NdA: Ha pasado mucho tiempo. Fue bastante mi alegría al enterarme del regreso de Lucas al SSB4 que me inspiró a darle algo de atención y cariño a ésta recopilación. Por ahí tengo otros escritos viejos que pienso terminar y agregar aquí.
Agradezco a todas y todos por sus reviews, si bien este fic estaba algo abandonado, leí todos y cada uno de sus mensajes. Me alegra saber que les haya gustado. Bien, empecemos.
Un Poema (K+)
Una bolita de papel voló y cayó para formar parte de una pequeña pila de hojas de papel arrugadas que yacían en el suelo. —No —decía el jovencito responsable de semejante desperdicio. Tomó otra hoja, y sacando su lengua comenzó a escribir, tocando su barbilla en momentos con la goma de su lápiz.
—A ver… ¡No! —gruñó y talló la goma del lápiz sobre la superficie blanca con tanta fuerza que le hizo un agujero. Tuvo que despacharla también. Tal vez necesitaba algo de inspiración, algo que lo motivara a imprimir sus emociones con estilo. Hurgó entre la ropa en el cajón de su buró, y encontró el retrato que con recelo guardaba. Lo colocó recargado en la pared para observarlo con nostalgia mientras intentaba una vez más.
Leyó el contenido del papel y asintió. —Bien, me gusta —comentó en voz baja— ahora una palabra que rime con flor... —golpeteó con los dedos el escritorio de su habitación mientras escarbaba en su memoria— ¡Bien!
Plasmó unas palabras más, releyó, hizo unas correcciones, y escribió más. Con cada frase, su entusiasmo afloró más, y le fue siendo más fácil completar su poema.
—¡Sí! —se levantó de su asiento con la hoja en ambas manos y caminó por su cuarto repasando una vez más cada oración. Contento con el resultado, tras algunas horas de intentos fallidos y frustración, estaba listo para ponerlo en un sobre e ir a depositarlo al buzón, como una vez cada semana se les tenía permitido.
Pero antes de hacerlo, necesitaba el ojo crítico de alguien, o por lo menos saber si el poema le gustaría a su madre por el día de su cumpleaños.
Abandonó su cuarto para ir con una de las personas que consideraba estaban disponibles y que podrían escucharlo. Y así encontró a Nana en su cuarto.
—¡Nana! —Ness golpeteó un par de veces la puerta de la Ice Climber— ¿Puedes salir un momento?
La puerta se abrió, revelando a la chica que jadeaba y parecía estar ocupada.
—Woah... —Ness alzó sus manos— lo siento si estoy interrumpiendo algo importante.
—Tonto. No es eso —la chica de rosa golpeó el hombro del psíquico—. Estoy tratando de sacar a Popo de abajo de la cama, le toca examen médico y no quiere ir. ¿Necesitas algo?
—Bueno, sí —Ness sacó la hoja de papel de su bolsillo y la desdobló— eres una chica muy lista...
—Oh, gracias —Nana se sonrojó.
—...quería saber si podrías echarle un ojo a esto y darme tu opinión.
La sonrisa de la alpinista se desvaneció —Oh, Ness, lo siento, ahora no puedo, debo llevar a este nene llorón con Mario para que lo revise —señaló con su pulgar hacia detrás de ella.
—¡No soy un llorón! —Popo asomó su cabeza desde el confín oscuro de su catre.
—¿No? —la chica pasó su lengua por sus labios— jeringas —la chica pudo énfasis en esta última palabra.
—¡Ah! —el miedoso muchacho se adentró de nuevo por completo.
—Oh, ok —Ness dijo apenado—. No importa, y cuidado con las arañas que hacen sus nidos debajo de las camas.
—¡¿Arañas?! ¡Ow! —Popo se golpeó la cabeza con la madera de la cama al querer levantarse de repente.
—Espero eso ayude a que salga —Nana rió—. Te veré pronto, espero poder ayudarte entonces.
