Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. Nadie gana ningún beneficio económico con esta historia.

Capítulo 4

Altais sacó el reloj de bolsillo de su túnica de gala a medida de color negro con detalles bordados en hilo de plata, miró la hora, volvió a guardarlo y por entretenimiento estiró los puños de la camisa gris que resaltaba el color de sus ojos.

—Nunca comprenderé la utilidad de esta tradición de hacer esperar —comentó a Emery, sentado a su lado en el sofá, esperando a que Leyna y Zaniah bajaran antes de ir frente al Gran Comedor para que Emery se reuniera con Chealse y Zaniah con el guardián de Ravenclaw con el que tenía una relación indefinible desde el año anterior.

—No lo sé, tío, pero todos nos quedamos embobados cuando ellas bajan con esos vestidos, así que debe ser algún tipo de magia que ellas usan —meditó el castaño mascando una varita de regaliz antes de que Zaniah lo viera.

—Se llama alivio e incredulidad porque la espera eterna al fin haya acabado, ese es el truco —contestó cínicamente Altais.

—Hablaremos cuando veas a tu chica, o mejor, cuando se te pase la sorpresa de ver a tu chica —rio el otro—. Tendrás ganas de aprovechar la noche.

—El tiempo reglamentario que se ha de permanecer en el baile es de una hora —concordó en que estaba todo planeado al respecto.

Emery rio. —Que listillo, ¿y a dónde la vas a llevar?

—Eso no es algo que tenga intención de compartir.

—Vamos… si no voy a ir a espiar —protestó su amigo haciendo un mohín.

—¿Qué intenciones tienes realmente con Chealse? —cambió deliberadamente de tema—. ¿Es otra a tu cuidado como Zaniah o algo más?

Emery miró hacia la escalera por la que tenían que bajar las chicas. —Chealse es una gran chica, es dulce, es comprensiva, sabe escuchar, además hay que reconocer que es muy guapa y tenaz —contestó—. No es como Zaniah, a Zaniah hay que cuidarla para que no se meta en líos, consentirla, Chealse sabe cuidarse sola aunque no lo parezca y tampoco quiere que nadie la consienta. Sí, es muy diferente, pero no, no es lo que piensas, no tengo ninguna intención con ella —aseguró mirando de nuevo a su amigo—. Además ella se ha fijado en alguien más.

Altais asintió, más conforme con el cambio de tema efectivo que con la información. Justo en ese momento escucharon las risas de Leyna y Zaniah bajando, la rubia llevaba un precioso vestido de color verde esmeralda y escote palabra de honor, se ceñía en el busto y marcaba la curva de sus caderas antes de caer suelto hasta el suelo. La tela de la falda era vaporosa y casi podía apreciarse el contorno de sus piernas. Había decidido no ponerse tacones para así estar a la altura de Altais. El pelo lo había semirecogido, algunos mechones caían delante, enmarcando su rostro ligeramente maquillado, era un maquillaje sutil, mucho, sólo usado para destacar sus ojos y sus labios. El moreno se quedó largo rato observándola detenidamente, devorándola con la mirada y tenía que admitir que también algo embelesado pues todo en ella ensalzaba su belleza y sensualidad con elegancia, el despampanante vestido de Zaniah no tenía importancia para él en ese momento.

Se puso en pie despacio, tomándose ese tiempo para recomponerse un poco, se puso delante de ella, tomó su mano y se inclinó para besarla apenas rozándola con los labios.

—Estás especialmente preciosa esta noche, Leyna —la halagó.

Ella le sonrió cuando volvió a mirarla, él iba simplemente perfecto con esa túnica de gala a medida, demasiado guapo. —Gracias. Tú estás más perfecto que de costumbre —le devolvió el halago, era cierto, y aunque sabía que eso iba a inflar más su ego no le importaba decírselo.

Altais hizo un asentimiento y le ofreció el brazo. —¿Me acompañas?

—No lo sé, igual deberíamos quedarnos —contestó mirándolo de nuevo, largamente.

—De eso nada, los dos vais al baile, lo prometisteis —intervino Zaniah, quien vestía un vestido largo con escote de pico de color amatista cuyos anchos tirantes se cruzaban a la espalda dejándola al descubierto, su pelo iba sueldo y adornado con algunos diminutos diamantes—. Además he estado ayudándote con el pelo para que te dure al menos una mísera hora.

