Nda: Estuve lidiando con unos cuantos bloqueos. No porque no se me ocurra algo, es porque de tantas cosas que se me ocurren en este momento que me cuesta trabajo terminar lo que comienzo. Como siempre, gracias por sus reviews y es un enorme placer saber que les está gustando esta recopilación.

Advertencias: Spoilers de Mother 3


Cumpleaños (K+)

La música movida, el confetti y los juegos animaban aún más aquella habitación decorada con coloridos estampados y las grandes letras de cartón que decían "Feliz Cumpleaños". El escritorio servía de mesa principal, donde reposaban magdalenas dulces, vasos con soda, y algunos otros aperitivos. Algunos de los invitados al pequeño festejo jugaban con globos, otros a "ponle la cola al burro" y otros charlaban con bromas, chismes y algunos temas interesantes.

El individuo que organizó en su mayoría la fiesta, hacía un buen trabajo de anfitrión, asegurándose de que los demás se sintieran cómodos y estuvieran pasando bien el rato.

Lo irónico es que la persona a quien se le dedicaba la celebración parecía estar disfrutando del momento con menos entusiasmo que los demás. El festejado sonreía y asentía ante la plática en la que se veía involucrado, a veces soltaba una risita por las bromas que el chico de las Islas Initias hacía, aunque no se podía estar seguro si era una reacción genuina o solo por cortesía.

El invitante de por sí le había costado un poco de trabajo localizarlo en los jardines de la mansión para incitarle a cruzar la puerta del cuarto que compartían y ser recibidos por el eufórico grito de sorpresa.

Tomó un par de vasos con refresco, se acercó a su amigo cercano y amablemente ofreció uno de ellos, el otro chico agradeció, asió el recipiente y tomó un sorbo.

—Pffft... Egoísta, si vas a traer que sea para todos —Toon Link fingió estar molesto.

—Holgazán, la mesa está cerquita de ti —el hombrecito de Onett replicó. Las aldeanas que eran partícipes de la conversación rieron.

—Uff... todo tiene que hacer uno aquí —siguiendo con el juego, el rubio de túnica verde sacudió una mano con desdén antes de dar media vuelta y caminar los pocos metros que lo distanciaban del escritorio de madera.

—¿Todo bien chicas? —Ness preguntó como parte de sus atenciones, y llevó el borde de su vaso a sus labios.

—Sí —la aldeana de vestido rosa dijo antes de señalar al Initio—, Toonie nos contaba cómo fue que casi salvó a todos del Subespacio.

El más veterano casi se atragantó con su bebida —¿Qué? ¿Él? ¿Lucas y tú le estás dejando decir semejante mentirota?

El psíquico de playera roja y amarilla alzó los hombros. —Hay que dejarlo que se luzca.

—Debería contarles de la vez que le abrió un hoyo al barco pirata cuando se lanzó hacia abajo con su espada, la segunda mitad de la pelea nos aferramos al barco cuando empezó a hundirse, parecía Titanic ¿Lo recuerdas Lucas? —Ness dio un par de leves codazos al muchachito a su lado.

—Je, sí —Lucas dibujó una sonrisa muy tenue en su rostro mientras que perdió su vista en el oscilante líquido en su recipiente.

—¿Nos disculpan? —El ciudadano de Eagleland rodeó los hombros de su compinche con su brazo y lo exhortó a retirarse un poco con el fin de tener más privacidad. Las chicas prosiguieron a charlar entre sí.

—¿Qué pasa Luke? —se acercó un poco para observar con más detenimiento la cara del pusilánime luchador.

Lucas negó con su cabeza. —Nada, todo bien, Ness —arqueó las comisuras de sus labios una vez más.

El mayor de los dos no parecía estar muy satisfecho con la respuesta, así que intentó alzar los ánimos con un chiste y una palmada en la espalda. —Hey, no me digas que te estás sintiendo viejo y por eso estás triste, aún nos queda mucho camino por delante.

—No, no es eso —el rubio aclaró.

—¿Te sientes mal o en tu villa es malo celebrar un cumpleaños? —el jovencito de gorra roja buscaba excusarse.

—No, está bien, Ness. También celebramos los cumpleaños, no somos tan distintos como crees.

