12» Alivio
19 de Febrero del 2015
3:48 p.m.
Departamento de Asuntos Criminales
No sabía que decir, mientras me acercaba y reconocía poco a poco quien era él en verdad. Justo como cuando tenía menos de ocho años, pude recordar a mi hermano.
-… ¿Bruce? –me sentí débil por hablar así, como si él hubiese muerto y lo viera con vida. Me sentía estúpidamente débil, pero aliviado.
Me estrechó la mano de una forma tranquila y después me abrazó con fuerza, mientras él echaba una risa.
-¡Ja! ¡Cuántos años, y aún lloras cuando pierdes en un juego! ¡Vamos, que siempre hay más oportunidades!
Era extraño, pero era la primera vez que me sentía tan bien. No era un típico momento por el que uno pasaba cuando otros lo reconfortaban si perdían en algo o si no lograban graduarse. Era algo completamente diferente y más fuerte, obvio. Ver a tu hermano después de mucho tiempo, y que él te apoye, aún después de tal grave error. No tenía palabras para eso.
-Bueno, suficiente sentimentalismo. ¿Qué tal si vamos a un buen restaurant y comemos algo? Tanto papeleo no me ha dejado comer…y lo que más quiero es olvidar éste caso.
-Igualmente. –decía aguantándome las lágrimas mientras tallaba mis ojos con una mano, mientras le regresaba una sonrisa.
-¡Pues no se diga más! ¡Que sean hamburguesas! ¡Yo invito!
-Hehe, siempre fuiste fanático de la comida rápida.
Nos dirigimos al estacionamiento del departamento de policía, llevándome hacia un deportivo color gris. Era un modelo no tan viejo, pero nada moderno.
-Me costó algo de tiempo ahorrar para él. Los policías no son bien pagados, y los detectives…bueno…
-Al menos tienes un buen carro…también has de tener buen departamento.
-Claro…luego iremos allá. Pero primero a mi restaurant favorito.
Acto seguido, subimos al carro y manejó por toda la ciudad, hasta llegar a un restaurante de aspecto viejo. Me recordaba a los restaurantes viejos de los 50's. Tan pronto bajamos, entramos y nos sentamos en una de las mesas cercanas, sentándonos uno frente al otro. Una camarera pelirroja llegó, sin traer alguna lista…
-Oh vaya, pero si es Bruce~y.
-Hola Erica. Ya tenía tiempo sin venir.
-Claro que si… ¡Uy! Y ése joven que te acom- ¡Ay, no me digas que-!
-Hehe, claro que no Erica: es mi hermano. Ian, ella es Erica: la camarera que siempre me ha atendido cada vez que vengo aquí. Erica, mi hermanito.
Llevó sus manos al rostro, dando un leve chillido de emoción.
-Pero bueno, sí que se parecen… ¡Pero no debería hacer esto, díganme que es lo que quieren!
-Será lo de siempre. Que sea un plato igual a mi hermano.
-Entendido. ¡En un momento se los doy!
Tan pronto ella se fue, jalé a mi hermano de su pañuelo y lo acerqué…
-Muy bien, ¿qué tanto has hecho a mis espaldas hermano…? –decía con un mínimo enojo pero también con una sonrisa.
-Hehe, nada malo, lo juro. –se defendía con una sonrisa nerviosa y demasiado obvia.
-Si estuviéramos en un juicio, ya hubiese descubierto lo que ocultas…
-¡Haha, nada de eso! ¡Porque no oculto nada!
Era un pequeño alboroto, pero no podíamos evitar que nos divirtiéramos como cuando éramos niños…y claro, me fue inesperada el hambre voraz de Bruce. Comía demasiado, aunque por suerte él pagaría la cuenta.
-Oye, ¿tienes donde quedarte?
Cuando dijo eso, me vino una mala idea a la mente, pero creo que era lo mejor por aquél momento.
-No…digo, me quedo en casa de un amigo, pero creo que sería mejor si me moviera de ahí por un rato.
-Suena bien para mí. Bueno, ¿recogemos tus cosas y nos dirigimos a la nueva casa?
-Vaya…primero te fuiste y ahora eres demasiado bueno.
-Pues por pura ironía, nuestro apellido es "Goodman". Además, me llaman así siempre por el hecho de que soy "demasiado blando" con muchos, mas no con mis enemigos.
-Ser duro con los enemigos. –repetía en mi mente.
-Bueno, ¿estás listo para irte?
Asentí. Era una decisión que podría afectar fuertemente a Jake en un futuro, o eso pensé. Era lo más probable.
Tan pronto terminamos de comer, pagó la cuenta y nos fuimos directamente al auto. Le di las indicaciones para poder llegar a donde vivía, y le dije que me esperara. Que solo abriera el portaequipaje.
Subí las escaleras hasta mi departamento, y entré para ver que nada había sido movido. Seguro Jake aún no llegaba.
A toda prisa saqué unas maletas donde metí toda mi ropa, mis objetos. Pero no podía evitar sentir algo de injusticia al irme así por una pelea que creo se podría resolver.
De nuevo, despegué el memorándum que había pegado, y lo pegué sobre el nuevo que había escrito. Después de ver el primer mensaje, leería ahora: "Te veo mañana en el bufete. Adiós."
A pesar de que si lo vería de nuevo, y de que si volvería a ése departamento, me propuse a escribir de tal manera como si no me volvería a ver otra vez.
Claro, la diferencia sería que no habría un compañero de cuarto en calzoncillos, respondiendo preguntas analíticas con precisión mientras duerme, ni comidas raras en el refrigerador…pero aun así, es mi compañero.
Ésa era mi decisión. Pero nadie puede predecir el futuro…