—Ok —Ness emprendió el paso hacia otro sitio de la mansión.
El olor a carne quemada atrajo su atención a la cocina colectiva, donde Sonic y el rey Dedede discutían.
—¡Esa es tu culpa! —El erizo señaló con su dedo índice una parte de un libro de cocina —¡Dice aquí que el horno debía ponerse a ciento sesenta grados, no ciento ochenta!
—Te lo hubiera dicho bien si no hubieras estado corriendo por la cocina buscando los ingredientes y haciendo volar las páginas, es una cocina, no una pista de carreras —el pingüino replicó, sacudiendo su delantal.
—¿Qué vamos a hacer con esto entonces? —Sonic apuntó al horno que despedía humo.
—Ponle algo de gravy y dáselo a Kirby, ese se come todo —el rey sacudió sus manos con indiferencia.
El luchador espinoso suspiró. —Bien, pediré pizza... otra vez —arrojó su delantal al mármol de la isla central de la amplia cocina y fue a la sala por el teléfono.
—Oye, Dedede. Ugh —Ness se tapó la nariz ante semejante olor—. Escribí este poema... —alzó su otra mano sosteniendo su escrito.
—¿Huh? ¿Para mí? —el robusto novato alzó una ceja, confundido.
—No —Ness hizo una mueca de desagrado—, es para mi madre, quisiera ver si pudieras leerlo y decirme que te parece.
Dedede tomó la hoja de papel y se rascó la cabeza. —Veamos... —estaba comenzando su lectura, cuando se oyó la voz del erizo de nuevo.
—¡Hey! ¿La pizza de qué la quieres?
—Con anchoas, como siempre —el rey enfocó su vista a su compinche azul.
—No tienen anchoas.
—Entonces de salmón.
—Tampoco tienen de salmón. Dedede, busca algo más normal —el espinoso smasher rodó los ojos.
—¿De qué tienen entonces? —algo molesto, el pingüino estiró los brazos.
—¿Por qué no les preguntas? —Sonic salió de la cocina una vez más.
—Lo siento chico —Dedede devolvió el pedazo de papel a las manos del jovencito—, será después —se quitó su delantal, lo colocó encima de aquel que Sonic usaba y caminó donde el teléfono se hallaba—. La comida es comida, y yo tengo hambre.
Ness rebuznó con disgusto y golpeó sus costados al dejar caer los brazos.
Al pasar por la sala principal notó que a algunos de los adultos se hallaban sentados en el sofá más grande frente al televisor, bebiendo cerveza y consumiendo frituras.
—A ver si entiendo —Ike sobó sus sienes con sus dedos—. ¿Se supone que los miembros de un equipo deben meter el balón en el marco metálico del equipo contrario? ¿No podrían tomar la pelota y ya?
—No —Snake contestó—, el único que puede tomar el balón es el portero... el que resguarda el "marco metálico". Los demás deben usar solo los pies.
—¿Y el portero no se la puede llevar y meterla en el marco del otro? —Link tomó un sorbo de cerveza.
—El portero no puede salir de su área —Marth se encontraba sentado en el brazo del sofá, con los brazos y pernas cruzados—, hasta donde sé.
—¿Se supone que eso debe ser entretenido? —Ike extendió su mano hacia la pantalla plana.
—Lo es cuando le entiendas —Snake sonrió y pegó la lata de aluminio a sus labios—. Además, se vuelve más divertido si hay apuestas de por medio ¿alguien se apunta?
Los tres espadachines se vieron las caras unos a otros —¿Sí, por qué no? Claro —Link dijo mientras que los otros dos asentían en señal de aprobación.
Cuando el jovencito de gorra roja se colocó frente la pantalla con la intención de llamar la atención, no fue muy bienvenido.
—Hey, Ness —Marth agitó su mano hacia un lado como si estuviera sacudiendo— vete a jugar a otro lado ¿quieres?
