Disclaimer: Todo es obra de Sir Artur Conan Doyle y la versión mas reciente (y mas sexy) de la BBC; sigo tomándolos prestados por mi necesidad de Johnlock.

Este fanfic participa en el Rally "The game is on!" del foro I am Sherlocked, para el equipo "Criminal Husbands"

Palabras: 11,300 sin contar los títulos.

Advertencias: Esta situado en el universo de almas gemelas, pero Tumblr me ha ayudado a agregar más datos, datos realmente intensos. He mezclado varias características de este universo. Sufran (? Johnlock y leve Mystrade.


Encontrándote

Tratar de hallar las pistas suficientes para tener un rastro que seguir fue lo más difícil que Sherlock hubiera hecho. El perpetrador responsable del caso Powers, era muy inteligente. Sabía que la hierba que había utilizado para inmovilizar a Carl era común en muchas regiones del mundo, no había dejado huellas en la botella ni rastros de pisadas que le delataran de alguna forma.

Estuvo mucho tiempo dando vueltas a la situación, con poco y nada en que trabajar. Desintoxicándose en el proceso, estudiando idiomas, que le sería muy útil debido al rumbo que estaba siguiendo el caso y defensa personal.

Por soplo de Mycroft, supo que un nuevo asesinato había sido cometido, pero esta vez a las afueras de Londres, en Francia. La causa de muerte: un ataque al corazón. Todas las circunstancias marcaban el hecho como una muerte natural, excepto que la pareja de la víctima continuaba con vida.

Sherlock se trasladó al lugar, con la certeza de que encontraría el mismo tipo de veneno en la mujer muerta, con lo que relacionaría ambos casos; encontrándose con un asesino serial.

El inspector encargado del caso, ya que en Francia los policías eran quienes se encargaban de hacer el papeleo de mortandad, se puso furioso al ver a un jovenzuelo entrometiéndose en su trabajo. Más que nada por querer complicarle la existencia, el caso de Paulette Piaf no era un homicidio.

El moreno dio al inspector una tarjeta con un número, indicándole que llamara para que le dejara participar en el caso.

– Buenas tardes, habla el inspector Gregory Lestrade. Quiero hablar con el supervisor del chico Trevor – oyó un suspiro de exasperación del otro lado de la línea.

– El joven Víctor Trevor es parte del servicio secreto de Inglaterra – respondió una voz, que hizo que a Lestrade le diera un vuelco en el estómago – Esta bajo la supervisión del país, anote el siguiente número de verificación del chico… – Lestrade anoto el numero sin poner mucha atención, pendiente del tono de voz.

– ¿Usted es Mycroft? – del otro lado de la línea volvió a escucharse un sonido de exasperación

– ¿El joven Trevor se lo ha informado? – pregunto con hastío

– No. Responda mi pregunta, por favor. ¿Es usted Mycroft? – un sonido de confirmación hizo que el corazón le latiera a mil por hora – Dígame cual es el nombre en su muñeca…

– ¿Con que derecho pregunta eso?

– Díganmelo – ordeno Lestrade con la voz entrecortada.

– Gregory… Oh. – Lo había entendido – Citémonos dentro de… – pudo oír el sonido de las hojas ser cambiadas con velocidad – una semana. Recogeré al joven Trevor. Hasta luego.

El pitido característico de una llamada finalizada fue lo que saco a Lestrade de su ensoñación. Con una enorme sonrisa se dijo que soportaría la intromisión del joven, solo por haber sido la causa de encontrar a su alma gemela. Cuan arrepentido estaría de haber pensado que el trato con el joven Trevor sería fácil.

Sherlock había oído toda la conversación entre su hermano y el policía a cargo del caso. Ahora hasta su hermano tenía pareja. Resoplo, aunque esperaba que ese hecho le diera una ventaja sobre su insoportable hermano.

