A nadie le gustan los exámenes, ¿Cierto? jajaja estuve leyendo el tomo 7 del manga de Nougami Neuro y hay un capitulo en el que Yako se está preparando para unos exámenes y pide/ruega por la ayuda de Neuro. Haciendo que este, cruel como siempre, solo le ofrecería su ayuda si ella accedía a lamer su zapato. (Neuro es un sádico total, pero lo amamos igual jajaja Yako también xD)
Esta historia esta basada en ese capitulo pero con otro final. Todos amamos el lado sádico de Neuro, pero en este caso, quiero retratar a una completa Yako, que no se rendirá hasta conseguir que su querido demonio la ayude a aprobar, haciendo todo lo necesario para conseguirlo.
NEURO X YAKO FANFIC / MAJIN TANTEI NOUGAMI NEURO
CAPITULO 3: TIEMPO DE RUEGOS
Después de aquel beso, que dejó a Yako con la cabeza dando vueltas y el cuerpo demasiado sobrecalentado, la joven siguió realizando preguntas de examen hasta bien entrada la madrugada y hasta que sus ojos se secaron. Neuro permaneció a su lado, corrigiendole los ejercicios que ella hacía y mientras ella escribía en su cuaderno, él la observaba de reojo, estirado en la mayor parte del sofá.
Yako se sentía extraña con aquel comportamiento. No parecía propio de él y menos después de haberla besado de aquella manera.
Había sido un beso distinto a los anteriores, quizá fuera porque ella le había respondido, quizá fuera porque lo había deseado, no lo sabía. Los labios del demonio se habían movido con destreza sobre los asustados de Yako, de tacto tan suave, de sabor increíblemente dulce y que a la detective le hacía ver las estrellas.
Aunque aun no sabía porque lo había hecho. ¿Acaso Neuro sentía algo por ella? ¿O quizá era un nuevo tipo de tortura? A Yako no le importaría que la castigara con ese tipo de besos.
Yako pervertida. ¿En que estas pensando?
En un momento de la noche, la joven terminó cediendo al sueño y dejó caer la cabeza en los papeles. No podía más, no podía ver más gráficas, más números positivos ni negativos, estaba cansada de las matemáticas...
Solo quería dormir.
Neuro escuchó el golpe secó del cráneo de su piojo contra la mesa. Se volteó a mirar, sin demasiado interés y se encontró con aquel rostro dormido. Neuro bajo la mirada, y revolvió aquel cabello corto y rubio de la chica, sin que ella hiciera ningún movimiento. Estaba dormida como un tronco.
-Piojo, siempre dándome problemas-Musitó levantándose del sofá y acercándose a ella. La tomó en brazos, su cuerpo liviano entre sus manos y la llevó de vuelta a la habitación-Haces que mis defensas bajen, no puedo permitirme ser bueno contigo
La dejó sobre la cama o lo intentó, ya que la chica se había aferrado a su camiseta como si fuera un salvavidas y no lo soltaba. Neuro la miró, con aquel rostro carente de emociones. El rostro de su piojo se veía cansado, con unas pequeñas arrugas debajo de su ojos, el pelo desordenado sobre su frente y su ropa descolocada.
-¿Estas pensando en monopolizarme, esclavo? -Una sonrisa se extendió por su rostro y suspirando, se unió a su piojo debajo de las sabanas de su cama. El demonio sobresalía por todas partes de su cama, sus piernas, más largas, sobresalían por debajo de las sabanas y de la cama, y tuvo que apretar a la chica contra él para que no resbalase por la falta de espacio.
Aquello gustó al demonio, sintiendo el calor que le traspasaba aquel pequeño cuerpo que no lo soltaba. Neuro no necesitaba dormir demasiado así que se mantuvo despierto, escuchando la respiración pausada de Yako contra su cuello.
"Esto no está tan mal" Pensó el demonio antes de cerrar los ojos.
A la mañana siguiente, Yako despertó en una posición extraña, nunca antes vivida. Allí estaba ella, Katsuragi Yako, siendo abrazada por un demonio sádico y torturador, Nougami Neuro. Los brazos del demonio le rodeaban la cintura y la espalda, apretándola contra su pecho de una forma intima y que hacía que el corazón de la chica latiera de manera acelerada.