—Si quieres ver el partido no lo hagas frente a la pantalla —el militar señaló hacia el sillón pequeño que se hallaba perpendicular al sofá donde los adultos de encontraban.
Ness renegó, mientras tiraba las manos al aire. —El béisbol es mucho mejor que eso —avanzó hacia la puerta principal de la enorme vivienda.
—¿Hola? —Cuando salió por el pórtico, observó un arbusto cercano agitarse. Se acercó con cautela y curiosidad pensando que podría tratarse de algún animal asustado. Unas manos emergieron de la planta, lo tomaron de los tirantes de su mochila y lo halaron hacia adentro.
—Shhh... —el rubio de gorrito verde se llevó un dedo a sus labios—. Nos van a encontrar.
—¿Quienes? —el veterano confundido, preguntó, solo para ser silenciado una vez más.
—¡Shhh...! Los cerdos, Ness —Toon Link asió a su compañero del cuello de su playera, lo miró directo a los ojos y susurró—, estaba alimentándolos con cebo para que me buscaran algunos rupees, pero por accidente le pisé la cola a uno de ellos, un cerdo bebé.
—Oh, eso no puede ser taaan malo —El psíquico no entendía bien la situación en la que su amigo se hallaba.
—Nooo —Toon Link respondió con sarcasmo alzando sus brazos—, no lo es. Solamente buscan embestirme, pisotearme y convertirme en una bolsa de estiércol.
—¿Y qué piensas hacer?
Toon link abrió un agujero entre las hojas del arbusto. —Esconderme, esperar a que se calmen, rezar, yo qué sé.
—Bueno, ya que estarás un rato aquí me pregunto... —Ness tocó el hombro del pequeño guerrero y extendió su ya maltratada hoja de papel— ¿Puedes leer esto y decirme qué tal te parece?
—Ness, este no es un buen momento —el rubio frunció el ceño—. ¡Este es un asunto de vida o muerte, estoy en gran peligro... —sacó su cabeza por encima de la planta un breve instante— no, en colosal peligro! Mi vida pende de un hilo ¿sabes? mi futuro depende...
—¡Qué exagerado eres! —Ness dio un golpe con la palma de su mano en la nuca a Toon Link— Ya hemos lidiado con esos cerdos antes, no es la gran cosa.
—Pero esta vez es diferente —el smasher más novato, tras sobar su cabeza, se prendió de la manga de la playera del psíquico—, es algo grande, monstruoso, tan gordo que nos aplastaría con tan solo rodarnos encima.
Ness tomó a su compañero de la muñeca y lo sacó de su refugio. —Vamos a ver, chillón.
—No ¡No! —Toon link jaloneó y puso resistencia, pero Ness, al ser más corpulento lo pudo llevar sin mucho problema. Se aproximaron a un charco enorme de lodo donde los porcinos solían bañarse, sin embargo, esa vez el lugar se encontraba vacío.
—No están —el veterano se rascó la cabeza por debajo de su gorra.
—Obvio no, nos están buscando —el güerito no dejaba de mirar a su entorno.
Ambos jovencitos pegaron un brinco cuando otro arbusto comenzó a sacudirse, acompañado de gruñidos.
—Es él. ¡Ness, es él! —Toon Link se resguardó detrás del chico de cabello negro—. ¡Vamos a morir y será tu culpa!
El jovencito de Eagleland rodó los ojos. —Bueno, al menos "moriremos" luchando —llevó sus dedos índice y medio a su frente y éstos comenzaron a emanar un brillo morado. El otro muchachito desenvainó su espada y colocó su escudo frente a él.
La planta comenzó a agitarse con más vigor y los sonidos se hicieron más fuertes.
Toon Link gritó y apretó los ojos cuando la criatura saltó de su guarida y se abalanzó hacia ellos… para detenerse en seco a un metro de distancia.