– Joven Trevor, tiene el permiso para participar en el caso. Solo tenga cuidado con el cuerpo

– Sabe que este cuerpo se descompondrá, ¿Por qué no está en cuidado?

– No se descompondrá. Nuestro forense ha determinado que en cuanto la pareja muera, ambos se convertirán en luz, se reintegraran con el medio – Sherlock no podía entender cómo podían ser tan obtusos.

– Estos cuerpos no se desintegraran, este cadáver está empezando a descomponerse – dijo arrancando un mechón de cabello al cuerpo – La energía no se pierde, pero se transforma y esto está empezando a ser podredumbre… – el detective poco y nada le hizo caso. Sherlock solo trato de no gritarle su incompetencia, no ganaría nada con ello.

Sus análisis finales fueron una intoxicación por la toxina botulínica, dentro de la cual había una sustancia de origen natural que difícilmente podría ser encontrada a menos de que se supiera lo que se estaba buscando.

No tardo más que un día en resolver el asunto, pero tuvo que esperar a su hermano. Y tuvo que esperar pacientemente mientras tenía su cita con Lestrade, quien no era del todo incompetente ya que cuando se dio cuenta de que el cuerpo estaba descomponiéndose, lo puso en resguardo.

En ese momento el detective supo que era mejor hacer caso de lo que el joven decía.

Sherlock no se presentaba con su nombre, por precaución, para tener una doble identidad que le hiciera pasar desapercibido. Así que cuando oyó a Lestrade preguntar acerca del joven Trevor, casi suelta una risa, al pensar en la expresión de su hermano. Oh, dulce venganza.

Pero no todo salió como esperaba, ya que el inspector Lestrade termino yéndose con ellos. Había tramitado su traslado a Londres para estar cerca de su, ahora, pareja. Obviamente Mycroft intervino para hacer el trámite más sencillo. Tuvo que soportar la perorata entre ellos, poniéndose al tanto de sus vidas.

Nunca había visto actuar a su hermano de esa manera, era un cambio muy sutil, seguía teniendo un trato frio hacia su alma gemela, pero Sherlock podía notar que su tono era menos duro y tenía ciertos roces piel con piel. Se le erizo el vello de la nuca.

Dos asesinatos más le llevaron a una posible ubicación de la mente maestra detrás de todas las muertes.

Ghana.


Habían tardado bastante en llegar a su destino. Viajar desde Irlanda a otro continente no había salido barato. Ubicarse en el país africano había sido más difícil aun, con las limitaciones monetarias y esas cosas. Harry y John necesitaban trabajo; la primera era fuerte, hábil con las manos y se hacía fácilmente amiga de hombres mayores, por lo que un anciano la tomo como su aprendiz y le enseño mecánica automotriz, al menos lo básico y con sus habilidades pudo atender el taller mecánico de su tutor, por lo que tenía el trabajo asegurado.

John con su título de médico podía desempeñarse en cualquier clínica, con lo cual estaba muy feliz, porque había mucha gente que necesitaba su ayuda. Ambos se mantenían ocupados, no ganaban mucho pero tenían lo suficiente para mantenerse.

El problema llego cuando los rumores de un asesino serial llegaron a los oídos de los pobladores de ese país. Más que nada porque los mismos rumores decían que estaba escondido en las cercanías, los residentes desconfiaban de los extranjeros, los extranjeros de los pobladores y poco a poco el país empezó a ser racista.

John aun sentía la necesidad de encontrar a su pareja ideal, aun sentía que estaba haciendo lo correcto al quedarse, aunque la situación se tornara más complicada. Harry la llevaba un poco más difícil, se sentía insegura y paranoica, volteaba varias veces cuidando su espalda como si algún loco fuera a saltar sobre ella.

– John, ¿Estás seguro de todo esto? – pregunto Harry una noche, estaba bastante molesta ya que el trabajo de ese día había sido pesado y el cuerpo le dolía a lo indecible.

