NdA: Antes que nada gracias por sus comentarios, me alegra bastante que les agrade lo que escribo. Aquí va otra pequeña ronda para ustedes.

Advertencia: Spoilers del juego Mother 3.


Madre (K+)

Una vez cada quince días, se les permitía a los smashers ponerse en contacto con sus familiares y amigos cercanos, aunque ninguno sabía cómo era posible hacer una llamada o enviar una carta a través de universos tan distantes, lo que sí era seguro, es que se trataba de algo bastante agradable, y que algunos esperaban casi con ansias.

Tonalidades de negro y azul decoraban la totalidad del cielo, además de la luna y la vasta cantidad de estrellas que todas las noches eran testigos de lo que ocurría. Por lo general una azotea no es considerada como un lugar optimo para recostarse o dormir, pero cierto jovencito gustaba permanecer en él durante largos periodos de tiempo contemplando el manto estelar.

Se encontraba allí, tumbado de espaldas con sus manos sobre su estómago, con la mirada perdida en algún punto en el espacio, sin reflejar algún tipo de emoción. Entonces su trance fue interrumpido por el arribo de una persona de gorra roja.

—Estoy cansado —dijo el veterano recostándose al lado de su colega.

—¿Cómo te fue en la pelea? —preguntó el rubio volteando un poco la cabeza hacia su compañero.

—Nada especial, golpear, evitar que te golpeen, que te ganen los ítems o la bola smash, que te pateen el trasero, es agotador —ambos chicos rieron quedos— ¿Qué haces?

—Pensar.

—¿No te aburres? Tú sabes, diario estar aquí, tirado, pensando —el trigueño puso sus manos tras su cabeza para evitar el contacto directo de ésta con el suelo.

—Hmm... No si tienes mucho en qué pensar —el tímido muchacho volvió su mirada al cielo.

—Pffff —el psíquico experimentado hizo un ruido con la boca— si tú lo dices.

—¿Ya llamaste a tu casa? —Lucas hizo un abrupto cambio de tema en la conversación, luego de unos segundos de silencio.

—Nah... —respondió el moreno cerrando los ojos—. Ya no es como hace años que me ponía mal por no hablar, ya crecí, lo malo es que mi madre parece no entender eso —el comentario llamó la atención del otro.

—¿Por qué crees eso?

—Pues siempre es lo mismo cada vez que le llamo, te cuidas, no salgas muy tarde, te bañas bien, etcétera etcétera. Y sigue llamándome con apoditos cursis. La semana pasada Samus me entregó un paquete que ella me envió, y que ni siquiera se tomó la molestia de envolverlo, por lo que Samus vio lo que había. Qué vergüenza.

El güerito alzó una ceja —¿En serio? ¿Qué había?

Ness apretó los labios y habló en voz muy baja —Boxers —su colega comenzó a reír— ¡No te rías!

—¿Y dices que Samus lo vio?

—Sí, me dijo "Siempre es bueno traer una dotación extra, pillín" —Ness agregó imitando de la voz de la caza recompensas, y continuó después con otra anécdota—. Otro día tiré accidentalmente una carta que me envió, ya imaginarás lo que decía. Tuvo la desgracia de ser encontrada por Wolf, y al rato no me la acabé. Todos me retacaron con burlas durante toda la semana.

—Oh, de ahí viene que te digan... —el novato comentaba cuando fue interrumpido.

—Sí de ahí viene. El punto es que no pienso hablarle hasta que ya me considere el hombrecito que ahora soy y no el bebé que antes era.

—Como tú digas Ness... —musitó el jovencito de playera amarilla y roja— Pero ¿No has pensado que hace todo eso porque te ama?

—Sí ya sé, pero una cosa es que cuide de mí y otra que me avergüence. Ya le demostré que soy capaz de cuidar de mí mismo, pero parece que siempre quiere andar detrás de mí, me sorprende que me haya dejado venir al torneo de nuevo.

Lucas entonces declaró algo que cambiaría el tono de la plática —No tienes idea de la suerte que tienes.

El trigueño quedó en silencio, permitiendo al novato hablar.

—Me recuerdas a mi hermano, el también trataba de ser lo más independiente posible, pero a final de cuentas, siempre que se metía en problemas, mi mamá estaba allí para ayudarlo.

El ciudadano de Onett cambió su posición poniéndose de costado y recargando la cabeza en su mano.

Una sonrisita adornó los labios del introvertido chico —Una vez, mi papá se había ido con Lighter a buscar madera, y mi mamá necesitaba ir a la tienda de Thomas por unas cosas. Antes de irse nos dijo "No tardo, les encargo la casa", y Claus quiso darle la sorpresa de prepararle el desayuno. Yo le dije que no era buena idea, pero él me decía a diario que él lo podía todo. Tomó una sartén, el aceite y un par de huevos, luego puso la sartén con el aceite en la estufa y la dejó calentar mucho. Después cometió el error de probar si estaba caliente echando un chorro de agua...