—Bueno, si necesitas algo, solo dime —más tranquilo, el veterano acomodó un mechón rubio que colgaba en la frente del más joven y le dio unas reconfortantes palmaditas en su hombro antes de continuar con su labor de host.

—Claro, gracias.

Por reglas de Master Hand, era obvio que no podrían romper piñatas dentro de la habitación, pero eso no impidió a los jovencitos asistentes entretenerse a su manera. Aún así, el más veterano de todos los chicos no podía entender del por qué esa conducta tan peculiar en su compañero de cuarto y amigo. Se veía melancólico, y si bien no era alguien que hablara mucho se notaba más callado que de costumbre a pesar del evento.

El momento más esperado llegó cuando Peach, como gesto de su dulzura y amabilidad llegó con un pastel que ella misma preparó. El postre, por petición de Ness, había sido adornado con figuras de fondant y betún que simulaban un pequeño bosque en el piso superior y una playa en la parte inferior.

El aldeano de playera amarilla y Murabito, quitaron de manera temporal la lámpara de noche de su mesita y recorrieron el mueble al centro de la sala para que la princesa colocara la torta y así todos, emocionados, pudieran rodearla.

Las velitas fueron prendidas y las luces apagadas, esas pequeñas flamas alumbraban de una forma un tanto siniestra los rostros de todos los presentes. Lucas, como era de esperarse, se paraba detrás del pastel. Tras cantar casi todos "feliz cumpleaños" al unísono, el muchachito de playera azul y amarilla lo alentó a pedir un deseo. El rubio se tomó su tiempo para acatar la petición y de un soplido apagó las flamas.

Todos vitorearon y las luces volvieron a encenderse.

Peach, quien presenció el suceso, felicitó al introvertido psíquico con un delicado abrazo.

—Muchas gracias, señorita Peach —Lucas hizo una pequeña reverencia.

—No hay nada que agradecer, querido —la mujer cubrió sus labios son las yemas de sus dedos—. ¡Oh! —observó el pequeño reloj plateado con forma de corazón que poseía en la parte interior de su muñeca—. Lo siento mis niños, tengo una lucha en veinte minutos, debo prepararme, que tengas un feliz cumpleaños y sigas divirtiéndote. —Siendo agradecida de nuevo, esa vez por todos los individuos en el lugar, se despidió y cerró la puerta tras de sí cuando salió.

—Ok ¿vamos a partir el pastel o qué? —Toon Link dijo sin rodeos, casi desesperado.

El aldeano con la playera estampada con el número uno, tomó su hacha y se acercó al postre, sin embargo fue detenido por sus semejantes cuando pretendía propinar un corte nada delicado.

—Hey, hey, quien lo debe partir es Lucas, no seas gandalla —Ness advirtió.

—Uh ¿con qué? —el cumpleañero miró a su alrededor en busca de un cuchillo o una pala pastelera.

—Buena pregunta, Peach olvidó traer algo —el oriundo de Eagleland rascó su cabeza bajo su gorra.

—Bueno, vamos a improvisar —el héroe del tiempo desenvainó su espada y la ofreció a su camarada.

—No seas cochino, Toon Link —Ness arrugó el entrecejo—. ¿Cómo carajos vamos cortar el pastel con eso?

—Uy, y se quejaban de mi hacha —Murabito rodó los ojos.

—Está limpiecita —protestó el Initio acercando el lomo del arma a su asqueado compañero para que éste se cerciorara de su pulcritud— la aseo luego de cada lucha.

—Ay ya, como sea —la aldeana de blusa similar a la playera de Ness cruzó los brazos. La mayoría de los invitados la apoyaron.

—Ok —Lucas llevó a cabo la petición de todos de cortar la torta con la punta de la espada maestra.

—Oh, está buenísimo —el esgrimidor expresó con las mejillas llenas y siendo sumergido en delirio—. No cabe duda del por qué Mario siempre la salva.

—¿Qué crees que le haya puesto? ¿Azúcar normal o morena? —la chica de vestido rosa picoteaba con curiosidad su porción y le preguntaba a su amiga de coletas.

—No sé, luego le pedimos la receta —la muchachita llenó su boca con un pedazo de su rebanada.