– Sé que te he arrastrado a esto y lo siento… Si economizamos un poco más, podrás pagarte un billete de regreso a Irlanda – el rubio en verdad se sentía culpable por hacer que su hermana padeciera junto a él. Se restregó los ojos con las palmas de las manos.

– No, John. Te apoyo completamente en esto. Solo que creo que te has equivocado de país… – lo que realmente preocupaba a Harry era que el alma gemela de John fuera ese asesino serial del que todos hablaran. No quería ver a su hermano con el corazón roto, ella sabía lo que se sentía y no se lo deseaba a nadie.

– Claro que no, Harry. Siento que lo encontrare pronto. – eso en verdad preocupaba a la chica rubia, pero prefirió callar y apoyar a su hermano.

Una semana después sucedió lo increíble. John estaba a mitad de su descanso para el almuerzo, había tenido que atender a unos niños intoxicados con alimentos en mal estado y lo habían vomitado; entonces una de las enfermeras le llamo diciendo que alguien le buscaba. John solo esperaba que no fuera otro niño intoxicado.

En su sala de consulta estaba Harry de la mano de una chica.

– John – el entusiasmo de la joven era contagioso, por lo que el rubio devolvió la sonrisa aun estando a punto de echar a correr si se trataba de algún intoxicado por comida – Ella es Clara, mi Clara… – la mujer se presentó propiamente, era una turista de Londres a quien el coche se le había descompuesto y por azares del destino termino en el taller de Harry.

¿Qué cómo estaban seguras de que era la mujer correcta? Clara tenía el nombre de Harry tatuado en la piel. No Harriet, sino Harry. La rubia siempre se había considerado así misma como Harry y no con el nombre con la que sus padres le habían registrado. Además la conexión había sido inmediata.

Estaban firmemente tomadas de la mano. Pero a pesar de la felicidad de ambas, Harry estaba un poco angustiada.

– Felicidades – logro pronunciar John, tratando de descifrar el gesto en la cara de su hermana. – ¿Qué pasa?

–Bueno; tú sabes que cuando se hace la conexión, las parejas no se separan… y… este no es el mejor lugar para nosotras, no ahora. No con un asesino suelto. – John lo entendió, su hermana, su rebelde hermana mayor le estaba pidiendo su permiso para irse a vivir con su pareja.

– Harry, ve. No me estas traicionando o lo que sea que esté pasando por tu cabeza. Me alegra que hayas encontrado a tu pareja ideal, ahora que estás completa comprenderás porque debo quedarme aquí. – Dirigiéndose a su nueva cuñada dijo – En verdad, las felicito. Espero que te haga feliz o iré a ponerla en su lugar – ambas mujeres rieron, la rubia con lágrimas en los ojos.

Partieron al siguiente día. Y John se quedó solo.

Su salario no alcanzaba a cubrir la renta del lugar donde él y su hermana se estaban quedando por lo que tuvo que poner manos a la obra para encontrar un lugar más económico. La situación seguía difícil ya que los lugareños aun desconfiaban de los extranjeros.

Paso una semana antes de que pudiera hallar un sitio adecuado.

– Tengo un sitio – declaro la casera de unos departamentos a las afueras de Kumasi – Nadie lo ha querido compartir porque el inquilino que busca compañero es un poco… hosco… Sin embargo paga a tiempo, te hare un descuento de 25 cedis si rentas el sitio.

– Primero quiero conocer al muchacho – la casera suspiro, con la certeza de que seguiría sin poder alquilar el sitio. Lo guio por los departamentos hasta llegar al 21. Con su llave maestra, abrió la puerta.

Los sonidos de un violín al que parecían estar torturando inundaban el lugar. Parecía que un huracán había pasado por la sala y cosas horrorosas se desbordaban del lavabo de la cocina. Un muchacho de cabellos rizados vestido en bata estaba sentado en el sillón, era quien estaba sacando esos lamentos al pobre instrumento de cuerdas.