—¿Y qué pasó? —cuestionó el púbero de cabello negro.

—La cazuela se incendió, y soltó una flama enorme, nos asustamos mucho y no sabíamos que hacer. Claus iba a cometer otra equivocación tirándole más agua a la sartén, pero por suerte mi mamá llegó y lo evitó. Ella tomó un trapo, lo mojó y tapó la cazuela con él, como si fuera magia el fuego se apagó. Luego nos dijo: "¡Hey, les dije que les encargaba la casa, pero no para quemarla!" —Los adolescentes rieron ante la pequeña anécdota.

Pero la risa fue efímera, el jovencito de la gorra se preocupó cuando vio que la sonrisa de su amigo se desvaneció.

—Sé que a veces es difícil lidiar con ellas, pero peor es no tenerlas -añadió Lucas.

El veterano bajó la mirada y suspiró por la nariz. Lucas desde muy chico debió valerse por sí solo; de tener su familia completa, feliz y próspera, de repente quedaron solo su padre y él. Aunque contó con el apoyo de sus vecinas como Abbie y Tessie, y la compañía de chicos de su edad como Fuel, nunca hubo alguien que reemplazara o llenara el espacio que Hinawa y Claus habían dejado.

—¿Los extrañas? —Ness cuestionó con un tono suave.

—Mucho —respondió el rubio con voz débil, casi un susurro—. Pero la vida sigue, si algo te hiere, lo más seguro es que habrá algo que te haga feliz.

El niño de la gorra roja permaneció en el suelo unos instantes antes de levantarse, —Ahorita vuelvo —dijo al bajar de un brinco a la ventana de su habitación.

Solo de nuevo, el púbero de la villa Tazumily continuó con lo que estaba haciendo antes de la llegada de su compañero. Varios recuerdos llegaron a su mente, pero en esa ocasión, uno en especial salió a relucir.

Con solo ocho años, se encontraba en el corral que se situaba al lado de su cabaña, gallinas y ovejas estaban a su alrededor. Extendió la mano para acariciar el pelaje de una cría, cuando entonces, entró corriendo su gemelo persiguiendo y correteando un grupo de pollitos. Una mujer de vestido rojo y cabello castaño los observaba.

El niño empujó un borrego adulto que trataba de comerse su cabello, y bailoteó para evitar pisar las pequeñas aves que corrían a sus pies.

El otro chiquillo estaba a punto de atrapar un pollito cuando una gallina se interpuso en su camino, extendió sus alas y dio un picotazo a la mano del infante. Éste se asustó y huyó siendo perseguido hasta refugiarse detrás de su figura maternal.

¡Me dolió! —gritó Claus mostrando la marca enrojecida en su mano, la cual su madre besó y sobó— ¿Cual es su problema? —señaló a la gallina que llamaba a sus polluelos y los resguardaba bajo sus alas.

Ninguno, eso es lo que las madres hacen —la mujer contestó—. Ella los estaba defendiendo, son sus hijos.

¿Tu también lo harías? —el pelirrojo alzó sus cejas con asombro.

¡Por supuesto! Jamás dejaría que algo malo les sucediera, daría mi vida de ser necesario —la dama abrazó al pequeño y llamó a su otro hijo para hacer lo mismo con él.

El novato notó que el cielo, la luna y las estrellas se tornaron borrosas, y una sensación de líquido en sus ojos se hizo presente. Parpadeó para dejar que las lágrimas se deslizaran por sus sienes.

¡Por supuesto! Jamás dejaría que algo malo les sucediera, daría mi vida de ser necesario.

Y pensar lo que iba a ocurrir años mas tarde, qué cruel ironía. El muchachito tímido entonces besó su mano y la alzó al cielo, enviando el beso a alguien que se encontraba muy muy arriba. Al ponerse de pie, una calidez lo envolvió, haciéndolo sentir la presencia y la esencia de alguien o algo que lo confortaba y le hacía sentir que todo siempre estaría bien.

Pero la vida sigue, si algo te hiere, lo más seguro es que habrá algo que te haga feliz.

Y tenía razón, contaba con su padre, sus mascotas, sus vecinos y amigos que lo apoyaban desde muy lejos, hizo muchas amistades en el torneo, y sobre todo sabía que siempre contaría con Ness.

Una vez más, se dibujó la sonrisa en su rostro y alzó la frente en alto, de nuevo escuchó la voz del otro psíquico.

—¡Hey Lucas! —se asomó el adolescente de playera azul y amarilla— ¡Mi mamá te quiere conocer, está al teléfono!

Lucas asintió, con agilidad entró por la ventana, y gustoso tomó el auricular para tener una estimulante y larga charla con la madre de su mejor amigo.

FIN


Me gustaría saber su opinión y qué aspectos debo mejorar. Nos leemos pronto.