El pequeño guerrero abrió uno de sus grandes ojos, y luego el otro. Ambos chicos bajaron la guardia al observar a un cerdito bebé mover su nariz y colocarse en posición de intimidación, golpeteando el suelo con las patas, bajando la cabeza y alzando su trasero.
—¡Oh no! —Ness, haciendo uso de sarcasmo, se llevó una mano a la frente—. Estamos muy muertos.
—No te burles —el muchachito de prendas verdes empujó al psíquico.
El chico de la gorra roja se inclinó y acercó su mano a la gruñona criatura, tras bacilar un poco, el pequeño porcino se calmó y le permitió acariciarle la cabeza. —Oh, mira. ¿Eres tú el cerdo grande y gordo del que este tarado hablaba? —dijo Ness cuando le rascaba la barbilla.
—¡No soy ningún tarado! —el espadachín recriminó.
—Oh mira, le gusta, hasta quisiera tenerlo de mascota —el psíquico rió y miró a su colega cuando el animalito se tumbó sobre su espalda y chillaba con gusto cuando éste le hacía cosquillas en su barriga.
No obstante, el momento de ternura no duraría mucho.
Toon Link abrió los ojos de par en par, mirando a algún punto hacia arriba y su labio inferior comenzó a temblar. Ness alzó una ceja, ante el comportamiento del rubio y la repentina sombra que lo envolvió. Cuando giró su cuello, el enorme puerco alfa resopló y sacó tierra con una pata.
—Oooh —Ness sintió que la sangre se le bajó de la cabeza—. ¿Era ese cerdo del que hablabas Toon Link? —Volteó otra vez hacia su camarada, solo para notar que en el espacio donde éste se encontraba, no había más que una hoja seca flotando— ¿Toon Link?
En un segundo, el luchador de cabello negro se hallaría corriendo como si su trasero estuviese en llamas, oyendo y sintiendo los cascos del enorme animal que lo perseguía. Se trepó en el primer árbol que encontró.
Con su pecho agitándose con rapidez, Ness intentó asir una rama, pero esta se encontró con algo más liso y blando.
—¡Ow! —exclamó la cosa que el veterano tocó.
Ness gritó y en su sorpresa estuvo a punto de caer del árbol. Por fortuna ese extraño ente alcanzó a tomarlo a tiempo y reincorporar su postura.
—Te salvé, me debes una —el chico de la isla Initia sonrió.
—¡¿Qué?! —Ness soltó unas palabras inentendibles mientras manoteaba para que su amigo dejara de tocarlo—. ¡Me dejaste solo allá abajo!
—Yo te lo advertí —Toon Link reclamó—. No estaríamos aquí de no ser por tu culpa.
—¿Mi culpa? —El psíquico se llevó una mano a su pecho y luego con su dedo índice golpeó el pecho del jovencito frente a él—. Tú los hiciste enfadar en primer lugar.
—Y estaba bien escondiéndome, pero nooo, el salvador de Onett tuvo que hacerse el valiente y arrastrarme justo a su guarida —Toon Link aleteaba sus brazos, enojado.
Ness entendió que la discusión no llevaría a ningún lado, ambos tenían razón en parte. —Como sea. Podemos esperar a que se vaya ó hacerlo que se vaya.
—No, Ness —el güerito sacudió su cabeza—, si atacamos al jefe todos los demás se nos echarán encima, será peor. Podríamos arrojar algo para asustarlo.
Ambos chicos miraron a su alrededor, solo veían ramas, hojas y más hojas. Ambos gritaron y se agarraron con fuerza de la rama donde reposaban cuando el animal comenzó a embestir el tronco del árbol.
—Ok ok... —Ness notó que la ramificación aledaña era algo delgada, así que con un poco de esfuerzo dio un brinco y comenzó a patearla hacia abajo.
—¿Qué haces? —Toon Link preguntó incrédulo. Los golpes cesaron por un momento.
—Salvando nuestros traseros —el veterano continuó pateando, sin hacer que la rama se rompiera.
