A nadie le gustan los exámenes, ¿Cierto? jajaja estuve leyendo el tomo 7 del manga de Nougami Neuro y hay un capitulo en el que Yako se está preparando para unos exámenes y pide/ruega por la ayuda de Neuro. Haciendo que este, cruel como siempre, solo le ofrecería su ayuda si ella accedía a lamer su zapato. (Neuro es un sádico total, pero lo amamos igual jajaja Yako también xD)

Esta historia esta basada en ese capitulo pero con otro final. Todos amamos el lado sádico de Neuro, pero en este caso, quiero retratar a una completa Yako, que no se rendirá hasta conseguir que su querido demonio la ayude a aprobar, haciendo todo lo necesario para conseguirlo.

NEURO X YAKO FANFIC / MAJIN TANTEI NOUGAMI NEURO


CAPITULO 4: TIEMPO DE AGRADECIMIENTOS


Yako se sentó en su pupitre, rodeada de adolescentes nerviosos y habladores. Su clase se encontraba en medio de la fiebre del temido examen de matemáticas y Yako era la primera que sentía la presión en su espalda. En sus manos tenía su libreta con unos apuntes que le había dictado el demonio antes de que se quedase dormida.

Respiró lentamente, intentando relajarse y centrarse en recordar cada uno de los pasos que tenía que hacer en cada operación. Se sentía confiada y tenía que concentrarse en sacar una buena nota para poder agradecer a Neuro sus "clases" de preparación. Algo debía de hacer para agradecerle.

Lo pensaría después, con calma.

El profesor entró en el aula, con sus zapatos de oferta chirriando contra el suelo y haciendo que todo el mundo se quedara callado, en completo silencio.
Yako guardo sus cosas, dejando solamente el estuche, levantó la mirada y esperó a que le pasaran el odiado papel para empezar a completar los recuadros en blanco.

En cuanto empezaron a pasar los exámenes, todos se quedaron en silencio y el único sonido que quedó fueron los lapices contra el papel. Yako esperó unos minutos antes de empezar, leyendo cada una de las preguntas, sorprendiéndose ya que la mayoría de las preguntas eran las que Neuro le había hecho hacer durante la noche anterior.

Una sonrisa recorrió los labios de la detective.
Su lápiz empezó a moverse lentamente.

Neuro, colgado boca abajo de un árbol cercano, observando la clase donde su piojo estaba haciendo su ridícula prueba humana. El demonio no se había ido, quería controlar y quizá poner de los nervios a la chica. La vio, concentrada en la hoja de papel, mordiendo de vez en cuando el lápiz, sus ojos brillaban de concentración y Neuro vio en ella la ambición que en ocasiones mostraba cuando resolvían misterios juntos.

Yako terminó el examen, había repasado todas las respuestas y corregido los tachones, borrando sus dudas con la goma de borrar. Cuando estuvo segura de que no podía hacer más, se levanto de su asiento y entregó su examen al profesor, que la miró tras sus gafas de aumento.

-¿Ya terminó, Katsuragi?-Preguntó con algo de ironía en sus palabras, con su examen colgando de sus dedos. Yako se controló para no gritarle, ya que aún quedaban varios de sus compañeros haciendo el examen. Al final asintió con la cabeza y recogió sus cosas.

Al salir de la escuela, la detective decidió que podía tomarse unas horas antes de ir a la oficina de Neuro. Aún era temprano, podía estar una hora fuera y luego ir a la oficina para lo que sea que quisiera hacer Neuro.

Se dirigió al centro comercial, aprovechando para ir a probar el nuevo restaurante que había salido en una revista. Después de comerse 3 de los platos más famosos del menú, la detective se dirigió a un escaparate, ya que le había llamado la atención un vestido.
No es que la chica fuera muy fan de los vestidos, ya que ella no se alejaba de su uniforme o sus pantalones pero en cuanto vio aquel bonito traje, sus piernas se movieron solas.

La chica que atendía la tienda la reconoció al instante, revoloteando a su alrededor, preguntándole que necesitaba o si podía hacer algo para ayudarla. Yako se sonrojó un poco, y señaló con un dedo el vestido que había visto.

