Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. Nadie gana ningún beneficio económico con esta historia.
Capítulo 2
En cuanto el profesor Zrinski se lo permitió, dejó su poción perfectamente realizada desde hacía varios minutos sobre el escritorio de éste y salió del aula sin esperar a nadie, directo a la enfermería. Sentía esa otra parte en él que había aceptado nerviosa, lo instaba a correr para comprobar el estado de Leyna y protegerla de las largas manos de Higgs. Se detuvo un segundo cuando la emoción fue demasiado intensa, respiró profundamente un par de veces para contener su temperamento y continuó a paso ligero hasta el segundo piso.
Se coló en la enfermería y llegó hasta la cama en la que estaba Leyna, y para su desgracia en otra casi pegada Higgs. Cogió un panel y lo metió en medio con el ceño fruncido, estaba más que irritable. No verlo ayudó, suspiró observó a la chica, esperando a que despertara. Al rato buscó con la mirada una silla cerca sin éxito y decidió sentarse en el borde de la cama.
—Altais… —la voz de Leyna salió aún adormilada, estaba saliendo poco a poco de la bruma del sueño y ni siquiera había abierto aún los ojos, pero su cuerpo se movió hacia el calor que sentía a su lado.
—Leyna —la llamó—. No te vuelvas a dormir. Cuéntame qué te ha dicho Pomfrey antes de que ese se despierte o me saquen de aquí —dijo poniendo una mano en el brazo de ella.
Ella bostezó y abrió los ojos, primero un poco y después algo más para poder verlo bien. —Que estamos unidos, vinculados… no saben hasta qué punto nos puede afectar, igual sólo es espacialmente, pero puede que lo que a él le ocurra me pase a mí y viceversa —le contó frotándose los ojos e incorporándose.
—Sólo conjeturas, ¿no tienen una idea de cómo revertirlo?
—Nunca ha habido nadie tan tonto como para echar el ingrediente sin congelar cuando lo pone en advertencias importantes —explicó y lo abrazó escondiendo su rostro en el pecho de él—. No puedo alejarme un metro.
Altais comprendió esa necesidad de cariño por su parte y le devolvió el abrazo, acariciando su espalda con una mano y sosteniendo su cabeza con a otra.
—Si se trata de una advertencia importante es porque durante el proceso de creación de la fórmula de la poción ese ingrediente produjo importantes efectos adversos. Solicitarán los pergaminos y lo revertirán —la tranquilizó.
—Los efectos adversos que se observaron en la poción vinculante cuando el hígado de cangrejo de fuego se echa en la poción sin congelar previamente fueron entre el creador y un objeto, no hubo ninguno entre dos magos… lo leí en uno de los libros de mi tío Draco cuando vi que esta poción entraba para este curso —explicó levantando la mirada—. Ellos vieron que al romper el objeto en pedazos el vínculo se borraba porque la esencia del objeto no era la misma, aunque el creador quedó con algunas cicatrices después de eso.
—Qué oportuno —murmuró Altais—. Acabas de tirar por tierra mi plan homicida, me llevó toda la hora restante de Pociones, era perfecto.
Leyna rio por sus palabras. —Lo sé, yo pensé lo mismo cuando me lo contó Poppy —aseguró—. Igual el profesor Zrinski lo soluciona pronto. Sino… igual tenemos que compartir habitación y me da escalofríos sólo de pensarlo, no podré dormir —se lamentó.
—No vas a quedarte sola con él —aseguró, sólo de pensarlo generaciones y generaciones de Black dedicados a las Artes Oscuras parecían vibrar en su sangre, lo que la gente cuando lo veía solía llamarlo "la locura de los Black".
Ella sonrió con cariño y llevó una mano a la mejilla de él para después besarlo largamente, despacio.
—Hubiera sido más interesante unirme contigo —comentó esperando aligerar un poco el ambiente.
—Sí, lo habría sido —concordó y respiró hondo para calmarse una vez más—. A no ser que tuviera que ir a Estudios Muggles, eso sería... tedioso, como tener otra clase más de Historia con Binns.
—Daria es divertida, siempre hace cosas interesantes en sus clases, incluso nos pone películas. Además así prepararías tu TIMO —repuso ella divertida.
—Me sigue pareciendo inútil, lo siento. Pero si de verdad alguien quisiera llegar a aprender correctamente esos conceptos lo haría más rápida y simplemente pasando un tiempo entre muggles —explicó su punto, no que a él le atrajera la idea de hacer algo así, con la dosis que Teddy le daba de cultura muggle tenía suficiente.
