrevía a ir por las calles oscuras y frías cuando alguien me estaba persiguiendo.
- Por favor…-dije en un bajo sollozo- por favor, que alguien me ayude.
Pero lo único que se podía escuchar en ese pequeño cuarto era el lloro de un adolescente y los pitidos agudos que sonaban en su teléfono.
Siento haber tardado tanto pero mi ordenador está estropeado y se paga y enciende cuando quiere QwQ Lo voy a llevar a arreglar este finde así que tardaré hasta principios de semana para subir el siguiente.
Vale, cosas buenas...¡Solo quedan dos caps! :D Así que espero que os esté gustando la historia porque se acaba dentro de poco ^^
¿Un review?
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..Ally..