Leyna rodó los ojos, pero aceptó el brazo de Altais. —Yo quería que esas lagartas se quedaran sin unas vistas increíbles —murmuró.

Altais sonrió de lado y la instó a caminar hacia la salida, aunque también pensando en las manos y pecaminosos ojos que tendría que disuadir de lo que era solamente suyo.

—Venga, preciosa, vamos a buscar a nuestras parejas también —instó Emery a Zaniah, también tendiéndole el brazo a la chica con una encantadora sonrisa.

Zaniah sonrió deslumbrante y aceptó el ofrecimiento. —Emery, si dejaras esa adicción al regaliz… —dijo la chica indicándole con la mirada que lo había pillado.

El chico sonrió inocentemente. —Sólo fue uno… y así mi sabor es mucho mejor —aseguró guiñándole un ojo.

La chica arrugó la nariz. —Me temo que siempre será una gran brecha en nuestra amistad, pero con todos esos defectos te quiero —dijo y le dio un beso en la mejilla, quedaba a su altura debido a los tacones, de otro modo ahora era la más baja del grupo.

Emery dejó también un beso en su pelo con cariño. Llegaron al lugar en el que habían quedado con Chealse y la cita de Zaniah y de allí al gran comedor. Muchas parejas ya estaban bailando en el centro, mientras otros grupos comían y bebían riendo y charlando entre ellos animadamente, felices por las inminentes vacaciones de navidad.

—¿Bailamos o comemos algo? —preguntó Leyna a Altais.

—Si me concedes este baile —contestó él.

Ella sonrió y asintió cogiendo su mano. —Todos los que me pidas —aseguró y se dejó guiar a la pista, sentía las miradas de muchos en ellos, de demasiadas chicas en Altais, no le gustaba, pero no iba a dar muestras de ello, para nada, aunque eso no le impedía recordarles de quien era.

Puso una mano en el hombro de él, cerca de su cuello y lo acarició con las yemas de los dedos. La otra la unió a la de él y se pegó más a su cuerpo. Él puso una mano en su cintura, sujetándola y la guio por el salón con una elegancia innata, cuando sus ojos conectaban con esos mirones les hacía retirarla con una suya, dura, amenazante, en cambio a Leyna la miraba con ese deseo contenido.

—El profesor Zrinski me dijo que podía volver a mi dormitorio, a mi rutina normal —le contó, había hablado con el jefe de la Casa Slytherin esa misma tarde, antes de ir a cambiarse y prepararse para el baile, todos estaban sorprendidos con la repentina separación.

—Lo sé, pasé un largo rato con él y McGonagall, Higgs les informó en la comida —contestó Altais.

Leyna lo miró con cierta preocupación. —¿Qué te dijeron?

—Que me daban sesenta puntos —contestó sonriendo con cierta picardía—. Estaban muy agradecidos y admirados.

La chica rio y unió sus labios en un corto beso. —¿Sólo sesenta? Eres increíble, esos son muy pocos para ti —dijo con diversión—. ¿Qué les contaste para no delatarte?

—Lo sé, pero McGonagall es un poco parcial, por mucho que trate de disimular —explicó Altais—. Les conté parte de la verdad, que lo encontré en un libro antiguo. Al principio de la investigación le pedí un libro a mi padre sobre vinculación de la biblioteca de casa, había alguno que podría haber funcionado y lo suficiente antiguo y peculiar para que no lo hayan considerado ellos antes, no es como si alguien vaya a probarlo.

—Sigo sin comprender cómo te han dado sólo sesenta puntos. Son unos cuentistas —protestó negando con la cabeza.

—Deberían darme al menos otros veinte por mi esfuerzo en inventarme algo —concordó.

—Sí, si por ellos fuera ahora estaría bailando con Higgs —bufó.

—Sólo estaría cerca —concretó serio, de ningún modo habría bailado con Higgs, ese parásito no habría puesto las manos en su cintura.