Leyna negó con la cabeza y lo atrajo para besarlo de nuevo, más intensamente. —Pero esto lo compensaría —susurró contra sus labios antes de repetir la acción, esa vez tirando de su labio inferior.
Altais correspondió al beso ganando rápidamente la batalla e infundiendo más pasión, en parte remarcando el hecho de que Leyna era suya, si Higgs volvía a tocarla se las pagaría tarde o temprano, hasta llegar a sacarle un gemido a la chica.
—Merlín, qué asco, ¿cómo puede gustarte este tipo? —Higgs estaba justo en ese momento mirándolos con repulsión, concretamente a Altais, habiendo apartado el panel—. Menos mal que ahora vamos a poder pasar tiempo juntos y te enderezaré.
Altais soltó a su novia despacio, pero el siguiente movimiento fue rápido como el ataque de un felino, al instante estaba junto al otro chico con su varita contra su cuello.
—Sólo osa tocarla lo más mínimo o "enderezarte" y me aseguraré de que desees que te mate —siseó en un tono bajo para que sólo él lo oyera—. ¿Comprendido?
Higgs tragó, pero pudo mantener su sonrisa altanera. —Ya veremos, Black, igual no necesito tocarla para que luego desee abandonarte —contestó con arrogancia.
El otro lo miró de arriba a abajo con absoluto desprecio, como si fuera un ser inferior, por debajo de un trol, apretó un poco la varita y el chico retrocedió pasando el ángulo en el que podía mantenerse erguido y cayendo en la cama. Se giró y volvió con Leyna. La chica cogió su mano suavemente y la apretó un poco, no pretendía calmarlo, ella estaba igual de furiosa que él, pero sí para darle su apoyo de algún modo, además de que sentirlo la calmaba a ella.
—¡Señor Black! No puede estar aquí despertando a mis pacientes —lo reprendió Poppy llegando junto con Dragan y McGonagall.
—Se despertaron por sí mismos —se atrevió a excusarse, pero aun así apretó la mano de Leyna antes de soltarla, había estado mucho por la enfermería como para saber que nadie podía discutir con la enfermera sobre sus pacientes.
—Vaya a ocuparse de sus estudios, señor Black —aconsejó Zrinski.
—Sí, profesor —se resignó a marcharse—. Volveré después de la cena —aseguró antes de desaparecer por la puerta de la enfermería.
Leyna lo siguió con la mirada hasta que desapareció y miró a los profesores.
—¿Han encontrado una solución? —preguntó, en su voz se notaba cierta desesperación.
—Me temo que no, señorita Samuels. Estoy iniciando una investigación con otros maestros de pociones y sanadores, cuando hallemos una solución segura para deshacer esta vinculación serán los primeros en saberlo —respondió el profesor Zrinski.
A ella se le cayó el alma a los pies al escuchar eso, sin embargo, a Higgs se le formó una sonrisa en el rostro.
—Durante el periodo que estén en esta situación habilitaremos la habitación del premio anual que está en desuso en las mazmorras para que ustedes puedan utilizarla —explicó Minerva McGongall—. Por suerte sólo hay una asignatura que no comparten, tendrán que acudir a ambas clases para que el otro no pierda ninguna, los horarios de Adivinación y Estudios Muggles sólo coinciden un día, así que tendrán que turnarse, los profesores serán informados de la situación —aseguró la directora—. Además la señorita Samuels dejará sus rondas de perfecta hasta que todo se solucione.
—Pero… —Leyna quiso protestar, ser prefecta le había costado mucho esfuerzo durante cuatro años, no ejercer era como no serlo.
—Hemos deliberado sobre esto último y no podemos permitir que el señor Higgs la acompañe en sus rondas, es un alumno que dista mucho de un comportamiento ejemplar, como ha demostrado una vez más hoy —explicó Zrinski, dándole una mirada dura al chico que borró esa sonrisa de su cara.
Higgs bufó molesto, aunque decidió mantenerse callado, no pretendía acumular castigos además de que su situación actual era muy ventajosa con ella adosada a él.
—Esta noche se quedarán en la enfermería por si hay algún otro efecto tardío y mañana ya podrán ocupar su nuevo dormitorio —informó la directora.
—Sólo ha sido relevada para las rondas nocturnas, puede continuar supervisando y disciplinando alumnos menores —concretó el Jefe de la Casa Slytherin y guiñó sutilmente un ojo a Leyna—. Confío en que no avergonzarán más a su Casa con la pérdida de puntos que ya ha sufrido hoy, veinte puntos menos —les informó.
—No, profesor, haré lo posible por recuperarlos —aseguró Leyna sonriendo suavemente de lado.