-M-me gustaría...probarlo

La chica sonrió, corriendo hacia el escaparate para sacarle el vestido. Con una sonrisa se lo dejo y la acompañó a la zona de probadores, donde Yako se encerró en una de las cabinas para probarse el vestido.
Era realmente precioso, de un color azul cielo, entallado de la parte baja de los pechos, que se abría hacia las piernas, por encima de las rodillas.
Yako nunca había llevado algo así, era algo revelador y se sentía algo vergonzosa. Si salía a la calle con esa gisa, todo el mundo la miraría...y ¿Si Neuro la veía así?

La tela era algo gruesa como de lana, que se pegaba a su cuerpo y no pudo evitar ver como enfatizaba sus curvas, como el escote en cruz dejaba ver la piel de su cuello.
Se miró en el espejo, dando un par de vueltas para ver como le sentaba desde todos los ángulos, y le gustó mucho.

Yako sacó la cartera y pagó el traje, pidiendo que le cortasen la etiqueta para poder llevárselo puesto. La dependienta, con su sonrisa permanente, así lo hizo y le preparó su uniforme en otra bolsa.

-¿Le gustaría probar estas hebillas del pelo?-Preguntó la dependienta, extendiendo un montón de hebillas diferentes. Yako encontró unas azules, más oscuras que la tela del vestido y con forma de flores. Pero no estaba segura de tener suficiente dinero para pagarlo todo.

-No..yo no tengo...

-No se preocupe, si compra el vestido, se las regalaré

Los ojos de Yako se iluminaron del gusto. Minutos después llevaba aquel bonito vestido, conjuntado con aquellas hebillas azules y una sonrisa en los labios. En una de sus manos, a parte de la bolsa del uniforme, llevaba un par de pequeñas bolsas a mayores.
Su móvil sonó varias veces en su bolsillo y lo sacó, sus ojos visualizando aquel nombre en la pantalla de "mensajes recibidos". NEURO.

"¿Que estas haciendo? Ven inmediatamente a la agencia o partiré tu cuerpo a la mitad y lo usaré para guardar mis juguetes."

La detective guardó el móvil en su bolsillo y corrió con paso apresurado hacia la agencia. Al llegar a la escalera del edificio se tomó un momento para subir sin tropezar hacia la oficina. En pocos minutos estuvo frente a la puerta, con el letrero de "Oficina de detectives, Katsuragi Yako" brillando frente a ella.

La chica agarró el pomo y entró dentro.
La oficina estaba en silencio, solo se escuchó el movimiento de Akane en la pared cuando ella entró y cerró la puerta a su espalda. Sus ojos buscaron el cuerpo del demonio, sentado en su silla, con las piernas elevadas sobre la madera de Troya. Estaba leyendo un periódico, de los que ella había estado marcando el día anterior.

-Parece que te has tomado tu tiempo-Escuchó su voz detrás del papel-¿Como fue tu prueba humana?

Yako se acercó para dejar sus bolsas en el sofá y escuchó como Neuro doblaba el periódico y se levantaba de la silla. Yako no se dio cuenta y en un instante lo tenía junto a ella, terriblemente cerca de ella, que hasta podía oler la esencia del demonio.

-Ha salido bien, todas las preguntas que preparaste eran las que entraron-Dijo ella, sintiendo como su voz se iba bajando a medida que hablaba y se encontraba con la mirada del demonio-¿Q-Que?

-¿Estas tratando de tentarme?-Preguntó el demonio y Yako tembló cuando el demonio paso una de sus manos por su cintura y tocó la tela de su vestido por la parte baja de la espalda.

-¿Te-tentar?

Neuro enfocó aquel rostro sonrojado. A pesar de que tenía el periódico delante cuando ella había entrado, no se le había pasado desapercibido aquel pequeño vestido que estaba llevando. El color podría hacer juego con el de su traje, contrastando con su piel pálida. No podía apartar la vista de aquel espacio de piel que le mostraba, como se ajustaba debajo de los pechos o como se movía cada vez que ella daba un paso, mostrando la infinidad de sus piernas.