– Trevor, por todos los cielos – grito la casera para hacerse oír sobre el ruido – Deja de hacer esos sonidos… – el muchacho arrecio los chirridos ahogando la voz de la mujer y los pensamientos de John, quien a pesar del ruido tenía la mente en blanco.

Dejo de tocar, si a eso se le llamaba tocar, abruptamente. Dejo el violín de lado y miro con los ojos entornados a sus visitantes.

– Debió hacerle una muy buena rebaja en la renta, señora Hudson – ella le miro ligeramente escandalizada – Si aun después de escuchar eso, sigue aquí de pie, es porque en verdad necesita el lugar. ¿Te molestaría mucho si tocara el violín de noche? – pregunto el chico dirigiéndose al rubio.

– No, al menos no si evitas ese tipo de… melodías. – contestó John, sorprendiéndose de su respuesta. Pero el joven tenía razón, necesitaba un lugar donde quedarse antes de que venciera su contrato en el otro departamento.

– Perfecto, ya que te encargaras de la limpieza, me ocupare de mantener la alacena llena – dijo el joven.

– ¿Cómo sabes que me ocupare…?

– Eres un residente irlandés, que vino a Ghana en busca de su alma gemela, eres doctor… cirujano y tu hermano te acaba de dejar solo con el pago de la renta. Tengo suficientes razones para creer que te encargaras de limpiar si con ese te evitas los costos de alimentación.

– Eso fue… brillante – los ojos de John estaban iluminados de sorpresa. Sherlock frunció el ceño. – Lo siento, ¿Te ofendí? – el moreno sacudió la cabeza. Ahora fue el turno de John para hacer una mueca de confusión – ¿Te molesta que te alaguen? – el moreno volvió a negar.

– Solo es raro. Las personas suelen mandarme al diablo cuando deduzco algo sobre ellos.

– La verdad creo que es una habilidad sorprendente – contesto John con una sonrisa, que contagio al moreno haciendo aparecer una en su rostro. El suspiro de alivio rompió la burbuja que los chicos habían puesto sobre sí.

– Víctor Trevor

–John Watson – contesto el rubio estrechando la mano de su nuevo compañero de piso.

El rubio puso manos a la obra, poniendo orden en el departamento, limpiando bajo la atenta supervisión del otro, quien había prohibido estrictamente que tocara sus experimentos. Sin embargo para John fue difícil determinar donde terminaba un experimento y donde comenzaba la verdadera suciedad. Fue una tarea que le llevo toda la mañana.

Regreso en la tarde para instalarse, no traía muchas pertenencias consigo pero no había querido abandonar su anterior departamento sin avisar antes. Por mera formalidad.

Debido a la ubicación de los departamentos fuera del centro de Kumasi, la clínica le quedaba demasiado lejos, por lo que tuvo que renunciar y buscar otro sitio para desempeñarse. Le agradaba el intercambio entre su compañero y él, pero no iba a trabajar de sirvienta para el moreno, ya era bastante con limpiar el departamento y hacer la compra.

– Watson – el aludido volteo a ver a su compañero, llevaba ya casi cinco días viviendo con él – Eres cirujano y has visto suficientes heridos en tu vida. – El rubio asintió – ¿Quieres ver más? Quiero que trabajes conmigo como mi forense. Los médicos de aquí, dejan mucho que desear.

– Por supuesto– no lo pensó, solo se arrojó ciegamente tras el chico – Un momento, ¿A qué te dedicas?

– Detective consultor – John estaba confundido – No te molestes en analizarlo. Invente el puesto, básicamente la policía acude a mi cuando están hundidos en un pozo de ignorancia, que sucede con bastante frecuencia. Ahora estoy tras el caso del asesino serial…

– El que asesina solo a una de las personas que están emparejadas con su alma gemela… – Sherlock sonrió.

– Esta mañana encontraron una nueva víctima. – Se incorporó de un salto – Vamos.

Antes de que pudiera reaccionar el moreno ya había salido del departamento, John tuvo que correr tras él.