—No, profesor —repitió Higgs rodando los ojos y tumbándose en su cama con una actitud demasiado engreída y mal educada.
—Compórtense, alumnos —terminó la conversación McGonagall antes de girarse para marcharse junto con Dragan y dejarlos bajo los cuidados de Pomfrey.
-o-o-o-
Las emociones eran un cúmulo dentro de él que amenazaban con sacar sus peores instintos, los toques, incluso las miradas de Higgs a Leyna lo enervaban, lo veía todo rojo y por eso había decidido salir del castillo a cazar algo, dejar salir al nundu y de ese modo calmarse un poco. Había querido ir a la habitación en que se quedaban para controlarlo, pero se había dado cuenta de que estaba demasiado descontrolado como para no arrancarle los brazos de un mordisco y matarlo. La impotencia no ayudaba a que esa otra parte en él asimilara que si mataba a Higgs dañaría a Leyna. Necesitaba solucionar alguno de esos sentimientos, ya fuera la rabia o la impotencia, pero todo a la vez era demasiado para mantenerse cuerdo.
Ser prefecto le facilitaba moverse por los pasillos sin que lo detuvieran y de ese modo poder retrasar el momento de transformarse hasta llegar a las puertas de Hogwarts, no quería que alguien con insomnio lo viera caminar por los terrenos. Se detuvo junto a la puerta, en el exterior y se concentró en conectar con el nundu, visualizarlo, y en escasos segundos la transformación tuvo lugar. El momento más crítico era ese, debía imponer su conciencia rápidamente o sino sería más difícil conseguirlo. Había sido un día lluvioso, pero se había despejado hacia media tarde y en un charco pudo observar cómo los ojos negros propios del demiguese con la pupila alargada del nundu cambiaba al color plateado de los Black, esa era la mayor muestra de cuán cierto era que los ojos eran el espejo del alma y su confirmación que había ganado la lucha por el control.
Se tornó invisible, le había costado bastante aprender cómo ejecutar esa habilidad voluntariamente, pero ya la dominaba. Echó a correr, sintiendo el viento acariciando su pelaje, la fuerza y potencia de sus patas, era algo liberador, único, debía admitir que le encantaba.
Una vez dentro del Bosque Prohibido se dejó guiar por el olfato hasta una presa, pero cambió de opinión al ver que se trataba de un unicornio. El nundu tenía otras opiniones, aún tenían estas discusiones, estas luchas de poder cuando los instintos del animal trataban de imponerse a su racionalidad, la evidencia de que aún le faltaba práctica para poder decir sin dudas que lo controlaba por completo. La lucha interna hizo que se descuidara y pisara una rama que alertó al unicornio y salió corriendo. El felino corrió detrás de él unos metros, pero se movía lento por el intento de Altais de detenerse y la distancia con la presa fue haciéndose cada vez más grande, hasta que comenzó a desanimarlo y el chico lo aprovechó para al fin volver a imponerse.
Dentro de esa cáscara felina suspiró aliviado y decidió sólo caminar por el momento con los pensamientos bullendo en su cabeza. Había pasado una semana desde el incidente y no habían dado una solución, Higgs se hacía cada día más insoportable y a Leyna se la veía más estresada, quería protegerla y volver a besarla y recorrerla con las manos para remarcar que era suya, esto último era culpa del maldito gato, pero tampoco se diferenciaba mucho de su propia posesividad excepto por aquello de frotarse y querer que oliera a él, eso era nuevo. Emitió un gruñido enseñando los dientes al pensar en todo eso, el nundu no sabía esconder sus emociones, y decidió centrarse más en buscar una solución y menos en Higgs.
Durante esa semana había estado asaltando la biblioteca, nunca antes había leído tantos libros de Pociones, había leído alguno fuera de los de clase, pero esa era la pasión de Leyna, los suyas eran Encantamientos y Defensa… o más bien las propias Artes Oscuras, aunque no mucho, apenas había conseguido algún libro en la biblioteca de su casa que se había salvado de la purga que había realizado su madre al principio de su matrimonio según les había oído alguna vez usar esa información como argumento en una u otra discusión. Pero pese a su empeño no había dado con ninguna información útil y empezaba a pensar que era una pérdida de tiempo. Había profesionales en ello, todos los libros que pudiera encontrar en esa sección de biblioteca no le darían ninguna idea innovadora, pero… Detuvo sus pasos ante la idea que acababa de surgir en su mente. Había otra sección en la biblioteca a la que ahora podía acceder, podía hacerse invisible y colarse en la Sección Prohibida, si el celador o cualquier otro que supervisara los pasillos se acercaba a esa zona podía volverse invisible al instante. Esos profesionales investigarían dentro de la blanquísima ley que había en el país, él podía hacerlo con una magia gris, más oscura de lo que ellos harían, pero que si allí daba con la solución no dudaría en usar. Estaba en sintonía con toda su oscuridad interior, su maldición y su propia sangre, y desde siempre había tenido interés por esa rama de la magia que se les negaba drásticamente, no estaba de acuerdo con ese desprecio, la magia era magia y opinaba que como con todo se podían conseguir grandes cosas o cosas terribles, no por la propia magia, sino dependiendo del modo en que cada mago la tratara y usara.