No pasó mucho rato antes de que casi todos ellos volvieran a retomar el ritmo de la fiesta y se distrajeran tanto que dejaron de prestar atención al güerito pirokinético.

Lucas aprovechó el revuelo para sacar una vela que se incrustaba en lo que quedaba del delicioso bizcocho y escabullirse con su propio pedazo hacia afuera de la alcoba. Nadie se dio cuenta de ello, a excepción del contendiente más experimentado que siempre estuvo al pendiente de él.

El trigueño, dolido por lo que asemejaba ser una muestra de rechazo, dejó su plato en el escritorio y se asomó con discreción por la puerta para observar a su amigo retirarse por el corredor. Se acercó a su otro compinche de confianza, el cual estaba bailando de una manera muy graciosa y enérgica con los demás. —Psst, hey, Toon Link, Lucas salió, iré a ver qué sucede, te encargo aquí —le dijo en voz baja.

—¿Ah? Ah sí, no te apures —el púbero de los ojos de gato afirmó y prosiguió con su danza.

El beisbolista bajó la escalera con cuidado y buscó indicios de Lucas en la sala de estar y el recibidor principal, no debería estar lejos.

—Hey Ike ¿han visto a Lucas? —preguntó al mercenario que bebía cerveza y veía la televisión junto con Roy y Ryu. El hombre sin decir una palabra señaló a la puerta que daría eventualmente a la cocina.

—Gracias —el hombrecito se apresuró. Cuando entró al amplio sitio en cuestión, vio cómo la puerta trasera que daba al patio posterior se cerraba, Lucas debió haber salido por allí. Gruñó y esperó algunos segundos para darle tiempo al sospechoso de avanzar para que no se diera cuenta de que lo estaban siguiendo.

Luego de algunos minutos, el jovencito de Tazmily llegó con calma a su destino, bajo un árbol aislado en un área retirada en el jardín, que por algún motivo era el mismo lugar donde el moreno había logrado ubicarlo con anterioridad para llevarlo a su fiesta sorpresa.

El cohibido muchacho apoyó una rodilla en el pasto frente al tronco, y colocó allí el plato. Sostuvo el pequeño palo de cera entre sus dedos índice y pulgar de una mano y con la otra generó una pequeña flama para encenderlo. Cuando la mecha ardió de nuevo, encajó la velita en la rebanada y tomó asiento en el suelo con las piernas cruzadas.

El sujeto de gorra roja estaba siendo presa del interés. Se aproximó poco a poco, de puntitas y procurando que sus pisadas hicieran crujir el césped lo menos posible. Continuó hasta posicionarse a un par de metros detrás de su amigo.

—Qué bueno que me acompañes —el chavito del peculiar peinado dijo sin moverse siquiera, su voz era más suave y mustia.

Ness jadeó pasmado, tal parecía que en su intento de espionaje fue un asco —Ah, sí, me estaba preguntando a dónde y por qué te habías ido.

—Lo siento, sé que no debí haberme salido así por nomás. —Lucas vio de reojo a su amigo, pero su vista volvió hacia el frente cuando el otro psicoquinético se acercó más, hasta estar parado justo al lado de él—. Gracias por la sorpresa, fue un lindo detalle de tu parte.

—No hay de qué, ya sabes —el mayor de los dos notó que al pie del árbol estaba parada una piedra no muy grande, con forma de almendra. Su base estaba enterrada y su cara más plana daba en dirección a ellos. Estaba adornada con dibujos hechos con tizas de colores y un nombre escrito.

—Hoy también es cumpleaños de Claus —Lucas comentó luego de transcurrido unos segundos—. Él nació solo diez minutos antes que yo, y aún así se tomaba su rol de hermano mayor muy en serio, a veces.

—Sí, sé a qué te refieres —Ness sobó su nuca. Así que de eso se trataba todo.

El proveniente de la isla Nowhere chasqueó los dientes, riendo por dentro. —Detestaba que en cada cumpleaños fuera él quien se abalanzara a soplar las velas. Incluso me preguntaba si mi rebanada no olía rara también, o me decía que se le había metido un bicho. Cuando me acercaba para oler o ver, empujaba el plato por abajo y me llenaba toda la cara —hizo una mímica con sus manos para mostrar la acción de la cual hablaba—. Todos los años caía.

