15» El Gato de Schrödinger


25 de Junio del 2015
11:48 p.m.
Tribunal del Distrito
Sala No. 2

-¿Hay huellas de la acusada en él?
-No, no se encontraron. –dijo el juez.
-Entonces, le acusa a mi cliente por el hecho de verle en la escena.
-¡¿Quién más si no es ella?! –me gritó, levantándose del podio con ambas manos, y mirándome con desafío, y yo respondiéndole igual…pero luego me di cuenta: estaba peleando con una jovencita de no más de veinte años…mayor de edad, pero aún muy joven.
-Dígame, testigo… ¿Puede explicar que era el enorme ruido que ocurrió y que nadie puede explicar?
-No sé de qué me habla… -me dijo torciendo su boca, haciéndome una mueca y girando su cabeza, haciéndome entender lo harta que se encontraba.
-Eso es fácil, abogado… -oí que dijo Vittoria.

Inmediatamente, un holograma se presentó ante mí. Una fotografía de la escena del crimen. Podía ver como se encontraban las seis habitaciones, y como se encontraba ahí mismo a unos metros, una grúa. Un cargador.

-La grúa. -me le quedé viendo con ambos ojos abiertos. –Ya veo…

La fiscal se me quedó viendo fríamente, analizando cada uno de mis movimientos. Lo que se decía de ella era verdad: eran pocas las veces en las que abría la boca. Y cuando lo hacía, vaya que te dejaba a ti boquiabierto.

-Es más que obvio que el sonido que el testigo anterior pudo oír era el de la grúa cercana, encendida y comenzando a trabajar. ¡Eso es!

Pero algo rondaba por mi mente… ¿Solo eso era?

-Y bueno señor Goodman… ¿qué tiene que ver el movimiento de la grúa con nuestro caso? –me señaló el juez. –Digo…no le veo algo llamativo a la grúa…

Lo tenía muy cerca, y a la vez muy lejos…pero lo inexplicable aún eran los testimonios contradiciéndose… ¿Cómo pudieron cambiar el cuarto, terminando ellos en el cuarto donde antes estaba Alice?

-Un momento, disculpen.

De entre el público, un nuevo personaje hizo aparición: un hombre de pantalón gris y zapatos oscuros, con bata de laboratorio, camisa naranja rojiza, de piel aperlada y cabellera castaña y enmarañada. Fue hasta un punto donde el juez estuviera cerca de él, y le entregara un par de fotografías. Seguido de esto, un par de hologramas aparecieron frente a mí, mostrándome las dos fotografías…una desde otro ángulo, mostrando la grúa, y otra mostrando de otro ángulo igualmente a la grúa, y los cuartos, mostrando ahora un dato curioso.
El suelo a lado del cuarto donde se encontraba el testigo, la tierra, dejaba una rara marca…

-K-Klaus… -dijo Aiyana, titubeando.
-¿D-de que se trata esto? ¿Quién es usted? –decía el juez.
-Oh…mis disculpas señor… -dijo con una reverencia. –Soy el agente Klaus Neisser. Soy un compañero de trabajo de la agente Reeves. De hecho, estoy a cargo del laboratorio e investigación forense… -dijo acomodándose la bata, ya que con la reverencia quedó mal puesta. –Vine a entregar ésta evidencia.
-¡UN MOMENTO! –Grité más que con sospechas sobre él, un enfado de injusticia, ya que vi el rostro de mi hermano, extrañado por éstas pruebas.
-¿Disculpe? –me vio el sujeto con pinta de científico.
-No podemos aceptar éstas pruebas. No han pasado por las pautas de seguridad de la policía para-
-Hoo…con que es eso… -dijo llevándose la mano derecha a su frente, como un gesto de pena. –Señor abogado…nuestra agencia no está obligada a seguir los métodos del gobierno.
-…que… ¿Qué dice?
-Bueno, no se me permite hablar al respecto. Solo le diré que no importa la policía…nuestra jurisdicción hasta está por encima de éste juez. –Dijo, apuntando con la mano derecha y elegantemente hacia el calvo juez que miraba atónito al agente Neisser. –Así que: toda prueba aportada por mi agencia está más que aceptable para usarse. No en favor o en contra del acusado, me temo que eso no…
-Entonces… ¿a favor de quién? –pregunté, mientras miraba a Vittoria. Podía verle como permanecía callada, fría y observando lo que ocurría.

Bien pude recordar como en unos documentales sobre juegos mentales y psicoanálisis, mientras unos hablaban, una tercera persona le observaba los gestos, y estudiaba sus conductas…y creo que ésta era la Vittoria que pelearía de verdad contra mí…

-Ho, verá que no favorece a quien, sino a qué.
-¿Q-qué?
-El gato de Schrödinger… -susurró Vittoria

-Señor abogado, le regalo a usted, y a la señorita fiscal una pizca de prueba. La prueba, es una caja.

Mientras que el investigador apuntaba a una zona vacía de la pantalla principal, apareció una caja en ésta.

-Imaginen. Sólo imaginen: dentro de ésta caja, hay un isótopo radioactivo que lanza una radiación no mortal. Junto a ésta, hay un frasco con gas mortífero que, si se llegase a romper por la irradiación de éste isótopo, podría llegar a matar al pobre animal que hay dentro. Ahora la pregunta clave es: ¿Ése gato está vivo? ¿O está muerto?
-¡Por favor, ésa es una estúpida teoría! -grité. -¡Además...! ¡¿Quién sabe cuánto tiempo lleve ése gato ahí?!

El investigador solo sonrió confiado, mientras me miraba.

-Esperre. -dij Vittoria. -La historria orriginal menciona que el gato es encerrado y que el materrial rradioactivo lanza parrticulas cada horra. Y que apenas erra encerrado el gato, se hacía por suposición que una horra habrría pasado...
-Exacto. -dijo el investigador sonriente, mientras que no me quitaba la mirada.

Entonces me llegó a la mente una conclusión con la nueva idea aportada. Si Alice era nuestra felina...¿Quién era el que puso el gato en la caja, además de ponerlo con el material radioactivo y el frasco de veneno? Y más importante era la pregunta que había hecho antes: "¿Quién sabe cuánto tiempo lleve ése gato ahí?". Tenía que resolver ésa pregunta, pero no podría si seguía con la misma línea de interrogatorio hacia la misma persona...

-Su Señoría. No tengo ni una pregunta para nuestro testigo…pero si para alguien más.
-¿Un nuevo testigo?
-De hecho no…es un viejo testigo. Pero tengo que aclarar ciertas dudas…
-Oh…bueno, y díganos, ¿Quién es el nuevo testigo?
-Simple. Llamo al estrado al inspector en caso. Bruce Goodman.