-Para un piojo sin cuerpo como tu, es aspirar demasiado-Dijo entonces, observando su rostro y como Yako sonrojaba e intentaba apartar la vista, cosa que Neuro no le dejó.

-Al menos no voy siempre con el mismo traje-Dijo ella, algo dolida por las palabras que le había dicho el demonio. A ella le gustaba y se había atrevido a llevárselo, esperando alguna palabra amable de su parte pero no, el demonio siempre tenía que ser cruel.

Neuro alzó una ceja, sin tomar en consideración lo dicho por la chica y sin apartar sus manos de la espalda de su sirviente. Una idea corrió por su mente, haciéndole sonreír.

-Creo recordar que tu y yo teníamos un acuerdo-Dijo sonriendo hacia la chica. Yako volvió a mirarlo, recordando a que se refería-Si, pequeño piojo. Obtuviste mi ayuda en dos ocasiones y...aún no me lo has devuelto.

Yako no quería pensar en aquella sonrisa, no quería levantar la mirada para encontrarse con aquellos ojos suyos, porque si lo hacía, sabía que acabaría haciendo todo lo que él quisiera.

-Neuro

-Llámame amo-Dijo Neuro sonriente-Ahora, esclavo nº1 vas a realizar todo lo que te mande

Yako suspiró y dejó que Neuro le agarra la cabeza para tirarla en el suelo, de rodillas, apoyándose en las palmas de las manos. El demonio se colocó encima de su espalda, volviendo a su lectura del periódico. Yako lloró internamente, de nuevo le tocaba ser una silla.

-Procura no moverte, piojo. No querrás manchar tu vestido nuevo

La detective bajo la mirada, sintiendo dolor ya que todo el peso de aquel demonio se situaba en su espalda, además no parecía que el demonio tuviera consideración alguna por sus huesos.

Yako maldijo su mala suerte. ¿Donde había quedado el Neuro que la había besado anteriormente? ¿Había sido solamente una ilusión? Desde luego prefería los besos a este tipo de tortura dolorosa.

La tarde en la agencia de la detective resultó un cumulo de pequeñas torturas, cada una más sacada de lo ridículo que otra cosa. Primero fue silla, después tuvo que ordenar cada uno de los casos en carpetas y luego en cajas, todo ello no sería lo suficiente malo si no fuera porque lo tenía que hacer sufriendo una de las conocidas herramientas demoníacas de Neuro.
Lo peor de todo es que la detective no pudo probar bocado en toda la tarde, y su estomago rogaba por comida.

Neuro, impasible ante los deseos comestibles de la joven, permaneció en todo momento como el jefe demoníaco y controlador.

-Tu próxima tarea será darme un masaje en los hombros-Dijo cuando la chica se arrastró hacia la mesa, arrastrando los pies-Ven aquí, esclavo

Los pies de Yako se movieron como el cemento hasta colocarse detrás del demonio, que había dejado su chaqueta apartada y solamente tenía puesto su chaleco.
Yako inspiró profundamente, antes de llevar las manos a los hombros de Neuro y comenzar el masaje. Era la primera vez que le pedía algo así.

-La vida en el mundo humano es muy dura, tengo el cuerpo molido-Se quejó el demonio, fingiendo cansancio en su voz. Yako curvó la boca, no creyéndose para nada las palabras del demonio.

-Debes de tener mucha presión..

Su voz también era irónica.

Neuro fingió no haberla oído, cerrando los ojos para disfrutar del tacto de las manos de la chica en su piel. Desde su posición podía oler aquella fragancia característica que venía de Yako y aunque no se lo había dicho, la encontraba fascinante vestida con aquella prenda azul. Tampoco se le habían pasado desapercibido los nuevos broches que llevaba en el pelo.

Yako observaba su cabello rubio mientras movía sus dedos por la piel del demonio y tuvo la intención de decirle al demonio que se quitase el chaleco pero sus labios no le respondían. Parecería una pervertida si le dijera que se desnudase.
También se sentía extraña, tocando su piel como si nada, en una posición que claramente podía tomar ventaja para hacerle daño pero que Neuro no parecía tomar en consideración. No es que Yako quisiera hacerle daño.

Neuro paracía agradecido por el masaje.

