08» La Culpable
11 de Abril del 2014
1:48 p.m.
Tribunal del distrito
Sala No. 2
Un nuevo juez estaba presente en éste caso. Un viejo calvo de piel clara, barba gris y ojos azules…aunque la situación que se presentaba…
-¿¡Qué!? ¿¡Dice que eso lleva dentro un veneno letal!? –gritaba el juez sorprendido.
Poco tiempo pasó, y logramos atraparla…escurridiza…
El 27 de Agosto del 2013, nuestro abogado estrella, Diego Armando, fue envenenado justo en el tribunal del distrito…
El caso lo llevaban el señor Grossberg y Mia. Defendían de asesinato a un joven de nombre Phoenix Wright. Lo sorprendente del caso, y que veo que solo Mia y yo recordamos, era que de testigo teníamos de nuevo a aquella pelirroja que se creía más inocente que una paloma…Dahlia Hawthorne.
La prueba presentada era justamente aquél collar: el collar con la botella.
Finalmente la teníamos.
Bueno, ellos la tenían. Yo me encontraba de nuevo entre el público.
-No, la botellita ya no contiene ningún veneno. ¡Ahora bien! ¡Estoy segura de que si el laboratorio criminalista la analiza, encontrará restos! –afirmaba Mia, apuntando a su rival, aquél fiscal odioso…Winston Payne.
La multitud cuchicheaba mientras que Dahlia no sabía como responder…
El caso contra Phoenix Wright era por el asesinato de un joven estudiante de medicina, Doug Swallow. Después de una disputa con Wright, Wright lo empujó y se supo que entonces murió…
Pero se dieron distintas pruebas a las cuales se supo que la última persona que vio a Swallow fue Dahlia Hawthorne. Aunque lo raro del asunto era que Dahlia quería de vuelta el collar que le regaló a Wright…el mismo collar que trajo tragedias. Se lo regaló para ocultarlo...para que la policía no lo encontrara…
La pregunta ahora era ¿Por qué? ¿Cuál era su motivo?
Pero claro, como antes había pasado, el joven Phoenix, de mezclilla, bufanda roja, suéter rosado, cabello pinchado y usando un tapabocas por su resfriado, gritó un "¡PROTESTO!"…un enamorado, lo que nos faltaba.
-¡En nombre de Dollie, protesto!
Oh cierto…así es como llama Wright a Dahlia, su novia… ¿Olvidé mencionar ésa parte?
-¡S-Sr. Wright! ¡Contrólese! –Gritaba Winston Payne, fiscal en aquél entonces, el cual no había cambiado para nada…
-¡N-no permitiré que la trate así…! –gritaba exaltado.
Aquél instante me había regresado las memorias. Como cuando uno sufre por una herida abierta, pero ésta se vuelve a abrir y a sangrar. Sentí como las rodillas me temblaban de nuevo, pero fue cuando vi el semblante de Mia. Sabía que algo mal iba a ocurrir…
-Sr. Wright… ¿Por qué? ¿Por qué está metiéndose en tantos líos para protegerla? –preguntó Mia con toda seriedad. Y claro…la respuesta tenía que ser…
-¡P-porque…! ¡Porque estoy locamente enamorado de ella!
El silencio reinó en la sala, haciendo que todo el lugar fuera similar a un pueblo fantasma, en calidad de sonido.
Juro que si Jake estuviese aquí, otra historia sería…
Mia decidió tomar la iniciativa.
-Sr. Wright… ¿Alguna vez se le ha ocurrido preguntarse por qué una mujer como Dahlia Hawthorne querría salir con usted?
Lo sabía: ahora tocaba presionar a fondo, como Mia sabe hacerlo.
-B-bueno…Imagino que estará también locamente enamorada de mí.
¡Por Dios! ¡Que cliente más torpe! Pero Mia tenía que hacer su trabajo…era ella la que dirigía el caso…y sabía que se haría justicia.
-A estas alturas del juicio, creo que la respuesta es evidente para todo el mundo. La auténtica razón por la que Dahlia Hawthorne sale con usted es…bueno, no estaba ni está locamente enamorada de usted. ¡Lo único que a ella le preocupaba es esa botellita que lleva alrededor del cuello!
Era más que obvio: ella siempre quería de vuelta aquél regalo que le dio a Phoenix. Era la prueba irrefutable de que ella era una culpable de un crimen, pero la reacción del acusado fue echarse a llorar desesperadamente, empujar a la abogada y salir corriendo de la sala.
El alguacil lo atrapó a tiempo, pero lo preocupante fue que él se había llevado el collar: la prueba de su inocencia.
Tan pronto regresó…
-¿Qué ha hecho con el collar de la botellita? –preguntaba Mia preocupadamente.
-Per…perdóneme…lo siento…
-No pasa nada. Devuélvame el collar.
-…Me lo he comido.
El silencio reinó de nuevo, hasta que Mia volvió a abrir la boca.
-… ¿Qué ha hecho qué…?
-Se… ¿Se…se lo ha comido? –hasta el juez estaba perplejo.
-Era demasiado grande como para tragarlo, así que primero he tenido que masticarlo, pero…Ag… ¡Ahh!
-¿Qué diablos…? –Mia comenzaba a preocuparse
-¿Qué…? –se preocupaba Payne…
Todo el publico comenzó a preocuparse por lo que ocurría…y yo de nuevo sentía un vuelco en todo mi ser. Otro más… ¡¿Otra persona moriría?! ¡¿Por aquella asesina?!