El rastro de una nueva presa alcanzó su olfato, aún no había aprendido a identificarlo, pero estaba en ello, sonriendo interiormente siguió el rastro y los instintos para finalmente cazar un ciervo y saciar un poco la sed de sangre, deteniéndose antes de que acabara empachado a la mañana siguiente, y se dirigió al interior del castillo, a la biblioteca para comenzar con su nuevo proyecto, estaba emocionado y la impotencia se había esfumado.
-o-o-o-
Observó a Higgs tumbado en la cama relajadamente. No estaba haciendo nada, sólo la miraba con una de sus asquerosas sonrisas en el rostro. Eso incomodaba a Leyna enormemente. Había intentado leer e ignorarlo, pero entonces el muy imbécil había empezado a hablarle, ni siquiera estaba segura de qué narices le había contado, pero su voz era como el molesto zumbido de una mosca y había mandado al cuerno su intención de hacer como si él fuera invisible un día más. Llevaban apenas una semana en esa situación y a ella le estaba pareciendo una eternidad.
—Deja de hacer eso —gruñó cerrando el grueso tomo de Encantamientos.
—¿Hacer qué? ¿Te pone nerviosa que te mire? —preguntó el chico sentándose en la cama, con las piernas colgando por un lado.
—Sí, tu cara me da grima —contestó ella sin moverse del sillón, ni siquiera se inmutó cuando lo vio levantarse y acercarse a ella de un solo paso, no era la primera ni la última vez que se veía en esa situación desde que el desastre sucedió, lo odiaba tanto.
—Creo que eso no es cierto, sino todo lo contrario —susurró inclinándose hacia ella, acorralándola al apoyar las manos en los brazos del sillón.
Ella lo miró con todo el odio que le profesaba, pero no se amedrentó ni echó para atrás, tenía la varita a mano y ella estaba lista para atacar si se sobrepasaba, no le importaba sufrir algún daño colateral si con eso él sufría un daño mucho mayor, él se lo estaba ganando a pulso, más con cada día que pasaba.
—Aléjate de mí, Higgs.
—¿O qué? Tu querido Black no está por aquí ahora, no se va a enterar de nada y sé que lo deseas —repuso él.
Leyna gruñó. —Sí, deseo perderte de mi vista, me das asco —siseó como toda una serpiente.
El rostro del chico se contrajo por la rabia al escuchar esas palabras, movió la mano para atrapar el cuello de ella, pero Leyna fue más rápida y sacó la varita.
—Ni se te ocurra, Higgs, tú saldrás mucho peor que yo —aseguró—. Ahora déjame salir.
El moreno gruñó, apretó las manos en puños y finalmente se apartó ese metro que podían estar separados y se volvió a tumbar en la cama. Leyna se levantó y se metió en la propia, cerrando las cortinas de los doseles. Apenas contuvo un sonido de frustración y las lágrimas que amenazaban con salir desde hacía días. Intentaba no venirse abajo, mantenerse fuerte, firme, pero era complicado. No podía refugiarse en Altais como había hecho en la enfermería porque siempre estaba Higgs delante, tenía que conformarse con coger su mano y algunos besos, cuando lo que quería era sentirlo, abrazarlo. No podía hablar libremente con sus amigos, ni siquiera podía estudiar porque él no dejaba de molestarla. Quería que todo terminara, fuera como fuese, quería volver a su vida y librarse de Higgs.
Estaba casi cayendo en los brazos de Morfeo cuando escuchó un fuerte golpe en el exterior de su cama. Se asomó y miró con sorpresa a Higgs en el suelo, alzó una ceja y negando con la cabeza volvió a su cama, soltando una suave carcajada por la situación, una de las pocas de esa semana.
Continuará…
Notas finales: ¡Tensión y más tensión para los pobres bichos! Altais no es el único que quiere matar a Higgs. Que levante la mano, ¿quién quiere soltar al lindo gatito? ;D