Leyna acercó sus labios a los de él para darle un casto beso que le supo a poco. —Ya pasó, ahora tenemos todas las navidades para compensar ese tiempo —ambos habían decidido seguir con sus planes de quedarse en el colegio incluso cuando todo se había solucionado.

—Lo haremos —aseguró Altais ladeando una sonrisa.

Cuando la canción que estaba sonando terminó, se detuvieron y se acercaron a las mesas con comida para cenar algo. Los minutos pasaban lentos en el reloj de bolsillo de Altais, cada vez más según charlaban con otros compañeros, volvían a bailar, denegaban cambios de pareja de extraños y su baile pegado el uno al otro no hacía más que incrementar ese deseo mutuo de marcharse y comenzar a recuperar ese tiempo y besos perdidos en él. La hora reglamentaria llegó a su fin, se despidieron brevemente de a quien se cruzaron antes, por suerte a Emery en vez de tener que discutir con Zaniah, y se movieron poco a poco hacia la puerta hasta poder salir sin llamar la atención de los profesores.

Caminaron con premura por los pasillos, o tanto como el vestido de Leyna se lo permitía y entraron en un aula en desuso que Altais se apresuró a limpiar un poco a golpe de varita. Leyna se ocupó de cerrar la puerta y cuando se giró para mirar a su novio, los labios de este atraparon los suyos con pasión. Un jadeo salió de sus labios por la sorpresa y movió rápidamente sus manos a rodearlo tras el cuello para pegar más su cuerpo al de él, más de lo que ya estaban al pegarse a la puerta.

Cuando sus lenguas se encontraron sintió que sus rodillas flaqueaban un poco. El beso fue volviéndose incluso más intenso que cuando había comenzado, parecían querer devorarse mutuamente, pero Leyna pronto se rindió ante él, dejándolo dominar el beso. Las manos de Altais se movían sobre el vestido, desde la cintura hasta sus pechos, pero no era suficiente para todo lo que la deseaba en ese momento, todo lo contenido esos meses. Él detuvo el beso, y sonriendo con picardía cogió su varita y apuntó al vestido murmurando un hechizo con el que quitó la prenda mandándola sobre un pupitre, conteniéndose de no añadir una palabra más que haría que ocurriera lo mismo con todo, aún no habían llegado a tanto.

—Mucho mejor —apreció observándola, quedaban las medias y la ropa interior, pero lo que había querido ahorrarse era pelear con ese elaborado vestido.

Le dio otro intenso, pero breve beso antes de pasar a llevar su boca a su cuello y hombros, sus manos habían seguido con sus actividades anteriores, pero sobre la piel. Leyna ladeó la cabeza dejándole espacio. Bajó sus manos por la espalda de Altais, las metió bajo la molesta túnica de gala y la camisa, sentir su piel cálida fue una sensación demasiado agradable, haciéndola gemir suavemente al coincidir con un mordisco más placentero en su pulso.

Movió esas manos acariciando su espalda hasta los costados y de ahí a su abdomen.

—No estoy segura si ha cambiado algo... —comentó, empezando a abrir la túnica—. Tengo que hacer un mejor examen —agregó sonriéndole pícaramente.

—Creo que es recomendable que lo hagas —le siguió el juego, apartando sus labios y mirándola para dejarla hacer por un momento, aunque sus manos se habían movido a la espalda de ella para desabrochar el sujetador—. Yo también tengo uno pendiente.

Ella rio dejándose hacer y después se encargó de quitarle a él las prendas que lo cubrían, sólo quedando el pantalón y la ropa interior.

—Creo que incluso ha mejorado —comentó relamiéndose ante la visión de su pecho.

Altais sonrió de lado y llevó sus manos a acunar los pechos de ella, esa sonrisa se tornó más depredadora mientras, siguiendo un nuevo impulso, bajaba la cabeza hasta uno de esos pechos y con la mirada alzada para ver su reacción lamió en torno a la areola.

—¡Ah!

Un sonoro gemido salió de ella, cerró los ojos echando la cabeza hacia atrás y sus mejillas se sonrojaron violentamente por la acción. Pudo sentir a Altais sonreír más, satisfecho antes de que volviera a lamer en torno a la areola, cada vez acercándose un poco más al pezón que se erguía por la sensación placentera y finalmente acogerlo en su boca, chupando. Una mano la aferraba por la cintura, manteniéndola contra la puerta, en tanto la otra jugaba con el otro pecho.