-¡¿Qué ocurre aquí?! –gritaba el juez consternado. Mia entraba en acción.
-¡S-Su Señoría! ¡Hay que parar el juicio! ¡Sr. Wright! ¡Sr. Wright! ¡¿Se encuentra usted bien?! ¡¿Le duele el estómago?! ¡Es posible que la botella que acaba de tragarse contuviera aún un poco de veneno!
Pero un grito…no, un chillido demasiado conocido calló a todos…
-¡PROTESTO! –Chilló Payne –Je, je…je, je, je, je, je… -reía hacia si mismo, mientras hacía su característica pose con una mano en la frente, como decir un "Que vergüenza"… -Parece que el acusado ha demostrado las tesis de la acusación por sí solo. ¡Está claro que la botella no contenía ningún veneno letal!
Era fácil saber a que se refería….y que era lo que quería…
Payne trataba de poner como falsedad que existía el veneno, y para ello, cuando Phoenix tragó la botella, nada le ocurrió…
-Vamos, vamos…No pasa nada, novata. –hablaba Payne confiadamente. –Confiar en su cliente es la cosa más noble que puede hacer un abogado defensor. Y es conmovedor comprobar lo mucho que ha confiado usted en el Sr. Wright. ¡Pero lo mismo ocurre en el bando de la acusación! Yo mismo, por ejemplo, apostaría la vida por mi testigo, la Srta. Hawthorne.
"Con gusto", decía en mi mente…pero Payne aún no se callaba.
-¡Razón por la cual puedo afirmar que todo lo que ha dicho sobre ella es falso!
El juez dio un martillazo, y dijo algo que jamás olvidaré… "En un tribunal de justicia, las pruebas lo son todo…". Frase que aunque sabía desde un principio, que la haya dicho un juez era para recordarse.
Cierto: todo lo de Mia era falso. Pruebas circunstanciales, pero ninguna sólida.
Pero Phoenix llegó gritando al estrado, y tocó hablar con Mia, contarle lo mucho que lo sentía por la falta de confianza…pero hasta que se juegue el "as" del mazo, se acaba el juego.
-Em…Hay algo que olvidé contar.
-¡¿Y de qué se trata?! –dijo el juez.
-Aquel día…El día que conocí a Doug Swallow…
Entonces, relató los hechos que habían pasado: Doug habló con Phoenix sobre desconfiar de ella por el hecho de que alguien había robado un veneno del laboratorio de medicina. Y lo mismo había ocurrido hace tiempo, y que en ambas ocasiones, Dahlia fue vista salir del laboratorio.
Phoenix lo empujó y salió huyendo, pero lo preocupante fue que al volver para ver si estaba bien, Dahlia estaba ahí, arrodillada a un lado suyo.
La verdad estaba en claro: Dahlia había robado el veneno pero para un motivo y para uno solo: recuperar el collar que le había regalado a Wright. Y para ello, si era necesario, mataría por recuperarlo.
-"Feenie"…De verdad que eres un bobo…
Podía ver el rostro de Dahlia Hawthorne: de una doncella dulce se había convertido en una especie de mujer fría y prepotente.
Se acariciaba con frecuencia la cabellera, como si tratara de exhibir su "grandeza…"
-Te lo digo de verdad…Una chica no puede contar contigo para nada. Te dije varias veces que no hablaras más del collar, ni de mí. ¡Me das asco!
Esa era la Dahlia Hawthorne que desconocía: el monstruo bajo la máscara de gentileza…
Todos estaban pasmados, excepto yo y Mia: era algo esperado. Inesperado el grado de su cinismo, pero totalmente previsto que ella fuese cínica.
-¡Eh! ¡Tú, viejo! ¡¿Estás senil o qué?! –decía fríamente Dahlia al Juez. -¡¿Por qué no dices algo en lugar de quedarte ahí sentado como un torpe?!
-¡¿S-Srta. Hawthorne?! ¡¿Que ha pasado?! –se preocupaba el juez.
-¡Bah! ¿De verdad le sorprende tanto? ¿O es que me prefiere…así, Sr. Juez? –dijo cambiando su rostro de nuevo a la típica y dulce sonrisa que ofreció en el juicio pasado donde ella fue puesta en libertad. Una peligrosa bipolaridad que a todos tenían congelados. -Bueno, pues no tengo nada más que decir. Ahora me marcho, si no tienen mas inconveniente…
-P-pero si n-no ha terminado usted… -tartamudeaba el juez. Pero Dahlia ocultó su rostro, hablando groseramente.
-¡Muy bien! ¡Entonces dígale a esa vieja repelente que termine ya!
Ella se había retirado, mientras que Mia hacia lo posible para detenerla hasta que pude oír un detalle: si seguía así, podría pagarlo caro con su carrera de abogada.
A continuación, el juez siguió.
-Se vería obligada a renunciar para siempre a su distintivo de letrada, me temo.
-Será mejor que se lo piense bien, Doña Fey… ¿O debería decir Doña Falla? –dijo Dahlia, ocultando su rostro.
-¿Puede usted ofrecernos una prueba que demuestre la culpabilidad del testigo?
Sabía que Mia no se echaría atrás…no hoy ni ahora ni nunca. No por seres como ésa monstruosidad de cabellera rojiza.
Hasta yo me jugaría el pellejo por llevarla ante la justicia.
-¡Su Señoría! ¡La defensa desea presentar pruebas!