Toon Link, entendiendo el plan de su compinche, se puso de pie, alzó su espada y manteniendo el equilibrio, se aproximó a la rama delgada. —A un lado —cuando Ness hizo caso a su orden, saltando a otro brazo más estable, dio una serie de tajos, haciendo saltar astillas hasta que la rama cedió, se rompió y cayó al suelo, espantando con éxito a la criatura que los agredía.
—¡Bien! —los smashers celebraron. Cuando verificaron que no corrían peligro, bajaron del árbol.
—Ah, después de todo, eso fue divertido —Toon Link se llevó las manos a la cintura con una enorme sonrisa de oreja puntiaguda a oreja puntiaguda.
Ness estrechó los ojos con irritación. —A veces me pregunto cómo carajos es que me junto contigo.
—Ah, fácil. Porque soy listo, valiente, apuesto y un amigo leal —el cínico novato guiñó un ojo.
El jovencito de cabello negro se quedó con la boca abierta, sin encontrar qué epíteto ofensivo le quedaría mejor a su colega. —¿Sabes qué? Ah... olvídalo —sacudió su cabeza, dejó caer su mano, y se fue de vuelta a la mansión, sin siquiera preocuparse por pedirle el favor que lo había llevado a él en primer lugar.
Se encaminó directito a su habitación. Con los hombros caídos, se sentó en su cama, se quitó su gorra y la arrojó a la mesita de noche sin preocuparse por su puntería. Sacó su hoja de papel, arrugada, y un poco sucia y la comenzó a releer. Estaba molesto, cansado y decepcionado ante la falta de disposición de todos.
A lo mejor no de todos.
—Hey, Ness —otro novato había salido del baño tras haberse dado una ducha.
—Hey, Lucas —Ness miró de reojo a su muy buen amigo—. ¿Cómo te fue en la pelea?
—¡Bien! —El rubio, contento, tomó algo del escritorio de la habitación y se sentó a un lado de su compañero de cuarto— ¡Gane! Y además me encontré este trophy de Nintendog, es adorable ¿no crees? —alzó su premio frente a Ness para mostrárselo más de cerca. Ness se sintió feliz por su amigo, pero no estaba contento del todo.
—¿Ocurre algo? —la sonrisa de Lucas pasó a una expresión de preocupación.
Ness resopló por la nariz, sin despegar su vista de su hoja. —Tal vez vas a pensar que es cursi. Le escribí un poema a mi madre por su cumpleaños...
—¡Oh! felicítala de mi parte —el chico de Tazmily interrumpió, sorprendido.
—Claro, claro, yo le digo, lo prometo —el otro muchachito asintió.
—Oh, lo siento ¿me decías?
Ness continuó con su queja. —Te decía que le escribí un poema a mi mamá, pero he querido saber si es lo suficientemente bueno antes de enviarlo. Pero resulta que todos, o están ocupados o no les interesa.
—Bueno, yo ya no estoy ocupado y sí me interesa —Lucas comentó.
El trigueño miró al chico a su lado, esperanzado —¿En serio? Pero, debes estar cansado ¿no?
Lucas alzo los hombros. —Siempre habrá tiempo y energía para mis amigos. No soy muy bueno con los poemas ni nada de eso, pero ojalá te pueda ayudar.
—Oh, claro que lo harás —el veterano, con la alegría de vuelta a su ser por completo, giró su cuerpo en dirección al güerito—. Ok, empecemos —aclaró su voz.
Y Lucas escuchó con total interés las palabras del veterano. El poema era… decente, aunque había versos que ni siquiera rimaban. Menos mal que Ness pudo pulir un poco más su obra gracias al oído atento y afable honestidad de su gran compañero.
Nota final: Es todo por el momento, pero vendrá más. Recuerden que sus comentarios y críticas constructivas son bienvenidas. Muchas gracias por leer. Hasta pronto.