—Jeje, sí, ese truco nunca falla —el smasher de cabello negro agregó.

—¿Se lo aplicaste a tu hermana?

—No, ella me lo aplicó a mí una vez, de hecho —hizo una pedorreta con la boca—. Pero luego me vengué escondiéndole todos sus regalos.

—En Tazmily no se acostumbra mucho dar regalos —Lucas manifestó—, con que todos nuestros amigos nos acompañaran era suficiente, pero el pastel y los omelettes nunca faltaban —usó una mano para resguardar la minúscula llamarada tambaleante de una corriente de aire. Algunas hojas del roble se despegaron de sus ramas y descendieron de la copa para reposar con ellos.

—Mi papá y yo hacemos esto frente a la tumba de mi mamá y de Claus todos los años en sus días de cumpleaños, pero bueno, hoy no iba a traer a mi hermano hasta acá para hacer exactamente lo mismo ¿no? —miró a individuo de pie.

El morenito se sorprendió por esa pizca de humor negro que Lucas sacó a relucir —No, obvio no —avizoró el horizonte anaranjado y amarillo—. Pero sé que de donde quiera que esté aprecia lo que estás haciendo. Tú no lo olvidas, y estoy seguro que él tampoco se olvidará de ti.

El cumpleañero aspiró profundo y apretó los labios para aliviar el nudo constrictor que se estaba manifestando en su garganta. Sería vergonzoso que Ness lo viera llorar, así que, con los hombros abajo pero con la cabeza en alto y bastante esfuerzo, se las arregló para contenerse.

El más antiguo de los dos se mostró muy paciente y le dio el suficiente espacio para recobrarse, él no habría tenido problema alguno si el afligido adolescente hubiera optado por desahogarse, pero cualquiera que fuese su acción, la respetaría.

—¿Sabes? —El pálido sujeto arrugó un poco sus facciones, desagradado por lo que iba a confesar—. Una vez, en un cumpleaños, estaba tan triste que cuando apagué las velas había pedido de deseo que mi mamá viniera por mí, jamás se lo conté a alguien, hasta ahora.

Esas palabras horripilaron a Ness. Contemplar que alguien tan joven como él tuviera en consideración la idea de dejar de existir era abrumador.

—Pero ahora me alegro que no se haya cumplido —Lucas exhaló aliviado—. Como tú dijiste, nos queda mucho camino por delante ¿no? Y... —comenzó a arrancar una por una algunas hojas del césped que estaba en el hueco que había entre sus piernas—, aunque sea por unos meses cada tanto tiempo, me gusta recorrer parte de ese camino aquí, con ustedes. Contigo.

—Yo también me alegro —el veterano metió los pulgares en las trabillas de su pantalón. Observó el monumento improvisado y sin siquiera vacilar o pensarlo comenzó a cantar— Feliz cumpleaños a ti...

El más tímido su unió a la canción —Que los cumplas feliz. Feliz cumpleaños querido Claus. Feliz cumpleaños a ti —tomó el plato y cuidando de no voltearlo y tirar la pieza de pastel, se levantó. Sostuvo el recipiente con ambas manos antes de soplar y extinguir la pequeña llama.

Ness aplaudió, con sonrisa de oreja a oreja. Debió admitir que su voz se quebró un poquito al sentirse conmovido.

—¡Pásala bien, hermano! —El rubio gritó con mucho entusiasmo. Entonces, cerró con fuerza sus ojos y estampó el plato de cartón en su cara. Los trozos grandes de la golosina resbalaron junto con el recipiente hasta caer en la tierra.

En definitiva, el trigueño no se esperaba eso. Su amigo íntimo hizo contacto visual con él, su rostro estaba cubierto de pan de chocolate, crema y fondant. Se veía contento y bastante gracioso.

Lucas comenzó a reír, y casi al instante Ness también se carcajeó. No le importó a este último que en medio de las risas, su mejilla y su playera azul de rayas amarillas se mancharan cuando el más novato se inclinó para proporcionarle un abrazo y recargar su sien en la suya. El beisbolista con todo gusto devolvió la muestra de afecto.

Aquel fue un día de detalles pequeños que por completo valieron la pena.


Notas finales: Gracias por tomarse el tiempo de leer, nos "veremos" por aquí pronto.