¿Que había pasado? ¿Que había hecho para acabar en aquella situación?
No podía negar que se sentía extrañamente cómoda en brazos de Neuro. No quería levantar la mirada y encontrarse con aquellos ojos verdes, que harían que ella se volviese loca.
Sus manos se encontraban bastante contentas en aquel pecho masculino y fuerte, ¿Cuando las había colocado allí? ¿Por que quería dejarlas allí? ¿Por que sentía la necesidad de mover sus manos para rozar sus hombros?
No lo sabía pero tampoco quería moverse demasiado. Yako enterró la cabeza debajo del cuello del demonio y se quedó con el delicioso olor que provenía de Neuro. Una esencia extraña entre menta y mezcla de hierbas. Nunca había olido algo similar.
Neuro no movió un musculo, a pesar de que sabía perfectamente que ella estaba despierta y no le había pasado desapercibido que se había acercado para olisquearle el cuello.
"Pequeño piojo, te castigaré"
Yako se encontraba tan embriagada por aquel olor y sus propias fantasías, que pegó un bote cuando su móvil empezó a sonar con una música estridente, seguramente elegida por Neuro. La chica se levantó de un golpe de la cama, golpeando "sin querer" al demonio que se hacía el dormido y con varios tropezones llegó hasta su móvil.
-¿Kanae?
-¿Que haces, Yako? ¿No vas a venir a clase hoy?-Yako empezó a sudar frío, volteándose hacia el despertador y viendo la hora que era-El exámen de hoy empieza en 20 minutos.
-Me he dormido! Voy! Gracias Kanae-Dijo y tiró el móvil hacia cualquier lugar mientras reculaba por toda la habitación en busca de su uniforme, sacándose la ropa a trompicones, no preocupándose por donde terminaba la ropa o que aún tenía a un atractivo demonio en pijama en su cuarto, el cual no se estaba perdiendo detalle del baile de la joven.
Yako se subió un calcetín y fijó su mirada en el demonio, quien aun se encontraba en la cama de la chica, con cara de aburrimiento y el pelo despeinado sobre el rostro.
-¿Acaso te han frito el cerebro, piojo?-Preguntó con una sonrisa, antes de que Yako le arrojase su perfecto traje, ya limpio, a la cara.
-Estoy llegando tarde a mi primer examen-Dijo con horror en la cara mientras corría de un lado a otro de la casa, cogiendo sus cosas y metiendolas en la cartera. Cuando volvió a la habitación, Neuro se estaba abrochando el chaleco blanco. Yako sintió un pequeño vuelco del corazón e intentó que no se le notase.
Neuro la miro, encontrándola nerviosa y con un calcetín, graciosamente mal colocado en su pierna. Se terminó de colocar el pañuelo alrededor del cuello y se ciñó los guantes.
-¿Debo creer que vas a volver a suplicar por mi ayuda?
Yako ya tenía su cartera en la mano. Se sonrojó un poco al verse de nuevo expuesta.
-Yo...bueno...
-Si deseas mi ayuda, de nuevo, vas a tener que suplicar aún más que antes-Su sonrisa se extendió por su cara de gato cheshire y esperó-¿Que dices Yako? ¿Me suplicarás?
-S-Sabes que no suplico, Neuro...-Su cabeza miró hacia el suelo-Necesito tu ayuda, si no todo el esfuerzo habrá sido en vano...Ayúdame Neuro
Neuro se cruzó de brazos, observándola, lo cierto es que todo el trabajo que había estado haciendo para con el piojo, ayudándola con sus problemáticos exámenes, no tendría sentido si ella no aprobaba.
-Si decido ayudarte, piojo. Solo será a cambio de algo-dijo serio.
-Haré lo que quieras, Neuro. Llévame al colegio, por favor- Se acercó a él, Neuro ya había abierto la ventana y se encontraba esperando por ella.
-Te lo haré cobrar-Dijo él, con su voz misteriosa y la sujetó de la cintura.
Yako dio un grito que murió en el pecho de Neuro, cuando este se elevó en el aire, en busca del colegio de la detective. Nadie tuvo que decirle a Yako que debía aferrarse a él, ella misma se había agarrado con brazos y piernas al cuerpo del demonio.