-¿Solías hacer esto?-Preguntó el demonio con voz suave.

-Mi padre siempre tenía dolores en el cuello por su trabajo, así que solía darle masajes por las noches-Comentó ella, con un deje de melancolía al recordar a su padre. Neuro no dijo nada más.

Los minutos pasaban y Yako comenzaba a cansarse de mover sus manos, Neuro hizo crujir sus articulaciones cuando se movió y la chica, que no prestaba atención, tropezó y cayó sobre él.
La suerte parecía del lado oscuro y Yako colocó sus manos en las piernas de Neuro, con su cuerpo en contacto con el del demonio. Su rostro quedó a la altura del sonriente del demonio.

La piel de Yako enrojeció por la súbita postura.

-Sabía que caerías, pero no pensé que sería por tu propia cuenta-Dijo con un deje de humor Neuro, sin mover un musculo.

-Te has movido...por eso yo...-Dijo sonrojada la chica, que intentó moverse pero su intento fue cortado por una mano rápida de Neuro que tiró de ella para sentarla en sus rodillas-¿Qu-Que haces?

-Quien sabe

-Neuro

Yako suspiró derrotada, nunca podría con la fuerza demoníaca que tenía Neuro y esa vez no iba a ser diferente.

-Parece que has descubierto tu lugar, piojo-Comentó feliz

-No por gusto

-Pero si soy un jefe muy amable, que ayudo a mis esclavos cuando lo necesitan y les hago regalos-Comentó de nuevo con voz cantarina.

Yako quiso decir varias cosas, sobretodo en el tema de regalos, puesto que no recordaba ningún regalo que viniera de parte del demonio. Cierto era que la había ayudado pero se lo había cobrado bien con todo lo que había tenido que hacer toda esa tarde.
Neuro pareció entender su mirada y sonrió, tomando el mentón de la chica y acercándola a su rostro.

-No pongas esa cara de vegetal, piojo-Dijo mirándola intensamente a los ojos-Te saldrán arrugas de anciana descompuesta.

-¿Pero q-?-Neuro tomó su boca antes de que ella pudiera decirle un par de cosas bien dichas sobre las arrugas o sobre lo dolorida que estaba su espalda pero todo ello se fue a tomar viento cuando volvió a sentir aquellos labios sobre los suyos.
Ella se quiso apartar, pues sus labios se sentían secos y eso podía molestar al come-misterios pero este sacó la lengua y lamió sus labios frente a su cara roja como un tomate bien maduro.

Yako tembló al sentir aquella lengua pero no quiso pensar demasiado y volvió a unir sus labios, pasando las manos por los hombros de Neuro y colgando de él mientras lo besaba. Neuro movió sus manos para sujetarla y a su vez tocar su cuerpo por encima de la tela de aquel vestido.
Aquella pequeña exploración hizo suspirar a Yako, que abrió su boca y fue aprovechado por el demonio, que introdujo su lengua en su boca.

"Es intenso" Pensó Yako, respondiendo y abrazando al demonio durante unos cortos minutos. Sentía su cuerpo temblar, no solo por la vergüenza si no porque había sentido como el placer corría por sus articulaciones a medida que era besada por aquel sensual demonio.
Entonces recordó aquello que había comprado y levantándose a duras penas del cálido cuerpo del demonio, se acercó a sus bolsas y sacó un pequeño paquete.

Neuro alzó una ceja, curioso por aquel pequeño paquete que portaba su piojo, estaba envuelto en papel negro brillante.

-¿Que significa esto, piojo?

-Co-consideralo un agradecimiento por...ayudarme-Dijo ella algo sonrojada y tendiéndole el paquete, que fue recogido por las manos de Neuro.

-Entiendo que volverás a requerir mi ayuda-Sonrió el demonio, atrapando a la detective.

-Agradeceré tu ayuda, Neuro

El demonio se levantó de su silla, con el paquete en una de sus manos y con dos pasos, estuvo frente a ella. Yako lo miró, quedándose con su sonrisa.

-Haré que me lo agradezcas, Yako-Dijo con voz gutural.

Yako no tenía ninguna duda de que así sería.