Las sensaciones iban aumentando cada vez más en ella, sentía que su espalda se arqueaba hacia esa boca cálida sobre su pecho, esa mano que acariciaba el otro. Un agradable cosquilleo recorría todo su cuerpo, desde su bajo vientre a sus dedos, que se habían enredado en el pelo de Altais para que no se separa. Su mente estaba nublada por el placer, y una voz le decía que fuera a por más, que sintiera más, pero no llegaba a comprenderla del todo y tampoco podía hacer otra cosa que dejarse hacer y gemir.

Altais decidió buscar otra postura mejor para seguir con eso, llevó sus manos a los muslos de ella y la alzó, se giró y caminó besándola hasta la mesa del profesor que quedaba algo más alta que los pupitres. La sentó en el borde y se pegó a su cuerpo.

—Me gusta cómo gimes por mí, Leyna —susurró en el oído de ella, tiró del lóbulo de la oreja y retomó la tarea, pero en el otro pecho.

—Ah... sólo por ti —concordó retorciéndose de placer.

Su mente empezó a funcionar un poco y movió sus manos de nuevo al torso de él, empezó a recorrerlo desde los hombros despacio, tomando consciencia de cada centímetro, cada músculo, sí, sin duda había cambiado, estaba más fuerte. Sus manos llegaron finalmente a la cintura del pantalón, lo miró a los ojos dudando, pero finalmente las movió de nuevo a la espalda siguiendo la cinturilla y las bajó a su culo apretando un poco, sonriendo pícara. Al chico se le escapó un gemido que rompió la concentración en lo que estaba haciendo y levantó la cabeza para mirarla, momento en que ella lo besó y aprovechando esos segundos de sorpresa decidió que era su turno, aún con las manos en sus glúteos. Su boca pasó a su cuello para repetir las acciones que él había hecho antes, bajó a su pecho y cuando pasó cerca de un pezón se atrevió a dar una lamida a ese lugar. Altais jadeó, no había esperado eso en su persona, pero cuando lo repitió con más empeño se mordió el labio y la sensación placentera se dirigió directa al sur, y aceptó dejarla hacer más pese a las consecuencias, aunque sus manos no se quedaron quietas, una en la nuca de ella, la otra vagando por su piel.

Leyna siguió con las acciones a ese pezón durante un poco más antes de pasar al otro. Una de sus manos subió abandonando la nalga a la que se había afianzado, y compensó ese pezón que acababa de dejar, estimulando ambos al mismo tiempo, complacida por el placer que veía en el rostro de Altais.

Altais disfrutaba de lo que estaba haciendo, si apretaba un poco más su labio inferior lo haría sangrar, y también cuando con sus propias manos proporcionaba placer a ella sacándole algún gemido. La combinación era muy excitante y no le estaba dejando nada indiferente, aunque Leyna pudiera estar demasiado concentrada en lo que hacía para haberse percatado. Con la mano que tenía en la nuca de la chica hizo que alzara la cabeza para besarla con pasión, bajó ambas manos a las piernas de ella y las separó un poco más para eliminar la distancia de un centímetro que había entre ambos y presionar su dureza entre las piernas de ella, también pudo sentir los senos de ella en su pecho.

—Me calientas mucho, Leyna —susurró en su oreja al romper el beso y después volvió a mirarla.

Ella lo miró con las mejillas completamente encendidas, ardiendo, por sus palabras, pero sobre todo por sentir esa erección contra su sexo, por primera vez. Desvió la mirada hacia abajo, unos segundos, y le devolvió la mirada mordiéndose el labio inferior.

—Yo... también estoy excitada —confesó.

—Deberíamos hacer algo al respecto —dijo antes de seguir ese impulso primario de rozarse contra ella, el movimiento les sacó un sonido placentero a ambos y él volvió a mirarla fijamente con esos ojos oscureciéndose como una tormenta.

La chica se pasó la lengua por el labio inferior, se sentía tan caliente, necesitada de mucho más que lo que habían tenido hasta ese momento, necesitada de él. Subió ambas manos a su pelo y lo atrajo para besarlo con deseo, intensidad... antes de mover un poco sus propias caderas rozándose con Altais.