Solo se soltó cuando llegaron a la azotea del colegio, y estuvo segura de que sus pies tocaban el suelo. Neuro la soltó lentamente, esperando a que la chica se apartase un poco de él y dejara de ser una lapa andante.
-Ya hemos llegado, piojo
-Gracias, Neuro-Dijo ella, sonriendo hacia él. Habían llegado en menos de 6 minutos y aún tenía tiempo de sobra para presentarse al examen. Yako se quedó mirando el elegante rostro de su asistente, su pelo que bailaba en el aire, sus ojos brillantes y sus labios curvados en su sonrisa especial.
-No pienses que vas a poder utilizar el mismo truco más de una vez-Dijo acercándose a ella-Te he ayudado pero no te va a salir gratis, esclavo.
-L-Lo sé...
-No sólo vas a ser mi silla durante toda una semana, si no que me servirás en todo momento como la esclava que eres-Yako sentía que cada vez se hacia más pequeña. Asintió con la cabeza, no pudiendo hacer nada-Pero antes de nada,...Yako, ven aquí
-T-Tengo...que ir al ...
-No te tomará mucho tiempo, piojo. Ven-Su voz había bajado una octava y Yako tembló, acercándose al demonio, con miedo pero a la vez con algo de esperanza.
-Neuro...
El demonio la agarró de la cintura con una mano, no encontrando obstáculo en ella. Cuando la tuvo lo suficientemente cerca, le tiró un poco del pelo para que elevase la mirada. Yako lo hizo, encontrándose con aquellos ojos verdes.
¿Que iba a pasar?
-¿Que vas a hacer, Yako?-Preguntó Neuro, con el rostro a pocos centímetros del de la joven, que se sonrojó por la cercanía. No entendió la pregunta al principio.
-Seré tu esclava, Neuro
-¿Que más?
-Haré todo lo que me pidas, Neuro
El demonio sonrió más. Él bien sabía que su piojo no iba a desobedecerlo nunca.
-Buen esclavo-Dijo Neuro y se acercó para besarle los labios a la detective. Yako había abierto la boca para responder a lo dicho por el demonio y este aprovechó para introducirse en la tierna y cálida boca de la jovencita. Yako jadeó, viéndose invadida por aquella lengua hábil del demonio come-misterios. Aquel beso era muy intenso, sus piernas se sentían flácidas, a medida que Neuro movía sus labios contra los de ella y sus manos le rodeaban la cintura.
A Yako le gustaba ese tipo de besos, muy intensos y más si eran dados por aquel demonio. Neuro tenía cierta habilidad para besar, a pesar de que Yako no tenía experiencia. Su corazón latía muy rápido, sintiendo incluso dolor, pero un dolor suave, algo que hacía que se sintiese más real.
Sintiendo que en realidad estaba besando a Nougami Neuro.
Sus lenguas empezaron a rozarse, compartiendo la humedad de sus bocas y por una milésima de segundo Yako recordó que la saliva del demonio podía haberle daño pero tan pronto como llegó, pronto desapareció. No se sentía dolor alguno, solo el calor de la pasión y un poco de falta de aire.
Cuando se separaron, para que ella pudiera respirar con normalidad. Neuro se limpió los labios, de los que caían pequeños regueros de saliva y Yako siguió todos sus movimientos.
-Ahora, esclavo, ve a hacer tu ridícula prueba humana-Dijo con voz clara y sensual, como si no llevara más de 30 segundos sin respirar. Yako lo envidió, pues ella aún estaba intentando recuperar el control-En cuanto termines, ven a la oficina, si tardas demasiado, te romperé los dedos de tus manos.
Yako bajo la mirada, entendiendo que Neuro siempre sería Neuro y asintió. Se colocó la cartera al hombro y acercándose rápidamente al demonio, se puso de puntillas y volvió a besarle. Solo durante unos segundos y luego se marchó hacia su primera prueba escrita.
Debía tener en su mente las formulas y operaciones que tenia que hacer, pero en su lugar solo podía recordar la sensación de los labios del demonio sobre los suyos.