—Sigue —jadeó sin romper el beso.

Altais ya había tomado ese roce como una concesión y esa palabra sólo lo confirmó. Se inclinó hacia ella hasta tumbarla en el escritorio y continuó ese roce apenas iniciado de forma rítmica, la ropa probaba ser un estorbo, pero sólo poder continuar hasta acabar en vez de tener que contenerse era un gran avance, por lo que ese estorbo no podía tener menos importancia en ese momento en el que el placer aumentaba y los recorría por completo. Dejó de besarla para dejar besos en su cuello, escuchándola jadear y gemir junto a su oído, bajó más la cabeza hasta poder alcanzar un pecho y la vio retorcerse de placer por la combinación.

Las oleadas de placer iban aumentando poco a poco, más cuando Altais unió a esos roces el juego con sus pechos. Las caderas de ella terminaron por moverse también al mismo ritmo que las de él, encontrándose e incrementando esa sensación. Sintió que estaba cerca de alcanzar algo, que necesitaba más, que todo ardía y necesitaba calmarlo de alguna forma. Las sensaciones eran tan intensas, como nada que hubiera sentido antes, y no supo si eso estaba o no bien, si debía ser así.

—Altais… —suplicó aún sin saber por qué lo hacía—. Por favor…

Él también se sentía al límite, de hecho estaba aguantándose un poco porque sabía que se suponía que debía hacerlo, pero su nombre en los labios de Leyna, que suplicara… creyó saber qué, o al menos quiso que fuera eso. Movió una mano a la rodilla de la chica, cogiéndola por el dorso y tiró hacia él, necesitaba más fricción de la que estaba obteniendo y consiguió un poco, haciendo que los gemidos escaparan también de sus labios, incontenibles, y sus movimientos se hicieran más rápidos, erráticos, llevándole al final. Ella lo siguió casi a la vez, arqueándose y gritando el nombre de él, abrumada por ese placer que le producía el éxtasis. Con una mano apretó un poco el pelo de Altais y la otra su espalda acercándolo más a sí misma, con fuerza, mientras su cuerpo temblaba en cada punto.

Con la respiración aún acelerada abrió los ojos para mirarlo, satisfecha, pero también un poco insegura al darse cuenta de lo que había pasado. Altais levantó la cabeza del hombro de ella en donde la había apoyado al acabar, más con el subsiguiente aprisionamiento y dio cortos besos en sus labios ya que su respiración seguía acelerada.

—¿Estás… bien? —preguntó Leyna cuando su respiración ya se había normalizado un poco más, esperaba que le dijera que sí, que todo estaba perfecto…

—Más que bien —contestó ladeando una sonrisa—. ¿Tú lo estás? —comprobó a su vez y casi pareció que iba a regalarle una sonrisa cariñosa, una de esas que obtenían escasas personas privilegiadas y su lechuza, casi.

Leyna asintió soltando un poco el abrazo que había mantenido apretado y le sonrió con cariño.

—Muy bien, mucho —aseguró dándole un dulce beso en los labios.

Altais la besó despacio y después se incorporó, separándose de ella para limpiar el estropicio en sus pantalones con un Fregotego, se tomó la libertad de hacer lo mismo por ella, y le tendió la mano para que se levantara. Leyna aceptó su mano, caminó hacia donde estaba la ropa y empezó a vestirse con cierta pesadez.

—¿Qué te parece si nos cambiamos y leemos algo en la sala común? No tengo sueño —sugirió abrochando el vestido.

—Es temprano —concordó habiendo terminado de abotonarse la camisa y poniéndose la túnica de gala—. Trataré que sólo sea leer —dijo en un tono sugestivo antes de dar los pasos que lo separaban de la puerta.

—No me quejaré si me interrumpes de vez en cuando —contestó ella riendo y siguiéndolo al exterior, para encaminarse a la sala común de Slytherin donde pasaron el resto de la noche.

Continuará…

Notas finales: Animaros, ¡volvió el salseo! Una navidad en Hogwarts, pensar en ello hasta la semana que viene.